Aleksei Navalni Asesinado por Vladimir Putin

MOSCÚ Y CÍRCULO POLAR ÁRTICO, Rusia-(Especial para The City Newspaper) Este vil asesinato se esperaba. Es triste admitirlo, pero realmente así era la situación. Porque con Vladímir Putin no hay disidente a su gobierno que viva para contarlo. Así también, al mismo Putin le interesaba “dar de baja” a Navalni para enviarle un mensaje claro y silente a sus enemigos: “Quien se meta conmigo, quien no esté de acuerdo conmigo o mi forma de gobernar, acabará del mismo modo que Navalni.” El mensaje ha sido todo lo claro posible y quienes no lo hayan entendido, entonces andan mal en las percepciones de los peligros existentes.

            Lo mismo que Josef Stalin, el peor asesino del Siglo XX, exdictador en la Unión Soviética, su colega en el cargo dictatorial en el Kremlin, Vladímir Putin, les resultan sumamente molestos los opositores que lo llevan a cometer crímenes a vista y paciencia de la comunidad mundial, que lo único que hace en estos trances es elevar las voces de las protestas, sin que pueda hacer nada en el plano real, tangible y de la justicia. Solo un golpe extraño del destino hará que Putin se siente en el banquillo de los acusados en la Corte Internacional de La Haya, en los Países Bajos, donde es acusado por crímenes de lesa humanidad, a raíz de su invasión a Ucrania y el genocidio que allí está cometiendo día tras día. Solo será un golpe raro que se dé en el futuro.

Este era Aleksei Navalni

            Era el mayor opositor ruso a la figura y el gobierno tiránico de Putin. Tenía 47 años en el momento cuando lo asesinaron en la prisión del Distrito Autónomo de Yamal-Nenets, en el Círculo Polar Ártico, lo suficientemente alejado de Moscú como para no disparar las simpatías y las manifestaciones en las afueras de la penitenciaría, de parte de los seguidores del hoy occiso.

            La intención de Navalni era conocida por todos, tanto en el exterior como en el interior de Rusia: quería un país libre, sin las ataduras que lo sujetan a la dictadura de Vladímir Putin. La democracia era su anhelo, las elecciones libres, la alternabilidad en el poder de los distintos presidentes, regidos por un sistema electoral justo, humanitario y acorde a las decisiones de las mayorías en el pueblo; tampoco estaba de acuerdo con la invasión a Ucrania, ni los desplantes de “líder todopoderoso”, dueño de un arsenal nuclear, que Putin hacer creer a las naciones libres que hacen frontera con Rusia. Por supuesto que nada de ello gustaba a Putin y por esa razón trató de eliminarlo en Alemania, cuando un enviado suyo trató de envenenarlo, pero Navalni fue salvado en un hospital alemán por los galenos teutones.

            Uno de esos médicos, llamado Alexander Polupan, quien atendió al disidente en Alemania cuando fue envenenado con una sustancia llamada novichok, en el 2020, descartó la hipótesis “del coágulo” que el gobierno ruso difundió en aquel país. El galeno alemán explicó: “El diagnóstico de un tromboembolismo que intentan dar a Navalni, es inadecuado. Esto solo puede determinarse basándose en los resultados de una autopsia y Navalni no corría riesgo de sufrir coágulos de sangre.” Así lo afirmó al diario ruso Nóvaya Gazeta que lo entrevistó apenas se supo de la hospitalización del disidente.

            Retornando al reciente asesinato de este líder democrático ruso, coincide el hecho con la cercanía de las próximas elecciones nacionales, mismas que serán dentro de un mes escasamente (del 15 al 17 de marzo). Allí, se presentará Putin para una reelección más, una falsedad que le hará el irremediable e indiscutible ganador y continuará al frente de su dictadura. Navalni, en tal caso, no podrá hacer oposición de ninguna manera (ni él ni nadie más), pues su desaparición física ha sido el punto de inflexión para aquellos que pretendan deponer al tirano de su silla en el Kremlin. De hecho, todos los rivales que iban a postular sus nombres, fueron rechazados ad portas por la junta electoral y algunos de ellos están en el exilio y también fueron asesinados unos cuantos. Llama poderosamente la atención el comunicado interno en el partido de Putin, llamado Rusia Unida, que ordena tajantemente no comentar el fallecimiento de Navalni. “Es tabú” referirse a este personaje en las esferas del partido.

            El comunicado que fue emitido desde la penitenciaría, a pocas horas de su muerte, indicó que nuestro personaje comenzó a sentirse mal después de haber realizado una caminata y a los pocos minutos de haberse detenido, perdió el conocimiento: “Se llevaron a cabo todas las medidas de reanimación necesarias, pero fracasaron. Los servicios sanitarios de emergencia confirmaron la muerte del preso. Se están determinando las causas de su muerte,” cita el parte redactado en la administración de la cárcel. Evidentemente es un argumento vacío que no explica nada como es su pretensión y que más bien despierta todas las sospechas en sus seguidores y medios de prensa que no están influenciados ni alineados con la dictadura de Putin. Es por eso que sus simpatizantes siguen denunciando que fue asesinado, mientras las autoridades no ofrecen información fidedigna, creíble, ni permiten el acceso al cadáver, cuyo paradero es un misterio todavía y es muy posible que nunca lo entreguen a sus familiares. No obstante, el medio ruso independiente, Novaya Gazeta Europa, ha publicado que el cuerpo de Navalni tiene “hematomas por convulsiones.” Así también, otros medios de prensa independientes –todos ellos sobrevivientes a la feroz persecución a la que se ven sometidos a diario por la dictadura de Putin-, siguen tratando de averiguar qué sucedió realmente en la prisión. De hecho, Serguei Ivchenko, el patólogo jefe del hospital del distrito de Salejard, no quiso responder a una pregunta del periódico Mediazona sobre el sitio donde está el cadáver de Navalni. Ante el cuestionamiento del periodista, Ivchenko colgó inmediatamente el teléfono. “Es obvio que mienten y hacen todo lo posible para no entregar los restos mortales. Exigimos que el cuerpo de Aleksei Navalni sea entregado inmediatamente a su familia.” Dijo su secretaria de prensa, Kira Yarmysh, evidentemente consternada y fuera de sí. Casi al mismo tiempo, más de 12,000 personas enviaron llamamientos al Comité de Investigación, para exigir que el cuerpo del activista sea devuelto a sus familiares, así según informes de la entidad defensora de los derechos humanos, OVD-Info.

            Al proseguir con su biografía, hemos de decir que Aleksei Navalni nació en Butyn, Moscú. Estaba casado, desde hacía 24 años, con Yulia Naválnaya, y tuvo con ella dos hijos. Un mensaje que ella le escribió en la red social X (otrora Twitter), por el Día de San Valentín, decía: “Entre nosotros hay ciudades, luces de despegue en aeropuertos, ventiscas azules y miles de kilómetros, pero siento que estás cerca cada segundo y te amo cada vez más.”

En su papel de hombre público, Navalni se convirtió en el líder más prominente de la oposición a Vladímir Putin. Este mismo lo persiguió con todas las artimañas a su disposición desde la cabeza del poder ruso y logró que los jueces, adictos y afectos al régimen gobernante, lo condenaran por varios casos a partir del momento cuando se dio a conocer por medio de las protestas contra el Kremlin, durante las elecciones legislativas del 2011. En ese mismo período fundó su Plataforma contra la Corrupción, donde filmó un largometraje que denuncia la construcción de un palacete por parte de Putin, en las cercanías del Mar Negro, mismo que se puede observar en esta dirección en internet: Palacio del Putin. Historia del soborno mas grande del mundo- en Español/ Video#225 (youtube.com)

                Luego de que agentes secretos rusos enviados por Putin, trataron de envenenarlo y los médicos alemanes le salvaran la vida, Navalni decidió regresar a Rusia para continuar con su lucha abierta en contra del tirano enquistado en el Kremlin y así lo hizo en enero del 2021; pero fue detenido apenas puso un pie en el aeropuerto internacional de Moscú, por “violar la libertad condicional”, según explicaron fuentes de la dictadura. Sin embargo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos consideró que ese proceso contra Navalni, llevado a efecto en Rusia y que le otorgó la libertad condicional, fue arbitrario y totalmente reñido con los verdaderos principios de justicia que deben prevalecer en todos los casos.

            Pero Putin y sus jueces marionetas no se quedaron en ello, porque en marzo del 2022 dictaron una condena contra el activista de nueve años en “una colonia penal de régimen estricto”, una condena fabricada por la mente de Putin, según aseveran los seguidores de Navalni. Además, los fiscales lo acusaron por un caso de fraude, por robar unos €4,36 millones (de euros), de donaciones entregadas a sus organizaciones que fueron prohibidas casi de inmediato por el gobierno ruso. Y el 4 de agosto recibió otra condena –como para fundirlo contra las paredes de su celda-, de 19 años, “por apoyar al extremismo.” De tal manera, esta última pena se sumó a la anterior y a otra de dos años y medio que fue emitida en el 2021 por el desvío de fondos en el conocido caso Kirovles, sucedido en el 2013. Los abogados del prisionero han afirmado que este último caso en su contra fue también fabricado por Putin y sus secuaces, para mantener al activista lejos del ajetreo político por un período más largo en el tiempo. De paso, le pusieron “el sello” a su movimiento oposicionista al gobierno de “extremista”, para desprestigiarlo ante el pueblo ruso.

            Con el paso de los años y de sus distintas experiencias en contra de la dictadura de Vladímir Putin, se fue convirtiendo en el político disidente ruso más prominente, ese a quien había que eliminar así, de cualquier manera, sin importar dónde, cuánto y cómo. El tirano del Kremlin estaba hastiado de escuchar y ver las manifestaciones lideradas por Navalni en el que destapaba a cada instante la corrupción de la Era Putin. Fue por ello que lo buscó hasta en el extranjero, fue hallado por el servicio secreto ruso en Alemania e intentó envenenarlo con el agente químico novichok.

Vida y muerte en prisión

            Aleksei Navalni tenía que estar muy lejos de la sede del poder central ruso; es decir, a muchas, muchísimas millas de Moscú, de sus calles y avenidas y por supuesto de las murallas del Kremlin. Por eso fue trasladado en diciembre del 2023, a una prisión construida en el Círculo Polar Ártico. Solo así pudieron alejarlo también de sus colaboradores y seguidores, quienes se mostraron preocupados por esta decisión de las autoridades penitenciarias, siguiendo, desde luego, las órdenes de Putin. Mucho tiempo después se supo, por medio de su portavoz, Kira Yarmish, que había sido llevado a la colonia penal IK-3 de Jarp, en la región de Yamal-Nemets, a unos 1,900 kilómetros al noreste de Moscú, un sitio donde las temperaturas descienden a varias decenas de grados bajo cero. Esa prisión es conocida con el nombre de colonia Lobo Polar, considerada una de las más duras de Rusia y cuyo objetivo es albergar dentro de sus muros a los presos que tienen sobre ellos los delitos más graves, tipificados en el código penal ruso.

Esa penitenciaría fue fundada en la década de los años 60s y formaba parte de un gulag o campos de trabajos forzados, característicos de la Unión Soviética.

Por otra parte, no es difícil imaginar cómo fueron esos años en los que estuvo preso Aleksei Navalni en esa cárcel, hasta el día de su muerte; no hace falta esforzarse mucho por saber que fue torturado de distintas maneras y se puede observar y escuchar en la red YouTube, la denuncia hecha por Ivan Zhdanov, director de la Fundación de Navalni, en el sentido de que los funcionarios de esa prisión no respondían nunca a las llamadas que se le hacían para conocer el estado del prisionero y en lo que respecta a la muerte del mismo, “no quieren hacerse cargo de que fue asesinado por Vladímir Putin. Es oficial, ni en el hospital, ni la morgue, ni la colonia penal responden a las llamadas; se hacen los sordos porque entienden lo que ha sucedido.” Aseguró.

También trascendió que Navalni fue llevado a una celda de castigo en unas 27 oportunidades, desde que fue llevado a la penitenciaría en el Círculo Polar Ártico; y por esa razón y otras más de índole humanitario, 170 médicos enviaron una carta al dictador Putin, en la que le manifestaron la preocupación por la salud del preso. Eso sucedió a comienzos del 2023. En la misiva le externaron al tirano que “las condiciones de su detención y la apariencia física de Alexéi Navalni nos causan una gran preocupación por su vida y su salud.” La respuesta de Putin fue la que se esperaba: el silencio, la indiferencia y posiblemente tiró el papel al fuego de su chimenea en el Kremlin. Por otro lado, los activistas amigos del cautivo, denunciaron que aquel no recibía nunca medicamentos y solo se le concedía una hora y media al día de paseo fuera de su celda.

Antes de que lo enviaran al Círculo Polar Ártico, Navalni estuvo confinado, a  principios del 2021, en el centro penitenciario IK-2, en la región de Vladímir. Allí, sufrió toda clase de torturas de parte de las autoridades del penal y entre las más “leves” que le infringieron, fue no dejarlo dormir por las noches, justamente cuando un guardia de la prisión le despertaba con un foco potente que le ponía en su rostro en la madrugada. Así se quejó el propio Navalni en uno de los tantos juicios que se le montaron arbitrariamente para condenarlo. “¡Exijo que me dejen dormir normalmente!” Exclamó categórico y enfadado en aquel proceso. Otro de los castigos “leves” que le infringieron fue la negativa para que le visitara un médico; por esa razón, Navalni se declaró en huelga de hambre durante varias semanas. Fotografías suyas de ese período le muestran muy delgado, parecía “una ruina humana en su estado físico.” Por aquel entonces, se quejaba de fuertes dolores en la espalda y entumecimiento en una pierna.

Las 27 veces que fue recluido en la celda de castigo, fue por faltas menores como no llevar un botón abrochado, perder alguna cosa en el taller de trabajo o no responder con suficiente rapidez o diligencia a las peticiones de los carceleros. De acuerdo a su propia versión, Navalni describió aquella celda de castigo como un reducido habitáculo donde enfermó varias ocasiones: tuvo fiebre, tos y no podía acostarse durante el día en su camastro, sujeto permanentemente a la pared, porque su uso solo era permitido por las noches. Incluso se quejó porque en una oportunidad le pusieron por compañía en su celda a un recluso enfermo con una fuerte gripe, para que lo contagiara premeditadamente. Y… poco tiempo después de su arribo a la colonia penal IK-3 en Jarp, conocida como “Lobo Polar,” Aleksei Navalni fue asesinado. Esto es: “El Servicio Federal Penitenciario de Rusia, ha anunciado su fallecimiento.” Cita brevemente el frío comunicado emitido por el Ministerio de Policía afecto y obediente a Vladímir Putin.

Y para formarnos una idea más completa de los sufrimientos de este personaje disidente a la altísima corrupción y criminalidad de Putin, el director del periódico Nóvaya Gazeta y Premio Nobel de la Paz 2021, Dmitri Murátov, ha dicho de él al conocer la noticia de su muerte: “su deceso es una consecuencia directa de las veces que ha tenido que soportar las mazmorras de castigo: ¿Qué significa eso? Inmovilidad, comida baja en calorías, falta de oxigenación, frío constante (…). Fue sometido a todo tipo de tormentos y torturas durante tres años. Los funcionarios de prisiones están obligados a filmar la estancia en las celdas de castigo: exigiremos que se proporcionen esas grabaciones, que nos digan cuándo llegaron los médicos, cómo fue asistido y si se emplearon todos los recursos disponibles para salvarle la vida.”

           La última vez que fue visto por uno de sus abogados fue pocos días antes de su muerte. Se trató de Leonid Soloviov y dijo a los periodistas que le rodearon a su regreso a Moscú, que Navalni se encontraba bien. Solamente esas pocas palabras dijo para describirlo, por petición expresa de la esposa del activista. Es posible que le dijo a su representante legal que sospechaba que en cualquier momento lo iban a matar, tal y como sucedió. Un temor que acompañaba a Navalni desde que intentaron asesinarlo en Alemania con veneno. Fue por ello que envió este comunicado al exterior de la prisión: “Mi mensaje, si me matan, es muy simple: no se rindan. Si esto pasa, significa que somos inusualmente fuertes en ese momento, ya que decidieron matarme y esa fuerza debe usarse. No se rindan, somos una fuerza enorme oprimida por los malos, porque no podemos darnos cuenta de lo fuertes que somos en realidad. Todo lo que se necesita para el triunfo del mal, es la inacción de la gente buena.”

         Y, precisamente, esa misma gente buena a la que se refirió Navalni, es la que está siendo perseguida en toda Rusia, debido a las manifestaciones que están efectuando por su asesinato; son protestas con nostalgia, dolor, consternación, ira y frustración contra la maldad de un tirano que se ha apoderado de Rusia con una facilidad pasmosa, debido, justamente, a “la inacción de los buenos” que, con su pasividad general, le ayudaron a subir escalones hacia la cúspide del poder, desde que el alcohólico Boris Yeltsin lo llevó por vez primera al Kremlin en calidad de asesor suyo personal.

          Ahora, con el hecho criminal perpetrado contra Aleksei, el camino “cuesta arriba” para derrocar a Putin y establecer la democracia, se ha tornado más empinado, muy difícil y hay quienes hablan de “imposible…”

Breve Biografía de Aleksei Navalni

REDACCIÓN, The City Newspaper- El activista ruso recién asesinado por órdenes del dictador de Rusia, Vladímir Putin, había adquirido extraordinaria resonancia a nivel internacional y un gran cariño y admiración por millones de compatriotas suyos, quienes le veían como el sucesor natural e indiscutido, en tiempos futuros de democracia, cuando una vez fuera derribada la dictadura actual y erradicada definitivamente del poder en el Kremlin.

            Su nombre completo era Aleséi Anatólievich Navalni; nació el 4 de junio de 1976 en Odintsovoi, óblast de Moscú, antigua Unión Soviética, hoy Rusia; y fue asesinado recientemente, el 16 de febrero del 2024, en Yamalia, Nenetsia, en la prisión de IK-3 de Jarp, “un centro correccional conocido con el nombre de Lobo Polar,” ubicado en el Círculo Polar Ártico.

            Casado con Yulia Navalnaya, llamada hoy “la Primera Dama de la oposición (a Putin)”, una mujer licenciada en Relaciones Internacionales y ex funcionaria bancaria; tuvo con ella dos hijos, Dasha Nalvanaya y Zahar Navalni, ambos adolescentes en estos momentos. Su madre, Lyudmila Navalnaya, también forma parte de “este clan” familiar y ha cobrado protagonismo en los últimos días, ya que exigió a la dictadura de Putin que le devolviera el cadáver de su hijo, una exigencia que fue desoída por el dictador y sus subalternos. De tal manera, la señora hizo el largo viaje hasta la penitenciaría IK-3, para recobrar sus restos mortales, pero su periplo ha sido infructuoso hasta estos momentos.

Estudios y primeros pasos en la política   

            Alekséi Navalni fue un abogado que obtuvo su título en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos, en 1998; y entre 1999 y 2001, se especializó en finanzas y crédito en la Universidad de Finanzas. Esto bajo el régimen de la nueva Federación Rusa, después del colapso de la Unión Soviética. También se le concedió, en el 2010, una beca del programa “Yale World Fellows,”de la Universidad de Yale, cuyo propósito es crear una red global de líderes emergentes y facilitar el entendimiento internacional.

            Entre los años 1999 y 2007, Navalni estuvo en las filas del partido liberal Yábloko, mismo que abandonó por incompatibilidad de criterios con las metodologías utilizadas en la lucha por el poder. En el 2011, la BBC de Londres, la empresa noticiosa más importante de Inglaterra y con un prestigio mundial incomparable, lo describió de esta manera: “Posiblemente Navalni sea la única figura opositora de peso que ha emergido en Rusia en los últimos cinco años.” Y la revista estadounidense Time, le apodó el “Erin Brockovich” ruso y fue nombrado “Personaje del Año 2009”, por el diario ruso Védomosti.

            Una vez concluidas las elecciones legislativas en Rusia, el 4 de diciembre del 2011, Navalni llamó, desde su cuenta en Twitter, a la ciudadanía para ejercer protestas por las presuntas irregularidades en dichas elecciones. Unas cinco mil personas acudieron a las manifestaciones en las calles y avenidas de Moscú. Una situación intolerable para el dictador Vladímir Putin, quien ordenó inmediatamente el arresto de Navalni, quien fue sentenciado a 15 días de prisión. Salió de la penitenciaría el 20 de diciembre de ese mismo año.

            Por esas fechas, fundó la ONG, Fundación Anticorrupción, para investigar precisamente los actos corruptos de los burócratas del gobierno; es decir, de los funcionarios, autoridades y empresas rusas que están controladas por el Estado. Pronto comenzó a tocar temas considerados “tabúes” y que tenían que ver con el gobierno de Putin y que, en ningún sentido, eran ventilados por los fiscales y mucho menos por una prensa atemorizada –salvo contados casos excepcionales-, mientras el índice de corrupción colocaba a Rusia en el puesto 138 entre 180 países analizados alrededor del mundo. Y en el 2018, Rusia descendió al puesto 141 del mencionado índice. Es decir, la corrupción se hacía imparable.

            En el 2013 se celebraron elecciones por la alcaldía de la Capital, Navalni se postuló para el cargo y obtuvo el 27,24 por ciento de los votos; también comenzó a escribir para medios de prensa rusos independientes y muy especialmente para la edición en idioma ruso y para Rusia, de la revista Forbes. Ya era un personaje hartamente conocido en el interior de su país y estaba “en la retina” del dictador Vladímir Putin, quien ordenó a su servicio secreto seguirle de cerca por donde fuera y se moviera. La carrera hacia su encarcelamiento y asesinato, comenzaba a darse en la existencia de Alexsei Navalni.

Malestares físicos y hospitalizaciones

            El 20 de agosto del 2020, fue ingresado inconsciente y grave al hospital de Omsk, en Siberia, la región más oriental de Rusia, en lo profundo del continente asiático. Su portavoz en la Fundación informó a la prensa que había sido envenenado. La “ruleta de la muerte” había comenzado a girar y la impulsaba la mano siniestra de Putin desde las entrañas del Kremlin. Un avión alemán medicalizado partió desde Alemania hasta Omsk, para trasladar a Navlani hasta Berlín. En un principio, los médicos rusos se negaron a facultar el viaje, temerosos de que en Occidente se llegara a saber la verdad sobre su padecimiento, del veneno que le habían hecho ingerir. Sin embargo, al final se autorizó el viaje del paciente y el avión llegó a la Capital alemana el sábado 22 de agosto, a las 9 de la mañana. Al lunes siguiente, un vocero del Hospital Charité de Berlín, confirmó lo que los médicos rusos no querían que se supiera cabalmente: “Navalni presenta la evidencia clínica de una intoxicación por una sustancia que pertenece al grupo de los inhibidores de la colinesterasa. Su estado era grave, pero no potencialmente mortal.” Reza el comunicado oficial del centro médico.

            El 27 de agosto, la fiscalía rusa se afanó en argumentar, con gran cantidad de periodistas internacionales alrededor de los fiscales, que “no vemos ninguna prueba de actos criminales.” Así intentó el Estado ruso “lavarse las manos” y hacer creer en una presunta inocencia del Estado en este caso en concreto; no obstante, el 2 de septiembre siguiente, el Gobierno de Alemania confirmó que las pruebas de toxicología, efectuadas por un laboratorio especializado del Ejército alemán, eran “inequívocas respecto al envenenamiento con el agente nervioso Novichok.” El 7 de septiembre el hospital berlinés informó que Navalni había salido del coma inducido y respondía a estímulos verbales. Prontamente se le unieron su esposa e hijos en una agradable y esperanzadora visita y el 23 del mismo mes, fue dado de alta, debido a su total recuperación.

            Pero Alexsei Navalni tomaría la decisión que le llevaría directamente a la muerte: “regresaré a Rusia para combatir a Putin, su dictadura y su profunda corrupción.” Dijo palabras más, palabras menos; y después de haber permanecido cinco meses en Alemania después de su envenenamiento, tocó tierra del aeropuerto internacional de Moscú, aquel 17 de enero del 2021. Los temores de sus simpatizantes, politólogos y periodistas, se cumplieron: fue arrestado nomás al cruzar el control de pasaportes, acusado “de incumplir las condiciones de una condena previa por corrupción.” Una falacia que el gobierno de Putin “se sacaba de una de sus mangas” y totalmente ficticia, inexistente en la realidad, pero necesitaban un pretexto para no permitirle al disidente hablar con sus seguidores y el pueblo ruso. Sus palabras eran consideradas hartamente “peligrosas” a los intereses del dictador y su Estado represivo y autoritario. El juzgado del distrito de Jimki le dio prisión provisional hasta el 15 de febrero.

            Putin y sus serviles necesitaban “un acicate” para fundirlo en prisión y la misma Fundación Anticorrupción dirigida por Navalni, les dio esa posibilidad, porque publicó en la red social YouTube el reportaje que contiene la investigación sobre un palacete que el tirano se construyó, con fondos públicos, en Gelendzhik, a orillas del Mar Negro. El largometraje, descrito palmo a palmo por el propio Navalni, lo tituló “El Palacio de Putin: historia del mayor soborno.” Apenas fue colgado en el sitio fue visto por más de 12 millones de personas, a las 9 horas de su aparición en la red; y el 1 de febrero, el video había sido visto por 106 millones de visitantes. Para ese entonces, Putin ardía en cólera y estaba dispuesto a deshacerse de aquel enemigo a quien había intentado envenenar, pero que los médicos alemanes volvieron a la vida.

            Y el 22 de marzo del 2022, un tribunal afecto al dictador, lo declaró culpable y condenado a una pena de 9 años de prisión por supuesto “fraude y desacato a los tribunales rusos.” Un juicio falso, de un juzgado falso y con una querella o delito falso. Eso fue precisamente lo que se pensó en la mayoría de democracias que observaron con detenimiento el ardid o la maniobra deshonesta de Vladímir Putin, en contra del disidente enemigo suyo. De inmediato, estallaron decenas de protestas en toda Rusia, con miles de personas que pedían la liberación de Aleksei Navalni. En Moscú, llegaron a reunirse más de 100,000 personas con la misma finalidad, ante el asombro y el enojo de Putin. Fue “un baño de realidad” el que le dieron al dictador, en el que le hicieron ver la fuerza de Navalni, de la verdad, la honestidad y las libertades cercenadas por el tirano enquistado en el Kremlin.

            En julio del 2013, el prisionero fue juzgado nuevamente y hallado culpable (ficticiamente, desde luego), por malversación de fondos y condenado nuevamente; esta vez a cinco años de prisión. La Unión Europea (UE) y los Estados Unidos, protestaron por este fallo y señalaron que fue un proceso “influido por intereses políticos.”

            A partir de ese momento, el recorrido de prisión en prisión de parte de Navalni fue la constante; el 28 de febrero del 2021 fue llevado a la Colonia Colectiva Número 2, en Pokrov (Óblast de Vladímir). Aquí mismo comenzaron las torturas de carácter psicológico; por ejemplo: no lo dejaban dormir por las noches y los guardas le hacían levantarse varias veces para que declarara ante una cámara de televisión por circuito cerrado, que se hallaba con vida. Navalni comenzó a presentar problemas de salud, como un severo dolor de espalda, mientras se le negaba atención médica. Por esa causa, el 31 de marzo del 2021, Navalni dio inicio a una huelga de hambre para protestar por la negativa de la administración del centro penal de concederle atención médica. Su abogado denunció abiertamente que su cliente se encontraba “gravemente enfermo, tiene fiebre y tos, además de haber perdido la sensibilidad en manos y piernas.”

            Finalmente -pues lo que continúa es la historia conocida por todos y que desembocó en su asesinato-, el 11 de diciembre del 2023, los colaboradores de Navalni en la Fundación Anticorrupción, denunciaron que habían perdido el escaso contacto que tenían con él porque lo habían trasladado de penal, sin saber hacia dónde lo habían llevado. Hasta el 25 de diciembre se supo con precisión que estaba recluido en una colonia carcelaria en Jarp, un pueblo que pertenece a la región de Yamalia-Nenetsia, a unos 1,900 kilómetros al noreste de Moscú. Luego sobrevino su asesinato, cumpliéndose las órdenes emitidas desde el Kremlin, “desde el Despacho del Sr. Presidente del país, Honorable Vladímir Vladimirovich Putin.” Posiblemente así lo comunicó el director de la prisión “Lobo Ártico,” al verdugo que se encargó de quitarle la vida a Navalni.

            A grandes rasgos, esa ha sido la vida de este disidente, a quien le concedieron el Premio Sájarov a la Libertad de Consciencia, el 15 de diciembre del 2021, y que le fue entregado en la sede del Parlamento Europeo. Hoy, son millones de rusos los que le lloran por su deceso, aunque lo hacen en silencio, porque las detenciones masivas ordenadas por Putin se producen cada vez que la policía observa a seguidores rindiendo honores al valiente personaje criminalizado.

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