La Relación Impúdica entre los Estados Unidos e Israel

WASHINGTON D.C., USA-(Especial para The City Newspaper) Además de ser una relación, a nivel de gobiernos, extraordinaria y profundamente inmoral, es una relación criminal, que cabalga sobre miles de cadáveres de personas inocentes que los judíos han asesinado en Oriente Próximo desde 1948, año de la fundación del Estado genocida judío, y que ha alcanzado cifras espeluznantes en los últimos años.

           Y, lo que en décadas anteriores fue “secreto de Estado”, ahora los mismos israelíes lo ejecutan “al aire”, ante la opinión pública y no les importa nada lo que piensen de ellos en el resto del mundo. Por ejemplo, el hecho de que causen tantas guerras en Oriente Próximo y arrastren hacia ellas a los estadounidenses, ya no se queda en la Oficina Oval, cuando los líderes hebreos llamaban a Ronald Reagan, George Bush o Bill Clinton, para exigirles les “sacaran las castañas del fuego”, cuando el ejército genocida de Israel estaba llevando palo de parte de sus enemigos. Incluso, fue tan grande el secretismo, que hasta ahora se ha sabido que, en el caso de Clinton, los israelíes lo extorsionaron si no les prestaba la ayuda financiera y militar que necesitaban en aquel entonces. Le amenazaron con sacar a relucir documentos –posiblemente papeles y fotografías en medio de las orgías que se montaba junto al judío Jeffrey Epstein, gran amigo de Clinton-, donde aparecía el mandatario de USA en situaciones realmente impresentables y comprometedoras.

             Por todo ese devenir en el que los judíos han sido protagonistas grises y malintencionados, el ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, manifestó hace pocos días atrás, durante las conversaciones entre Estados Unidos e Irán que, “Israel es el mal y una maldición para la humanidad. Mientras las conversaciones de paz avanzan en Islamabad, se está perpetrando un genocidio a sangre fría en el Líbano (de parte de la soldadesca judía). Ciudadanos inocentes están siendo masacrados por Israel: primero en gaza, después Irán y ahora en el Líbano; la carnicería sigue a pleno pulmón sin que nadie la detenga. Espero y rezo para que quienes establecieron este régimen cancerígeno en Palestina (el Estado de Israel), para expulsar a los judíos de Europa, ardan en el infierno.” Puntualizó el dignatario de Pakistán, convincentemente indignado por las masacres llevadas a cabo diariamente por los judíos en la región. Añadió que esas acciones cobardes de los hebreos contra musulmanes inocentes y desarmados, son una auténtica “carnicería” que no ha sido detenida, pese a los distintos esfuerzos diplomáticos de paz. Una verdad sin cortapisas expresada por Asif.

La maldita amistad judeo-estadounidense

              Los hebreos, los componentes de la raza hebrea o sionista, saben cómo llegar hasta los estamentos más elevados en todas las naciones donde se posan; por ejemplo, el esposo de la ex candidata demócrata, Kamala Harris, es de la raza judía, y se llama Douglas Emhoff; el Congreso de los Estados Unidos –otro ejemplo-, en ambos partidos, el Republicano y el Demócrata, están plagados de judíos. ¡Son mayoría en todo el Senado y el Congreso! Y para colmo de males, en la familia de Donald Trump (por eso él los adora y los defiende a capa y espada), su hija Ivanka está casada (y convertida al judaísmo), con Jared Kushner, la frívola “sombra” que se desliza y repta por los pasillos de la Casa Blanca y que le dijo a su suegro, Donald Trump, que no tenía sentido seguir dialogando con los iraníes y por ello había que bombardearlos, sino masacrarlos.

              Partamos de esas premisas, de esas oscuras premisas, para formarnos una idea más exacta de quiénes gobiernan, influyen y lanzan a la guerra a los estadounidenses, cuyas madres tienen que enviar a sus hijos jóvenes a conflictos que sólo a Israel competen y no son asunto de los Estados Unidos. Lo cual significa que la juventud de esta potencia mundial tiene que poner su sangre, sus vidas, sus cuerpos y sus ilusiones presentes y futuras, para que Benjamín Netanyahu, el criminal dictador israelí, pueda ganar sus confrontaciones contra enemigos más débiles que su ejército y que, a pesar de ello, no puede vencerlos como él quisiera.

             En el aspecto financiero, que es el único tema que quita el sueño a los judíos, la reciente guerra desatada contra Irán, según los expertos, los costos de la misma podrían ser significativamente mayores a lo que ha reportado Washington al Congreso, la prensa y a la opinión pública. Es así como la agresión de los Estados Unidos e Israel a Irán, le cuesta a la administración de Donald Trump, cientos de millones de dólares ¡por día! Así de acuerdo a una publicación reciente hecha por el famoso e influyente periódico Financial Times.

              Los cálculos hechos por analistas financieros de este periódico, indican que el costo diario ronda los US$500 millones y una décima parte de esa cantidad corresponde al precio del equipo militar destruido en los combates. En lo que respecta a los misiles patriot, para citar sólo un ejemplo, se han entregado a Israel enormes cantidades y se han lanzado contra objetivos iraníes otra gran cantidad, cuando el costo por cada uno de ellos es de millones de dólares. Cantidades que pesan sobre el erario del gobierno y en los bolsillos de los contribuyentes, que son todos los ciudadanos estadounidenses, a quienes esta guerra o la existencia del régimen iraní les importa tanto como los osos polares en Alaska; es decir, absolutamente nada.

               Elaine MacCusker, experta ex funcionaria del Pentágono, ha dicho que esta guerra desatada por el dictador israelí, Benjamín Netanyahu, oscila en su costo monetario, entre los US$22,300 y US$31,000 millones, por cada fecha que transcurre. Esas cifras, indica la misma ex empleada de la Armada norteamericana, entre US$2,100 y US$3,600, corresponden a daños de combate y reemplazo de equipo destruido. Por supuesto, ningún judío iniciador de este conflicto, ya sea en los estamentos diplomáticos como Jared Kushner y su compañero de raza, Steve Witkoff; congresistas hebreos y los militares israelíes, así como el genocida Netanyahu, reintegran un solo centavo a este gasto exorbitante que hace el contribuyente estadounidense en esa guerra que, repetimos, no le compete absolutamente en nada. Sin duda, es una alianza maldita con Israel en la que la peor parte la sufren los americanos, según estamos observando a lo largo de los meses que pasan.

               Desglosando el material perdido por los Estados Unidos en estas acciones bélicas en Oriente Próximo, hemos de citar que los iraníes han destruido costosos sistemas, como los radares AN/TPY-2, cuyo costo por unidad es de US$485 millones; también han derribado un avión E-3 Sentry, con un costo superior a los US$700 millones; y ha dañado el portaaviones USS Gerald Ford, considerado “la joya” de la marina de los Estados Unidos, con un costo en reparaciones, cuyo cálculo es mejor no hacerlo, pues resultaría traumático para los contribuyentes de USA. Lo anterior, para citar sólo unos pocos ejemplos, pero las pérdidas en esta guerra han sido mayores y muy costosas. Es cuando MacCusker explica: “Los equipos dañados a veces se pueden reparar en días, mientras que algunos sistemas destruidos, tardarán años en reemplazarse.”

                  En lo que atañe a los daños humanos estadounidenses o los soldados heridos y caídos, la Casa Blanca se cuida mucho de no emitir las cifras verdaderas para no indisponer a la población. Incluso, los aviones militares de transporte, llegan con los féretros siempre por las noches o las madrugadas a las Bases en los Estados Unidos, para evadir la presencia de curiosos y periodistas, con sus cámaras que lo podrían registrar todo. Aunque ha trascendido, oficialmente, que, desde el 28 de febrero, cuando comenzó esta agresión contra Irán, hasta inicios de marzo, se registraron 13 soldados muertos y más de 300 heridos estadounidenses. Y, hasta abril, esas cifras deben haber aumentado, sin duda alguna. Tampoco los israelíes dan cifras a la prensa, para que la imagen –ya deteriorada de todas maneras-, de su dictador Netanyahu, no se haga más despreciable entre sus ciudadanos, de lo que ya lo es. Todo camarógrafo, fotógrafo o periodista, está gravemente limitado para realizar su trabajo en las ciudades israelíes, so pena de ser encarcelado y expulsado de Israel. Empero, los mismos israelíes de la población, han hecho filmaciones con sus teléfonos móviles (celulares) de los destrozos causados por los misiles iraníes en Tel Aviv, Haifa y otras ciudades hebreas y las han subido a las redes sociales.

               Con ese silencio y esa censura, la dictadura de Israel quiere dar la imagen de super-potencia militar e invencibilidad en los campos de batalla. Cosa que no es, en modo alguno, cierto, o que obedece a la realidad y a la verdad. De hecho, el problema directo contra Irán, los judíos se lo han dejado a los estadounidenses y ellos, los israelíes, se han concentrado en atacar a un enemigo mucho menor, muy inferior, en el sur del Líbano, donde sus pérdidas materiales y humanas son ínfimas. Nos referimos a sus ataques contra la guerrilla islámica de Hezboláh. Al paso, se adueñan de más tierras en esa nación. Esa ha sido la jugarreta en la que han hecho caer a los norteamericanos, que deben “apañarse” con el más grande, el más poderoso, mientras los hebreos, como a ellos les gusta, buscan y se enfrentan con adversarios con poder limitadísimo o totalmente desarmados, como en la Franja de Gaza, donde han presumido de librar una guerra contra mujeres, ancianos y niños, cuando en realidad han causado un genocidio en toda regla.

              Ante este desaguisado del conflicto con Irán, Pete Hegseth, el supremacista secretario de Guerra de los Estados Unidos, se apersonó en el Congreso para pedir, con todo cinismo y sin pena alguna, la aprobación de US$200,000 millones adicionales, para cubrir las operaciones en Oriente Próximo. Un dinero que tendrán que pagar los contribuyentes sencillos y comunes del pueblo de USA, para satisfacer la demanda de sangre que caracteriza a Netanyahu y su corte de asesinos en Tel Aviv.

             Es cuando Mark Cancian, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington, ha explicado con toda contundencia y claridad: “Los detalles siguen siendo muy limitados (censurados por la Casa Blanca). El costo podría ser significativamente mayor, dependiendo del equipo que se encontraba dentro de las instalaciones atacadas.” Es decir, cuando los iraníes atacaron a las Bases militares de los Estados Unidos en varias naciones árabes, alrededor del Golfo Pérsico, destruyeron ingentes cantidades de pertrechos de guerra y son cifras que no han trascendido a la opinión pública ni a la prensa y, creemos, no trascenderán nunca.

Se habla de una “fuerza invisible” que domina las voluntades en USA

            Se dicen muchas cosas en torno a esta impúdica relación judeo-americana; incluso, el carnicero de Gaza, Benjamín Netanyahu, el tirano de Israel, fue pillado por una cámara oculta cuando decía que él hacía lo que quería con la voluntad de Donald Trump; es decir, Netanyahu lo domina, influye en él y lo lleva a hacer cosas perversas y que, al notarlo el ciudadano estadounidense, le resulta chocante y sumamente desagradable. ¿Será esa la fuerza invisible a la que se refieren periodistas y analistas, que existe en la relación de estos dos gobiernos?

              Lo evidente, lo que surge diariamente a la superficie, es la incondicionalidad de la Casa Blanca y del Pentágono hacia Tel Aviv, un axioma que, sin embargo, no corre en la dirección recíproca; es decir, los judíos o israelíes no son displicentes en modo alguno con los estadounidenses y les da lo mismo que el ejército norteamericano esté en dificultades –como durante el retiro definitivo de Afganistán, donde los diplomáticos y soldados de USA, luchaban por alcanzar los helicópteros que los sacaron de allí-; de tal manera, Tel Aviv siempre espera recibir, pero nunca para devolver esos favores financieros y militares que le brinda Washington y sus distintos presidentes.

              En el caso particular de Donald Trump, esa supuesta sumisión, que ya a nadie sorprende, es tan grave, que les perdona a los judíos las masacres que ha realizado en la Franja de Gaza, el Líbano, Siria y ahora quieren hacer en Irán. Incluso, en una oportunidad Trump dijo: “Si Hamás no entrega a los rehenes; Netanyahu sabe lo que tiene que hacer”; es decir, bombardear la Franja y asesinar a más palestinos indiscriminadamente. En esto y en otras decisiones criminales que ha tomado y llevado a cabo el psicópata judío, tanto Donald Trump como su antecesor, Joe Biden, tienen gran parte de la culpa moral y de hecho (práctica), por el genocidio allí donde han actuado las milicias asesinas israelíes, pues les han ayudado con dinero, millones de dólares y con armamento de última generación (casi todas las armas israelíes son “made in USA and made in Germany”).

             Esa alianza criminal que ha prevalecido en el tiempo, durante el paso de las décadas, se pudo notar recientemente cuando aviones, bombarderos furtivos estadounidenses, bombardearon instalaciones nucleares iraníes, a petición expresa y directa hecha por Netanyahu, durante una llamada que hizo a Trump, propiamente a la Oficina Oval. Un analista europeo así describe esta relación: “Este respaldo político prácticamente incondicional, no es producto de un impulso coyuntural, sino el resultado de décadas de articulación política, lobby legislativo e intereses interrelacionados.”

           El descaro ha sido tanto, que el mismo criminal Netanyahu dijo sin tapujos que su país había logrado promover leyes en la mayoría de los Estados de EE.UU., que establecen medidas enérgicas contra quien intente boicotear a Israel. Lo cual significa que el nombre del Estado judío y toda su gente, son intocables, inviolables, nunca insultables y mucho menos criticables ni atacables en ningún aspecto físico. De hecho, fue fundado el Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC), con sede en Washington, y que tiene en su edificio a casi 400 empleados. Una de las tareas de este susodicho comité es la de moldear el discurso (cualquier pieza retórica), que se diga o vaya a decir en torno a Israel, principalmente dentro del Congreso estadounidense y garantizar así el apoyo militar, la ayuda económica y el blindaje diplomático al Estado judío. En otras palabras, el AIPAC vigila el respeto, el decoro y la seguridad de la imagen sionista-israelí dentro de los Estados Unidos y absolutamente nadie, dentro de esta potencia mundial, puede arremeter, de ninguna forma, en contra de los intereses israelíes, prácticamente una nación “intocable” para todos los que viven en suelo de la Unión Americana. ¡Inaudito, increíble e indigerible! De ahí todos los desmanes, crímenes, abusos, amenazas y ataques de Israel, cuando le place, y contra los países que le place.

           Los expertos aducen que los tentáculos de Israel llegan fácilmente hasta la clase política estadounidense, gracias al poder del dinero, ya que los judíos que aquí nacen y viven, financian las campañas electorales y los candidatos que se convierten en presidentes, tienen que obedecer todo lo que ese lobby judío les ordena. Algo parecido sucede en América Latina y en otras naciones alrededor del mundo, donde los judíos, a “golpe de billetera”, se apoderan de las voluntades de los personajes más influyentes de la política, la economía y el arma militar. En este sentido, Abu Faisal Sergio Tapia, director del Consejo Internacional GeoPolítico sobre Asia Occidental, en Sao Paulo, Brasil, manifestó lo siguiente: “(Los judíos) les financian sus campañas directamente, lo cual establece que no importa quien llegue a la presidencia en la Casa Blanca o al Congreso, van a estar todos destinados a la política exterior de Israel.”

            Y un informe publicado precisamente por el AIPAC, señala que “en las elecciones del 2014, gastaron US$53 millones (de este Comité) para apoyar a candidatos, tanto demócratas como republicanos, con el fin de fortalecer el apoyo a Israel dentro del Congreso estadounidense.” Es cuando, nuevamente Abu Faisal refuerza lo anterior: “Estados Unidos le ha otorgado a Israel más de US$300,000 millones en las últimas décadas, para mantener una política de agresión perpetua (en contra de sus vecinos árabes, persas, sirios o turcos)”. Aparentemente, el AIPAC es la “fuerza invisible” de la cual se habla a hurtadillas o en voz baja, en los corrillos de Washington.

             Parece ser que la consigna de los judíos es: “quien domina a los Estados Unidos, domina al mundo” y a ello se han abocado desde décadas lejanas; y lo más espeluznante parece ser que la máxima de Adolf Hitler, quien dijo en su momento en Alemania, que “aquel presidente de los Estados Unidos que no se rinda ante las exigencias de los judíos, acaba asesinado por éstos”, se ha cumplido en algunos momentos precisos de la historia, como en el ejemplo de John F. Kennedy, muchos años después de la muerte de Hitler, quien fue asesinado un mediodía en Dallas, Texas. Kennedy estaba confrontado abierta y directamente con el padre del Estado judío moderno, David Ben-Gurión, por el primer reactor nuclear en Dimona, subvencionado y construido por franceses (judíos por supuesto), y se oponía tajantemente porque Israel se convirtiera en la amenaza nuclear que es ahora. La respuesta de Jerusalén fue acribillar al mandatario de los Estados Unidos en el corazón de aquella ciudad estadounidense. Un magnicidio cuyos detalles que podrían ser entera y esencialmente reveladores, permanecen en silencio, sin desclasificar ni dilucidar en modo alguno. ¿Cuál fuerza es la que obstaculiza llegar a la verdad en este tema? Sin duda… el lobby hebreo de USA.

            En retorno a la actualidad, los no simpatizantes y los detractores del Estado hebreo, han fundado y construido sitios web para monitorear las acciones o movimientos de AIPAC. Un ejemplo de ello es “AIPAC ‘Tracker’”, que está en alerta sobre las cantidades de dinero que parten desde este Comité judío-estadounidense, hacia los candidatos a la presidencia del país. ¿El resultado? Es vergonzante, porque queda en entredicho la honestidad, la honorabilidad y la independencia del político, cuando este sitio ha publicado sus nombres y las cantidades en millones de dólares que “les han donado” de los bolsillos de los hebreos. Es cuando comienzan a alejarse públicamente de esas “donaciones”, provenidas de los grupos de influencia israelí, como en los casos del republicano Thomas Massie; o de la demócrata Alexandria Ocasio Cortez.

             No obstante, el lobby judío sigue adelante con su trabajo de manipulación y sometimiento y, por esa causa, muchos en esta nación se cuestionan si realmente es una alianza de carácter moral la que existe entre Estados Unidos e Israel o es un sometimiento avasallado de la primera nación en relación con la segunda, según se han decantado los hechos. Y es que esa influencia constante, ininterrumpida de Tel Aviv hacia Washington, se ha cristalizado en acciones muy concretas: por ejemplo, en el 2016, la Casa Blanca firmó un memorando de entendimiento de 10 años con el Estado judío, en el que se comprometió a darle US$38,000 millones en ayuda militar, el mayor paquete de ayuda de esta especie en la historia norteamericana; y en el 2017, Washington reconoció –con Donald Trump en su primera administración-, oficialmente a Jerusalén como Capital de Israel; y, para no perder el hilo de esta depravación en la que los judíos tienen bajo el pie a los “gringos”, Trump se retiró del acuerdo nuclear con Irán, hasta devenir en la guerra que hoy estamos presenciando y que fue declarada, ordenada y llevada a efecto por el criminal Benjamín Netanyahu. Un periodista europeo lo describió de esta manera: “El último capítulo de lo que unos llaman alianza y otros califican como sometimiento, fueron los bombardeos estadounidenses a las instalaciones nucleares de Irán.” Luego vendría la guerra, el asesinato del ayatoláh Jamenei y los distintos comandantes iraníes allí donde se encontraban.

              Lo cierto es que Israel se siente fuerte, precisamente porque tiene al lado a “un perro rabioso, que ladra fuerte”, llamado Estados Unidos, siempre dispuesto “a sacarle las castañas del fuego” a los judíos, cuando y donde sea necesario y esto se lo ordenen (no soliciten… sino ordenen, que son los verbos justos para describir este asunto vergonzoso). De no ser así, de no tener a ese enorme “guardaespaldas” que son los Estados Unidos, Israel no pasaría de ser el Estado “enano” que verdadera y realmente es, más aun si lo confrontamos con naciones con enormes territorios como Turquía, Irán y Arabia Saudita.

Las eternas víctimas, los eternos expulsados, los eternos “pobrecitos”

              Ningún país ha sufrido en carne propia ese terrible manipuleo como Alemania y los alemanes, desde 1945, año de la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Ya en 1946, con la celebración del Juicio de Nürenberg contra la jerarquía nacionalsocialista (nazi), la mayoría de los jueces y fiscales que llegaron desde los Estados Unidos, eran de origen judío. Incluso, algunos eran judíos franceses, británicos y hasta ¡soviéticos! según se supo con certeza cuando se consignó esta historia debidamente. Lógicamente, aquellos acusados no tenían otro camino que ir directo al cadalso, donde los esperaba la soga para ser ahorcados indefectible e inevitablemente. Fue parte de la venganza de los hebreos contra los alemanes; luego vendría la política del “pobrecito”, del judío perseguido por los Zares rusos, los Reyes católicos españoles y finalmente por los nazis. Se acuñó el calificativo –que hasta cierto trazo de la realidad pasada y actual les dio resultados-, de “antisemita”, a todo aquel que criticara o desdeñara a la etnia judía.

              Los alemanes tuvieron que soportar miles de películas producidas, filmadas y distribuidas por todo el planeta, por el otro poder hebreo: Hollywood y sus empresas fílmicas de tal poderío, como Warner, Universal y Metro Goldwyn-Meyer, en las que se presentaba a los alemanes como los grandes y únicos criminales de la humanidad y de todas las épocas. Hasta el día de hoy, esta nacionalidad, la germana, sigue arrastrando ese estigma endilgado por los judíos; es decir, los alemanes los grandes depredadores y los judíos las eternas víctimas de los campos de concentración, pogromos, expulsiones y demás tropelías. “Una etnia perseguida y masacrada por los siglos de los siglos”, mientras la humanidad se “tragaba” esa falacia.

             Todavía, durante un día determinado al año, los hebreos conmemoran “con (supuesto) intrínseco dolor” lo que sufrieron a manos del nazismo: viajan a Cracovia, Polonia, al campo de exterminio de Auschwitz, ensayan sus rostros de pesar, renquean los más ancianos y los jóvenes se ponen las banderas de Israel sobre sus hombros, no sin antes haber colocado en lugares estratégicos cientos de cámaras de filmación, para después distribuir ese acontecimiento al mundo. Porque ellos tienen que seguir siendo “los pobrecitos”, además del “pueblo elegido de Dios.” Y millones “les compran” esa falacia.

              El problema para los judíos radica en que, de tanto que lo han endilgado a la humanidad restante y entera, ellos también se lo han creído y para muestra, citamos el final de la Semana Santa en España, cuando, en un pueblito español, se quemó no a Judas como se acostumbra hacer año con año, sino una imagen de Netanyahu. Y este dictador sanguinario ladró desde Tel Aviv y fiel a su costumbre, llamó a todos los españoles “antisemitas” (un término que ha ido perdiendo poder, significado y protagonismo), y les amenazó con bombardear desde Sevilla, pasando por Madrid, hasta Santiago de Compostela, en Galicia.

              Sin embargo, y esto se lo tienen que reclamar al mismo Netanyahu, los judíos actuales y futuros, con las matanzas en la Franja de Gaza, Siria, Líbano e Irán, perpetradas por los hebreos, que se hacen llamar a sí mismos “el ejército más moral del mundo”, siendo sólo una gavilla de criminales fuertemente armados, la imagen de la “eterna víctima” ha pasado, en los últimos tres años, a ser la de los sanguinarios de la humanidad, los peores depredadores de víctimas inocentes en Palestina y otras naciones circunvecinas y unos asesinos sin parangón alguno y a plena luz del día. Aparte del racismo que los judíos blancos practican contra los negros provenidos de Etiopía y que no encuentran asidero en Israel cuando han emigrado.

                En otras palabras, el mundo de hoy ha despertado del “hechizo”, de ese “cruel y premeditado embrujo” al que lo ha sometido Israel y los israelíes por medio del cine y otros órganos de propaganda, y ya se sabe quiénes son los asesinos y quienes los asesinados. Y de cierto es que Adolf Hitler no pasó de 1945, su movimiento murió con él y los alemanes actuales son los mismos que habían antes de Hitler: los pensadores, humanistas, los reformadores doctrinarios, los grandes artistas, escritores, políticos, diplomáticos, economistas, el país que más Premios Nóveles posee entre las demás naciones; los inventores, los científicos, los grandes médicos y quienes están imbuidos en la civilidad y no en las guerras en las que gusta batirse Netanyahu y sus judíos que se han quitado (o se les han caído) sus máscaras de “pobrecitos” o “los eternos odiados” del resto de la humanidad. Todo ello, mientras se apoderaban de gobiernos enteros y se llenaban sus bolsillos con billetes y oro, pero “pobrecitos” al fin. Eso se acabó con las matanzas perpetradas por Netanyahu y sus criminales.

                A nivel de Estado, los alemanes siguen sumidos en la equivocación, pues siguen asumiendo que todavía están en 1942/43/44/45 y se cargan a ellos mismos “la culpa” del “cacareado” holocausto judío. Una necedad que partió, ciertamente, desde 1945 con el final de la Segunda Guerra Mundial y que fue oficializada el 12 de mayo de 1965, con el establecimiento de relaciones diplomáticas entre alemanes e israelíes. Tan solo a 20 años del término de la guerra.

               Una prueba de esta “necedad” se dio con la conmemoración del inicio de esas relaciones diplomáticas, cuando el presidente de Israel, Isaac Herzog (nótese el robo del apellido alemán), visitó Berlín, sede del gobierno germano; y Frank-Walter Steinmeier hizo lo mismo al visitar Tel Aviv. Por supuesto, Herzog, “vestido de pobrecito o eterna víctima” visitó en Alemania el Monumento Conmemorativo del Holocausto “Andén 17”, en la estación de Grünewald, desde donde, supuestamente, fueron deportados 10,000 judíos hacia los campos de concentración por las autoridades nazis. Luego, este genocida judío se reunió con más de 100 jóvenes alemanes e israelíes, mientras el fenómeno que recorre todo el mundo está en su mayor auge: el antisemitismo ha despertado de nuevo de su “modorra” y ha abierto los ojos, debido a los bombardeos israelíes a la Franja de Gaza, donde han asesinado a casi 80,000 palestinos inocentes, y casi 3,000 libaneses en estos días precisos.

               En todo caso, el concepto “razón de Estado”, creado y acuñado por la ex canciller alemana, Angela Merkel, presuntamente influenciada por su padre, quien fue pastor evangélico y creyente firme de que los judíos son “el pueblo elegido por Dios”, estampado en el Antiguo Testamento de la Biblia, e Israel es “tierra santa”, fue ventilado y dado a conocer por vez primera por esta ex Canciller alemana en el 2008, cuando habló en la Knéset (Parlamento israelí) y utilizó ese término para describir lo que significa Israel para los políticos alemanes; es decir, la responsabilidad política especial de Alemania hacia la existencia y la seguridad de Israel. Y fundamentados en ello, los distintos Cancilleres teutones aceptan dotar a los israelíes de todo aquello que los judíos les imponen, exigen y arrebatan: desde automóviles made in Germany, hasta armamento sofisticado de última generación, para masacrar a los musulmanes que a los hebreos se les ocurra. Los gobernantes alemanes sólo bajan sus cabezas y dicen “sí” a todo lo que les sonsacan y lo hacen, no con dignidad ni honorabilidad, sino cobardemente…

              De tal manera, “la “razón de Estado” según los alemanes en los distintos gobiernos, es una máxima política con la cual todos los que llegan a la Cacillería de Berlín tienen que cumplir a raja-tabla. No es una ley y actúan y han actuado en el pasado, siempre de acuerdo con esta máxima absurda. Esta irracionalidad con todas sus letras, ha aceptado, incluso, las matanzas en la Franja de Gaza, efectuadas por el criminal ejército de Israel, cuando los políticos alemanes han insistido en decir que “Israel tiene derecho a defenderse (…). Y Alemania permanecerá fielmente al lado de Israel.” Incluso, con los primeros contrataques iraníes a Tel Aviv, con drones y misiles, rompiendo de tajo los escudos defensivos judíos, Netanyahu fue a refugiarse, no a un bunker en las entrañas de la tierra, sino a la Capital alemana, hasta que pasara la andanada de misiles. Así de cobarde es este carnicero hebreo.

              Y mientras los políticos actuales de Alemania hablaban de “razón de Estado”, los judíos no permitían entrar la ayuda humanitaria hacia los gazatíes, tampoco médicos, ni medicinas, ni agua, ni ningún otro paliativo que ayudara a las vidas que estaban allí en desgracia. Gaza estaba convertida en hambre y muerte, pero el Canciller Friedrich Merz seguía repitiendo como un desquiciado: “razón de Estado” con el genocida Estado de Israel.

             Otro tema que ha sido vergonzante para Alemania, no exento de esa cobardía a la que hicimos referencia anteriormente, fue la conversación telefónica que sostuvieron Merz y Netanyahu, en la cual el primero le dijo al prófugo de la justicia mundial que es el judío en cuestión, que “encontraré los medios para garantizar que usted, Primer Ministro israelí (entiéndase dictador), pueda visitar Alemania y salir de nuevo sin ser arrestado.” Lo cual significó que Merz le estaba dando la espalda a la Corte Penal Internacional (CPI), que ha dictado orden de captura contra el judío Netanyahu por sus crímenes en Oriente Próximo. Aquí, en este caso, Friedrich Merz no solamente estaba traicionando a los jueces de la CPI y a todo el orden jurídico mundial, sino a la propia Alemania, que ha sido garante y defensora irrestricta de esta Corte. Y ahora Merz estaba violando todo principio humano, legal, de justicia y moral subyacente.

           Ni hablar de Olaf Scholz, el más estúpido de cuantos Cancilleres alemanes ha habido, el antecesor del actual, quien dijo para congraciarse con los judíos: “Todo alemán (nacido o no nacido, joven o viejo, mujer o niño), es responsable del holocausto, de la muerte de millones de judíos.” “Nacido o no nacido”, resonó en nuestros oídos por varios minutos. Era la estupidez en su máxima expresión: ningún pueblo moderno o actual, tiene que sentirse culpable por los errores de la historia, de sus antepasados; en principio, porque la culpa es un sentimiento destructivo del alma de quienes la llevan y porque no es una afirmación racional, cuerda, inteligente, ni apegada a la verdad ni a la realidad. Incluso, el Tercer Reich, de Hitler, tuvo sus razones para consumar lo que consumó con los hebreos y quien quiera investigar a fondo este tema… sería bueno que lo hiciera para que salga de dudas funestas, moralidades incómodas y mentiras absolutas que han pegado los judíos a lo largo de las décadas, basados en el “soy pobrecito perseguido y exterminado” (pero con los bolsillos llenos de billetes y oro, más el poder manipulador de los gobiernos en los países poderosos, con los Estados Unidos a la cabeza).

            Muy posiblemente con el triunfo electoral del partido de derechas AfD, Alternativa para Alemania, esa absurda “razón de estado”, que no es otra cosa que una solemne “piedra en el zapato” de la política internacional alemana, acabe allí mismo, cuando el nuevo Canciller de derechas ponga su primer pie en la Cancillería alemana.

Netanyahu contra Inglaterra y Francia

            Antes de comenzar este capítulo en este reportaje, debemos abordar el tema de la salud mental de Netanyahu, un psicópata que está envalentonado por la ayuda que le dan los Estados Unidos, y porque es un vampiro siempre sediento de sangre humana, de crear guerras donde le sea posible, porque él no cree en otra situación distinta al asesinato de inocentes.

            Con base en esa permanente enemistad, el ministro inglés de Asuntos Exteriores, David Lammy (de raza negra, muy incómoda para el racismo de Netanyahu), anunció la suspensión formal de las negociaciones con el Estado genocida de Israel, en pos de un nuevo acuerdo comercial bilateral y convocó, en acto seguido, a la embajadora judía en Londres, Tzipi Hotovely, para elevar la protesta oficial del gobierno de Inglaterra por las masacres que estaba llevando a cabo la judería armada en la Franja de Gaza, contra palestinos indefensos, desarmados inocentes y al margen de la guerra. Lammy también deploró y sancionó a los colonos israelíes que disparan contra los palestinos y les arrebatan sus tierras. “Hemos suspendido las negociaciones con el gobierno israelí para un nuevo acuerdo comercial. Vamos a revisar la cooperación con las autoridades de ese país. Esto ha sido necesario por las acciones del gobierno de Netanyahu.” Aseveró.

            El Foreign Office informó que convocó a la embajadora de Israel en Londres, “por la expansión de las operaciones militares en Gaza, por la escalada desproporcionada de la actividad militar en la Franja y porque el bloqueo a la entrada de ayuda es cruel e indefendible.” Y si existe un gobierno, un país, con moral para soslayar a Israel y su dictador y dictadura, ese es Inglaterra precisamente.

            Anunció, seguidamente, sanciones que incluyen restricciones financieras o prohibiciones de viaje contra colonos israelíes, por actos de violencia en Cisjordania. Entre los sancionados hay dos organizaciones, dos asentamientos y tres personas que han “apoyado, incitado y promovido la violencia” ejercida por los colonos israelíes contra las comunidades palestinas, entre ellos Daniella Weiss (lea nuestro editorial en esta misma edición de The City), líder de los colonos y activista de ultraderecha.

            Además, el mismo ministro británico de Exteriores, agregó: “Aunque el gobierno de Reino Unido sigue comprometido con el acuerdo comercial existente en vigor, no es posible avanzar en las discusiones sobre uno actualizado con un gobierno que está llevando a cabo políticas flagrantes en Cisjordania y Gaza (entiéndase crímenes de lesa humanidad contra el pueblo palestino).”

            La respuesta beligerante, violenta, supra-agresiva y harto retadora del criminal Benjamín Netanyahu, dictador de Israel, fue: “La presión externa no desviará a Israel de su camino para defender su existencia y seguridad, frente a enemigos que buscan su destrucción (?). Si, debido a una obsesión contra Israel y consideraciones políticas internas, el gobierno británico está dispuesto a dañar su economía (¡?), es su propia prerrogativa.” Nótese la frase “dañar su economía.” No se puede creer que gran parte de la bonanza económica de Inglaterra dependa de su comercio con Israel, un Estado minúsculo, sumamente pequeño, que no produce ni lo que consume y vive prácticamente de lo que naciones europeas, principalmente Alemania, le regalan, además de la ayuda que le proporciona Estados Unidos de manera desmedida. Sin duda, esa es la arrogancia de este judío criminal, a quien una celda en La Haya le espera para juzgarlo por sus masacres de miles de seres humanos.

              En cuanto al gobierno de Francia, hace pocas horas Netanyahu y alguno de sus ministros secuaces, insistieron en que no quieren que los franceses intervengan en nada que tenga que ver con Israel y sus enemigos, en específico en las negociaciones pro-paz. Días atrás, de acuerdo a una llamada telefónica entre el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el genocida israelí, Benjamín Netanyahu, el primero le recordó al hebreo que la creación del Estado palestino es necesaria para ser justos y alcanzar la paz en la región. Y la respuesta del criminal judío fue: “crear el Estado palestino sería una enorme recompensa al terrorismo. Un Estado palestino a pocos minutos de ciudades israelíes, se convertiría en un bastión del terrorismo iraní.” Aseveró Netanyahu, siempre paranoico y siempre deseoso de nuevos aires de guerra, en especial contra Irán.

               En la misma conversación, Macron insistió en que “el calvario de los civiles de Gaza debe terminar y debe procurar la reapertura de todos los puntos de paso para la ayuda humanitaria.” Los israelíes, a pesar de la paz firmada en la cumbre en El Cairo, Egipto, y la liberación de todos los rehenes con vida, por parte de Hamás, siguen bombardeando y disparando contra gazatíes, violando la palabra empeñada en dicho encuentro con varios jefes de Estado.

               El anhelo de Emmanuel Macron es compartido por casi 150 países que reconocen también la conformación de un Estado palestino; los últimos fueron España, Irlanda, Eslovenia y Noruega, que dieron dicho reconocimiento en mayo del 2024. Pero el criminal Netanyahu sigue empecinado en que la Franja de Gaza y Cisjordania deberían ser parte de Israel y para ello trabajan los colonos judíos, disparando a los nativos de estas zonas, para arrebatarles sus tierras.

Líbano y la búsqueda de dinero para financiar la guerra

            Una última información emitida desde la Casa Blanca, en Washington D.C., señala que Donald Trump perdió la paciencia con Israel y envió un mensaje clarísimo y vehemente a Benjamín Netanyahu para que cese los ataques al Líbano, donde el ejército criminal judío ha asesinado a más de 2,000 personas civiles. Trump firmó que Tel Aviv tiene terminantemente prohibido cualquier ofensiva militar en territorio de esta nación árabe y lo ha dicho de esta manera: “Israel ya no bombardeará el Líbano. Estados Unidos les ha prohibido hacerlo. ¡Basta ya!” Escribió en su red social Truth, visiblemente molesto, cuando parece que la paz que está buscando afanosamente, los israelíes se la quieren sabotear con esos ataques a suelo libanés.

            Ha sido una declaración fortísima a la dictadura de Israel, encabezada por el sátrapa genocida, Benjamín Netanyahu; y Trump aseguró, en acto seguido, que Washington colaborará por separado con el Líbano y abordará la situación de la facción guerrillera Hezbolá, de la manera más adecuada posible.

            En cuanto a la guerra con Irán, el mandatario estadounidense aseguró que conseguirá todo “el polvo nuclear iraní, sin ninguna transacción financiera de por medio.” Agregó que las negociaciones con los persas están muy avanzadas y que la mayoría de los puntos ya están negociados. Sin embargo, Teherán niega que tales acuerdos se estén produciendo y sigue empecinado en producir energía nuclear con fines pacíficos, lo cual contradice a Trump, quien ha dicho que se le entregará todo el uranio enriquecido. Otro desvarío de parte del presidente de USA, aparentemente.

            En cuanto al financiamiento de esta guerra costosísima en términos financieros, Trump, por consejo de alguno de sus asesores, con toda seguridad, flexibilizó las sanciones a Rusia por su invasión a Ucrania. Es decir, los Estados Unidos permitieron, hace pocas fechas atrás, que Moscú ingrese a sus arcas hasta US$10,000 millones adicionales por concepto de la venta de petróleo ruso, esto debido al bloqueo que ha decretado Irán en el estrecho de Ormuz, por donde suele pasar una cuarta parte del suministro mundial del crudo.

            Vladímir Putin, dictador ruso, se ha sentido complacido porque el alza en los precios de los hidrocarburos compensaría en parte, las sanciones impuestas por las potencias occidentales, a raíz de su invasión a suelo ucraniano. Esto significa que el dictador de Rusia podrá resarcir ese dinero que le ha sido retenido en los Bancos europeos y estadounidenses, con las nuevas ventas del petróleo que se produce en Rusia.

            Esta decisión tomada por la Casa Blanca, se debió al hecho de que los Estados Unidos no quieren ahogarse en una crisis energética y determinó aflojar el otro extremo, sin importarle los beneficios que obtendrán los rusos. Por ejemplo, Washington autorizó los envíos de petróleo y productos derivados del “oro negro” ruso en tránsito. Otorgó el permiso hasta el 11 de abril pasado; es decir, con una validez de 30 días, y así garantizó el flujo ininterrumpido de petróleo al mercado global; pero, al mismo tiempo, con esas ganancias superlativas y millonarias para el Kremlin, la guerra contra Ucrania podrá ser financiada con toda facilidad a favor de la Armada rusa. Esto quiere decir que el petróleo ruso ha subido de precio y las reservas occidentales de armas bajaron y Rusia será el principal ganador financiero, con la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán.

            Kirill Dimitriev, Representante Especial del Presidente (dictador) ruso, Vladímir Putin, calculó que el levantamiento de las restricciones estadounidenses al crudo producido en Rusia, afectará aproximadamente a 100 millones de barriles de petróleo “made in Rusia.” Y añadió: “En el contexto de la creciente crisis energética, una mayor flexibilización de las restricciones sobre los recursos energéticos rusos, parece cada vez más inevitable, a pesar de la resistencia de algunos miembros de la burocracia bruselense (por Bruselas, Capital de la Unión Europea).” En otras palabras, si el petróleo ruso alcanza los US$100 en el mercado, la decisión tomada por Donald Trump permitirá a Moscú ingresar a sus arcas hasta US$10,000 millones adicionales.

            Esta contradicción en la política guerrerista comenzada y sostenida por Trump, de incautar y apresar a todo barco que transportara crudo ruso (los llamados “barcos fantasma”), ahora resulta que le están beneficiando para que la economía mundial no se venga a pique o lo que es lo mismo: los enemigos rusos de apenas ayer, hoy son los salvadores de Donald Trump, para que la economía de los Estados Unidos no se derrumbe con el bloqueo de Irán al estrecho de Ormuz. Podría ser algo así como torcer el cañón del rifle hacia quien lo está empuñando.

            Lo cierto es que, a medida que se ha alargado el conflicto con Irán, los tecnócratas de la administración Trump han buscado maneras para mitigar el impacto económico, soltando el lastre que haga falta, sin importar si se beneficia al enemigo de todos, en este caso Rusia. Por su parte, Scott Bessent, secretario del Tesoro de los EE.UU., califica esta medida de corto plazo que se aplica solamente al petróleo que ya está en tránsito (en los buques en altamar) y “no traerá ningún beneficio financiero significativo al gobierno ruso.” Según su opinión al respecto, mientras Moscú está exultante por la alegría que le han causado al liberar su comercio con el crudo. La verdad es que el fuerte aumento de los precios mundiales del petróleo, en medio de la guerra de los Estados Unidos e Israel contra Irán, ha generado aproximadamente US$150 millones en ingresos adicionales al día (!), para el presupuesto de Rusia, según cálculos del diario Financial Times. A finales de marzo anterior, el gobierno ruso recibió entre US$3,300 y US$4,900 millones en ingresos adicionales, esto debido al aumento del mismo petróleo, cuyo precio osciló entre los US$70 y US$80 por barril. En una economía resentida por las sanciones de Occidente, por la retención de los activos rusos en Bancos europeos, este dinero fresco ha sido un gran aliciente para Rusia y una desgracia para Ucrania, que maldice la llegada de Donald Trump al poder en los Estados Unidos.

            Finalmente, el mismo Financial Times ha informado que en esta guerra contra los iraníes, el Pentágono ha agotado una enorme cantidad de armas, con las consiguientes pérdidas económicas que ello representa. Incluidos los famosos misiles Tomahawk, de largo alcance. Y según estimaciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Estados Unidos ha disparado 168 misiles Tomahawk en las primeras 100 horas de la guerra en Oriente Próximo, con un costo de al menos US$11,300 millones. Razón suficiente para que los economistas de Washington y del Pentágono específicamente, se sientan preocupados.

            Y en el caso de que el petróleo se hubiera disparado sin contención, la guerra se le hubiera puesto “cuesta arriba” a Trump y su secuaz Netanyahu, debido a las pérdidas económicas. La liberación del crudo ruso ha significado un buen acicate para que los precios mundiales del mercado, no detonaran. Lo cual significa para el Kremlin que “Rusia prospera en el caos.” Y mientras la guerra continúe contra Irán, los Estado Unidos se olvidarán de Ucrania, no le venderá más armas (o muy pocas de ellas en comparación con el tiempo anterior a la guerra con Irán), y ello también será beneficioso para Rusia. Lo cual podría significar la derrota definitiva para los ucranianos, la pérdida de los territorios semi-ocupados ahora por los rusos y posiblemente la entrega del gobierno del país a la esfera de influencia rusa.

            Esto no lo previó el psicópata criminal Benjamín Netanyahu y mucho menos un analfabeto Trump, ignorante de estas cosas profundas y técnicas en lo económico y del juego geoestratégico.

            Esa es la relación impúdica de los Estados Unidos con el Estado paria de Israel: más perjuicios que beneficios según hemos observado, mientras el resto de la humanidad ve asombrada y preocupada a un esquizofrénico estadounidense decir cada estupidez cada día, junto a un psicópata supra-criminal israelí, asesinando “por deporte” a cada hora, cada fecha y cuando su irracionalismo se lo demanda.


Yo, Tú, Él, Ella, Nosotros, Vosotros, Ellas y Ellos Antisemitas

BRUSELAS, Bélgica-(Especial para The City Newspaper) ¡Está hecho! Todos los que no compartimos las políticas y manera de pensar de los judíos (o israelíes), somos antisemitas. Y ello nos lleva a una paradoja inevitable, porque no sabemos si reír, enojarnos o llorar. En lo personal, preferimos ser antisemitas que apoyar el comportamiento genocida del ejército hebreo o judío en Oriente Próximo, donde está llevando a cabo una campaña de exterminio contra todo aquel pueblo que no es israelí. De tal manera, quienes no aceptamos esos asesinatos, somos automática e instantáneamente antisemitas y por lo tanto somos el 99,7 por ciento de los ciudadanos que habitamos este planeta; pero los judíos siguen con ese “cantadito” cansino y majadero de que somos “antisemitas.” Y en lo que a nosotros respecta… ¡Por supuesto que lo somos! Como también somos antimarxistas, antirracistas, antinazis, antifeministas, antibelicistas, anti, anti, anti, anti, contra todo aquello que vaya contra la moral, la dignidad del hombre y el aniquilamiento del mismo hombre, a manos del hombre.

Las verdades irrefutables de Josep Borrell

         Este catalán, quien fue hasta hace poco alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y de Seguridad, resulta que también lleva ahora el sello de “antisemita” –igual que nosotros en este periódico y en este país-, porque, lo mismo que António Guterres, Secretario General de la ONU, el primer ministro de Irlanda, el presidente de España y muchos más que están en contra de los asesinatos en masa que llevan adelante los judíos en la región de Oriente Próximo, recordó al dictador de Israel, Benjamín Netanyahu, el causante directo de esas muertes masivas de inocentes en la Franja de Gaza y en el Líbano, que ya está bueno, “que se dejen de esconder detrás del antisemitismo”, en especial cuando varios líderes mundiales han criticado el asesinato masivo de palestinos ejecutado por Netanyahu y su ex ministro de Defensa, Yoav Gallant, ambos requeridos por la Corte Penal Internacional de Justicia (CPI). De tal manera, cada vez que se le recuerdan a estos dos verdugos de nuestro tiempo, Netanyahu y Gallant, lo criminales que han sido y son, saltan violentos en Tel Aviv, Capital de Israel, para acusar a sus detractores de “antisemitas”, como si ese calificativo causara algún daño al prestigio de las personalidades que los señalan criminales de nuestro tiempo, de nuestra época. Porque ambos son los peores asesinos del Siglo XXI y están en las mismas “ligas” del georgiano Josef Stalin, el carnicero de la Unión Soviética, en los albores del siglo pasado.

         “Dejen de esconderse detrás del antisemitismo –les señaló Borrell a ambos hebreos-, no tiene nada que ver con el antisemitismo, se trata de buscar la justicia en la escena mundial.” Les dijo. Y es que los judíos, desde 1945, año del final de la Segunda Guerra Mundial, se han valido de ese término (antisemitismo), para defenderse de quienes los critican, de quienes no los quieren y de quienes les resaltan sus errores y su deseo frenético de dominar al mundo, ya sea por medio de la economía, la religión (principalmente con el Antiguo Testamento de la Biblia, plagado de historias fantasiosas donde el pueblo judío es el protegido y preferido de dios, un dios ultra-hebreo) o del arma militar.

         En todo caso, la franqueza de Josep Borrell, tan española, tan precisa con la masacre que está llevando a cabo el ejército israelí en Gaza y Líbano, era imprescindible y necesaria en estos momentos cuando nadie desea ni quiere detener a los judíos en esa sangría generalizada, a pesar de las críticas que se les hacen desde todos los ángulos de la realidad mundial.

         Ciertamente Borrell ha cumplido su trabajo, su ciclo, en la Unión Europea (UE), pero antes de marcharse les ha dicho a los asesinos de Tel Aviv unas cuantas verdades y por ello les agregó: “No es lo mismo España con Franco que con Felipe (González), al igual que no es lo mismo Israel con (Shimon) Peres que con Netanyahu.” Recordándole a la comunidad mundial lo supremamente asesino que es Netanyahu, quien, cada vez que es señalado por la justicia interna de Israel, procede a masacrar a los pueblos vecinos, para desviar la atención de los israelíes hacia la guerra externa y “vestirse” o arroparse de “patriota” y gran defensor de los intereses judíos.

         Y añadió Borrell a sus declaraciones: “(…) el pueblo israelí está siendo colonizado desde adentro por el extremismo y los violentos.” Y es que los comentarios y señalamientos de Borrell fueron in crescendo a medida que avanzaba la masacre en Gaza por parte del ejército israelí, de tal modo que, unos días antes, había dicho que “la guerra en esa zona es contra los niños (ya que) el 70 por ciento de los muertos en Gaza son mujeres y niños con menos de nueve años de edad. Algunas veces creo que es muy necesario decir la verdad, porque es evidente que si no la dices, pierdes credibilidad. Quién puede creer que Israel está respetando el derecho humanitario. ¿Alguien puede creerlo? Ciertamente, yo no.”

La situación actual de Netanyahu

         Además de ser requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, Países Bajos, y de haber dictado orden de captura contra este carnicero israelí, Netanyahu está sentado en estos momentos en el banquillo de los acusados en los tribunales de su país, Israel. Está acusado de corrupción galopante en su gobierno, por prácticas inusuales, reñidas con la moral en la administración pública o Estatal. Es decir, tiene abiertos dos frentes judiciales: uno ante la CPI en La Haya, por crímenes horrendos, salvajes, demenciales y supra-sanguinarios en sus ataques a la Franja de Gaza y el Líbano contra mujeres, ancianos y niños; y otro en el interior de Israel.

         Estas son las acusaciones: el Caso 1000 señala que Netanyahu y su esposa recibieron costosos regalos ilícitos (champagne, joyas y otros), de parte del magnate de Hollywood, también judío, Arnon Milchan, en agradecimiento porque Netanyahu le ayudó a renovar su visado estadounidense. Milchan nació en Israel y necesita visa para mantenerse en USA y, además, Netanyahu amplió la exención fiscal para los israelíes expatriados retornados. Así mismo, el verdugo judío recibió el regalo por un monto de US$186,000, del inversor australiano James Packer, entre el 2007 y el 2016, precisamente por la exención fiscal arriba señalada.

         En el Caso 2000, se acusa a Benjamín Netanyahu de fraude por un supuesto acuerdo con el editor Arnon Mozes, dueño del periódico israelí Yedioth Ahronoth, cuando el dictador judío estuvo de acuerdo en debilitar al medio rival de Mozes, el periódico Israel Hayom. Para ello, Netanyahu consideró la posibilidad de promulgar una legislación reguladora que permitiera debilitar al diario.

         El Caso 4000 se dio cuando Netanyahu era ministro de Comunicaciones, y se le acusa de autorizar decisiones regulatorias, entre 2012 y 2017, que beneficiaron financieramente a la empresa israelí de telecomunicaciones Bezeq, propiedad del multimillonario hebreo Shaul Elovitch. A cambio de ese favor, este último proporcionó cobertura favorable a Netanyahu en su sitio web de noticias Walla. Este empresario y su esposa, también están siendo enjuiciados y niegan, a pies juntillas, lo mismo que Netanyahu, que hayan cometido los delitos que se les achacan. Además, Netanyahu se niega rotundamente a renunciar al gobierno, a su dictadura sempiterna, de acuerdo a su prepotencia y megalomanía naturales. En todo caso, las nuevas revelaciones en el juicio, según la opinión de los analistas de la realidad de Israel, podrían traerse por tierra la estadía de Netanyahu en el poder, ya que perdería unas elecciones anticipadas. Así según una encuesta hecha por el diario judío Maariv.

         Y para no perder su costumbre criminal y habitual, el ejército israelí ha estado bombardeando inmisericordemente a Siria, a pesar de que los rebeldes han derrocado a su dictador Bashar al-Assad. Es decir, en medio de la algarabía y el desorden que vive actualmente Siria, los judíos están llevando la guerra, las masacres, a esta nación recién liberada. Es por ello que la ONU ha pedido a los israelíes detener los ataques; es cuando el secretario general de este organismo mundial, António Guterres ha dicho: “me siento preocupado por las recientes y extensas violaciones a la soberanía e integridad territorial siria (de parte de los judíos), por los centenares de ataques aéreos israelíes sobre varias localidades de Siria y es necesario desescalar la violencia en  todos los frentes en el país. Muchos países dan justificaciones para violar la soberanía de otros. En este momento, Siria necesita el apoyo de sus vecinos para avanzar hacia una forma de gobierno que sea inclusiva, democrática y que proteja los derechos de las minorías.”

         Pero, igual que siempre, Netanyahu hace con las órdenes de la ONU y de cualquier otro organismo mundial, lo que a él le place, y ha continuado la masacre allí donde a él se le ocurre, porque lo importante para él es ocultar con sangre humana inocente sus aberraciones corruptas, cometidas en el seno de su dictadura en Israel, en un deseo frenético por desviar la atención hacia el extranjero. Además, su enfermedad necrófila le lleva a causar más baños de sangre, para complacencia suya, de su instinto criminal desatado.


Israel y Pakistán los Mayores Traficantes y Compradores Mundiales de Órganos Humanos

TEL AVIV, Israel; e ISLAMABAD, Pakistán-(Especial para The City Newspaper) El llamado “pueblo elegido” según el Antiguo Testamento de la Biblia, ha resultado ser uno de los mayores traficantes y compradores de órganos humanos de la actualidad y a nivel de todo el planeta. Sin embargo, no es el único país dedicado a esta sórdida actividad que, sin duda, es peor que el trasiego de sustancias prohibidas, porque Pakistán es el otro país que recibe “esta mercancía” que es más característica de una película de terror que de una realidad que se da alrededor nuestro.

            Hace pocos días, fue detenida una banda dedicada al tráfico de órganos humanos, que vendió más de 300 riñones en Pakistán, considerado uno de los “paraísos del turismo de trasplantes.” De acuerdo a versiones oficiales de la policía internacional, los delincuentes cobraban unos US$35,000 por un trasplante y pagaban a su vez a las personas pobres, tan solo US$500 por dejarse extraer el órgano. Una explotación de impresionante magnitud desde cualquier ángulo donde se mire.

            Las autoridades están claras y convencidas de que hay bandas u organizaciones criminales que practican el trasiego y la venta ilegal de órganos, cuyo destino es Pakistán, el país islámico en el corazón de Asia, cuyo gobierno, además y colateralmente, lleva a cabo “el turismo internacional de trasplantes.” Más específico aún, miles de pakistaníes, de los 240 millones de personas que aquí viven, venden sus órganos a pacientes ricos que los necesitan para ser intervenidos en un quirófano. De tal manera, Pakistán ha sido durante muchos años un centro para el comercio ilegal de riñones, y actúan de lleno en este negocio espeluznante, clientes locales y viajeros llegados de naciones europeas y de Oriente Próximo también, principalmente de Arabia y Reino Unido, aunque es común ver a africanos participando en este ilícito.

Médicos inescrupulosos entre bastidores

            Un reporte policial referido a los últimos ocho arrestos, indica que uno de los detenidos es Fawad Mukhtar, un médico que actuaba detrás “del escenario”, entre bambalinas, y que extrajo él mismo y de manera ilegal, 328 riñones de personas, para realizar las operaciones o trasplantes a quienes los adquirieron a elevados precios. Su historial es extenso, amplio y llena legajos enteros en los archivos policiales; por ejemplo, ha sido arrestado en múltiples oportunidades por actividades de mala praxis en la provincia oriental de Punjab y ha logrado salir de prisión, junto a sus colaboradores, tras pagar abultadas fianzas.

            Para Mohsin Naqvi, jefe de gobierno de la provincia paquistaní de Punjab, “los hechos y cifras que nos han llegado, hacen temblar el corazón.” Indicó que el médico era asistido en sus intervenciones quirúrgicas, nada menos que ¡por un mecánico de automóviles! Y era quien le ayudaba a buscar donantes, personas sumamente vulnerables en sus condiciones sociales y económicas; convencía a esas gentes y les pagaban por los órganos. “La banda cobraba hasta 10 millones de rupias paquistaníes (unos US$35,000), por un trasplante de riñón; y pagaba al donante, generalmente personas pobres, entre 100,000 y 150,000 rupias (US$520).” Explicó el mismo alto funcionario, Naqvi. Las autoridades de esta región saben además, que existe una amplia red de operaciones que se extiende al territorio de Cachemira que pertenece a Pakistán (una zona en disputa con la India desde hace años), y que ha dado toda una fortuna al médico Mukhtar, quien tiene entre sus clientes a una extensa lista de millonarios, quienes urgen de trasplantes que él se los puede hacer realidad. Su fama se ha regado como la pólvora, aunque se narra que también algunos de sus pacientes han muerto durante esas prácticas quirúrgicas ilegales y clandestinas. Unas tres personas han fallecido, incluso una ciudadana de Jordania. También Hira Umer, hija del famoso comediante pakistaní Umer Sharif, quien fue operada por Mukhtar y recibió un riñón trasplantado en Cachemira, en el 2020. La intervención se complicó y cobró su vida. Según vemos, no todas han sido “maduras” en la profesión de este médico sin escrúpulos, quien trabaja en las sombras y al margen de las leyes de Pakistán. Además, el tráfico de órganos fue tipificado como delito en esta nación en el 2007, mediante la Ordenanza sobre Trasplantes de Órganos y tejidos Humanos, seguida por la Ley de Trasplantes de Órganos y Tejidos Humanos, del 2010. Pero antes de la legislación, este país era considerado en medio mundo como “un destino para el turismo de trasplantes.”

            A pesar de lo anterior, de las acciones policiales, las prácticas continúan en Pakistán: en el hospital situado en Rawalpindi, adyacente a la Capital, Islamabad, se siguen haciendo los trasplantes a espaldas de la legalidad. Sino veamos el caso de un hombre de 33 años de edad, que pidió el anonimato, y quien pactó con un agente de dicho hospital para ayudar a su padre, quien tenía que someterse a un procedimiento de diálisis de riñón dos veces a la semana, algo demasiado doloroso. Aquello sucedió en el 2011, según cuenta el hijo. “Mi familia pagó una considerable cantidad de 6 millones de rupias o US$21,000 en total, por el trasplante.”

            En el 2017, en otro episodio en este mismo país, los médicos fueron sorprendidos en medio de dos trasplantes de riñón en la ciudad de Lahore. Cuando los agentes de la policía ingresaron, encontraron a los clientes procedentes de Omán, inconscientes en las mesas de operaciones y se les permitió a los médicos terminar sus trabajos y después fueron arrestados junto a sus asistentes y clientes omaníes.

            Es evidente que la inmensa pobreza que sufren los pakistaníes, hace que decidan vender sus órganos internos, con preferencia los riñones, para pagar sus deudas contraídas y encubren la acción diciendo a las autoridades que se trata de “donaciones.” En el caso de Rasheed Hussain, vive con un solo riñón cerca de la ciudad de Muzaffargargh, en la provincia de Punjab; en el 2019 vendió su otro riñón por 100,000 rupias (unos US$350), para pagar un préstamo al propietario de un horno de ladrillos, donde trabajó durante cuatro años. Pidió el dinero prestado para pagar la boda de su hija y se excusó así acerca de la venta de su órgano: “Si no hubiera vendido mi riñón, todavía seguiría trabajando allí sin cobrar, para pagar el préstamo.”

            Esta cruenta realidad no solo acontece en Pakistán, sino también en otros países asiáticos, en los casos de la India, Nepal y Afganistán; lo mismo en varias naciones del África negra. Un informe de Global Financial Integrity referido a “El crimen transnacional y el mundo en desarrollo”, explica que el negocio del tráfico de órganos genera alrededor del mundo, entre US$840 y US$1,700 millones al año. La falta de leyes, de controles eficaces y la débil o nula intervención policial, ha permitido que estos países desarrollen los mercados clandestinos (mercados negros), que han fortalecido el tráfico y el turismo de trasplantes.

Israel, nación líder…

            El Estado judío tiene la no muy agradable posición en el mundo de ser uno de los más importantes en el tráfico ilegal de órganos humanos. Un nuevo informe, publicado en varios periódicos internacionales, así lo ha revelado y sorprendido a sus lectores, quienes han creído que Israel y sus gobernantes actúan apegados siempre “a las leyes Divinas”; más todavía cuando explotan constantemente la persecución de regímenes radicales, como el nazi, los islámicos y los comunistas, para incentivar la compasión hacia su pueblo “perseguido.” Pero la realidad, según ha publicado el mismísimo The New York Times (propiedad de judíos estadounidenses), es otra: los israelíes tienen un papel prominente en el tráfico ilegal internacional de órganos extraídos a seres humanos con vida; y los traficantes judíos han obtenido enormes sumas de dinero al adquirir esos órganos de donantes extranjeros, quienes lo han hecho a cambio de dinero, obviamente, para ser trasplantados a pacientes de nacionalidad israelí.

            El influyente periódico neoyorquino citó el caso de una mujer judía, residente en Israel, llamada Ophina Dorin, quien explicó lo fácil que es adquirir órganos en ese país: ella misma pagó US$175,000 por una operación de trasplante de riñón que le fue extraído a un donante en Costa Rica, América Central. Se trataba de un desempleado de 37 años de edad, quien recibió a cambio, la suma de US$18,500. “Los israelíes juegan un papel preponderante en esta actividad, de acuerdo a un análisis hecho en el mundo, desde el año 2000,” cita el diario neoyorquino.

            Las autoridades costarricenses han informado repetidas ocasiones, que han descubierto redes importantes de tráfico internacional de órganos, con destino final en Israel; incluso, una de esas redes era liderada por un empresario griego, quien tenía una cadena de negocios frente a un connotado hospital en San José, Capital de Costa Rica; el individuo hacía los contactos en el extranjero, especialmente con compradores judíos, se ponía de acuerdo con médicos que trabajaban en el mismo centro que queda tan solo al cruzar la calle y procedían a extraer los órganos de los pacientes que estaban de acuerdo en venderlos por cifras exorbitantes. Actualmente, el griego y los galenos están presos en una cárcel de esta misma nación. Otros países en América Latina involucrados en el trasiego de órganos humanos, son Brasil, Argentina y Perú, junto a Costa Rica.

            Pero lo más espeluznante descrito por The New York Times, se fundamenta en un informe emitido desde el seno del ejército israelí, desde donde se fugó la información de que, en el 2009, médicos al servicio de esas fuerzas armadas, extrajeron órganos de palestinos muertos por causa de disparos de soldados israelíes, sin el permiso de sus familias, para ser trasplantados en pacientes judíos. Evidentemente estamos tratando de un país, de un sistema médico, como lo es el israelí, que no está en consonancia con el humanismo que pregona desde 1945, año del final de la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzó a explotar la imagen de pueblo perseguido y masacrado por los asesinos nazis. Es convincente que no son tan santos y puros como pregonan alrededor del mundo, cada vez que pueden y donde pueden.

            Lo peor para ellos han sido aquellos que han sido pillados con “las manos en la masa,” haciendo trasplantes de órganos que fueron extraídos a palestinos caídos en combate; es decir, exmilitares israelíes abrieron “en canal” los cuerpos de los palestinos para extraerles sus órganos vitales, tal y como fueron hallados por sus familiares en los campos de batalla. Otros, víctimas de engaños, fueron trasladados a Suráfrica, donde les sacaron sus órganos y después los asesinaron.

               En Italia, para citar el caso más contundente, la demanda y la oferta de órganos humanos se mueve en las sombras desde hace muchas décadas y es donde el Mosad, el servicio secreto israelí, se mueve con entera y total impunidad y libertad. Son actividades ilegales y criminales sionistas, a todas luces, con la anuencia del gobierno de Tel Aviv, que está de acuerdo en que, si uno de sus ciudadanos, un miembro “del pueblo escogido por Yavéh,” necesita un órgano humano para un trasplante, estará bien que sea conseguido en el extranjero siempre y cuando pueda pagarlo. Un personaje involucrado en esta tenebrosa actividad, quien solicitó su anonimato por razones obvias, explicó: “Las barbas y las pelucas finas que ocultan la Estrella de David son culpables de grandes atrocidades. Entre éstas, por cierto, el secuestro y la desaparición de Ordechai Vabnunu en 1986, en Italia. Aquí el Mosad (el israelí HaMosad leModi’in ulTafkidim Meyuhadim, Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales), hace lo que le da la gana desde hace más de medio siglo, como queda demostrado con las masacres de Argo 16 y de Ustica.”

               El 6 de junio del 2013, la policía migratoria italiana, en Roma, propiamente en el aeropuerto de Fiumicino, detuvo y encarceló a Tauber Gedalya, exalto mando de las Tsahal (Tzava Hahagana Leyisrael, Fuerzas de Defensa de Israel), y buscado con un código rojo por la Interpol (Policía Internacional). El verdugo judío no se encontraba en Italia por vacaciones, sino por negocios y para decirlo con más precisión: “estaba cazando carne fresca”, debido a que en Italia está siempre activa una red de aprovisionamiento humano, exclusivamente en los centros de recepción de menores migrantes, niños que no van acompañados por adultos. De ellos, principalmente, se nutren los israelíes para la extracción de sus órganos para ser trasplantados posteriormente en clínicas y hospitales en Judea. En el 2016, el ministerio italiano de políticas sociales reveló que desaparecieron, en los primeros cinco meses, 5,241 menores de edad, definidos por las autoridades “imposibles de encontrar.” Un año antes, en el 2015, en el mismo suelo italiano, desaparecieron más de 12 mil pequeños sin dejar ningún rastro y tampoco importó a las autoridades de gobierno.

             De retorno al delincuente israelí capturado en Roma, fue detenido casualmente por el agente policíaco Antonio Del Greco, al notarlo nervioso y por algo sospechoso que había en su pasaporte. Hacía un vuelo de Boston, USA, a la Capital italiana; tenía en ese entonces 77 años de edad y se mantenía en la clandestinidad desde el 2010. Era buscado por la policía de todo el mundo y pesaba sobre él una orden de detención internacional, emitida por el Estado de Pernambuco, en Brasil. En esta nación era conocido con el mote de “el señor de los órganos” y operaba en las regiones nororientales brasileñas, aprovechándose de la pobreza extrema de sus gentes. Actuaba de manera muy sencilla: una vez identificada la víctima, el israelí se le acercaba y le proponía el negocio en el cual pagaría entre US$6,000 y US$12,000. Si aceptaba la propuesta, que le era difícil de rebatir debido a la cantidad de dinero ofrecida, era conducida a clínicas de la localidad para realizarle varias pruebas médicas y cerciorarse de que el órgano estuviera en óptimas condiciones. Firmaba un contrato, se trasladaba en avión a Suráfrica y, con la complicidad de médicos surafricanos, se terminaba “el periplo” extrayendo los riñones y de ahí hasta Tel Aviv, Capital de Israel, hacia los pacientes urgidos de los trasplantes.

             Esa es una historia; pero hay otros relatos, como aquel del rabino Levy-Izhak Rosenbaum, residente en Nueva York, quien fue detenido en el 2009, acusado por traficar órganos humanos; en el 2012 fue condenado a solo 2 años y medio de cárcel; y tanto en este caso como en el primero narrado en este reportaje, se establece claramente que los israelíes son los protagonistas principales, a nivel mundial, del tráfico internacional de órganos. Es cuando The New York Times vuelve a afirmar en sus páginas: “los intermediarios en la venta de órganos en Israel, han lucrado fuertes cantidades de dinero.”

            Más atrás en el tiempo, propiamente en 1992, el entonces ministro de la sanidad de Israel, Ehud Olmert, lanzó una campaña para solucionar el problema de la insuficiencia de órganos; fue cuando empezaron a desaparecer jóvenes palestinos en varias aldeas situadas en Cisjordania y Gaza. Poco tiempo después, los soldados judíos regresaban a los muchachos sin vida y con sus cuerpos abiertos. Y desde el 2001 hasta el presente, el patólogo del Estado israelí, Yehuda Hiss, enfrenta múltiples acusaciones por hurto de órganos. Este oscuro personaje fue director del Instituto forense Abu Kabir de Tel Aviv, hasta que fueron descubiertos órganos humanos, conservados ilegalmente en dicho Instituto y Hiss fue suspendido de manera inmediata. Había retirado, durante muchos años, órganos en niños, lo mismo piernas, ovarios y testículos, sin los permisos de sus padres; después participó en la venta de esos órganos en escuelas de medicina, donde se utilizaban en las investigaciones y cursos universitarios. En el 2009, fue nuevamente inculpado por haber colaborado en la extracción de órganos de mártires palestinos, quienes habían participado en operaciones militares contra Israel, y el objetivo fue venderlos en hospitales judíos.

             Para poner un intento de síntesis en este escabroso tema, hemos de citar a la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI), del nororiental Estado brasileño de Pernambuco, que descubrió y reveló casos concretos del esquema criminal del tráfico de órganos en Brasil, en el que están involucrados israelíes. Al menos 30 ciudadanos de Brasil, cita dicho informe, vendieron sus riñones a una red de traficantes de órganos, que hacía trasplantes en Suráfrica y tenía a Israel su principal fuente de financiación. Actualmente, dos ciudadanos judíos (israelíes), llamados Gedalya Tauber (deportado desde Italia) y Eliezer Ramon, junto a seis brasileños, están detenidos en cárceles de Recife, Capital de Pernambuco, acusados de ser integrantes activos del grupo que reclutaba a vendedores de riñones. El legislador Raimundo Pimentel, presidente de la CPI, así lo describió a los periodistas: “Los aspirantes a vender sus órganos, eran llevados a la ciudad sudafricana de Durban, donde las operaciones de trasplante se efectuaban en el hospital Saint Augustine. Los receptores eran principalmente israelíes, que reciben de sus seguros de salud entre US$70,000 y US$80,000 para cirugías en el exterior, en caso de necesidad. Los brasileños, reclutados en los barrios pobres de Recife, empezaron por recibir US$10,000 por cada riñón, pero la gran oferta hizo bajar el precio a US$3,000.” Así, de acuerdo a las palabras de Pimentel, quien, además, es médico cirujano y diputado de la Asamblea Legislativa de Pernambuco.

            En Brasil, el comercio de órganos es un delito castigado hasta con ocho años de prisión, según una ley aprobada en 1997; y en caso de que el vendedor del órgano fallezca, la pena se eleva hasta los 20 años de cárcel. En su defensa, Tauber declaró ante el juez brasileño que “no imaginaba estar cometiendo un delito, ya que se trataba de una operación legal relacionada con el gobierno de mi país (Israel); y, además, constituía un doble beneficio: salvaba la vida de enfermos crónicos y ofrecía un ingreso para gente muy pobre, que muere de hambre.” Argumentó. Pero la embajada de Israel en Brasilia, se demarcó de este traficante y emitió un comunicado en el que negó la participación de su gobierno en el comercio ilegal de órganos; y la respuesta del diputado Pimentel calificó la postura israelí de antiética, “pues el tráfico solo se hace posible en forma masiva si cuenta con una fuente importante de recursos, en este caso… el sistema de salud de Israel.” Y para que no quedaran dudas sobre la participación judía en esta oscura red, la experta estadounidense Nancy Scheper-Hughes, que dirige el proyecto Organs Watch, de la Universidad de Berkeley, en California, prestó testimonio en Pernambuco y señaló que “la red internacional de tráfico de órganos empezó hace 12 años, impulsada por el cirujano Zacki Shapira, ex director de un hospital en Tel Aviv. Más de 300 trasplantes de riñones fueron hechos por Shapira, a veces acompañando a pacientes a otros países, como Turquía. Los receptores son muy ricos o cuentan con buenos seguros médicos y los donantes son personas muy pobres de Europa Oriental, Filipinas y otros países en desarrollo.” Aclaró esta mujer especializada en antropología médica.

             Es así como ha quedado totalmente al descubierto esta criminal actividad judía, en la que se mueven, al ritmo de las extracciones de los órganos humanos, millones de dólares y la connivencia del Estado de Israel, tolerante y participante directo e indirecto en los hechos reiterativos a través de las épocas.

Denunciar uso impropio Más información