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ORIENTE PRÓXIMO-(Especial para The City Newspaper) Parece una exageración, una mentira creada para rellenar espacio en algún medio periodístico y hace que las personas exclamen: ¡Cómo es posible que un barco de tal magnitud esté atravesando tantos problemas, cuando pertenece al supuesto ejército más poderoso del mundo, el estadounidense!
Pero es completamente cierto. El deterioro mecánico-técnico de este enorme “dinosaurio de los mares” es una muestra apenas de lo mal que anda todo dentro de la administración (des-administración para ser más precisos), de Donald Trump. El portaaviones, otrora época orgullo de la US Navy, “hace agua”, está deteriorado y su tripulación implora por descanso, rehabilitación y alejarse del peligro de los misiles iraníes.
Reportes absolutamente verídicos y por lo tanto creíbles, difundidos por la prensa de los Estados Unidos, describen la pesadilla de situación que están viviendo los ocupantes del portaaviones Abraham Lincoln, desplazado hasta las aguas de Oriente Próximo para atacar desde su superficie al territorio de Irán. Incluso, se dice que no sólo este enorme buque presenta problemas de “gran calado”, sino también otros barcos de la Armada norteamericana y que son causa de profunda preocupación.
Por ejemplo, un testimonio relató que, a bordo del portaaviones USS George H.W. Bush, “prácticamente no tienen comida, agua ni jabón.” Y en lo que atañe al USS Abraham Lincoln, persisten y aumentan los problemas de salud mental en la tripulación y de abastecimiento, debido al prolongado despliegue en la región en conflicto, según han narrado personas cercanas a los militares, tanto en el mar como en tierra. Así según información difundida por el medio de prensa MeidasTouch, que aseguró haberse basado en mensajes directos que recibió de familiares y miembros del servicio, familiarizados con el asunto. “Hablaron bajo, bajo condición de anonimato.” Acentuó la fuente informativa.
Un militar del Lincoln confirmó que “los problemas descritos en este portaaviones, no son inventados ni exclusivos de esta nave. No estamos inventando nada en el Lincoln.” Subrayó. De acuerdo a la explicación dada, “llevamos entre cinco y seis meses desplegados y no han visto tierra desde el inicio del conflicto armado con la república Islámica de Irán.” Evidentemente las condiciones que tienen que soportar dentro de los gigantescos buques, son extremas. Además, nadie les explicó que la situación iba a ser de tal magnitud.
El medio MeidasTouch, describe un deterioro grave en las condiciones materiales dentro de este navío; y, otro ejemplo, esta vez de un padre cuyo hijo regresó a los Estados Unidos, tras once meses a bordo del USS Abraham Lincoln, narró que, al principio del despliegue, el sistema de agua del barco dejó de funcionar por completo y ello impidió a los marineros ducharse o lavar sus ropas; y cuando finalmente se restableció, el uso de las duchas quedó sometido a un racionamiento estricto. Evidentemente, esos inconvenientes técnicos, además de minar la moral de los marinos, no eran fáciles de decodificar ni aceptar, más todavía cuando se trataba de un barco de la supuesta primera potencia mundial y debería ser un dechado de facilidades y modernismo, casi imposible de fallo alguno.
El mismo soldado en licencia en su país, afirmó que los suministros (comida y otros enseres), se agotaron repetidamente, a tal extremo que, hacia el final de su permanencia a bordo, los inodoros se atascaron y se desbordaron, dejando una acumulación de los desechos humanos en baños utilizados por unos 200 marineros.
Otro portaaviones, esta vez el USS George H.W. Bush, fue descrito por el mismo portal noticioso, gracias a información brindada por una militar también de licencia en los Estados Unidos, quien relató la penosa situación vivida en este buque de guerra: “prácticamente no tienen comida, agua ni jabón. Llevan 136 días en el mar sin un final a la vista. La moral está baja y todos se sienten miserables. Es desgarrador.” Dijo la joven. A ello hay que sumarle el peligro de los ataques enemigos que ya se han producido y han tenido que sacar a ambos portaaviones del estrecho de Ormuz, para no ser destruidos por misiles y drones iraníes.
MeidasTouch añade que las denuncias o quejas de los soldados no se limitan a los barcos. Por ejemplo, un militar desplegado en Kuwait, según describió su propia madre, vio deteriorarse seriamente su salud mental: “Mi hijo está en Kuwait y tiene una salud extremadamente mala. Toda su salud mental ha sido destruida. Mi hijo se siente cansado, hambriento y asustado.” Mientras tanto, Donald Trump sigue hablando estupideces y escribiendo en su red social las imbecilidades que le caracterizan y se niega a buscar una salida satisfactoria para todos de este conflicto con Irán, arrastrado y detenido allí por el criminal israelí, Netanyahu. Esa es precisamente la clase de presidente que los estadounidenses eligieron a la Casa Blanca, una bestia incapaz en todo sentido, especialmente de percibir las necesidades de sus soldados, a quienes ve como máquinas o zombis que deben estar en medio del fuego cruzado para defender una causa “sin pies ni cabeza”, que no les atañe en modo alguno.
La esposa de un soldado en el Abraham Lincoln, quien también se reservó mencionar su nombre por razones comprensibles, aseguró que su marido le transmitió parte de la situación en el navío: “necesitamos desesperadamente que más personas hablen de lo que está sucediendo. (Por ejemplo) cuando los marineros piden información a sus superiores, se les responde que no se preocupen por las novedades y que sólo se preocupen por el día de hoy.” La mujer consultada por la prensa de USA, agregó a su relato que “la tripulación está agotada, sin días libres y durmiendo apenas unas pocas horas. Mi marido expresó una fuerte inquietud por el liderazgo a bordo al que no le importa su gente. Los marineros con más de 20 años de experiencia, consideran que se trata del peor despliegue que han vivido.” Concluyó.
Reportes fidedignos dicen lo siguiente sobre lo que sucede a bordo del USS Abraham Lincoln: “la tripulación sufre agotamiento mental extremo y padece la consecuencia de fallos del suministro tras meses de despliegue; ha soportado condiciones deplorables durante meses de guerra entre los Estados Unidos e Israel contra Irán,” mientras no han dejado de aflorar informaciones que retratan lo mal que la están pasando en este buque. Estos problemas han generado indignación entre los familiares de los marinos y han elevado demandas de respuestas por parte de legisladores estadounidenses.
El portaaviones en cuestión es de propulsión nuclear, clase Nimitz, con capacidad para 5,400 personas y puede transportar hasta 90 aeronaves y realizar más de 100 salidas de combate diarias. Zarpó de San Diego, California, a finales de noviembre del año pasado y en total lleva desplegado en el teatro de guerra más de 260 días, incluidos más de 200 consecutivos en el mar, un período extraordinario según los estándares de la Armada de los Estados Unidos. A esto hay que sumarle el hecho de que el portaaviones ha pasado todo ese tiempo en un entorno de combate real y sumamente riesgoso, más todavía cuando los iraníes lo tienen “en la retina”, en el objetivo, y, de hecho, lo han alcanzado con sus disparos en varias oportunidades. Un tema al que volveremos más adelante y con mayor detalle. Ello ha repercutido en el temple de los soldados estadounidenses, temerosos de perder sus vidas en cualquier momento y ha hecho mella en sus facultades mentales y sistema nervioso. En otros términos, y aunque el portaaviones sigue operativo, las dificultades de una campaña prolongada, parecen estar pasando factura a su tripulación.
En términos generales, son los familiares de los militares los que hablan al respecto, los que se quejan y denuncian ante los medios de prensa, aunque solicitan siempre el anonimato, como hemos resaltado anteriormente. Han enfatizado que en los portaaviones anclados en el estrecho o cerca de ese sitio, escasea la pasta para dientes, los desodorantes y el jabón, tanto para baño como para lavar la ropa. Hay inodoros rotos, instalaciones de lavandería en pésimo estado, hay problemas con el agua caliente y potable; el suministro de alimentos sufre interrupciones y retraso con el correo ordinario. Esto último es tan grave, que algunos paquetes que fueron enviados a los oficiales, se retrasaron en su llegada por meses enteros. Hay presencia de moho aquí y allá, fontanería defectuosa y agujeros desgastados en partes de la cubierta de vuelo, debido al uso excesivo y por falta de las reparaciones adecuadas.
El congresista demócrata, Mike Levin, denunció por su parte, que la situación alimentaria es tan grave que las comidas de la tripulación “se redujeron a media taza de arroz y dos tortillas; mientras que la famosa revista US Today informó de esta escasez a partir de mediados de abril pasado; aunque la reacción del Pentágono fue de negación, según era lógico esperarlo, justamente para no causar revuelo ni indisponer a la opinión pública de los Estados Unidos, acostumbrada a leer y observar el potencial de su ejército, al cual consideran “una máquina perfecta y bien engrasada en el quehacer de cualquier guerra.”
Para Maritime Executive (El Ejecutivo Marítimo), una revista referida a asuntos del mar, esos problemas de suministro se deben a la logística, ya que la Base principal de la Quinta Flota se halla en Baréin, en el interior del Golfo Pérsico, por lo que muchos envíos deben pasar por el estrecho de Ormuz, controlado por Irán, y se corre el riesgo ineludible de ser objetivo de los ataques de los iraníes.
Lo anterior aquí citado, indefectiblemente, causa un fenómeno bastante acuciante y preocupante: la baja en la moral de los soldados. Incluso, hay fuertes indicios de que los miembros de la tripulación del USS Abraham Lincoln llegaron a desembocar en una situación límite. Y uno de los episodios más llamativos, confirmado por el Comando Central de EE.UU. (CENTCOM), ocurrió el 3 de agosto pasado, cuando un marinero cayó por la borda del portaaviones, aunque fue recuperado una hora después por un grupo de salvamento.
Así también, CNN informó que la Armada manifestó que ese incidente se debió a un caso de salud mental, que el marinero fue evaluado por los médicos de a bordo y después fue retirado del buque para recibir atención adicional. Horas después, Annabelle Loma, esposa del militar, explicó al periódico Military Times que su esposo “estaba emocionalmente agotado, había intentado quitarse la vida saltando por la borda. Parecía asustado, porque temía recibir una baja deshonrosa por causa de su agotamiento.”
Otra esposa, en una reunión con líderes de la Armada, manifestó que su marido le había enviado un mensaje diciendo que esperaba “no despertar mañana”, según publicación aparecida en el periódico Star and Stripes (Estrellas y Barras), especializado en temas del ejército norteamericano, al que también se le conoce como una publicación independiente del Pentágono.
Posterior a largos turnos de ejercicios y acciones en altamar, durante meses enteros, dentro del fragor de la guerra y ante un enemigo implacable como lo es el iraní, más familiares de los marinos hicieron escuchar sus voces de alerta, denunciando agotamiento físico y mental, con niveles de fatiga que podrían llevar a errores mortales.
Otra publicación, esta vez en el periódico MS Now, un familiar insistió al decir que “la moral no es buena en los soldados (en el portaaviones). Aparentemente, el médico o terapeuta del buque dijo que tienen que llegar a puerto pronto o, de lo contrario, la gente va a empezar a perder la cabeza.
¿Pero cuál ha sido la reacción de la Armada de los Estados Unidos ante estos argumentos contundentes? Ha rechazado las señales de alarma, precisamente en la cadena de noticias CNN, y ha asegurado que “no hemos observado un aumento en ideas o de intentos suicidas a bordo del barco.” Lógicamente, no quieren causar desazón, preocupación y reacciones airadas en el gran público estadounidense. Una política característica de las dos seudo-administraciones de Donald Trump, en las que la verdad, la honestidad y la transparencia, en ningún modo, son “monedas de cambio”, con tal de preservar una imagen que tiende al engaño y a la mentira.
Uno de los casos más preocupantes, presuntamente ocurrió a inicios de agosto de este 2026, a bordo del USS Abraham Lincoln, cuando medios de prensa estadounidenses publicaron que siete (7) miembros de la Armada habían muerto y otros habían resultado heridos durante un enfrentamiento violento entre ellos mismos.
Siempre dentro del contexto, el comandante almirante, Brad Cooper, a la postre asesor del CENTCOM, redactó un reporte acerca de las quejas de unos y otros, específicamente sobre el despliegue prolongado y explicó que quiso abordar in situ el malestar generalizado, que llegó al portaaviones pero fue abucheado y alcanzado por botellas con agua que los marinos le arrojaron enfurecidos. Fue cuando los ánimos se caldearon y se desató una pelea con cuchillos en manos de los marinos.
La coyuntura se ha agravado debido también a las declaraciones constantes y repetitivas del gobierno de Irán en las que asegura que ha atacado varias veces al portaaviones Abraham Lincoln. Ha asegurado que ha disparado cuatro misiles balísticos contra ese objetivo; pero el CENTCOM ha insistido al decir que “los misiles ni siquiera se acercaron.” ¿A quién creerle? Ese es el quid de este asunto.
En todo caso, Irán insiste en señalar que sus misiles y drones han golpeado al buque de guerra norteamericano y lo ha forzado a retirarse de su ubicación dentro del estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico. El Pentágono y la Casa Blanca siguen negando lo anterior a pies juntillas. Recordemos que el actual gobierno de Trump tiene como norma negar todo lo que pudiere comprometerlo y “ensuciar” su imagen. Una imagen deteriorada desde que el presidente comenzó con sus desatinos y abusos de todo tiempo a nivel mundial, con la imposición de aranceles a casi todos los socios comerciales de EE.UU., guerras aquí y allá, amenazas, actos de pedofilia, violaciones a mujeres, pagos para que éstas no hablasen, presiones de toda índole y demás.
En concreto, Teherán manifestó que ha lanzado múltiples oleadas de drones de ataque contra el buque estadounidense en el norte del Océano Indico y lo forzó a retirarse hacia posiciones más seguras. Añadió el alto mando persa que atacó también centros de apoyo para las naves de los Estados Unidos, ubicadas en Omán, como una plataforma de reabastecimiento para portaaviones, junto con depósitos de combustibles, almacenes navales, instalaciones de aeronaves y demás estructura militar. El asunto ha tomado tal cariz, que los iraníes han acentuado que los estadounidenses ya no tenían más barcos de guerra en el golfo Pérsico.
A favor de estas afirmaciones y de la verdad absoluta, el USS Abraham Lincoln ciertamente operaba en las aguas cercanas al territorio iraní y el CETCOM reportó en su momento, aproximadamente 10,000 vuelos de aviones que despegaron de su larga pista y un gasto de alrededor 680,300 kilos de municiones durante todas esas misiones reportadas y que no fueron otra cosa que acciones en el teatro de guerra.
Desprendiéndose de lo anterior, algunas de las consecuencias ya se están viendo y sintiendo en el corazón de la política estadounidense, propiamente en el Senado, en el Comité de Servicios Armados, cuando senadores demócratas publicaron una carta abierta al secretario de Defensa del país, Pete Hegseth, un personaje tan obcecado y fanático como Donald Trump, en la que le expresan sus “serias preocupaciones” por la situación a bordo del Abraham Lincoln y sus operaciones continuadas o ininterrumpidas. Textualmente, el documento dado a conocer a la prensa, dice así: “El Lincoln no es un caso aislado. Los despliegues recientes del portaaviones se han extendido repetidamente más allá de sus duraciones anticipadas originalmente, lo que sugiere que los despliegues extendidos pueden estar convirtiéndose en una característica, en lugar de una excepción del modelo de generación de la fuerza de la Armada.”
Fue cuando el senador Rubén Gallego pidió una visita de supervisión bipartidista del Congreso (republicana y demócrata), al barco en cuestión, poniendo, de paso, en duda las garantías que quiere dar el Pentágono sobre este asunto en particular.
Chuck Schumer, líder demócrata del Senado, por su parte, ha ido más lejos al decir que “los marineros están pagando el precio de los fracasos del Pentágono (en una guerra contra Irán en la que está siendo derrotado evidente y convincentemente). Cuando Pete Hegseth fue nominado –añadió el senador-, todos sabían que era completamente incompetente (…). Hegseth debe ser despedido inmediatamente.” Tales algunas de las consecuencias.
En respuesta, el Pentágono, en la voz del mismo Hegseth, negó los informes que relatan las malas condiciones de vida y la escasez de alimentos en el Abraham Lincoln y acentuó que esos datos han sido “completamente tergiversados”; pero aceptó que algunos despliegues podrían durar más y ser más difíciles que otros. “Nos aseguramos de que cada buque, cada tripulación, cada capitán, tenga todo lo que podamos proporcionarles en cada momento.” Afirmó. Aunque, a la luz de los hechos, es la versión unilateral del secretario de Defensa de USA, frente a las de varios periodistas que hemos mencionado y reproducido a lo largo de este reportaje, lo cual deja descolocado y en mala posición al Pentágono y a su dirigencia.
Otra información indica que el USS Georg Washington se dirige en estos momentos hacia Oriente Próximo, con la finalidad de reemplazar al Abraham Lincoln, un redespliegue que podría debilitar la presencia estadounidense en el Pacífico, cuando las tensiones con China, a raíz del diferendo con Taiwán, han alcanzado niveles peligrosos de posible confrontación militar. Y, una vez que el Lincoln arribe a puerto en los Estados Unidos, se podrá comprobar con absoluta certeza su situación técnico-mecánica y escuchar de boca de los marinos la única verdad prevaleciente.
Por el momento, el Pentágono sigue insistiendo en que “el Abraham Lincoln sigue siendo completamente capaz de cumplir todas las tareas de la misión (contra Irán), y no hay evidencias de que los iraníes lograran inutilizar al buque y su tripulación parezca haberse acercado peligrosamente al punto de quiebre.” Así, de acuerdo a manifestaciones conferidas por personal de esta Institución de guerra.
Lo cierto es que el barco ha estado ocho meses soportando todo lo que haya que soportar en una guerra de este tipo y magnitud; y los reportes periodísticos, basados en evidencias y conversaciones con los propios marineros y sus esposas, indican que, en efecto, siguen en una lucha interna contra problemas de logística y suministro de comodidades básicas, en medio de las preocupaciones sobre la salud mental de los miembros de la tripulación. Evidentemente todo ello es cierto, es verdad, una tenebrosa y peligrosa realidad que Hegseth y los suyos intentan ocultar.
Y lo que resulta todavía más revelador finca en que esos líos no deberían aparecer en un ejército que se dice ser el mejor, el que tiene el mayor y más eficaz sistema tecnológico a favor y que está a decenas de años luz en comparación con el resto de ejércitos del mundo, incluyendo al chino y al ruso; pero que, a la hora de las verdades, fracasa estrepitosamente contra un enemigo como Irán, considerado inferior, y al que no han podido vencer y mucho menos hincar o poner de rodillas, en una guerra que todos sabemos cuándo y por qué comenzó, pero no sabemos la fecha de su conclusión y eso preocupa profundamente al anormal Donald Trump, de cara al electorado de los Estados Unidos.
¿“Un gigante con pies de barro”? Todo indica que así es en la Armada norteamericana, en disociación entre la propaganda que se difunde a diario y la realidad.
LA HAYA, Países Bajos-(Especial para The City Newspaper) La Corte Penal Internacional, que es el brazo ejecutor de la justicia de las Naciones Unidas y por ello está en pleno derecho de solicitar, por medio de su fiscal, la investigación y detención de los potenciales criminales de guerra que se hayan repartidos en distintos países en la actualidad, ha solicitado la detención del genocida israelí, Benjamín Netanyahu, quien se hace llamar a sí mismo “Primer Ministro”, pero que sus consabidas características en el poder de Israel, son las de un dictador y más que un dictador… es un tirano y además… genocida.
Naciones como Suráfrica, tan sensible a estos asuntos del apartheid, sufrido en carne propia por su pueblo mayoritariamente de raza negra, más la adición de Colombia, Egipto y Brasil, solicitaron a la Corte Penal Internacional (CPI), que actúe sin dilación en el caso de Netanyahu, quien desde hace un año ha estado aniquilando al pueblo palestino y desde hace unos pocos meses, está haciendo lo mismo con la población de su vecino Líbano.
Ciertamente, Benjamín Netanyahu tuvo una clara opción de liberar a los más de mil rehenes capturados por la facción armada Hamás, en octubre del 2023, pero prefirió tomar el camino o la decisión más sanguinaria que sólo a él se le podía ocurrir: masacrar a la población de la Franja de Gaza, que vivía aglomerada allí en un número superior a los 2,5 millones de personas.
¿Cuáles motivos empujaron a este judío para cometer genocidio en Gaza? Lo vamos a resumir en tres puntos únicamente, aunque hay más de fondo: 1. Porque su naturaleza, su genética, es la de un asesino. Es el primer aspecto que se debe tomar en consideración al analizar la personalidad de este maniático que encabeza al gobierno israelí, sin darle mucho afán a la idea. 2. Porque su situación política en el interior de Israel era tambaleante; esto es debido a una reforma que él mismo impulsó para quitarle poder al aparato judicial y otorgárselo al Ejecutivo, que es el que encabeza él mismo en condición de dictador. Esa desafortunada determinación de Netanyahu, antes del secuestro de los rehenes perpetrado por Hamás, tenía a los israelíes vociferando en las calles de Tel Aviv y Jerusalén, incluso frente a la misma casa de Netanyahu, para que se bajara de una vez por todas del seno del gobierno. El ataque de los guerrilleros de Hamás, el 7 de octubre del 2023, fue una oportunidad “de oro” para Netanyahu, quien ya había utilizado anteriormente este mismo recurso, de atacar a Palestina, para desviar la atención interna hacia lo internacional. Y 3. Porque en el fondo de su alma, de sus negros sentimientos, este judío siempre ha deseado exterminar al pueblo palestino y traspasar Cisjordania y la Franja de Gaza a los colonos hebreos, que están deseosos de arrebatar esas tierras que no les pertenecen desde ningún punto de vista.
Nótese, entonces, que Benjamín Netanyahu rara vez habla de los rehenes que están todavía en poder de Hamás, porque lo que realmente le interesa a él es el exterminio de los gazatíes y por eso bombardea desde suelo israelí el territorio de Gaza; también impide que entre la ayuda occidental a los palestinos con hambre, heridos y con sed. Incluso, el ejército judío, un verdadero comando de exterminio racial, ha atacado a ONGs humanitarias, a misiones de la ONU y a todo aquel que se solidarice con los condenados a muerte de Gaza y lo ha hecho sin el menor reparo, sin que le remuerda la consciencia y sin importarle tampoco la opinión de la comunidad mundial que le señala con el dedo acusador, debido al genocida que es. Incluso, en el último discurso que pronunció ante el pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 98 por ciento de los delegados de todos los países adscritos a la ONU, abandonaron el salón y dejaron al genocida hablando a unos asientos solitarios y abandonados. Tal es la vergüenza, el estupor, el rechazo y la animadversión que este asesino, el mayor del Siglo XXI, que ha superado con creces al ruso Vladímir Putin, causa a diario en toda la circunferencia de la Tierra.
¿Qué era lo que correspondía a un Primer Ministro de Israel que fuese centrado, humano y comprensivo con la situación del asalto de Hamás aquel 7 de octubre al territorio israelí? Proteger primero las vidas de los secuestrados. De hecho, muchos de esos retenidos por Hamás, murieron producto de los ataques del ejército judío en Gaza. A Netanyahu no le ha importado absolutamente quién nace, quién sobrevive y quién muere en ese reducido espacio que conforma a la Franja de Gaza. Otra persona completamente distinta a Netanyahu, en la cabeza del gobierno de Israel, hubiese negociado con los secuestradores que pedían un intercambio de sus hombres en cárceles judías, por los civiles que convirtieron en rehenes suyos, al tomarlos por asalto cuando estaban en medio de un festival musical en territorio israelí. Ese intercambio de prisioneros hubiera mantenido la cordura, la paz, y, muy probablemente, hubiese permitido el regreso a sus casas, sanos y salvos, a los rehenes. Pero Benjamín Netanyahu observó aquello como su oportunidad para hacer olvidar a los miles de manifestantes en el interior de su país, enojados con las reformas que quería implementar a la fuerza y en contra del Poder Judicial y en beneficio de su dictadura. También, se le presentó en “bandeja de plata” la oportunidad de masacrar, peor que nunca, al pueblo palestino y llevar a efecto su deseo de exterminarlo.
El resultado es el que todos conocemos: se ha cumplido un año de un genocidio (no “una guerra” como llama con eufemismo Netanyahu, porque no tiene a un ejército enemigo al frente, sino a un pueblo desarmado e inocente), tiempo durante el cual han muerto algunos de los rehenes judíos en manos de Hamás y tampoco ha logrado la liberación de ninguno de ellos, simplemente porque eso no le importa a él, no le interesa en lo más mínimo al dictador judío, mientras lleva a cabo el aniquilamiento de una etnia, la palestina, ante los ojos del resto de la humanidad.
Es por eso y más, que estamos ante el peor asesino del Siglo XXI, un criminal llamado Benjamín Netanyahu, racista, supremacista, amigo de otros genocidas y líderes corruptos, como Donald Trump y Viktor Orban, el gobernante de Hungría.
Con base en lo que se ve a diario en Gaza, la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, Países Bajos, ha dictado orden de captura para este criminal israelí, junto a su ex ministro de Defensa, Yoav Gallant, quien fue destituido hace pocos días atrás por Netanyahu, debido a “algunos rasgos de humanidad” que mostró aquel en el terreno donde se llevan a efecto las masacres en Gaza. Sobra decir que la comunidad internacional está de plácemes, exultante, por esta noticia que bien podría ser una enorme y justa realidad, si este dictador, tirano y criminal fuese atrapado en alguno de sus viajes al exterior.
Cuando apenas la CPI recibía las peticiones de Suráfrica y otros gobiernos en contra de Israel y su tirano, el Estado judío intentó impugnar dicha captura; pero se adelantaron a la Corte Internacional, y ésta, por medio de la Sala de Cuestiones Preliminares, rechazó por unanimidad la exigencia israelí para que se desechara la idea de capturar a Netanyahu. En acto seguido, el gobierno de Israel alegó ante la misma CPI que no reconoce su jurisdicción; es decir, Israel no es signatario de dicha Corte, y por esa razón puede continuar con su masacre en Gaza, porque la CPI no tiene el alcance para influir en las decisiones que tome el Estado judío. Fue cuando los israelíes exigieron (así como se lee… “exigieron”), a la CPI que detuviera “cualquier procedimiento relacionado con la situación (en Gaza), incluyendo la consideración de las solicitudes de órdenes de arresto.” Un acto de prepotencia, de ese creerse que los judíos están por encima de todas las leyes que la humanidad ha creado para respetarse, regirse y hacer justicia, porque “su dios” les ha dado ese aval de sentirse “y ser” superiores a todo orden establecido por el resto de los hombres. Fue entonces cuando los magistrados internacionalistas rechazaron ad portas esa exigencia, que es otra prueba de que los israelíes se consideran inmunes, intocables y no punibles allí donde sea y cuando llevan a cabo sus crímenes horrendos a los que ya nos tienen acostumbrados desde 1948, cuando comenzaron a arrebatarle sus tierras al pueblo de Palestina.
Y es que ese es el principal desajuste que sufren los judíos alrededor del mundo, o en los países que sus padres elijen para que nazcan sus hijos (fuera de Israel), el de creerse por encima de todas las leyes humanas, como hemos subrayado en las líneas de arriba, y por esa razón son dados a cometer delitos tan infames como las violaciones a jovencitas (recordemos el caso reciente de Jeffrey Epstein), o el mismísimo genocidio que están llevando a cabo en Palestina, en Gaza propiamente. No conformes con ello, están perpetrando otro genocidio en forma paralela en el Líbano, en estos momentos. Y en lo profundo, yacen los mil y resto de judíos secuestrados por Hamás, de los que rara vez habla Netanyahu. Pero si llegasen a morir por una u otra causa, se acabaría su gobierno de facto en Israel y podría ser encarcelado por los mismos israelíes por una serie de violaciones y cuestionamientos causados por él mismo, contra el orden interno de esa nación.
La orden de captura de la CPI contempla también la aprehensión del líder de Hamás, Mohammed Deif, a quien, según la inteligencia israelí, asesinaron en uno de los tantos bombardeos contra Gaza, en junio del 2024. Deif era el jefe del ala militar de Hamás. Sin embargo, su muerte no ha podido ser confirmada y obedece, por ahora, a un rumor de parte del alto mando judío. La Corte Penal Internacional, en tales casos, señala que los tres, Netanyahu, Gallant y Deif, tienen que hacer frente a las acusaciones por crímenes de guerra y de lesa humanidad en la Franja de Gaza.
Los hechos acaecidos desde el 8 de octubre del 2023,
son sumamente claros: para liberar a un poco más de mil rehenes tomados por Hamás, los israelíes han bombardeado y
asesinado –en represalia y obedeciendo a su política de exterminio-, a más de
300,000 ciudadanos palestinos inocentes, entre quienes se hallaban mujeres,
niños, ancianos y hombres de trabajo, ajenos al conflicto armado. En
consecuencia, la Corte Penal
Internacional (CPI), con sede en La Haya, Países Bajos, ha ordenado la
captura del principal implicado en esas masacres y no es otro que el dictador
de Israel, Benjamín Netanyahu y su ex ministro de Defensa, Yoav Gallant. La
Corte ha expresado así su decisión de capturar y juzgar a ambos genocidas: “No
es necesario que Israel acepte la jurisdicción de la Corte, ya que ésta puede
ejercer su jurisdicción sobre la base de la jurisdicción territorial de
Palestina, como se determinó anteriormente. Los Estados no pueden impugnar la
jurisdicción de la Corte, antes de la emisión de una orden de arresto, por lo
que la impugnación de Israel es prematura.” Asevera.
Por otra parte, de acuerdo a la petición del fiscal de la CPI, de arresto de estos individuos, indica que Netanyahu y Gallant son “responsables penalmente como coautores de los crímenes de guerra, de uso del hambre como método de guerra y los crímenes de lesa humanidad de asesinato, persecución y otros actos inhumanos. También se les considera responsables, como superiores civiles, por el crimen de guerra de dirigir de forma intencionada, ataques contra la población civil en la Franja de Gaza. (…) Ambos privaron intencionadamente a la población civil de Gaza, de bienes indispensables para su supervivencia, incluidos alimentos, agua, medicinas, combustible y electricidad, entre octubre del 2023 y mayo del 2024. Ese bloqueo tuvo graves consecuencias, incluida la muerte de civiles, incluidos niños, debido a la desnutrición y la deshidratación.” Cita de manera textual el documento emitido por la CPI.
Fundamentados en lo anterior, en esa orden de captura extensa y explícita, tanto Benjamín Netanyahu como su ex ejecutor de los crímenes masivos en Gaza, su ex ministro de Defensa, Yoav Gallant, podrán y deben ser detenidos y enviados a La Haya sin dilación, por aquellos gobiernos que son signatarios de la Carta de la CPI y sólo estarán seguros cuando viajen a naciones que no estén dentro de la jurisdicción de la misma Corte. Netanyahu, a partir de ahora, si estuviere dentro del gobierno judío o fuera de él, sabe que podrá ser detenido y puesto en una celda para ser juzgado posteriormente en esta nación europea, en Los Países Bajos.
Por su parte, mientras estaba de visita en Amán, Jordania, el alto representante de la Unión Europea (UE), para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, el español Josep Borrell, manifestó al respecto que la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional (CPI), “debe ser respetada y aplicada en todo su peso, ya que se trata de la decisión de un tribunal y no es una decisión política.” manifestaciones las dejó escuchar en rueda de prensa conjunta con el ministro de Relaciones Exteriores de Jordania, Ayman Safadi. Seguidamente, Borrell exigió a Netanyahu que explique “cuál es su solución para el conflicto palestino-israelí; y si éste se trata de la aniquilación de los palestinos, la comunidad internacional no lo aceptará. Si no quieres la solución de los dos Estados –prosiguió Borrell-, cuenta al mundo cuál es tu solución; porque si la solución es la aniquilación de los palestinos, esto no pasará y la comunidad internacional no lo aceptará.” Aseguró el diplomático de la UE.
En acto seguido, al continuar su conversación con los periodistas, Josep Borrell añadió que “la única solución al conflicto es dar a los palestinos un Estado, su dignidad y libertad. No veo ninguna otra solución. Si alguien está en contra de esta solución, parece que Netanyahu está en contra de esta solución, entonces tiene la obligación de explicarnos qué solución quiere. Usted no quiere la solución de los dos Estados, entonces… ¿Qué quiere? ¿Cuál es su solución? Por favor, explíquenos. La respuesta no es una respuesta: es una acción. Ellos no dicen nada… ¡Hacen! ¿Y qué hacen? Es obvio: forzar a los palestinos fuera de sus tierras, expulsarlos. Esto no es una solución, porque siete millones de personas no desaparecerán ni migrarán a la Luna. Se quedarán. ¿Entonces no quiere la solución de dos Estados? Diga a todo el mundo cuál es su solución. Porque la aniquilación de los palestinos no sucederá. Toda la comunidad internacional no lo aceptará.” Puntualizó Borrell, una vez que se dirigió directamente a Benjamín Netanyahu, quien, lo mismo que a Antonio Guterres, el Secretario General de la ONU, los ha calificado, como siempre hacen los judíos, de “antisemitas”, de estar en contra del pueblo judío y poco le ha faltado para encasillarlos dentro del nazismo, una queja recurrente, un argumento pobre de los judíos de hoy y de siempre, contra aquellos que no estamos de acuerdo con sus excesos, sus exterminios masivos, en este caso contra los gazatíes y todo lo que signifique Palestina.
Es evidente que Netanyahu y su grupo, incluyendo a los colonos que arrebatan tierras a los habitantes de Gaza y Cisjordania, no quieren la creación de un Estado palestino, porque la intención, el plan callado que no mencionan, pero que ejecutan clara y concretamente, es el exterminio del pueblo palestino, una acción que han venido haciendo a través de los años y que en los últimos 12 meses se ha intensificado abierta y descaradamente de parte de los genocidas que residen en Tel Aviv.
Para concluir, una faceta de esta problemática humanitaria es la que acaba de denunciar la ONU, en relación con el “saqueo sistemático de la ayuda a Gaza”, mientras ésta llega con mucha dificultad, debido a múltiples obstáculos que ponen los israelíes en perjuicio de los damnificados por los ataques del ejército judío. Lo cierto es que los palestinos desplazados se agolpan para comprar, a muy altos precios, el pan en la única panadería que queda en pie en la ciudad de Jan Yunís. “La situación humanitaria en Gaza se deteriora continuamente –afirma la ONU-, ya que Israel sigue obstaculizando la entrada de ayuda en medio del conflicto. El saqueo de la ayuda humanitaria en Gaza se ha convertido en algo sistemático y debe cesar de inmediato.” Según denuncia hecha por el portavoz del secretario general de Naciones Unidas, después del peor asalto a un convoy de la ONU que fue perpetrado por soldados israelíes en territorio palestino. “Con eso se obstaculizan operaciones humanitarias vitales y se pone aún más en peligro a nuestro personal,” dijo Stéphane Dujarric y añadió: “Además, la oficina humanitaria de las Naciones Unidas dice que prácticamente no se ha entregado ningún alimento ni ayuda humanitaria, al extremo norte de Gaza, durante más de 40 días, debido al asedio del ejército israelí.”
Observadores internacionales coinciden cuando argumentan que la hambruna puede haberse instalado ya en el norte, donde Israel ha estado efectuando una ofensiva que ha abarcado varias semanas, ha matado a cientos de personas y ha obligado a decenas de miles a abandonar sus hogares. En lo que lleva transcurrido el mes de noviembre del 2024, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), informó que 27 de las 31 misiones humanitarias planeadas, fueron rechazadas por Israel, y las otras cuatro se vieron severamente obstaculizadas. Indicó Dujarric y explicó que “las ciudades devastadas como Beit Hanoun, Beit Lahiya y partes de Jabaliya, siguen aisladas.” En lo que se considera el desplazamiento de más de 75,000 palestinos, obligados por los soldados israelíes para que se marchen hacia el sur, y entre sus métodos para que este drama se efectúe, los judíos les niegan la entrega de la ayuda, es cuando el mismo funcionario de la ONU manifiesta: “El flujo de ayuda está casi en el nivel más bajo de todo el conflicto (…). En lo que va de mes (noviembre), Israel dice que ha dejado entrar en Gaza un promedio de 88 camiones al día, menos de la mitad de la tasa más alta en abril. Los grupos de ayuda dicen que sigue siendo demasiada baja.” A ello hay que sumarle el reciente robo de la carga de 100 camiones que llevaban alimentos y otra clase de ayuda humanitaria. Eso hizo que los precios se dispararan y provocara escasez en el centro de Gaza.
Para finalizar el presente reportaje sobre la realidad y actualidad que sufre el pueblo palestino, un Comité de la ONU enviado “al terreno”, para analizar las incidencias de los ataques israelíes, ha emitido un informe en el que pone de manifiesto que Israel “usa el hambre como método de guerra y ha dejado caer sobre la Franja de Gaza más de 25,000 toneladas de explosivos, que es el equivalente a dos bombas nucleares. Los métodos de guerra empleados por Israel en la Franja de Gaza, tienen las características de un genocidio. Las pérdidas civiles masivas y las condiciones impuestas a los palestinos allí, ponen sus vidas en peligro de manera intencionada. Con su asedio a Gaza –continúa el informe- la obstrucción de ayuda humanitaria, los ataques selectivos y matando a civiles y trabajadores humanitarios, a pesar de los reiterados llamados de la ONU y eludiendo órdenes de la Corte Internacional de Justicia y las resoluciones del Consejo de Seguridad, Israel está, intencionadamente, causando la muerte, hambre y heridas graves a la población de Gaza. Israel usa el hambre como método de guerra e inflige un castigo colectivo a la población palestina.” Concluye el amplio documento.
Los detalles anteriores sólo corroboran las ansias de crimen que persisten en el alma de Benjamín Netanyahu y que han servido para observar en el teatro de los asesinatos masivos, con toda claridad, esa intencionalidad y práctica de parte del dictador judío. De ahí la orden de arresto emitido por la Corte Penal Internacional con sede en La Haya, Países Bajos, un tribunal que fue creado sobre la base de un tratado internacional de 1998 y al que se han adherido 124 países del mundo. Es por esa razón que Netanyahu podría ser detenido si viajara a alguna de esas naciones signatarias, porque están obligadas a hacerlo y entregarlo a la justicia por ser el peor criminal del Siglo XXI, a todas luces.
LONDRES, Inglaterra-(Especial para The City Newspaper) Era el hijo preferido de la Reina Isabel II; pero con tan poca estima hacia su madre, que le causó la muerte, debido al enorme disgusto que le proporcionó estando ella demasiado anciana para soportarlo. Incluso, de una de las cuentas bancarias de la fallecida Reina, salió la millonaria suma que tuvo que pagar para que su hijito Andrés, ex Duque de York, no fuera a juicio y eventualmente a prisión, por haber abusado de una jovencita menor de edad, en una de las mansiones-prostíbulos propiedad del pederasta judío, Jeffrey Epstein, tan de moda en los últimos años, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos. Una basura con pies, que andaba por este mundo causando daño a las muchachas, a quienes gustaba desflorar y explotar en todas las formas posibles que permite la sexualidad fuera de control y proveniente de mentes depravadas. Parte de ese dinero cuantioso salió también de las cuentas del actual Rey de Inglaterra, Carlos III.
Pues el fétido y arrogante Príncipe Andrés, cuyo título le queda demasiado grande, sigue en problemas, a pesar, dijimos, de la suma millonaria que pagaron su madre y su hermano a la ofendida, una joven californiana llamada Virginia Giuffre, y a la renuncia a casi todos sus títulos nobiliarios, esos que suele ponerle la aristocracia encima a cada uno de sus miembros, como si se tratase de medallas honoríficas o prendas de vestir; es decir, a entero capricho de esa clase social parasitaria que subsiste en Inglaterra y otras naciones, principalmente por la estupidez de sus pueblos que suelen creer en ellos, admirarlos (!) y por supuesto… mantenerlos, pagándoles todos sus caprichos, lujos y demás gollerías a las que están acostumbrados estos Príncipes fétidos, reyezuelos y demás.
Ha sido de tal magnitud el escándalo, que los libros que los críticos y detractores de esta monarquía han escrito en el pasado, se han quedado “cortos”, debido a que todo ese cotilleo en sus páginas no es siquiera lo suficientemente fuerte como lo que ha salido ahora a la superficie de los desagües de Londres y Nueva York y en lo que está embarrado hasta su falsa corona, Andrés, ex Duque de York.
Últimamente fueron publicados correos electrónicos enviados por Andrés al pedófilo judío Jefrey Epstein, que, además de causar un profundo asco por la inmoralidad implícita en cada uno de ellos, dan motivo a la náusea de las personas decentes que los han leído. Veamos… después de que la prensa de las islas británicas publicó una foto de Andrés junto a una de las víctimas de sus abusos sexuales, propiamente el periódico The Mail on Sunday, este tipo se dedicó a escribirle al judío, gran amiguete suyo, en el que le dice en uno de esos mensajes que también ha salido a la luz pública: “¡Estoy igual de preocupado por ti! –Le dice al hebreo Epstein- ¡No te preocupes por mí! Pareciera que estamos juntos en esto y tendremos que superarlo!” Es decir, “juntos” en orgías, actos de pederastia con las muchachas que fueron previamente engañadas por el judío y su mujer, Ghislaine Maxweell, hoy en prisión, y principalmente por las declaraciones que dio a la prensa Virginia Giuffre, quien fue una mujer que estuvo siempre en desgracia, ya que fue abusada por el judío pedófilo y sus amigos y después, al marcharse a Australia, se casó con un tipejo violento que le pegaba y maltrataba en toda forma posible y acabó suicidándose en su granja, en abril del 2025, a los 41años de edad. Pero antes de que llevara a cabo su determinación, obtuvo una millonada de libras esterlinas de parte de la Reina Isabel II y del entonces Príncipe Carlos, para evitar que su hijito y hermano respectivamente, el enfermo sexual Andrés, fuese a prisión. Giuffre, en el 2022 alcanzó un acuerdo extrajudicial con la Casa Real británica, después de que su abogado conversó con el de Andrés (éste siempre negando las acusaciones, tal y como se esperaba); pero acabó perdiendo sus títulos Reales y su reputación quedó por los suelos a raíz de este escándalo. Ella acusó previamente a Epstein, a su cómplice y ex pareja, Ghislaine Maxwell, de traficar con ella, entregándola a hombres ricos y poderosos, incluido el “Príncipe” Andrés, cuando era adolescente.
De regreso al tema del eMail de Andrés al pedófilo judío Epstein, continúa: “Por lo demás, mantente en contacto. ¡¡¡¡¡¡Y pronto jugaremos un poco más!!!!!! A, Su Alteza Real el Duque de York.” Así firmó el sucio “Príncipe” (nótense las comillas) y empleó también la abreviación de su título de caballero de la Orden de la Jarretera, prestigioso cargo que ostentaba desde el 2006 y al que tuvo que renunciar debido a todo este escándalo que ha cruzado el Océano Atlántico, para tener eco en los Estados Unidos.
A juzgar por el texto anterior, en la intención de Andrés, “jugar un poco más” se refería a seguir en las orgías con menores de edad, en el futuro cercano. Ese correo, pues, significó para Andrés el inicio de su caída, el deterioro de su imagen pública y el descubrimiento de sus prácticas recurrentes de orden sexual, que llevó a cabo durante sus múltiples viajes alrededor del mundo, cuando no concebía quedarse solo en su cama de hotel, por las noches, y procedió a seducir (pagando dinero desde luego) a empleadas de los mismos hoteles, mujeres que conocía en las recepciones y a toda aquella que estuviera dispuesta a acostarse con “un Príncipe” verdadero, sin reponer que, en realidad, era una basura tan nauseabunda y detestable como la peor.
The Mail on Sunday calificó el anterior correo electrónico enviado por Andrés de “escandaloso”; y, además, el redactor del reportaje verificó el eMail con los documentos judiciales existentes y halló que coincidía plena e irrefutablemente. La reacción de Andrés fue mantenerse en el mayor de los silencios, sin emitir comentarios acerca de la información publicada por el prestigioso periódico londinense.
El correo fue enviado por el ex Duque de York al pedófilo judío, tres meses después de que ambos se distanciaron, debido a que la policía estadounidense e Interpol le pisaban los talones al hebreo, por causa de su actividad como pederasta y que había trascendido la intimidad de sus casas. Además, el mismo eMail evidencia que el “Príncipe” (el sucio Príncipe), mintió en su famosa entrevista concedida a la BBC de Londres, en la que aseguró que “nunca, nunca, nunca, nunca,” tuvo contacto con el judío, delincuente sexual, a pesar de que hay fotografías, como aquella en la que se les puede ver cuando caminaban juntos por Central Park de Nueva York, en diciembre del 2010.
En estos momentos, cuando todo ha comenzado a ponérsele “cuesta arriba” al ex Duque de York, el “niñito mimado de su madre”, debe pesarle el haber pagado la cuantiosa suma a la mujer californiana de quien él abusó, cuando era ella apenas una adolescente, porque ese pago cuantioso no sirvió gran cosa para acallar las acusaciones y confesiones que las gentes, testigos e involucrados, han ido sacando a la luz, en el devenir. De hecho, poco después de que Virginia Giuffre se quitara la vida, apareció otra revelación que ensucia todavía más al ex Duque de York, esta vez de parte del periodista James O’Keefe, quien publicó una cinta de grabación hasta entonces secreta, en la que el empresario estadounidense, John Bryan, quien formaba parte del círculo íntimo de la familia Real británica, confiesa que Andrés se acostaba con menores de edad.
El comunicador de prensa declaró también que el ex Duque le había mentido sobre su involucración en los actos sexuales con niñas: “Sabía que el Príncipe Andrés vio a Epstein (el delincuente sexual judío); pero me mintió en cuanto a esa amistad que era tan estrecha entre los dos. Luego hice un gran gesto diciendo en The Daily Mail (otro periódico inglés), que le creía a Andrés. Y luego descubrí que estaba mintiendo.” La periodista que tomaba nota de la declaración de O’Keefe, le cuestionó seguidamente: “¿Mintiendo sobre qué? ¿Sobre lo de acostarse con niñas menores de edad?” A lo que él respondió directamente: “el Príncipe Andrés se estaba follando a niñas menores de edad. Eso no está bien.”
La decepción del periodista se fundamentó en el hecho de que Andrés lo había convencido en otras conversaciones, de que era inocente de tales acusaciones y por esa razón apoyó públicamente a Andrés, porque creía, a las claras, que era inocente. Incluso confesó que elaboró una estrategia de relaciones públicas, en un texto de cinco páginas, y que difundió por todos los periódicos, estaciones de televisión y radioemisoras de Gran Bretaña, para ayudar al Príncipe a mitigar aquella crisis; y le aconsejó también expresar empatía por las víctimas de conductas inapropiadas de Epstein y que se mantuviera firme en su propia inocencia. Todo esto a pesar de las fotografías que se iban publicando de continente a continente y que mostraban a Andrés muy sonriente, en compañía del delincuente sexual Epstein y tomando por la cintura a alguna de las muchachas explotadas sexualmente.
Cuando salió del “embrujo” (entiéndase engaño) al que fue sometido por Andrés, mediante sus mentiras, O’Keefe estudió con profundidad el caso de Virginia Giuffre, quien comenzó a ser la víctima de trata del pederasta cuando apenas transitaba por los 16 años de edad, después de haber sido reclutada por Ghislaine Maxwell (quien cumple una condena en USA por 20 años de prisión), exactamente en el complejo de Mar-a-Lago, propiedad de Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos.
Para colmo de males para Andrés, han salido a la opinión pública las memorias póstumas de Virginia Giuffre, en las que se puede leer, sin “medias tintas”, toda la verdad de la participación del ex Duque de York en las mansiones del delincuente sexual, Jeffrey Epstein. Dicho libro es, a no dudar, un quebradero de cabeza más para la familia Real británica, debido a las constantes menciones que se hacen en este volumen escrito sobre el hijo de la fallecida Reina Isabel II. En concreto, Giuffre, quien, debido al mismo título de su libro, ahora es conocida con el sobrenombre de “la chica de nadie” (y de todos a la vez, en la cruel realidad en la que la introdujeron), vincula al Príncipe Andrés en una serie de actos sexuales que han sido difundidos nada menos que por la mismísima BBC de Londres, en el corazón mismo del Imperio británico. Ha sido una filtración que, ni lerdos ni perezosos, los ingleses de esa cadena radial y televisiva, han dado a conocer al gran público. Una razón fortísima para que Andrés, sino no optase por el suicidio, se aísle cada vez más de lo que ya lo ha hecho en su vida privada y no se deje ver por nadie, ni ver él tampoco a nadie.
La verdad es que esas memorias detallan los excesos de una red de abuso sexual, dominada por miembros de un grupúsculo (casi todos sus componentes millonarios deshonestos, con fortunas mal habidas incluso), en el que Epstein y su expareja Ghislaine Maxwell, eran el eje de ese conglomerado de depravados. En específico, Giuffre describió en el libro su primer encuentro con Andrés, en marzo del 2001, además de una serie de siniestros encuentros sexuales coordinados con el mismo Andrés, por Epstein y Maxwell: “El día de mi primer encuentro sexual (con Andrés), Maxwell me despertó –entonces con 17 años de edad-, anunciándome que sería ‘un día especial’ y que, como ‘Cenicienta’, conocería a un ‘apuesto Príncipe’. ‘Mis hijas son un poco más jóvenes que tú’, me dijo Andrés apenas conocerme.”
En otro trazo del mismo libro, Giuffre relata haber tenido relaciones sexuales con el Príncipe en dos ocasiones más, la última en una orgía en la que también participó Epstein y varias jóvenes más. Fue en la famosa isla que pertenecía al depredador sexual judío. “Epstein, Andy (Andrés) y aproximadamente otras ocho chicas jóvenes y yo, tuvimos relaciones sexuales juntos. Yo tenía cerca de 18 años. Las mujeres parecían menores de edad y no hablaban inglés. Creí que podría morir siendo esclava sexual.” Expresó esta mujer de origen estadounidense y que murió en Australia, país al que fue a residir.
Es evidente que Andrés, el hijo menor de la fenecida Reina Isabel II, se siente acorralado y sin salida alguna de esta nefasta situación en la que él mismo se ha metido, al haber elegido como amigo a un delincuente sexual, llamado Jeffrey Epstein. De hecho, la aparición del libro de memorias de la víctima Virgina Giuffre, ha sido algo así como “el último clavo del ataúd” para Andrés y las aspiraciones que podía tener todavía en su vida personal y dentro de la nobleza británica. Lo cierto es que él creyó que, con la millonaria suma de dinero que pagaron su madre y su hermano, el ahora Rey Carlos III, a la ofendida Giuffre, la vida regresaría a su normalidad anterior; pero no ha sido así, según vemos.
Y en cuanto a esa cantidad de dinero, no ha sido revelada oficialmente en el monto; pero The Daily Telegraph, otro famoso periódico inglés, estima que podría ascender a los 12 millones de libras esterlinas (unos US$16,3 millones). Y dos millones de libras fueron a dar a las arcas de la organización benéfica fundada por Virginia contra el tráfico de menores de edad, con fines de explotación sexual. En todo caso, la cantidad fue astronómica; pero el agravio fue tanto, que se convirtió en algo irreparable y mucho menos, solucionable mediante el dinero.
Y al verse “entre la espada y la pared”, la decisión tomada por Andrés ha sido la de renunciar a su título Real y así lo ha descrito el mismo implicado en el escándalo de ribetes mundiales: “Tras conversar con el Rey (Carlos III, su hermano mayor) y mi familia, concluimos que las acusaciones constantes hacia mí (que son perfectamente con fundamento), perjudican el trabajo de Su Majestad y la familia Real. (Por lo tanto) decidí, como siempre lo he hecho, dar prioridad a mi deber con mi familia y mi país.” Si esto último, “prioridad a mi deber con mi familia y mi país” fuese cierto, no hubiera incurrido en el gravísimo error en el que incurrió, al cederle su amistad, sin límites, al pedófilo judío y su esposa y lo que fue más grave… participar en sus fiestas vulgares, en las que se desfloraba a jovencitas en contra de la voluntad de ellas, evidentemente engañadas por los delincuentes sexuales.
En concreto, Andrés, con 65 años de edad, ha perdido su título de Duque de York, con efecto inmediato; esto, tras haberse retirado completamente de la vida pública después de una escandalosa entrevista por la televisión británica, que concedió en el 2019, en la que no mostró arrepentimiento por su amistad con Epstein, ni la menor empatía por las víctimas del acaudalado judío. Pero, ¿Cómo iba a mostrar arrepentimiento, si esas prácticas sucias las venía efectuando allí donde estuviera: con camareras de hoteles, meseras de restaurantes y toda aquella mujer que se dejara engatusar por este sujeto enfermo sexual o por sus emisarios que le servían para los mismos propósitos; es decir, transmitirle a las mujeres los deseos obscenos de su jefe, el Príncipe? Y esos deseos eran acostarse con cuanta mujer se lo permitiera. Algo cotidiano en él, algo “normal” y que su alto estatus económico y su posición dentro de la aristocracia británica se lo permitían.
Ahora, el consejo que se le puede dar a Andrés es que “no asome siquiera la cabeza dentro de Gran Bretaña,” pues los súbditos de su familia, esos ingenuos que creen y se sienten enamorados de la familia Windsor, podrían destaparle los sesos con un disparo certero. En tal caso, ¿Podría ser el exilio –lo mismo que el Rey español Emérito, Juan Carlos de Borbón, quien se auto-exilió en Abu Dabi, el Emirato árabe-, la determinación que le podría devolver a Andrés parte de su antigua paz, su reinserción en esa nueva sociedad y algo del respeto que ha perdido totalmente en Inglaterra? A lo mejor… ¿Quién lo sabe?
Ciertamente, desde noviembre del 2019, Andrés no desempeña ningún papel público, perdió sus títulos militares y patronazgos Reales en el 2022. Pero el título más importante, el de “Príncipe”, lo podrá conservar por ser el hijo menor de Isabel II, la Reina fallecida. Desgraciadamente para él, hay fotos que le muestran feliz disfrutando de las menores de edad, mientras el delincuente sexual Epstein le mira sonriente; hay también correos electrónicos firmados por Andrés, dirigidos al pedófilo, en los que le subraya su amistad; hay testigos presenciales, crónicas extensas en casi todos los periódicos británicos, entrevistas filmadas en televisoras de su país y por último… este libro autobiográfico escrito por su víctima preferida, Virginia Giuffre, a quien pagó por su silencio y por ver si podía resarcir su antigua vida dentro de la nobleza inglesa, un cálculo deshonroso que le falló también.
Desde Australia, donde ahora reside, la familia Giuffre, además de pedir que se le despojara al Príncipe de todos sus títulos, incluyendo el de “Príncipe”, está insistiendo en que se le quieten todos sus privilegios que le pudieren quedar, como residir en el Royal Lodge, ubicado en los terrenos del Castillo de Windsor, en las afueras de Londres; y la respuesta del gobierno británico fue: “esta cuestión sólo atañe a la Casa Real.” Y el ministro de Energía, Ed Miliband, avanzó que “el Ejecutivo se dejará guiar por el palacio y la familia real. Obviamente, todas nuestras condolencias en este momento están con Virginia Giuffre y su familia, en relación a este conjunto de cuestiones realmente preocupantes.” Argumentó a la cadena Sky News.
Empero, para caer todavía más profundo en este abismo en el que ha caído Andrés, ex Duque de York, la policía inglesa está investigando si este sujeto trató de obtener información de Virginia Giuffre, con el propósito de desprestigiarla. En concreto, varios medios de prensa británicos han divulgado recientemente que Andrés buscó información personal de su “némesis”, la californiana Giuffre, después de que ésta le acusara de obligarla a tener sexo con él, cuando era menor de edad. La Policía Metropolitana de Londres (MET, en inglés), manifestó en un comunicado oficial que “examinamos activamente la posibilidad de que el Príncipe Andrés, recurrió al cuerpo (su escolta policial) para recabar información sobre Virginia Giuffre, su presunta víctima de abuso sexual. Estamos al tanto de las informaciones de los medios de comunicación y estamos investigando activamente las acusaciones realizadas.”
Fue el tabloide Mail on Sunday, ya mencionado en este mismo reportaje, el que publicó que Andrés pidió a un guardaespaldas de su servicio de protección policial, que investigara a la mujer, después de proporcionarle la fecha de nacimiento y el número de la seguridad social de la californiana. El mismo periódico afirma que Andrés intentó “sacar los trapos sucios de Virginia Giuffre, escarbando en su vida privada.”
Adicional a lo anterior, el también periódico inglés The Guardian, publicó extractos del libro póstumo aquí referido, en los que se relatan los encuentros de Andrés con la víctima sexual, en Londres, Nueva York y en la isla privada del judío en las islas Vírgenes, cuando la joven era menor de edad y era coaccionada por el magnate y su colaboradora, Ghislaine Maxwell.
Según era de esperar, aquí no finaliza todo, porque se espera mayor escándalo cuando aparezca en el resto del mundo el libro de Virginia Giuffre, intitulado: “Nobody’s Girl: A Memory of Surviving Abuse and Fighting for Justice” (cuya traducción al castellano es: “Chica de nadie: Memorias de una sobreviviente del abuso y mi lucha por la justicia”). Obra co-escrita con Amy Wallace, una famosa periodista.
De acuerdo con la crítica literaria, periodística y policial, estas memorias póstumas son “un retrato devastador del poder, la corrupción y los abusos detrás del caso Epstein. Este libro deja al descubierto el impacto devastador de los crímenes de Jeffrey Epstein, pero también cuentan la historia de cómo una joven se convirtió en heroína.” Ha descrito un periódico europeo.
En esencia, existe un hilo conductor dentro de la obra, en el que la activista por la lucha contra la trata de mujeres menores de edad, se enfrenta a algo más insidioso que el abuso; es cuando ella dice en sus páginas: “Sé que es mucho para asimilar (su propia mala experiencia, específicamente cuando detalla cómo fue abusada sexualmente, siendo apenas una niña); pero, por favor, no dejen de leer.” Y tras relatar la primera vez que Epstein la obligó a tener relaciones sexuales con uno de sus amigos multimillonarios, Virginia escribió dirigiéndose a sus lectores: “Necesito un respiro. Apuesto que ustedes también.”
La verdad es que este es un libro sobre el poder, la corrupción, el abuso sexual a escala industrial y la forma cómo las Instituciones se pusieron del lado del agresor en lugar de las víctimas. Según el periódico británico The Guardian, que está publicando el libro en tractos, la narrativa de Virginia seduce, se disculpa y quiere suavizar el disgusto que provoca esta historia. Y observado en su verdadero contexto, la denuncia de Giuffre sirvió para presionar a las autoridades policiales para que no dejaran nuevamente en libertad al pedófilo Epstein, lo encarcelaran y le hicieran esperar juicio, del que finalmente escapó tras suicidarse en su celda en Manhattan; y después ocasionó la captura de Ghislaine Maxwell, quien deberá estar tras las rejas por espacio de 20 años. Estos hechos, en gran medida, reiteramos, fueron posibles debido al testimonio de la valiente Virginia, la niña abusada que se convirtió en heroína en su edad adulta.
En el caso de Amy Wallace, la periodista que la acompañó en la redacción de este libro, la ayudó para que la lectura fuera hábil e inteligente; y, principalmente, para combatir aquel nefasto pensamiento de que la “víctima de violencia sexual es, en el mejor de los casos, compadecida; y en el peor, vilipendiada.” Incluso, amigos del pedófilo hebreo Epstein y de Andrés, han dicho lo que el Daily News ha reproducido: “La acusadora de Jeffrey Epstein no era una esclava sexual, sino una gatita sexual ávida de dinero, según dicen sus antiguos amigos.”
Y en uno de los trazos más impactantes del libro, Virginia narra: “Uno de los muchos hombres con los que Epstein me obligó a tener relaciones sexuales como ‘político’ y ‘antiguo ministro’, me estranguló y golpeó hasta dejarme inconsciente; pero es demasiado poderoso para nombrarlo. Cuando se lo conté a Epstein lo violento que había sido el hombre, él me respondió fríamente: ‘a veces te pasa eso’.”
La ex esposa de Epstein y celestina que le facilitaba las jovencitas que ella observaba caminando por las calles de Nueva York, mientras iba en su lujoso auto, hoy en día se halla en prisión como hemos resaltado a lo largo de este reportaje. En un principio, confesó –y se mostraron fotos fidedignas-, que Donald Trump era gran amigo del judío pedófilo y participaba en las fiestas sexuales que se organizaban tanto en Mar-a-Lago como en las mansiones del pederasta; pero cuando Trump asumió por segunda vez la presidencia de los Estados Unidos, convirtiéndose en el individuo más vulgar en ostentar tan elevado cargo, Ghislaine fue cambiando su narrativa y ha negado que haya mencionado en alguna ocasión anterior al actual mandatario. El mensaje es claro: ella quiere que Trump, agradecido, la saque definitivamente de la prisión en Texas, donde purga condena de 20 años.
De hecho, la última apelación hecha por los abogados de Maxwell, fue rechazada a mediados del 2025; y el relato en el libro de Giuffre complica más las cosas para la celestina, porque la aleja cada vez más del deseado indulto que desea. Veamos: “Fue Maxwell –o ‘G Max’, como insistía en que las chicas la llamaran-, quien me descubrió, cuando yo trabajaba como asistente de vestuario a mis 16 años en Mar-a-Lago (la residencia de Trump en La Florida), en el año 2,000, y me llevó a la casa de Epstein para ser ‘entrevistada’ como posible masajista (¡?). Fui obligada a tener relaciones sexuales con Epstein ese día y, tanto entonces como en las agresiones posteriores, Maxwell participó. Ella comenzó a agredirme durante nuestros tríos. Si me quejaba, me hacía más daño. Me habían sexualizado contra mi voluntad y había sobrevivido aceptándolo. Era complaciente, incluso cuando complacer a los demás me costaba muy caro. Durante diez años, los hombres habían encubierto el abuso que yo sufría con un falso manto de ‘amor’. Epstein y Maxwell sabían exactamente cómo aprovechar esa misma vena retorcida.”
Retornando al Príncipe Andrés, Virginia Giuffre confirma en su narrativa que fue obligada a mantener relaciones íntimas con él, hasta en tres oportunidades, una de ellas en el contexto de una orgía en la isla propiedad de Epstein: “Nos desnudamos y nos metimos en la bañera, pero no estuvimos allí mucho tiempo, porque el Príncipe estaba ansioso por ir a la cama… Según recuerdo, todo duró menos de media hora.” Narró.
En cuanto a la personalidad del judío Jeffrey Epstein, cita el libro que Melinda Gates, la ex esposa de Bill Gates, asiduo visitante de estas mansiones también, contó cómo había sido aquel momento cuando se encontró con el pedófilo: “Me arrepentí en cuanto entré por la puerta. Era repugnante. Era la personificación del mal.” Así describió al pederasta, anfitrión de aquellas gentes, todos ellos millonarios, quienes disfrutaban “en grande” del sexo que aquel les proporcionaba con las menores de edad.
Un detalle a tener en cuenta fue el que sucedió aquel 1 de abril, cuando Virginia escribió a “su socia” en esto de redactar la obra literaria, la periodista Wallace: “Es mi más sincero deseo –le dijo-, que esta obra se publique, independientemente de mis circunstancias en este momento.” Esas “circunstancias” eran las golpizas que su esposo le propinaba y que lanzaron a Virginia Giuffre a cometer suicidio pocas semanas después de haber escrito su mensaje a su amiga Wallace. Dejó tres hijos, cuando su cuerpo sin vida fue encontrado en su remota granja en Australia. Sus abogados habían dicho en la demanda interpuesta contra el pedófilo Epstein, en el 2009, que “las lesiones que sufrió (Virginia), como consecuencia de los abusos, incluían la pérdida de la capacidad de disfrutar de la vida y eran de una magnitud tal, que tenían naturaleza permanente.” El libro se ha publicado finalmente y la ha sobrevivido a ella. Una denuncia contra la trata de mujeres y su explotación sexual de parte de sujetos con extremado poder económico.
Las pesadillas en la vida real no dejan de lado a este individuo, porque está frente a otro escándalo que no sabemos si lo podrá resistir: lo han vinculado con el cabecilla de un grupo de agentes (espías) que están al servicio del gobierno chino. Es decir, el ex Duque de York estaría implicado en una red de espionaje que Beijing ha extendido sobre toda Gran Bretaña. Este nuevo episodio se suma al escándalo que ya lleva sobre sí Andrés y que se ha alargado por 10 años y que hemos narrado en los párrafos anteriores.
Ahora, es un tema de espionaje en el que estaría involucrado y cuyas revelaciones van saliendo poco a poco, día tras día, en la prensa de Inglaterra, atrapando la atención del ciudadano ávido de esta clase de noticias, que lo sacan de su “modorra” cotidiana. Tanto los periodistas, como los políticos y analistas británicos, coinciden en el hecho de que este podría ser un incidente más serio que el caso Epstein, debido a que afectaría a la política exterior y de seguridad del Reino Unido, incluyendo, por supuesto, al primer ministro, el laborista Keir Starmer; y hay quienes aseguran que, de ser cierto lo que se ventila ahora mismo, Andrés podría ingresar a prisión, acusado de alta traición al Imperio británico y/o a los intereses de su país.
En concreto, Andrés tuvo tres encuentros con Cai Qi, miembro del Politburó del Partido Comunista chino y jefe de Gabinete del presidente de ese país asiático, Xi Jinping. Dichas reuniones se celebraron en el 2018 y el 2019. En aquellos años, el Príncipe visitó China, acompañado por una delegación británica, en la que estaban personalidades como la entonces ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon; y el líder del Partido Laborista de Inglaterra, Jeremy Corbyn.
En el 2019, Andrés viajó a esa nación dos veces más y se reunió con Cai y lo invitó, incluso, a visitar el Palacio de Buckingham. Así según crónicas aparecidas recientemente en el diario conservador inglés, Daily Telegraph. Este mismo periódico insinúa que la relación amistosa con el chino Cai, “no parece casualidad.” Además, este dirigente chino parece ser el destinatario de información obtenida por dos espías británicos, que son el empleado del Parlamento de Westminster, Christopher Cash; y el profesor de inglés en China, Christopher Berry. De este último dice la fiscalía inglesa que, pese a ser sólo un maestro, se reunió con Cai en el 2022 y reclutó a Cash como espía. Pero en abril del 2024, ambos espías fueron detenidos y acusados de violar la Ley de Secretos Oficiales. Se les fijó un juicio que comenzó el pasado 6 de octubre, con una duración aproximada de seis semanas. Ambos espías ingleses se exponían a condenas de 14 años de cárcel cada uno.
El alto funcionario chino, Cai Qi, movía los hilos del espionaje, especialmente los de Berry, y éste dirigía a Cash, según se ha sabido por las investigaciones policiales; sin embargo, súbitamente, a falta de tres semanas para que comenzara la vista oral, la Fiscalía británica retiró los cargos alegando falta de pruebas. Esta decisión desató una tormenta política, con la oposición acusando al primer ministro Starmer de interferir en la Justicia, con el afán de proteger las relaciones económicas del Reino Unido con China.
La prensa británica ha publicado en estos días lo siguiente: “En este juego de espías, lo último que faltaba era un miembro de la familia Real, máxime cuando este ya ha tenido una amistad con otro ciudadano chino, Yang Tengbo, a quien, desde 2023, se le prohíbe la entrada en el Reino Unido por sus actividades como espía.” En todo caso, nadie ha presentado ninguna acusación contra Andrés, ni en el asunto con Tengboo ni en el de Cai; pero su falta de transparencia en lo que atañe a sus encuentros con el dirigente y el espía chino, han creado controversia y sospechas en este sujeto, hermano del Rey británico, quien atraviesa por el peor momento de su imagen pública.
Sea un problema más o no lo sea, lo que ha quedado clarísimo es que Andrés, el hijo preferido de la fallecida Reina Isabel II, es proclive a entablar amistad con individuos fuertemente cuestionados y que le han atraído problemas gravísimos que afectaron la salud de su madre y han puesto a toda la familia Real en el ojo de la opinión pública mundial y en la peor de las opiniones generales.
Si sale bien de todo este maremágnum de acusaciones y señalamientos, lo mejor para Andrés es el ostracismo, alejarse por completo del ojo público y mediático, quizás marcharse del país hacia sitios más tranquilos y reanudar su vida aspirando solamente a ser “ciudadano.” No más que eso. Pues la armonía interior, la paz espiritual, la verdad… es invaluable. Tanto como la libertad que está a punto de perderla también.
