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BEIJING, China y WASHINGTON D.C. USA-(Especial para The City Newspaper) Semejante a la mayoría de las acciones en las que Donald Trump anuncia que le rendirán frutos positivos, este viaje al lejano oriente ha concluido con lo que se esperaba en todos los ámbitos de la vida política y económica de los Estados Unidos: en absolutamente nada. Y, por el contrario, hay un motivo suficiente para que un presidente cuerdo y sensato se sienta preocupado y se fundamenta en la amenaza del dictador chino, Xi Jinping, en el sentido de que recuperará la isla de Taiwán sin importar el costo militar y humano que ello desencadene. Si Trump fuese medianamente inteligente, comprendería la gravedad de tal amenaza proferida por el dirigente chino. Pero como no lo comprendió, evidentemente, y por ello no lo sopesó… Trump no dijo nada al respecto, aunque fuera sólo para darle seguridad a los taiwaneses. Más bien, sucedió todo lo contrario: hizo nacer una inmensa inseguridad en aquellos.
En todo caso, el viaje de Donald Trump ha concluido sin ningún logro especial o que pudiere alegrar a alguno de los inversionistas que le acompañaron; pero los observadores concluyen que este periplo por el milenario país asiático ha servido para estabilizar las relaciones tan inseguras, que existían entre ambos gobiernos. Un periódico europeo, cuyo enviado especial estuvo presente en los actos entre los dos mandatarios, lo ha resumido perfectamente de esta manera: “Donald Trump vuela ya de vuelta a Washington, habiendo concluido un viaje de escasos frutos prácticos (…).” Sin embargo, la ausencia de acuerdos no evita que se defina a esta Cumbre como el inicio de una nueva dinámica y la primera de varias rondas de negociación; además, relaja los desencuentros, las posiciones extraordinariamente tensas desde que Trump regresó a la Casa Blanca. Y esto es lo que valoran los analistas y expertos en comercio internacional, tras observar los resultados, que son más abstractos que concretos o prácticos.
Pese a la aparente cordialidad entre el líder chino Xi Jinping y el estadounidense, el espectro de la guerra ha sobrevolado nuevamente a esta ciudad china, sede del gobierno comunista, y ha recordado la inminencia de una guerra por la conquista de la antigua isla de Formosa y que alberga a la nación taiwanesa. Trump, leal a su errática manera de ser, mediante la cual ve “positivismo en un fangal y negativismo en la figura del Papa León XIV”, por ejemplo, con sus valores invertidos peligrosamente, ha considerado su llegada a Beijing (Pekín), como algo realmente constructivo, una visita sumamente positiva que anticipa más acercamientos entre ambos gobiernos. Y Xi Jinping manifestó que “el presidente Trump quiere hacer a América grande otra vez y yo estoy comprometido a conducir al pueblo chino a la consecución del gran rejuvenecimiento (de mis ciudadanos). Ambas partes podemos promover nuestro respectivo desarrollo y revitalización mediante una cooperación reforzada.”
No obstante, los analistas consideran que lo dicho es la misma retórica vacía propia de los chinos, “quienes hablan mucho, pero en el fondo no dicen nada.” Y hay muchos que creen que Xi Jinping lo que ha hecho es preparar el camino psicológico y diplomático para mantener a los Estados Unidos y a su inseguro e ignorante presidente, Donald Trump, distantes, cuando China decida invadir a la “provincia rebelde” o la isla de Taiwán.
En todo caso, el dictador chino no se ahorró en recibimiento, ni displicencia ni lujos ante la llegada del impresionable Trump, y lo hizo arribar a Zhongnanhai, considerado el hermético corazón del régimen comunista, un complejo de pabellones de madera entre jardines, al oeste de la Ciudad Prohibida de Beijing. Allí, precisamente, vivió el fundador de este Estado chino o la llamada República Popular China, Mao Zedong, a quien comparaban con un emperador de aquella antiquísima China Imperial. Y mientras Trump paseaba sus ojos maravillados por tanto esplendor asiático, Xi Jinping le explicaba: “Este es el lugar donde trabajan y viven los dirigentes del Partido (comunista) y del gobierno central del China, incluido yo mismo.” Luego de pasear por los jardines, se sentaron a degustar el tradicional té; y fue cuando el estadounidense dijo con tono de broma: “Podría acostumbrarme a esto…”; pero se encontró con la mirada glacial, directa y aparentemente crítica de Xi Jinping. Minutos después, Trump comentó este pasaje que le resultó desconcertante, pues él creyó que el chino se iba a desternillar a carcajadas por su mal chiste, y así se lo dijo a sus acompañantes, especialmente al periodista enviado por Fox News, a cubrir esta visita: “Creo que en realidad es una persona cálida, pero es todo negocios. Con él no hay juegos, no hay conversaciones sobre lo agradable que está el tiempo. (...) Es todo negocios y eso me gusta.” Pero lo cierto es que Xi, aparte de su personalidad glacial, calculadora e intrínsecamente política, no estaba para reírse a carcajadas con el sujeto que ha puesto al mundo al borde de una guerra termonuclear, que ha colocado a la economía de Asia al borde del precipicio, obstaculizando el flujo del petróleo por el estrecho de Ormuz; y, además, ha atacado a un socio comercial de los chinos y a un aliado militar, como lo es la República Islámica de Irán.
Tampoco estaba para chistes y sonrisas, cuando Trump también ha atacado a Venezuela, donde los chinos tenían intereses comerciales profundos y habían invertido millones de dólares en infraestructura, lo mismo en otras naciones latinoamericanas. Lo cual significa una sola cosa: Donald Trump y su salvaje manera de proceder, alejado de la política y mucho más alejado de la diplomacia, ha truncado planes y proyectos financieros y culturales en los que China cifraba el futuro en América Latina y el suyo propio.
En todo caso, parece que el dictador chino, Xi Jinping, devolverá la visita y viajará a los Estados Unidos el próximo 24 de septiembre; y durante ese mismo viaje hablará ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU); y los dos podrían coincidir nuevamente en noviembre de este 2026, en el Foro APEC, en Shenzhen; y en diciembre de este mismo año, en la Cumbre del G20, que se llevará a cabo en Miami, USA.
Al margen de lo que no ocurrió, como era la concreción de acuerdos comerciales bilaterales –por eso un séquito numeroso de empresarios estadounidenses acompañaron a Trump-, el diferendo de Taiwán con China comunista reflejó nuevamente que “es la cuestión más importante en las relaciones China/USA.” Es decir, Xi ha recordado su exigencia a Trump de manera sumamente clara: “(…) este asunto deberá ser manejado adecuadamente (por ambos gobiernos); de lo contrario, habrá choques o, incluso, conflictos.” Le dijo el anfitrión al tosco, retrasado y nada inteligente visitante. Y recalcitró Xi al decirle también que “la independencia de Taiwán y la paz en el estrecho (que separa a la isla de la masa continental), son tan irreconciliables como el fuego y el agua.” En este sentido, es bueno recordar que el régimen de Beijing considera a la isla una democracia independiente de facto, una región rebelde a la que nunca ha renunciado someter por la fuerza de las armas.
Ante esta explícita amenaza proferida por Xi, de regreso a los Estados Unidos y a bordo del Air Force One, y todavía con el “mal trago” que le ha hecho beber el régimen de Irán, al darle una lección bélica al matonismo de Trump y su secuaz, el judío Benjamín Netanyahu, el primero no tuvo más remedio que rebajar o como dijo alguien: “ponerle sordina” a las amenazas del líder comunista chino. Fue cuando mencionó un impresionado y balbuceante Trump, de pie en uno de los pasillos del avión, mientras sobrevolaba el Océano Pacífico: “Lo último que necesitamos ahora mismo es una guerra (¿!) (y lo ha dicho alguien que ha desatado tensión en el Caribe y ha atacado a mansalva y traidoramente a los iraníes), las cosas están yendo muy bien. (…) En Taiwán, él (Xi Jinping), no quiere ver un movimiento de independencia. Dijo que lo ha tenido (la isla) durante miles de años y en algún momento determinado, lo van a recuperar. (…) Sobre Taiwán, él tiene una posición muy firme (y) yo no hice ningún compromiso en ningún sentido.”
En las últimas ocho palabras dichas por Donald Trump, se puede colegir que no defendió la soberanía de los taiwaneses delante del dictador chino y tampoco hizo ningún comentario al respecto ante los periodistas que le preguntaron directamente: “¿Estados Unidos defendería a Taiwán si fuera necesario?” Y la respuesta evasiva (con tintes de cobardía, que preocupó a los dirigentes de la isla), fue: “No quiero decirlo, no lo voy a decir. Sólo hay una persona que sabe eso. ¿Sabes quién es? Yo. Esa pregunta me la hizo hoy el presidente Xi. Le dije: ‘yo no hablo de eso.’” Fue cuando otro periodista insistió al cuestionarle a Trump: “¿Mandaría tropas?” Y aquel contestó: “Me preguntó si les defendería. Le dije: ‘Yo no hablo sobre eso.’”
Ante tal cobardía e irresolución, ya saben a qué atenerse los taiwaneses. También pueden remitirse al final del primer des-gobierno de Trump, cuando entregó Afganistán a los talibanes, después de que centenas de soldados de la OTAN y de USA ofrendaron sus vidas por la democracia que ya funcionaba como sistema de gobierno en Kabul y que Trump y su entonces secretario de Estado, el hiper-obeso Mike Pompeo, hicieron retroceder al firmar y congraciarse con todas las exigencias de los talibanes que consiguieron que le entregaran nuevamente al país, sin disparar una sola bala para lograrlo.
El Congreso de los Estados Unidos, de mayoría republicana, acaba de aprobar un envío de armas a Taiwán, por un valor de US$14,000 millones (unos €12,000 millones); y, para comenzar mal, Donald Trump retrasó esa transacción para evitar roces durante su visita a China. Con toda seguridad alguno de sus asesores, versado en política internacional, le aconsejó que detuviera dicha venta, porque Trump no tiene la capacidad, ni mínima siquiera, de concretar esas “delicadezas” (detener una venta así), para no enfadar al gobierno que le iba a recibir. Incluso, Trump ha actuado en este asunto también cobardemente, ya que Xi Jinping le llamó vía telefónica en febrero anterior y le dijo que “procediera con extrema precaución”. Otra amenaza velada que pone a temblar al analfabeto gringo y se encierra “en una esquina” de la Oficina Oval de la Casa Blanca, sin saber qué hacer ni cómo responder. Trump sólo se limitó a decir: “Tomaré una decisión sobre esto, bastante pronto.” Es decir, tergiversó lo que anteriormente le había asegurado a los taiwaneses, en el sentido de que la venta de armas se iba a dar así, de cualquier manera, se importunara quien se importunara; pero ante unas cortas y sencillas palabras (amenazantes) de Xi Jinping, el gringo carente de todo, especialmente de moral, lazos afectivos, lealtad, honor a la palabra dada y demás, se echó rápidamente para atrás y ha causado inseguridad y desasosiego en los gobernantes de Taiwán.
Siempre en referencia a este tema, la incapacidad, la irracionalidad y el desajuste mental que siempre ha sufrido Donald Trump, el presidente que nunca debió serlo o el menos presidente de cuantos ha habido en los Estados Unidos, se ha notado recientemente cuando se ha contradicho a él mismo y de manera insólita, porque, primero, aseguró que nunca comentó con el dictador chino sobre el envío de armas a los taiwaneses; y después, dijo que lo había “discutido con aquel con gran detalle.” Y lo peor surgió cuando se le preguntó sobre las Seis Garantías ofrecidas a Taiwán, pactadas en 1982 por el entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, en las que se comprometían los Estados Unidos a defender siempre y ante cualquier amenaza a Taiwán. Fue cuando Trump respondió secamente: “1982 está muy lejos.” Una respuesta suficiente para poner a temblar a los taiwaneses, quienes podrían esperar la invasión de los chinos continentales en cualquier momento, mientras Trump no sabe ni en cuál calle o edificio de Washington está en ese momento parado. Esa inestabilidad, ese desequilibrio de personalidad, esa contradicción en los términos, en las palabras, esa falta de verdad, de seguridad que debería darle a sus aliados, que ya la acaba de experimentar la OTAN cuando anunció que sacará a los soldados estadounidenses de Europa, además de ser propias de un sujeto totalmente distorsionado mentalmente en el caso de Donald Trump, es lo que observan Xi, Putin y el propio Netanyahu, para burlarse de él, manipularlo, engañarlo y asestar “el golpe final” cuando a ellos se les ocurra y en contra de los intereses de naciones enteras que siempre han gozado de libertad, garantías defensivas y seguridad y que ahora carecen de ello repentinamente.
Recordemos asimismo, que Trump dijo que iba a liberar a Venezuela; pero ahí dejó a la dictadura sangrienta en el poder, en perjuicio o detrimento del pueblo venezolano. No sería raro, en tal caso, que un día de tantos el mismo Trump decida liberar a Nicolás Maduro y enviarlo de regreso a Caracas, argumentando algunas incoherencias que son propias de este fanfarrón y esquizofrénico gringo.
Y cuando los taiwaneses creían que todo estaba de su lado y que la compra de armas se iba a producir sin obstáculo alguno, Donald Trump volvió a sembrar la duda, la inseguridad: “Tengo que hablar con la persona que, ya saben ustedes quién es… la que dirige a Taiwán.” Es decir, con William Lai Ching-te, presidente de la isla. ¿Conversar sobre qué, cuando ya parecía que estaba todo definido con el gobierno de Taipéi? En otro orden de cosas, aquí se nota la estupidez de Trump al decir lo anterior, pues los Estados Unidos no mantiene intercambios oficiales con el gobierno de Taiwán; y hacerlo, implicaría una gran ofensa a la amistad (restablecida tras mucho costo), con Beijing o los chinos comunistas. Sería algo así como traspasar una línea roja en detrimento de China. Pero como Donald Trump sabe tanto de política y diplomacia como el peor de los analfabetos posibles, no tomó en consideración el sentir de los maoístas. Lo cierto es que todo lo que este sujeto toca o señala, se convierte en incertidumbre, inseguridad y caos por doquier.
Oficialmente, Washington está comprometido en virtud del Acta de Relaciones con Taiwán, a “proporcionar a la isla de armamento defensivo.” Aunque es evidente el miedo de los estadounidenses, porque Beijing rechaza categóricamente esa transacción entre Taiwán y USA: “El rechazo de China es consistente e inequívoco”, manifestó el portavoz del gobierno chino, Guo Jiakun, antes del viaje de Trump a la Capital de esta nación asiática.
No sólo Donald Trump ha virado su posición con respecto a “la provincia rebelde”, como le llama el gobierno comunista de China a la isla de Formosa, sino que ha habido un grupo de ex mandatarios, quienes, en su momento, cambiaron sus simpatías por los taiwaneses, después de haber hablado con los líderes de la China continental. Y un advenedizo, un individuo sin carácter, desconocedor absoluto de la política y con una inteligencia al mínimo como Trump, era fácil que apuñalara por la espalda a los taiwaneses tal y como lo ha hecho después de su reciente visita a Beijing.
Incluso llegó a la estupidez característica de su personalidad disfuncional, de decirle al presidente de Taiwán que “no reclame su independencia formalmente”, por el miedo que le despierta a Trump enojar a los chinos. Agregó el estadounidense que la venta de armas a la isla, por más de US$11 millones, es una “decisión que está pendiente”, dejando entrever que podría revocarla y tirarla al cesto de la basura en cualquier instante.
Ese “balde de agua fría” que el ignorante mandatario de los Estados Unidos ha lanzado contra los taiwaneses, les ha demostrado que ahora mismo, en su disputa con la China comunista, están más solos que nunca y tendrán que morir luchando por su soberanía y libertad ante un inminente ataque desde el sur del continente asiático. Y la respuesta que han dado a Trump ha sido justamente lo que este gringo estúpido no quería escuchar: le han reafirmado que Taiwán, efectivamente, es una nación independiente. “Taiwán es una nación democrática, soberana e independiente y no está subordinada a la República Popular China.” Palabras expresadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores en un comunicado; y añadió que la venta de armas forma parte de los compromisos de seguridad de Estados Unidos con Taiwán y le recordó a Trump que “Estados Unidos ha insistido en repetidas ocasiones que su postura ante la isla se mantiene constante. Agradecemos el apoyo continuado de Trump desde su primer mandato y seguiremos profundizando nuestra cooperación con Washington.” Es evidente que estas últimas líneas obedecen al lenguaje diplomático que los taiwaneses, como país con una cultura ancestral y bien cimentada, saben utilizar; pero la única verdad que prevalece y que fue la misma que experimentaron los afganos libres y democráticos, es que con Donald Trump la puñalada por la espalda se puede esperar en cualquier momento. En el fondo, los dirigentes de esta isla saben que están tratando con una persona intrínsecamente enferma mentalmente y cuya estabilidad emocional es extraordinariamente insegura y susceptible, sujeta a cambios repentinos de humor, de decisiones y pensamientos torcidos.
Con base a su pésimo estado psíquico que hemos descrito profusamente a lo largo de este y otros reportajes cuando nos referimos a Donald Trump, este adefesio de ser humano aseveró que “no he decidido si seguir adelante con la importante venta de armas. Mi decisión está pendiente.” Un argumento que no ha hecho otra cosa que aumentar la incertidumbre de los gobernantes de Taiwán sobre la alianza con los Estados Unidos y ya no saben, certeramente, si podrán contar con Washington en el caso de ser atacados por el poderoso ejército chino. Ciertamente, la venta de armas era un medio eficaz para presionar a Beijing, según se había acordado con los taiwaneses en la Casa Blanca, una transacción que fue aprobada, hace pocas horas, por el Congreso de USA. Aquí es notoria la falta de principios, de compromiso y de cumplimiento a la palabra de honor de parte de Trump, un individuo que es un auténtico “cascarón vacío” y que no sabemos cómo, hacia dónde y por qué deambula por la vida…una existencia que sólo ha servido para hacer daño allí donde ha metido sus sucias manos.
Y es que durante su visita a China, Xi le pidió al norteamericano limitar la venta de armas a Taipéi y la respuesta del falso y traidor Trump fue: “Tomaré esa decisión en un período bastante corto y hablaré con la persona que dirige a Taiwán”, en referencia al presidente William Lai. Nótese que Trump no dijo: “con la persona que gobierna a Taiwán”, quitándole, delante del dictador de China, toda autoridad y autenticidad al gobierno de la isla. Ante este apuñalamiento que se ve venir, la Cancillería taiwanesa recordó a Washington que “la venta de armas no solo constituye un elemento de disuasión conjunta frente a las amenazas regionales, sino también un compromiso de seguridad recogido explícitamente en la Ley de Relaciones con Taiwán.” Es evidente y convincente entonces que se trata precisamente de eso… ¡De una Ley establecida entre las dos naciones! Pero ya hemos sido testigos de cómo Trump se pasa las leyes por su trasero y deja en la estacada al mismísimo Congreso, como lo vimos en su ataque contra Irán, donde obvió la existencia y las decisiones de los congresistas, justamente porque él se considera un “Nerón moderno”, un dictadorzuelo de esos tantos que han existido y está llamado por el pueblo estadounidense a hacer lo que a él le da la real gana en materia internacional.
Específicamente, Xi amenazó con toda claridad a Trump al decirle que “Taiwán puede derivar en un conflicto y China y Estados Unidos deberían ser socios… no rivales.” Agregó el dictador comunista chino que “una gestión inadecuada de Taiwán, podría empujar a ambos países a un conflicto…” Y la respuesta del gringo fue tan estúpida como todo lo que ha dicho y hecho a lo largo de sus dos des-administraciones: calificó a Xi Jinping de “gran líder y amigo y nuestros países tendrán un futuro fantástico juntos.” Utilizando sus consabidos y ridículos adjetivos de los cuales no puede ni sabe desprenderse: “fantástico”, “sensacional”, “increíble”, “extraordinario”, “fabuloso” y otros, que demuestra la parquedad y cortedad del vocabulario y la inteligencia de Trump, un sujeto al que los estadounidenses subieron a lo más alto del poder en su país, demostrando de paso la “materia” de la cual están hechos los ciudadanos de los Estados Unidos en relación con la política. Ha sido la peor equivocación (reiterada), llevar a este canalla, mala persona y desagradable sujeto, llamado Donald Trump, a la presidencia de la primera potencia mundial. Un error, cuyas consecuencias ya las estamos observando y… sufriendo, todos los habitantes de este planeta. Ha sido semejante a poner una granada de fragmentación en la mano de un psicópata. ¡Y pensar que este adefesio de ser humano maneja los códigos secretos del Pentágono, que están a su entera disposición, de las armas nucleares existentes en el arsenal de USA!
Al regresar a Xi y Taiwán, el dictador chino subrayó que este “es el tema más importante en las relaciones entre China y los Estados Unidos. Si se maneja mal, las dos naciones podrían chocar o incluso entrar en conflicto, lo que empujaría a toda la relación entre China y los Estados Unidos a una situación muy peligrosa.” Advirtió a un “boca-abierta” Trump (por la sorpresa y el temor).
En otro cariz de este viaje a la China continental, las tensiones comerciales y geopolíticas han quedado sin resolver entre estos dos gigantes.
Esa es la pregunta lastimera que se hacen quienes fueron “en tropel”, acompañando a este inútil y destructor presidente de USA, a China. Fue una auténtica anomalía no lograr un solo acuerdo comercial con los chinos; y los más de 30 empresarios estadounidenses, magnates de la tecnología, como Elon Musk de Tesla; Jensen Huang, de Nvidia; y Tim Cook, de Apple, entre otros más, han regresado con las manos vacías. Es que no se dieron cuenta de la inefectividad, de la contradicción ante las cosas buenas, los nulos logros “de gran calado” que es Trump, un individuo que ha amasado fortuna (y que también la ha perdido a manos llenas), con base en los trucos, en la falta de honestidad, en la defraudación y en la mentira a lo largo de su vida.
Sin embargo, hubo excepciones en esos alcances, pero que, a pesar de ello, no fue lo que se esperaba en materia de comercio bilateral; es decir, a pesar de los pesares, hubo escasas transacciones que fueron completadas, como la venta de 200 aviones Boing y US$10 millones en productos agrícolas “made in USA”, que, en todo caso, no se han anunciado mediante comunicados oficiales, sino solamente con declaraciones vertidas en entrevistas individuales concedidas por los actores y que los chinos no han confirmado.
Al regresar, a bordo del avión presidencial, Trump, aferrado siempre a su fantasiosa manera de ver las cosas, mintió (o fantaseó) al decir: “He cerrado algunos acuerdos comerciales fantásticos (otra vez este absurdo adjetivo en su boca), para ambos países.” Lo cual, evidentemente, no ha sido exacto en modo alguno, según hemos visto.
De acuerdo con la opinión de los analistas que han observado meticulosamente lo acontecido en esta visita a China, el dictador Xi “se beneficia de la evidente debilidad de Trump en este momento. (Porque) Trump tiene la guerra contra Irán en marcha, que no está saliendo según su plan original. Creo que Xi Jinping ha visto esto como una buena ocasión para ejercer una fuerte presión sobre lo que considera el tema más importante: Taiwán.” Así según palabras de Joseph Bosco, ex asesor sobre China del Ministerio de Defensa de los Estados Unidos.
En este renglón, el gringo le dijo al chino: “Queremos que la guerra termine. No queremos que Irán tenga armas nucleares (utiliza el plural en tácita mención de su secuaz, el judío criminal Netanyahu). Queremos que el estrecho de Ormuz permanezca abierto. Xi y yo tenemos opiniones muy similares sobre esta guerra.” Es cuando el mismo analista, Bosco, subraya que el principal problema de los Estados Unidos con respecto a Irán, radica en que esta nación persa cuenta con el apoyo chino, porque “China ha proporcionado información técnica, armas y otros elementos con fines de inteligencia a los iraníes. Y la reciente visita del ministro de Exteriores iraní a Beijín es un paso en la dirección correcta, pero no es la solución definitiva.” Expresó.
Y para John Dotson, director del centro de estudios Global Taiwan Institute, con sede en Washington, “Pekín tiene cierta influencia diplomática debido a su relación amistosa con Teherán; pero, desde luego, no puedo imaginarme que el gobierno chino, por ejemplo, aceptara participar en algún tipo de operación naval para escoltar barcos a través del estrecho de Ormuz o aportar tropas para abrir el paso marítimo por medios militares. Por eso, no veo nada que realmente vaya a cambiar la política actual.” Concluye.
Y uno de “los fulles bajo la manga” que tiene el líder chino, se sintetiza en esto: “Si no le vendes armas (ni apoyas políticamente) a Taiwán, yo te podría ayudar en tu guerra con Irán y a quitar ‘el tapón’ en Ormuz; pero tienes que abandonar tus intenciones con los taiwaneses.” Dentro de la especulación, esa podría ser la postura de los chinos comunistas y es muy probable que se la haya dicho al gringo estúpido, quien, fundamentado en su congénita estupidez y desesperación por salirse del conflicto con Irán, pudo haberlo aceptado; y eso mismo lo pueden haber decodificado correctamente los gobernantes taiwaneses.
Finalmente, Donald Trump llegó a Beijing arrastrando una guerra tecnológica, los aranceles salvajes impuestos por él mismo a los chinos; la crisis de Oriente Próximo y el pulso por el control de las cadenas globales de suministro. Es cuando Xi dijo al respecto: “He coincidido con el presidente Trump en una nueva visión para construir una relación constructiva entre China y Estados Unidos, basada en la estabilidad estratégica.” Pero las expectativas forjadas antes de este viaje, quedaron en nada, según ya vimos a lo largo de este reportaje. Esas ansias se concentraban en el terreno económico y tecnológico y la delegación estadounidense daba prácticamente como un hecho que se iban a anunciar acuerdos comerciales vinculados a grandes compras chinas de productos agrícolas (algo que realmente sucedió, pero en pequeña escala); energía y aeronaves de manufactura USA. También se esperaban nuevos mecanismos de cooperación limitada en inteligencia artificial y semiconductores. Nada de esto ocurrió.
De tal manera, “los peces gordos” de Wall Street y Silicon Valley que viajaron con Trump a este milenario país asiático, y que comprendieron la delegación más numerosa, poderosa e influyente que jamás había acompañado a un presidente norteamericano, regresaron totalmente decepcionados por los pírricos alcances logrados por su mandatario. Fue la concentración más impresionante y grande del poder financiero de los Estados Unidos, representante de las finanzas, la industria y la tecnología, que nunca antes se había puesto de acuerdo y conjuntado para viajar junto a presidente alguno, hacia otra potencia, en este caso China. Además, la prensa mundial ha resaltado la anécdota que se presentó cuando esos gigantes de la economía estadounidense “fueron invitados” a entrar brevemente (!?) a la sala donde estaban reunidos Xi y Trump. “Una de las imágenes más simbólicas”, han descrito observadores de este hecho, que, en su defecto, nos parece una absoluta ridiculez, un deseo de rebajar la importancia de esos financistas que, con su poderío económico individual, podrían reflotar, por ejemplo, a la peor economía del peor país existente alrededor del mundo, si lo quisieran, apenas con un mínimo de su inmenso caudal de dinero. Y otra vez apareció el comentario estúpido de Trump: “traje conmigo a los principales líderes empresariales de mi país, para rendir homenaje a Xi y a China.” Este absurdo comentario (como lo es de absurda toda la vida de Trump), dejó boquiabiertos a los empresarios, quienes hicieron este viaje no para rendir homenaje a nada ni a nadie, sino para abrir el sendero de las inversiones en aquella nación asiática.
De tal modo, las intenciones de Elon Musk por mantener intacta la producción de sus autos Tesla en Shanghai; de Jensen Huang, de Nvidia, por recuperar el acceso pleno al mercado chino de inteligencia artificial; de Tim Cook, de Apple, quien depende de una cadena de suministro china, valorada en miles de millones de dólares; y Wall, que lleva años enteros esperando una apertura mucho mayor del sistema financiero chino, han quedado prácticamente como estaban en el inicio: sin alteración alguna, sin mayor ganancia, ni una mejor disposición del gobierno chino. Quizás con otro presidente, menos bocón, que no cree tensión comercial (ni militar) con las otras grandes potencias, todas esas esperanzas se podrían convertir en inversiones y ganancias reales, por el bien de la economía global. Pero se trata de Donald Trump, el caso contrario al Rey Midas, “porque todo lo que toca el Nerón estadounidense, acaba por dañarlo, destruirlo o desvirtuarlo.” Y esta es la única y gran verdad.
LA HAYA, Países Bajos-(Especial para The City Newspaper) La Corte Penal Internacional, que es el brazo ejecutor de la justicia de las Naciones Unidas y por ello está en pleno derecho de solicitar, por medio de su fiscal, la investigación y detención de los potenciales criminales de guerra que se hayan repartidos en distintos países en la actualidad, ha solicitado la detención del genocida israelí, Benjamín Netanyahu, quien se hace llamar a sí mismo “Primer Ministro”, pero que sus consabidas características en el poder de Israel, son las de un dictador y más que un dictador… es un tirano y además… genocida.
Naciones como Suráfrica, tan sensible a estos asuntos del apartheid, sufrido en carne propia por su pueblo mayoritariamente de raza negra, más la adición de Colombia, Egipto y Brasil, solicitaron a la Corte Penal Internacional (CPI), que actúe sin dilación en el caso de Netanyahu, quien desde hace un año ha estado aniquilando al pueblo palestino y desde hace unos pocos meses, está haciendo lo mismo con la población de su vecino Líbano.
Ciertamente, Benjamín Netanyahu tuvo una clara opción de liberar a los más de mil rehenes capturados por la facción armada Hamás, en octubre del 2023, pero prefirió tomar el camino o la decisión más sanguinaria que sólo a él se le podía ocurrir: masacrar a la población de la Franja de Gaza, que vivía aglomerada allí en un número superior a los 2,5 millones de personas.
¿Cuáles motivos empujaron a este judío para cometer genocidio en Gaza? Lo vamos a resumir en tres puntos únicamente, aunque hay más de fondo: 1. Porque su naturaleza, su genética, es la de un asesino. Es el primer aspecto que se debe tomar en consideración al analizar la personalidad de este maniático que encabeza al gobierno israelí, sin darle mucho afán a la idea. 2. Porque su situación política en el interior de Israel era tambaleante; esto es debido a una reforma que él mismo impulsó para quitarle poder al aparato judicial y otorgárselo al Ejecutivo, que es el que encabeza él mismo en condición de dictador. Esa desafortunada determinación de Netanyahu, antes del secuestro de los rehenes perpetrado por Hamás, tenía a los israelíes vociferando en las calles de Tel Aviv y Jerusalén, incluso frente a la misma casa de Netanyahu, para que se bajara de una vez por todas del seno del gobierno. El ataque de los guerrilleros de Hamás, el 7 de octubre del 2023, fue una oportunidad “de oro” para Netanyahu, quien ya había utilizado anteriormente este mismo recurso, de atacar a Palestina, para desviar la atención interna hacia lo internacional. Y 3. Porque en el fondo de su alma, de sus negros sentimientos, este judío siempre ha deseado exterminar al pueblo palestino y traspasar Cisjordania y la Franja de Gaza a los colonos hebreos, que están deseosos de arrebatar esas tierras que no les pertenecen desde ningún punto de vista.
Nótese, entonces, que Benjamín Netanyahu rara vez habla de los rehenes que están todavía en poder de Hamás, porque lo que realmente le interesa a él es el exterminio de los gazatíes y por eso bombardea desde suelo israelí el territorio de Gaza; también impide que entre la ayuda occidental a los palestinos con hambre, heridos y con sed. Incluso, el ejército judío, un verdadero comando de exterminio racial, ha atacado a ONGs humanitarias, a misiones de la ONU y a todo aquel que se solidarice con los condenados a muerte de Gaza y lo ha hecho sin el menor reparo, sin que le remuerda la consciencia y sin importarle tampoco la opinión de la comunidad mundial que le señala con el dedo acusador, debido al genocida que es. Incluso, en el último discurso que pronunció ante el pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 98 por ciento de los delegados de todos los países adscritos a la ONU, abandonaron el salón y dejaron al genocida hablando a unos asientos solitarios y abandonados. Tal es la vergüenza, el estupor, el rechazo y la animadversión que este asesino, el mayor del Siglo XXI, que ha superado con creces al ruso Vladímir Putin, causa a diario en toda la circunferencia de la Tierra.
¿Qué era lo que correspondía a un Primer Ministro de Israel que fuese centrado, humano y comprensivo con la situación del asalto de Hamás aquel 7 de octubre al territorio israelí? Proteger primero las vidas de los secuestrados. De hecho, muchos de esos retenidos por Hamás, murieron producto de los ataques del ejército judío en Gaza. A Netanyahu no le ha importado absolutamente quién nace, quién sobrevive y quién muere en ese reducido espacio que conforma a la Franja de Gaza. Otra persona completamente distinta a Netanyahu, en la cabeza del gobierno de Israel, hubiese negociado con los secuestradores que pedían un intercambio de sus hombres en cárceles judías, por los civiles que convirtieron en rehenes suyos, al tomarlos por asalto cuando estaban en medio de un festival musical en territorio israelí. Ese intercambio de prisioneros hubiera mantenido la cordura, la paz, y, muy probablemente, hubiese permitido el regreso a sus casas, sanos y salvos, a los rehenes. Pero Benjamín Netanyahu observó aquello como su oportunidad para hacer olvidar a los miles de manifestantes en el interior de su país, enojados con las reformas que quería implementar a la fuerza y en contra del Poder Judicial y en beneficio de su dictadura. También, se le presentó en “bandeja de plata” la oportunidad de masacrar, peor que nunca, al pueblo palestino y llevar a efecto su deseo de exterminarlo.
El resultado es el que todos conocemos: se ha cumplido un año de un genocidio (no “una guerra” como llama con eufemismo Netanyahu, porque no tiene a un ejército enemigo al frente, sino a un pueblo desarmado e inocente), tiempo durante el cual han muerto algunos de los rehenes judíos en manos de Hamás y tampoco ha logrado la liberación de ninguno de ellos, simplemente porque eso no le importa a él, no le interesa en lo más mínimo al dictador judío, mientras lleva a cabo el aniquilamiento de una etnia, la palestina, ante los ojos del resto de la humanidad.
Es por eso y más, que estamos ante el peor asesino del Siglo XXI, un criminal llamado Benjamín Netanyahu, racista, supremacista, amigo de otros genocidas y líderes corruptos, como Donald Trump y Viktor Orban, el gobernante de Hungría.
Con base en lo que se ve a diario en Gaza, la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en La Haya, Países Bajos, ha dictado orden de captura para este criminal israelí, junto a su ex ministro de Defensa, Yoav Gallant, quien fue destituido hace pocos días atrás por Netanyahu, debido a “algunos rasgos de humanidad” que mostró aquel en el terreno donde se llevan a efecto las masacres en Gaza. Sobra decir que la comunidad internacional está de plácemes, exultante, por esta noticia que bien podría ser una enorme y justa realidad, si este dictador, tirano y criminal fuese atrapado en alguno de sus viajes al exterior.
Cuando apenas la CPI recibía las peticiones de Suráfrica y otros gobiernos en contra de Israel y su tirano, el Estado judío intentó impugnar dicha captura; pero se adelantaron a la Corte Internacional, y ésta, por medio de la Sala de Cuestiones Preliminares, rechazó por unanimidad la exigencia israelí para que se desechara la idea de capturar a Netanyahu. En acto seguido, el gobierno de Israel alegó ante la misma CPI que no reconoce su jurisdicción; es decir, Israel no es signatario de dicha Corte, y por esa razón puede continuar con su masacre en Gaza, porque la CPI no tiene el alcance para influir en las decisiones que tome el Estado judío. Fue cuando los israelíes exigieron (así como se lee… “exigieron”), a la CPI que detuviera “cualquier procedimiento relacionado con la situación (en Gaza), incluyendo la consideración de las solicitudes de órdenes de arresto.” Un acto de prepotencia, de ese creerse que los judíos están por encima de todas las leyes que la humanidad ha creado para respetarse, regirse y hacer justicia, porque “su dios” les ha dado ese aval de sentirse “y ser” superiores a todo orden establecido por el resto de los hombres. Fue entonces cuando los magistrados internacionalistas rechazaron ad portas esa exigencia, que es otra prueba de que los israelíes se consideran inmunes, intocables y no punibles allí donde sea y cuando llevan a cabo sus crímenes horrendos a los que ya nos tienen acostumbrados desde 1948, cuando comenzaron a arrebatarle sus tierras al pueblo de Palestina.
Y es que ese es el principal desajuste que sufren los judíos alrededor del mundo, o en los países que sus padres elijen para que nazcan sus hijos (fuera de Israel), el de creerse por encima de todas las leyes humanas, como hemos subrayado en las líneas de arriba, y por esa razón son dados a cometer delitos tan infames como las violaciones a jovencitas (recordemos el caso reciente de Jeffrey Epstein), o el mismísimo genocidio que están llevando a cabo en Palestina, en Gaza propiamente. No conformes con ello, están perpetrando otro genocidio en forma paralela en el Líbano, en estos momentos. Y en lo profundo, yacen los mil y resto de judíos secuestrados por Hamás, de los que rara vez habla Netanyahu. Pero si llegasen a morir por una u otra causa, se acabaría su gobierno de facto en Israel y podría ser encarcelado por los mismos israelíes por una serie de violaciones y cuestionamientos causados por él mismo, contra el orden interno de esa nación.
La orden de captura de la CPI contempla también la aprehensión del líder de Hamás, Mohammed Deif, a quien, según la inteligencia israelí, asesinaron en uno de los tantos bombardeos contra Gaza, en junio del 2024. Deif era el jefe del ala militar de Hamás. Sin embargo, su muerte no ha podido ser confirmada y obedece, por ahora, a un rumor de parte del alto mando judío. La Corte Penal Internacional, en tales casos, señala que los tres, Netanyahu, Gallant y Deif, tienen que hacer frente a las acusaciones por crímenes de guerra y de lesa humanidad en la Franja de Gaza.
Los hechos acaecidos desde el 8 de octubre del 2023,
son sumamente claros: para liberar a un poco más de mil rehenes tomados por Hamás, los israelíes han bombardeado y
asesinado –en represalia y obedeciendo a su política de exterminio-, a más de
300,000 ciudadanos palestinos inocentes, entre quienes se hallaban mujeres,
niños, ancianos y hombres de trabajo, ajenos al conflicto armado. En
consecuencia, la Corte Penal
Internacional (CPI), con sede en La Haya, Países Bajos, ha ordenado la
captura del principal implicado en esas masacres y no es otro que el dictador
de Israel, Benjamín Netanyahu y su ex ministro de Defensa, Yoav Gallant. La
Corte ha expresado así su decisión de capturar y juzgar a ambos genocidas: “No
es necesario que Israel acepte la jurisdicción de la Corte, ya que ésta puede
ejercer su jurisdicción sobre la base de la jurisdicción territorial de
Palestina, como se determinó anteriormente. Los Estados no pueden impugnar la
jurisdicción de la Corte, antes de la emisión de una orden de arresto, por lo
que la impugnación de Israel es prematura.” Asevera.
Por otra parte, de acuerdo a la petición del fiscal de la CPI, de arresto de estos individuos, indica que Netanyahu y Gallant son “responsables penalmente como coautores de los crímenes de guerra, de uso del hambre como método de guerra y los crímenes de lesa humanidad de asesinato, persecución y otros actos inhumanos. También se les considera responsables, como superiores civiles, por el crimen de guerra de dirigir de forma intencionada, ataques contra la población civil en la Franja de Gaza. (…) Ambos privaron intencionadamente a la población civil de Gaza, de bienes indispensables para su supervivencia, incluidos alimentos, agua, medicinas, combustible y electricidad, entre octubre del 2023 y mayo del 2024. Ese bloqueo tuvo graves consecuencias, incluida la muerte de civiles, incluidos niños, debido a la desnutrición y la deshidratación.” Cita de manera textual el documento emitido por la CPI.
Fundamentados en lo anterior, en esa orden de captura extensa y explícita, tanto Benjamín Netanyahu como su ex ejecutor de los crímenes masivos en Gaza, su ex ministro de Defensa, Yoav Gallant, podrán y deben ser detenidos y enviados a La Haya sin dilación, por aquellos gobiernos que son signatarios de la Carta de la CPI y sólo estarán seguros cuando viajen a naciones que no estén dentro de la jurisdicción de la misma Corte. Netanyahu, a partir de ahora, si estuviere dentro del gobierno judío o fuera de él, sabe que podrá ser detenido y puesto en una celda para ser juzgado posteriormente en esta nación europea, en Los Países Bajos.
Por su parte, mientras estaba de visita en Amán, Jordania, el alto representante de la Unión Europea (UE), para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, el español Josep Borrell, manifestó al respecto que la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional (CPI), “debe ser respetada y aplicada en todo su peso, ya que se trata de la decisión de un tribunal y no es una decisión política.” manifestaciones las dejó escuchar en rueda de prensa conjunta con el ministro de Relaciones Exteriores de Jordania, Ayman Safadi. Seguidamente, Borrell exigió a Netanyahu que explique “cuál es su solución para el conflicto palestino-israelí; y si éste se trata de la aniquilación de los palestinos, la comunidad internacional no lo aceptará. Si no quieres la solución de los dos Estados –prosiguió Borrell-, cuenta al mundo cuál es tu solución; porque si la solución es la aniquilación de los palestinos, esto no pasará y la comunidad internacional no lo aceptará.” Aseguró el diplomático de la UE.
En acto seguido, al continuar su conversación con los periodistas, Josep Borrell añadió que “la única solución al conflicto es dar a los palestinos un Estado, su dignidad y libertad. No veo ninguna otra solución. Si alguien está en contra de esta solución, parece que Netanyahu está en contra de esta solución, entonces tiene la obligación de explicarnos qué solución quiere. Usted no quiere la solución de los dos Estados, entonces… ¿Qué quiere? ¿Cuál es su solución? Por favor, explíquenos. La respuesta no es una respuesta: es una acción. Ellos no dicen nada… ¡Hacen! ¿Y qué hacen? Es obvio: forzar a los palestinos fuera de sus tierras, expulsarlos. Esto no es una solución, porque siete millones de personas no desaparecerán ni migrarán a la Luna. Se quedarán. ¿Entonces no quiere la solución de dos Estados? Diga a todo el mundo cuál es su solución. Porque la aniquilación de los palestinos no sucederá. Toda la comunidad internacional no lo aceptará.” Puntualizó Borrell, una vez que se dirigió directamente a Benjamín Netanyahu, quien, lo mismo que a Antonio Guterres, el Secretario General de la ONU, los ha calificado, como siempre hacen los judíos, de “antisemitas”, de estar en contra del pueblo judío y poco le ha faltado para encasillarlos dentro del nazismo, una queja recurrente, un argumento pobre de los judíos de hoy y de siempre, contra aquellos que no estamos de acuerdo con sus excesos, sus exterminios masivos, en este caso contra los gazatíes y todo lo que signifique Palestina.
Es evidente que Netanyahu y su grupo, incluyendo a los colonos que arrebatan tierras a los habitantes de Gaza y Cisjordania, no quieren la creación de un Estado palestino, porque la intención, el plan callado que no mencionan, pero que ejecutan clara y concretamente, es el exterminio del pueblo palestino, una acción que han venido haciendo a través de los años y que en los últimos 12 meses se ha intensificado abierta y descaradamente de parte de los genocidas que residen en Tel Aviv.
Para concluir, una faceta de esta problemática humanitaria es la que acaba de denunciar la ONU, en relación con el “saqueo sistemático de la ayuda a Gaza”, mientras ésta llega con mucha dificultad, debido a múltiples obstáculos que ponen los israelíes en perjuicio de los damnificados por los ataques del ejército judío. Lo cierto es que los palestinos desplazados se agolpan para comprar, a muy altos precios, el pan en la única panadería que queda en pie en la ciudad de Jan Yunís. “La situación humanitaria en Gaza se deteriora continuamente –afirma la ONU-, ya que Israel sigue obstaculizando la entrada de ayuda en medio del conflicto. El saqueo de la ayuda humanitaria en Gaza se ha convertido en algo sistemático y debe cesar de inmediato.” Según denuncia hecha por el portavoz del secretario general de Naciones Unidas, después del peor asalto a un convoy de la ONU que fue perpetrado por soldados israelíes en territorio palestino. “Con eso se obstaculizan operaciones humanitarias vitales y se pone aún más en peligro a nuestro personal,” dijo Stéphane Dujarric y añadió: “Además, la oficina humanitaria de las Naciones Unidas dice que prácticamente no se ha entregado ningún alimento ni ayuda humanitaria, al extremo norte de Gaza, durante más de 40 días, debido al asedio del ejército israelí.”
Observadores internacionales coinciden cuando argumentan que la hambruna puede haberse instalado ya en el norte, donde Israel ha estado efectuando una ofensiva que ha abarcado varias semanas, ha matado a cientos de personas y ha obligado a decenas de miles a abandonar sus hogares. En lo que lleva transcurrido el mes de noviembre del 2024, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), informó que 27 de las 31 misiones humanitarias planeadas, fueron rechazadas por Israel, y las otras cuatro se vieron severamente obstaculizadas. Indicó Dujarric y explicó que “las ciudades devastadas como Beit Hanoun, Beit Lahiya y partes de Jabaliya, siguen aisladas.” En lo que se considera el desplazamiento de más de 75,000 palestinos, obligados por los soldados israelíes para que se marchen hacia el sur, y entre sus métodos para que este drama se efectúe, los judíos les niegan la entrega de la ayuda, es cuando el mismo funcionario de la ONU manifiesta: “El flujo de ayuda está casi en el nivel más bajo de todo el conflicto (…). En lo que va de mes (noviembre), Israel dice que ha dejado entrar en Gaza un promedio de 88 camiones al día, menos de la mitad de la tasa más alta en abril. Los grupos de ayuda dicen que sigue siendo demasiada baja.” A ello hay que sumarle el reciente robo de la carga de 100 camiones que llevaban alimentos y otra clase de ayuda humanitaria. Eso hizo que los precios se dispararan y provocara escasez en el centro de Gaza.
Para finalizar el presente reportaje sobre la realidad y actualidad que sufre el pueblo palestino, un Comité de la ONU enviado “al terreno”, para analizar las incidencias de los ataques israelíes, ha emitido un informe en el que pone de manifiesto que Israel “usa el hambre como método de guerra y ha dejado caer sobre la Franja de Gaza más de 25,000 toneladas de explosivos, que es el equivalente a dos bombas nucleares. Los métodos de guerra empleados por Israel en la Franja de Gaza, tienen las características de un genocidio. Las pérdidas civiles masivas y las condiciones impuestas a los palestinos allí, ponen sus vidas en peligro de manera intencionada. Con su asedio a Gaza –continúa el informe- la obstrucción de ayuda humanitaria, los ataques selectivos y matando a civiles y trabajadores humanitarios, a pesar de los reiterados llamados de la ONU y eludiendo órdenes de la Corte Internacional de Justicia y las resoluciones del Consejo de Seguridad, Israel está, intencionadamente, causando la muerte, hambre y heridas graves a la población de Gaza. Israel usa el hambre como método de guerra e inflige un castigo colectivo a la población palestina.” Concluye el amplio documento.
Los detalles anteriores sólo corroboran las ansias de crimen que persisten en el alma de Benjamín Netanyahu y que han servido para observar en el teatro de los asesinatos masivos, con toda claridad, esa intencionalidad y práctica de parte del dictador judío. De ahí la orden de arresto emitido por la Corte Penal Internacional con sede en La Haya, Países Bajos, un tribunal que fue creado sobre la base de un tratado internacional de 1998 y al que se han adherido 124 países del mundo. Es por esa razón que Netanyahu podría ser detenido si viajara a alguna de esas naciones signatarias, porque están obligadas a hacerlo y entregarlo a la justicia por ser el peor criminal del Siglo XXI, a todas luces.
LONDRES, Inglaterra-(Especial para The City Newspaper) Era el hijo preferido de la Reina Isabel II; pero con tan poca estima hacia su madre, que le causó la muerte, debido al enorme disgusto que le proporcionó estando ella demasiado anciana para soportarlo. Incluso, de una de las cuentas bancarias de la fallecida Reina, salió la millonaria suma que tuvo que pagar para que su hijito Andrés, ex Duque de York, no fuera a juicio y eventualmente a prisión, por haber abusado de una jovencita menor de edad, en una de las mansiones-prostíbulos propiedad del pederasta judío, Jeffrey Epstein, tan de moda en los últimos años, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos. Una basura con pies, que andaba por este mundo causando daño a las muchachas, a quienes gustaba desflorar y explotar en todas las formas posibles que permite la sexualidad fuera de control y proveniente de mentes depravadas. Parte de ese dinero cuantioso salió también de las cuentas del actual Rey de Inglaterra, Carlos III.
Pues el fétido y arrogante Príncipe Andrés, cuyo título le queda demasiado grande, sigue en problemas, a pesar, dijimos, de la suma millonaria que pagaron su madre y su hermano a la ofendida, una joven californiana llamada Virginia Giuffre, y a la renuncia a casi todos sus títulos nobiliarios, esos que suele ponerle la aristocracia encima a cada uno de sus miembros, como si se tratase de medallas honoríficas o prendas de vestir; es decir, a entero capricho de esa clase social parasitaria que subsiste en Inglaterra y otras naciones, principalmente por la estupidez de sus pueblos que suelen creer en ellos, admirarlos (!) y por supuesto… mantenerlos, pagándoles todos sus caprichos, lujos y demás gollerías a las que están acostumbrados estos Príncipes fétidos, reyezuelos y demás.
Ha sido de tal magnitud el escándalo, que los libros que los críticos y detractores de esta monarquía han escrito en el pasado, se han quedado “cortos”, debido a que todo ese cotilleo en sus páginas no es siquiera lo suficientemente fuerte como lo que ha salido ahora a la superficie de los desagües de Londres y Nueva York y en lo que está embarrado hasta su falsa corona, Andrés, ex Duque de York.
Últimamente fueron publicados correos electrónicos enviados por Andrés al pedófilo judío Jefrey Epstein, que, además de causar un profundo asco por la inmoralidad implícita en cada uno de ellos, dan motivo a la náusea de las personas decentes que los han leído. Veamos… después de que la prensa de las islas británicas publicó una foto de Andrés junto a una de las víctimas de sus abusos sexuales, propiamente el periódico The Mail on Sunday, este tipo se dedicó a escribirle al judío, gran amiguete suyo, en el que le dice en uno de esos mensajes que también ha salido a la luz pública: “¡Estoy igual de preocupado por ti! –Le dice al hebreo Epstein- ¡No te preocupes por mí! Pareciera que estamos juntos en esto y tendremos que superarlo!” Es decir, “juntos” en orgías, actos de pederastia con las muchachas que fueron previamente engañadas por el judío y su mujer, Ghislaine Maxweell, hoy en prisión, y principalmente por las declaraciones que dio a la prensa Virginia Giuffre, quien fue una mujer que estuvo siempre en desgracia, ya que fue abusada por el judío pedófilo y sus amigos y después, al marcharse a Australia, se casó con un tipejo violento que le pegaba y maltrataba en toda forma posible y acabó suicidándose en su granja, en abril del 2025, a los 41años de edad. Pero antes de que llevara a cabo su determinación, obtuvo una millonada de libras esterlinas de parte de la Reina Isabel II y del entonces Príncipe Carlos, para evitar que su hijito y hermano respectivamente, el enfermo sexual Andrés, fuese a prisión. Giuffre, en el 2022 alcanzó un acuerdo extrajudicial con la Casa Real británica, después de que su abogado conversó con el de Andrés (éste siempre negando las acusaciones, tal y como se esperaba); pero acabó perdiendo sus títulos Reales y su reputación quedó por los suelos a raíz de este escándalo. Ella acusó previamente a Epstein, a su cómplice y ex pareja, Ghislaine Maxwell, de traficar con ella, entregándola a hombres ricos y poderosos, incluido el “Príncipe” Andrés, cuando era adolescente.
De regreso al tema del eMail de Andrés al pedófilo judío Epstein, continúa: “Por lo demás, mantente en contacto. ¡¡¡¡¡¡Y pronto jugaremos un poco más!!!!!! A, Su Alteza Real el Duque de York.” Así firmó el sucio “Príncipe” (nótense las comillas) y empleó también la abreviación de su título de caballero de la Orden de la Jarretera, prestigioso cargo que ostentaba desde el 2006 y al que tuvo que renunciar debido a todo este escándalo que ha cruzado el Océano Atlántico, para tener eco en los Estados Unidos.
A juzgar por el texto anterior, en la intención de Andrés, “jugar un poco más” se refería a seguir en las orgías con menores de edad, en el futuro cercano. Ese correo, pues, significó para Andrés el inicio de su caída, el deterioro de su imagen pública y el descubrimiento de sus prácticas recurrentes de orden sexual, que llevó a cabo durante sus múltiples viajes alrededor del mundo, cuando no concebía quedarse solo en su cama de hotel, por las noches, y procedió a seducir (pagando dinero desde luego) a empleadas de los mismos hoteles, mujeres que conocía en las recepciones y a toda aquella que estuviera dispuesta a acostarse con “un Príncipe” verdadero, sin reponer que, en realidad, era una basura tan nauseabunda y detestable como la peor.
The Mail on Sunday calificó el anterior correo electrónico enviado por Andrés de “escandaloso”; y, además, el redactor del reportaje verificó el eMail con los documentos judiciales existentes y halló que coincidía plena e irrefutablemente. La reacción de Andrés fue mantenerse en el mayor de los silencios, sin emitir comentarios acerca de la información publicada por el prestigioso periódico londinense.
El correo fue enviado por el ex Duque de York al pedófilo judío, tres meses después de que ambos se distanciaron, debido a que la policía estadounidense e Interpol le pisaban los talones al hebreo, por causa de su actividad como pederasta y que había trascendido la intimidad de sus casas. Además, el mismo eMail evidencia que el “Príncipe” (el sucio Príncipe), mintió en su famosa entrevista concedida a la BBC de Londres, en la que aseguró que “nunca, nunca, nunca, nunca,” tuvo contacto con el judío, delincuente sexual, a pesar de que hay fotografías, como aquella en la que se les puede ver cuando caminaban juntos por Central Park de Nueva York, en diciembre del 2010.
En estos momentos, cuando todo ha comenzado a ponérsele “cuesta arriba” al ex Duque de York, el “niñito mimado de su madre”, debe pesarle el haber pagado la cuantiosa suma a la mujer californiana de quien él abusó, cuando era ella apenas una adolescente, porque ese pago cuantioso no sirvió gran cosa para acallar las acusaciones y confesiones que las gentes, testigos e involucrados, han ido sacando a la luz, en el devenir. De hecho, poco después de que Virginia Giuffre se quitara la vida, apareció otra revelación que ensucia todavía más al ex Duque de York, esta vez de parte del periodista James O’Keefe, quien publicó una cinta de grabación hasta entonces secreta, en la que el empresario estadounidense, John Bryan, quien formaba parte del círculo íntimo de la familia Real británica, confiesa que Andrés se acostaba con menores de edad.
El comunicador de prensa declaró también que el ex Duque le había mentido sobre su involucración en los actos sexuales con niñas: “Sabía que el Príncipe Andrés vio a Epstein (el delincuente sexual judío); pero me mintió en cuanto a esa amistad que era tan estrecha entre los dos. Luego hice un gran gesto diciendo en The Daily Mail (otro periódico inglés), que le creía a Andrés. Y luego descubrí que estaba mintiendo.” La periodista que tomaba nota de la declaración de O’Keefe, le cuestionó seguidamente: “¿Mintiendo sobre qué? ¿Sobre lo de acostarse con niñas menores de edad?” A lo que él respondió directamente: “el Príncipe Andrés se estaba follando a niñas menores de edad. Eso no está bien.”
La decepción del periodista se fundamentó en el hecho de que Andrés lo había convencido en otras conversaciones, de que era inocente de tales acusaciones y por esa razón apoyó públicamente a Andrés, porque creía, a las claras, que era inocente. Incluso confesó que elaboró una estrategia de relaciones públicas, en un texto de cinco páginas, y que difundió por todos los periódicos, estaciones de televisión y radioemisoras de Gran Bretaña, para ayudar al Príncipe a mitigar aquella crisis; y le aconsejó también expresar empatía por las víctimas de conductas inapropiadas de Epstein y que se mantuviera firme en su propia inocencia. Todo esto a pesar de las fotografías que se iban publicando de continente a continente y que mostraban a Andrés muy sonriente, en compañía del delincuente sexual Epstein y tomando por la cintura a alguna de las muchachas explotadas sexualmente.
Cuando salió del “embrujo” (entiéndase engaño) al que fue sometido por Andrés, mediante sus mentiras, O’Keefe estudió con profundidad el caso de Virginia Giuffre, quien comenzó a ser la víctima de trata del pederasta cuando apenas transitaba por los 16 años de edad, después de haber sido reclutada por Ghislaine Maxwell (quien cumple una condena en USA por 20 años de prisión), exactamente en el complejo de Mar-a-Lago, propiedad de Donald Trump, actual presidente de los Estados Unidos.
Para colmo de males para Andrés, han salido a la opinión pública las memorias póstumas de Virginia Giuffre, en las que se puede leer, sin “medias tintas”, toda la verdad de la participación del ex Duque de York en las mansiones del delincuente sexual, Jeffrey Epstein. Dicho libro es, a no dudar, un quebradero de cabeza más para la familia Real británica, debido a las constantes menciones que se hacen en este volumen escrito sobre el hijo de la fallecida Reina Isabel II. En concreto, Giuffre, quien, debido al mismo título de su libro, ahora es conocida con el sobrenombre de “la chica de nadie” (y de todos a la vez, en la cruel realidad en la que la introdujeron), vincula al Príncipe Andrés en una serie de actos sexuales que han sido difundidos nada menos que por la mismísima BBC de Londres, en el corazón mismo del Imperio británico. Ha sido una filtración que, ni lerdos ni perezosos, los ingleses de esa cadena radial y televisiva, han dado a conocer al gran público. Una razón fortísima para que Andrés, sino no optase por el suicidio, se aísle cada vez más de lo que ya lo ha hecho en su vida privada y no se deje ver por nadie, ni ver él tampoco a nadie.
La verdad es que esas memorias detallan los excesos de una red de abuso sexual, dominada por miembros de un grupúsculo (casi todos sus componentes millonarios deshonestos, con fortunas mal habidas incluso), en el que Epstein y su expareja Ghislaine Maxwell, eran el eje de ese conglomerado de depravados. En específico, Giuffre describió en el libro su primer encuentro con Andrés, en marzo del 2001, además de una serie de siniestros encuentros sexuales coordinados con el mismo Andrés, por Epstein y Maxwell: “El día de mi primer encuentro sexual (con Andrés), Maxwell me despertó –entonces con 17 años de edad-, anunciándome que sería ‘un día especial’ y que, como ‘Cenicienta’, conocería a un ‘apuesto Príncipe’. ‘Mis hijas son un poco más jóvenes que tú’, me dijo Andrés apenas conocerme.”
En otro trazo del mismo libro, Giuffre relata haber tenido relaciones sexuales con el Príncipe en dos ocasiones más, la última en una orgía en la que también participó Epstein y varias jóvenes más. Fue en la famosa isla que pertenecía al depredador sexual judío. “Epstein, Andy (Andrés) y aproximadamente otras ocho chicas jóvenes y yo, tuvimos relaciones sexuales juntos. Yo tenía cerca de 18 años. Las mujeres parecían menores de edad y no hablaban inglés. Creí que podría morir siendo esclava sexual.” Expresó esta mujer de origen estadounidense y que murió en Australia, país al que fue a residir.
Es evidente que Andrés, el hijo menor de la fenecida Reina Isabel II, se siente acorralado y sin salida alguna de esta nefasta situación en la que él mismo se ha metido, al haber elegido como amigo a un delincuente sexual, llamado Jeffrey Epstein. De hecho, la aparición del libro de memorias de la víctima Virgina Giuffre, ha sido algo así como “el último clavo del ataúd” para Andrés y las aspiraciones que podía tener todavía en su vida personal y dentro de la nobleza británica. Lo cierto es que él creyó que, con la millonaria suma de dinero que pagaron su madre y su hermano, el ahora Rey Carlos III, a la ofendida Giuffre, la vida regresaría a su normalidad anterior; pero no ha sido así, según vemos.
Y en cuanto a esa cantidad de dinero, no ha sido revelada oficialmente en el monto; pero The Daily Telegraph, otro famoso periódico inglés, estima que podría ascender a los 12 millones de libras esterlinas (unos US$16,3 millones). Y dos millones de libras fueron a dar a las arcas de la organización benéfica fundada por Virginia contra el tráfico de menores de edad, con fines de explotación sexual. En todo caso, la cantidad fue astronómica; pero el agravio fue tanto, que se convirtió en algo irreparable y mucho menos, solucionable mediante el dinero.
Y al verse “entre la espada y la pared”, la decisión tomada por Andrés ha sido la de renunciar a su título Real y así lo ha descrito el mismo implicado en el escándalo de ribetes mundiales: “Tras conversar con el Rey (Carlos III, su hermano mayor) y mi familia, concluimos que las acusaciones constantes hacia mí (que son perfectamente con fundamento), perjudican el trabajo de Su Majestad y la familia Real. (Por lo tanto) decidí, como siempre lo he hecho, dar prioridad a mi deber con mi familia y mi país.” Si esto último, “prioridad a mi deber con mi familia y mi país” fuese cierto, no hubiera incurrido en el gravísimo error en el que incurrió, al cederle su amistad, sin límites, al pedófilo judío y su esposa y lo que fue más grave… participar en sus fiestas vulgares, en las que se desfloraba a jovencitas en contra de la voluntad de ellas, evidentemente engañadas por los delincuentes sexuales.
En concreto, Andrés, con 65 años de edad, ha perdido su título de Duque de York, con efecto inmediato; esto, tras haberse retirado completamente de la vida pública después de una escandalosa entrevista por la televisión británica, que concedió en el 2019, en la que no mostró arrepentimiento por su amistad con Epstein, ni la menor empatía por las víctimas del acaudalado judío. Pero, ¿Cómo iba a mostrar arrepentimiento, si esas prácticas sucias las venía efectuando allí donde estuviera: con camareras de hoteles, meseras de restaurantes y toda aquella mujer que se dejara engatusar por este sujeto enfermo sexual o por sus emisarios que le servían para los mismos propósitos; es decir, transmitirle a las mujeres los deseos obscenos de su jefe, el Príncipe? Y esos deseos eran acostarse con cuanta mujer se lo permitiera. Algo cotidiano en él, algo “normal” y que su alto estatus económico y su posición dentro de la aristocracia británica se lo permitían.
Ahora, el consejo que se le puede dar a Andrés es que “no asome siquiera la cabeza dentro de Gran Bretaña,” pues los súbditos de su familia, esos ingenuos que creen y se sienten enamorados de la familia Windsor, podrían destaparle los sesos con un disparo certero. En tal caso, ¿Podría ser el exilio –lo mismo que el Rey español Emérito, Juan Carlos de Borbón, quien se auto-exilió en Abu Dabi, el Emirato árabe-, la determinación que le podría devolver a Andrés parte de su antigua paz, su reinserción en esa nueva sociedad y algo del respeto que ha perdido totalmente en Inglaterra? A lo mejor… ¿Quién lo sabe?
Ciertamente, desde noviembre del 2019, Andrés no desempeña ningún papel público, perdió sus títulos militares y patronazgos Reales en el 2022. Pero el título más importante, el de “Príncipe”, lo podrá conservar por ser el hijo menor de Isabel II, la Reina fallecida. Desgraciadamente para él, hay fotos que le muestran feliz disfrutando de las menores de edad, mientras el delincuente sexual Epstein le mira sonriente; hay también correos electrónicos firmados por Andrés, dirigidos al pedófilo, en los que le subraya su amistad; hay testigos presenciales, crónicas extensas en casi todos los periódicos británicos, entrevistas filmadas en televisoras de su país y por último… este libro autobiográfico escrito por su víctima preferida, Virginia Giuffre, a quien pagó por su silencio y por ver si podía resarcir su antigua vida dentro de la nobleza inglesa, un cálculo deshonroso que le falló también.
Desde Australia, donde ahora reside, la familia Giuffre, además de pedir que se le despojara al Príncipe de todos sus títulos, incluyendo el de “Príncipe”, está insistiendo en que se le quieten todos sus privilegios que le pudieren quedar, como residir en el Royal Lodge, ubicado en los terrenos del Castillo de Windsor, en las afueras de Londres; y la respuesta del gobierno británico fue: “esta cuestión sólo atañe a la Casa Real.” Y el ministro de Energía, Ed Miliband, avanzó que “el Ejecutivo se dejará guiar por el palacio y la familia real. Obviamente, todas nuestras condolencias en este momento están con Virginia Giuffre y su familia, en relación a este conjunto de cuestiones realmente preocupantes.” Argumentó a la cadena Sky News.
Empero, para caer todavía más profundo en este abismo en el que ha caído Andrés, ex Duque de York, la policía inglesa está investigando si este sujeto trató de obtener información de Virginia Giuffre, con el propósito de desprestigiarla. En concreto, varios medios de prensa británicos han divulgado recientemente que Andrés buscó información personal de su “némesis”, la californiana Giuffre, después de que ésta le acusara de obligarla a tener sexo con él, cuando era menor de edad. La Policía Metropolitana de Londres (MET, en inglés), manifestó en un comunicado oficial que “examinamos activamente la posibilidad de que el Príncipe Andrés, recurrió al cuerpo (su escolta policial) para recabar información sobre Virginia Giuffre, su presunta víctima de abuso sexual. Estamos al tanto de las informaciones de los medios de comunicación y estamos investigando activamente las acusaciones realizadas.”
Fue el tabloide Mail on Sunday, ya mencionado en este mismo reportaje, el que publicó que Andrés pidió a un guardaespaldas de su servicio de protección policial, que investigara a la mujer, después de proporcionarle la fecha de nacimiento y el número de la seguridad social de la californiana. El mismo periódico afirma que Andrés intentó “sacar los trapos sucios de Virginia Giuffre, escarbando en su vida privada.”
Adicional a lo anterior, el también periódico inglés The Guardian, publicó extractos del libro póstumo aquí referido, en los que se relatan los encuentros de Andrés con la víctima sexual, en Londres, Nueva York y en la isla privada del judío en las islas Vírgenes, cuando la joven era menor de edad y era coaccionada por el magnate y su colaboradora, Ghislaine Maxwell.
Según era de esperar, aquí no finaliza todo, porque se espera mayor escándalo cuando aparezca en el resto del mundo el libro de Virginia Giuffre, intitulado: “Nobody’s Girl: A Memory of Surviving Abuse and Fighting for Justice” (cuya traducción al castellano es: “Chica de nadie: Memorias de una sobreviviente del abuso y mi lucha por la justicia”). Obra co-escrita con Amy Wallace, una famosa periodista.
De acuerdo con la crítica literaria, periodística y policial, estas memorias póstumas son “un retrato devastador del poder, la corrupción y los abusos detrás del caso Epstein. Este libro deja al descubierto el impacto devastador de los crímenes de Jeffrey Epstein, pero también cuentan la historia de cómo una joven se convirtió en heroína.” Ha descrito un periódico europeo.
En esencia, existe un hilo conductor dentro de la obra, en el que la activista por la lucha contra la trata de mujeres menores de edad, se enfrenta a algo más insidioso que el abuso; es cuando ella dice en sus páginas: “Sé que es mucho para asimilar (su propia mala experiencia, específicamente cuando detalla cómo fue abusada sexualmente, siendo apenas una niña); pero, por favor, no dejen de leer.” Y tras relatar la primera vez que Epstein la obligó a tener relaciones sexuales con uno de sus amigos multimillonarios, Virginia escribió dirigiéndose a sus lectores: “Necesito un respiro. Apuesto que ustedes también.”
La verdad es que este es un libro sobre el poder, la corrupción, el abuso sexual a escala industrial y la forma cómo las Instituciones se pusieron del lado del agresor en lugar de las víctimas. Según el periódico británico The Guardian, que está publicando el libro en tractos, la narrativa de Virginia seduce, se disculpa y quiere suavizar el disgusto que provoca esta historia. Y observado en su verdadero contexto, la denuncia de Giuffre sirvió para presionar a las autoridades policiales para que no dejaran nuevamente en libertad al pedófilo Epstein, lo encarcelaran y le hicieran esperar juicio, del que finalmente escapó tras suicidarse en su celda en Manhattan; y después ocasionó la captura de Ghislaine Maxwell, quien deberá estar tras las rejas por espacio de 20 años. Estos hechos, en gran medida, reiteramos, fueron posibles debido al testimonio de la valiente Virginia, la niña abusada que se convirtió en heroína en su edad adulta.
En el caso de Amy Wallace, la periodista que la acompañó en la redacción de este libro, la ayudó para que la lectura fuera hábil e inteligente; y, principalmente, para combatir aquel nefasto pensamiento de que la “víctima de violencia sexual es, en el mejor de los casos, compadecida; y en el peor, vilipendiada.” Incluso, amigos del pedófilo hebreo Epstein y de Andrés, han dicho lo que el Daily News ha reproducido: “La acusadora de Jeffrey Epstein no era una esclava sexual, sino una gatita sexual ávida de dinero, según dicen sus antiguos amigos.”
Y en uno de los trazos más impactantes del libro, Virginia narra: “Uno de los muchos hombres con los que Epstein me obligó a tener relaciones sexuales como ‘político’ y ‘antiguo ministro’, me estranguló y golpeó hasta dejarme inconsciente; pero es demasiado poderoso para nombrarlo. Cuando se lo conté a Epstein lo violento que había sido el hombre, él me respondió fríamente: ‘a veces te pasa eso’.”
La ex esposa de Epstein y celestina que le facilitaba las jovencitas que ella observaba caminando por las calles de Nueva York, mientras iba en su lujoso auto, hoy en día se halla en prisión como hemos resaltado a lo largo de este reportaje. En un principio, confesó –y se mostraron fotos fidedignas-, que Donald Trump era gran amigo del judío pedófilo y participaba en las fiestas sexuales que se organizaban tanto en Mar-a-Lago como en las mansiones del pederasta; pero cuando Trump asumió por segunda vez la presidencia de los Estados Unidos, convirtiéndose en el individuo más vulgar en ostentar tan elevado cargo, Ghislaine fue cambiando su narrativa y ha negado que haya mencionado en alguna ocasión anterior al actual mandatario. El mensaje es claro: ella quiere que Trump, agradecido, la saque definitivamente de la prisión en Texas, donde purga condena de 20 años.
De hecho, la última apelación hecha por los abogados de Maxwell, fue rechazada a mediados del 2025; y el relato en el libro de Giuffre complica más las cosas para la celestina, porque la aleja cada vez más del deseado indulto que desea. Veamos: “Fue Maxwell –o ‘G Max’, como insistía en que las chicas la llamaran-, quien me descubrió, cuando yo trabajaba como asistente de vestuario a mis 16 años en Mar-a-Lago (la residencia de Trump en La Florida), en el año 2,000, y me llevó a la casa de Epstein para ser ‘entrevistada’ como posible masajista (¡?). Fui obligada a tener relaciones sexuales con Epstein ese día y, tanto entonces como en las agresiones posteriores, Maxwell participó. Ella comenzó a agredirme durante nuestros tríos. Si me quejaba, me hacía más daño. Me habían sexualizado contra mi voluntad y había sobrevivido aceptándolo. Era complaciente, incluso cuando complacer a los demás me costaba muy caro. Durante diez años, los hombres habían encubierto el abuso que yo sufría con un falso manto de ‘amor’. Epstein y Maxwell sabían exactamente cómo aprovechar esa misma vena retorcida.”
Retornando al Príncipe Andrés, Virginia Giuffre confirma en su narrativa que fue obligada a mantener relaciones íntimas con él, hasta en tres oportunidades, una de ellas en el contexto de una orgía en la isla propiedad de Epstein: “Nos desnudamos y nos metimos en la bañera, pero no estuvimos allí mucho tiempo, porque el Príncipe estaba ansioso por ir a la cama… Según recuerdo, todo duró menos de media hora.” Narró.
En cuanto a la personalidad del judío Jeffrey Epstein, cita el libro que Melinda Gates, la ex esposa de Bill Gates, asiduo visitante de estas mansiones también, contó cómo había sido aquel momento cuando se encontró con el pedófilo: “Me arrepentí en cuanto entré por la puerta. Era repugnante. Era la personificación del mal.” Así describió al pederasta, anfitrión de aquellas gentes, todos ellos millonarios, quienes disfrutaban “en grande” del sexo que aquel les proporcionaba con las menores de edad.
Un detalle a tener en cuenta fue el que sucedió aquel 1 de abril, cuando Virginia escribió a “su socia” en esto de redactar la obra literaria, la periodista Wallace: “Es mi más sincero deseo –le dijo-, que esta obra se publique, independientemente de mis circunstancias en este momento.” Esas “circunstancias” eran las golpizas que su esposo le propinaba y que lanzaron a Virginia Giuffre a cometer suicidio pocas semanas después de haber escrito su mensaje a su amiga Wallace. Dejó tres hijos, cuando su cuerpo sin vida fue encontrado en su remota granja en Australia. Sus abogados habían dicho en la demanda interpuesta contra el pedófilo Epstein, en el 2009, que “las lesiones que sufrió (Virginia), como consecuencia de los abusos, incluían la pérdida de la capacidad de disfrutar de la vida y eran de una magnitud tal, que tenían naturaleza permanente.” El libro se ha publicado finalmente y la ha sobrevivido a ella. Una denuncia contra la trata de mujeres y su explotación sexual de parte de sujetos con extremado poder económico.
Las pesadillas en la vida real no dejan de lado a este individuo, porque está frente a otro escándalo que no sabemos si lo podrá resistir: lo han vinculado con el cabecilla de un grupo de agentes (espías) que están al servicio del gobierno chino. Es decir, el ex Duque de York estaría implicado en una red de espionaje que Beijing ha extendido sobre toda Gran Bretaña. Este nuevo episodio se suma al escándalo que ya lleva sobre sí Andrés y que se ha alargado por 10 años y que hemos narrado en los párrafos anteriores.
Ahora, es un tema de espionaje en el que estaría involucrado y cuyas revelaciones van saliendo poco a poco, día tras día, en la prensa de Inglaterra, atrapando la atención del ciudadano ávido de esta clase de noticias, que lo sacan de su “modorra” cotidiana. Tanto los periodistas, como los políticos y analistas británicos, coinciden en el hecho de que este podría ser un incidente más serio que el caso Epstein, debido a que afectaría a la política exterior y de seguridad del Reino Unido, incluyendo, por supuesto, al primer ministro, el laborista Keir Starmer; y hay quienes aseguran que, de ser cierto lo que se ventila ahora mismo, Andrés podría ingresar a prisión, acusado de alta traición al Imperio británico y/o a los intereses de su país.
En concreto, Andrés tuvo tres encuentros con Cai Qi, miembro del Politburó del Partido Comunista chino y jefe de Gabinete del presidente de ese país asiático, Xi Jinping. Dichas reuniones se celebraron en el 2018 y el 2019. En aquellos años, el Príncipe visitó China, acompañado por una delegación británica, en la que estaban personalidades como la entonces ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon; y el líder del Partido Laborista de Inglaterra, Jeremy Corbyn.
En el 2019, Andrés viajó a esa nación dos veces más y se reunió con Cai y lo invitó, incluso, a visitar el Palacio de Buckingham. Así según crónicas aparecidas recientemente en el diario conservador inglés, Daily Telegraph. Este mismo periódico insinúa que la relación amistosa con el chino Cai, “no parece casualidad.” Además, este dirigente chino parece ser el destinatario de información obtenida por dos espías británicos, que son el empleado del Parlamento de Westminster, Christopher Cash; y el profesor de inglés en China, Christopher Berry. De este último dice la fiscalía inglesa que, pese a ser sólo un maestro, se reunió con Cai en el 2022 y reclutó a Cash como espía. Pero en abril del 2024, ambos espías fueron detenidos y acusados de violar la Ley de Secretos Oficiales. Se les fijó un juicio que comenzó el pasado 6 de octubre, con una duración aproximada de seis semanas. Ambos espías ingleses se exponían a condenas de 14 años de cárcel cada uno.
El alto funcionario chino, Cai Qi, movía los hilos del espionaje, especialmente los de Berry, y éste dirigía a Cash, según se ha sabido por las investigaciones policiales; sin embargo, súbitamente, a falta de tres semanas para que comenzara la vista oral, la Fiscalía británica retiró los cargos alegando falta de pruebas. Esta decisión desató una tormenta política, con la oposición acusando al primer ministro Starmer de interferir en la Justicia, con el afán de proteger las relaciones económicas del Reino Unido con China.
La prensa británica ha publicado en estos días lo siguiente: “En este juego de espías, lo último que faltaba era un miembro de la familia Real, máxime cuando este ya ha tenido una amistad con otro ciudadano chino, Yang Tengbo, a quien, desde 2023, se le prohíbe la entrada en el Reino Unido por sus actividades como espía.” En todo caso, nadie ha presentado ninguna acusación contra Andrés, ni en el asunto con Tengboo ni en el de Cai; pero su falta de transparencia en lo que atañe a sus encuentros con el dirigente y el espía chino, han creado controversia y sospechas en este sujeto, hermano del Rey británico, quien atraviesa por el peor momento de su imagen pública.
Sea un problema más o no lo sea, lo que ha quedado clarísimo es que Andrés, el hijo preferido de la fallecida Reina Isabel II, es proclive a entablar amistad con individuos fuertemente cuestionados y que le han atraído problemas gravísimos que afectaron la salud de su madre y han puesto a toda la familia Real en el ojo de la opinión pública mundial y en la peor de las opiniones generales.
Si sale bien de todo este maremágnum de acusaciones y señalamientos, lo mejor para Andrés es el ostracismo, alejarse por completo del ojo público y mediático, quizás marcharse del país hacia sitios más tranquilos y reanudar su vida aspirando solamente a ser “ciudadano.” No más que eso. Pues la armonía interior, la paz espiritual, la verdad… es invaluable. Tanto como la libertad que está a punto de perderla también.
