LA CIUDAD




CHERNÓBIL, Ucrania-(Especial para The City Newspaper) Cualquier antepasado nuestro hubiese creído que se estaba filmando una de esas tantas películas de desastres, que tanto les gustaban a los productores de Hollywood de los años 60, 70 y 80; y que alcanzó un costo económico extraordinario, fuera de todo registro en comparación con otras producciones realizadas mucho tiempo atrás. Que la actuación de los personajes fue impecable; que el realismo superó a la ficción y que la misma fantasía se confundió con el dramatismo impreso en los libretos.
Pero para los cinéfilos desgraciadamente no fue ilusión causada para la gran pantalla del cine, sino que ocurrió en la realidad y fue algo para no congraciarse, ni aplaudir ni hacer comentarios favorables hacia los protagonistas de esta terrible historia.
Hace 40 años, en la planta nuclear de Chernóbil, en Ucrania, el desastre causado por la impericia y las limitaciones propias del ser humano, fue toda una lección para el resto de los congéneres que observaron estupefactos la explosión del reactor número 4 y que diseminó la energía nuclear por los cielos de Europa. Un acontecimiento que se debe recordar hoy, cuando han pasado cuatro décadas; y también en lo que dure el ser humano sobre la superficie de la Tierra. Que sirva de ejemplo para respetar y asegurar el uso de la energía nuclear o, como decidieron hacer los alemanes, descartar para siempre esa clase de energía y apostar por la eólica (el viento) y otras nada peligrosas.
Desde que los soviéticos derrotaron a las tropas alemanas durante la invasión de éstas a la URSS, se consideraron una potencia invencible, la mayor de cuantas existían a partir de los años 40. Comenzaron a invadir otras naciones, apoderarse de la mitad de Europa, sojuzgar a otros pueblos, tratar de encabezar la carrera espacial y crear el arsenal más poderoso y peligroso del mundo. Los soviéticos se creyeron más que los dioses, de esos que nos narra la mitología griega, de la antigüedad clásica.
De hecho, se decía en aquellas épocas que el mundo era bipolar, que estaba dominado por dos grandes superpotencias, rodeadas por dos grupos de países, también poderosos, pero inferiores en otros aspectos y por ello funcionaban en condición de satélites. Se decía que la Unión Soviética estaba en el primer lugar en el aspecto militar; y los Estados Unidos en el económico (capitalismo). Y en apariencia así se creía y tendía a suceder.
Por eso los rusos (o soviéticos), abusaban de la debilidad de otros gobiernos y países y procedían a invadirlos, amenazarlos o infiltrar el comunismo en sus formas de vida. Incluso, la esfera de influencia de los rusos llegó a tales niveles, que grandes partes de Asia, Europa y África, habían sido permeadas por la ideología y el temor que despertaban los marxistas-leninistas llegados desde Moscú. Y en América Latina, los estadounidenses en la Casa Blanca, tenían que hacer ingentes esfuerzos porque la influencia rusa no se apoderara de este subcontinente, donde ya tenían “algunas cabezas de playa” en los casos de Nicaragua, la guerrilla en El Salvador y en la también temible Cuba de Fidel Castro. A duras penas, el gobierno de Richard Nixon logró derrocar al dictador comunista chileno, Salvador Allende, “apagando una hoguera” que prometía incendiar al cono sur de la región.
De esta manera, el poderío soviético inducía a combatirlo, a derrotarlo allí donde se posara y luchar incansablemente por su desaparición, porque una máxima era cierta: o vencían ellos y esclavizaban a la humanidad entera; ganaban la llamada “guerra fría” y todos los focos de guerra de guerrillas donde también se encendían con el auspicio de los soviéticos, o quedaba gananciosa la democracia y el capitalismo como formas libertarias de vida.
Sin embargo y de manera inesperada, insólita e inexplicable, se dieron tres factores que derrumbaron a la Unión Soviética (URSS) desde sus entrañas: 1. la muerte del hierático e inflexible primer ministro, Leonid Brezhnev, que causó la elección del reformista Mijail Gorvachev, quien comenzó a delinear un nuevo país con sus ejes conocidos como “Perestroika” (libertad), y “Glasnost” (transparencia), y que no eran otra cosa que “descarrilar este tren” que iba bastante equivocado en sus objetivos y destino y comenzar de cero con un gobierno, ideología y país completamente nuevo. 2. La invasión a la vecina Afganistán para sostener a su dictador de ideología comunista, fue para el supuestamente invencible ejército soviético, un auténtico “baño de agua fría” que develó su inoperancia, su falta de profesionalismo, su malformación y su desmotivación bélica, algo que se puede observar también ahora, en los militares que han invadido Ucrania y que son los herederos de aquellos soviéticos que fueron derrotados por los guerreros islámicos, llamados muyahidines, armados por los Estados Unidos con los famosos misiles stinger, disparados desde los hombros de los combatientes; y guiados por un personaje que iba a ser relevante en el futuro cercano, con el nombre de Osama bin-Laden, quien se prometió expulsar a los rusos de las “tierras sagradas del Islán.” Tal y como lo haría al cabo de esta guerra aparentemente tan desigual. Y 3, la explosión de la central nuclear de Chernóbil, tragedia que los soviéticos quisieron ocultar, usando todos los medios de amedrentamiento y control de los informadores de la prensa; pero la nube radioactiva era tan densa y se esparcía tan velozmente por los cielos europeos, merced del empuje del fuerte viento, que los escandinavos, especialmente los suecos, dieron la voz de alerta, de alarma, de que algo había sucedido en el Este de Europa y tenía aspecto de un inédito y terrible accidente.
Esos tres golpes puntuales que hemos reseñado aquí, hicieron doblar “las rodillas” al gigante que era la URSS y cayó hacia el suelo finalmente, para no levantarse nunca más.
No hay que resaltarlo mucho ni explicarlo en demasía tampoco, para decir que la planta nuclear de Chernóbil era algo así como “la joya” de la ciencia soviética, el pináculo de la investigación, producción y elaboración nuclear de esta superpotencia que, en el momento del desastre atómico, ya había sido expulsada de Afganistán, en una derrota sólo comparable con la de los estadounidenses en Vietnam; y en la URSS gobernaba el reformista Mijail Gorvachev
El gobierno con sede en el Kremlin intentaba en toda forma posible, brindar imágenes de esta planta nuclear como si se tratara de un lugar adelantado en el tiempo, un sitio futurista a centenares de años, lejos de la mitad de los años 80 que realmente estaban transcurriendo en aquel momento. Incluso, la ciudad de Pripyat, al lado de la planta, era la sede donde vivían los trabajadores de Chernóbil, con sus familias, y era una urbe construida por el gobierno central soviético con la clara intención de impresionar a Occidente con los adelantos tecnológicos, sociales y científicos que los rusos poseían, mayores que cualquier otro país, incluyendo a los Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Alemania iba a abjurar a la energía atómica definitiva y radicalmente, después de lo observado durante la catástrofe en Ucrania, según apuntamos al inicio de este reportaje.
En lo que respecta a Chernóbil concretamente, fue “el monumento a la arrogancia” de la Unión Soviética y que, en boca de los dirigentes rusos, representaba fielmente al poderío del imperio comunista. Pero resulta que el accidente que se dio después en esta planta nuclear, fue una combinación de un mal diseño de esta central que, además, no disponía de un recinto de contención, junto a los errores producidos por los operadores de la misma (tema que explicaremos con detalle más adelante). Fue evidente también la falta de una cultura de seguridad, consecuencia, a su vez, de la falta de un régimen político y social democrático en la Unión Soviética de aquel entonces y ello fue la raíz del accidente gigantesco, abruptamente mortal y que llamó la atención de todos los países que albergaban plantas de parecida especie en sus territorios.
Uno de los errores estuvo en el diseño de un reactor del tipo RBMK, que no hubiera sido nunca autorizado en los países occidentales. Tal la situación. Incluso, nunca se había construido un reactor con ese diseño, fuera de la Unión Soviética.
Cuando los operadores de la planta nuclear de Chernóbil quisieron hacer un experimento, dejaron fuera de servicio esos sistemas de seguridad que acotamos arriba de estas líneas. De hecho, el marco del sistema era escaso y no existía un organismo regulador independiente de inspección y evaluación de la seguridad de las instalaciones de este tipo, de parte de los soviéticos, como sí existen en los países occidentales.
En todo caso, los efectos del accidente de Chernóbil fueron evaluados por organismos internacionales como el OIEA y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que, en su momento, hicieron públicos los resultados de sus investigaciones. Por ejemplo, la OMS llegó a la conclusión irrevocable de que las 50 muertes atribuidas directamente a la radiación liberada por el accidente, no fueron tales; es decir, casi todas esas defunciones fueron de trabajadores de servicios de emergencia, que sufrieron una exposición intensa y fallecieron a los pocos meses de la liberación de energía nuclear. Este mismo informe aseguró que la contaminación provocada por la explosión en el reactor 4, causó alrededor de 4,000 casos de cáncer de tiroides, principalmente en personas que aquella noche del accidente eran niños o adolescentes y vivían en Pripyat, la ciudad adyacente a la central nuclear. Nueve de esos pequeños murieron como producto del mismo cáncer. Pero las conclusiones indicaron que hasta 4,000 personas podrían morir en los años venideros, a causa de la radiación a la que estuvieron expuestas cuando el mismo reactor se hizo añicos en el aire. A ese resultado llegó un equipo internacional, integrado por más de 100 científicos, quienes investigaron, analizaron y arribaron a la inevitable conclusión aquí resumida.
En cuanto al impacto psicológico derivado del desconocimiento del efecto de la radiación y las informaciones incorrectas que se prodigaron después del estallido, ha sido uno de los daños más importantes causados a la población que vivía cercana y sufrió en carne propia esta catástrofe.
En lo que atañe al medio ambiente circundante, los ecosistemas afectados se han estudiado profundamente y vigilado ampliamente en los últimos 20 años y han dado como resultado grades emisiones de radionicleidos, en los primeros 10 días, que contaminaron a más de 200,000 kilómetros cuadrados de toda Europa.
Para comprender mejor lo que sucedió en esta planta nuclear soviética, hemos de redefinir su ubicación: se encuentra en Ucrania, que en aquel momento preciso formaba parte de la Unión Soviética, junto a otras repúblicas como Georgia y Bielorrusia, posteriormente independizadas, a 18 kilómetros al noroeste de la ciudad de Chernóbil; y a 16 kms. de la frontera entre Bielorrusia y Ucrania; y a 110 kms. al norte de la Capital ucraniana, Kiev.
Esta central tenía cuatro reactores RBMK-1,000, con capacidad para producir 1,000 MW cada uno. Entre 1977 y 1983, se pusieron en marcha progresivamente los cuatro primeros reactores; pero el accidente frustró la terminación de otros dos que estaban en construcción en ese momento. Es importante subrayar lo que reseñamos anteriormente en este mismo reportaje, que el diseño de estos reactores no cumplía con los requisitos de seguridad que, en aquellos tiempos, ya se imponían a todos los reactores nucleares de uso civil en Occidente. Por ejemplo, los reactores 1 y 2 de Chernóbil carecían de edificios de contención; mientras los 3 y 4, se hallaban dentro del llamado “blindaje biológico superior.”
Era la 1:23:45’ de la madrugada, del 26 de abril de 1986, cuando el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil, ubicada en las afueras de la modernísima y futurista ciudad de Pripyat, explotó, causando el peor accidente nuclear de la historia de la humanidad, uno de los mayores desastres medioambientales ocurridos jamás en toda la Tierra. Dicha explosión liberó alrededor de 5,2 exabecquerelios de material radiactivo hacia la atmósfera, equivalente a unas 400 bombas atómicas semejantes a las lanzadas por los estadounidenses en Hiroshima y Nagasaki, en Japón, al final de la Segunda Guerra Mundial. Creó una nube radioactiva que se expandió por toda Europa e, incluso, llegó hasta América del Norte.
Una vez analizados los pormenores, se llegó a la conclusión de que este accidente ocurrió por culpa de una combinación de negligencia gubernamental, en Moscú, y fallos de diseño del reactor RBMK, que no eran conocidos ni contemplados por el personal que operaba la planta nuclear.
A esa hora de la madrugada, el jefe encargado de la central nuclear de Chernóbil, ordenó realizar una prueba de seguridad, en la que se iba a simular una pérdida de energía eléctrica externa y comprobar de paso si la inercia de la turbina podía mantener suficiente electricidad durante unos segundos, para alimentar sistemas críticos, hasta que arrancaran los generadores de emergencia. La prueba era una verificación de seguridad del reactor RBMK, exigida desde su construcción en 1982, pero que había sido pospuesta en tres oportunidades anteriores. La prueba quería reducir previamente la potencia del reactor a niveles bajos, lo que, debido a su diseño, provocaba inestabilidad operativa por acumulación de xenón-135. Pero debido a un problema en la red eléctrica, la prueba se retrasó alrededor de 10 horas, durante las cuales el reactor permaneció en ese régimen de baja potencia, aumentando en forma significativa la inestabilidad.
Tras la caída de potencia del reactor, provocada por el envenenamiento por xenón-135, el personal de la planta intentó recuperarla retirando manualmente un número excesivo de barras de control, lo que dejó al reactor operando fuera de los márgenes de seguridad, con poca capacidad de regulación y una distribución de potencia inestable. En ese estado y con el reactor comprometido, se inició la prueba de la turbina, que implicaba cortar el suministro de vapor. Esto alteró el equilibrio del sistema de refrigeración y favoreció la formación de vapor en el núcleo, lo que en un RBMK aumenta la reactividad. El resultado fue un incremento brusco e incontrolado de potencia, en cuestión de segundos.
Y al intentar detener la reacción mediante el botón AZ-5, pensado y construido como un mecanismo de apagado de emergencia, el diseño de las barras de control provocó un aumento adicional de reactividad en el núcleo inferior, acelerando aún más la reacción. Esto llevó a una escalada inmediata de potencia, que terminó en la destrucción del núcleo por explosiones de vapor y el posterior incendio del grafito.
En ese momento de desesperación, el personal ejecutó una prueba poco habitual en un reactor con características poco comprendidas operativamente, y/o con manuales de procedimientos poco comprendidos operativamente. Testimonios de varios operadores que trabajaban en Chernóbil, informaron que habían seguido el procedimiento y no entendían, empero, lo que había sucedido.
En todo caso, el accidente provocó las muertes de unas 31 personas en las siguientes dos semanas; y la evacuación, en autobuses enviados por el gobierno central en Moscú, de unas 116,000 personas que vivían en Pripyat. También, 134 bomberos fueron hospitalizados con síndrome de irradiación aguda, debido a la absorción de dosis altas de radiación ionizante, de los cuales 28 murieron en los meses posteriores; y aproximadamente otras 14 muertes sospechosas de cáncer inducido por radiación. Esto, en los siguientes 10 años.
Lo cierto es que el reactor # 4 rompió el techo por completo y dejó escapar una columna llena de matices distintos, de colores que se veían perfectamente en la oscuridad de aquella noche (a miles de kilómetros de distancia) y que no eran otra cosa que el material radiactivo que subía hasta la atmósfera. Esa liberación de material continuó durante 10 días más, hasta que se controló el fuego en el reactor. Luego, la decisión de Moscú fue construir un sarcófago, con la finalidad de detener el escape del material nuclear. Fue cuando aparecieron los famosos liquidadores, vestidos con trajes que iban de sus cabezas hasta los pies, botas pesadas y herramientas manuales para hacer frente a la catástrofe. El sarcófago fue hecho con acero y hormigón y la intención era que cubriera el edificio del reactor 4, que nunca fue planeada para ser construida como una solución permanente. Dicho sarcófago fue construido con la idea de que tuviera una vida útil de unos 30 años, hasta que en el 2016, una empresa francesa se hizo cargo de hacer el nuevo sarcófago, que es el que tiene actualmente el mencionado reactor y que los rusos han destruido en partes importantes, a raíz de su estúpida guerra contra Ucrania.
Este gigantesco techo en forma curva y que fue movido pesadamente con el uso de raíles de ferrocarril hasta la posición actual, permite desmantelar y limpiar el edificio del mismo reactor durante 100 años, ya que la fuga de material radiactivo prácticamente es eterna; o sea, mientras el planeta siga girando. Nunca terminará ese peligro de la radiación. Con base en lo aquí descrito, hay que hacer énfasis en que el accidente de Chernóbil ha sido el más costoso en la historia… se han gastado en evitar la propagación de la energía nuclear, unos €700 mil millones.
Un dato que hay que tener en consideración es aquel que señala que el accidente ocurrió el 26 de abril de 1986; pero los soviéticos siguieron utilizando esta central nuclear hasta diciembre del año 2,000, cuando detuvieron la unidad 3 que estaba en funcionamiento. El gobierno de Ucrania, a la postre satélite de la Unión Soviética en aquel tiempo, accedió al cierre, luego de llegar a un acuerdo económico (millonario que le fue pagado a su presidente), con Euratom, el gobierno ruso y el Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo. En parte, el convenio permitía completar la construcción de los reactores Khmelnitski 2 y Rovno 4. Y con la electricidad producida en esas centrales, sirve actualmente para satisfacer las necesidades energéticas de Ucrania. Además, los reactores que fueron construidos por los soviéticos, incluyendo los RMBK, fueron mejorados con una gigantesca ayuda de las potencias de Europa Occidental, en los casos de Inglaterra y Francia, principalmente.
Posterior a esta grave situación, las compañías eléctricas alrededor del mundo, fundaron la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO), con el propósito de alcanzar los más altos niveles de seguridad y fiabilidad en la operación de centrales nucleares, a través de información técnica, de la comparación, emulación y comunicación entre sus miembros.
Y en julio del 2007, se creó, por iniciativa de la Comisión Europea, el llamado High Level Group on Nuclear Safety and Waste Management, con la finalidad de ayudar a la Unión Europea (UE), a alcanzar sus objetivos en el campo nuclear y a que, si bien es decisión de cada Estado miembro apostar o no por esta fuente de energía, la cuestión de la seguridad nuclear y los residuos radioactivos conciernen a todos. Este grupo ayuda a la Comisión Europea a desarrollar normas europeas referentes a la seguridad en las instalaciones nucleares y el tratamiento seguro del combustible gastado.
De hecho, los países occidentales han seguido poniendo nuevas unidades en operación, después del accidente de Chernóbil y programas adicionales de nueva potencia nuclear se están desarrollando fundamentalmente en los países asiáticos, en los que se experimenta un gran incremento de la demanda de energía eléctrica.
Sin duda alguna, la catástrofe de Chernóbil fue un llamado a la consciencia de millones de personas en los continentes donde se estaba poniendo “de moda” el uso de la energía nuclear. “El apocalipsis” desatado con la explosión del reactor 4, que sigue emanando energía altamente radioactiva y lo hará por miles de años en el futuro, hizo abrir los ojos a los admiradores de esta energía, para que detuvieran sus actividades al respecto o la desecharan por completo, como lo hizo el gobierno de Alemania, liderado por Ángela Merkel, quien observó otro gravísimo problema fundamentado en el depósito de la basura nuclear; es decir, “¿Adónde dejarla sin que cause daños ambientales y a los seres humanos en derredor?” En un principio, toda esa basura se depositó en unos túneles bajo tierra, pero después se hicieron insuficientes y el tema no se volvió a tocar en Alemania desde entonces. Pero los sucesivos gobiernos al de Merkel, optaron por las gigantescas hélices para generar energía eólica, que son bastante visibles a lo largo y ancho de esta potencia europea. En la actualidad, las plantas nucleares más grandes de Europa, a la postre las más peligrosas, continúan en Ucrania, nación que enfrenta una guerra desalmada con la Rusia de Putin y que éste podría ganar al instante, tan solo con bombardear una de estas centrales, aunque causaría otra catástrofe igual o peor a la de Chernóbil en tiempos de la Unión Soviética.
Después del transcurso de 40 largos años de aquel accidente, la pregunta que surge una y otra vez, es: ¿Puede repetirse algo similar en otras plantas nucleares? Y los expertos que han estudiado hasta la saciedad ese acontecimiento, han hecho el recuento de los daños y que serían irrepetibles en las centrales europeas. Es decir, la repuesta se dirime con un tajante “no”. No es posible que suceda otro Chernóbil actualmente o en el futuro. En principio porque el accidente de aquella central se dio por una serie de circunstancias irrepetibles, como la falta de una cultura de seguridad, no contar con un organismo regulador y el hecho de que prevaleciera el poder político frente al conocimiento tecnológico. A ello deberá sumársele el reactor soviético RBMK, que no disponía de un recinto de contención, donde habría quedado confinada la radioactividad, ya que el diseño no permitió la recuperación del control del reactor, para evitar así la emisión de radioactividad hacia la atmósfera. Además, ese tipo de reactor nunca habría obtenido la autorización para funcionar en los países occidentales; y, desde el accidente en mención, o bien se han parado definitivamente ese tipo de reactores o se han perfeccionado, gracias a los programas de mejora de la Unión Europea (UE), en los que también han tenido participación los Estados Unidos y Japón.
El programa de restauración de Chernóbil fue financiado por 29 países que contribuyeron al Fondo para el Confinamiento de Chernóbil. Así, el entonces ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, anunció en noviembre del 2011 que había suficientes compromisos financieros para comenzar la construcción del nuevo sarcófago que iba a cubrir el reactor en desgracia. El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, constituido en 1997, se encargó de emitir los fondos necesarios para dar inicio a la gigantesca obra de ingeniería y también la construcción de un almacén para el combustible usado en las otras tres unidades de Chernóbil, con capacidad para recoger y almacenar más de 200,000 elementos combustibles o radioactivos.
El sarcófago, que tapa a todo el reactor 4, tiene una elevación de 22 metros en el arco superior del primer módulo; está formado también por la unión de varios arcos más estrechos y ha sido dotado por un revestimiento estanco, con un peso total de unas 5,300 toneladas. Cuando fueron completadas las secciones intermedia e inferior del módulo, se soldaron gradualmente entre sí, se elevaron en conjunto hasta alcanzar la altura de 108 metros. Una vez completado el módulo, fue llevado sobre una pista de hormigón, hasta colocarse frente al antiguo sarcófago construido precipitadamente por los soviéticos.
El segundo módulo fue construido con el mismo método y se colocó después del primero gracias al uso de grúas y maquinaria necesaria para las operaciones de desmantelamiento y la retirada de material, que fueron ejecutadas por control remoto desde el exterior del nuevo sarcófago. Por último, se unieron los dos módulos y se colocaron sobre el sarcófago “soviético”, mediante gatos hidráulicos. Así mismo, se colocaron dos paredes laterales de cierre.
Esta nueva contención del material radioactivo, una vez instalada, alcanzó los 108 metros de alto, 257 de ancho y 150 metros de longitud y un peso de 30,000 toneladas. El edificio es hermético por completo, para proteger el interior de fenómenos atmosféricos exteriores, como para impedir la salida incontrolada al exterior de combustibles y materiales contaminados que se vayan manipulando para su disposición. Sin embargo, el edificio no está diseñado como blindaje, por lo que las operaciones desde el exterior tendrán que ejecutarse con la debida protección del personal contra las radiaciones gamma.
La construcción y la instalación de este sistema, finalizaron en el 2015; y está diseñado para durar más de 100 años y se espera que el desmantelamiento total esté terminado para entonces. Esto si los rusos invasores de Ucrania no lo destruyen como ya han querido hacerlo, dejando caer sus misiles en los alrededores. Incluso, invadieron el perimetraje de la planta de Chernóbil, desplazaron a los guardianes ucranianos especializados y debidamente entrenados, e hicieron acampar a varios regimientos de soldados, todos ellos muy jóvenes, en el llamado “bosque rojo”, compuesto por pinos, y que tiene ese color rojizo que la radiación nuclear le ha dado desde el mismo día de la tragedia. Todos esos militares desarrollarán en el futuro próximo, distintas clases de cáncer, como una muestra de la estupidez del alto mando ruso que los envió a ese lugar de peligro y muerte.
Cerramos el presente reportaje que conmemora los 40 años desde la explosión de la famosa planta nuclear, con la descripción hecha por Anatoli Doroshenko, de 38 años de edad, e investigador del Instituto para los Problemas de las Centrales Nucleares (ISPNPP), y que tiene el trabajo más peligroso del mundo, cual es recorrer el laberinto radioactivo, bajo el reactor 4 de Chernóbil. “El reactor 4 de la Planta Nuclear de Chernóbil –comienza su narrativa-, quedó completamente destruido con la fatal explosión del 26 de abril de 1986; pero a unos 10 metros de profundidad, aún están los centros de control y monitoreo, que sobrevivieron al desastre. Es como un gran laberinto bajo el reactor. Mi trabajo incluye recorrer ese laberinto al menos una vez al mes, una misión que puede considerarse el trabajo más peligroso del mundo. En esa red de salas y corredores subterráneos, todo está contaminado por la radiación: el piso, los equipos, las paredes y el aire. Ahí me encargo de revisar los equipos, recolectar datos, instalar medidores, tomar muestras y monitorear el estado del combustible nuclear. En algunas salas, la radiación es tan alta, que debo completar esas tareas en menos de cuatro minutos y salir de inmediato. En otras, los niveles de radiación no son aptos siquiera para detenerse ahí. Mi labor es clave para asegurar que las condiciones del reactor se mantengan estables. Mi trabajo me produce miedo, pero yo uso al miedo como mi aliado: el miedo te ayuda a mantener el control y seguir las indicaciones para asegurar bajas dosis de radiación. Aquí el mayor riesgo es acostumbrarse a las condiciones del lugar. Si te acostumbras al miedo, comienzas a ignorar que estás rodeado de radiación. Cualquier cosa, un guante, una pieza de metal, puede estar contaminado, aunque no lo notes.” Explica.
Este hombre recorre, igual a un fantasma, los laberintos, los corredores donde hay iluminación; pero él y sus colegas prefieren valerse de linternas. Algunos pasajes son tan estrechos que deben caminar agachados y todas las salas y corredores están señalizados, pero hay que conocer bien el camino para no perderse entre los pasadizos. Y vuelve a narrar: “También tenemos mapas de contaminación que indican cuáles son las áreas con mayor radiactividad. Aquí todos los científicos sabemos dónde podemos trabajar y dónde no. El lugar está lleno de tubos con agua radioactiva y peligrosas formaciones de corio, una sustancia que se produjo cuando, por las temperaturas de miles de grados Celsius, el combustible nuclear se mezcló con las estructuras del núcleo del reactor. Como si fuera lava (volcánica), esa sustancia se ha filtrado entre las ruinas, formando figuras peculiares. A una de las más conocidas, se le conoce como ‘la pata de elefante’. Mucho del combustible nuclear está en rincones inalcanzables para nosotros. Si pudiéramos tomar muestras del reactor destruido, podríamos determinar con precisión su nivel de riesgo nuclear. Pero está bajo una enorme capa de hormigón y el acceso humano es imposible. Por eso realizamos mediciones, para comprender qué procesos ocurren en el combustible nuclear.” Cita este funcionario del gobierno de Ucrania, quien, para bajar al laberinto, tiene que ponerse varias capas de indumentaria protectora, que incluyen cubre-mangas, cubre-zapatos y un respirador FFP2 con válvula. Y en algunas zonas más estrechas, donde tiene que abrirse paso entre los escombros, debe añadir un atuendo especial de polietileno. Al salir, debe pasar por varios puntos de control y una “zona sucia”, donde se quita la ropa que pasa a ser descontaminada o directamente a su destrucción, si no se le puede mover la radiación. Después debe ducharse obligatoriamente y pasar por una estación de dosimetría para confirmar que no renga partículas radioactivas en su cuerpo.
Y concluye: “Cuando visito la unidad 4 me lleva a un estado casi eufórico, una emoción que, creo, se puede comparar con la de escalar el Everest; pero aun así, la clave es mantener el control. Lo principal es no entrar en pánico, el pánico que te lleva a cometer errores. Este lugar está lleno de mitos y a menudo se le demoniza, pero no es tan aterrador como muchos intentan presentarlo. Cuando estás ahí, te das cuenta de que es una estructura creada por el ser humano. Comprendes que este espacio requiere vigilancia y supervisión constantes. Si personas como nosotros dejamos de bajar ahí, se iniciará un proceso incontrolado y eso es peligroso. Una vez al año, me someto a exámenes médicos obligatorios y en mis vacaciones siempre trato de ir al mar. Seguiré bajando a los laberintos del reactor mientras pueda. No me he puesto un límite. Si viera una generación que pudiera reemplazarme, ya estaría pensando en jubilarme. Pero, por ahora, no pienso en eso. Lo más importante para mí, es que la gente tenga presente los retos que enfrenta Chernóbil: contener la radiación de los residuos de combustible nuclear y el control de las instalaciones. Es un trabajo duro. Chernóbil no debe ser olvidado.” Observa Anatoli Doroshenko, un hombre que tiene una mezcla difícil de encontrar en otra persona: heroísmo, valentía, temor, actitud suicida al entrar a las profundidades de la central nuclear, altísima responsabilidad y un temor a morir por la radiación, temor que atenúa y ha aprendido a vivir con él y valerse también de él.
Han pasado 40 años desde aquella madrugada fantasmagórica y en los alrededores de Chernóbil la vida se ha regenerado: nacen, crecen y mueren plantas y animales, con el común de que en sus cuerpos y tallos, en el caso de la vegetación, llevan la radiactividad que no cesa y nunca cesará mientras este planeta no deje de girar.
WASHINGTON D.C. USA-(Especial para The City Newspaper) Hace muchos años, propiamente en la década de los años 70, escuchamos de un periodista viejo, que ejercía en la radio, que el final de la prensa escrita (los periódicos), estaba supeditado a la inmediatez que brindan los telediarios y las noticias radiofónicas, “porque la información escrita sólo se puede obtener al día siguiente,” mientras que la llamada prensa electrónica la brinda al instante. Eso dijo en aquel momento de tertulia en el que estábamos. Y añadió: “Talvez los periódicos, los artículos escritos, vayan a servir para que el lector reflexione sobre ellos (pero no para informarse, porque ya lo habrá hecho por medio de la televisión y la radio).”
Muchos años después de su muerte y con la aparición del internet y aún más con el internet mediante el celular o teléfono móvil, la desaparición de la prensa escrita comenzó a suceder y de manera vertiginosa en la mayoría de los países alrededor del globo terráqueo. Con el internet, incluso, la “inmediatez” de la información fue todavía “más inmediata” (valga el término) y facilitó a los internautas no sólo el acceso a miles de periódicos, revistas y demás datos, sino que pudieron ingresar a las famosas agencias de prensa y hasta en la propia fuente de la noticia.
Esta escena se fue repitiendo en casi todos los países del mundo: el editor en jefe o el dueño del periódico, en compañía de su mayor inversionista, se presentaba ante el cuerpo de redactores, en la sala de redacción, con el panorama de las computadoras, teléfonos de mesa, el fax y el viejo teletipo hace tiempo silenciado y apagado y que tantas veces recibió las noticias desde diversos puntos del planeta. Todos estaban expectantes. Y esta era parte de su discurso: “Queridos colegas, estamos aquí, el señor xxxxx y yo, para traerles una no muy buena información. Por la baja de las ventas en los puestos en calles y negocios y por el desplazamiento de nuestros anunciantes a las plataformas en internet, hoy les informamos, muy a pesar nuestro, que este amado periódico tiene que cerrar en forma definitiva.” No es necesario que describamos los rostros de aquellas personas aquejadas por lo que iba a ser la falta de salarios, sus hijos estudiando y sus mujeres esperando aquel giro que iba a interrumpirse a partir del siguiente mes.
Fue así como esa escena reiterada en los cinco continentes, decretó el final de la prensa escrita. Eran los periódicos llamados pequeños, los regionales, los que no tenían inversionistas fuertes y que dependían esencialmente de los anuncios que los comercios de sus pueblos les daban en patrocinio.
Y como fenómeno colateral que se presentó en aquella nueva época (con el arribo del nuevo milenio), los periodistas tuvieron que buscar otras opciones distintas al trabajo de buscar la noticia e informarla al gran público. Buscaron variables en su quehacer, como asesoramiento a grandes consorcios, relaciones públicas, presentadores en espectáculos o ser los voceros de determinadas figuras (actores, cantantes, cómicos, etc.). Otros se decidieron por vender anuncios o emplearse en agencias de publicidad. Porque el periodismo escrito parecía haber llegado a su final.
Con la desaparición de las sedes de estos periódicos, también desaparecieron los puestos de venta en las esquinas de las grandes ciudades y lo que antes estaba rebosante de rotativos y revistas, ahora quedaba solamente el vacío o las ventas de otros productos que nunca compensaron las ganancias que otorgaban los tabloides. Los quioscos de ventas, ubicados en sitios clave del paisaje urbano, también desaparecieron, llevándose consigo el encanto y lo agradable que resultaban ser a la vista de los peatones y paseantes. Otros, decidieron ofrecer flores, regalos diversos, bisutería o artesanía autóctona.
Simultáneamente, fue común ver a los antiguos suscriptores, leyendo los diarios en sus teléfonos celulares, sentados en las banquetas de los parques o en los cafés y muy rara vez, alguno de ellos con el único periódico en papel que había “quedado con vida.”
No faltó quien lloró esa desaparición que ocurrió súbitamente, inesperada y causante de una gran nostalgia, porque atrás quedaron “los cabezas de familia,” los papás, quienes, encorbatados, saboreando su primera taza de café por la mañana, con la presencia de sus hijos en la misma mesa de desayuno, hojeando el enorme periódico, antes de marcharse hacia su oficina o despacho. O aquel viajero que abría su diario en el tren, metro o autobús, para distraerse e informarse a lo largo de su viaje. Imágenes tan comunes en el siglo pasado, que pronto se convirtieron en clásicas, “de postal” (vintage) y que nunca iban a volver a nuestra realidad cotidiana.
Si queremos definir qué son periódicos “grandes” o de “gran calado”, como se dice en el argot de la marina, tenemos que nombrar a estos: El Mundo, El País y ABC de España (también la revista española Hola); Le Monde y Le Parisien, de Francia; Frankfurter Allgemeine Zeitung, Bild y Süddeutsche Zeitung, de Alemania (así mismo las revistas Stern y Der Spiegel, alemanas); The London Times, The Guardian, The Mirror, de Inglaterra; Corriere Della Sera y La Stampa, de Italia; The New York Times, The Washington Post, Los Angeles Times, y The Financial Times, de Estados Unidos; O’Globo, de Brasil; El Mercurio y La Tercera, de Chile; El Tiempo y El Espectador, de Colombia; El Comercio, del Perú; Los Tiempos, de Bolivia; Prensa Libre y Siglo XXI, de Guatemala; etcétera, etcétera. Verdaderos “monstruos” de la empresa periodística, que emplearon en sus mejores años a miles de miles de personas, hasta que el “boom” del internet comenzó a opacarlos con toda seriedad y peligro social y laboral.
Ciertamente, muchos de esos periódicos existen todavía, tanto en internet, en su versión digital, como en papel o en físico; pero la mayoría de ellos ya no se venden en los “estanquillos” en las esquinas de las ciudades, sino que ¡se regalan! cada mañana, a quienes los quieren y van apresurados hacia sus trabajos. Son escenas que hemos observado en Londres, Inglaterra, Italia, los Estados Unidos y otras potencias occidentales. ¿Y la manutención? Se logra por medio de los anunciantes que todavía creen en el supuesto “poderío” de la prensa escrita sobreviviente y en los suscritores que todavía aprecian que el periódico les sea lanzado a sus jardines o se les deposite en sus propias manos, a la usanza clásica o “antigua.”
Es decir, esos “monstruos” de la prensa mundial se han quedado gracias al poderío económico de sus dueños; pero ya no generan los millones de millones de dólares y euros, que generaban antes de la explosión del internet.
Sin embargo, en el caso concreto del afamado y emblemático The Washington Post, uno de los cuatro periódicos más importantes de los Estados Unidos, junto a The New York Times, Financial Times y Los Angeles Times, la situación económica ha empeorado en los últimos días, causando su peor crisis existencial, que lo tiene al borde de la desaparición.
Recientemente, el Post, como se le conoce también popularmente en la Capital estadounidense, anunció la partida de su director general y editor, Will Lewis, a pocas fechas de que este mismo tabloide realizara drásticos recortes de su personal y provocara el enojo de muchos de sus lectores, siempre fieles a esta publicación centenaria. Es decir, las cosas han tomado un matiz bastante oscuro, “un marrón” que a nadie gusta. Incluso se afirma que la partida de Lewis se debió a esta misma situación, a su enfado por esos recortes de funcionarios del diario. Fue sustituido por Jeff D’Onofrio, “con efecto inmediato”, según se publicó por orden de su dueño, el multimillonario y fundador de Amazon, Jeff Bezos.
Por otra parte, Lewis tenía sobre sí el disgusto de los suscriptores y de los empleados, porque intentó revertir las pérdidas económicas del periódico durante los dos años que duró su gestión al frente, en la directriz. Sin embargo, no lo logró. De ahí el declive que la empresa esté enfrentando en este momento.
Lewis es británico y su sucesor fue, hasta hace poco, director ejecutivo de la plataforma de redes sociales Tumblr y se incorporó al Post el año pasado (2025), como director financiero. Antes de irse, Will Lewis envió un correo electrónico a todo el personal, afirmando que “es el momento adecuado para dar un paso al costado”; es decir, abandonar la empresa a la que no pudo “reflotar.”
La situación general de The Washington Post no ha sido la mejor; de hecho, la mayoría de su personal en el extranjero (corresponsales), los locales en los Estados Unidos, así como los redactores de deportes, sufrieron los recortes generalizados en este diario y que fueron anunciados con antelación. El número de esos despidos no fue aclarado por el periódico; pero The New York Times, su competidor más agresivo y legendario, informó que unos 300 periodistas de los 800 totales, fueron despedidos. Ello nos da una idea de lo profunda y complicada que es la crisis de esta empresa.
Los reporteros que recibieron el comunicado nefasto que contenía las despedidas de sus puestos laborales, correspondieron a toda la planilla en Oriente Próximo; el corresponsal en Ucrania, cuya sede estaba en Kiev, la Capital ucraniana, sin tomar en consideración que la guerra contra los invasores rusos está muy lejos de terminar y un enviado a esa región es clave, muy necesaria para tener la información al día desde el teatro de operaciones.
También los departamentos de deportes, diseño gráfico y noticias que se refieren al interior de los Estados Unidos, fueron reducidos de manera impresionante y preocupante; lo mismo que aquellos que elaboraban los podcast que aparecían diariamente en la versión electrónica o digital del periódico; y el Post Reports fue suspendido del mismo modo. Estas determinaciones causaron que cientos de personas identificadas de una manera u otra con The Washington Post, principalmente suscriptores fieles, se congregaran frente a la sede del diario capitalino, para protestar en contra de lo que ellos consideran injusto: los despidos masivos.
Por otra parte, el otro rotativo famoso en la Unión Americana y en el mundo entero, The Wall Street Journal, informó hace algunos días atrás, que 250,000 suscriptores digitales del Post, cesaron esas suscripciones, cuando la dirección de este diario se negó a tomar partido antes de las elecciones presidenciales del 2024 y que fueron ganadas por Donald Trump. Al margen de esta lamentable pérdida económica, por “la estampida” de lectores, el Post perdió alrededor de US$100 millones en el mismo 2024, debido a la caída de los ingresos por concepto de publicidad.
Un detalle a tomar en cuenta en The Washington Post nos lleva a recordar que dos de sus periodistas, a inicios de la década de los 70, investigaron el famosísimo caso Watergate y causaron la renuncia del entonces presidente del país, Richard Nixon. Un hito que ningún otro tabloide de esta nación ha podido igualar. También, a lo largo de su existencia, el Post ha ganado numerosos premios Pulitzer, tema al que regresaremos más adelante.
Y es que este diario simplemente no era un periódico más, sino que estaba en el corazón de los habitantes de la gran Capital estadounidense; era (y es) todo un emblema, el orgullo de la ciudad y el preferido de muchas gentes en puestos de influencia en la vida nacional norteamericana. Ha sido el gran periódico de Washington DC y ha sido uno de los tres, junto a The New York Times y The Wall Street Journal, que pueden presumir de ser enteramente nacionales, ciento por ciento estadounidenses.
Sus páginas, de portada a portada, estaban llenas de todo aquello que sus lectores buscaban y necesitaban día tras día: desde exclusivas que cambiaban la historia, hasta el horóscopo, excelentes reportajes y columnas de opinión. Amén de que su editorial siempre permeaba el acontecer en la gran ciudad. Pero ahora, sus páginas, comparativamente, son una pena… una real y dolorosa pena, con una cobertura internacional, para citar un solo ejemplo, bastante limitada. “La cuesta abajo” por la que transita esta empresa, es muy evidente y preocupante para su personal y todos aquellos que aman a esta publicación y se sienten identificados con ella.
El Post fue fundado en 1877 por Stilson Hutchins (1838 – 1912), quien, en 1880 añadió una edición dominical, convirtiéndose en el primer periódico de la ciudad en salir al gran público lector, los siete días de la semana. En abril de 1878, cuatro meses después de su publicación, el periódico en cuestión fue comprado por La Unión de Washington, otro diario competidor que fue fundado por Juan Lynch a finales de 1877. Esta combinación de los dos rotativos tuvo como sede el edificio Globe y pasó a llamarse El Washington Post y la Unión, cuando corría el 15 de abril de 1878, con un tiraje de 13,000 ejemplares.
En 1893 el rotativo se trasladó a un edificio ubicado en las calles 14 y E NW, donde permanecería hasta 1950, a mitad del Siglo XX siguiente. El inmueble fue el más apropiado para albergar a una empresa periodística, ya que tenía sala de redacción, publicidad, composición tipográfica e impresión. Todo funcionaba o trabajaba las 24 horas del día.
En ese Siglo XX propiamente, John y Robert Wilkins lo dirigieron durante dos años, antes de venderlo en 1905, a John Roll McLean, quien era propietario también del Enquirer de Cincinnati. Por aquel entonces, el periódico ya gozaba de la fama de ser el más famoso de la Capital y entre sus distintos propietarios, a partir de 1946, tuvo a Katharine y Phil Graham, quienes también compraron varias publicaciones rivales que fortalecieron al periódico de la Capital estadounidense. Después de la muerte de Graham en 1963, el control del Post pasó a manos de su esposa, Katharine Graham (1917-2001). Y como dato interesante, en la prensa de los Estados Unidos pocas mujeres han dirigido periódicos nacionales destacados y Katharine había manifestado que estaba particularmente ansiosa por asumir el papel de directora y dueña de The Washington Post. Fue así como se desempeñó como editora de 1969 a 1979.
Durante su gestión al frente del diario, en 1972 fue publicada una serie de reportajes sobre el espionaje, presuntamente ordenado por el entonces presidente republicano Richard Nixon, a las oficinas del Comité Nacional Demócrata, ubicadas en el Complejo Watergate, en Washington D.C. La cobertura fue extraordinaria y reveladora, lo cual causó la renuncia de Nixon, la primera de este género en la historia presidencial de los Estados Unidos y dejó en su lugar a su vicepresidente Gerald Ford, quien indultó a su antecesor para que no fuera a la cárcel. Gracias a estas entregas, el Premio Pulitzer le fue otorgado a este diario en 1973.
Llama también la atención el hecho de que el Post se opuso abierta y claramente a la intervención militar de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam y estimuló a la oposición a este conflicto desde 1971.
En 1979, Donald E. Graham, hijo de Katharine, tomó su puesto como editor; y en 1995, el Post ingresaba a la Era digital, cuando compró el dominio conocido como washingtonpost.com. Y en octubre del 2013, la familia Graham vendió el periódico a Participaciones de Nash, una sociedad holding, propiedad de Jeff Bezos. El valor de la transacción fue por US$250 millones.
Algunos datos relevantes en la larga vida de este rotativo, nos llevan a sus 76 Premios Pulitzer que ha ganado, y esto lo ha colocado en un segundo plano, detrás del New York Times. Así mismo, sus periodistas han recibido 18 becas Nieman y 368 premios de la Asociación de Fotógrafos de Noticias de la Casa Blanca. Antes de esta crisis que enfrenta hoy en día, el Post ha sido reconocido por sus lectores por sus amplios e influenciables informes políticos en los Estados Unidos; y era uno de los pocos periódicos del país que funcionaba con oficinas en el extranjero, en lugares tan impensados como Londres, Inglaterra, y Seúl, en Corea del Sur.
En el 2021, The Washington Post contaba con 21 oficinas en el plano internacional: en Bagdad, Pekín, Beirut, Berlín, Bruselas, El Cairo, Dakar, Hong Kong, Islamabad, Estambul, Jerusalén, Londres, Ciudad de México, Moscú, Nairobi, Nueva Delhi, Río de Janeiro, Roma, Seúl, Tokio y Toronto. Y con oficinas locales en Maryland y Virginia; pero ya en el 2009, había cerrado tres de esos despachos regionales en Chicago, Los Ángeles y Ciudad de Nueva York, para concentrarse mejor en la Capital, Washington DC, según explicó la dirigencia del diario.
Hasta hace pocas fechas, la mayoría de sus lectores “en papel” periódico; es decir, en su tiraje en físico o no digital, se encontraban en Washington DC y en los suburbios de Maryland y el norte de Virginia; y a partir de marzo del 2013, la circulación media impresa entre semana, fue de 139,232 ejemplares, lo que lo convirtió en ese momento en el tercer periódico más grande de USA por circulación.
Aunque bajo “la batuta” de Jeff Bezos, muchas cosas han cambiado aquí, como por ejemplo, su sede. Aquella que durante muchas décadas estuvo en el 1150 15th Street NW, un edificio de su propiedad, cambió luego a la torre oeste de la Plaza Franklin, un elevado edificio en el 1301 K Street NW, en Washington DC, a un inmueble alquilado (?).
No sólo es una nueva época para este periódico capitalino, sino que significa un paso muy duro por una de sus peores crisis financieras. En agosto del 2013, Jeff Bezos compró el Post y otras publicaciones locales, sitios web y bienes raíces. Transfirió el diario a Nash Hondings LLC, la compañía de inversión privada de este inversionista, también dueño de Amazon, como hemos señalado anteriormente.
De acuerdo a sus propias palabras, “tengo una visión que recrea el ritual diario de leer el Post como un paquete, no simplemente una serie de historias individuales. Soy un propietario que no interviene y que mantiene llamadas por teleconferencia con el editor ejecutivo (…) cada dos semanas.” Su intención ha sido cambiar al Post a un enfoque más digital, con lectores nacionales y globales.
Un detalle digno de ser tomado en consideración, fue la contratación del periodista árabe, Jamal Khashoggi, como columnista habitual; sin embargo, éste, por su posición política anti-monárquica en Arabia, fue asesinado en Turquía por agentes enviados por el Príncipe Mohammad bin-Salman, heredero de la Corona Saudí. Un magnicidio que causó un enorme impacto en el mundo entero.
No obstante, a pesar de una aparente solidez, que no era otra cosa que un espejismo, en octubre del 2023, el periódico avisó que recortaría los primeros 240 puestos de trabajo en toda la organización. El correo electrónico que el entonces director ejecutivo interino, Patty Stonesifer, envió a los empleados, decía lo siguiente: “Nuestras proyecciones anteriores sobre el crecimiento del tráfico, las suscripciones y la publicidad durante los últimos dos años –y hasta 2024-, han sido demasiado optimistas.” En palabras más claras aun, se refería a las pérdidas de unos 500,000 suscriptores desde finales del 2020 y se esperaba que perdiera US$100 millones en el 2023. Parte de ese cambio, fue el cierre de la columna “KidsPost”, para niños; la columna de astronomía, “Skywatch”; y la columna “John Kelly’s Washington”, que versaba sobre historia y lugares de interés local, que se había publicado bajo distintas firmas desde 1947.
Pero “la cuesta abajo” se hacía cada vez más vertiginosa en el interior del periódico capitalino: ya en mayo del 2024, su entonces director ejecutivo, el inglés William Lewis, anunció que el diario abrazaría la inteligencia artificial (IA), con tal de mejorar la situación financiera. Según dijo al personal: “la buscaré en todas partes de nuestra sala de redacción.” Pero en junio del 2014, el medio informativo Axios manifestó que “el Post enfrentaba importantes turbulencias internas y desafíos financieros.” En concreto, con el estreno del nuevo CEO, Lewis, comenzaron también las controversias por su estilo de liderazgo y sus planes propuestos de reestructuración; además, el personal comenzó a mostrar su preocupación por el consumo de alcohol de parte de Lewis y su alejamiento de la sala de redacción, en la que no se involucraba en modo alguno. Simultáneamente, los ingresos disminuían y el frente empresarial buscó estrategias, sin ningún éxito, por recuperar a los suscriptores perdidos en los últimos años.
Y en enero del 2015, el periódico anunció que despediría al 4 por ciento de su personal, un poco menos de 100 personas; aunque “los empleados de la sala de redacción no se verán afectados”, dejó leer el eMail difundido entre los trabajadores,
El 14 de enero del 2026, hace escasos días atrás, el FBI allanó el apartamento de la periodista del Washington Post, Hannah Natanson, le confiscó el celular, dos computadoras portátiles y un reloj inteligente. Los investigadores en ese momento le dijeron a la reportera que el foco de la investigación no era ella, sino Aurelio Pérez-Lugones, un administrador del sistema con autorización de seguridad ultra-secreta, quien estaba bajo investigación por llevarse a casa informes de inteligencia clasificados. Un día después, el Post, por medio de su consejo editorial, calificó la búsqueda policial como “un ataque agresivo a la libertad de prensa de todos los periodistas.”
Y el pasado 4 de febrero del presente 2026, circuló el eMail que anunció el despido de 300 empleados, tal y como consignamos en este mismo reportaje, en las líneas de arriba. Estos despidos fueron impulsados por pérdidas reportadas por US$100 millones, en el 2024; más la disminución de los suscriptores, luego de que el periódico se negara a respaldar a Donald Trump en las elecciones nacionales de ese mismo año. También la caída del tráfico de búsqueda, por causa de las herramientas de IA, afectó seriamente al diario.
Cuando fue despedido Will Lewis, el entonces editor del Post, el sindicato de empleados celebró este cambio de liderazgo y afirmó en un comunicado que Lewis será recordado “por el intento de destrucción de una gran Institución periodística estadounidense” e instó a Bezos a vender el periódico a alguien dispuesto a invertir en su futuro, en una indirecta claramente entendible, dirigida al propio Bezos, quien da muestras de que de administración de prensa no sabe absolutamente nada o muy poco. Por lo menos, no muestra el cariño que este periódico merece de parte de su dueño.
Estas son algunas palabras dichas por trabajadores del Washington Post, fuertemente afectados por la pésima situación vivida: “Habiendo trabajado en el Post, lo siento personalmente, como si me estuvieran quitando una parte de mi vida.” O sino esta otra: “Estoy destrozado por la locura y el desperdicio. También me alarma que ahora The New York Times sea demasiado poderoso con su dominio en línea. Entendió Internet desde el principio.”
O este otro ex funcionario, quien dijo: “Jeff Bezos, que compró el Post a la familia Graham, no supo aprovechar la ola. En cambio, se le consideraba el más preocupado por apaciguar al presidente Trump. Traición, dijeron muchos de los lectores que cancelaron sus suscripciones o dejaron de creer en el periódico, a pesar de su periodismo valiente y perspicaz.”
Otro comentario en medio del fracaso, de la “hecatombe” del periódico, fue: “El Washington Post de antaño era venerado por su valentía; ahora es despreciado por su cobardía. Ha desaparecido, se ha hundido, y es un recuerdo maravilloso para quienes lo leían y para quienes trabajaban en él. Descanse en paz.”
Y en referencia al dueño del periódico, se dijo: “Empezó bien. Bezos mantuvo las distancias hasta que, como otros gigantes de los negocios, sintió que tenía que apaciguar a Trump, siempre crítico con los medios de comunicación.
”El alcance de la presión de Trump quedó claro cuando Bezos canceló la publicación de un editorial que apoyaba a Kamala Harris para la presidencia. Las emociones estaban a flor de piel y los fieles al Post lo consideraron una traición: la mano de Trump en el templo de la libertad de prensa.
”Posteriormente, Bezos añadió más leña al fuego al cambiar la dirección de las admiradas páginas de opinión del Post, lo que minó la confianza de los lectores y del personal. Se puede cambiar la gama de productos en un establecimiento minorista, pero si se hace en un periódico, se incendia el edificio.”
Y en lo que respecta al pasado glorioso del Washington Post, hubo quienes lo recordaron con nostalgia: “Las semillas del éxito comercial del Post se sembraron en 1954. En aquella época, los periódicos vespertinos eran dominantes y los matutinos tenían dificultades. Por la mañana, Washington tenía el Post y el Times Herald. Por la tarde, tenía el Washington Evening Star y el Washington Daily News. Lo que no se sabía era que la televisión pronto cambiaría el equilibrio entre los periódicos matutinos y vespertinos y que estos últimos entrarían en un declive permanente hasta su extinción.”
En reminiscencia de otros pasajes en el diario, cuando la dirección estaba en las manos apropiadas, se dijo: “Bajo la dirección de Katharine Graham, el Post alcanzó cotas increíbles en el periodismo y en riqueza. Parecía invencible.”
Un resumen de lo que ha acontecido con el Post, de las enormes e impresionantes pérdidas financieras por las que ha tenido que transitar, partieron del nacimiento y auge de la tecnología que, de la misma manera como la televisión acabó con los periódicos vespertinos, ésta amenazó (y acabó) con la mayoría de las publicaciones y emisiones tradicionales. Facebook y Google han encabezado esa “decapitación” de las empresas periodísticas, comenzando por ofrecer anuncios personalizados dirigidos directamente a los consumidores y en forma gratuita incluso o barata y eficaz.
El Post lo comenzó a sufrir, mientras que otros periódicos como el inglés The Independent colapsaba en su edición en papel, a medida que las pérdidas se volvían insostenibles. Le correspondió a Donald Graham, hijo de Katharine, hallar a alguien que le sacara “las castañas del fuego”; esto es, que reflotara al medio y evitara su hundimiento definitivo y final. También, se imponía la urgencia de optar, como el Times de Londres, por la publicación digital o virtual. Fue así como se establecieron contactos con el fundador de Amazon, el multimillonario Jeff Bezos, y éste compró el periódico de la Capital estadounidense.
Un testigo describió el momento cuando conoció al heredero del Washington Post, Graham hijo: “lo conocí cuando llegó al Post. Me pidieron que le mostrara la sala de composición. Era el corazón del periódico, donde la producción creativa de la redacción se componía en metal caliente y se montaba en marcos de acero, conocidos como ‘formas’, que se convertirían (después) en páginas. Me llevé bien con él y nos hicimos amigos. Debió ser muy doloroso para él vender el Post (a Bezos), confiarlo a un hombre con el dinero necesario para mantenerlo a flote, hasta que un nuevo plan de negocio diera sus frutos.” Puntualizó.
Empero, con tristeza, el nuevo inversionista no pudo alcanzar su cometido y parece que tampoco le importó mucho su nueva adquisición: uno de los periódicos más importantes de los Estados Unidos y de la prensa mundial y no ha hecho mucho por salvarlo. Jeff Bezos estará unido por siempre a la debacle del diario y se le conocerá en los estudios sobre historia como el inversionista que puso el “último clavo en el féretro del Washington Post.” Y más tristeza invade los corazones de quienes trabajaron el este periódico y en sus millones de suscritores, cuando recuerdan las no tan viejas glorias obtenidas por el tabloide y también por el simple hecho de escuchar al chico en bicicleta que lo lanzaba a los árboles de los jardines, cada mañana, y a los perros salir a buscarlo para entregarlo a sus dueños. Imágenes nostálgicas, hoy apesadumbradas, que nunca volverán a las vidas de los habitantes de esta inmensa Capital estadounidense.
Un gigante de la prensa mundial ha entrado a cuidados intensivos.
MÉXICO D.F.-(Especial para The City Newspaper) En toda conferencia de prensa en la que participa Gianni Infantino, presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA), se le cuestiona lo mismo: ¿Peligra la sede mexicana durante el Mundial que está pronto a celebrarse, compartido con los Estados Unidos y Canadá? Porque la actividad de los narcotraficantes, hoy los más poderosos de cuantos existen en el planeta, se ha disparado después del asesinato por parte de las autoridades mexicanas, del capo Nemesio Oseguera Cervantes, alias “el mencho,” ex líder del poderoso cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Infantino insiste con una respuesta estereotipada y esperable de parte de él: “Todo está bajo control.” Dice. Lo mismo repite la presidenta de México, la judía Claudia Sheinbaum, profundamente cuestionada por su amistad con la dictadura cubana y por los presuntos nexos del gobierno mexicano con los cárteles de la droga, “desde la noche de los tiempos.” Ciertamente la muerte del “mencho” se debió a una presión hecha por la Casa Blanca y de la que Sheinbaum no pudo escaparse; incluso, Donald Trump manifestó después de enterarse del deceso del paria en cuestión, que “México debe intensificar sus esfuerzos contra los cárteles y las drogas”, sin tomar en consideración que una “tregua” entre el gobierno mexicano y los delincuentes de la droga debería darse, pues la celebración del Mundial está a las puertas, ya que será en junio próximo. A nadie le conviene una guerra desatada en estos tiempos, pues podría dar al traste con la celebración del certamen balompédico, de los pocos juegos que se llevarán a efecto en México.
Tras el abatimiento del capo de la droga, Donald Trump, fiel a su exagerada manera de ser y comportarse, se explayó en exclamaciones al respecto; y la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien transmitió el agradecimiento de parte del gobierno de los Estados Unidos al ejército mexicano “por la exitosa ejecución de la operación contra ‘el mencho’. Estados Unidos –manifestó la funcionaria-, proporcionó apoyo de inteligencia al gobierno de México para ayudar en una operación en Talpalpa, Jalisco (México), en la que fue eliminado Nemesio ‘el mencho’ Oseguera Cervantes, el infame narcotraficante y líder del cártel Jalisco Nueva Generación. El presidente Trump ha sido muy claro: Estados Unidos se asegurará de que los narcoterroristas que envían drogas mortales a nuestra patria, se enfrenten a la ira de la justicia que se merecen desde hace tiempo.” Puntualizó, dando a conocer la postura de Washington en relación con este asunto. Se desprende, por lo tanto, que la celebración del Campeonato Mundial de Futbol en unas pocas sedes mexicanas, no importa tanto a la Casa Blanca y que antepone en importancia la muerte de los narcos a la celebración del futbol.
Por su parte, el subsecretario del Departamento de Estado de EE.UU, Christopher Landau, calificó la muerte del ‘mencho’ como “un gran avance para México, Estados Unidos, América Latina y el mundo.” Según dejó escuchar recientemente. También expresó sentirse triste y preocupado por las escenas violentas desatadas por los fieles al narco asesinado, en varios sectores del territorio mexicano y añadió a su posición: “Los buenos somos más que los malos. Felicidades a las fuerzas del orden público de la gran nación mexicana. No sorprende que los malos estén respondiendo con terror, pero nunca debemos perder la calma. ¡Ánimo, México!” Dejó leer en un comunicado despachado desde su oficina en la Capital estadounidense.
Yendo a la propia residencia de Los Pinos, sede del gobierno de México, la prensa internacional ha considerado el ataque al “mencho” como la primera gran acción de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien, hasta el momento previo, había evitado referirse siquiera al tema del narcotráfico y los cárteles en la realidad mexicana. Pero, según la opinión de quienes la conocen y saben de las prioridades de estos gobiernos “aztecas”, posiblemente sea de las pocas “aventuras” que esta mujer llevará a cabo, a no ser que la Casa Blanca se lo vuelva a exigir. De tal manera, sino hubiera sido por el empuje desde Washington, Sheinbaum jamás hubiese actuado contra el capo asesinado.
Lo cierto es que Nemesio Oseguera Cervantes, alias “el mencho”, era considerado el gran capo narco de México, líder del cártel Jalisco Nueva generación (CJNG), cuyos tentáculos se extienden por todo el territorio de este país; y, en el extranjero, desde los Estados Unidos hasta Ecuador, en América del Sur, nación donde tiene una importante presencia. La prensa mundial describe la decisión tomada por la mandataria mexicana, de esta precisa y lacónica forma: “supone ser la primera gran acción de la presidenta Claudia Sheinbaum contra el narcotráfico, espoleada sin duda por la presión política que ejerce Washington.”
Las consecuencias de esta “baja” del narco han sido varios disturbios en casi todo México, más la detención de otras 25 personas, presuntamente ligadas con la actividad delictiva de este cártel. Esto último en Jalisco.
Y es que la DEA estadounidense había tasado la captura y entrega del “mencho” en US$15 millones para quien lo hiciera, la misma cantidad ofrecida por la cabeza del general venezolano, Vladímir Padrino López, jefe del ejército chavista; y desde hace un año atrás, el cártel bajo el mando del “mencho” estaba en la mira del Departamento de Estado de USA, como organización terrorista extranjera y terrorista global, en el mismo nivel que el cártel de Los Soles, que contaba con Nicolás Maduro, el ex dictador venezolano capturado, como uno de sus líderes.
En criterio de Washington, el cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), es uno de los principales exportadores del mortal fentanilo, hacia los consumidores estadounidenses.
A raíz de la “baja” del “mencho”, se desató una ola de violencia extrema en varios Estados mexicanos y ha puesto al gobierno en máxima alerta: las escuelas se cerraron en unos ocho Estados que experimentaron los alzamientos en las calles, hubo cortes en las carreteras, incendios de vehículos y negocios y la cancelación de decenas de vuelos de aerolíneas de Estados Unidos y Canadá. Aspectos que llamaron a la preocupación a los dirigentes de la FIFA, quienes indicaron que algo parecido podría suceder durante la celebración del Mundial.
Gobiernos de países como España, Portugal e Inglaterra se han comunicado con sus ciudadanos, quienes residen en México o están en breves visitas, para que se protejan ante el inseguro clima que aquí se vive. Es así como el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, hizo ese llamado desde Bruselas donde participaba en una importante reunión de ministros de esa misma cartera: “Hago un llamamiento a todos los españoles que se encuentren, o bien por turismo o por motivos profesionales, de paso en estos momentos en México, y especialmente en la demarcación consular de Guadalajara y que por lo tanto, no nos consten en nuestro registro de matrícula consular, que se pongan en contacto con el consulado.” Actualmente, viven en este país de Norteamérica más de 225,000 españoles.
Las revueltas propiciadas por líderes de menor envergadura del mismo cártel, se efectuaron en todo el Estado de Jalisco, incluyendo Guadalajara y Puerto Vallarta, luego de que las autoridades federales realizaron el operativo contra el crimen organizado en el municipio de Tapalpa. Fue tal la violencia, que las autoridades de Puerto Vallarta emitieron una alerta pública a los pobladores mexicanos para “que permanezcan en sus casas” y no pongan sus vidas en riesgo de muerte. Esto debido al enfrentamiento a balazos y con otras armas de mayor calibre, en las calles de esta ciudad.
Ante tal panorama, el Ministerio británico del Exterior publicó en su página web oficial que es recomendable a sus ciudadanos “mantenerse alerta y seguir las recomendaciones de seguridad locales.”
En el caso de Portugal, su gobierno aconsejó a sus ciudadanos que están ahora mismo en México por diversos motivos, que no se trasladen por ese país “innecesariamente”, según declaraciones hechas por su ministro del Exterior, Paulo Rangel, quien lo hizo desde Bruselas, Bélgica, Capital de la Unión Europea (UE), donde se encuentra en una cumbre de ministros de Exteriores. Añadió que los portugueses “adopten todas las cautelas y prudencias posibles, porque la situación (en México) es preocupante.” Por esa razón, la embajada portuguesa en México publicó un consejo semejante en sus redes sociales, que son de carácter oficial así mismo.
La coyuntura es particularmente preocupante para las autoridades deportivas, en concreto las futbolísticas, porque Guadalajara, la segunda ciudad más grande de México, será sede de cuatro partidos del Mundial del 2026 y quedó paralizada cuando su población fue aconsejada por la policía para que no saliera a las vías públicas. Fue cuando todos los negocios cerraron y los autos dejaron de circular, provocando un clima de altísima tensión nunca antes experimentado en esta urbe, ni en ninguna otra de América Latina, con excepción de Puerto Príncipe, Capital de Haití, donde las revueltas y refriegas se dan todos los días.
En las calles de Guadalajara, en aquellos momentos, sólo se escuchaban las sirenas de los bomberos que transitaban velozmente, para apagar los incendios que fueron desatados por los seguidores del capo asesinado. En reacción a la operación militar, los esbirros del “mencho” salieron a las vías, fuertemente armados, bloquearon con autos y camiones incendiados varias carreteras del Estado de Jalisco, al oeste del país, donde quedaron los restos de esos vehículos, completamente calcinados.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en presencia de gran cantidad de corresponsales de la prensa mundial, aseguró que “Nemesio Oseguera estaba considerado el último de los capos al estilo de Joaquín “el chapo” Guzmán e Ismael “el mayo” Zambada, que fueron detenidos en el 2016 y el 2024 respectivamente y ahora presos en los Estados Unidos. (Nosotros) proporcionamos apoyo de inteligencia al gobierno mexicano en la operación contra ‘el mencho.’” Puntualizó la vocera.
La refriega entre las fuerzas gubernamentales del orden y los seguidores del narco abatido , fue tan violenta, que se cobró las vidas de unos 25 miembros de la Guardia Nacional, un custodio y un funcionario de la Fiscalía General de la República, de acuerdo a información brindada por el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. Y en el Estado de Jalisco murieron también 30 integrantes de la organización criminal y una mujer, quienes cayeron por las balas de la policía y el ejército mexicano; otros 70 fueron detenidos por los bloqueos de las carreteras en siete Estados. En este último punto, el Secretario de Defensa, general Ricardo Trevilla, aseguró que “todas las carreteras han sido liberadas” y que el ejército desplegó a 2,500 efectivos en el oeste de México, junto a otros 7,000 que ya estaban en Jalisco. “La intención es, más que nada, tener un efecto disuasivo.” Explicó.
Empero, en Guadalajara, el terror cundió por todos sus recodos, incluyendo al aeropuerto internacional cuando los viajeros allí estacionados escucharon los disparos y observaron las columnas de humo que partían desde los vehículos incendiados por los miembros del cártel “en guerra.” En Aguascalientes sucedió algo parecido cuando se jugaba un partido de futbol femenino, entre el Necaxa y el Querétaro. Juego que fue suspendido de inmediato, porque los disparos de armas cortas y las detonaciones varias, se daban en las inmediaciones del estadio. Algo que podría darse en los instantes cuando se jueguen los partidos del Mundial 2026, justamente porque los delincuentes podrían tomar venganza en ese acontecimiento que es de carácter universal.
No obstante, el analista del periódico español El Mundo, Pablo Cícero, considera que “aún es pronto para conocer cómo reaccionará la hidra del narcotráfico en México, cuántas cabezas más brotarán. Lo que sí es una certeza es que durante los próximos días la población de México estará bajo fuego cruzado. Todo esto, a cuatro meses del Mundial de Fútbol. Guadalajara, Jalisco, una de las sedes, huele ahora a pólvora y gasolina.” Apostilló.
La muerte del narcotraficante Nemesio “el mencho” Oseguera Cervantes, recién ultimado a balazos por las autoridades mexicanas, se logró, inicialmente, cuando éste decidió encontrarse con su amante en un lugar reservado para ambos, en Tapalpa, a dos horas de Guadalajara. Fue cuando las Fuerzas Especiales del ejército mexicano y de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional, determinaron que aquel lugar y aquel momento, eran los idóneos para capturar al líder del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). “Capturarlo”, ese era el plan inicial. Que resultara muerto después, fue cuando las cosas no salieron como se tenían trazadas de antemano.
Guadalupe Moreno Carrillo fue la mujer que se encontró con “el mencho”, para sostener relaciones íntimas en aquel lugar apartado y nunca se percató que estaba en “el ojo” de la DEA y del gobierno mexicano; es decir, la inteligencia le venía siguiendo los pasos desde hacía bastante tiempo atrás y por medio de ella… se llegó al delincuente narcotraficante. Estuvieron juntos hasta el sábado en aquel lugar reservado (unas cabañas) de Tapalpa, Jalisco; pasaron la noche acompañándose en aquel “nido de amor” y cuando ella se marchó, “el mencho” continuó en el mismo sitio, supuestamente descansando. Fue cuando las fuerzas federales rodearon la vivienda y dio inicio el tiroteo, el enfrentamiento de ambos grupos. Fallecieron siete sicarios que vigilaban a Oseguera y un militar.
Mientras sus secuaces se batían a balazos con las autoridades, el capo salió de la casa y se escondió en una zona boscosa, aunque fue encontrado a los pocos minutos. Disparó desesperado contra las fuerzas del orden y resultó gravemente herido, lo mismo que dos de sus hombres. Tal fue la gravedad, que fueron trasladados de urgencia a un hospital cercano, pero los narcotraficantes murieron en el trayecto, incluyendo al “mencho” por supuesto. Los restos mortales fueron trasladados a la Ciudad de México, vía aérea.
Otro que fue baja en estos tiroteos en ambas direcciones, fue alias “el tuli”, el lugarteniente del capo. Ese individuo era quien ordenaba los ataques a las instalaciones militares y los bloqueos en las carreteras, coordinando la contraofensiva del cártel allí donde considerara necesario; incluso, este sujeto llegó a ofrecer 20,000 pesos (unos €1000), por cada militar o policía que fuera asesinado. A ese extremo de las cosas se había llegado. Dichosamente para la sociedad, “el tuli” cayó muerto en su enfrentamiento con las autoridades.
El recuento del armamento encontrado en el sitio de la balacera, concedió la información que dice que los sicarios del “mencho” tenían en su poder 7 armas largas, 2 lanzacohetes, 8 vehículos, 2 racer, cartuchos y cargadores.
Fue así como un encuentro de esta pareja, facilitó el deceso del narcotraficante, uno de los más peligrosos de toda América, que estaba llenando de fentanilo, más otras drogas de efecto letal, a los Estados Unidos. Las conclusiones que se desprenden de este acontecimiento, señalan que el éxito se debió a “un fino trabajo de inteligencia que logró penetrar el eslabón más vulnerable de la seguridad del narco: su círculo íntimo. (De tal modo que) las autoridades federales confirmaron que el seguimiento de una de sus parejas sentimentales, fue el factor determinante que delató el paradero del máximo líder del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en Tapalpa, Jalisco.” Asegura un comunicado del ejército mexicano, recientemente difundido.
El mismo informe oficial reproduce las palabras del secretario de la Defensa Nacional de México, Ricardo Trevilla Trejo, quien expuso que “el exitoso operativo se gestó gracias al rastreo incesante de vínculos cercanos del capo, en una labor estratégica que contó con el intercambio de información de agencias de los Estados Unidos.” De hecho, el seguimiento del rastro que iba dejando la mujer, llamada Guadalupe Moreno Carrillo, que dio inicio el 20 de febrero, “fue el principio del fin”, aseveran las autoridades. El deseo del sujeto por estar en una cama con su amante, lo condujo, además de unas horas de pasión, a lo que tanto intentó evitar toda su vida: su violenta muerte entre los árboles del bosque cercano a la cabaña.
El gobierno de México ha sido particularmente cauteloso acerca de la identidad de esta mujer, pero su nombre ha cobrado gran relevancia a partir del momento del asesinato del capo. Los círculos de inteligencia le dan gran importancia, ya que, gracias al seguimiento o rastreo que se le dio, se pudo llegar ante el narcotraficante. Y en los documentos clasificados del mismo gobierno, “Guadalupe” aparece como la pareja sentimental del líder criminal, un puesto que ocupó tras la separación de este sujeto de su anterior compañera, Rosalinda González Valencia.
El expediente en poder del Estado mexicano, revela que Guadalupe Moreno Carrillo aparece mencionada dentro de los apartados relacionados con la estructura operativa del CJNG; aunque, hasta la fecha, las mismas autoridades no han confirmado que ejerza funciones concretas o un rol formal de liderazgo dentro del cártel. Tampoco existe información pública detallada sobre su trayectoria personal ni antecedentes comprobados en actividades ilícitas. La mención de su nombre en los reportes de inteligencia, demuestra que el Estado mantenía un marcaje estricto sobre las relaciones personales del capo, una estrategia que finalmente rindió frutos.
Un parte policial dice que Nemesio Oseguera, líder del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), desafió como pocos al Estado mexicano, con la única finalidad de consolidar su poder: protagonizó emboscadas a los policías, atentó contra el zar de la seguridad en la Capital y hasta derribó un helicóptero militar.
En el momento de su muerte, “el mencho” tenía 59 años de edad, era el delincuente narcotraficante más buscado por el gobierno de los Estados Unidos, que ofrecía una recompensa de US$15 millones; y se le consideraba el último de los capos de estilo Joaquín “chapo” Guzmán e Ismael “el mayo” Zambada, que ahora guardan prisión en tierras estadounidenses.
Nació en el Estado de Michoacán, al oeste mexicano, exactamente en un pueblo llamado Aguililla, la puerta de entrada a una inhóspita zona montañosa. Allí creció, rodeado de plantaciones de marihuana, un aviso de lo que sería su vida en el futuro, siempre relacionado con la ilegalidad y lo delictivo. Adolescente, emigró a los Estados Unidos, donde fue hecho prisionero porque estaba dedicado al tráfico de heroína. Una actividad de “palabras mayores” o gran envergadura, debido a la relevancia y el peligro que entraña esa droga. Cuando cumplió su condena, fue irremediable e inevitablemente deportado a su México natal, donde prosiguió con lo que le dictaba su naturaleza; es decir, delinquir, pero esta vez uniéndose al cártel del Milenio, de donde fue expulsado, debido a peleas internas en esa organización criminal, hasta que el cártel se dividió y una parte se alió a los Zetas, agrupación fundada por ex militares de élite, que practicaban el terror en Michoacán y en otros lugares de la nación mexicana.
Oseguera se marchó al vecino Estado de Jalisco y fundó, paralelo al cártel de Sinaloa, en el 2009, a los llamados “matazetas”, que dos años después asesinaron brutalmente a 35 personas, cerca de una reunión de fiscales del país, en Veracruz, en el Este mexicano.
Finalmente se independizó y fundó el CJNG y se consolidó rápidamente, con una fuerza insospechada para autoridades policiales y analistas de la realidad de México. Tras las capturas del “chapo” Guzmán e Ismael “mayo zambada”, el cártel del “mencho” se convirtió en el más fuerte, poderoso e importante del país. Creó un numeroso grupo de sicarios, fabricó su propio armamento y se expandió por varios Estados. El gobierno de los Estados Unidos lo declaró, en el 2025, organización terrorista, un cártel transnacional con presencia en casi todo México, que trafica fentanilo, extorsiona, hace trata de migrantes, roba petróleo y minerales y comercia con armas.
“El mencho” es descrito por José Reveles, escritor especializado en narcotráfico, como un sujeto de “naturaleza violenta, que no temió desafiar a gobiernos de todos los niveles, a diferencia de otros cárteles que atacan a la autoridad de manera defensiva.” Ejemplo de ello, se dio el 20 de junio del 2020, cuando atacó a Omar García Harfuch, quien ahora ostenta el alto cargo de jefe absoluto de la policía de México. En aquel momento, este personaje resultó severamente herido y dos escoltas suyos fallecieron en el atentado. Y en el 2025, desató una ola de terror en Jalisco, cuando sus sicarios sorprendieron a balazos a la Gendarmería Nacional y emboscaron a una caravana de policías Estatales, cuando viajaban en una carretera. También, derribaron un helicóptero militar con un lanzacohetes RPG, bloquearon carreteras, causaron incendios y mataron a decenas de personas inocentes, entre simples pobladores y autoridades de la policía.
En cuanto a su actividad narco, diversificó “su oferta de drogas”, por no poder competir con otros cárteles más fuertes que operaban en la frontera con los Estados Unidos. Apuntó hacia mercados en Europa, Asia, África y Australia, donde le pagaban la droga a mejores precios.
Una de sus principales características de personalidad era su presunta “timidez” o su deseo de mantenerse el mayor tiempo posible en las sombras. Le gustaba el bajo perfil, cuidándose de no exhibirse públicamente; por ello se ha sabido muy poco sobre su vida. A pesar de ello, en el 2025 apareció en las pantallas de dos conciertos ofrecidos por bandas musicales mexicanas y en el preciso instante cuando tocaban y cantaban narco-corridos. Por todo ello, sus fotografías realmente son pocas.
Se sabe que en la década de los 90s, se casó con Rosalinda González Valencia, con quien tuvo tres hijos antes de divorciarse. Esta mujer fue detenida y dos de sus hijos sufrieron cárcel también. Ella salió libre finalmente; pero el mayor de sus hijos, apodado “el menchito”, fue condenado en los Estados Unidos a cadena perpetua, donde estuvo delinquiendo con drogas y asesinatos por encargo o sicariato. Hoy, su padre ha sido dado “de baja” por el ejército y la policía nacional, una prueba fehaciente de que esta familia conformada por delincuentes “de altos vuelos”, se está acabando de la misma manera como ha actuado toda su vida: a balazos y en forma bastante violenta.
De cara al próximo Mundial de Futbol, que comenzará en junio próximo, el poder del cártel de Jalisco sigue siendo la máxima preocupación, más en estos tiempos que parece “una fiera herida”, ya que lo han descabezado, con “la baja” del “mencho.” Según un informe de la Administración para el Control de Drogas (DEA), esta organización tiene presencia en los 32 Estados que componen a la república de México. Y el periódico mexicano Milenio, asevera que, “pese a la existencia de otros grupos, se convirtió en la primera empresa criminal en expandir sus tentáculos y operaciones a lo largo y ancho del país.” Esta propagación fue posible, en parte, por la débil institucionalidad que posee México, de acuerdo a la apreciación hecha por el sociólogo Isaac Enríquez Pérez.
Este cártel ha funcionado, desde su fundación, como una fuerza paramilitar, que ha efectuado ataques directos “y sin complejo alguno”, contra las fuerzas de seguridad del Estado; además de su permanente e ininterrumpido tráfico de cocaína, metanfetaminas, fentanilo y migrantes hacia su portentoso y siempre receptivo mercado estadounidense.
Con la muerte de Nemesio “el mencho” Oseguera, todo lo malo puede suceder en México cuando las justas deportivas comiencen en junio próximo. Habrá que seguir el derrotero de los hechos, para calibrar hasta qué punto el cártel se diluirá, se fortalecerá o atacará a los puntos neurálgicos durante la competición. Ahora están heridos sus sicarios y traficantes y la gran pregunta que sobrevuela su estructura es: ¿Tienen a otro líder que suplante al “mencho” o continuarán por tiempo indefinido sin “cabeza”, hasta debilitarse y desaparecer? Esto quiere decir que, más a largo plazo, de aquí a junio, habrá que valorar si la muerte del capo reduce o no la violencia en México. Y para David Saucedo, experto mexicano en seguridad: “el mayor temor es que el CJNG podría tomar la determinación de lanzar ataques de narcotráfico… y que genere un escenario similar al que se vivió en Colombia en la década de 1990, un combate frontal al gobierno, con coches bomba, con magnicidios, con ataques a aeronaves.”
En estos precisos instantes, miles de aficionados están pensando viajar y vivir el Mundial en los Estados Unidos y Canadá, que son las otras dos sedes de la Copa del Mundo y descartan a México, para salvaguardar sus vidas. Un buen principio de supervivencia, sin duda alguna. El tiempo hablará claro, lo dirá todo al respecto…
