LA CIUDAD




CHERNÓBIL, Ucrania-(Especial para The City Newspaper) Cualquier antepasado nuestro hubiese creído que se estaba filmando una de esas tantas películas de desastres, que tanto les gustaban a los productores de Hollywood de los años 60, 70 y 80; y que alcanzó un costo económico extraordinario, fuera de todo registro en comparación con otras producciones realizadas mucho tiempo atrás. Que la actuación de los personajes fue impecable; que el realismo superó a la ficción y que la misma fantasía se confundió con el dramatismo impreso en los libretos.
Pero para los cinéfilos desgraciadamente no fue ilusión causada para la gran pantalla del cine, sino que ocurrió en la realidad y fue algo para no congraciarse, ni aplaudir ni hacer comentarios favorables hacia los protagonistas de esta terrible historia.
Hace 40 años, en la planta nuclear de Chernóbil, en Ucrania, el desastre causado por la impericia y las limitaciones propias del ser humano, fue toda una lección para el resto de los congéneres que observaron estupefactos la explosión del reactor número 4 y que diseminó la energía nuclear por los cielos de Europa. Un acontecimiento que se debe recordar hoy, cuando han pasado cuatro décadas; y también en lo que dure el ser humano sobre la superficie de la Tierra. Que sirva de ejemplo para respetar y asegurar el uso de la energía nuclear o, como decidieron hacer los alemanes, descartar para siempre esa clase de energía y apostar por la eólica (el viento) y otras nada peligrosas.
Desde que los soviéticos derrotaron a las tropas alemanas durante la invasión de éstas a la URSS, se consideraron una potencia invencible, la mayor de cuantas existían a partir de los años 40. Comenzaron a invadir otras naciones, apoderarse de la mitad de Europa, sojuzgar a otros pueblos, tratar de encabezar la carrera espacial y crear el arsenal más poderoso y peligroso del mundo. Los soviéticos se creyeron más que los dioses, de esos que nos narra la mitología griega, de la antigüedad clásica.
De hecho, se decía en aquellas épocas que el mundo era bipolar, que estaba dominado por dos grandes superpotencias, rodeadas por dos grupos de países, también poderosos, pero inferiores en otros aspectos y por ello funcionaban en condición de satélites. Se decía que la Unión Soviética estaba en el primer lugar en el aspecto militar; y los Estados Unidos en el económico (capitalismo). Y en apariencia así se creía y tendía a suceder.
Por eso los rusos (o soviéticos), abusaban de la debilidad de otros gobiernos y países y procedían a invadirlos, amenazarlos o infiltrar el comunismo en sus formas de vida. Incluso, la esfera de influencia de los rusos llegó a tales niveles, que grandes partes de Asia, Europa y África, habían sido permeadas por la ideología y el temor que despertaban los marxistas-leninistas llegados desde Moscú. Y en América Latina, los estadounidenses en la Casa Blanca, tenían que hacer ingentes esfuerzos porque la influencia rusa no se apoderara de este subcontinente, donde ya tenían “algunas cabezas de playa” en los casos de Nicaragua, la guerrilla en El Salvador y en la también temible Cuba de Fidel Castro. A duras penas, el gobierno de Richard Nixon logró derrocar al dictador comunista chileno, Salvador Allende, “apagando una hoguera” que prometía incendiar al cono sur de la región.
De esta manera, el poderío soviético inducía a combatirlo, a derrotarlo allí donde se posara y luchar incansablemente por su desaparición, porque una máxima era cierta: o vencían ellos y esclavizaban a la humanidad entera; ganaban la llamada “guerra fría” y todos los focos de guerra de guerrillas donde también se encendían con el auspicio de los soviéticos, o quedaba gananciosa la democracia y el capitalismo como formas libertarias de vida.
Sin embargo y de manera inesperada, insólita e inexplicable, se dieron tres factores que derrumbaron a la Unión Soviética (URSS) desde sus entrañas: 1. la muerte del hierático e inflexible primer ministro, Leonid Brezhnev, que causó la elección del reformista Mijail Gorvachev, quien comenzó a delinear un nuevo país con sus ejes conocidos como “Perestroika” (libertad), y “Glasnost” (transparencia), y que no eran otra cosa que “descarrilar este tren” que iba bastante equivocado en sus objetivos y destino y comenzar de cero con un gobierno, ideología y país completamente nuevo. 2. La invasión a la vecina Afganistán para sostener a su dictador de ideología comunista, fue para el supuestamente invencible ejército soviético, un auténtico “baño de agua fría” que develó su inoperancia, su falta de profesionalismo, su malformación y su desmotivación bélica, algo que se puede observar también ahora, en los militares que han invadido Ucrania y que son los herederos de aquellos soviéticos que fueron derrotados por los guerreros islámicos, llamados muyahidines, armados por los Estados Unidos con los famosos misiles stinger, disparados desde los hombros de los combatientes; y guiados por un personaje que iba a ser relevante en el futuro cercano, con el nombre de Osama bin-Laden, quien se prometió expulsar a los rusos de las “tierras sagradas del Islán.” Tal y como lo haría al cabo de esta guerra aparentemente tan desigual. Y 3, la explosión de la central nuclear de Chernóbil, tragedia que los soviéticos quisieron ocultar, usando todos los medios de amedrentamiento y control de los informadores de la prensa; pero la nube radioactiva era tan densa y se esparcía tan velozmente por los cielos europeos, merced del empuje del fuerte viento, que los escandinavos, especialmente los suecos, dieron la voz de alerta, de alarma, de que algo había sucedido en el Este de Europa y tenía aspecto de un inédito y terrible accidente.
Esos tres golpes puntuales que hemos reseñado aquí, hicieron doblar “las rodillas” al gigante que era la URSS y cayó hacia el suelo finalmente, para no levantarse nunca más.
No hay que resaltarlo mucho ni explicarlo en demasía tampoco, para decir que la planta nuclear de Chernóbil era algo así como “la joya” de la ciencia soviética, el pináculo de la investigación, producción y elaboración nuclear de esta superpotencia que, en el momento del desastre atómico, ya había sido expulsada de Afganistán, en una derrota sólo comparable con la de los estadounidenses en Vietnam; y en la URSS gobernaba el reformista Mijail Gorvachev
El gobierno con sede en el Kremlin intentaba en toda forma posible, brindar imágenes de esta planta nuclear como si se tratara de un lugar adelantado en el tiempo, un sitio futurista a centenares de años, lejos de la mitad de los años 80 que realmente estaban transcurriendo en aquel momento. Incluso, la ciudad de Pripyat, al lado de la planta, era la sede donde vivían los trabajadores de Chernóbil, con sus familias, y era una urbe construida por el gobierno central soviético con la clara intención de impresionar a Occidente con los adelantos tecnológicos, sociales y científicos que los rusos poseían, mayores que cualquier otro país, incluyendo a los Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Alemania iba a abjurar a la energía atómica definitiva y radicalmente, después de lo observado durante la catástrofe en Ucrania, según apuntamos al inicio de este reportaje.
En lo que respecta a Chernóbil concretamente, fue “el monumento a la arrogancia” de la Unión Soviética y que, en boca de los dirigentes rusos, representaba fielmente al poderío del imperio comunista. Pero resulta que el accidente que se dio después en esta planta nuclear, fue una combinación de un mal diseño de esta central que, además, no disponía de un recinto de contención, junto a los errores producidos por los operadores de la misma (tema que explicaremos con detalle más adelante). Fue evidente también la falta de una cultura de seguridad, consecuencia, a su vez, de la falta de un régimen político y social democrático en la Unión Soviética de aquel entonces y ello fue la raíz del accidente gigantesco, abruptamente mortal y que llamó la atención de todos los países que albergaban plantas de parecida especie en sus territorios.
Uno de los errores estuvo en el diseño de un reactor del tipo RBMK, que no hubiera sido nunca autorizado en los países occidentales. Tal la situación. Incluso, nunca se había construido un reactor con ese diseño, fuera de la Unión Soviética.
Cuando los operadores de la planta nuclear de Chernóbil quisieron hacer un experimento, dejaron fuera de servicio esos sistemas de seguridad que acotamos arriba de estas líneas. De hecho, el marco del sistema era escaso y no existía un organismo regulador independiente de inspección y evaluación de la seguridad de las instalaciones de este tipo, de parte de los soviéticos, como sí existen en los países occidentales.
En todo caso, los efectos del accidente de Chernóbil fueron evaluados por organismos internacionales como el OIEA y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que, en su momento, hicieron públicos los resultados de sus investigaciones. Por ejemplo, la OMS llegó a la conclusión irrevocable de que las 50 muertes atribuidas directamente a la radiación liberada por el accidente, no fueron tales; es decir, casi todas esas defunciones fueron de trabajadores de servicios de emergencia, que sufrieron una exposición intensa y fallecieron a los pocos meses de la liberación de energía nuclear. Este mismo informe aseguró que la contaminación provocada por la explosión en el reactor 4, causó alrededor de 4,000 casos de cáncer de tiroides, principalmente en personas que aquella noche del accidente eran niños o adolescentes y vivían en Pripyat, la ciudad adyacente a la central nuclear. Nueve de esos pequeños murieron como producto del mismo cáncer. Pero las conclusiones indicaron que hasta 4,000 personas podrían morir en los años venideros, a causa de la radiación a la que estuvieron expuestas cuando el mismo reactor se hizo añicos en el aire. A ese resultado llegó un equipo internacional, integrado por más de 100 científicos, quienes investigaron, analizaron y arribaron a la inevitable conclusión aquí resumida.
En cuanto al impacto psicológico derivado del desconocimiento del efecto de la radiación y las informaciones incorrectas que se prodigaron después del estallido, ha sido uno de los daños más importantes causados a la población que vivía cercana y sufrió en carne propia esta catástrofe.
En lo que atañe al medio ambiente circundante, los ecosistemas afectados se han estudiado profundamente y vigilado ampliamente en los últimos 20 años y han dado como resultado grades emisiones de radionicleidos, en los primeros 10 días, que contaminaron a más de 200,000 kilómetros cuadrados de toda Europa.
Para comprender mejor lo que sucedió en esta planta nuclear soviética, hemos de redefinir su ubicación: se encuentra en Ucrania, que en aquel momento preciso formaba parte de la Unión Soviética, junto a otras repúblicas como Georgia y Bielorrusia, posteriormente independizadas, a 18 kilómetros al noroeste de la ciudad de Chernóbil; y a 16 kms. de la frontera entre Bielorrusia y Ucrania; y a 110 kms. al norte de la Capital ucraniana, Kiev.
Esta central tenía cuatro reactores RBMK-1,000, con capacidad para producir 1,000 MW cada uno. Entre 1977 y 1983, se pusieron en marcha progresivamente los cuatro primeros reactores; pero el accidente frustró la terminación de otros dos que estaban en construcción en ese momento. Es importante subrayar lo que reseñamos anteriormente en este mismo reportaje, que el diseño de estos reactores no cumplía con los requisitos de seguridad que, en aquellos tiempos, ya se imponían a todos los reactores nucleares de uso civil en Occidente. Por ejemplo, los reactores 1 y 2 de Chernóbil carecían de edificios de contención; mientras los 3 y 4, se hallaban dentro del llamado “blindaje biológico superior.”
Era la 1:23:45’ de la madrugada, del 26 de abril de 1986, cuando el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil, ubicada en las afueras de la modernísima y futurista ciudad de Pripyat, explotó, causando el peor accidente nuclear de la historia de la humanidad, uno de los mayores desastres medioambientales ocurridos jamás en toda la Tierra. Dicha explosión liberó alrededor de 5,2 exabecquerelios de material radiactivo hacia la atmósfera, equivalente a unas 400 bombas atómicas semejantes a las lanzadas por los estadounidenses en Hiroshima y Nagasaki, en Japón, al final de la Segunda Guerra Mundial. Creó una nube radioactiva que se expandió por toda Europa e, incluso, llegó hasta América del Norte.
Una vez analizados los pormenores, se llegó a la conclusión de que este accidente ocurrió por culpa de una combinación de negligencia gubernamental, en Moscú, y fallos de diseño del reactor RBMK, que no eran conocidos ni contemplados por el personal que operaba la planta nuclear.
A esa hora de la madrugada, el jefe encargado de la central nuclear de Chernóbil, ordenó realizar una prueba de seguridad, en la que se iba a simular una pérdida de energía eléctrica externa y comprobar de paso si la inercia de la turbina podía mantener suficiente electricidad durante unos segundos, para alimentar sistemas críticos, hasta que arrancaran los generadores de emergencia. La prueba era una verificación de seguridad del reactor RBMK, exigida desde su construcción en 1982, pero que había sido pospuesta en tres oportunidades anteriores. La prueba quería reducir previamente la potencia del reactor a niveles bajos, lo que, debido a su diseño, provocaba inestabilidad operativa por acumulación de xenón-135. Pero debido a un problema en la red eléctrica, la prueba se retrasó alrededor de 10 horas, durante las cuales el reactor permaneció en ese régimen de baja potencia, aumentando en forma significativa la inestabilidad.
Tras la caída de potencia del reactor, provocada por el envenenamiento por xenón-135, el personal de la planta intentó recuperarla retirando manualmente un número excesivo de barras de control, lo que dejó al reactor operando fuera de los márgenes de seguridad, con poca capacidad de regulación y una distribución de potencia inestable. En ese estado y con el reactor comprometido, se inició la prueba de la turbina, que implicaba cortar el suministro de vapor. Esto alteró el equilibrio del sistema de refrigeración y favoreció la formación de vapor en el núcleo, lo que en un RBMK aumenta la reactividad. El resultado fue un incremento brusco e incontrolado de potencia, en cuestión de segundos.
Y al intentar detener la reacción mediante el botón AZ-5, pensado y construido como un mecanismo de apagado de emergencia, el diseño de las barras de control provocó un aumento adicional de reactividad en el núcleo inferior, acelerando aún más la reacción. Esto llevó a una escalada inmediata de potencia, que terminó en la destrucción del núcleo por explosiones de vapor y el posterior incendio del grafito.
En ese momento de desesperación, el personal ejecutó una prueba poco habitual en un reactor con características poco comprendidas operativamente, y/o con manuales de procedimientos poco comprendidos operativamente. Testimonios de varios operadores que trabajaban en Chernóbil, informaron que habían seguido el procedimiento y no entendían, empero, lo que había sucedido.
En todo caso, el accidente provocó las muertes de unas 31 personas en las siguientes dos semanas; y la evacuación, en autobuses enviados por el gobierno central en Moscú, de unas 116,000 personas que vivían en Pripyat. También, 134 bomberos fueron hospitalizados con síndrome de irradiación aguda, debido a la absorción de dosis altas de radiación ionizante, de los cuales 28 murieron en los meses posteriores; y aproximadamente otras 14 muertes sospechosas de cáncer inducido por radiación. Esto, en los siguientes 10 años.
Lo cierto es que el reactor # 4 rompió el techo por completo y dejó escapar una columna llena de matices distintos, de colores que se veían perfectamente en la oscuridad de aquella noche (a miles de kilómetros de distancia) y que no eran otra cosa que el material radiactivo que subía hasta la atmósfera. Esa liberación de material continuó durante 10 días más, hasta que se controló el fuego en el reactor. Luego, la decisión de Moscú fue construir un sarcófago, con la finalidad de detener el escape del material nuclear. Fue cuando aparecieron los famosos liquidadores, vestidos con trajes que iban de sus cabezas hasta los pies, botas pesadas y herramientas manuales para hacer frente a la catástrofe. El sarcófago fue hecho con acero y hormigón y la intención era que cubriera el edificio del reactor 4, que nunca fue planeada para ser construida como una solución permanente. Dicho sarcófago fue construido con la idea de que tuviera una vida útil de unos 30 años, hasta que en el 2016, una empresa francesa se hizo cargo de hacer el nuevo sarcófago, que es el que tiene actualmente el mencionado reactor y que los rusos han destruido en partes importantes, a raíz de su estúpida guerra contra Ucrania.
Este gigantesco techo en forma curva y que fue movido pesadamente con el uso de raíles de ferrocarril hasta la posición actual, permite desmantelar y limpiar el edificio del mismo reactor durante 100 años, ya que la fuga de material radiactivo prácticamente es eterna; o sea, mientras el planeta siga girando. Nunca terminará ese peligro de la radiación. Con base en lo aquí descrito, hay que hacer énfasis en que el accidente de Chernóbil ha sido el más costoso en la historia… se han gastado en evitar la propagación de la energía nuclear, unos €700 mil millones.
Un dato que hay que tener en consideración es aquel que señala que el accidente ocurrió el 26 de abril de 1986; pero los soviéticos siguieron utilizando esta central nuclear hasta diciembre del año 2,000, cuando detuvieron la unidad 3 que estaba en funcionamiento. El gobierno de Ucrania, a la postre satélite de la Unión Soviética en aquel tiempo, accedió al cierre, luego de llegar a un acuerdo económico (millonario que le fue pagado a su presidente), con Euratom, el gobierno ruso y el Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo. En parte, el convenio permitía completar la construcción de los reactores Khmelnitski 2 y Rovno 4. Y con la electricidad producida en esas centrales, sirve actualmente para satisfacer las necesidades energéticas de Ucrania. Además, los reactores que fueron construidos por los soviéticos, incluyendo los RMBK, fueron mejorados con una gigantesca ayuda de las potencias de Europa Occidental, en los casos de Inglaterra y Francia, principalmente.
Posterior a esta grave situación, las compañías eléctricas alrededor del mundo, fundaron la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO), con el propósito de alcanzar los más altos niveles de seguridad y fiabilidad en la operación de centrales nucleares, a través de información técnica, de la comparación, emulación y comunicación entre sus miembros.
Y en julio del 2007, se creó, por iniciativa de la Comisión Europea, el llamado High Level Group on Nuclear Safety and Waste Management, con la finalidad de ayudar a la Unión Europea (UE), a alcanzar sus objetivos en el campo nuclear y a que, si bien es decisión de cada Estado miembro apostar o no por esta fuente de energía, la cuestión de la seguridad nuclear y los residuos radioactivos conciernen a todos. Este grupo ayuda a la Comisión Europea a desarrollar normas europeas referentes a la seguridad en las instalaciones nucleares y el tratamiento seguro del combustible gastado.
De hecho, los países occidentales han seguido poniendo nuevas unidades en operación, después del accidente de Chernóbil y programas adicionales de nueva potencia nuclear se están desarrollando fundamentalmente en los países asiáticos, en los que se experimenta un gran incremento de la demanda de energía eléctrica.
Sin duda alguna, la catástrofe de Chernóbil fue un llamado a la consciencia de millones de personas en los continentes donde se estaba poniendo “de moda” el uso de la energía nuclear. “El apocalipsis” desatado con la explosión del reactor 4, que sigue emanando energía altamente radioactiva y lo hará por miles de años en el futuro, hizo abrir los ojos a los admiradores de esta energía, para que detuvieran sus actividades al respecto o la desecharan por completo, como lo hizo el gobierno de Alemania, liderado por Ángela Merkel, quien observó otro gravísimo problema fundamentado en el depósito de la basura nuclear; es decir, “¿Adónde dejarla sin que cause daños ambientales y a los seres humanos en derredor?” En un principio, toda esa basura se depositó en unos túneles bajo tierra, pero después se hicieron insuficientes y el tema no se volvió a tocar en Alemania desde entonces. Pero los sucesivos gobiernos al de Merkel, optaron por las gigantescas hélices para generar energía eólica, que son bastante visibles a lo largo y ancho de esta potencia europea. En la actualidad, las plantas nucleares más grandes de Europa, a la postre las más peligrosas, continúan en Ucrania, nación que enfrenta una guerra desalmada con la Rusia de Putin y que éste podría ganar al instante, tan solo con bombardear una de estas centrales, aunque causaría otra catástrofe igual o peor a la de Chernóbil en tiempos de la Unión Soviética.
Después del transcurso de 40 largos años de aquel accidente, la pregunta que surge una y otra vez, es: ¿Puede repetirse algo similar en otras plantas nucleares? Y los expertos que han estudiado hasta la saciedad ese acontecimiento, han hecho el recuento de los daños y que serían irrepetibles en las centrales europeas. Es decir, la repuesta se dirime con un tajante “no”. No es posible que suceda otro Chernóbil actualmente o en el futuro. En principio porque el accidente de aquella central se dio por una serie de circunstancias irrepetibles, como la falta de una cultura de seguridad, no contar con un organismo regulador y el hecho de que prevaleciera el poder político frente al conocimiento tecnológico. A ello deberá sumársele el reactor soviético RBMK, que no disponía de un recinto de contención, donde habría quedado confinada la radioactividad, ya que el diseño no permitió la recuperación del control del reactor, para evitar así la emisión de radioactividad hacia la atmósfera. Además, ese tipo de reactor nunca habría obtenido la autorización para funcionar en los países occidentales; y, desde el accidente en mención, o bien se han parado definitivamente ese tipo de reactores o se han perfeccionado, gracias a los programas de mejora de la Unión Europea (UE), en los que también han tenido participación los Estados Unidos y Japón.
El programa de restauración de Chernóbil fue financiado por 29 países que contribuyeron al Fondo para el Confinamiento de Chernóbil. Así, el entonces ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, anunció en noviembre del 2011 que había suficientes compromisos financieros para comenzar la construcción del nuevo sarcófago que iba a cubrir el reactor en desgracia. El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, constituido en 1997, se encargó de emitir los fondos necesarios para dar inicio a la gigantesca obra de ingeniería y también la construcción de un almacén para el combustible usado en las otras tres unidades de Chernóbil, con capacidad para recoger y almacenar más de 200,000 elementos combustibles o radioactivos.
El sarcófago, que tapa a todo el reactor 4, tiene una elevación de 22 metros en el arco superior del primer módulo; está formado también por la unión de varios arcos más estrechos y ha sido dotado por un revestimiento estanco, con un peso total de unas 5,300 toneladas. Cuando fueron completadas las secciones intermedia e inferior del módulo, se soldaron gradualmente entre sí, se elevaron en conjunto hasta alcanzar la altura de 108 metros. Una vez completado el módulo, fue llevado sobre una pista de hormigón, hasta colocarse frente al antiguo sarcófago construido precipitadamente por los soviéticos.
El segundo módulo fue construido con el mismo método y se colocó después del primero gracias al uso de grúas y maquinaria necesaria para las operaciones de desmantelamiento y la retirada de material, que fueron ejecutadas por control remoto desde el exterior del nuevo sarcófago. Por último, se unieron los dos módulos y se colocaron sobre el sarcófago “soviético”, mediante gatos hidráulicos. Así mismo, se colocaron dos paredes laterales de cierre.
Esta nueva contención del material radioactivo, una vez instalada, alcanzó los 108 metros de alto, 257 de ancho y 150 metros de longitud y un peso de 30,000 toneladas. El edificio es hermético por completo, para proteger el interior de fenómenos atmosféricos exteriores, como para impedir la salida incontrolada al exterior de combustibles y materiales contaminados que se vayan manipulando para su disposición. Sin embargo, el edificio no está diseñado como blindaje, por lo que las operaciones desde el exterior tendrán que ejecutarse con la debida protección del personal contra las radiaciones gamma.
La construcción y la instalación de este sistema, finalizaron en el 2015; y está diseñado para durar más de 100 años y se espera que el desmantelamiento total esté terminado para entonces. Esto si los rusos invasores de Ucrania no lo destruyen como ya han querido hacerlo, dejando caer sus misiles en los alrededores. Incluso, invadieron el perimetraje de la planta de Chernóbil, desplazaron a los guardianes ucranianos especializados y debidamente entrenados, e hicieron acampar a varios regimientos de soldados, todos ellos muy jóvenes, en el llamado “bosque rojo”, compuesto por pinos, y que tiene ese color rojizo que la radiación nuclear le ha dado desde el mismo día de la tragedia. Todos esos militares desarrollarán en el futuro próximo, distintas clases de cáncer, como una muestra de la estupidez del alto mando ruso que los envió a ese lugar de peligro y muerte.
Cerramos el presente reportaje que conmemora los 40 años desde la explosión de la famosa planta nuclear, con la descripción hecha por Anatoli Doroshenko, de 38 años de edad, e investigador del Instituto para los Problemas de las Centrales Nucleares (ISPNPP), y que tiene el trabajo más peligroso del mundo, cual es recorrer el laberinto radioactivo, bajo el reactor 4 de Chernóbil. “El reactor 4 de la Planta Nuclear de Chernóbil –comienza su narrativa-, quedó completamente destruido con la fatal explosión del 26 de abril de 1986; pero a unos 10 metros de profundidad, aún están los centros de control y monitoreo, que sobrevivieron al desastre. Es como un gran laberinto bajo el reactor. Mi trabajo incluye recorrer ese laberinto al menos una vez al mes, una misión que puede considerarse el trabajo más peligroso del mundo. En esa red de salas y corredores subterráneos, todo está contaminado por la radiación: el piso, los equipos, las paredes y el aire. Ahí me encargo de revisar los equipos, recolectar datos, instalar medidores, tomar muestras y monitorear el estado del combustible nuclear. En algunas salas, la radiación es tan alta, que debo completar esas tareas en menos de cuatro minutos y salir de inmediato. En otras, los niveles de radiación no son aptos siquiera para detenerse ahí. Mi labor es clave para asegurar que las condiciones del reactor se mantengan estables. Mi trabajo me produce miedo, pero yo uso al miedo como mi aliado: el miedo te ayuda a mantener el control y seguir las indicaciones para asegurar bajas dosis de radiación. Aquí el mayor riesgo es acostumbrarse a las condiciones del lugar. Si te acostumbras al miedo, comienzas a ignorar que estás rodeado de radiación. Cualquier cosa, un guante, una pieza de metal, puede estar contaminado, aunque no lo notes.” Explica.
Este hombre recorre, igual a un fantasma, los laberintos, los corredores donde hay iluminación; pero él y sus colegas prefieren valerse de linternas. Algunos pasajes son tan estrechos que deben caminar agachados y todas las salas y corredores están señalizados, pero hay que conocer bien el camino para no perderse entre los pasadizos. Y vuelve a narrar: “También tenemos mapas de contaminación que indican cuáles son las áreas con mayor radiactividad. Aquí todos los científicos sabemos dónde podemos trabajar y dónde no. El lugar está lleno de tubos con agua radioactiva y peligrosas formaciones de corio, una sustancia que se produjo cuando, por las temperaturas de miles de grados Celsius, el combustible nuclear se mezcló con las estructuras del núcleo del reactor. Como si fuera lava (volcánica), esa sustancia se ha filtrado entre las ruinas, formando figuras peculiares. A una de las más conocidas, se le conoce como ‘la pata de elefante’. Mucho del combustible nuclear está en rincones inalcanzables para nosotros. Si pudiéramos tomar muestras del reactor destruido, podríamos determinar con precisión su nivel de riesgo nuclear. Pero está bajo una enorme capa de hormigón y el acceso humano es imposible. Por eso realizamos mediciones, para comprender qué procesos ocurren en el combustible nuclear.” Cita este funcionario del gobierno de Ucrania, quien, para bajar al laberinto, tiene que ponerse varias capas de indumentaria protectora, que incluyen cubre-mangas, cubre-zapatos y un respirador FFP2 con válvula. Y en algunas zonas más estrechas, donde tiene que abrirse paso entre los escombros, debe añadir un atuendo especial de polietileno. Al salir, debe pasar por varios puntos de control y una “zona sucia”, donde se quita la ropa que pasa a ser descontaminada o directamente a su destrucción, si no se le puede mover la radiación. Después debe ducharse obligatoriamente y pasar por una estación de dosimetría para confirmar que no renga partículas radioactivas en su cuerpo.
Y concluye: “Cuando visito la unidad 4 me lleva a un estado casi eufórico, una emoción que, creo, se puede comparar con la de escalar el Everest; pero aun así, la clave es mantener el control. Lo principal es no entrar en pánico, el pánico que te lleva a cometer errores. Este lugar está lleno de mitos y a menudo se le demoniza, pero no es tan aterrador como muchos intentan presentarlo. Cuando estás ahí, te das cuenta de que es una estructura creada por el ser humano. Comprendes que este espacio requiere vigilancia y supervisión constantes. Si personas como nosotros dejamos de bajar ahí, se iniciará un proceso incontrolado y eso es peligroso. Una vez al año, me someto a exámenes médicos obligatorios y en mis vacaciones siempre trato de ir al mar. Seguiré bajando a los laberintos del reactor mientras pueda. No me he puesto un límite. Si viera una generación que pudiera reemplazarme, ya estaría pensando en jubilarme. Pero, por ahora, no pienso en eso. Lo más importante para mí, es que la gente tenga presente los retos que enfrenta Chernóbil: contener la radiación de los residuos de combustible nuclear y el control de las instalaciones. Es un trabajo duro. Chernóbil no debe ser olvidado.” Observa Anatoli Doroshenko, un hombre que tiene una mezcla difícil de encontrar en otra persona: heroísmo, valentía, temor, actitud suicida al entrar a las profundidades de la central nuclear, altísima responsabilidad y un temor a morir por la radiación, temor que atenúa y ha aprendido a vivir con él y valerse también de él.
Han pasado 40 años desde aquella madrugada fantasmagórica y en los alrededores de Chernóbil la vida se ha regenerado: nacen, crecen y mueren plantas y animales, con el común de que en sus cuerpos y tallos, en el caso de la vegetación, llevan la radiactividad que no cesa y nunca cesará mientras este planeta no deje de girar.
WASHINGTON D.C. USA-(Especial para The City Newspaper) Hace muchos años, propiamente en la década de los años 70, escuchamos de un periodista viejo, que ejercía en la radio, que el final de la prensa escrita (los periódicos), estaba supeditado a la inmediatez que brindan los telediarios y las noticias radiofónicas, “porque la información escrita sólo se puede obtener al día siguiente,” mientras que la llamada prensa electrónica la brinda al instante. Eso dijo en aquel momento de tertulia en el que estábamos. Y añadió: “Talvez los periódicos, los artículos escritos, vayan a servir para que el lector reflexione sobre ellos (pero no para informarse, porque ya lo habrá hecho por medio de la televisión y la radio).”
Muchos años después de su muerte y con la aparición del internet y aún más con el internet mediante el celular o teléfono móvil, la desaparición de la prensa escrita comenzó a suceder y de manera vertiginosa en la mayoría de los países alrededor del globo terráqueo. Con el internet, incluso, la “inmediatez” de la información fue todavía “más inmediata” (valga el término) y facilitó a los internautas no sólo el acceso a miles de periódicos, revistas y demás datos, sino que pudieron ingresar a las famosas agencias de prensa y hasta en la propia fuente de la noticia.
Esta escena se fue repitiendo en casi todos los países del mundo: el editor en jefe o el dueño del periódico, en compañía de su mayor inversionista, se presentaba ante el cuerpo de redactores, en la sala de redacción, con el panorama de las computadoras, teléfonos de mesa, el fax y el viejo teletipo hace tiempo silenciado y apagado y que tantas veces recibió las noticias desde diversos puntos del planeta. Todos estaban expectantes. Y esta era parte de su discurso: “Queridos colegas, estamos aquí, el señor xxxxx y yo, para traerles una no muy buena información. Por la baja de las ventas en los puestos en calles y negocios y por el desplazamiento de nuestros anunciantes a las plataformas en internet, hoy les informamos, muy a pesar nuestro, que este amado periódico tiene que cerrar en forma definitiva.” No es necesario que describamos los rostros de aquellas personas aquejadas por lo que iba a ser la falta de salarios, sus hijos estudiando y sus mujeres esperando aquel giro que iba a interrumpirse a partir del siguiente mes.
Fue así como esa escena reiterada en los cinco continentes, decretó el final de la prensa escrita. Eran los periódicos llamados pequeños, los regionales, los que no tenían inversionistas fuertes y que dependían esencialmente de los anuncios que los comercios de sus pueblos les daban en patrocinio.
Y como fenómeno colateral que se presentó en aquella nueva época (con el arribo del nuevo milenio), los periodistas tuvieron que buscar otras opciones distintas al trabajo de buscar la noticia e informarla al gran público. Buscaron variables en su quehacer, como asesoramiento a grandes consorcios, relaciones públicas, presentadores en espectáculos o ser los voceros de determinadas figuras (actores, cantantes, cómicos, etc.). Otros se decidieron por vender anuncios o emplearse en agencias de publicidad. Porque el periodismo escrito parecía haber llegado a su final.
Con la desaparición de las sedes de estos periódicos, también desaparecieron los puestos de venta en las esquinas de las grandes ciudades y lo que antes estaba rebosante de rotativos y revistas, ahora quedaba solamente el vacío o las ventas de otros productos que nunca compensaron las ganancias que otorgaban los tabloides. Los quioscos de ventas, ubicados en sitios clave del paisaje urbano, también desaparecieron, llevándose consigo el encanto y lo agradable que resultaban ser a la vista de los peatones y paseantes. Otros, decidieron ofrecer flores, regalos diversos, bisutería o artesanía autóctona.
Simultáneamente, fue común ver a los antiguos suscriptores, leyendo los diarios en sus teléfonos celulares, sentados en las banquetas de los parques o en los cafés y muy rara vez, alguno de ellos con el único periódico en papel que había “quedado con vida.”
No faltó quien lloró esa desaparición que ocurrió súbitamente, inesperada y causante de una gran nostalgia, porque atrás quedaron “los cabezas de familia,” los papás, quienes, encorbatados, saboreando su primera taza de café por la mañana, con la presencia de sus hijos en la misma mesa de desayuno, hojeando el enorme periódico, antes de marcharse hacia su oficina o despacho. O aquel viajero que abría su diario en el tren, metro o autobús, para distraerse e informarse a lo largo de su viaje. Imágenes tan comunes en el siglo pasado, que pronto se convirtieron en clásicas, “de postal” (vintage) y que nunca iban a volver a nuestra realidad cotidiana.
Si queremos definir qué son periódicos “grandes” o de “gran calado”, como se dice en el argot de la marina, tenemos que nombrar a estos: El Mundo, El País y ABC de España (también la revista española Hola); Le Monde y Le Parisien, de Francia; Frankfurter Allgemeine Zeitung, Bild y Süddeutsche Zeitung, de Alemania (así mismo las revistas Stern y Der Spiegel, alemanas); The London Times, The Guardian, The Mirror, de Inglaterra; Corriere Della Sera y La Stampa, de Italia; The New York Times, The Washington Post, Los Angeles Times, y The Financial Times, de Estados Unidos; O’Globo, de Brasil; El Mercurio y La Tercera, de Chile; El Tiempo y El Espectador, de Colombia; El Comercio, del Perú; Los Tiempos, de Bolivia; Prensa Libre y Siglo XXI, de Guatemala; etcétera, etcétera. Verdaderos “monstruos” de la empresa periodística, que emplearon en sus mejores años a miles de miles de personas, hasta que el “boom” del internet comenzó a opacarlos con toda seriedad y peligro social y laboral.
Ciertamente, muchos de esos periódicos existen todavía, tanto en internet, en su versión digital, como en papel o en físico; pero la mayoría de ellos ya no se venden en los “estanquillos” en las esquinas de las ciudades, sino que ¡se regalan! cada mañana, a quienes los quieren y van apresurados hacia sus trabajos. Son escenas que hemos observado en Londres, Inglaterra, Italia, los Estados Unidos y otras potencias occidentales. ¿Y la manutención? Se logra por medio de los anunciantes que todavía creen en el supuesto “poderío” de la prensa escrita sobreviviente y en los suscritores que todavía aprecian que el periódico les sea lanzado a sus jardines o se les deposite en sus propias manos, a la usanza clásica o “antigua.”
Es decir, esos “monstruos” de la prensa mundial se han quedado gracias al poderío económico de sus dueños; pero ya no generan los millones de millones de dólares y euros, que generaban antes de la explosión del internet.
Sin embargo, en el caso concreto del afamado y emblemático The Washington Post, uno de los cuatro periódicos más importantes de los Estados Unidos, junto a The New York Times, Financial Times y Los Angeles Times, la situación económica ha empeorado en los últimos días, causando su peor crisis existencial, que lo tiene al borde de la desaparición.
Recientemente, el Post, como se le conoce también popularmente en la Capital estadounidense, anunció la partida de su director general y editor, Will Lewis, a pocas fechas de que este mismo tabloide realizara drásticos recortes de su personal y provocara el enojo de muchos de sus lectores, siempre fieles a esta publicación centenaria. Es decir, las cosas han tomado un matiz bastante oscuro, “un marrón” que a nadie gusta. Incluso se afirma que la partida de Lewis se debió a esta misma situación, a su enfado por esos recortes de funcionarios del diario. Fue sustituido por Jeff D’Onofrio, “con efecto inmediato”, según se publicó por orden de su dueño, el multimillonario y fundador de Amazon, Jeff Bezos.
Por otra parte, Lewis tenía sobre sí el disgusto de los suscriptores y de los empleados, porque intentó revertir las pérdidas económicas del periódico durante los dos años que duró su gestión al frente, en la directriz. Sin embargo, no lo logró. De ahí el declive que la empresa esté enfrentando en este momento.
Lewis es británico y su sucesor fue, hasta hace poco, director ejecutivo de la plataforma de redes sociales Tumblr y se incorporó al Post el año pasado (2025), como director financiero. Antes de irse, Will Lewis envió un correo electrónico a todo el personal, afirmando que “es el momento adecuado para dar un paso al costado”; es decir, abandonar la empresa a la que no pudo “reflotar.”
La situación general de The Washington Post no ha sido la mejor; de hecho, la mayoría de su personal en el extranjero (corresponsales), los locales en los Estados Unidos, así como los redactores de deportes, sufrieron los recortes generalizados en este diario y que fueron anunciados con antelación. El número de esos despidos no fue aclarado por el periódico; pero The New York Times, su competidor más agresivo y legendario, informó que unos 300 periodistas de los 800 totales, fueron despedidos. Ello nos da una idea de lo profunda y complicada que es la crisis de esta empresa.
Los reporteros que recibieron el comunicado nefasto que contenía las despedidas de sus puestos laborales, correspondieron a toda la planilla en Oriente Próximo; el corresponsal en Ucrania, cuya sede estaba en Kiev, la Capital ucraniana, sin tomar en consideración que la guerra contra los invasores rusos está muy lejos de terminar y un enviado a esa región es clave, muy necesaria para tener la información al día desde el teatro de operaciones.
También los departamentos de deportes, diseño gráfico y noticias que se refieren al interior de los Estados Unidos, fueron reducidos de manera impresionante y preocupante; lo mismo que aquellos que elaboraban los podcast que aparecían diariamente en la versión electrónica o digital del periódico; y el Post Reports fue suspendido del mismo modo. Estas determinaciones causaron que cientos de personas identificadas de una manera u otra con The Washington Post, principalmente suscriptores fieles, se congregaran frente a la sede del diario capitalino, para protestar en contra de lo que ellos consideran injusto: los despidos masivos.
Por otra parte, el otro rotativo famoso en la Unión Americana y en el mundo entero, The Wall Street Journal, informó hace algunos días atrás, que 250,000 suscriptores digitales del Post, cesaron esas suscripciones, cuando la dirección de este diario se negó a tomar partido antes de las elecciones presidenciales del 2024 y que fueron ganadas por Donald Trump. Al margen de esta lamentable pérdida económica, por “la estampida” de lectores, el Post perdió alrededor de US$100 millones en el mismo 2024, debido a la caída de los ingresos por concepto de publicidad.
Un detalle a tomar en cuenta en The Washington Post nos lleva a recordar que dos de sus periodistas, a inicios de la década de los 70, investigaron el famosísimo caso Watergate y causaron la renuncia del entonces presidente del país, Richard Nixon. Un hito que ningún otro tabloide de esta nación ha podido igualar. También, a lo largo de su existencia, el Post ha ganado numerosos premios Pulitzer, tema al que regresaremos más adelante.
Y es que este diario simplemente no era un periódico más, sino que estaba en el corazón de los habitantes de la gran Capital estadounidense; era (y es) todo un emblema, el orgullo de la ciudad y el preferido de muchas gentes en puestos de influencia en la vida nacional norteamericana. Ha sido el gran periódico de Washington DC y ha sido uno de los tres, junto a The New York Times y The Wall Street Journal, que pueden presumir de ser enteramente nacionales, ciento por ciento estadounidenses.
Sus páginas, de portada a portada, estaban llenas de todo aquello que sus lectores buscaban y necesitaban día tras día: desde exclusivas que cambiaban la historia, hasta el horóscopo, excelentes reportajes y columnas de opinión. Amén de que su editorial siempre permeaba el acontecer en la gran ciudad. Pero ahora, sus páginas, comparativamente, son una pena… una real y dolorosa pena, con una cobertura internacional, para citar un solo ejemplo, bastante limitada. “La cuesta abajo” por la que transita esta empresa, es muy evidente y preocupante para su personal y todos aquellos que aman a esta publicación y se sienten identificados con ella.
El Post fue fundado en 1877 por Stilson Hutchins (1838 – 1912), quien, en 1880 añadió una edición dominical, convirtiéndose en el primer periódico de la ciudad en salir al gran público lector, los siete días de la semana. En abril de 1878, cuatro meses después de su publicación, el periódico en cuestión fue comprado por La Unión de Washington, otro diario competidor que fue fundado por Juan Lynch a finales de 1877. Esta combinación de los dos rotativos tuvo como sede el edificio Globe y pasó a llamarse El Washington Post y la Unión, cuando corría el 15 de abril de 1878, con un tiraje de 13,000 ejemplares.
En 1893 el rotativo se trasladó a un edificio ubicado en las calles 14 y E NW, donde permanecería hasta 1950, a mitad del Siglo XX siguiente. El inmueble fue el más apropiado para albergar a una empresa periodística, ya que tenía sala de redacción, publicidad, composición tipográfica e impresión. Todo funcionaba o trabajaba las 24 horas del día.
En ese Siglo XX propiamente, John y Robert Wilkins lo dirigieron durante dos años, antes de venderlo en 1905, a John Roll McLean, quien era propietario también del Enquirer de Cincinnati. Por aquel entonces, el periódico ya gozaba de la fama de ser el más famoso de la Capital y entre sus distintos propietarios, a partir de 1946, tuvo a Katharine y Phil Graham, quienes también compraron varias publicaciones rivales que fortalecieron al periódico de la Capital estadounidense. Después de la muerte de Graham en 1963, el control del Post pasó a manos de su esposa, Katharine Graham (1917-2001). Y como dato interesante, en la prensa de los Estados Unidos pocas mujeres han dirigido periódicos nacionales destacados y Katharine había manifestado que estaba particularmente ansiosa por asumir el papel de directora y dueña de The Washington Post. Fue así como se desempeñó como editora de 1969 a 1979.
Durante su gestión al frente del diario, en 1972 fue publicada una serie de reportajes sobre el espionaje, presuntamente ordenado por el entonces presidente republicano Richard Nixon, a las oficinas del Comité Nacional Demócrata, ubicadas en el Complejo Watergate, en Washington D.C. La cobertura fue extraordinaria y reveladora, lo cual causó la renuncia de Nixon, la primera de este género en la historia presidencial de los Estados Unidos y dejó en su lugar a su vicepresidente Gerald Ford, quien indultó a su antecesor para que no fuera a la cárcel. Gracias a estas entregas, el Premio Pulitzer le fue otorgado a este diario en 1973.
Llama también la atención el hecho de que el Post se opuso abierta y claramente a la intervención militar de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam y estimuló a la oposición a este conflicto desde 1971.
En 1979, Donald E. Graham, hijo de Katharine, tomó su puesto como editor; y en 1995, el Post ingresaba a la Era digital, cuando compró el dominio conocido como washingtonpost.com. Y en octubre del 2013, la familia Graham vendió el periódico a Participaciones de Nash, una sociedad holding, propiedad de Jeff Bezos. El valor de la transacción fue por US$250 millones.
Algunos datos relevantes en la larga vida de este rotativo, nos llevan a sus 76 Premios Pulitzer que ha ganado, y esto lo ha colocado en un segundo plano, detrás del New York Times. Así mismo, sus periodistas han recibido 18 becas Nieman y 368 premios de la Asociación de Fotógrafos de Noticias de la Casa Blanca. Antes de esta crisis que enfrenta hoy en día, el Post ha sido reconocido por sus lectores por sus amplios e influenciables informes políticos en los Estados Unidos; y era uno de los pocos periódicos del país que funcionaba con oficinas en el extranjero, en lugares tan impensados como Londres, Inglaterra, y Seúl, en Corea del Sur.
En el 2021, The Washington Post contaba con 21 oficinas en el plano internacional: en Bagdad, Pekín, Beirut, Berlín, Bruselas, El Cairo, Dakar, Hong Kong, Islamabad, Estambul, Jerusalén, Londres, Ciudad de México, Moscú, Nairobi, Nueva Delhi, Río de Janeiro, Roma, Seúl, Tokio y Toronto. Y con oficinas locales en Maryland y Virginia; pero ya en el 2009, había cerrado tres de esos despachos regionales en Chicago, Los Ángeles y Ciudad de Nueva York, para concentrarse mejor en la Capital, Washington DC, según explicó la dirigencia del diario.
Hasta hace pocas fechas, la mayoría de sus lectores “en papel” periódico; es decir, en su tiraje en físico o no digital, se encontraban en Washington DC y en los suburbios de Maryland y el norte de Virginia; y a partir de marzo del 2013, la circulación media impresa entre semana, fue de 139,232 ejemplares, lo que lo convirtió en ese momento en el tercer periódico más grande de USA por circulación.
Aunque bajo “la batuta” de Jeff Bezos, muchas cosas han cambiado aquí, como por ejemplo, su sede. Aquella que durante muchas décadas estuvo en el 1150 15th Street NW, un edificio de su propiedad, cambió luego a la torre oeste de la Plaza Franklin, un elevado edificio en el 1301 K Street NW, en Washington DC, a un inmueble alquilado (?).
No sólo es una nueva época para este periódico capitalino, sino que significa un paso muy duro por una de sus peores crisis financieras. En agosto del 2013, Jeff Bezos compró el Post y otras publicaciones locales, sitios web y bienes raíces. Transfirió el diario a Nash Hondings LLC, la compañía de inversión privada de este inversionista, también dueño de Amazon, como hemos señalado anteriormente.
De acuerdo a sus propias palabras, “tengo una visión que recrea el ritual diario de leer el Post como un paquete, no simplemente una serie de historias individuales. Soy un propietario que no interviene y que mantiene llamadas por teleconferencia con el editor ejecutivo (…) cada dos semanas.” Su intención ha sido cambiar al Post a un enfoque más digital, con lectores nacionales y globales.
Un detalle digno de ser tomado en consideración, fue la contratación del periodista árabe, Jamal Khashoggi, como columnista habitual; sin embargo, éste, por su posición política anti-monárquica en Arabia, fue asesinado en Turquía por agentes enviados por el Príncipe Mohammad bin-Salman, heredero de la Corona Saudí. Un magnicidio que causó un enorme impacto en el mundo entero.
No obstante, a pesar de una aparente solidez, que no era otra cosa que un espejismo, en octubre del 2023, el periódico avisó que recortaría los primeros 240 puestos de trabajo en toda la organización. El correo electrónico que el entonces director ejecutivo interino, Patty Stonesifer, envió a los empleados, decía lo siguiente: “Nuestras proyecciones anteriores sobre el crecimiento del tráfico, las suscripciones y la publicidad durante los últimos dos años –y hasta 2024-, han sido demasiado optimistas.” En palabras más claras aun, se refería a las pérdidas de unos 500,000 suscriptores desde finales del 2020 y se esperaba que perdiera US$100 millones en el 2023. Parte de ese cambio, fue el cierre de la columna “KidsPost”, para niños; la columna de astronomía, “Skywatch”; y la columna “John Kelly’s Washington”, que versaba sobre historia y lugares de interés local, que se había publicado bajo distintas firmas desde 1947.
Pero “la cuesta abajo” se hacía cada vez más vertiginosa en el interior del periódico capitalino: ya en mayo del 2024, su entonces director ejecutivo, el inglés William Lewis, anunció que el diario abrazaría la inteligencia artificial (IA), con tal de mejorar la situación financiera. Según dijo al personal: “la buscaré en todas partes de nuestra sala de redacción.” Pero en junio del 2014, el medio informativo Axios manifestó que “el Post enfrentaba importantes turbulencias internas y desafíos financieros.” En concreto, con el estreno del nuevo CEO, Lewis, comenzaron también las controversias por su estilo de liderazgo y sus planes propuestos de reestructuración; además, el personal comenzó a mostrar su preocupación por el consumo de alcohol de parte de Lewis y su alejamiento de la sala de redacción, en la que no se involucraba en modo alguno. Simultáneamente, los ingresos disminuían y el frente empresarial buscó estrategias, sin ningún éxito, por recuperar a los suscriptores perdidos en los últimos años.
Y en enero del 2015, el periódico anunció que despediría al 4 por ciento de su personal, un poco menos de 100 personas; aunque “los empleados de la sala de redacción no se verán afectados”, dejó leer el eMail difundido entre los trabajadores,
El 14 de enero del 2026, hace escasos días atrás, el FBI allanó el apartamento de la periodista del Washington Post, Hannah Natanson, le confiscó el celular, dos computadoras portátiles y un reloj inteligente. Los investigadores en ese momento le dijeron a la reportera que el foco de la investigación no era ella, sino Aurelio Pérez-Lugones, un administrador del sistema con autorización de seguridad ultra-secreta, quien estaba bajo investigación por llevarse a casa informes de inteligencia clasificados. Un día después, el Post, por medio de su consejo editorial, calificó la búsqueda policial como “un ataque agresivo a la libertad de prensa de todos los periodistas.”
Y el pasado 4 de febrero del presente 2026, circuló el eMail que anunció el despido de 300 empleados, tal y como consignamos en este mismo reportaje, en las líneas de arriba. Estos despidos fueron impulsados por pérdidas reportadas por US$100 millones, en el 2024; más la disminución de los suscriptores, luego de que el periódico se negara a respaldar a Donald Trump en las elecciones nacionales de ese mismo año. También la caída del tráfico de búsqueda, por causa de las herramientas de IA, afectó seriamente al diario.
Cuando fue despedido Will Lewis, el entonces editor del Post, el sindicato de empleados celebró este cambio de liderazgo y afirmó en un comunicado que Lewis será recordado “por el intento de destrucción de una gran Institución periodística estadounidense” e instó a Bezos a vender el periódico a alguien dispuesto a invertir en su futuro, en una indirecta claramente entendible, dirigida al propio Bezos, quien da muestras de que de administración de prensa no sabe absolutamente nada o muy poco. Por lo menos, no muestra el cariño que este periódico merece de parte de su dueño.
Estas son algunas palabras dichas por trabajadores del Washington Post, fuertemente afectados por la pésima situación vivida: “Habiendo trabajado en el Post, lo siento personalmente, como si me estuvieran quitando una parte de mi vida.” O sino esta otra: “Estoy destrozado por la locura y el desperdicio. También me alarma que ahora The New York Times sea demasiado poderoso con su dominio en línea. Entendió Internet desde el principio.”
O este otro ex funcionario, quien dijo: “Jeff Bezos, que compró el Post a la familia Graham, no supo aprovechar la ola. En cambio, se le consideraba el más preocupado por apaciguar al presidente Trump. Traición, dijeron muchos de los lectores que cancelaron sus suscripciones o dejaron de creer en el periódico, a pesar de su periodismo valiente y perspicaz.”
Otro comentario en medio del fracaso, de la “hecatombe” del periódico, fue: “El Washington Post de antaño era venerado por su valentía; ahora es despreciado por su cobardía. Ha desaparecido, se ha hundido, y es un recuerdo maravilloso para quienes lo leían y para quienes trabajaban en él. Descanse en paz.”
Y en referencia al dueño del periódico, se dijo: “Empezó bien. Bezos mantuvo las distancias hasta que, como otros gigantes de los negocios, sintió que tenía que apaciguar a Trump, siempre crítico con los medios de comunicación.
”El alcance de la presión de Trump quedó claro cuando Bezos canceló la publicación de un editorial que apoyaba a Kamala Harris para la presidencia. Las emociones estaban a flor de piel y los fieles al Post lo consideraron una traición: la mano de Trump en el templo de la libertad de prensa.
”Posteriormente, Bezos añadió más leña al fuego al cambiar la dirección de las admiradas páginas de opinión del Post, lo que minó la confianza de los lectores y del personal. Se puede cambiar la gama de productos en un establecimiento minorista, pero si se hace en un periódico, se incendia el edificio.”
Y en lo que respecta al pasado glorioso del Washington Post, hubo quienes lo recordaron con nostalgia: “Las semillas del éxito comercial del Post se sembraron en 1954. En aquella época, los periódicos vespertinos eran dominantes y los matutinos tenían dificultades. Por la mañana, Washington tenía el Post y el Times Herald. Por la tarde, tenía el Washington Evening Star y el Washington Daily News. Lo que no se sabía era que la televisión pronto cambiaría el equilibrio entre los periódicos matutinos y vespertinos y que estos últimos entrarían en un declive permanente hasta su extinción.”
En reminiscencia de otros pasajes en el diario, cuando la dirección estaba en las manos apropiadas, se dijo: “Bajo la dirección de Katharine Graham, el Post alcanzó cotas increíbles en el periodismo y en riqueza. Parecía invencible.”
Un resumen de lo que ha acontecido con el Post, de las enormes e impresionantes pérdidas financieras por las que ha tenido que transitar, partieron del nacimiento y auge de la tecnología que, de la misma manera como la televisión acabó con los periódicos vespertinos, ésta amenazó (y acabó) con la mayoría de las publicaciones y emisiones tradicionales. Facebook y Google han encabezado esa “decapitación” de las empresas periodísticas, comenzando por ofrecer anuncios personalizados dirigidos directamente a los consumidores y en forma gratuita incluso o barata y eficaz.
El Post lo comenzó a sufrir, mientras que otros periódicos como el inglés The Independent colapsaba en su edición en papel, a medida que las pérdidas se volvían insostenibles. Le correspondió a Donald Graham, hijo de Katharine, hallar a alguien que le sacara “las castañas del fuego”; esto es, que reflotara al medio y evitara su hundimiento definitivo y final. También, se imponía la urgencia de optar, como el Times de Londres, por la publicación digital o virtual. Fue así como se establecieron contactos con el fundador de Amazon, el multimillonario Jeff Bezos, y éste compró el periódico de la Capital estadounidense.
Un testigo describió el momento cuando conoció al heredero del Washington Post, Graham hijo: “lo conocí cuando llegó al Post. Me pidieron que le mostrara la sala de composición. Era el corazón del periódico, donde la producción creativa de la redacción se componía en metal caliente y se montaba en marcos de acero, conocidos como ‘formas’, que se convertirían (después) en páginas. Me llevé bien con él y nos hicimos amigos. Debió ser muy doloroso para él vender el Post (a Bezos), confiarlo a un hombre con el dinero necesario para mantenerlo a flote, hasta que un nuevo plan de negocio diera sus frutos.” Puntualizó.
Empero, con tristeza, el nuevo inversionista no pudo alcanzar su cometido y parece que tampoco le importó mucho su nueva adquisición: uno de los periódicos más importantes de los Estados Unidos y de la prensa mundial y no ha hecho mucho por salvarlo. Jeff Bezos estará unido por siempre a la debacle del diario y se le conocerá en los estudios sobre historia como el inversionista que puso el “último clavo en el féretro del Washington Post.” Y más tristeza invade los corazones de quienes trabajaron el este periódico y en sus millones de suscritores, cuando recuerdan las no tan viejas glorias obtenidas por el tabloide y también por el simple hecho de escuchar al chico en bicicleta que lo lanzaba a los árboles de los jardines, cada mañana, y a los perros salir a buscarlo para entregarlo a sus dueños. Imágenes nostálgicas, hoy apesadumbradas, que nunca volverán a las vidas de los habitantes de esta inmensa Capital estadounidense.
Un gigante de la prensa mundial ha entrado a cuidados intensivos.
CARACAS-(Especial para The City Newspaper) Los latinoamericanos tenemos una expresión, talvez heredada del populismo español, que dice: “ha sido un alegrón de burro.” Y la aplicamos cuando nos entusiasmamos ante un hecho cualquiera, fundamentados en la creencia firme que vendrán tiempos mejores o que la promesa dada nos traerá felicidad y éxito; pero, cuando todo se aquieta, nos damos cuenta, con los pies puestos sobre la tierra nuevamente, que todo era un espejismo, una utopía que sólo fue alimentada en la fantasía de nuestra mente.
Eso mismo sucedió con el cuantioso exilio venezolano, repartido por varios países alrededor del planeta, cuando Donald Trump ordenó la extracción del ex dictador Nicolás Maduro, de sus madrigueras en esta Capital venezolana. Todos creímos, unos mayormente que otros, que había llegado el final del régimen bolivariano, aquel fundado por el déspota y entreguista coronel Hugo Chávez Frías.
Incluso, la fuerte y carismática líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, había recibido, meses antes, el Premio Nobel de la Paz, y se había convertido en un pilar importante de la democracia de esta nación y con el apoyo de la Casa Blanca, podría regresar a Venezuela, con Edmundo González, el candidato al que Maduro le robó la presidencia en las últimas elecciones nacionales; pero, poco a poco, conforme pasaban los días, el exilio al completo y con él Machado y González, iban cayendo en la cuenta de que el secuestro del dictador por un comando de los Estados Unidos, sólo iba a cambiar para Trump, su grupito de asesores y en la cabeza de la dictadura venezolana, pero en modo alguno para el destierro y mucho menos a favor de la democracia.
Cuando ha pasado el tiempo, unos cuantos meses desde el 3 de enero anterior, la quietud, de la mano con una profundísima decepción, ha caído, peor que antes, en cada espíritu de cada venezolano, tanto fuera como dentro de su país: Donald Trump, ahora enfrascado en una cruenta guerra contra Irán, de la que los periodistas estamos dando cuenta de sus derrotas diarias y consecutivas, prácticamente se ha olvidado de Venezuela, de la misma dictadura que ha continuado, aunque ahora en manos de Delcy Rodríguez y su hermano; y el norteamericano va dejando “retazos” (pedazos) de política inconclusa y equivocada aquí y allá, allí donde mete sus inexpertas e indecisas manos y su mente atiborrada de megalomanía, egolatría, narcisismo y una gran dosis de criminalidad, más la indiferencia que siempre le ha caracterizado cuando se trata de situaciones humanas o humanistas.
Ciertamente, el pueblo venezolano está ansioso por sacarse de encima a la dictadura chavista que tiene sobre sus espaldas, que lo criminaliza, lo oprime, le quita sus libertades básicas y esenciales, que no libera a sus presos mártires, cautivos de consciencia, y que mantiene a la nación al completo bajo índices vergonzantes de pobreza.
Y ante la pregunta a Donald Trump, quien se siente igual a un Nerón moderno, de cuándo permitirá el retorno de la democracia a suelo venezolano, el “emperador romano” de nuestra época balbucea que “Venezuela todavía no está preparada para celebrar elecciones. Y cuando el gobierno de Delcy Rodríguez esté listo para unos comicios, Estados Unidos estará encima de eso.” Y el nuevo cuestionamiento que se desprende de esa afirmación es: ¿Cuándo estará listo el país suramericano para abrir las urnas de votación? Y el otro asunto es: ¿Dentro de sus reconocidas limitaciones cognitivas y su exiguo conocimiento político, Donald Trump sabrá cuándo Venezuela estará preparado para tal evento? Lo dudamos. Trump no sabe nada de nada de política interna de su país y mucho menos de la internacional. Su analfabetismo es proverbial, impresionante y vergonzante.
Siempre, con ese vocabulario parco, que en la mayoría de las ocasiones no dice nada y está muy lejos de explicar algo, Trump agregó a lo anterior que “ha habido muchos avances” en el país suramericano; pero seguimos observando a la misma dictadura, el mismo criminal llamado Diosdado Cabello, dirigiendo a “las turbas divinas” que apalean, encarcelan y asesinan a venezolanos inocentes y a los opositores con mayor saña; y, para mejores señas, la misma gente que dejó allí plantada Hugo Chávez antes de morir, ahí continúa sin cambio alguno. ¿Entonces, para qué el secuestro de Maduro? ¿Fue solamente para demostrar el poderío militar de los Estados Unidos; o para desviar la atención de los electores norteamericanos del caso del judío Epstein, por pedofilia, en la que está involucrado Trump, hacia un acontecimiento en el extranjero? Todo cabe contestarlo con un tajante “sí”. Porque el desparpajo de Venezuela allí está… invariable.
Cuando Maduro arribó a suelo estadounidense, cuando miembros del comando especial del ejército de USA lo llevaban esposado por la rampa del aeropuerto, aquel 3 de enero del presente 2026, al día siguiente Trump anunció un tutelaje sobre el gobierno de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, (a quien han llamado “presidenta encargada”, como le decían al superfluo Juan Guaidó en su momento); y aseguró que el objetivo último es la transición democrática en esta nación.
Y con su ridículo y absurdo lenguaje cuando está exultante, Donald Trump, “el Nerón moderno” de esta historia, añadió a los pobres periodistas que sufren el suplicio de cubrir sus conferencias de prensa en la Casa Blanca: “Delcy ha estado haciendo un trabajo fantástico (?). Las empresas estadounidenses y el pueblo venezolano están obteniendo un gran beneficio en el mercado petrolero. Todavía no están listos para las elecciones (¡?); pero en algún momento lo estarán (?) y vamos a estar encima de eso.” Insistió.
¿Pero cuál es el trabajo “fantástico” que está haciendo la llamada “presidenta encargada” de Venezuela, si el hambre campea por doquier en este país, sus cárceles siguen llenas de presos de consciencia; Diosdado Cabello sigue fungiendo como verdugo y déspota contra el pueblo; y el ejército no supo tener una respuesta adecuada en las labores de rescate después de los dos terremotos recién sufridos? ¿Dónde yace lo “fantástico”, tal fantasía que menciona el analfabeto Trump, con su inglés supra-limitado?
Y para acabar de “embarrarla” con su pueril razonamiento, Trump se remontó a las épocas cuando era dueño del concurso Miss Universo –mismo que utilizaba para observar a las candidatas “en paños menores” e intentar obtener de ellas beneficios sexuales-, y expresó que en aquellos años “Venezuela siempre lo hizo muy bien.” ¿Es decir, los venezolanos así como participaban en aquel concurso, ahora es algo semejante lo que están haciendo con su realidad socio-económica, militar y política? No hay duda: estamos en presencia de un imbécil que tiene por el cuello al gobierno de los Estados Unidos y se llama Donald Trump. Un imbécil de pies a cabeza, una bestia que balbucea solamente 50 palabras y que componen todo su vocabulario y razonamiento (si lo tuviera).
Por otra parte, el parlamento venezolano actual sigue controlado por congresistas chavistas, elegidos “a dedo” por el anterior dictador Nicolás Maduro y que la actual “presidenta encargada”, Delcy Rodríguez, no se ha dignado cambiar siquiera en lo más mínimo. Se anunció una ronda de conversaciones entre el gobierno de Venezuela y el de los Estados Unidos este próximo 1 de agosto, para promover la democracia en el primer país; y se dijo, incluso, que Washington había escogido a sus interlocutores; y por el lado venezolano, iban a participar Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional y el hermano de Delcy, Jorge Rodríguez. Incluso se hizo hincapié, de parte de la Casa Blanca, que la eventual participación de María Corina Machado no estaba contemplada; es decir, no participará en las conversaciones. ¿Por qué se le anula, por qué se le deja al margen, por qué Trump no la quiere como líder de la oposición? No lo sabemos. ¿Lo sabrá él? También lo dudamos, pues es un ser absolutamente acéfalo con respecto al mundo que le rodea.
Marco Rubio, el secretario de Estado de USA, manifestó acerca de este tema que “un grupo que representa a la Asamblea Nacional del 2015, el grupo que reconocimos como el gobierno legítimo de Venezuela, se reunió con el gobierno interino y acordó establecer un formato y un foro, no sólo para las conversaciones de reconciliación, sino también para iniciar el proceso de transición, que es lo que necesita el pueblo venezolano.” Veremos, hasta el 1 de agosto, hasta dónde hay verdad y hasta dónde hay improvisación y mentira de parte de la Casa Blanca.
Evidentemente, en todo este entramado de dudas, decepciones, desilusiones, falta de fe, empatía, franqueza e inseguridad con respecto a la realidad venezolana, lo que se puede observar con total claridad es la falta de inteligencia de parte del lado norteamericano. Es decir, un sujeto con absoluto desconocimiento político (nacional e internacional), como lo es Donald Trump, con un coeficiente intelectual más bajo de lo elemental o básico, y disminuido por el empequeñecimiento natural de su cerebro por el avance de la edad, es quien supuestamente dirige todo lo que tiene que ver con Venezuela, con el destino de millones de personas que siguen sufriendo los embates de la dictadura que desde hace años tienen encima. Y mientras Trump sea “el dueño de este juego”, no auguramos que llegue a ningún punto, a ningún acuerdo ni a ninguna solución. Esa es la verdad. Mientras tanto, Delcy Rodríguez y su hermano, junto con los otros déspotas que conforman su Gabinete de Estado, miran de reojo el paso del calendario y esperan calladamente y con paciencia, que la administración de Trump en los Estados Unidos, se vaya consumiendo hasta que finalice por completo. Y sin este descerebrado en la Casa Blanca, la dictadura venezolana podrá continuar sin cambios y sin pausa. Ese es el sentimiento “ultra-secreto” que manejan en Caracas.
Leamos expresiones como esta, dicha por la mismísima Delcy Rodríguez, a quien Trump considera una firme y leal aliada de los Estados Unidos: “Les puedo asegurar que el presidente Nicolás Maduro es el presidente legítimo. Les digo esto como abogada, que lo soy. Tanto el presidente Maduro como Cilia Flores, la primera dama, son inocentes.” Esta es la mujer que “gobierna” actualmente a Venezuela y quien confía a ciegas el acéfalo Donald Trump. Esas palabras las dejó escapar durante una entrevista que concedió a la cadena norteamericana NBC News, después de la intervención del comando que secuestró a Maduro.
A estas declaraciones hay que agregarle el hecho de que no todos los presos políticos han sido liberados en Venezuela y la dictadura ha hecho algo peor: en el caso del opositor Juan Pablo Guanipa, quien fue sacado de su celda, fue nuevamente capturado y puesto bajo arresto domiciliario. Washington ve estas cosas y calla. ¿Por qué? No lo sabemos.
La periodista Hanna Rosin, en un profundo artículo publicado en el diario digital estadounidense The Atlantic, ha escrito en torno a este asunto: “Los planes de Trump después de Maduro, son turbios. La toma política de Venezuela no parece ir a ningún lado, si es que alguna vez hubo un plan. Un día después de la redada que capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro, el presidente Donald Trump usó la frase ‘gobernar el país’. Un día después, el secretario de Estado, Marco Rubio, lo diluyó a ‘política de ejecución’ e hizo que la siguiente frase sonara más como una serie de fuertes sugerencias.”
Asevera en el mismo reportaje que, después de la operación militar que capturó a Nicolás Maduro, “todo el enredo del gobierno estadounidense con Venezuela, es turbio y confuso.” Y cita al redactor Michael Scherer, quien dijo que “el presidente (Trump), parece estar cambiando constantemente los parámetros de la portería. ¿Estados Unidos va a ‘dirigir’ Venezuela, como sugirió Trump (…)? ¿Las empresas estadounidenses se harán cargo de las reservas de petróleo del país? (…)” Indicó este mismo periodista que tuvo la oportunidad de conversar telefónicamente con el mandatario de los Estados Unidos y éste le dijo que “la vicepresidenta de Venezuela (en ese momento); Delcy Rodríguez, quien ahora es presidenta interina, iba a trabajar con Estados Unidos y tuvo una conversación muy productiva con Marco Rubio. Y luego, unas horas más tarde (la mujer) apareció en la televisión nacional de Venezuela y refutó con bastante fuerza eso, diciendo que Nicolás Maduro era el presidente, que el gobierno todavía estaba en el poder, que cumpliría sus deseos, que rechazaría vigorosamente el colonialismo en cualquier forma y que las acciones estadounidenses eran básicamente un esfuerzo por robar recursos de Venezuela.”
Después, Trump le confesó al reportero que #si Delcy Rodríguez no le obedece, no se pliega a sus órdenes, sufrirá algo peor que Nicolás Maduro, mucho peor.”
En todas estas declaraciones se nota que Donald Trump y su grupo, han ido improvisando con respecto a la realidad venezolana y posiblemente, a pesar del tiempo transcurrido desde el secuestro del dictador Maduro, todavía no hay un plan definido para esta nación suramericana, su gobierno y su pueblo. En este último aspecto, es evidente también que la estabilidad, la supervivencia y el decoro del pueblo venezolano, a Trump eso le tiene sin cuidado. A él la gente, tanto de los Estados Unidos, su propia gente, lo mismo que en Irán, Arabia Saudita, Qatar, Ucrania y ahora en Venezuela, para él no significan nada, ni un número siquiera y le da igual si comen hoy o no, si existe el mañana para ellos o solamente fenecer luchando por su subsistencia diaria. Siempre ha sido un desalmado “de pies a cabeza.”
Por otra parte, en un principio se habló de la existencia de una hoja de ruta que contiene el proceso venezolano, elaborada y dirigida desde Washington. Se trata, supuestamente, de tres etapas: estabilización, crecimiento y reconciliación y transición. Todo ello en lo interno de esta nación; pero, hasta este instante, no hemos visto nada de eso. Incluso, el general Francis L. Donovan, comandante del Comando Sur de los Estados Unidos, el mismo que ordenaba los ataques a presuntas narco-lanchas en aguas del Caribe, frente a las costas de Venezuela, y que de pronto detuvo esa actividad criminal, pues no se preguntaba siquiera qué llevaban a bordo esas embarcaciones y solamente se les destruía con misiles, hizo un viaje a Caracas, después de que el secretario de Energía de USA, Crish Wright, estuviera también de visita en el Palacio de Miraflores, sede de la dictadura venezolana.
Donovan se entrevistó con la “presidenta encargada”, Delcy Rodríguez, y con el criminal, requerido por la justicia estadounidense, Diosdado Cabello, jefe del aparato represivo del chavismo y sobre quien pesa una enorme recompensa en miles de dólares por su captura, pero que en esta conversación se sintió a plenitud y no se notaba que peligrara su integridad física: una de las tantas contradicciones del gobierno de Trump, de las inconsistencias de su seudo-política, mediante la cual, un día cualquiera solicita la captura de Cabello, ofrece una recompensa jugosa; y días después, se sientan personeros norteamericanos a la misma mesa de este criminal, sin que le reclamen absolutamente nada.
Trascendió que dialogaron y acordaron trabajar en el diseño de una agenda de cooperación bilateral, para la lucha contra el tráfico de sustancias ilícitas en esta región de las Américas; contra el terrorismo y la migración desordenada y desesperada de cientos de venezolanos que ahora mismo se agolpan frente a la valla fronteriza que separa a los Estados Unidos de México, con la intención de traspasar ese obstáculo y vivir definitivamente en la Unión Americana. Tal la huida desesperada de estos ciudadanos, que no desean vivir más en el infierno creado por el chavismo y al que Trump no quiere erradicar, a pesar de que tiene “las bazas” en las manos para hacerlo con facilidad.
“Este encuentro ratifica que deber ser el camino diplomático el mecanismo para resolver divergencias y abordar temas de interés binacional y regional, de interés para todas las partes.” Dejó leer un comunicado redactado y difundido por la dictadura venezolana. Pero, hasta el momento, nada de eso se ha puesto en práctica y la dictadura, así como el hambre general, continúan campeando en toda esta nación suramericana, sin señales de que algo vaya a cambiar próximamente. Mientras tanto, el gobierno de Donald Trump se consume con el paso de los meses; y los dirigentes de la dictadura siguen cifrando sus esperanzas que, en el tiempo que le resta a la administración de Washington, Venezuela no experimente los cambios que se han esbozado con ligereza e impericia. Ello significaría la perpetuidad del sistema chavista y la impunidad para todos sus sátrapas hartamente conocidos por todos.
La coyuntura actual por la que atraviesa Venezuela no podía ser peor; porque, después del secuestro de su dictador Nicolás Maduro y de la aparente sumisión de sus nuevos tiranos a los seudo-políticos de los Estados Unidos, dos terremotos destruyeron gran parte del país. Sin embargo, este fenómeno natural ha servido para descubrir algunos aspectos que permanecían ocultos en relación con las fuerzas de Defensa de este país. Esto, a pesar de la inmensa destrucción y de las muertes de ciudadanos que han sido extraídos debajo de los escombros de los edificios.
Un análisis serio, hecho por periodistas alemanes del aparato represivo venezolano, específicamente del ejército bolivariano, fundado por el coronel Hugo Chávez, de ingrato recuerdo, revela hasta dónde están capacitadas estas fuerzas armadas en casos de ataque, como el efectuado por el comando que atrapó a Maduro; y cuando la naturaleza se ensaña con el territorio venezolano, como en el caso de los dos seísmos. Los reporteros germanos han escrito en sus respectivos diarios: “La vinculación con el aparato represivo chavista, la expansión de la corrupción y el deterioro de su capacidad operativa, habían socavado ya gravemente el prestigio de la FANB antes de los terremotos del 24 de junio.
“Cuando el Estado venezolano alcanzó su máximo despliegue de efectivos civiles y militares para enfrentar la tragedia provocada por el doble sismo del 24 de junio de 2026, la ventana crítica de rescate de 72 horas –período en el que es mayor la probabilidad de encontrar personas con vida bajo los escombros- llevaba más de dos semanas cerrada.”
¡Tal la situación! Un informe de la ONG Transparencia Venezuela, pone “el último clavo en el ataúd” de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB), al aseverar que fue “insuficiente la respuesta Estatal”, porque 48 horas después del terremoto el gobierno venezolano apenas había desplegado el 34,5 por ciento de los 31,837 efectivos que después terminarían participando en la emergencia; y cita el buen ejemplo de Chile, cuando, en parecidos instantes de desgracia y zozobra, su Gabinete de Estado ya había movilizado el 71 por ciento de funcionarios para enfrentar la tragedia.
Esta amarga y decepcionante respuesta en Venezuela, alteró los ánimos –ya bastante golpeados de todos modos-, de los ciudadanos comunes y provocó una ola de indignación generalizada en todo el país. Las gentes utilizaron las redes sociales para manifestarse, para poner en relieve la incapacidad de sus “soldados” y mostrar el desamparo en el que estaban en aquellos aciagos momentos. Posteriormente, una encuesta realizada por la empresa Latam Pulse Venezuela, en junio pasado, a nivel nacional, ratificó esta enorme decepción entre la población. Y otra consulta hecha por AtlasIntel, para Bloomberg, solamente el 19,3 por ciento de los afectados por los sismos, aprobó la respuesta del gobierno dictatorial.
Empero, ese descontento no fue generado exclusivamente por la respuesta dada a los terremotos a favor de las personas afectadas, porque, otra encuesta, esta vez efectuada por Delphos, entre el 1 y el 8 de junio, ubicaba a la FANB entre las Instituciones de menor confianza entre los ciudadanos, con niveles de aceptación inferiores al 30 por ciento.
Ese deterioro en la imagen y efectividad del ejército bolivariano ha venido paulatinamente en deterioro, después de que sus pobladores le otorgaron la mayor confianza en los primeros años de la dictadura. En aquel entonces, siete de cada diez venezolanos decían que confiaban plenamente en sus militares; aunque, 24 años después, propiamente en el 2024, y según a una medición de la agencia Latinobarómetro, Venezuela aparecía como el segundo país con menor confianza en sus fuerzas armadas. ¿Pero cuáles son las razones de este deterioro de la imagen? La respuesta es obvia y por lo tanto cae en la simpleza: los ciudadanos confían clara y decididamente en sus soldados cuando consideran a su Institución respetuosa de los derechos humanos, sin corrupción; cuando están bien entrenadas y son profesionales, capaces de responder ante los desastres. Todo ello se ha venido deteriorando, igual a un edificio viejo que se “descascara” y se le caen los pedazos debido al paso del tiempo y la falta de apuntalamiento.
En específico, y de acuerdo a informes investigados y elaborados por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU, las detenciones arbitrarias, torturas, violencia sexual y demás violaciones de los derechos humanos cometidas por agentes del Estado venezolano, son los puntos claros por los cuales los soldados de este país se han convertido en una “gran chusma armada”, que sólo ha servido, en las últimas décadas, para socavar la paz, la tranquilidad y la moral del pueblo, con sus acciones muchas veces criminales en contra de la ciudadanía.
Todavía más específicos, los informes de la Misión arriba señalada, aseguran que “uno de los factores que más ha perjudicado el prestigio y la confianza ciudadana en la FANB, ha sido precisamente la participación de organismos y componentes militares en el aparato represivo del chavismo.” De tal forma, los informes expuestos identifican a la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), como uno de los principales brazos ejecutores de esta política y atribuyen a la Guardia Nacional Bolivariana, responsabilidad en graves violaciones de derechos humanos durante la represión de las protestas ciudadanas. Un caso, aparentemente sencillo pero revelador, yace en los cuarteles militares repartidos por todo el país, que son vistos por los ciudadanos no como sitios de acantonamiento, descanso y entrenamiento de los defensores de la patria, sino como mazmorras donde se encierran a los opositores del sistema dictatorial y de aquellos que son sospechosos solamente, sin culpa alguna y sin juicios previos. Lugares de terror, tortura y enemigos no declarados del pueblo.
El descrédito llegó a su punto álgido cuando se produjo el ataque estadounidense a Caracas y extrajo al dictador Maduro y a su esposa del refugio prácticamente sellado en el que dormían, y la respuesta de los soldados venezolanos, en un caso expreso de ataque a la patria, fue nula, absolutamente nula, hasta causar la mayor sorpresa y consiguiente decepción entre la población. En ese trance específico, se percataron que Venezuela está más indefensa que nunca, que la nación está en manos de corruptos, delincuentes, criminales y narcos que siempre han buscado vivir bien por encima de las preocupaciones que aquejan a los ciudadanos, sumidos en la miseria más abyecta, y que “cualquier brizna de viento” que ataque al país, es capaz de derrotar con facilidad a un ejército que no sirve absolutamente para nada, que no reacciona, no lucha y tampoco es capaz de ayudar a los damnificados después de terremotos, inundaciones y demás cataclismos.
Pero Donald Trump, sumido en sus sueños de grandeza y de delirio, no cree conveniente un cambio “sobre el ya” en esta nación suramericana, que está más preparada que nunca para que los malos se vayan y retorne la democracia, las libertades generales y el progreso.
¡Pobre Venezuela: cayó de las manos de un criminal narcotraficante, en el caso de Nicolás Maduro, a las garras de un pedófilo, el siempre sucio e inmoral Donald Trump, ajeno a la realidad mundial, genocida en Oriente Próximo y un canalla como los ha habido pocos en la presidencia de los Estados Unidos!
En conclusión, el desastre venezolano continúa y continuará hasta que las fuerzas demoníacas lo permitan; porque este grotesco mandatario de USA sólo ha querido escapar de la influencia maldita del judío Jeffrey Epstein, al atacar a otras naciones para desviar las críticas internas en los Estados Unidos que se ciernen sobre sus acciones inmorales en el pasado reciente. Otra razón del secuestro de Maduro… son apenas medianamente válidas y de recibo.
¡Pobre Venezuela y su pueblo castigado con inusitada dureza!
