Elecciones en Brasil 2026
Si Lula da Silva Ganaba… Bolsonaro Entraba a la Cárcel. Si Bolsonaro Ganaba, Lula Ingresaba a Prisión

BRASILIA-(Especial para The City Newspaper) Más que una disputa política, una lucha proselitista por el poder, con el manejo de las masas de votantes en el medio, el enfrentamiento entre la familia Bolsonaro (padre e hijos), con Luiz Inácio Lula da Silva, ha trascendido lo político para tornarse en un peligroso conflicto intrafamiliar. Y alrededor de estos dos políticos, gravitan dos grupos de partidarios, amigos y leales, profundamente fanáticos, decididos a dar sus vidas incluso, a favor de uno y del otro. Ello podría detonar, todavía más peligrosamente, en una confrontación de carácter nacional y en forma de guerra civil. Basta con que uno de los dos dé la orden para incendiar al país y las hordas lo harán en pocos segundos de haber escuchado el mandato. Ya lo observamos cuando el padre, Jair Bolsonaro, perdió las elecciones frente al mismo Lula da Silva y, desde los Estados Unidos, el derrotado dio la señal y un variopinto grupo de numerosos seguidores invadieron los edificios de los tres poderes en Brasilia, tal y como lo había ordenado Trump meses atrás en USA, cuando sus acólitos ingresaron al edificio de Congreso en decidida tropelía.

            Por otra parte, Brasil no es otra cosa que el reflejo en el espejo de América Latina, y la repetición de una historia que se ha dado con dictadores y ex presidentes, quienes, después de un proceso electoral, no han tenido más opción que huir hacia un exilio dorado, y lo hemos observado a través del tiempo, desde México hasta Argentina, con ex mandatarios mexicanos refugiados en Cuba (Salinas de Gortari); lo mismo guatemaltecos y salvadoreños en Nicaragua, quienes, incluso, han abrazado la nacionalidad de ese país para evitar la deportación; panameños, colombianos, venezolanos (Jaime Lucinchi, por ejemplo); ecuatorianos (Rafael Correa), peruanos (Allan García en su momento y después cometió suicidio); chilenos, argentinos (Juan Domingo Perón y su segunda esposa Estela); y ahora brasileños. De tal manera, el escape, que han magnificado los medios de prensa, de parte de Flávio Bolsonaro en días recientes, no es otra cosa que el reflejo en el espejo de la realidad de lo que es este subcontinente que habla y se entiende en español.

Cárcel para ambos…

            Ciertamente Flávio Bolsonaro tuvo que abandonar precipitadamente Brasil al día siguiente de las elecciones nacionales, porque sus “espías” en los tribunales de justicia le informaron que había órdenes expresas para detenerlo y meterlo en prisión, un tema que desarrollaremos más adelante en este mismo reportaje. Es por esa razón que los ecos de su partida todavía acaparan los principales artículos en los periódicos del mundo, especialmente en los rotativos latinoamericanos.

            Bolsonaro Jr. lo ha explicado así una vez que “se acomodó” un poco más en su exilio en La Florida, USA: negó que su decisión de abandonar su país pueda ser interpretada como una cobardía o muestra de debilidad; explicó que tomó la determinación, apoyado por su esposa Fernanda, después de evaluar fríamente la situación política y judicial que iba a enfrentar después de las votaciones. “Eso no es ninguna señal de debilidad, gente. Puedo ser cualquier cosa, menos tonto. Supe analizar el escenario y entendí hasta dónde llegarían (los seguidores de Lula da Silva y da Silva mismo), y rápido, más rápido de lo que imaginaba”, determinó abandonar Brasil a pocas horas de haber sido derrotado en segunda ronda. Es decir, si se hubiera quedado unas pocas horas más en el territorio brasileño, la policía hubiese derribado la puerta de su casa y conducido a una delegación para encerrarlo en una celda; lo mismo hubiera sucedido con Luiz Inácio Lula da Silva si hubiera perdido las elecciones. Todavía más porque un juez amigo de éste y supra-enemigo de los Bolsonaro, lo sacó de prisión donde descontaba una pena carcelaria por haber recibido regalías de una constructora corrupta brasileña, incluyendo un lujoso apartamento que Lula aceptó complacido.

            Las palabras anteriores las vertió Flávio Bolsonaro mediante una trasmisión radial que recogió un periódico de Brasil. Alexandre de Moraes, ministro de Lula y, a la postre el ex juez que lo liberó de prisión, en nombre del Supremo Tribunal Federal (STF), ya le había ordenado a Flávio que entregara sus pasaportes porque corría una investigación en su contra. En el fondo y en la superficie, no fue otra cosa que parte del odio enconado que se profesan los Bolsonaro con los da Silva y que tiene matices que trascienden lo normal, lo común, lo cotidiano… Proviene de las entrañas de ambos políticos, de sus familias y por supuesto, de sus correligionarios.

            Durante las mismas declaraciones de Flávio desde los Estados Unidos, aseguró, en primicia, que volverá a postular su nombre en otras elecciones nacionales: “No estoy hablando de 2030, estoy hablando antes de eso.” Dijo, demostrando su intención de volver a disputar la presidencia de su país antes del 2030, año en el que deberán celebrarse las siguientes votaciones, y añadió: “Estoy dispuesto a enfrentar lo que sea necesario para salvar a nuestro país, para disputar otra elección a presidente de la República (…).” Lo reafirmó en un video que impostó en las redes sociales, donde pidió a sus seguidores mantenerse atentos a los próximos acontecimientos. Aquí, en este punto en específico, no se debe descartar el hecho de que Flávio Bolsonaro, lo mismo que su padre Jair, quien guarda prisión domiciliaria por el supuesto intento de golpe de Estado en contra de da Silva, tienen una enorme cantidad de seguidores que, incluso, dividen política y aritméticamente a Brasil y conforman casi la mitad de la población brasileña general.

            Aparte de lo anterior, Flávio Bolsonaro repitió el cansado estribillo de que le robaron las elecciones y es “el verdadero presidente electo”, en una carta abierta, publicada también en medios de prensa y redes sociales. Luego, se hizo llamar a sí mismo el “líder de Brasil.” Sin embargo, y aquí aparece el contraste, muchos dirigentes de su propio partido han aceptado que la derrota se produjo “en buena lid” y que da Silva ganó bien y sin posibilidad de entrar en controversia por los resultados conocidos en los comicios recién acontecidos.

            Lo que sí fue espectacular, si el término no es exagerado de nuestra parte, fue la fuga de Flávio Bolsonaro, quien se adelantó sagazmente a la policía que estaba lista para apersonarse en su residencia y detenerlo: se ha narrado con algún detalle que, primeramente se marchó a la vecina Argentina, donde gobierna su amigo Javier Milei, de parecido pensamiento ideológico, y después viajó a Ecuador y de esa nación hacia los Estados Unidos en un jet particular que le fue cedido. Así, de acuerdo a información cedida por el gobierno argentino. El ex senador Flávio Bolsonaro tenía orden judicial de no abandonar Brasil, debido a una investigación en su contra por supuesto lavado de dinero; pero cruzó la frontera por tierra, “con documentación hábil de viaje y sin ningún impedimento legal”, según publicó en su cuenta de X, la Dirección Nacional de Migraciones argentina.

            Flávio Bolsonaro, de 45 años de edad -lo cual le da margen suficiente para volver a postular su nombre como candidato presidencial en Brasil-, viajó acompañado por su esposa y sus dos hijas antes de la medianoche y después tomó, en Argentina, un vuelo privado que fue despachado por la compañía Baires Fly S.A. con destino a la ciudad de Guayaquil, en Ecuador. El jet privado despegó de la localidad argentina de Puerto Iguazú en Misiones (noreste), pasada la medianoche. Información que fue publicada en el sitio Flightradar, especializado en vuelos de este tipo.

            El tema adquiere todavía más espectacularidad, por cuanto el excandidato presidencial no tenía permiso para salir del país, había una prohibición expresa en su contra. En todo caso, los Bolsonaro viajaron en un exclusivo jet privado, como hemos dicho, mediante el cual aterrizaron en los Estados Unidos el pasado 28 de octubre, sanos y salvos. Fue en el vuelo LV-JQW, una aeronave Gulfstream G400, a cargo de la aerolínea Baires Fly. Después de partir desde Misiones, Argentina, el jet ejecutivo hizo una breve escala técnica en Ecuador.

            Se trata de un avión de una compañía estadounidense que tiene sede en Georgia, que es uno de los principales referentes mundiales de jets privados y se caracteriza por su capacidad de alcanzar una velocidad extrema y por usar una tecnología de cabina militar. Y en el diseño de su interior, es del mayor lujo posible del mercado actual, con asientos tapizados que pueden convertirse en camas. Además, Baires Fly sirve comida gourmet, tiene bar abierto, revistas, iPads, mantas y almohadas y un servicio especializado disponible las 24 horas del día.

            Es importante resaltar que el vuelo no cruzó el espacio aéreo de Brasil y ello le dio más seguridad al personaje que se escapaba de las manos de la policía.

            Pocas fechas posteriores de su llegada a los Estados Unidos, el presidente de esta potencia mundial, Donald Trump, despejó otras dudas acerca de este escape de Bolsonaro, que tiene tintes de espectacularidad y digno de ser registrado en la historia de Brasil y de Argentina, debido a que se trató de un personaje de importancia de un país inmenso y realmente influyente en el concierto mundial de las naciones, como lo es Brasil.

            Trump manifestó, el día del escape en cuestión, que concedería al instante el visado a Flávio y su familia, sin resquemores y sin demoras. De paso, fiel a su manera de ver la vida y los acontecimientos, el mandatario de EE.UU. aseguró que las elecciones brasileñas habían sido “amañadas.”

            En su primer encuentro con los periodistas en La Florida, Flávio Bolsonaro dijo que la justicia brasileña le había prohibido abandonar el país, en un intento de intimidarlo. Añadió que quisieron meterlo en prisión por supuesta corrupción y lavado de dinero, mediante el financiamiento de una película que produjo sobre su padre Jair, entre otras pesquisas abiertas en su contra.

            Mientras tanto, en su país de origen, una fuente policial de la Capital, Brasilia, confirmó que los pasaportes brasileños del senador, incluidos los diplomáticos, fueron cancelados; pero no contaron con el hecho de que Flávio Bolsonaro también tiene nacionalidad italiana desde el 2023, según consta en un documento del 2025 del Parlamento italiano.

            La reacción de la contraparte; es decir, de Lula da Silva, cuando se hallaba en la fiesta que le fue organizada para celebrarle su 81 cumpleaños, también aquí en Brasilia, manifestó de su rival que “la huida fue vergonzosa. Brasil es su segunda patria, la primera es lamerle las botas a los Estados Unidos.” Aseveró un combativo Lula.

            Por su parte, Eduardo Bolsonaro, hermano de Flávio y ex diputado en el Congreso brasileño y radicado en los Estados Unidos donde ejerce de enlace con la administración Trump, dijo en un podcast que estaba de acuerdo con el hecho de que su hermano abandonara Brasil si no ganaba las elecciones, debido a las investigaciones judiciales en su contra. Mientras tanto, en el seno de su partido, su jefe de campaña, Rogério Marinho, se mostró sorprendido por la partida de Flávio y expresó a los periodistas que le consultaron acerca de su opinión: “Recibí un mensaje de texto suyo en la mañana, donde decía que dejaría pasar un tiempo y que después conversaría con nosotros y listo. Fue la única comunicación que tuvimos.”

Donald Trump y Marco Rubio

            El secretario de Estado de USA, Marco Rubio, al ser cuestionado por los periodistas sobre el tema Bolsonaro, si la Casa Blanca está involucrada en su huida de Brasil, respondió que “el presidente (Trump) dejó claro que, si llegaba a los Estados Unidos por un puerto de entrada, se le autorizaría la entrada de manera temporal y así ocurrió.” Seguidamente, negó que su gobierno esté involucrado en la fuga del excandidato presidencial brasileño.

            Mientras tanto, y simultáneamente a lo que ocurría en los Estados Unidos, en Argentina se encendía la polémica cuando la fiscal general, Paloma Ochoa, solicitó medidas preliminares para determinar si el gobierno de Javier Milei facilitó irregularmente el traslado de Flávio Bolsonaro; y, como era de suponer y esperar, la Casa Rosada, sede del gobierno argentino, negó cualquier participación indebida y aseguró que entregó a la justicia los registros migratorios y aeroportuarios correspondientes.

            Pocas horas después, apareció ante los focos de la prensa el propio Donald Trump, en medio de una fiesta de Halloween en su residencia de Mar-a-Lago, en Florida, para referirse a este delicado asunto. Dijo que descartaba la posibilidad de reunirse con Flávio y, de manera textual aseguró: “Creo que le han tratado muy mal, muy mal, así que puede quedarse aquí todo el tiempo que quiera. En mi opinión, las elecciones (en Brasil) fueron una vergüenza. Fue tratado muy mal.”

            Sin embargo, y dentro de la especulación, hay periodistas que piensan y así lo insinúan, que el escape espectacular del ex candidato brasileño fue planeado y ejecutado desde la Casa Blanca, como lo fue también la evasión de la líder opositora venezolana María Corina Machado, para recibir el Premio Nobel de la Paz, en el 2025.

            Lo cierto es que Flávio Bolsonaro, tras perder las elecciones, dijo que iba a pedir la anulación del balotaje o segunda vuelta electoral, porque estaba en contra de una decisión judicial de último momento, de prolongar dos horas más la visita a las urnas de votación de parte de los ciudadanos. Ello, habría beneficiado a Lula, según su modo de observar las cosas.

            Bolsonaro era el favorito para ganar los comicios después de imponerse en la primera vuelta a su contrincante, Luiz Inácio Lula da Silva; pero, espectacularmente, éste revirtió el resultado al ganar por casi el 52 por ciento de los votos, frente al 48 por ciento del candidato conservador. La diferencia fue apabullante, ya que fueron más de 4 millones de votos a favor de Lula.

            Desdichadamente para Flávio la derrota le impidió llevar a cabo su principal propósito y que iba a ser su primera acción al frente del gobierno: la liberación de su padre, Jair, condenado a 27 años de cárcel por intentar un golpe de Estado contra el mismo Lula, después de perder las elecciones contra éste, en el 2022.

            En este punto, es menester recordar que su padre, Jair Bolsonaro, lo mismo que su hijo Flávio, tampoco reconoció aquella derrota electoral e, igualmente, ambos se marcharon hacia los Estados Unidos, antes de que Lula da Silva asumiera el cargo.

            La noticia de la escapatoria de Flávio, como era de esperar, le ha dado la vuelta al planeta entero, y los principales diarios se han hecho eco de ella; y están analizando en estos instantes el por qué Donald Trump protege a esta familia brasileña. Ejemplos de ello, los periódicos alemanes como el Handelsblatt, en su edición del 30 de octubre del 2026, escribió: “(…) Para el presidente estadounidense, la victoria electoral de Lula supone un revés. Trump considera a Suramérica como su zona de influencia y quiere que los países de la región tengan gobiernos que respalden esa visión. Brasil es el último país importante de Suramérica, cuyo gobierno se opone abiertamente al ‘neo-imperialismo’ de Trump.

            “Ahora Trump puede servirse de un líder opositor que dice ser perseguido políticamente y sostiene que le arrebataron su victoria electoral para ejercer presión sobre Lula. Por eso, cabe suponer que la resistencia de los Bolsonaro contra Lula, desde el exilio, contará con el apoyo del presidente estadounidense, aunque, por ahora, no quiera expresarlo tan abiertamente. En cualquier caso, Trump parece considerar asumible el riesgo de que, con su respaldo, Estados Unidos se convierta en refugio de delincuentes de derecha.”

            Y para el diario suizo Neue Zürcher Zeitung, también con fecha del 30 de octubre recién ido, publica una crónica titulada: “Flavio Bolsonaro no reúne las condiciones para convertirse en un mártir.” Y desarrolla el tema de esta forma: “¿Es Flavio Bolsonaro un delincuente y un cobarde que, con su huida a los Estados Unidos, busca eludir un castigo justo? ¿O es el excandidato presidencial de la derecha brasileña, derrotado en las urnas, una víctima de sus adversarios de izquierda y de una justicia vinculada a ellos? ¿Una víctima a la que no le quedó otra alternativa que ponerse a salvo de una persecución judicial injusta cuyo desenlace era previsible?

            “Ambas interpretaciones tienen firmes defensores en Brasil, dependiendo de qué lado del polarizado espectro político se encuentren. Por el momento, no es posible hacer una evaluación definitiva de los acontecimientos, ya que el caso sigue siendo demasiado turbio. Lo que está claro es que las posibles irregularidades cometidas por Bolsonaro y una actuación cuestionable de la Justicia no son necesariamente excluyentes (…).

            “Para Flávio Bolsonaro, rige la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario. Sin embargo, al haberse trasladado a Estados Unidos, el político dificulta el esclarecimiento de los casos y alimenta también la sospecha de que él mismo, a la vista de las pruebas existentes, considera probable que termine condenado a una pena de prisión.”

            Por su parte, el Berliner Zeitung, de la Capital alemana, titula: “Victoria de Lula, derrota de Trump.” Y publica: “(…) Aunque Lula ya tiene 81 años –y es, por lo tanto, mayor que Joe Biden cuando asumió la presidencia de los Estados Unidos-, sigue siendo celebrado e incluso venerado como una figura de esperanza para la izquierda latinoamericana. Esto se debe también a que, con su victoria electoral, el exsindicalista logró poner un freno al giro político hacia la derecha en América Latina (…).

            “En los últimos años, América Latina ha experimentado un visible desplazamiento político hacia la derecha. Esto responde a varias razones. Una de las decisivas se encuentra en la Casa Blanca. Lo que sucede en Washington sigue siendo observado muy de cerca desde Ciudad de México hasta Buenos Aires. A menudo con recelo, ya que las relaciones de Estados Unidos con sus vecinos del sur, también están marcadas por décadas de injerencia política (…).”

            En síntesis, lo que analizan los periódicos de Europa Central, Alemania y Suiza, es la derrota, no sólo de Flávio Bolsonaro, sino también de Donald Trump en las primeras elecciones brasileñas que tuvieron un resultado decisivo directo en los Estados Unidos. Lo cual significa, en lenguaje figurado, que se le escapó la presa de las fauces a la fiera; es decir, el gigantesco país suramericano se deslizó lejos o afuera de la esfera de influencia a Washington y a su presidente tiránico, impositivo y agresivo; y esto le ha dolido profundamente a este sujeto, Donald Trump, quien ha visto con regocijo cómo Colombia, Venezuela (por la fuerza de las armas), Chile, Ecuador, Bolivia, Perú, Paraguay, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala y casi todo el Caribe menos Cuba, tienen gobiernos obedientes a sus caprichos y a sus erráticas decisiones políticas, militares y económicas. A él le hubiera causado gran satisfacción el triunfo de Bolsonaro en Brasil, para cerrar esa esfera de influencia a su favor; pero, desgraciadamente para él, Lula resultó nuevamente victorioso; es decir, triunfó la izquierda que tanto aborrece este tirano estadounidense, quien tiene al dinero como su único y verdadero dios, junto a su grupo de amigos y socios judeo/estadounidenses.

El recuento de lo acontecido

            Lo que sucedió en Brasil antes del balotaje o segunda ronda, es extraordinario, porque nunca había sucedido en ninguna otra democracia en el mundo; por lo general, aquel candidato que gana la primera ronda, pero cuyo porcentaje de votos no le es suficiente para ingresar al palacio de gobierno, en el balotaje, indefectible e ineludiblemente, también resulta ganador. Eso justamente se esperaba de Flávio Bolsonaro; pero Luiz Inácio Lula da Silva consiguió la proeza de arrebatarle el triunfo cuando parecía que su adversario de derechas ya lo estaba disfrutando junto a sus acólitos. Inédito en la historia de América entera. Digno para ser estudiado en las mejores cátedras de Ciencias Políticas de todas las Universidades.

            Repasemos los hechos.

            El máximo órgano electoral de Brasil, decidió alargar la jornada de votación, un poco más allá de la hora reglamentariamente establecida; y en la óptica de Flávio Bolsonaro, ello permitió el aumento de los votos a favor de Lula da Silva o que se “inflara” el resultado final con sufragios falsos, inventados en ese tiempo adicional. Esa es la gran polémica que ha resultado en este proceso.

            En todo caso, Lula da Silva, quien ya era presidente de Brasil y postulado para un nuevo período presidencial, logró hace escasos días atrás, lo que parecía era un imposible y después de haber sido derrotado en la primera ronda por su adversario (y acérrimo enemigo), Flávio Bolsonaro, consiguió revertir el resultado en el balotaje o segunda ronda, a dos días antes de cumplir los 81 años de edad (prácticamente es un anciano y con energía y salud manifiestas), algo que nadie había logrado nunca en esta nación que transcurre por sus 40 años de democracia, desde que los militares, del mismo corte de los Bolsonaro, abandonaron el poder dictatorial.

            Con ese triunfo, Da Silva se convirtió en mandatario de Brasil, el país más grande de América Latina territorialmente hablando, por cuarta ocasión. Lo cual significa que gobernará de sus actuales 81 años, hasta los 85.

            Este ex líder sindical, quien comenzó a trabajar desde muy jovencito, siendo apenas un niño, cuya familia estaba sumida en la pobreza, algo que es característico en la cotidianidad y realidad brasileña, es el líder o figura principal también del Partido de los Trabajadores (PT), de izquierda si se quiere moderada. Logró obtener el 51 por ciento de los votos, contra el 48,24 por ciento del derechista Flávio Bolsonaro, a quien el resultado le significó un síndrome, y con él a todos sus seguidores, quienes se veían anticipadamente, gobernando desde el Palacio presidencial del Planalto, en Brasilia. Fue una derrota traumatizante, que hubiera aniquilado de un paroxismo a un hombre de avanzada edad, sin duda alguna.

            Así, de esa manera, Lula frenó a la ola de derecha que se estaba apoderando de toda América Latina, y cuyas excepciones son únicamente los gobiernos de México, Cuba, Nicaragua y Uruguay, que son de izquierdas o tendientes a serlo.

            Durante la primera ronda, el 4 de octubre anterior, los estrategas del partido de Lula erraron en el mensaje que hicieron llegar a los votantes: se miró más hacia el pasado que al futuro y ahí radicó el error. El resultado fue una derrota por 47 por ciento a favor de Bolsonaro y 45 por ciento de Lula. Para el balotaje “el libreto” fue cambiado y se abandonó la glorificación de la figura del ex sindicalista, se erradicó la omnipresencia de su esposa Janja, e intensificó el trabajo en las redes sociales, junto a una eficiente movilización de los votantes por rutas rurales, carreteras y calles, hacia los centros de votación.

            No obstante, a pesar de este triunfo espectacular del candidato de izquierdas, lo realmente preocupante y amenazante a su gestión presidencial está por venir, porque no será para él un gobierno sencillo o fácil, ya que el Congreso está en manos de una mayoría de diputados bolsonaristas o de derechas. Aquí, el triunfo de Bolsonaro no tuvo revés y fue inobjetable y él lo podrá dirigir desde su exilio o su refugio en La Florida, USA, donde acaba de arribar.

            Algunos analistas de la política y la realidad brasileña, aseguran que los votantes se decantaron por favorecer a Lula da Silva en la segunda ronda, porque tuvieron miedo repentino del regreso de los Bolsonaro al Palacio de Planalto. Recordemos que, en el caso del papá, Jair Bolsonaro, un ex militar, cree firmemente en el regreso de la dictadura castrense a Brasil y está completamente comprometido con la clase poderosa económicamente de su país, muy por encima de los pobres, quienes son la inmensa mayoría en todo el territorio nacional.

            Otro de los perjudicados con el triunfo de Lula, es precisamente Jair, el patriarca de la familia, porque ha sido condenado a 27 años y tres meses de prisión, por haber liderado un fallido golpe de Estado, justamente en contra del mismo Lula. El plan de amnistiar a su padre y subir junto a él el 5 de enero próximo, en el 2027, las escaleras del Palacio de gobierno en Brasilia, se difuminó repentinamente en el horizonte y ha quedado en lugar de ese sueño, una inmensa frustración, de las más profundas posibles, y que ha afectado a toda una familia.

            En la Casa Blanca y en la Casa Rosada, sede del gobierno argentino, tanto Donald Trump como su homólogo Javier Milei, insultaron reiteradamente a Lula da Silva y el mandatario argentino confiaba en conformar el eje Buenos Aires-Brasilia, de parecida o idéntica ideología, con su amigo Flávio. Pero la frustración también alcanzó al alma de Milei.

             En lo que atañe a la prolongación de la jornada de votación, ha sido algo inédito e inesperado también, tanto en Brasil como en el mundo entero, en aquellos países donde se realizan elecciones libres y democráticas. Los analistas han descrito lo sucedido con estas palabras: “(fue) lo que dio pie a un caos de consecuencias impredecibles y la posible anulación y repetición de la segunda vuelta.” ¿Pero por qué se presentó ese cambio inesperado de alargar el tiempo para que más brasileños depositaran sus votos? Citan que se debió al mal tiempo en amplias regiones del país y las dificultades con el transporte en muchos Estados. Fueron los dos factores que se combinaron para que el Tribunal Superior Electoral (TSE), diera la orden de no cerrar las urnas de votación en la hora acordada y tradicional, sino un poco más tarde.

            Esa decisión la tomó Cristiano Zanin, miembro del Supremo Tribunal Federal (STF), y, a la postre, ex abogado de Lula da Silva (¡?), lo cual ha dado pie también para hacer conjeturas en perjuicio de la causa del entonces candidato Flávio Bolsonaro. Lo que aconteció fue que las urnas cerraron a las cinco de la tarde, hora de Brasil; pero en algunos colegios electorales se seguía votando por la extensión de las filas de personas que esperaban en las afueras. Incluso, la televisión brasileña captó en imágenes y voces las quejas de muchos ciudadanos que acudieron a depositar su sufragio, pero se encontraron los colegios cerrados. “He intentado votar dos veces y no pude”, se quejó una señora.

            El desorden en la organización fue tanto, que el Tribunal Regional del Estado de Amazonas, declaró “inaplicable la orden del STF”; y el Estado de Mato Grosso do Sul, informó que todas las urnas electrónicas ya se habían cerrado y no serían reabiertas. En algunos colegios electorales se analizó la posibilidad de aceptar votos en papel, firmados y certificados (¡!), tal la desorganización reinante durante las elecciones en Brasil.

            Para citar un ejemplo claro, Fernando Neisser, experto de la Fundación Getulio Vargas (FGV), explicó: “Dado que la decisión (de ampliar el horario) se tomó en un momento en el que algunas urnas ya estaban cerradas y otras seguían abiertas con filas (de personas votantes), esto supone una disparidad entre los distintos colegios electorales. Habrá que ver cómo se gestiona esto y cómo se refleja en el recuento total. Pero, sin duda, abre la posibilidad de que se solicite la anulación de la segunda vuelta, con su celebración posterior, dentro de una o dos semanas.”

            En su momento, Flávio, al notar las anomalías que estaban sucediendo, dijo con tono airado durante un breve discurso en Brasilia: “No voy a aceptar que las reglas del juego sean cambiadas durante el partido. Lo que sucedió hoy no fue normal, las elecciones deberían haber sido anuladas. Es imposible reconocer estas elecciones, vamos a pedir la anulación de las elecciones.” Incluso, Lucas Pavanato, uno de los diputados más radicales del partido de derechas de Bolsonaro, hizo un llamado a sus seguidores para tomar las calles y rechazar el resultado, mientras los seguidores de Lula celebraban abiertamente y entusiasmados en esas mismas calles.

            Empero, una vez transcurridos algunos días desde la fecha de las elecciones brasileñas, ya no queda la esperanza de que se repitan los comicios, a raíz de todos los entuertos y anomalías que aquí hemos detallado. Bolsonaro fue inducido a huir y con esa huida se fue con él la posibilidad de hacer los reclamos legales para la repetición del proceso electoral, que posiblemente hubiera tenido asidero entre los jueces del Tribunal Superior Electoral (TSE). Incluso, la orden girada inmediatamente para detener a Flávio Bolsonaro, por parte del ex juez que sacó de prisión a Lula da Silva y que en su gobierno es uno de sus más afectos ministros, es posible que haya sido dictada para atemorizar al candidato de derechas y que éste saliera precipitadamente del país con rumbo hacia Argentina y después hacia los estados Unidos. Esto significó que, sin Bolsonaro en Brasil, todo reclamo quedaría en el olvido o sin efecto. Es una de las teorías conspirativas que se manejan actualmente en esta nación suramericana.

            Algunos detalles de estas elecciones, han sido los ataques de los candidatos entre sí. Por ejemplo, la izquierda insistió en las últimas semanas en que Flávio Bolsonaro, senador de 45 años de edad, nunca tuvo un trabajo de verdad, nunca se ha subido a un autobús, debido a su estirpe de millonario; que todo lo obtuvo y tiene por ser el hijo de Jair, líder de la derecha brasileña.

Mientras tanto, Flávio logró sacar adelante una campaña sin grandes errores, hasta que insultó y se burló de Lula al decirle que era un hombre con apenas nueve dedos. Lula le exigió, ante los ojos de los telespectadores que observaban el debate, que se disculpara, lo cual hizo de inmediato Bolsonaro. Después, el mismo Lula explicó que perdió su dedo en una máquina de una factoría donde había tenido que ir a trabajar muy joven, casi un niño, y que esa realidad quería evitársela a todos los jóvenes de Brasil, que no tuvieran que sufrir amputaciones como la de él o peores quizás. Los analistas de dicho debate dicen que esa “pifia” de parte de Flávio, influyó en gran parte en la decisión de muchísimos brasileños, quienes se decantaron por votar a favor de Lula, el hombre humilde, en vez del hijo del millonario que lo había insultado ante las cámaras de la televisión nacional.

            A pesar de su derrota y lo anterior que aquí hemos descrito, las apariciones de Bolsonaro en la TV, estuvieron matizadas por su prestancia y fue transmisor de una propuesta de futuro que a Lula, en cambio, le costó articular.

            Luiz Inácio Lula da Silva, por su parte, tuvo su origen hace 81 años en el seno de un hogar donde la miseria y las carencias de todo tipo fueron la constante de su familia, cuyos nueve miembros compartían por turnos el único colchón que tenían para dormir. Al crecer, Lula se mudó a Sao Paulo, donde trabajó como obrero metalúrgico y, con el paso del tiempo, se convirtió en un influyente y carismático líder sindical. En el 2002, ganó por primera vez la presidencia, después de tres intentos fallidos previamente.

            Ciertamente abrazó la ideología izquierdista o comunista, pero ha estado muy lejos de parecerse a los hermanos Fidel y Raúl Castro en Cuba, al che Guevara, el guerrillero criminal argentino; al venezolano Hugo Chávez, o al dinamitero urbano de Colombia, Gustavo Petro, el terrorista de ciudad que alcanzó la presidencia. Tampoco tiene indicios de parecerse al demagogo de Venezuela, Nicolás Maduro, preso hoy en los Estados Unidos por narcotráfico y otros cargos igualmente pesados en su contra. Lula da Silva, mayormente es un hombre sensato, que ha respetado las leyes brasileñas y se ha ceñido estrictamente a la Constitución del país. Es un mandatario de izquierdas, pero que ha estado distante de querer parecerse o ser otro dictador, con “tufo” igual al boliviano Evo Morales o la argentina, Cristina Fernández de Kirchner.

            Lula da Silva tendrá, por dos años más, que lidiar con el demente que habita en la Casa Blanca, en Washington, quien tratará de hacerle tambalear y caer con más aranceles a las exportaciones brasileñas, insultos, falsas acusaciones y presión para que libere al papá, Jair Bolsonaro. A todo ello hay que sumarle el tema del Congreso en contra que tendrá el octogenario presidente de Brasil. ¿Y le ayudará la edad y la salud para salir avante? Esa es la pregunta clave precisamente.

            Fueron convocados a las votaciones recién acontecidas unos 159 millones de brasileños, quienes viven y forman parte de la novena economía del planeta… la brasileña.

            Lula no la tendrá fácil; pero lo iremos observando con el paso de los días, meses y años. Pero, indefectible e irrefutablemente, este será su último período gubernamental, pues su edad será el principal obstáculo.  

¿Qué ha Sucedido con los Casos Lava Jato y Odebrecht en Brasil?

BRASILIA-(Especial para The City Newspaper) El capítulo más sórdido en cuanto a corrupción se refiere, de toda la historia de esta nación, apenas se menciona en el presente; pero en su día ensució dignidades personales y llevó a prisión a otros tantos individuos, quienes trataron de lucrar con millones de dólares y de la manera más abyecta posible.

            Antes de entrar de lleno en el tema, se hace necesario recordar los antecedentes de estos casos que ameritaron la mayor investigación de corrupción en la vida que tiene Brasil como nación. Y lo más impresionante se fundamentó en que tuvo ramificaciones en toda América Latina, llevó a la destitución de presidentes y posteriormente a la cárcel e, incluso, uno de ellos cometió suicidio, como sucedió con el peruano Allan García, quien sacó su revólver del cajón de su escritorio cuando la policía tocaba a su puerta para detenerlo y llevarlo a las oficinas de la delegación. García, obviamente, había lucrado con dinero mal habido, de igual manera como lo hicieron otros colegas suyos en sus respectivos gobiernos, desde México hasta Argentina.

Han transcurrido 10 largos años…

            El tiempo transcurre de manera inexorable y en ocasiones produce el efecto deseado y en otras, lo contrario, como ha sido en la realidad brasileña en relación con Lava Jato, que en el portugués común de la calle significa “lava-carros”, porque todo dio inicio en una gasolinera donde funcionaba también un “lavacar,” de ahí el nombre que adquirió fama en el mundo entero.

            Al transcurrir 10 años desde que estalló este escándalo, hoy parece irrelevante y con muchas penas carcelarias anuladas, incluyendo la del mismísimo presidente actual del Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, quien fue exonerado de toda culpa por un juez amigo y hasta llegó nuevamente a la presidencia del país, con la anuencia, la benevolencia y especialmente con el olvido de los votantes. Pero así es el subcontinente latinoamericano, donde todo es permisivo y pleno de impunidad. Algo así como el cáncer que devora por dentro a un cuerpo en el que ha elegido “vivir para hacer morir.”

            El problema de corrupción se remonta al 17 de marzo del 2014, cuando fue detenido un “blanqueador de dinero” que operaba en la mencionada gasolinera. Pero era solamente el inicio de lo que se convertiría en algo así como un tsunami desde el punto de vista delincuencial, que fue arrollando a decenas de individuos en uno y otro lugar. La empresa Petrobras (Petróleos de Brasil), se convirtió en el foco del enorme inconveniente. Repetimos, el más grande en la historia de esta nación suramericana. Fue tan descomunal el asunto, que el Partido de los Trabajadores (de extrema izquierda), fue expulsado del poder que ostentaba y le correspondió al Congreso efectuar dicha expulsión en el 2016. Fue entonces cuando el partido de derechas creció y se fortaleció ante la debilidad de su oponente tradicional y el actual presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva, como reseñamos en las primeras líneas de este reportaje, fue detenido y encarcelado; pero un juez amigo, de esos que abundan en la presunta justicia de las naciones latinoamericanas, le dio la libertad después de 580 días de cárcel.

            En resumen, el caso Lava Jato en Brasil, su país de origen, suma 174 condenas, más de 200 acuerdos para que los investigados confesaran su culpabilidad y las arcas públicas  del Estado, recuperaron 4,300 millones de reales (moneda brasileña que equivale a €790 millones). La mayoría de ese dinero retornó a la contabilidad de Petrobras. ¿Pero de qué manera se presenta hoy el mismo caso? Muchas cosas han cambiado… y muchas de esas cosas han beneficiado a los culpables confesos, comenzando por Lula da Silva, a quien los brasileños, con esa displicencia, inmadurez y tolerancia con la corrupción, le dieron sus votos para convertirlo nuevamente en mandatario de Brasil. Un hecho sin parangón ni moral en los anales de la política mundial, rara veces visto.

            La realidad de los culpables y culpados ha dado un giro de 180 grados en los últimos años, porque parte de los procesos judiciales han sido anulados (nótese el altísimo grado de corrupción e impunidad que priva en Brasil), y los encausados, los evidentísimos culpables, ahora andan en libertad por la vida, como si nada hubiesen hecho en el pasado en contra de la moral y el orden público.

            Uno de los cambios más evidentes se dio en la existencia del ex juez Sérgio Moro, quien fue el que envió a Lula da Silva a prisión y demostró que el hoy presidente era tan corrupto como el que más. Y decimos que su vida cambió, porque el también ex presidente de derechas, Jair Bolsonaro, lo convirtió en ministro de Justicia y en el 2021, el Tribunal Supremo anuló la sentencia que Moro había dictado contra Lula y decretó que había sido parcial al enviar a Lula a prisión. Cuando Bolsonaro perdió las anteriores elecciones presidenciales, Sérgio Moro solo atinó a “blindarse” y ponerse a salvo de la venganza de Lula da Silva, y lo hizo convirtiéndose en senador; pero ahora se enfrenta a un proceso judicial por supuestas irregularidades acontecidas en la anterior campaña electoral y podría perder su escaño senatorial. Una vez que esté nuevamente “en la llanura”, como dicen algunos políticos latinoamericanos; es decir, cuando Moro sea otra vez un ciudadano común y corriente, Lula podría caerle encima con todo el aparato judicial y vengarse al enviarlo, esta vez a él, a prisión, tal y como Moro hizo con el actual presidente del país.

            Atrás, por lo tanto, ha quedado su promesa de que iba a acabar con la corrupción en Brasil y también con la impunidad de los poderosos; y quien fue héroe en aquel momento, Sérgio Moro, ahora ha pasado al bando de los futuros encarcelados; pero lo más triste se fundamenta en que Moro fue aclamado por las multitudes de votantes, quienes le querían subir a la mismísima presidencia de la República; y esas mismas masas ahora le vituperan porque el aparato de propaganda de Lula da Silva ha divulgado que no fue imparcial cuando dictó la sentencia, que se comunicó con los fiscales del caso para convencerlos y hacer causa común para encerrar a Lula, en un supuesto y claro acto de imparcialidad. Esta situación personal y profesional creó mayor problema cuando él alcanzó el escaño en el Senado y, en el 2022, su esposa logró otro como diputada. Esa clase de nepotismo es muy mal visto por los ciudadanos, a todas luces.

            Atrás quedó también aquel famoso “duelo” dialéctico en la sala del juzgado, entre el veterano Lula y el juez joven, recién llegado de las provincias.

Otros actores

            El principal es nada menos que el actual gobernante del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien hoy en día tiene 78 años de edad y rige los destinos del país más grande de América Latina. Cuando finalizó su primer mandato en el 2009, los márgenes de popularidad que le favorecían, eran del 86 por ciento; pero fue condenado por corrupción dentro de la trama del caso Lava Jato. Estuvo 580 días detrás de los barrotes, en una celda de una comisaría en Curitiba, asegurando que era inocente y era víctima de un complot en su contra de parte de las élites, los medios de prensa y del gobierno de los Estados Unidos, “siempre interesado en adueñarse de Petrobras”, según sus propias palabras. Fue excarcelado en el 2019, junto a miles de presos más, y el Supremo anuló la principal condena contra él y limpió su expediente judicial, lo cual le permitió postularse de nuevo en las elecciones nacionales. Y las ganó, pero con el mínimo porcentaje. Cosas que solo suceden en América Latina, reiteramos.

            Otro personaje que cobró notoriedad, fue Deltan Dallgnol, quien trabajó muy unido al juez Moro, debido a que fungió como fiscal del caso Lava Jato. Su tesis consistió en acusar a Lula de ser “la perpetuación criminal en el poder” o “el mayor beneficiado” de los actos corruptos. Dallgnol llegó a ser diputado en el 2022, pero no pudo reelegirse y no retuvo, por lo tanto, su escaño senatorial.

            Una explicación más amplia del funcionamiento de la red de corrupción conocida con el nombre Lava Jato, nos remite a los hechos siguientes: la policía descubrió un enorme sistema de sobornos, comisiones y financiación ilegal de partidos, que gravitaban alrededor de Petrobras. El Partido de los Trabajadores (PT), al que pertenece Lula, se convirtió en el centro de esas dádivas o regalías corruptas.

            Los directivos de Petrobras cobraban “mordidas” de grandes constructoras, a cambio de contratos artificialmente “hinchados” (inflados), con la compañía; ese dinero iba después a los partidos que, a su vez, nombraban a los directivos de la petrolera. El caso se extendió a otras naciones como el Perú, México y Colombia, entre otras. Pero, de repente y sorpresivamente, la realidad de Brasil dio un brusco giro y todo comenzó a ser esperanzador cuando los jueces y la policía decidieron “limpiar” de corruptos al país. Fue cuando decenas de políticos y empresarios, que anteriormente eran intocables, fueron aprehendidos, juzgados y encarcelados. Todos comenzaron a admirar la determinación de las autoridades brasileñas que le habían declarado la guerra a la corrupción. El PT, de paso, fue considerado un refugio o nido de ladrones. Casi de inmediato y de una manera acelerada, el Congreso destituyó a la presidenta vigente del país, Dilma Rousseff, en el 2016, y Lula, como hemos dicho, fue encarcelado, sin que pudiera participar en las elecciones del 2018, en las que tenía puesta su mirada. Fue cuando Bolsonaro se convirtió en mandatario brasileño.

            En lo que atañe a Odebrecht, la constructora corrupta que corrompió a decenas de gobernantes a lo largo y ancho de América Latina, tenía un departamento secreto que se dedicaba al pago y a gestión de sobornos. Era su única actividad dentro de esta empresa. Fue investigada por los Estados Unidos por el caso Lava Jato y llegó a un acuerdo judicial en Nueva York, en el 2017, donde se declaró culpable de todos los cargos que se le imputaban. En acto seguido, se le multó con US$2,600 millones. Su último presidente y nieto del fundador, pasó dos años y medio en la cárcel y se le excarceló, pero tuvo que llevar tobillera electrónica en una de sus piernas y nunca más apareció en la vida pública de Brasil. Hoy, Odebrecht ha cambiado su nombre y se llama Novonor, después de haber pagado coimas a varios ex presidentes, a cambio de resultar beneficiada con la construcción de puentes, carreteras y demás obras en todo el subcontinente latinoamericano. Es decir, “mojaba” las manos de los ex presidentes con fuertes sumas de sobornos, a cambio de las concesiones de obra pública que aquellos les daban a los brasileños.

            Finalmente, aparece la ex mandataria Dima Rousseff, hoy con 76 años de edad. Fue destituida del gobierno durante su segundo mandato, por medio de un veto del Congreso que la sacó del poder. Cuando la recesión golpeó al país, Roussef, con tal de simpatizarle a la burocracia gubernamental, les aumentó los salarios a los funcionarios públicos, causando el enojo del pueblo y cuando Lula retornó al gobierno, su mentor y amigo, la nombró en Shangái, China, en la dirección del Banco de los BRICS (un grupo compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica).

            Ha pasado una década desde que se destapó el entramado de Lava Jato; si la vemos bien, ha habido más impunidad, perdón y olvido, que justicia, en este país donde las gentes prefieren pensar en su próximo plato de comida, que en reclamarle a sus políticos corruptos, pues la miseria abunda entre su pueblo y esa es su triste realidad.  

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