La Pesadilla Epstein no Deja de Aparecer y Desaparecer: Ahora, Tres bancos Gigantescos Tienen que Dar Explicaciones Sobre sus Vínculos con el Pedófilo Judío

NEW YORK, USA-(Especial para The City Newspaper) En un breve repaso sobre lo que fue este sujeto de ingrata memoria para decenas de sus mujeres víctimas de vejaciones sexuales reiteradas, hemos de decir que se trató de un judío que, fundamentado en movimientos financieros espurios o desligados de la honradez y la honestidad, logró hacerse millonario y aprovechar ese poder económico para engañar, seducir y abusar de esas féminas a las que prometió pagarles estudios en Universidades y en distintas Instituciones educativas y así ayudarlas a surgir en sus vidas. Pero lo que yacía realmente detrás de esos ofrecimientos, era someterlas y aprovecharse de ellas sexualmente, prostituirlas al compartirlas con su grupo de amiguetes, entre los que estaban el ex Príncipe Andrés, de Gran Bretaña; Bill Gates, Bill Clinton y Donald Trump, quien aparece junto a este pedófilo en varias fotografías, cuando se divertían con las jóvenes; y otros degenerados más, quienes son de todos conocidos.

            Hay que ser más amplios al señalar que Jeffrey Epstein utilizó también la extorsión en su camino hacia la riqueza millonaria, para que le depositaran gran cantidad de dinero y con ello fundamentar sus cuentas. Era un delincuente, según colegimos, en toda la extensión de la palabra, quien, a pesar de su detención policial y encarcelamiento, causó mucho daño a mujeres muy jóvenes, que no llegaban siquiera a la mayoría de edad y a quienes la justicia apenas les ha correspondido “a medias”; o, en algunos casos, en ningún aspecto. Algunas de esas chicas, incluso, se han quitado la vida.

Igual a un espectro: aparece y desaparece

            Este individuo que se suicidó, supuestamente, en su celda en una penitenciaría neoyorquina, causó tanto mal, que la sombra que desprende, los legajos de documentos que están en poder del Congreso de los Estados Unidos y de los archivos judiciales, siguen causando polémica, desazón, desesperación, vergüenza y hasta miles de muertes más, que se desprenden de su nefasta influencia. Porque los ataques ordenados por Donald Trump al ejército de los Estados Unidos, contra Venezuela, barcazas en el Caribe, sin constatar si llevan alijos con drogas; contra Irán; la imposición de aranceles a las exportaciones hacia los Estados Unidos, a múltiples países alrededor del orbe; y el cierre de muchas oficinas de USA que prestaban cooperación a naciones del tercer mundo subdesarrollado, parten del miedo de Trump porque saquen a la luz todos los hechos que protagonizó junto al pederasta judío, quien, aunque muerto, sigue haciendo extremado daño al actual mandatario estadounidense.

            Y el “mejor consejo” que le han dado sus ineficientes asesores es: “desate guerras aquí y allá, suba el impuesto a los aranceles… trate de desviar la atención del pueblo de los Estados Unidos hacia lo internacional, lo externo, para que Epstein no lo devore en vida a usted, como hizo con Andrés, ex duque de York, hoy un tipo completamente acabado en todo lo que corresponde a su vida privada y pública.” Y Trump ha hecho caso. Incluso, el sobrenombre o el calificativo con el que también le conocen a nivel mundial, es “el pedófilo Trump.”

            Y cuando todo parece aplacarse un poco en el interior de los Estados Unidos, de repente o inesperadamente un periódico, como The New York Times, que ha sido el más acucioso con este tema, vuelve a sacar más incidencias que no son otra cosa que parte del lodazal que cubre a Trump y a muchos otros pedófilos que participaron en las orgías organizadas por Epstein en sus distintas mansiones e isla del Caribe, siempre desflorando jovencitas y reduciéndolas al estado de “guiñapos humanos” o material de desecho, después de haberlas usado una y repetidas veces más, bajo sus cuerpos sudorosos y malolientes, de sujetos lascivos e impúdicos. Es cuando Trump sale a la palestra, por medio de su red social, para tratar de desviar la atención de este molesto tema que lo avergüenza, y dice que volverá a atacar a los iraníes o que cerrará tal oficina de ayuda internacional o derrocará a tal presidente de alguna otra “república banana.”

            Epstein, el judío depravado, aparece y desaparece, como un vampiro sediento de sangre, apenas despunta la noche y cuando el Sol anuncia su despertar. Es una pesadilla que se reitera, que está ahí, que nadie la puede eliminar y mucho menos obviar u olvidar.

Tres Bancos involucrados con el depravado

            Lo último que ha trascendido a la prensa ha partido de la iniciativa del senador demócrata, Ron Wyden, quien acusó al presidente Trump de “burlarse de la idea de investigar el papel que desempeñaron los Bancos de Wall Street, al facilitar el tráfico sexual global de Epstein durante décadas.”

            Allí comenzó otro oscuro capítulo referido al caso de este judío enfermo sexual o sexópata, para ser más precisos con el término que lo describe.

            Fueron tres gigantes de la Banca occidental los que aportaron dinero o colaboraron con Jeffrey Epstein, según denuncia hecha por el mismo congresista: JPMorgan Chase, Bank of America, de los Estados Unidos; y Deutsche Bank, de Alemania. Los tres están acusados de ignorar las pruebas delictivas de tráfico sexual y lavado de dinero por parte del convicto y fallecido criminal hebreo, Epstein, y de su socio, el multimillonario Leon Black, otro judío, hijo de Eli M. Black, hebreo que emigró de Polonia cuando era niño y cuyo verdadero apellido era Blachowitz; y quien, a la postre, terminó suicidándose cuando tenía 53 años de edad.

            Leo David Black, nacido en 1951, es un inversor de capital privado en los Estados Unidos; ex director ejecutivo de Apollo Global Management; y fue presidente del Museo de Arte Moderno, cargo al que debió renunciar debido a las revelaciones que salieron a la luz sobre sus vínculos comerciales (y de otra índole personal o privada), con Jeffrey Eptein, “la estrella” de este relato nuestro.

            Ha quedado confirmado plenamente que, entre el 2012 y el 2017, Black pagó a Epstein un total de US$170 millones por “servicios fiscales y financieros” que le ahorraron más de mil millones de dólares en impuestos, que tenía que pagar al fisco (Hacienda) de los Estados Unidos.

            Tiempo posterior, Black sostuvo un romance tórrido con una modelo de nacionalidad rusa, quien le amenazó con hacer acusaciones públicas de abuso sexual, a menos que él le pagara US$100 millones para no hacerlo. Fue cuando apareció nuevamente Jeffrey Epstein, quien negoció un acuerdo de confidencialidad en el 2015 entre esta mujer y su amigo Black, en el que se acordó pagarle US$100 mil por mes durante 15 años, por un total de US$18 millones. Después de todo esto, Black manifestó abiertamente que “lamento profundamente mi relación con Epstein.” En resumen, este ha sido el vínculo de un judío con el otro, y siempre un “lío de faldas” en el medio.

            Retornando a Ron Wyden, el senador demócrata, presentó un informe de 67 páginas al cual intituló “Mirando hacia otro lado” (Looking the Other Way), en el que argumenta con toda claridad que los tres megabancos “nunca solicitaron los registros comerciales que habrían respaldado o verificado el propósito comercial de importantes transacciones sospechosas, vinculadas a Epstein.” Y el demócrata enfatiza en que “los tres Bancos no realizaron la diligencia adecuada para sostener sus relaciones comerciales con Epstein y Black, y permitieron a ambos transacciones valoradas en más de US$170 millones en pagos, que el multimillonario (Black) realizó al agresor sexual y pedófilo, a través del Bank of America.”

            El senador acentúa en que los tres Bancos mencionados habrían violado las leyes federales contra el lavado de dinero, al no reportar al gobierno las transacciones financieras sospechosas, realizadas por Jeffrey Epstein. Tiempo después, cuando el judío Epstein fue detenido por la policía de delitos sexuales de Nueva York, el Deutsche Bank de Alemania (propiamente su sucursal en los Estados Unidos), presentó “actividad sospechosa”, visible en 1,140 transacciones en el 2019. Lo cual significó que los alemanes “marcaron retroactivamente más de US$250 millones en transferencias bancarias sospechosas que entraban y salían de las cuentas de Epstein”, según indica el reporte acerca del total del dinero en movimiento.

            Aparte de lo anterior, el senador demócrata Ron Wyden enumera también a 13 altos ejecutivos de los tres Bancos, quienes, presuntamente, protegieron a Epstein para mantener el acceso a Black, ex CEO del gigante de capital privado Apollo Global Management, y a otros multimillonarios. De acuerdo con esta misma investigación realizada por este senador, Black fue la principal fuente de financiamiento de Epstein, quien dependía en gran medida de los cuantiosos pagos del empresario, con el objetivo de financiar sus actividades de tráfico sexual. Es decir, y en palabras más sencillas y directas, el pedófilo Epstein sostenía con los pagos de Black, todas sus macabras y degeneradas orgías con las jovencitas que engañaba y mantenía prácticamente prisioneras en sus casas e isla en el Mar Caribe.

Acusación por obstrucción contra Trump

            El senador en cuestión no se anduvo por las ramas y fue directamente a uno de los epicentros de esta trama; es decir, contra la administración de Donald Trump que, según el legislador demócrata, obstruyó la investigación acerca de las acciones de los Bancos, a favor del judío pedófilo, Jeffrey Epstein. En acto seguido, instó al Departamento de Justicia, al del Tesoro, a la Reserva Federal y a la Oficina del Contralor de la Moneda, a realizar “investigaciones exhaustivas de las actividades expuestas en este informe y a que impongan multas o sanciones penales por estos hechos.” Reafirmó Wyden, totalmente convencido de que el actual mandatario de los Estados Unidos intentó favorecer, con la obstrucción señalada, a su amigo Epstein. Trump, según era de esperar de él, lo ha negado todo y se dedicó a crear más conflictos bélicos en el exterior, para desviar la atención de la opinión pública de su país.

            De acuerdo al mismo informe del senador, “Trump obstruyó e impidió activamente la investigación mía (de Wyden), tras negarse a entregar los registros bancarios relacionados con Epstein, a los investigadores del Comité de Finanzas del Congreso.” Este congresista indicó que, en el 2014, los investigadores del Comité de Finanzas del Senado tuvieron que realizar una revisión confidencial de una parte del expediente de Epstein que tiene en su poder el Tesoro de los Estados Unidos, debido a que el secretario de ese despacho, Scot Bessent, se negó a presentar los registros financieros de Epstein al comité.

            Acusó, seguidamente, a los republicanos del Senado, porque bloquearon la aprobación de una legislación llamada Ley para la Producción de Registros del Tesoro sobre Epstein, que el propio Wyden presentó en respuesta a la negativa de Bessent de entregar los registros antes referidos. Este senador alega además, que el secretario del Tesoro actúa con doble rasero, porque, mientras pide investigar presuntos fraudes en Minnesota, “se burla de la idea de investigar el papel que desempeñaron los Bancos de Wall Street, al facilitar el tráfico sexual global de Epstein, durante décadas.” Lo cual significa que, prácticamente, esos tres entes bancarios financiaron las tropelías sexuales ejecutadas por el judío en las propiedades a su nombre, tanto en los Estados Unidos, el Caribe, como en Europa.

            Las respuestas de los Bancos aquí mencionados, mantienen posiciones que se contraponen unas con otras. Por ejemplo, un portavoz del Deutsche Bank respondió en un correo electrónico, citado por el portal American Banker, que “lamentamos el vínculo histórico con Jeffrey Epstein; (aunque) hemos cooperado con las agencias reguladoras y policiales.” No obstante, el informe de Wyden es categórico cuando afirma que “todos y cada uno de los Bancos se negaron a cooperar con la investigación (que en realidad es SU investigación particular).” Y es todavía más categórico cuando enuncia que “la inacción bancaria fue una elección reiterada e intencionada de no reportar la actividad financiera que facilitó los crímenes de Epstein.”

            En específico, el senador Wyden asegura que JPMorgan Chase ocultó información clave, a pesar de que “ejecutivos de alto nivel tenían conocimiento de la presencia recurrente de mujeres jóvenes o niñas menores de edad en las casas del depredador, mientras que Deutsche Bank pasó por alto retiros masivos de dinero (por parte del judío depravado).” Ante estos aspectos que podemos evidenciar en las reacciones (o no reacciones) de los Bancos, Wyden solicitó ejecutar un examen de la conducta de los banqueros involucrados, muchos de ellos aún con altos cargos en las tres entidades aquí nombradas, para determinar sus responsabilidades individuales. Además, el legislador les indicó que el expediente por él elaborado, sirve como “una hoja de ruta lista para que los fiscales e investigadores comiencen a hacer rendir cuentas a los cómplices de Epstein.”

            En otra faceta de este escándalo e investigación, el senador demócrata proyecta impulsar una reforma a las leyes federales contra el blanqueo de capitales. Dicha ley exigiría a los banqueros conformar, de forma personal, las transacciones dudosas de clientes de altísimo patrimonio; y, quienes omitan esos avisos, se enfrentarán oportunamente a “mayores sanciones civiles o incluso penales, por negligencia.” Ha aseverado Wyden.

            Un dato siempre relacionado con el pedófilo judío Jeffrey Epstein, quien se suicidó supuestamente en su celda en la penitenciaría de Manhattan, el 10 de agosto del 2019; y subrayamos “supuestamente”, porque hay otra versión, bastante creíble, que asegura que fue asesinado en su celda, por orden de Donald Trump, con tal de detener y acallar el escándalo que de él se iba a desprender en los meses siguientes. Una posibilidad que ha cobrado intensidad en los últimos años, por la credibilidad que encierra y de acuerdo a la personalidad psicopática del presidente de USA, capaz de todos esos actos con el fin de salir indemne ante su electorado que, de todas maneras, ya no cree en él.

            En retorno al senador Wyden, ha informado, siempre con respecto a su informe, que grabó una entrevista, en marzo pasado, con la periodista Sharyn Alfonsi, para el programa “60 Minutes”, como parte de un reportaje más amplio sobre Epstein y la conducta de los Bancos; aunque un detalle que omitió divulgar el mismo senador, señala que la reportera fue despedida poco tiempo después de la grabación. “Por esa razón, no creo que la entrevista será transmitida y no sé si la cadena CDS News permitirá la emisión del reportaje completo.” Explicó el legislador, visiblemente contrariado.

            Así actúa Donald Trump, como un aprendiz de gánster y con acciones y actitudes que develan que es él quien está actuando entre telones y nadie más.

El silencio de una escuela vinculada al pedófilo

            En otra arista de esta figura que conforma el amplísimo y profundo caso de Jeffrey Epstein, han salido a la luz 70 denuncias de abuso sexual, que han destapado décadas de silencio en la dirección de una escuela con fuertes vínculos con el pedófilo hebreo.

            Unos 47 adultos dentro de esa Institución, entre quienes hay profesores, personal administrativo, miembros de la junta directiva y otras personas con acceso al campus, serían los presuntos responsables del hecho de que Epstein hubiera utilizado a ese centro de enseñanza, para llevar a cabo sus tropelías sexuales.

            Fueron decenas de años de abusos contra estudiantes del Centro Interlochen de Artes, como se llama la mencionada escuela, especializada en enseñanza artística y campamento en el Estado de Michigan, Estados Unidos. Por supuesto, la figura central de esos abusos no fue otro que el oscuro Jeffrey Epstein, a quien, cada vez que se le investiga post mortem, aparecen más y más situaciones embarazosas, que perturban a quienes tenemos que desmenuzarlas, analizarlas y redactar sobre esos entresijos.

            Lo cierto es que, después de una investigación interna, documentó denuncias de exalumnos contra profesores y el personal de la Institución, quienes facilitaron la actividad depravada del judío en las aulas, oficinas y pasillos de la escuela, según ha publicado recientemente The New York Times. La investigación fue encargada por el mismo centro y abarcó casi dos años de entrevistas a todos quienes estuvieron dentro del círculo de Epstein o gravitaron, de un modo u otro, en su derredor. Fueron unos 70 exestudiantes quienes aseguraron haber sido víctimas sexuales del judío, que fueron desde el acoso sexual hasta las relaciones íntimas con el pedófilo en cuestión. Así mismo, fueron identificados 47 adultos que estuvieron vinculados a la escuela, en condición de presuntos responsables de las andanzas del hebreo. “Hubo profesores, personal administrativo, miembros de la junta directiva y otras personas con acceso al campus estudiantil,” cita el documento.

            La reacción de los involucrados, máximos responsables de Interlochen, hicieron pública una carta abierta en la que pidieron disculpas a la comunidad donde está emplazada esta escuela. Aseveraron que ninguna de las 47 personas presuntamente implicadas, trabaja allí, no están más dentro de las paredes de ese centro de enseñanza. Añadieron que remitieron sus nombres a la Fiscalía y a la Oficina del Sheriff del condado de Grand Traverse, para que observen la posibilidad, la viabilidad, de emprender contra ellos acciones legales.

            ¿Pero cómo llegó Jeffrey Epstein hasta Interlochen? Todo comenzó en el año 1967, citan los reportes policiales levantados in situ. Jeffrey Epstein asistió a un campamento de verano organizado por esa escuela. Era un adolescente apenas. Pero, años trascurridos, arribó nuevamente a la Institución en calidad de donante. Y quien maneja y regala el dinero, obtiene concesiones…

            Contribuyó con más de US$400 mil. Los funcionarios de más alto nivel estaban encantados con el supuesto filántropo y le permitieron que efectuara todo lo que a él se le ocurría, especialmente con las alumnas que tanto le llamaban la atención y le gustaban a él. El mismo informe, ahora en manos de las autoridades y del Senado de los Estados Unidos, manifiesta que al judío se le facilitó el abuso de al menos dos alumnas de aquel momento: procedió a realizar tocamientos no consentidos y viajes pagados a las muchachas hacia la casa del pedófilo en Nueva York, a cambio de promesas de mejor vida, mejor trabajo y mejores lugares dónde estudiar. Una de ellas narró que el delincuente sexual la invitó a su residencia, le pidió un masaje y que se quitara la parte superior de la ropa. Incluso, una madre de familia, sumamente preocupada y nerviosa, llamó a la dirección de la escuela para alertar que Epstein estaba abusando de sus alumnas, pero nadie en Interlochen hizo caso a aquella advertencia. El judío era el mejor donante de dinero: no había que molestarlo con “tales pequeñeces.”

            Podríamos relatar muchos de aquellos episodios, mientras los administradores del centro educativo callaban peligrosa e irresponsablemente. Hoy todo se conoce, porque todo ha sido publicado en amplios informes técnico-policiales y, si no ocurre algo distinto en el camino, los conocedores y sujetos permisivos de los desmanes del judío, tendrán que vérselas con la justicia y posiblemente con la cárcel, a pesar de los años transcurridos.

            Estos han sido dos capítulos en la extensa red de indecencias efectuadas por Jeffrey Epstein; pero sabemos que no ha concluido toda su historia aquí, porque cada día que se desclasifican más pasajes, conoceremos más acerca de sus depravaciones. Razones suficientes para que se queme entero en el infierno y sus secuaces, entre quienes está Donald Trump en primerísimo plano, se incomoden cuando salga a la superficie esa perversidad. Lo descrito aquí con los Bancos y la escuela donde el judío era donante, son apenas dos extractos de la extensa cadena de abusos sexuales que cometió este sujeto con jóvenes menores de edad y hasta niñas que a duras penas llegaban a los 10 años, según tenemos entendido. Y, desgraciadamente, creemos que lo “más grueso” está por salir, por ser conocido y está entre los folios que, inevitablemente, serán desclasificados en el futuro.

            Esta es la historia de una bestia sedienta de lujuria, de lascivia, con los más bajos instintos “a flor de piel”; un judío de aquellos mismos a los que se refería la prensa alemana durante el gobierno de Adolf Hitler, periódicos y revistas que desdeñamos en su momento, pero que ahora observamos con respeto porque, evidentemente, tenían la razón.


Denunciar uso impropio Más información