
La Verdad sobre los Ataques de los Estados Unidos a Irán
WASHINGTON D.C., USA-(Especial para The City Newspaper) En momentos precisos cuando la paz entre Irán, los Estados Unidos e Israel, se ha difuminado nuevamente y cualquier esfuerzo por pacificar a Oriente Próximo se ha convertido en una quimera más y de las más grandes posibles, un ex funcionario de la CIA norteamericana, llamado John Kiriakou, conocedor de los bastidores de los ataques judíos y estadounidenses al país persa, revela aspectos que se desconocían por completo hasta antes de que los relatara a los periodistas.
Justamente, en estas fechas, cuando el plan de paz esbozado por la Casa Blanca se ha precipitado contra el suelo y hecho mil pedazos, los iraníes han atacado a bases militares norteamericanas ubicadas en Jordania, Qatar, Kuwait y Baréin, en respuesta a los ataques que ha realizado el ejército de Donald Trump al territorio iraní. Observemos…
Misiles y drones contra enclaves de USA
Si hay alguien feliz por el acabose que está sucediendo en Oriente Próximo y en específico, por la continuidad de la guerra contra Irán, ese es el dictador sangriento de Israel, Benjamín Netanyahu, quien siempre (y sinceramente), se ha opuesto a todo arreglo pacífico en la región. Posiblemente, fueron las fuerzas israelíes las que atacaron barcos en el estrecho de Ormuz, fingiendo ser iraníes, para que Trump ordenara seguidamente el contraataque contra Irán. Es posible. Porque de este judío criminal se puede esperar cualquier traición, cualquier ardid y cualquier puñal por la espalda, con tal de mantenerse él en el poder de Israel y así evitar que los tribunales judíos le procesen por la altísima corrupción practicada durante su dictadura.
En todo caso, después de los últimos ataques con misiles de los Estados Unidos a Irán, la Guardia Revolucionaria iraní respondió con fuerza contra enclaves estadounidenses en Qatar, Jordania, Kuwait y Baréin, causando fuertes y visibles daños que la oficina de prensa de la Casa Blanca nunca divulgará, pues sería la vergüenza de la administración del analfabeto Donald Trump. Pero los daños han sido significativos.
Fue una andanada de misiles y drones los que Teherán ha ordenado lanzar contra esas bases militares y el gobierno iraní ha reivindicado dichos ataques con estas palabras: “Hemos atacado con varios misiles balísticos infraestructura e instalaciones militares clave en la base aérea estadounidense Príncipe Hassan, situada en Jordania, lo que causó la destrucción de su centro de mando y control, así como de los hangares de drones MQ9. Los hechos tuvieron lugar después de que EE.UU., imponiendo su voluntad al gobierno del Reino de Omán, provocara anoche que varias embarcaciones crearan una ruta ilegal al sur del estrecho de Ormuz, lo cual fue detenido por la contundente respuesta de la Armada iraní”, de acuerdo a un cable difundido por la agencia Tasnim, que actúa como portavoz de esta misma Guardia.
Así también, la Guardia Revolucionaria informó sobre los ataques a Qatar con misiles, contra la base aérea de los Estados Unidos, Al-Udeid, cuyo centro de mantenimiento y reparación de aviones de combate y centro de mando de esa guarnición, fueron destruidos. Del mismo modo, “reivindicamos otra ofensiva con drones destructivos contra el sistema antimisiles Patriot, en Kuwait, así contra un depósito de municiones y una estación de radar de las fuerzas estadounidenses en ese mismo país. Con otra oleada de ataques con drones, atacamos el sistema de comunicaciones y la estación de radar del ejército estadounidense en Baréin.” Cita la misma vocería Tasnim, con reportes oficiales del Alto Mando persa. Mientras los voceros de USA callan, en una muestra inequívoca de que la democracia en la información no es parte del gobierno de Donald Trump y lo opaco y el silencio son utilizados con frecuencia para confundir, desinformar y despistar al votante norteamericano.
En contrapeso, la agencia Estatal de noticias de Qatar, difundió que sus fuerzas armadas habían repelido un ataque con misiles; y, simultáneamente, el Ministerio del Interior de Baréin aconsejó al pueblo de esa nación buscar lugares seguros, después de que las sirenas de guerra se activaron al percibir el vuelo de misiles y drones iraníes sobre su espacio aéreo.
Todo lo ocurrido en esta nueva situación revela que, con Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca, no hay nada seguro en materia de paz, seguridad y entendimiento, pues, mientras habla de pacificación, en paralelo ordena ataques contra sus enemigos sin previo anuncio de esas acciones militares. De tal forma, atrás quedaron las buenas noticias dadas a conocer el pasado 17 de junio, de que se había firmado un memorando con los iraníes, que desbloqueó al estrecho de Ormuz y puso punto final a la guerra. Algo que disgustó profundamente a los israelíes, quienes quieren que las acciones armadas continúen y así su líder, el corrupto Benjamín Netanyahu, desvié la atención de sus casos de corrupción hacia el conflicto bélico exterior.
Con esos característicos devaneos, contradicciones en los términos, paradojas en la manera de actuar, indecisiones, burlas, sarcasmo, amenazas con destruir a Irán y confusión, de parte de Trump, la paz se ha roto, incluso antes de empezar, pues con este esquizofrénico en el poder de los Estados Unidos no existe la coherencia, ni la decencia, ni la voluntad cuerda, racional, para que los habitantes de Oriente Próximo alcancen la tranquilidad tan necesaria para convivir y progresar en todos los campos posibles. Y en consecuencia de esa demencia, en cualquier momento el pedófilo y violador presidente de los Estados Unidos, ordena nuevos y reiterados ataques contra aquellas naciones que no están de acuerdo con su desparpajo de des-gobierno, ni con la forma como este tipo ve la realidad mundial.
En respuesta al acabose practicado por Trump, los iraníes han difundido el presente comunicado: “Los ataques nuestros se han producido después de que EE.UU. lanzara un ataque aéreo contra varias bases costeras y antenas de telecomunicaciones en la costa sur (de Irán)”, sin aviso previo, ni declaración de guerra y rompiendo todo acuerdo alcanzado en las negociaciones efectuadas en Ginebra, Suiza. Así es Trump, el psicópata que juega con las voluntades de los generales del Pentágono y con las vidas de los iraníes, a quienes quiere exterminar por completo, de acuerdo a sus múltiples amenazas leídas y escuchadas en el mundo entero.
Los israelíes, mientras tanto, callan y se sienten satisfechos porque la guerra continúa. Algo que favorece existencialmente a su dictador Netanyahu, más que a nadie en Israel. No hay tal defensa del territorio judío, como reza el mantra de este corrupto en la cabeza de la dictadura de Judea.
Las revelaciones del ex analista de la CIA
John Kiriakou fue, hasta hace poco tiempo, un analista que trabajó para la CIA y rindió declaraciones al famoso periodista estadounidense Tucker Carlson, tan incómodo tanto para Washington como para Tel Aviv. En esa conversación, el ex agente subrayó que, en la realidad de los hechos, “no se pueden cambiar los gobiernos (enemigos de la Casa Blanca y de Israel), tan fácilmente”, como ha creído el obtuso Donald Trump, siempre tan ignorante de estos temas de la política internacional. Por esa razón, la idea que le fue “vendida” por Netanyahu a Trump, de que la teocracia que gobierna en Irán iba a colapsar fácilmente gracias a la presión externa, ha demostrado el rotundo fracaso de esta creencia judeo-estadounidense.
“La percepción de Trump de que el país persa era ‘un castillo de naipes’ –aseguró el entrevistado-, al que sólo hacía falta darle un pequeño empujón para que colapsara por completo, era totalmente falso” por parte de Netanyahu. “El origen de esa evaluación –agregó Kiriakou-, que sólo pudo haber llegado al mandatario estadounidense a través del primer ministro israelí (entiéndase dictador), Benjamín Netanyahu… ¿De dónde sacó esa idea? Sólo pudo haberla sacado de Benjamín Netanyahu. Eso es todo.” Puntualizó.
Aseveró que los análisis de la CIA han sido consistentes durante décadas enteras y, en la realidad, no se pueden cambiar gobiernos tan fácilmente; de hecho, en Irán, los ataques israelíes-norteamericanos lo que han ocasionado ha sido la unión, la cohesión del pueblo en torno a su gobierno y sus ayatolás (líderes espirituales). “No podemos simplemente lanzar un par de cohetes y derrocar a un gobierno en un país de 93 millones de personas. La vida real no funciona así. Ante una intervención extranjera, lo más probable es que se unan y respalden a sus líderes, debido a que nosotros somos forasteros.” Aseguró con total convicción el ex analista de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA). Y, ciertamente, aquellas manifestaciones de iraníes inconformes con su gobierno, previas a la guerra desatada por Trump y su secuaz, el criminal judío Netanyahu, desaparecieron y se transformaron en decidido y unánime apoyo a la teocracia que los lidera. Trump y su secuaz hebreo, ayudaron para que esa unidad se concertara entre los persas.
En una variable sobre el mismo tema, ha trascendido que, dentro del ejército de Israel, ha aumentado el número de suicidios entre sus soldados. Fue cuando un oficial, quien pidió el anonimato por razones obvias de temor, manifestó: “Pensábamos que lo teníamos bajo control.” Aunque realmente no era así como creían.
Y el mismo diario Haaretz ha informado que “el número de suicidios en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), ha aumentado considerablemente desde abril (pasado). (En ese mismo mes), al menos seis soldados en activo se suicidaron, elevando la cifra de casos a 10 desde el comienzo del año (2026). Además, otros tres reservistas que no estaban en servicio y dos oficiales de la policía, también se quitaron la vida.”
En el mismo artículo de prensa, Haaretz afirma que los datos conocidos revelan un incremento en la incidencia de casos, una tendencia que comenzó tras el estallido de la guerra en Gaza, y que, en lugar de ser una guerra en el amplio sentido de la definición, fue más bien un genocidio en regla contra la población gazatí y que se mantiene todavía, bajo estrictas normas de silencio y prohibiciones a los periodistas internacionales para que no difundan la masacre, el holocausto de palestinos, que allí se lleva a efecto día a día.
“En la década previa a la ofensiva en el enclave ( de Gaza), el promedio anual de suicidios en el ejército (israelí), era de 12, cifra que alcanzó los 22 casos en el 2025, el número más alto registrado en los últimos 15 años. Al principio de la guerra, pensábamos que lo teníamos todo bajo control; mientras otra fuente de Defensa ha aceptado que resulta difícil tomar medidas efectivas para reducir el fenómeno.” Cita el periódico más leído y aceptado entre los judíos que viven en Israel.
Por su parte, los soldados judíos indican que ha habido una disminución en la cantidad de apoyo mental que se brinda a las tropas, contrariamente a las publicaciones oficiales en ese sentido; y, por otro lado, han continuado reclutando a personas con trastornos mentales, enfermedades muy difundidas (hasta comunes), entre los judíos.
Tal la situación en Judea. ¿Será por esa causa, por la altísima psicosis de sus soldados y oficialía, que cometen tantos crímenes, horrendos crímenes, entre los gazatíes y que van desde asesinatos sumarios hasta abrir los cuerpos de los cadáveres en canal, para extraerle sus órganos vitales y enviarlos seguidamente a los hospitales israelíes, para usarlos en trasplantes? Todo es posible, juntamente con la maldad de sus altos mandos, su innata criminalidad acusada a través de las épocas.
Consecuencias de los fracasos militares
Un dato extremadamente serio y sensible ha partido desde el centro neurálgico de las Fuerzas de Defensa israelíes (FDI), y del Mossad, la agencia de espionaje judío y se fundamenta en el descontento o malestar que existe por la actitud “escapista” de Benjamín Netanyahu, el dictador israelí, y su evasiva al no aceptar sus responsabilidades con respecto a los fracasos obtenidos en las guerras. Así según publicación reciente en el diario Israel Hayom, que acentúa en sus crónicas que los Altos Mandos israelíes han acusado a Netanyahu de utilizar al ejército judío a manera de chivo expiatorio por los últimos fracasos en sus ataques al Líbano y “los resultados parciales” en la ofensiva conjunta con los Estados Unidos, contra Irán.
De acuerdo con la narrativa del periódico, el dictador judío había ordenado al ejército atacar con fuerza a objetivos de Hezbolá, en plena tregua pactada con estos guerrilleros islámicos apoyados por Irán. Es decir, Netanyahu buscaba traicionar el alto al fuego, como ha sido siempre su costumbre, y sorprender a la facción islamista en pleno descanso.
Sin embargo, fuentes del ejército israelí informaron que esos ataques fueron rutinarios y limitados, sin representar una escalada real. Es por ello que el anuncio de Netanyahu a todo el pueblo israelí, cita el medio de prensa, fue una especie de “cortina de humo” para aliviar la presión interna que sufre este criminal en su propio país, Israel. Una presión que parte desde los tribunales de justicia, donde sus jueces están esperando un respiro en las guerras que Netanyahu mismo crea y llevarlo al banquillo de los acusados por sus escandalosos y comprobados actos corruptos. De hecho, este dictador está buscando un escaño en el parlamento judío, para alcanzar la inmunidad que necesita y no ser juzgado, mientras le llega la edad para el retiro definitivo de su actividad política; y por causa del avance de los años, prescriban todas las acusaciones en su contra.
Es tanta la desfachatez, su descaro y su criminalidad que, por no ser llevado a los tribunales, pone en riesgo las vidas de todos los israelíes con los ataques con misiles y drones desde Teherán; y las miles de personas que han masacrado las Fuerzas de Defensa judías en la Franja de Gaza, cerca de 80,000 palestinos, cuando obedecieron también a esa invasión que Netanyahu ordenó y así desviar la atención interna de su país, hacia lo externo.
Los altos funcionarios del ejército judío que fueron consultados por el periódico, enfatizaron en que esa postura del genocida no fue casual, “sino que tenía el claro objetivo de responsabilizar a las tropas de los reveses en el campo de batalla.” En este punto, es importante subrayar que la mayoría de los ataques que los judíos llevan a cabo en los distintos frentes, los hacen desde larga o mediana distancia, con misiles y bombas expulsadas por artillería; y muy rara vez, la infantería se enfrenta en batallas cuerpo a cuerpo y que serían ventaja de los mercenarios islámicos, entrenados y diestros en esa clase de lucha. Aun así, las bajas y los fracasos de soldados israelíes se han presentado en los últimos enfrentamientos, una prueba más de la altísima vulnerabilidad de esas tropas.
Israel Hayom insiste en sus páginas en que “la situación es sólo la punta del iceberg, concretamente el malestar creciente dentro de las FDI y los servicios de inteligencia, ante los supuestos intentos de Netanyahu de eludir sus responsabilidades.” Incluso, se enfatiza que el dictador ha intentado culpar al Mossad de la situación en Irán, a pesar de que el espionaje judío actuó siguiendo estrictamente las directrices de la cúpula política de Tel Aviv.
Finalmente, nunca antes, desde su fundación como Estado en 1948, Israel había estado a merced de los bombardeos de otra nación, como sucedió durante lo más encarnizado de la guerra contra Irán, cuando sus misiles y drones penetraron los sistemas de defensa israelíes con una facilidad sorprendente y mataron a importantes cantidades de ciudadanos hebreos, destruyeron barrios enteros y pusieron “en un hilo” a la planta nuclear de Dimona, donde están las bombas atómicas que tiene el país judío. Sólo la coherencia, el humanismo y la determinación por no causar una hecatombe nuclear en la región, hizo desistir a los comandantes iraníes de no atacar dicho enclave.
Todo lo anterior ha sido una tensión innecesaria creada por Netanyahu, para no comparecer ante los tribunales, según hemos explicado anteriormente y de manera exhaustiva. Mientras que, en los Estados Unidos, Donald Trump ha hecho algo parecido, con tal de no causar mayor descontento en los votantes, con respecto al caso del también judío Jeffrey Epstein, el pedófilo, amigo suyo, y con quien compartían las niñas que ambos abusaban. Se trata de desviar todo lo que se pueda de la memoria de los ciudadanos, aunque sea por un instante, ya que la memoria colectiva siempre recuerda esos oscuros pasajes de sus oscuros gobernantes. En estos casos, dos indecentes que tienen al mundo entero al borde del abismo.
Si Irán Decide Atacar Dimona, Todo Habrá Acabado Para Israel
DESIERTO DE NÉGUEV, Israel-(Especial para The City Newspaper) Quiéralo o no, le guste leerlo o escucharlo o no, es la tenebrosa y fatídica realidad a la que está expuesto Israel, a pesar de que Netanyahu se sienta “arropado” o acuerpado por el voluble, ignorantísimo y supra-salvaje Donald Trump, el monigote de la Casa Blanca, que el judío domina a placer.
¿Y por qué es un inminente peligro que podría acabar con el belicoso y criminal Estado judío? Porque los iraníes tienen misiles hipersónicos, indetectables e incontenibles por el tan llevado y traído “Escudo de Hierro” que los israelíes han plantado alrededor de su territorio, en especial sobre Jerusalén, Haifa y Tel Aviv y que los persas han demostrado cuantas veces han querido, que de nada sirve cuando se trata de atacar a los hebreos. Hoy, muchos barrios de Tel Aviv y Haifa están hechos añicos por las explosiones de esos cohetes que suben hasta el espacio exterior y descienden con una velocidad endemoniada, para destruir con una facilidad pasmosa sus objetivos. Esos misiles podrían ser lanzados contra la base de experimentación y creación atómica cercana a la localidad de Dimona, al sur de Israel y hacer estallar todas las bombas atómicas que allí se amontonan y hacer desaparecer al minúsculo y siempre violento Estado judío en mil pedazos. Incluso, hace pocas horas, el Estado Mayor iraní así lo hizo escuchar: “tenemos a Dimona en nuestra mira.”
Dilucidado el plan e identificado el peligro, entremos en algunas descripciones ineludibles e importantes para entender mejor la problemática:
El ya no tan “ultrasecreto” Centro de Investigación Nuclear de Israel
De la misma forma como los israelíes conocen hasta los ínfimos detalles del ejército y los políticos iraníes, así mismo conocen los persas todo acerca de los judíos en su territorio. Pero antes de seguir adelante, debemos poner sobre el “tapiz” de la discusión un hecho de gran relevancia y que es ventajoso para Irán y perjudicial para Israel: el territorio de ambos países. Aun para los Estados Unidos, atacar a Irán es un problema de gran calado, justamente por la enormidad de su geografía, sus desiertos, sus escarpadas montañas, sus cavernas y, ante todo, la distribución de sus cohetes en diferentes puntos de ese territorio. Lo cual significa que le pueden destruir mil veces su Capital, Teherán, pero ello no incidirá en el funcionamiento de su aspecto militar, mismo que podrá funcionar desde cualquier sitio donde mantengan sus bases, muchas de ellas móviles en grandes furgones que transportan los misiles.
Por el contrario, el territorio israelí es sumamente pequeño y además, densamente poblado. De hecho, los hebreos han supeditado toda su seguridad a una fantasiosa red defensiva, que han llamado pomposamente “Escudo de Hierro”, “Honda de David” y demás nombres que, a la hora de las verdades, se asemejó más a una película de ciencia ficción que a la realidad que el pueblo creyó de sus demagogos, seguidores de su criminal dictador, Benjamín Netanyahu. Y una vez que el famoso “domo” quedó burlado y penetrado reiteradamente por los misiles iraníes, la pequeñez de este territorio se ha convertido en “la jaula del ratón, donde es fácil aniquilar al roedor.” El roedor no es otro que el pueblo judío aquí acantonado. Muchos de los detractores del pueblo hebreo aducen que ahora están sufriendo algo parecido a los palestinos de la Franja de Gaza, donde viven (o malviven para ser más precisos), amontonados, en una densidad poblacional inaudita, la más densa del planeta por kilómetro cuadrado. Por esa razón, los bombardeos israelíes a lo largo de dos años, nunca pudieron ser quirúrgicos como dijeron los criminales militares hebreos, porque el estallido de una bomba es capaz de asesinar a cientos de palestinos en una sola detonación.
Para concretar, el Centro de Investigación Nuclear del Néguev está situado en este desierto judío, a unos trece kilómetros al sureste de la ciudad de Dimona. Por ello se le conoce también como la base atómica israelí. Es el lugar donde los judíos fabrican sus bombas nucleares, mismas que compiten en cantidad con las que tiene la China comunista en estos momentos precisos.
Pero su nombre oficial es Centro de Investigación Nuclear Shimon Peres Negev. Comenzó a ser edificado en 1958, con el asesoramiento técnico y científico del gobierno de Francia; aunque se desconoce la cifra en millones de dólares que los israelíes pagaron a los europeos, para que éstos les vendieran sus secretos. En aquel lejano año, se construyó el primer reactor nuclear, con la supuesta finalidad de alimentar una planta desalinizadora, que supuestamente también iba a permitir el cultivo del desierto del Néguev. Fue cuando se vendió la idea y la imagen de que los “judíos hacían florecer al desierto”, en una “postal” idílica de lo que presuntamente era este pueblo, siempre caminando “de la mano de Dios… el dios de Israel” del que nos habla la Biblia, la Biblia escrita por los mismos y antiquísimos hebreos.
Sin embargo, ese argumento falso que hizo creer a muchos ingenuos que ese Centro de Investigación tenía fines puramente agrícolas, escondía en el trasfondo el comienzo de la Era atómica de los judíos. Prontamente, las sospechas, especialmente de las Naciones Unidas y del asesinado presidente norteamericano, John F. Kennedy, quien siempre se opuso al hecho de que Israel tuviera bombas atómicas y así se lo hizo ver al Primer Ministro Ben Gurión, fueron dilucidadas, gracias al espionaje de la CIA. Hay quienes aseguran que el asesinato de Kennedy realmente fue por este motivo: los judíos pagaron para que le dispararan aquel mediodía en Dallas, Texas, cumpliendo aquello que afirmó en una oportunidad Adolf Hitler, de que “todo presidente de los Estados Unidos que se opone a los judíos, es eliminado” del camino con rapidez. Una teoría que se fundamenta en una tenebrosa e ineludible realidad y que no es nada descartable acerca de ese magnicidio del joven mandatario estadounidense.
Es así como muchos expertos mundiales en asuntos de Defensa, han asegurado que el reactor de Dimona, desde un principio, tenía el objetivo de construir bombas atómicas, tal y como lo hace descarada y abiertamente, sin importar el qué dirán y la “miopía” del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), “capitaneado” por el argentino (¡?) Rafael Grossi, totalmente plegado a las exigencias de los israelíes y en contra de Irán. Lo cual quiere decir que Grossi no ha sancionado nunca a los judíos por su “racimo” voluminoso de bombas atómicas; pero se ha opuesto tajantemente al hecho de que los persas desarrollen su programa nuclear. Y ha sido tan nefasto y destructivo este sujeto suramericano, que sus reportes han servido a la CIA, al Pentágono, al Mossad y al gobierno dictatorial israelí, para atacar salvajemente a Irán y su pueblo. Por culpa de este argentino, una y otra vez ambos ejércitos, el judío y el estadounidense, han asesinado a militares y científicos iraníes y han causado la guerra que ahora mismo, en marzo del 2026, estamos observando contra la nación persa. A pesar de su descaro y su posición anti-iraní, Rafael Grossi, el argentino llegado desde las antípodas, quiere ser elegido Secretario General de la ONU, después de demostrar su parcialidad criminal –secuaz de Washington y Tel Aviv, en contra de Irán-, y de no convencer con su patética capacidad para tan alto cargo.
En todo caso, cuando se le ha dicho a los judíos, en foros internacionales, que la planta de Dimona fue creada con fines armamentísticos o de destrucción masiva, éstos callan significativamente y nunca han confirmado o desmentido esas teorías, esas sospechas, en aplicación de lo que se conoce en el ámbito diplomático con la definición de “estrategia de la ambigüedad.”
Lo cierto es que este reactor fue activado entre 1962 y 1964; y con el plutonio producido y algo de uranio enriquecido, adquirido en forma misteriosa (aunque la “Operación Plumbat” ha revelado todo lo concerniente a este delicado tema), las Fuerzas de Defensa israelíes crearon sus primeras armas nucleares, antes de la famosa Guerra de los Seis Días. Se cree también que científicos franceses y de otras nacionalidades (estadounidenses e ingleses), trabajaron arduo, cobrando sus buenas cantidades de dólares, que los judíos pagaban gustosos a cambio del favor criminal que les estaban concediendo.
El gobierno de Israel siguió mintiendo al respecto, como ha mentido en múltiples ocasiones, principalmente para justificar los ataques a naciones y gobiernos vecinos, que han efectuado desde 1948, año de la fundación del Estado judío.
En lo que estriba a la “Operación Plumbat”, se llevó a cabo en 1968 por el Mossad, el servicio secreto de Israel, en colaboración con Lakam, la Oficina de Relaciones Científicas, concebida en 1957 por Israel para proteger y apoyar al programa nuclear, pero el nombre que le dieron (una “tapadera” como suelen hacer los judíos), fue de Oficina de Cometidos Especiales. Lakam recopilaba información científica y técnica, tanto de fuentes abiertas como encubiertas, fuera de las fronteras del Estado judío. Fue disuelta en 1986, tras el estallido del caso de Jonathan Pollard, uno de los pasajes más oscuros de la joven historia de este país.
Un traidor estadounidense aparecido inesperadamente
Sucintamente narraremos que Pollard era un analista civil del Centro de Alerta Antiterrorista o Centro de Inteligencia del Servicio de Investigación Criminal Naval de los Estados Unidos. En noviembre de 1985, el FBI le “pinchó” varias conversaciones telefónicas con personeros del gobierno israelí, como aquella con Rafi Eitan. En esas pláticas que Pollard creía eran completamente encriptadas y por lo tanto seguras, ofreció sus servicios a la inteligencia judía; pero el Mossad lo rechazó, porque no pudo aceptar que se espiara a un país aliado, en el caso de los Estados Unidos, y mucho menos en territorio estadounidense. Pero Lakam aceptó el ofrecimiento, aunque fuera alta traición a Washington, el amigo hasta entonces “imperturbable” y solícito de los israelíes. De hecho, cuando comenzaron a llegar los documentos ultra-secretos enviados por Jonathan Pollard, los mismos israelíes se sintieron abrumados por toda la cantidad de documentación que se les hacía conocer de espaldas a la Casa Blanca y al Pentágono. Así también, se sintieron escépticos por la cantidad de datos obtenidos; pero tampoco rechazaron la excelente calidad de la información que, en todo caso, concernía a Israel y que los EE.UU. le negaba a Tel Aviv, a pesar de ser gobiernos amigos y del memorándum de entendimiento suscrito entre ambos Estados en 1983. Es decir, los estadounidenses ocultaban información sensible a los israelíes y éstos se sintieron prontamente defraudados y desconcertados. Pero Pollard se los hizo llegar.
El hebreo Rafi Eitan citó, en el consulado de Israel en Nueva York, al oficial superior de Pollard y le informó sobre la actividad de espionaje y venta de documentación ultra-secreta. De inmediato, se revisaron esos papeles y fueron devueltos a sus correspondientes archivos. Luego sobrevino el arresto de Pollard y el gobierno judío declaró oficialmente que la operación se llevó a cabo sin su conocimiento; aunque muchos aseguran que esa es otra de las mentiras dichas por Tel Aviv, con tal de no ensuciar su imagen y que, en todo momento, los gobernantes israelíes estaban al tanto de la altísima traición del estadounidense y celebraban que los documentos les fueran entregados.
La contrainteligencia de los Estados Unidos cometió un grave error al creer que era el Mossad el que estaba detrás de todo este asunto y consideraba a Pollard un amateur, cuyas actividades dañaban la reputación de la inteligencia exterior de Israel. Pero lo que sí hizo el Mossad fue ofrecerle a Pollard sacarlo subrepticiamente de su país y darle protección; sin embargo, fue hecho prisionero y 37 años después de su captura, se trasladó a vivir a suelo israelí.
Siempre el gobierno judío negó su implicación en la Operación Pollard; su entonces primer ministro, Shimon Peres, negó a pies juntillas que supiera acerca de aquel ciudadano estadounidense que trabajaba para la inteligencia de USA y suministraba información a la agencia que Peres mismo había fundado: Lakam. Pero fue nuevamente Eitan quien afirmó en una entrevista, muchos años después, que todas las actividades de Lakam, incluida la Operación Pollard, “se habían realizado con el conocimiento de los gobernantes o superiores políticos”, contando, por supuesto a este premier.
Todo este asunto fue llamado “Operación Plumbat” y cuyo único objetivo era conseguir el material que Israel necesitaba con urgencia y de manera imprescindible, para construir sus armas nucleares; y Pollard los ayudó por medio de su acto de traición a las políticas de los Estados Unidos, cuyo gobierno abrió los ojos para no confiar en modo alguno en los israelíes, a pesar de que les han brindado, además de una férrea y sólida amistad, la protección que ahora mismo estamos viendo en esta guerra contra los iraníes.
Siempre dentro de la misma “Operación Plumbat” (nombre que proviene del latín y se refiere a los contenedores que llevan plomo y se usan para transportar materiales radioactivos), Francia dejó de suplir a los israelíes el uranio para el reactor nuclear de Dimona, después de la Guerra de los Seis Días; pero, aun así, con esa partida de los franceses del territorio hebreo, éstos aparecieron con 200 toneladas de óxido de uranio que pertenecía a la compañía belga Union Miniére. Era un envío que se hacía por mar de Amberes a Génova e iba a bordo del carguero alemán Scheersberg A. De pronto desapareció este barco con las 200 toneladas de óxido de uranio, conocido popularmente con el nombre de “torta amarilla.” Después, el mismo carguero reapareció en un puerto turco, pero sin el cargamento. Se lo habían robado. Había sido transferido a otro navío israelí en alta mar. Un acto de piratería en plena época moderna. En todo caso, el Mossad, el servicio secreto judío, violó los controles de la Comunicad Europea de la Energía Atómica para Materiales Nucleares. Es así como lo que hemos narrado en este amplio reportaje es la base del poderío atómico del que tanto presumen los israelíes en estos momentos. Espurio desde todo punto de vista. Inmoral e indecente, pues se ha fundamentado en el robo, la mentira, la piratería y el engaño.
Es por ello que el gobierno de Israel siempre ha afirmado que el reactor de Dimona ha sido creado y usado sólo con fines productivos, pacíficos y para beneficio de la agricultura y del pueblo hebreo; no obstante, algunos aviones U-2 estadounidenses que han sobrevolado este lugar para medir los niveles de radioactividad en el aire, han reportado que éstos son altísimos, fuera de lo normal y no tienen nada que ver con el uso de la energía atómica con objetivos pacíficos. Por otra parte, una señal detectada por un satélite de los Estados Unidos sobre el Atlántico, el 22 de septiembre de 1979, fue una prueba nuclear realizada por Israel, conjuntamente con el entonces régimen racista de Suráfrica y que ha sido conocido con el nombre de “incidente Vela.”
Hay que recordar que, a inicios de los años 60, cuando la inteligencia estadounidense descubrió el objetivo verdadero de Dimona, cual es el uso bélico de la energía nuclear, exigió a los israelíes someterse a inspecciones internacionales. Los Judíos aceptaron, pero con la condición de que fueran solamente inspectores de los Estados Unidos y nunca del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el mismo que le han propinado a los iraníes desde años atrás. Los mismos judíos pusieron como requisito que las inspecciones deberían ser notificadas 6 meses anticipados y que no fueran por sorpresa (pues podrían encontrar aspectos no muy normales en el tratamiento del uranio enriquecido, por ejemplo). De hecho, los israelíes sabían de antemano sobre las visitas de los inspectores y ocultaban el objetivo real del complejo, que era la fabricación de armas de destrucción masiva. Instalaban falsos muros y otros dispositivos, antes de cada visita de los norteamericanos. Por esa razón, los inspectores informaban al gobierno de los Estados Unidos que su trabajo se tornaba ineficiente e inútil, por los obstáculos y engaños que ponían los judíos. Incluso, restringían casi por completo el ingreso a las áreas que podían recorrer los visitantes extranjeros. En 1969 finalizaron esas supuestas labores y nunca más se inspeccionó nada en Israel. Un gobierno que nunca ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear, para que tengamos una idea todavía más fiel y exacta del comportamiento de los israelíes en relación con este tema.
Las conversaciones entre John F. Kennedy con el primer ministro hebreo, David Ben Gurión, el padre del Estado judío, fueron particularmente ásperas, duras, sin entendimiento casi, porque el fallecido mandatario de USA se oponía radical y tajantemente al hecho de que Israel alcanzara el arma nuclear. Hay quienes aseguran sin ambages, equivocaciones ni complejos, que el asesinato de Kennedy fue planeado y pagado desde Tel Aviv, con el objetivo de “allanar el camino” hacia la creación de la bomba atómica judía. Una tesis que no deja de ser creíble y mucho menos, descartable, porque, tratándose de israelíes, todo puede acontecer, más aun desde el ángulo del crimen, el complot y la traición.
Fotografías reveladoras y convincentes
Para aquellos que todavía confiaban en la presunta honestidad de los israelíes, pronto iba a sorprenderles la verdadera realidad (valga el terminología). Porque en 1986, Mordechai Vanunu, un antiguo ingeniero de Dimona, reveló pruebas contundentes de la existencia del programa nuclear judío. En concreto, tomó 60 fotografías de la central de Dimona, mismas que fueron publicadas al completo por el periódico inglés The Sunday Times. Esta información, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, es la fuente más detallada, fidedigna y creíble, que se ha hecho pública sobre el programa que llevan adelante los israelíes.
Desgraciadamente para las mentiras dichas por los primeros ministros de Israel y para sus “tapaderas” cuyo único propósito era el de confundir y engañar a la opinión pública mundial, las fotografías de Vanunu cubrieron casi todas las instalaciones de Dimona, mostrando la producción de plutonio, las esferas de plutonio usadas en cabezas nucleares y también de otros componentes de bombas nucleares. Esa información compartida por este sujeto, develó que Israel podría tener en la actualidad hasta 200 cabezas nucleares, incluidas bombas de neutrones.
Pero Mordechai no quedaría impune para los judíos, quienes lo secuestraron (según es costumbre de los judíos, como hicieron con Adolf Eichmann en Argentina, a inicios de los años 60), mientras permanecía en Italia, lo sedaron primero y lo llevaron encadenado hasta Israel. Una corte, en secreto, lo juzgó por los cargos de espionaje y le condenaron a 18 años de prisión. En la primavera del 2004, Vanunu salió finalmente de la cárcel, pero no se le entregó el pasaporte; y fue arrestado nuevamente en noviembre de ese mismo año, acusado de nuevos cargos por violar los términos de su libertad y fue liberado, empero, pocos días más tarde.
Luego del secuestro de este oscuro personaje, en octubre de 1986, el diario británico The Times publicó que Israel tenía material suficiente para construir aproximadamente 20 bombas de hidrógeno o termonucleares; y 200 bombas de fisión o nucleares. Y el Carnegie Endowment for International Peace, informó que los israelíes disponían, en el 2007, de entre 100 y 170 cabezas nucleares.
El teniente coronel Warner D. Farr, del ejército de los Estados Unidos de América, reveló que Israel disponía, en 1997, de más de 400 armas nucleares y termonucleares; y la revista Jane’s, especializada en el tema de Defensa, subrayó que, en el 2004, Israel tenía por lo menos 200 armas nucleares, posiblemente más que el Reino Unido. De acuerdo con esta misma revista, y con su artículo publicado en noviembre de 1994, las instalaciones nucleares israelíes son las siguientes: Soreq (diseño y prueba); Dimona (reactor nuclear y planta de procesamiento de plutonio); Yodefat (ensamblaje de las armas); y Kfar Zajariya (almacenamiento; es decir, donde están casi todas las bombas que aquí se producen y que los iraníes conocen y podrían destruir con sus misiles, si así lo decidieran).
En lo que se refiere a Dimona propiamente, representa preocupación para las autoridades judías, ya que tiene más de 40 años de existencia; incluso, en el 2004, el gobierno de Tel Aviv distribuyó, sorpresivamente, tabletas anti-irradiación de yodo a miles de ciudadanos que viven en los alrededores. Tal la inseguridad que sienten acerca de esta central nuclear.
Conclusiones finales después de lo visto
Lo que ha quedado claro para todos los que han seguido los acontecimientos en el mundo entero, indica que la construcción de esta central nuclear en territorio israelí comenzó en 1958 y su agua pesada en el reactor nuclear entró en funcionamiento en algún momento entre 1962 y 1964.
El gobierno de Israel sigue insistiendo en que el reactor nuclear y la instalación de investigación tienen “fines generales de investigación en ciencia atómica”; aunque la verdad que subyace y se mantiene en silencio, argumenta que el reactor en cuestión ha estado involucrado en la producción de materiales nucleares para su uso en el programa de armas, mismas que fueron creadas en 1967 por primera vez. De tal manera, el reactor no es una central eléctrica civil y por lo tanto, no envía electricidad a la red que abastece a ciudades y fábricas que en este país existen. Llama también la atención que la información sobre estas instalaciones en el desierto del Néguev, sigue siendo clasificada muy alta y el gobierno mantiene una política conocida como “ambigüedad estratégica”; es decir, se niegan a confirmar o negar su posesión.
Sobre Dimona el espacio aéreo está cerrado a todas las aeronaves posibles y el área que rodea a esta planta nuclear está fuertemente custodiada y vallada; y en agosto del 2018, se le cambió el nombre en honor al fallecido presidente y primer ministro de Israel, Shimón Peres. Fue este mismo dignatario israelí quien dilucidó el tema del costo económico de Dimona, cuando publicó sus Memorias en 1995. Afirmó que él y David Ben Gurión recaudaron US$40 millones que equivalían a “la mitad del precio de un reactor… (ese dinero provino) de los amigos de Israel en todo el mundo.” Con base en esta cifra, se puede concluir que el costo total de la construcción fue de alrededor de US$80 millones, de acuerdo a los precios que prevalecían en aquella época cuando se puso “la primera piedra” o el arranque de la edificación. Se cree que lo más probable fue que el ejército judío tuvo sus primeras armas nucleares listas antes de la Guerra de los Seis Días, librada contra sus enemigos árabes más cercanos.
Imágenes satelitales del 2021, develaron que el complejo estaba experimentando una importante expansión; y la nueva construcción comenzó a finales del 2018 o principios del 2019, con una extensión de 140 metros por 50 metros, en las inmediaciones del reactor nuclear y de la planta de reprocesamiento.
Así mismo, se cree que la producción a gran escala de ojivas nucleares comenzó en 1966 y un año después, Israel poseía hasta 13 ojivas nucleares operativas.
Pero de lo que sí hay certeza es “el secreto a voces” que señala que Israel posee armas nucleares propias que se remontan a la década de 1969; de hecho, Israel es el único Estado de Oriente Próximo con armas nucleares”, según confesó a la prensa británica Xavier Bohigas, doctor en Física e investigador del Centro Delás d’Estudis per la Pau, una entidad independiente de análisis de paz, seguridad, defensa y armamentismo, quien además aseguró que Irán tiene en estos momentos, uranio enriquecido al 60 por ciento de pureza; pero “para construir una bomba nuclear tiene que estar enriquecido por encima del 90 por ciento.” Con la inmensa diferencia de que los iraníes sí firmaron el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), y se ha sometido constantemente a las inspecciones periódicas que la ONU hace en sus laboratorios. Israel, ni una cosa ni la otra. Es decir, no firma el Tratado y no permite que inspectores arriben a Dimona, ni a 100 kilómetros de distancia.
En el caso de que utilicemos Google Maps, veremos que nos permite observar que a unos 10 kilómetros de la ciudad de Dimona, se sitúa el Centro de Investigación Nuclear del Néguev, en pleno desierto. En un principio, se detalló que el complejo era una planta textil, un lugar para realizar investigaciones metalúrgicas y un complejo agrícola. Todo esto falso, desde luego. Sin embargo, en contraposición, en la década de los años 60, David Ben Gurión, entonces primer ministro judío, se refirió por primera y única vez a lo que existe en Dimona: en un discurso ante el parlamento israelí, el Knéset, manifestó –también mintiendo-, que el centro de investigaciones nucleares tenía “fines pacíficos.” Hoy sabemos que no es así.
Reafirmado todo lo anterior en este extenso reportaje, nos remitimos, para finalizar, a lo expresado por Xavier Bohigas: “Es preocupante que cualquier Estado adquiera y tenga armas nucleares por el peligro que conlleva tenerlas. Se hace extraordinariamente preocupante que Israel, que ha incumplido resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ha despreciado el Derecho Internacional y el Derecho Internacional Humanitario, y que tenga armas nucleares y que ningún otro país sea capaz de frenarlo, reducir esta situación y reconducirla.” Es decir, el Estado hebreo se ha posicionado más allá de las leyes humanas y Divinas, arguyendo que no quiere que su pueblo sufra otro “holocausto”, como el infligido por los nazis en la Europa de los años 40; y su derecho natural de defenderse les provoca la violencia que les vemos a diario contra todos sus vecinos y bajo cualquier motivo que puedan argumentar. Es por ello, por esa actitud siempre “a la defensiva” que los israelíes han provocado la masacre en la Franja de Gaza, durante todo el año pasado (2025), y siguen usando esa fuerza homicida, fuera de todo contexto, contra naciones como el Líbano e Irán mismo.
En cuanto a este último país, tiene las espaldas aseguradas por Pakistán, cuyo gobierno amenazó al de Israel de esta manera: “Si ustedes lanzan una bomba atómica a Irán, nosotros lo haremos con ustedes.” Además, como expresamos al inicio de este reportaje, los misiles hipersónicos iraníes, que no los ha producido todavía los Estados Unidos, son imposibles de ser detectados y mucho menos destruidos por los sistemas de defensa hebreos y podrían ser lanzados contra Dimona, específicamente contra Kfar Zajariya, que es el almacén donde están las bombas atómicas de Israel, con las consecuencias fatalistas en un territorio tan pequeño, tan densamente poblado y en las que resultarían perjudicadas otras naciones limítrofes, como Palestina y demás. Ciertamente, los iraníes no querrán, por principios morales y por la humanidad que les conocemos, ser los causantes de tantos millones de muertos por la hiper-radiación nuclear.
Y otro detalle cierto en Irán, en sus líderes: cuando amenazan con algo tan certero y relativamente fácil para ellos, como volar en mil pedazos Dimona, es porque no lo harán… Ya lo han demostrado a lo largo de estos enfrentamientos bélicos que han sostenido y que podrían incluir el asesinato de Benjamín Netanyahu, el carnicero judío.
Pero la pregunta preocupante es: ¿Al ver los israelíes cómo los iraníes borran del mapa a Tel Aviv, Jerusalén y Haifa, se resistirán a lanzarles la bomba atómica? Si fuese por Netanyahu, este asesino ya lo hubiera hecho. Lo mismo si fuera por Donald Trump, ambos aliados en su deseo de exterminar al mundo musulmán al completo. Pero la pregunta queda en el aire…
