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La Lucha por la Secretaría General de la ONU, "un Pulso" en el que Domina la Ambición Personal Desmedida
Varias candidatas (mujeres) se disputan la Secretaria General de la Organización de las Naciones Unidas y se nota, en la superficie, cuáles son los motivos que mueven a estas féminas y no son cualesquiera razones; una de ellas es convertirse en la primera mujer en la historia en dirigir tan importante puesto. Quieren construir esta parte de la historia de la ONU. Lo demás, obedece al ego, especialmente de una de esas candidatas...
Ciertamente este organismo mundial pasa por uno de sus peores momentos, cuando la credibilidad en su influencia y eficacia están desquebrajadas y necesita urgentemente un nuevo Secretario General que luche por recuperar algo de su brillo anterior (muy tenue, pero aun así lo tuvo). Pero lo que vemos en varios de los siete candidatos que han presentado sus nombres a la votación, es más ambición personal, que efectividad a lo largo de sus actividades, dentro y fuera de la ONU. Ya los iremos desglosando uno por uno para saber, realmente, qué es lo que quieren...

Se trata de cinco mujeres de distintos puntos del planeta y tres hombres, quienes aspiran a suplantar al incómodo portugués, António Guterres (incómodo para los planes bélicos de Israel y los Estados Unidos); pero, a juzgar por lo que han hecho en sus carreras profesionales, públicas principalmente, nos dejan "en la estacada" y con el sinsabor de que, si alcanzaran el alto cargo al frente de la ONU, el prestigio y la eficacia de este organismo de talla mundial, seguirá tan opaco o inefectivo como lo ha sido hasta ahora.
La mayoría de las candidatas provienen de América Latina, la región que no se entiende siquiera a sí misma y que es un conglomerado de países mal gobernados, que se debaten entre la izquierda y la derecha más reaccionarias posibles. Y debemos partir de allí, de esa realidad.
Lo cierto es que el portugués Guterres, un hombre extraordinariamente bien intencionado, quien ha tratado de detener el genocidio en la Franja de Gaza, ha señalado, lo mismo que el diplomático español, Josep Borrell, los horrendos crímenes perpetrados por los judíos en Palestina, terminará su segundo mandato consecutivo en la ONU, el 31 de diciembre de este 2026, a sus 77 años de edad. Cada período al frente de la ONU se extiende a lo largo de cinco años; es decir, Guterres ha estado en ese cargo, 10 años.
Lucha contra invasores, genocidas y exterminadores
Esa es otra de las grandes verdades que confrontó Antonio Guterres, Secretario General actual de las Naciones Unidas, quien tendrá que velar por su propia vida, una vez que regrese a Lisboa, Portugal, a su patria natal, debido a su valiente oposición a la guerra de exterminio humano que desató Israel en la Franja de Gaza y también en el Líbano e Irán, ayudado por el no menos criminal gobierno de los Estados Unidos, de Donald Trump.
De hecho, Guterres ha sido algo así como "la piedra en el zapato" de judíos y estadounidenses, al señalarles constante e ininterrumpidamente sus crímenes contra poblaciones indefensas en Oriente Próximo, durante el genocidio más escandaloso y aterrador de lo que lleva transitado este segundo milenio. Durante toda su gestión se enfrentó valiente y decididamente contra gobiernos invasores de otros pueblos, contra genocidas y exterminadores como los israelíes; y, de paso, pudo comprobar, ante nuestros ojos analíticos, las falencias y las limitaciones que la ONU tiene, "las piedras de choque" en su misma interioridad y que lo han hecho un organismo poco efectivo ante los problemas planteados y a favor de grandes sectores de la humanidad que requieren de su ayuda. Incluso, la ONU actual plantea la posibilidad (la impostergable e imperiosa necesidad) de una refundación, reestructuración, remodelación y reorganización en sus entrañas, partiendo desde sus raíces, sus fundamentos de siempre.
Para sustituir a este portugués incómodo e incomodante a los criminales de Washington y Tel Aviv, los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU deberán asignar de manera anónima a cada uno de los aspirantes al cargo de Secretario General, la calificación de "apoya", "no apoya" o "sin opinión." Un tema que trataremos después con más detalle.
En esta oportunidad, las candidatas a la Secretaría General, junto al argentino Rafael Grossi, de quien hablaremos más adelante, lo que buscan es insertar a América Latina dentro de las decisiones capitales que se toman en el seno de la ONU; y, por supuesto, que una de esas mujeres sea la primera que alcance, en la historia, tal cargo. "Un plus" imposible de dejar de lado, capaz de alimentar al ego más inflamado y voraz de persona alguna.
Sin embargo, el grato hecho de que sean mujeres en su mayoría, no da pie a congratulaciones, porque, dentro de ese grupo, hay algunas que no servirían en modo alguno para levantar la funcionalidad y el prestigio de la ONU.
Rebeca Grynspan Mayufis (foto siguiente)
Ciertamente nació en Costa Rica, pero pertenece a la etnia judía. Eso es un agravante inmenso, más aun en momentos cuando la ONU requiere imparcialidad ante los acontecimientos que se están dando en Oriente Próximo, ante el río de sangre que los israelíes están dejando correr en Palestina, Líbano e Irán; y Grynspan, en principio, no garantiza esa neutralidad, esa claridad de pensamiento que se necesita para resolver lo que hay que resolver, ni hoy ni mañana, sino desde que Israel y sus judíos llegaron a esta región, después de la Segunda Guerra Mundial.

En su natal Costa Rica, fue una política "de mucho hablar y poco hacer"; solamente fue llevada a la vicepresidencia de la República por un partido corrupto, hoy en franco declive, llamado Liberación Nacional (PLN), infestado de judíos, quienes compraban con grandes sumas de dinero sus nombramientos en los distintos gobiernos, en cuenta la Grynspan. Es, sin temor a equivocarnos, la candidata que más evidencia su ambición personal, porque su intención es escalar, escalar y escalar lo más alto posible, para satisfacer su egolatría y convertirse en la mujer "costarricense" (nótense las comillas, porque en el fondo es israelí) que más alto ha llegado en la historia de este pequeño país centroamericano y, en resultado también, la primera fémina en dirigir a la ONU. ¡No puede dejar pasar esa inédita e inconmensurable oportunidad!
De habla discursiva (una locuacidad exasperante), Rebeca Grynspan no conoce otra manera de comunicarse: es una máquina de hablar que cuesta callarla, porque todo lo que ella ve y por donde transita, lo convierte en verborrea; aunque siempre alejada de las soluciones tangibles, concretas, eficaces y realistas. La palabrería, el sofisma barato, angustioso, inaguantable y sin detención, es parte de su manera de ser. La retórica de poco cuño e insustancial es para la Grynspan, lo que para Guterres era la imperiosa necesitad de lograr el final del genocidio en Gaza.
Desgraciadamente, el actual gobierno de Costa Rica, dirigido por otra mujer, llamada Laura Fernández, y el anterior de Rodrigo Chaves, le han respaldado irresponsablemente, en detrimento de todo lo que podría sobrevenir en el caso de que Grynspan gane la elección.
En lo que estriba al conflicto en Oriente Próximo, indudablemente Rebeca Grynspan en la cabeza de la ONU, sería una carta confiable y de triunfo para las aspiraciones israelíes (por la sangre que corre en las arterias de esta mujer) y de los estadounidenses; un bastión más, un punto de apoyo desde la alta diplomacia mundial. Pero a quienes creemos en la justicia, en el respeto a los derechos humanos elementales y en la paz en el orbe, esta candidata trunca todos nuestros anhelos e idealizaciones, convirtiéndolos en dolorosas quimeras y mayores crímenes.
Las otras candidatas. Una que renuncia
Michelle Bachelet Jeria, la ex presidenta de Chile, con 74 años de edad, y una experiencia a toda prueba, tanto en su país de origen como en el ámbito internacional (fue Alta Comisionada de las Naciones Unidas), hubiera sido una excelente secretaria general de la ONU, debido a su formación humanista (es pediatra), su pasado político que, desde que era una adolescente, sufrió la persecución de su familia por razones ideológicas y, principalmente, porque en los cargos en los que ha estado a favor de la ONU, los ha desempeñado con hidalguía, imparcialidad, alto raciocinio y anteponiendo el sufrimiento humano a todo lo demás.
Sin embargo, en el interior del gobierno chileno actual, presidido por el derechista José Antonio Kast, las aspiraciones de Bachelet, socialista o de izquierdas, se han visto superadas por estos temas ideológicos y ha tenido que "batirse en duelo" ella sola contra los otros aspirantes al cargo por la Secretaría General de las Naciones Unidas. Hasta que, en septiembre pasado, esta ex mandataria retiró su candidatura, aunque no fue por el abandono del gobierno chileno en contra suya, por esa falta de apoyo de sus compatriotas, siempre divididos diametralmente en el aspecto político, sino por el veto que presentaron los Estados Unidos, debido a las posiciones de Bachelet con respecto al aborto y al feminismo.
En lo que respecta al argentino Rafael Grossi (65 años de edad, foto abajo), quien ha estado al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), su desempeño no ha sido el mejor, sino, por el contrario, uno de los más parcializados a favor de Israel y los Estados Unidos; a tal extremo que sus informes sesgados en contra de los iraníes, llevaron a Donald Trump a ordenar el bombardeo contra las supuestas factorías donde el gobierno de Teherán construía su arma nuclear.
Precisamente, el error de los iraníes fue mantener sus fronteras abiertas para que los empleados bajo el mando de este argentino, entraran y difundieran informaciones falsas y nada confiables acerca de una carrera atómica no existente en Irán. Y ahora, Grossi quiere saltar al comando de las Naciones Unidas, donde, indubitablemente, sería un peón más de la política guerrerista israelí y estadounidense. Sería esa baza que ambos países están buscando y que en António Guterres nunca pudieron encontrar.
Pero las aspiraciones de este argentino han quedado rezagadas, casi sepultadas, según las votaciones que se han estado llevando a efecto en la ONU. De hecho, los últimos resultados han puesto a la Grynspan delante de Grossi y de la ex canciller de Guyana, Carolyn Rodrigues-Birkett, de 52 años.
A juzgar por su actuación en el pasado reciente, en el que, por culpa de sus informes parcializados y carentes de verdad y realismo, en relación con una falsa carrera atómica por parte de Teherán, y por las muertes de iraníes inocentes que causaron esos documentos sesgados, al impulsar los bombardeos que hemos descrito arriba, Grossi sería el acabose en la cabeza de la ONU, un peligro, precisamente por su falsedad, su antojadiza manera de torcer los hechos reales y su postura radical a favor de los Estados Unidos e Israel.
Los rusos tampoco quieren a este argentino, precisamente por su parcialidad a favor de Washington y por otros informes sesgados en relación con la central nuclear de Zaporiya, en Ucrania, cuando culpó a los rusos de poner en altísimo riesgo a los habitantes de la región.

En todo caso, quienes quedaron, después del retiro obligado de Michelle Bachelet, han sido Ivonne A-Baki, de Ecuador, ex embajadora de su país en Francia, Mónaco, Estados Unidos y Qatar; María Fernanda Espinoza Garcés, también ecuatoriana, ex presidenta de la Asamblea General de la ONU, ex ministra de Relaciones Exteriores de su país natal y ex ministra de Defensa; Rafael Mariano Grossi, argentino, de quien ya escribimos en las líneas anteriores; Rebeca Grynspan, "costarricense", ex vicepresidenta de Costa Rica, América Central, de quien nos referimos también anteriormente; Olara Otunnu, de Uganda, África, ex subsecretario general de la ONU y representante especial para los niños y los conflictos armados; Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana, América del Sur, representante permanente ante las Naciones Unidas; y Macky Sall, de Senegal, África, político e ingeniero, ex presidente de su país del 2012 al 2024.
Esos son los nombres de los candidatos al puesto de Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas.
Un detalle especial, desde que tenemos conocimiento de la ONU, casi todos quienes han optado por este cargo y también aquellos que los han alcanzado, son provenientes de naciones cuya influencia en el orden mundial no es relevante o no han sido países de "primera línea", sino que han surgido de naciones "emergentes" y poco conocidas. Esta vez tampoco son excepciones.
Los imponderables que deciden la elección
Todos ellos han entrado en la fase decisiva de la elección; aunque los gobiernos de superpotencias como China y los Estados Unidos, serán los que decidan el resultado final; mientras, por otra parte, la ex presidenta de la Asamblea General, la alemana Annalena Baerbock, aconsejó hacer la mejor elección con estas palabras vertidas a la prensa: "El mundo espera que el próximo Secretario General proporcione un liderazgo fuerte, dedicado y eficaz, para cumplir con los tres pilares de las Naciones Unidas: paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo, y para preparar a las Naciones Unidas para el futuro, (...) nuestra elección enviará un mensaje poderoso sobre quiénes somos y nuestro compromiso de servir a todos los pueblos del mundo."
Desgraciadamente, el mecanismo interno de este organismo hace que surja siempre el imponderable; es decir, la determinación que se sale de las manos de los candidatos y del Secretario General de turno, porque el poder reside en el Consejo de Seguridad y el derecho a veto de los cinco países que lo componen, todos ellos superpotencias militares y económicas. Es el diseño institucional que posee la ONU y que la frustra, la delimita y la hace actuar con las manos atadas en muchas oportunidades. Precisamente eso lo cambia todo, en especial en esta elección que estamos tratando en esta crónica.
Históricamente, China o Rusia siempre han presentado objeciones sobre el perfil idóneo de los candidatos; pero ahora, en la actualidad, son los Estados Unidos los que están tornando el proceso de elección casi imposible, por cuestiones ideológicas, culturales e identitarias. Es decir, para ser todavía más claros, la administración Trump ha rechazado candidatos para la Secretaría General de la ONU, porque muchos de ellos han calificado la conducta de Israel en la Franja de Gaza como un genocidio con "todas sus letras", una matanza que es apoyada por la Casa Blanca. Es cuando Kenneth Roth, director de Human Rights Watch, manifestó ante este despropósito: "(...) nos quedaremos solo con candidatos dispuestos a negar la realidad."
Otro matiz nos dice que no es solo Israel el que no quiere una figura fuerte, con ideas claras y que levante la voz, sino que esa persona deberá tener este perfil: tiene que ser alguien que medie, que encabece el proceso de modernización, las reformas y los recortes pronunciados; pero que no resulte incómodo ni antagonice, especialmente a Washington ni a Tel Aviv; y tampoco, por supuesto, a Moscú en su guerra invasiva contra Ucrania.
El proceso es bastante claro para quien quiera empaparse del método: durante meses, los candidatos pueden presentar sus nombres a los votantes y hacer campaña en el interior de la Institución; mientras tanto, el Consejo de Seguridad hace pequeñas votaciones en las que pone al lado del candidato si lo apoya, lo rechaza o permanece neutral. Con el paso del tiempo, los que tienen menos respaldo o los que saben de antemano que van a ser vetados por alguno de los cinco miembros permanentes del Consejo (Rusia, China, Estados Unidos, Francia y Reino Unido), se retiran, hasta que queda uno solo, cuyo nombramiento definitivo debe ser ratificado por la Asamblea General.

No hay plazos fijos, aunque se esperan nuevos resultados en esta oportunidad, en las próximas semanas; pero, como al final todo depende de los cinco grandes, técnicamente podría aparecer un perfil nuevo de la nada e imponerse a los siete candidatos que ya están postulados. Últimamente se ha hablado de las posibles candidaturas de la holandesa Sigrid Kaag; la ex embajadora de Emiratos Árabes Unidos, Lana Nusseibeh; el ex primer ministro húngaro, Viktor Orban, apreciado por Washington, Moscú y Tel Aviv; y el serbio Vuk Jeremi, quien casi fue electo Secretario General de la ONU, hace 10 años atrás.
La Casa Blanca tampoco tolera a Rodrigues-Birkett, embajadora de Guyana ante la ONU, por calificar el comportamiento de los judíos en Gaza de genocidio; también, en el 2013, apoyó política y moralmente a los hermanos Raúl y Fidel Castro, en Cuba, en la cabeza de la dictadura comunista de esa isla caribeña. Es posible que, durante la reciente visita del dictador de China, Xi Jinping a los Estados Unidos, se haya conversado al respecto, sobre el próximo secretario general de las Naciones Unidas. Pero quien está en el gusto de Donald Trump es la "costarricense" Grynspan, justamente por su raza judía, por sus simpatías hacia Israel, a la postre "la tierra prometida" de todos los judíos como ella, así hayan nacido en el mismísimo infierno.
Esta mujer, fiel a su demagogia que siempre practica, dicen que estuvo en Beijing, Capital china, y se mostró favorable a "una sola China"; es decir, adherir a Taiwán, "la provincia rebelde" y esa postura de la hebrea gustó al ministro de Exteriores, Wang Yi (foto abajo). De tal manera, se espera que los chinos la apoyen también en su elección. "Cayó muy bien a los chinos comunistas; pero muy mal a los taiwaneses", cosas del oportunismo que siempre ha practicado Grynspan y los de su raza a lo largo de la historia política.
Lo cierto es que al mundo árabe, al mundo musulmán, esta candidata le debería preocupar, por su ascendencia y afinidad con Israel, además de su obediencia ciega a Washington; porque lo que, en verdad, quiere ella es hacer historia: descollar del grosor de todas las mujeres de Costa Rica (y de América Central), ser la primera judía en tan alto cargo y convertirse en la primera mujer en ese sitial. Lo demás, como la matanza de palestinos, no creemos que eso la conmueva mucho o nada.
