EDITORIAL




Netanyahu debió negociar con Hamás la liberación de los presos palestinos, antes que ordenar el bombardeo y las masacres en Gaza. Si hubiese negociado, si hubiese llegado a acuerdos sensatos, no hubiera masacrado a los casi 80,000 inocentes gazatíes de esta historia. Netanyahu quería causar el genocidio para quedar como un defensor de Israel, un héroe ante los israelíes y que los jueces le eximieran de sus acusaciones por corrupción
Los hemos visto, los hemos leído, nos han atacado, han defendido lo indefendible, actúan como los “abogados del diablo”, del demonio con nombre y apellido, llamado en nuestra época, Benjamín Netanyahu.
Y no son judíos, no son israelíes. Muchos de ellos nacieron y viven en España, Argentina, Uruguay, los Estados Unidos, México y muchas otras naciones. Tampoco han sido beneficiados nunca por empresarios hebreos, mucho menos han estado casados con judías; tampoco son estudiosos de la Biblia, del Antiguo Testamento, que es un canto abierto, claro, directo (fantasioso) y sin resquemores de la etnia judía. No son cristianos mucho menos, no pertenecen a ninguna denominación de ese tipo, que son los más tendientes a defender y pelear por los intereses de los israelíes de todos los tiempos, en especial los de esta época… de este tiempo sanguinario.
Incluso, algunos defensores de esas masacres de niños (con sus piernas y brazos amputados en la Franja de Gaza); de mujeres embarazadas que han recibido disparos en sus vientres de parte de la soldadesca hebrea, de hospitalizados y ancianos, son militares que se desempeñan en las fuerzas armadas de sus respectivos países, dándonos a entender que, en un eventual conflicto, actuarían de igual manera que los verdugos judíos en Palestina.
Con esa defensa al más abyecto, deleznable y grotesco genocidio que efectúan a diario los soldados criminales de Israel en Gaza, esas personas individuales, en grupos y hasta en organizaciones determinadas, que son las mismas que deploran y critican con acritud lo que hicieron los nazis en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial o los pogromos ordenados por Josef Stalin en la fenecida Unión Soviética, justifican con argumentos pueriles, sin asidero alguno, las matanzas que hemos estado observando en la Franja de Gaza y a los colonos hebreos, armados con rifles de asalto, cuando disparan contra los legítimos dueños de esas tierras en Cisjordania, hasta dejarlos paralíticos o parapléjicos por los balazos. Disparos que son filmados por las esposas e hijos de esos mismos colonos perpetradores.
Esos mismos iberoamericanos que señalamos, se rasgan sus ropas para insultar a los nazis y estalinistas por sus crímenes (inconcebibles también) contra la etnia judía, pero aplauden y vociferan felices cuando caer las bombas y misiles contra las ruinas de Gaza, cada vez que Netanyahu les ordena que no quede piedra sobre piedra en ese mismo sitio donde Jared Kushner, el yerno judío de Donald Trump, siguiendo un proyecto ideado y elaborado por su compatriota (de nacionalidad y raza), el pedófilo Jeffrey Epstein, quiere un resort supra lujoso donde ahora mismo es la Franja en mención, arrebatándoles previamente esas tierras calcinadas por el fuego de las bombas, a sus únicos dueños… los gazatíes.
Esas gentes que defienden a los judíos, sin recibir paga de los judíos, son agresivas, violentas en grado extremo, caen en la vulgaridad retórica más abyecta y acusan un comportamiento errático al “nadar contra la corriente” normal de las circunstancias, contra lo correcto, que es lo que debería prevalecer. Porque sus mentes, cerebros, espíritus y corazones son negros, y les gusta permanecer en el lado oscuro de la existencia, donde yacen Netanyahu, sus hordas de criminales, armadas por los alemanes actuales y los estadounidenses del Pentágono.
Si la muerte de un inocente, el asesinato de una persona justa, causa consternación, imagínense ustedes a las casi 80,000 que los judíos han cercenado en Gaza, más la firme intencionalidad de hacer lo mismo en Cisjordania, Líbano, Siria e Irán. Los hebreos, dirigidos por la senda del genocidio por Netanyahu, el supra-corrupto dictador de Israel, Benjamín Netanyahu, observan y determinan que todos los musulmanes y otros pueblos alrededor de la Tierra (llamados “gentiles” por los judíos mismos, para esconder su odio gangrenado), les resultan estorbos a sus intenciones malsanas, a su expansionismo mesiánico y les califican con el apelativo de “razas inferiores” o animales vulgares, como suelen referirse a los palestinos. Es el apartheid que observamos en Suráfrica, contra el que luchó Nelson Mandela, en toda su dimensión, su nefasta y asesina dimensión; pero esta vez localizado en Oriente Próximo.
Esos defensores de lo indefendible, están demostrando abierta y descaradamente que no son otra cosa que colaboracionistas inmorales con los genocidas; justificantes con el asesinato de inocentes desarmados y expositores de miles de argumentos, sin fondo válido, para hacer leer y escuchar esas argumentaciones, con la finalidad de hacernos creer que todo lo que hacen los judíos en Palestina es válido.
El régimen de Israel, el mismo que ahora ostenta el poder, es racista, siempre lo ha sido, y aún lo era cuando el Estado judío no había sido fundado en 1948. Una prueba actualizada de ello, han sido las declaraciones del prófugo de la justicia internacional, el dictador israelí Netanyahu, quien dijo que los dos partidos árabes que existen hoy en día en Israel, no tienen la categoría de los judíos, no deben ser tomados en cuenta para nada ni en ningún momento dado. No los quiere como aliados para formar su abyecto y criminal gobierno. Y resulta que esos árabes son tan israelíes como el más sanguinario y recalcitrante de los colonos. Eso es racismo, reiteramos; es segregación, profundo desprecio y el firme deseo de hacerlos desaparecer de la faz de ese país.
En síntesis, aquellos que defienden el genocidio, son tendientes a involucrarse más adelante en otro genocidio de igual o peor magnitud, porque los malos sentimientos que albergan en su fuero interno, provienen de sus corazones negros. No hay otra explicación.


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