EDITORIAL




A la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), se nos antoja compararla con aquella muchacha soltera, linda y guapa que llega con toda su familia a vivir a un nuevo barrio y, de repente, la ven todos los chicos que viven en esa misma calle. Todos comienzan a soñar con ella, todos quieren ser sus novios, que ella elija a uno de ellos y comiencen una idílica relación de noviazgo. Los que son soñadores únicamente, se quedarán allí… con sus sueños, con sus ilusiones y un poco de frustración; pero los más osados comenzarán a saludarla y uno que otro la visitará en su casa.
Así es la FIFA, “una chica soltera, guapa” y para mejor muestra: con muchísimo dinero en los Bancos. Todos aquellos que sueñan con la fama, el poder, la gloria y la riqueza económica, intentan conquistarla, ser su presidente, aunque de fútbol sólo sepan que se patea un balón en un rectángulo y nada más. Esos han sido los casos del brasileño Joao Havelange, un empresario dueño de autobuses en su natal Brasil; Joseph Blatter, un suizo que, cuando salía a caminar con su elegante traje por algunas aceras de Zürich, se enojaba cuando los niños le pegaban accidentalmente con un balón de fútbol, porque, en parte, consideraba a ese deporte como el juego “de los plebeyos” de los olvidados por Dios y los que no tenían “ni un duro” en los bolsillos; y finalmente, nuestro oscuro personaje: Gianni Infantino, el ítalo-suizo, más corrupto que la mismísima corrupción, quien no concibe la existencia humana sin dañar a los demás, sin estafarlos, engañarlos y hacerlos ganar, como a los argentinos de Messi, aunque tenga que asesinar a los jugadores adversarios. No tuvo que llegar a ese extremo en las Copas del Mundo de Qatar y de Norteamérica, pero compró a todos los árbitros que le pitaron a Argentina, para que anularan goles de Egipto, Cabo Verde, Suiza y España, con tal de que no ganaran a los sucios rioplatenses. Es un enamorado abierto, descarado y “muy sospechoso,” de Lionel Messi, el sujeto que, gracias a Dios, pronto dirá adiós al fútbol, antes de que comiencen a quebrársele todos los huesos debido a la debilidad natural y lógica que se va apoderando de un cuerpo que envejece. Messi pronto llegará a los 40 años de edad.
Llegando al quid del asunto que nos ocupa en este editorial, observamos que, antes del Mundial en México, Estados Unidos y Canadá, Gianni Infantino, amante profundo y decidido del dinero como buen suizo; capaz de cometer cualquier felonía con tal de enriquecerse, comenzó a codearse nada menos que con uno de los individuos más deleznables de nuestra época: Donald Trump.
Infantino se había metido “en la cueva de las hienas”; pero le gustaba estar ahí, porque deseaba febrilmente hacer negocios con ese individuo, Trump, capaz de vender a su madre por cualquier precio que supusiera una ganancia bruta para él. Y Trump le presentó a otros “tiburones” que conforman su familia política: los Kushner, padre y hermano del esposo de Ivanka Trump, Jared Kushner. Y comenzaron a tramar la manera para hincar a la FIFA, para hacer negocios turbios con el balompié, saltándose todas las reglas humanas y divinas existentes, con tal de ganar millones de dólares con el reporte rey, sin que nadie se cruzara en su camino a manera de obstáculo.
Los judíos Kushner, especialmente el hermano de Jared, esposo de Ivanka Trump, no cabía del gozo, porque, finalmente, se le permitía saltar (y asaltar) a la FIFA, “la muchacha bella y guapa que acaba de llegar al nuevo barrio.” Este tipo judío soñó con un océano de millones de dólares arribando a sus cuentas bancarias. Pero la UEFA, al escuchar de boca del obtuso Infantino lo que estaba por venir; es decir, la venta de una parte de la FIFA, amenazó con paralizar todas las competencias que tienen como asidero a esta misma federación global. Luego le siguieron Concacaf (Norte, Centroamérica y el Caribe); la Confederación Asiática de Fútbol y Conmebol (que reúne a todos los países suramericanos, extraordinariamente relevantes e importantes en el concierto mundial del balompié). Infantino se sintió acabado.
No le quedó más remedio que echar hacia atrás. Había sido pillado con “las manos en la masa”, al querer introducir a la FIFA a esos “tiburones”, degenerados y corruptos de los Kushner y los Trump. ¡Había pactado nada menos que con los peores seres humanos posibles! Los mismos que quieren expulsar a todos los palestinos de la Franja de Gaza, para levantar allí un resort con casinos y hoteles de lujo, para sacarle dinero a ese sitio donde han muerto tantos inocentes, al defender su tierra, su país… Porque en esto del “tintineo” de las monedas, los Kushner no tienen compasión por los demás y son capaces de cualquier cosa para conseguir dinero donde no lo hay.
Los mimos judíos de Nueva York, familiares de Trump, acaban de decir que no quieren meterse en líos con las federaciones adscritas a la FIFA y, aparentemente, se han hecho a un lado, han dado “el paso al costado.” Pero Infantino, el obtuso Infantino, sin un solo pelo en su cabeza, con su sonrisa abierta, con sus dientes amarillentos y sus ojos de desquiciado, ha quedado “en la cuerda floja” y con el abismo a sus pies. Porque en las siguientes elecciones para la presidencia de la FIFA, desde ahora mismo puede considerarse fuera de ese organismo rector del fútbol mundial. No será reelecto. Y posiblemente sea llevado a los tribunales de justicia, como se hizo con Blatter.
Todos quieren con “la chica guapa” que ha llegado al barrio, todos la quieren para cada uno de ellos, enamorados, porque saben que allí está “lo bueno”, lo beneficioso, donde podrán sacar réditos que en otras organizaciones les será imposible. Pero resulta que, dentro de esa gavilla de pretendientes, hay delincuentes, oportunistas, frívolos y hasta criminales, que mal podrían destruir a “la muchacha”; en este caso, a la FIFA, como lo hubiesen hecho los Kushner, después de haberle sacado (expoliado), hasta el último euro.
Infantino, ciertamente, ha sido una escoria completa, un vulgar hombrecillo que pronto será alejado de su alto cargo presidencial y pasará a ser un inquilino más en alguna penitenciaría en Zürich, como merece.


THE CITY UN PERIÓDICO HECHO PARA USTEd


