EDITORIAL




El objetivo, la premisa impostergable es… sacar a Benjamín Netanyahu del poder, a este sujeto que ha causado un extraordinario daño a Israel, a su gobierno, sus líderes y su pueblo, de cara al mundo, a la humanidad que se ha volcado de lleno a favor de la causa palestina, de los libaneses y de los iraníes. La persona común en cualquier país del orbe, ajena al cristianismo fanático y al sionismo, y que es la mayoría mundial, desea lo peor para Israel por el genocidio que ha causado en los pueblos de Oriente Próximo; y a la cabeza de dichas masacres ha estado quien se considera el dictador y dueño del país judío, Benjamín Netanyahu, el criminal al que todos desean verlo juzgado primero en la Corte Penal Internacional (CPI), de La Haya, que lo requiere precisamente por esas matanzas que él ha ordenado, fomentado y aplaudido, de miles y miles de inocentes en la Franja de Gaza y otros sitios de la región; y después ahorcado como el asesino en masa que real e ineludiblemente es.
Los israelíes conscientes –que parece ser minoría en la actualidad-, quieren que el rostro del país cambie, que vuelva a ser el Israel aceptado, estimado y querido por todos, después de su fundación como Estado. También, la caída del líder sempiterno de los húngaros, Viktor Orbán, ha motivado a los dos líberes judíos que se han unido para derrocar a Netanyahu y se trata de Naftali Bennett, considerado el principal rival de Netanyahu; y Yair Lapid, del partido centrista-liberal Tesh Atid.
Las elecciones próximas en Israel se llevarán a efecto en octubre de este 2026; y el partido que ambos han fundado, se llama BeYachad, que en hebreo significa “Juntos.” Anteriormente, Bennet había liderado el movimiento de extrema derecha, Hogar Judío; aunque también había liderado el Consejo Yesha, que es la organización que agrupa a los ayuntamientos de los asentamientos judíos en Cisjordania, una tierra ocupada ilegalmente.
En todo caso, los dos políticos han amalgamado fuerzas y según Ted Schneider, corresponsal diplomático y político del periódico Times of Israel, el descenso del apoyo a Lapid y el deseo de la oposición israelí de no perder ningún escaño en la próxima formación del parlamento, fueron factores que influyeron con decisión en la formación de esta coalición. Por su parte, Bennet espera conseguir el apoyo de la derecha y de los detractores de Netanyahu. Junto a él, está Lapid, que representa a los israelíes laicos y que podría sumar en importantes cantidades de votantes que antes de esta coalición, no se tenían. El objetivo, reiteramos, es alejar definitivamente a un avejentado Netanyahu y que éste asuma sus responsabilidades como ciudadano común. Responsabilidades que, en efecto, son muchas.
Aparte del tema Netanyahu, lo que han querido hacer estos dos líderes, Bennet y Lapid, es construir el partido más grande y fuerte de Israel; aunque ellos dos solos no bastarán y tendrían que unirse a un tercero, el Partido Yashar, liderado por el ex general del ejército, Gadi Eisenkot. Este ha opinado así de los dos políticos que se han unido: “Bennet y Lapid son mis socios. He hablado con ambos desde que unieron sus fuerzas y nuestro único objetivo como bloque, será conseguir el máximo de votos en unas elecciones que serán las más importantes de la historia de Israel.”
Desde la posición actual de Benjamín Netanyahu, la unión de estos tres movimientos llama a la preocupación, pues no sería igual para él estar en la cúspide del gobierno que regresar a ser un ciudadano común, que es requerido no sólo por la CPI, el brazo jurídico de la ONU, sino por los tribunales israelíes a raíz de varios casos de corrupción en los que ha estado inmerso, junto a su mujer Sara. Recordemos que, para evitar ser llamado a la Corte, Netanyahu se ha inventado todas las guerras posibles y ha masacrado a cuanto enemigo suyo se ha posado enfrente, con tal de desviar la atención de los fiscales y jueces hacia los problemas que él ha creado a nivel internacional. Una vez en la sencillez de una vida fuera del gobierno, Netanyahu será “una presa” fácil para la policía israelí y si llegase a salir del país, podría ser capturado por la policía internacional y llevado hasta los Países Bajos para apersonarse frente a un jurado que le señala por sus múltiples crímenes de lesa humanidad en los últimos diez años. Por todo ello, Netanyahu no puede jugarse en estas elecciones próximas una inevitable derrota que lo aleje del poder. Y la verdad sea dicha, la gran mayoría de los israelíes están cansados de verle y escucharle, siempre con los mismos argumentos trillados de que “quieren hacer desaparecer al Estado de Israel” y por eso toda guerra que él desate, es lo que procede en todos los casos. Los judíos dentro de Israel, además de seguridad, desean paz, más que cualquier otro pueblo sobre la faz de la Tierra. Más todavía cuando han visto que aquella falacia que les inventó Netanyahu, de que los cielos del país estaban seguros con sus escudos antimisiles, han observado, en su defecto, que los ataques iraníes penetraban esas defensas con una facilidad impresionante; y por esa mentira y otras más, quieren a este genocida lejos de la silla gubernamental en Tel Aviv.
Netanyahu sabe que estar lejos del poder será el final para él y su mujer y no tendrá salida alguna, pues, entre otras cosas, se le acabará la inmunidad que le ha dado la mayor impunidad, tal y como la hemos visto en estos últimos cinco años en los que ha desatado toda su criminalidad y vampirismo. Ante esta coyuntura, Yair Lapid ha dicho: “Vemos la angustia que sienten muchos ciudadanos israelíes al ver que se están viendo mermados los medios de comunicación, los tribunales, las libertades civiles y la libertad de manifestación. Al igual que Orbán en Hungría, Netanyahu ejerce un fuerte control sobre las autoridades de seguridad israelíes y parte de los medios de comunicación.” Manifestó.
La verdad es que los abusos de Benjamín Netanyahu han sobrepasado todos los límites en el interior de Israel y en la Franja de Gaza, donde la prensa mundial no tiene acceso a la información y la ayuda humanitaria es tiroteada por los soldados judíos y alejada de las costas de Palestina. Indudablemente, un cambio en Tel Aviv será parte de la gran solución que una inmensa mayoría está clamando a voces. Además, es un asunto de justicia, que hasta el momento ha sido evadida por este criminal de masas.


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