Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis Cayeron sobre Venezuela: la Peste, la Guerra, el Hambre y la Muerte
LA GUAIRA, Venezuela-(Especial para The City Newspaper) La penosa situación general que sufre esta nación suramericana, no deviene desde hace pocos años, sino desde mucho antes de la llegada de Hugo Chávez al poder (el 2 de febrero de 1999) e instituir su penosa y sangrienta dictadura comunista, porque los anteriores presidentes, todos ellos elegidos mediante el voto dentro de una democracia “tambaleante”, fueron pésimos ejemplos de corrupción, de una corrupción rampante, descarada e impresionante. Allí comenzó el acabose de este país, de este pueblo que lo permitió, hasta la irrupción de Chávez para empeorar todavía más su realidad.
Posteriormente, con la dictadura “bolivariana” –como insistió el coronel Chávez en llamarla demagógicamente-, el aislamiento, la confrontación con los Estados Unidos y las potencias europeas occidentales, las alianzas con los gobiernos marxistas existentes en el planeta, el robo de las ganancias gracias al petróleo, la represión, el acoso, el encarcelamiento y asesinato de opositores y más tarde el narcotráfico, fueron la constante en Venezuela, una nación que pasó de la más abyecta corrupción a la tiranía más criminal de toda América Latina.
En aquellos aciagos momentos, dos de los Jinetes del Apocalipsis, el hambre y la muerte, arribaron a este territorio. Tras la muerte de Hugo Chávez, quedaría en su lugar el conductor de autobuses urbanos, el parlanchín e histriónico Nicolás Maduro, quien sólo hizo dos cosas: empobrecer más a los venezolanos y enfrentarse al esquizoide Donald Trump. Este último acto fue lo que propició su secuestro y encarcelamiento en los Estados Unidos. Aunque con su aprehensión no finalizaron los problemas de Venezuela, porque quienes creyeron que había llegado el final de la dictadura, se equivocaron de plano y con el paso de los meses se percataron que Trump sólo quería escapar de la sombra fantasmal del judío Jeffrey Epstein, el pedófilo amigo y socio suyo en esto de desflorar jovencitas, que lo acosa desde el más allá y no lo deja en paz y por ello quiso desviar la atención de los estadounidenses hacia el exterior y para eso creó el mega-conflicto con la tiranía venezolana. “De rebote”, comenzó a apoderarse del petróleo y a llenarse más los bolsillos con las ganancias obtenidas con su venta. Todo un sátrapa, un bucanero de nuestro tiempo, el indecente presidente de los Estados Unidos.
Dos terremotos a manera de “corolario”
Los dos seísmos que han dejado postrada a esta nación, rica en recursos naturales, si se quiere son la “puntilla” de todos los males que han caído sobre su pueblo y su realidad diaria. Dolorosísima situación. Más todavía cuando observamos en los films, en las crónicas de la prensa, presencialmente y en las fotografías, a aquellos edificios elegantes construidos gracias al auge del petróleo en la década de los 70s, destruidos sobre las vías y llenando de escombros a las ciudades que otrora fueron pujantes y ejemplos de avance en Latinoamérica.
El problema, naturalmente circunstancial y que no obedece a ningún karma, como se acostumbra a asegurar en estos trances, radica en que el territorio venezolano yace en la gigantesca y extensa zona conocida mundialmente con el nombre de Anillo de Fuego del Pacífico y que genera la mayoría de los terremotos en California, México, América Central, Chile, Turquía, Japón y otras naciones de Asia. Y Venezuela, como decíamos, está allí precisamente, donde se concentra la mayoría de los seísmos. Se trata de una zona geológica que alberga al 75 por ciento de los volcanes activos del mundo, para formarnos una idea más precisa de lo que significa.
También es conocido como el Anillo de Fuego, dicho de manera más popular, y que es una vasta franja geológica que rodea al Océano Pacífico y concentra la mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. Algo así como un monstruo que duerme en las entrañas de la Tierra y que de cuando en cuando despierta y causa tragedias como la que acabamos de presenciar en Venezuela. De hecho, se estima que alrededor del 90 por ciento de todos los terremotos ocurren dentro de esta zona, que, además, alberga cerca del 75 por ciento de los volcanes activos del mundo.
Según los geólogos, expertos en esta materia, a pesar de su nombre, no se trata de un círculo perfecto y su forma se asemeja más a una herradura de unos 40,000 kilómetros de longitud; y a lo largo de su recorrido, se distribuyen aproximadamente unos 452 volcanes que se extienden desde el extremo sur de Suramérica, recorren la costa occidental de América del Norte (México, Estados Unidos y Canadá), atraviesan la región del estrecho de Bering, en Alaska, continúan por Japón, llegan hasta Nueva Zelanda y la cadena se completa con varios volcanes activos e inactivos en la Antártida, la parte más al sur del planeta nuestro.
En concreto, las regiones más expuestas a los efectos del Cinturón de Fuego, incluyen la costa oeste de los Estados Unidos, Chile, Japón y numerosas naciones insulares del Pacífico, como las Islas Salomón. También se encuentran dentro de esta zona, países como Rusia, Indonesia, Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Canadá, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú y México, entre otros.
Haciendo un recuento de los daños, observamos que a Venezuela le han ocurrido desgracias tras desgracias, desde la corrupción rampante de sus presidentes constitucionales (Carlos Andrés Pérez, quizás el peor de todos; Herrera Campins, Jaime Lusinchi y otros más), pasando por la narco-dictadura comunista, brutal y salvaje de Hugo Chávez, por el período de Nicolás Maduro, su secuestro por un contingente especial de soldados de élite de los Estados Unidos y por último, las sucias garras de Donald Trump usurpando su petróleo y creando mayor inseguridad en un pueblo que necesita libertad, comida, trabajo y progreso, derechos inalienables de todo ser humano en cualquier parte del mundo y que el aberrado gringo no quiso darle a esta población tan sufrida. Los dos terremotos sufridos recientemente, parecen ser el corolario a tanta desgracia a un solo pueblo que no acaba de explicarse, desconcertado, por qué tanto sufrimiento concentrado sobre sí.
En retorno a este repaso que hacemos en este reportaje de las desgracias causadas por el Anillo de Fuego, su actividad ha sido responsable de los desastres naturales más importantes de la historia moderna. Por ejemplo, las erupciones volcánicas más destacadas en el Monte Tambora y el Krakatoa, en Indonesia, en 1815 y 1883, respectivamente. Incluso, esa erupción del volcán Krakatoa, en la isla de su mismo nombre, quedó inmortalizada en una película de Tarzán, protagonizada por el célebre actor rumano (o austro-húngaro), Johnny Weissmüller, un film de los años 60s. Así mismo, el Novarupta, en Alaska, USA, en 1912; en el monte Santa Helena, Estados Unidos, en 1980; el Nevado del Ruiz, Colombia, en 1985, cuando toda una población quedó sepultada; y en el monte Pinatubo, Filipinas, en 1991.
Y varios de los sismos más potentes registrados por la humanidad, tuvieron lugar en esta zona, en Colombia y Ecuador, en 1906; Chile, en 1960 y 2010; Alaska, en 1964; Japón, en 2011; y Rusia, en 2025. Varios de ellos calificados como mega-terremotos, que son temblores de magnitud superior a 8,5 grados en la Escala de Richter, y acompañados por tsunamis o desbordamiento del océano en las costas y que destruye todo a su paso en tierra firme, cuando se interna kilómetros adentro.
Si quisiéramos explicar lo que es el Cinturón de Fuego, hemos de recordar que la formación de esta extensísima región, está estrechamente ligada a la tectónica de placas: la corteza terrestre está dividida en enormes bloques llamados placas tectónicas, que se desplazan lentamente sobre el manto terrestre; y la mayoría de los terremotos y erupciones volcánicas se producen en los límites donde estas placas chocan, se separan o se deslizan unas contra otras. Hay que agradecer, sin embargo, que esos desplazamientos suceden muy lentamente y de vez en cuando, no siempre, porque de lo contrario, ya no existirían los continentes y nuestro planeta Tierra giraría deshabitado a raíz de tanta destrucción.
Lo cierto es que esta enorme estructura geológica marca el encuentro de múltiples placas tectónicas, entre ellas la placa del Pacífico, la Norteamericana, la placa Juan de Fuca y la placa de Cocos; y en muchas zonas del Anillo de Fuego, ocurre el fenómeno llamado subducción, mediante el cual una placa se hunde por debajo de la otra. Este proceso favorece la formación de volcanes y la acumulación de tensiones que, posteriormente, pueden liberarse en forma de temblores de gran potencia.
Uno de los ejemplos más conocidos de esta dinámica, es la falla de San Andrés, ubicada en California, USA, una fractura geológica que se extiende por unos 1,287 kilómetros y marca el límite entre la placa Norteamericana y la del Pacífico. El constante movimiento entre ambas, ha provocado numerosos sismos a lo largo de la historia, incluido el devastador terremoto de San Francisco de 1906, que destruyó gran parte de la ciudad y dejó alrededor de 3,000 muertos.
Sacudidas fortísimas en Venezuela
Fueron dos sismos, dos terremotos en toda regla, los que causaron una gran destrucción en este país de América del Sur. Hubo derrumbe de edificios de varios pisos y viviendas particulares en la Capital, Caracas. También fueron sentidos en las naciones vecinas, principalmente en Colombia y Brasil.
Los desaparecidos debajo de los escombros, del concreto y los fierros retorcidos, cada vez son más, de acuerdo a las estadísticas que se levantan día tras día; y las víctimas mortales se acercan a los 3 mil venezolanos y extranjeros residentes o de paso en el territorio venezolano. Pero el número preciso o exacto, se desconoce por el momento. Habría que esperar hasta que las tareas de rescate finalicen. Mientras tanto, sigue temblando –las famosas réplicas que siempre se dan después de las grandes fallas o movimientos telúricos-, y que causan desasosiego en una población de por si golpeada por el hambre, los faltantes básicos (medicinas y otros insumos), la opresión militar y policial, los bajísimos salarios, la falta de empleo y demás. Flagelos que han venido arrastrando, como escribimos al principio de este reportaje, desde la llegada de Hugo Chávez Frías al poder en 1999.
De acuerdo a las palabras de la presidenta “encargada” (según decir de Donald Trump), Delcy Rodríguez, el Estado de La Guaira se convirtió en zona de desastre con decenas de edificios colapsados, “lo que representa una verdadera tragedia”, indicó la gobernante.
El primero de los dos terremotos fue de intensidad 7.2 y se registró a las 18:04 (hora de Venezuela), a 21 kilómetros de la ciudad de Montalbán, en el Estado de Carabobo y a una profundidad de casi 22 kilómetros, de acuerdo al reporte del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS). El segundo seísmo se presentó a menos de un minuto después del primero y cerca del epicentro de aquel mismo, a 23 kilómetros de la ciudad de Yumare, en el Estado de Yaracuy, con una magnitud de 7,5 y con una profundidad de 10 kilómetros. Ambos sumamente devastadores.
La panorámica posterior a los dos movimientos de tierra es como lo muestran las fotografías y las filmaciones: un paisaje desolador, deprimente y de altísima mortalidad y destrucción. En Caracas, por ejemplo, se registraron severos daños en infraestructuras civiles, con edificios enteros destruidos o con visibles daños estructurales; postes de electricidad caídos y escombros sobre las calles y avenidas. Partes de la Capital quedaron sin electricidad y sin señal de telefonía móvil (celulares).
En el aspecto psicológico, los daños fueron de igual “calado”, ya que la mayoría de los pobladores decidieron pasar las noches enteras a la intemperie, debido al temor porque se susciten nuevos terremotos. También, ha aparecido en las gentes un miedo causado por las réplicas que se han sentido y que han sido medianamente fuertes. El trabajo de los profesionales en psicología, en este caso específico de Venezuela, ha sido de urgentísima presencia en el terreno e igualmente impostergable, pues el terror, el pánico desatado y la inseguridad, han minado los espíritus de todas las personas, sin excepción. Las redes sociales se han llenado de videos y fotografías que describen fielmente lo acontecido.
La zona centro-norte de Venezuela fue la más afectada, región que incluye los Estados de Trujillo, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón. Los sismos causaron estragos también en la infraestructura civil general del Estado La Guaira, limítrofe con el Distrito Capital. Varios edificios sufrieron daños estructurales visibles en las zonas de Catia La Mar, cercanas al Aeropuerto Internacional de Maiquetía, Simón Bolívar. Esta terminal aérea, considerada la más importante del país, también resultó fuertemente afectada y fue cerrada por los graves daños sufridos. Razón por la cual varias compañías aéreas, principalmente de Europa y Oriente Próximo, suspendieron los vuelos a Venezuela hasta nuevo aviso… hasta que la normalidad fuera recobrada.
Algunas fotografías muestran cómo se derrumbó parte del techo del aeropuerto, con el mostrador de la aerolínea Estatal venezolana, Conviasa, como una de las zonas más golpeadas. Muchas personas quedaron atrapadas en el interior de esta central aérea, mientras sucedían los dos seísmos. Se les aconsejó mantener la calma y después pudieron salir sin sufrir ningún daño físico.
En Colombia, se sintieron en la región del Caribe y el noreste del país; aunque también en Bogotá, de acuerdo a información brindada a la prensa por el alcalde capitalino. En acto seguido, este mismo personero aseguró que los colombianos están prestos a ayudar a los venezolanos en todo lo que requieran.
En Brasil, los dos terremotos fueron percibidos en varias ciudades del norte; por ejemplo en Manaos, en el Estado de Amazonas; Belém y Santarém, en Pará; Macapá y Cutias, en Amapá; lo mismo que en el Estado de Roraima.
Desde el ángulo político y social, esta emergencia ha sido una inmensa prueba para la dictadura comunista que Donald Trump ha permitido continuar gobernando en Venezuela, ya que el sufrimiento y las emergencias han requerido la acción rápida y eficaz del gobierno central, que en este caso está regido por la dictadura que todos conocemos. Es cuando la presidenta “encargada” del país, Delcy Rodríguez, decretó el estado de emergencia y dio un mensaje dirigido a la población venezolana por radio, internet y televisión, refiriéndose a los destrozos y a las innumerables réplicas que se han venido sintiendo. Anunció también la suspensión de clases en todos los centros educativos de la nación y de las actividades laborales en todos los servicios no esenciales, así como del sistema Metro de Caracas y el ferrocarril que une a la Capital con poblaciones del Estado Miranda, “para facilitar labores, tanto de rescate como de recuperación de infraestructura vital.” Tales sus palabras textuales.
Por su parte, el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, el requerido por los tribunales internacionales por los incontables crímenes de lesa humanidad, Diosdado Cabello, uno de “los peces gordos” de la dictadura y que ha contado con el beneplácito del no menos criminal Donald Trump, informó que “se registraron situaciones alarmantes con viviendas y edificios derrumbados en las localidades de Los Palos Grandes y Altamira, al Este de Caracas, una zona que es considerada sísmica por naturaleza. “Se nos han venido unos edificios, casas y viviendas, se han desplomado –dijo este criminal, causante de cientos de muertes y desapariciones de opositores al régimen del que él es parte esencial-; estamos atendiéndolos ya con todos los organismos de seguridad, de asistencia (¡?).” Dejó escuchar. Seguidamente, instó a la población a salir de los edificios y permanecer en las calles, porque las réplicas podrían contribuir para que las estructuras dañadas por los eventos principales, acaben de colapsar definitivamente.
Este oscuro personaje de la realidad venezolana, tan canalla, macabro, cruel y criminal como lo fue Hugo Chávez (y quizás más que aquel), dijo que todos los organismos de seguridad y prevención están desplegados y señaló que se ha suspendido el servicio de gas y reportó algunos cortes eléctricos. Instó también alejarse de los edificios y de los árboles de gran tamaño, como medida de precaución. En su caso particular, llama la atención cómo asesinos de grueso cuño, reconocidos mundialmente, aprovechan estas catástrofes para brindar consejos y “vestirse” de héroes populares, con la finalidad de ser aceptados y queridos por esa población que él y sus policías represivos han perseguido, encarcelado, torturado, desaparecido y asesinado a lo largo de la existencia de la dictadura.
Y el que no podía faltar, el presidiario Nicolás Maduro, dirigió un mensaje desde su celda en Nueva York, donde guarda prisión por su actividad narco. Instó a los venezolanos “a la unión nacional, a la serenidad y al amor concreto: ayudar, proteger, compartir, levantar y reconstruir (como él no quiso hacerlo a lo largo de su dictadura). Venezuela –añadió-, ha enfrentado duras pruebas y de ésta también vamos a salir fuertes, con fe, disciplina y solidaridad.” Al partir de su boca, esas palabras no son más que vocablos vacíos, pues, en la práctica, mientras estuvo al frente del gobierno dictatorial en Venezuela, Maduro sólo supo repartir represión, terror, hambre, pobreza generalizada e incentivar al abandono, a pie, del país, de parte de miles de venezolanos que cruzaron gran parte de América buscando escapar de la ignominia de un sistema criminal, deshumanizado y en el que importaba a sus líderes enriquecerse sólo ellos, a costa del sufrimiento y carencias de la inmensa mayoría. Y ahora que está entre rejas y le espera la cadena perpetua, se “viste” también de héroe, aconsejando, instando a los pobladores a hacer lo que él nunca quiso hacer a favor de su propio pueblo. El aliciente aquí radica en saber que Nicolás Maduro, último dictador de Venezuela, nunca saldrá de prisión –lo mismo que su mujer-, y morirá purgando cadena perpetua. Eso está claro y seguro.
Dentro de la historia
Los dos seísmos que golpearon a Venezuela han sido considerados entre los más fuertes del Siglo XXI, quizás también del siglo anterior en este mismo país. Ejemplos que tomamos en consideración son los de San Narciso, en el año 1900, que tuvo una magnitud de 7,6; y el del Estado Sucre, en el 2018, que tuvo una intensidad de 7,3. Ello ubica a los dos acontecidos hace pocos días como históricos por su fuerza y por los destrozos materiales y las muertes de personas que causaron.
En lo que estriba a la ayuda internacional, el también criminal presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, escribió en su red social Truth, que los Estados Unidos están “listos, dispuestos y capacitados para ayudar a la nación suramericana en medio de la emergencia. He ordenado a todas las agencias de nuestro gobierno que estén preparadas para actuar de inmediato. Mi país estará allí para los nuevos y grandes amigos de Venezuela (?) (…).” Argumentó este déspota estadounidense, copia del emperador romano Nerón por sus ínfulas y manera de conducirse por la vida. Y la paradoja se da en este asesino de musulmanes, junto a su socio el también criminal, el judío Benjamín Netanyahu, porque, mientras ofrece ayuda humanitaria –misma que no se sabe si la ha concretado-, a los venezolanos, ha reanudado los bombardeos a los iraníes, acabando con decenas de vidas de persas en su propio territorio. Trump, una bestia analfabeta, salvaje, con ínfulas de gran personaje, pero con el cerebro del tamaño de un grano de cacahuate.
Dentro de la efectividad palpable y evidente, gobiernos de República Dominicana, El Salvador y Catar, enviaron brigadas de rescatistas, quienes arribaron a Venezuela con prontitud y esmero, pues se pusieron a trabajar entre los escombros de los edificios, para sacar de allí a los afectados. China, Brasil y naciones del Caribe como Antigua y Barbuda, Belice, Santa Lucía y Dominica, también han enviado ayuda sin dilación y tanta palabrería, tal y como suelen hacer los demagogos en momentos iguales o parecidos.
En cuanto a los terremotos que “se vienen de dos en dos”, como los recientes en suelo venezolano, no son los más habituales; aunque en las últimas décadas se han dado con cierta regularidad. Los sucedidos en Venezuela tuvieron un intervalo apenas de 39 segundos entre uno y otro, un fenómeno que se conoce con el nombre de “doblete sísmico” y que es un episodio inusual para este país. En otras palabras, es la primera vez que acontece algo así en Venezuela en toda su existencia como nación. Son dos fuertes terremotos independientes que se suscitan en un corto espacio de tiempo, muy diferentes a la secuencia habitual y que presenta el sismo “protagonista”, el fuerte, seguido de réplicas menores que extraña vez causan mayor destrucción o destrucción mínima siquiera.
La razón por la cual suceden, se puede explicar de esta manera: cuando dos segmentos de falla telúrica o tectónica se presionan en una zona de transición, acumulan energía hasta que finalmente se produce una ruptura que la libera. Esa energía se propaga en forma de ondas y, en oportunidades, lo puede hacer simultáneamente en distintas direcciones, por lo que se pueden producir dos terremotos con epicentros a profundidad. Por ello, es probable que los dos terremotos en Venezuela estén relacionados con el movimiento de la misma falla.
También puede suceder que cada temblor se haya producido en zonas diferentes de una misma falla tectónica o en fallas diferentes, pero que, de todas maneras, estén relacionados. De tal modo que las ondas procedentes de la primera ruptura, hayan ocasionado la segunda ruptura, que ya estaba al límite.
Por otra parte, en el caso particular de Venezuela, su territorio se localiza o sitúa en la zona de contacto de dos enormes fallas tectónicas: la del Caribe y la Sudamericana, mantienen una constante fricción, un contacto que se conoce como falla de desgarre y el roce continuo entre las placas, ocasiona fracturas en la corteza terrestre, que son llamadas fallas geológicas. Un extenso corredor de estas fallas se extiende por el norte de esta nación, dando lugar a una zona de actividad sísmica; y los epicentros del reciente doblete sísmico se localizaron en una zona especialmente sensible de ese corredor de fallas, el sector más septentrional de la falla de Boconó.
Hay que tener presente que el doblete sísmico que se dio en Venezuela tuvo un potencial destructor increíble e impresionante, con dos terremotos de magnitudes superiores a 7, en la escala de medición. La devastación que han producido tiene que ver con el hecho de que han tenido lugar a muy poca profundidad, lo que suele producir mayores daños en la superficie, aumentado por el tipo de construcciones de la zona, cuyo derrumbe está detrás de las víctimas mortales.
Además, la zona en la que han tenido lugar, sufre muy pocos terremotos, al menos si los medimos en los tiempos humanos; sin embargo, los tiempos geológicos son diferentes y la forma de medir la frecuencia es distinta. Así, esta zona ya sufrió otros impactos de estas características, como el terremoto de 1967 o el de 1812, de los que existen registros en la historia sísmica venezolana.
En resumen, lo acontecido en Venezuela recientemente no es frecuente; es decir, los dobletes sísmicos no son los terremotos más comunes, pero tampoco son una excepción. De hecho, hay documentados otros casos en las últimas décadas. Ejemplos de estos se dieron en el 2023 en la frontera entre Turquía y Siria, con un saldo de más de 50,000 muertes y con una magnitud de 7,8 y 7,5, separados por 11 horas entre uno y otro. En el 2007 ocurrieron otros dos en la isla asiática de Sumatra, con magnitudes de 6,3 y 6,4, en un intervalo de dos horas, con las muertes de 68 personas. Así mismo, en Pakistán en 1997, con magnitudes de 7 y 6,8, separados por tan solo 19 segundos, con más de 100 víctimas mortales.
En retorno a la situación actual de Venezuela, hoy más que nunca su pueblo necesita ayuda real, tangible, efectiva, eficaz y capaz de sacarlo de la desgracia; porque ha sido una verdadera desgracia que haya ocurrido precisamente en una nación con las características socio-políticas-financieras que presenta Venezuela: de postración absoluta, de crisis permanente, con una ciudadanía sumida en la miseria, en el acabose económico y sin oportunidad alguna de progreso y resiliencia, porque precisamente eso es lo que busca el comunismo… la postración total de las gentes que están bajo su dominio; y si a ello le sumamos el narcotráfico de sus dirigentes, la estupidez de una bestia como Donald Trump que de política sabe tanto como un cerdo de física nuclear, una tragedia como esta con los dos seísmos, adquiere múltiple dolor y desesperanza. En otros términos, no es lo mismo un doble seísmo en Turquía o Japón, que en Venezuela, donde su pueblo está condenado a mayor miseria (si el concepto es lícito), por motivo de tanta destrucción.
Hay que ayudar, aunque con el temor de que esa ayuda se quede en garras de la camarilla delincuencial que tiene atrapado al gobierno de este país. He ahí el quid de este asunto…
¿Cuál es la Situación Actual de Venezuela Después de la Extracción de su Dictador Nicolás Maduro?
CARACAS Y WASHINGTON D.C.-(Especial para The City Newspaper) Recordamos las imágenes que nos brindaba la televisión internacional y los videos en la red YouTube, cuando venezolanos desterrados o exiliados en el extranjero, salían a las calles, exultantes, tocando las bocinas de sus autos y bailando espontáneamente, abrazándose a desconocidos, quienes también los observaban con alegría contagiada por la captura y extracción de Nicolás Maduro, el sofista, “el hablantín” ex dictador venezolano.
No era difícil deducir los sentimientos, ilusiones y planes que se albergaban en aquellos conglomerados de ciudadanos en España, Estados Unidos, Francia, Italia, América Latina y demás países donde se refugian, cuando vieron la forma como Maduro era subido a los helicópteros, a la fragata estadounidense y finalmente llegaba en avión a Nueva York, en condición de imputado por cargos relacionados con el tráfico internacional de drogas. Todos esos venezolanos soñaban con regresar a su patria, rehacer sus vidas y disfrutar de una Venezuela libre, democrática, boyante en su productividad general y respetuosa con los derechos humanos.
Otros, comenzaban a llamar por teléfono para saber si sus parientes, presos políticos, habían sido liberados por la “nueva” cúpula que había quedado después de Nicolás Maduro. La alegría era total; las esperanzas se atropellaban unas detrás de las otras en los espíritus de esas gentes y los sueños los transportaban a una felicidad alucinante, que no creían que fuera posible en este mismo año. Peroooooo…
Ni Donald Trump sabía qué hacer…
No pasó un mes siquiera de aquella circunstancia que había llevado a Maduro a la cárcel en Nueva York, cuando los venezolanos exiliados comenzaron a interpretar con precisión y realismo lo que estaba sucediendo con su país: Trump simplemente “se cruzó de brazos”, se desentendió del país suramericano, dijo unas cuantas palabras que pretendían ser un discurso, habló del petróleo, de los nuevos inversionistas estadounidenses que iban camino a Maracaibo y Caracas, que se adueñaba del crudo venezolano y de cambios políticos no dijo absolutamente nada. “El baño de agua fría” para todo el exilio se había consumado de manera vil, canalla e inesperada, de parte del mandatario de los Estados Unidos, un sujeto evidentemente desubicado en todos los campos donde mete sus manos. Incoherente, insensato, indiferente al sufrimiento y las esperanzas ajenas y esencialmente irracional.
Prontamente, el exilio venezolano fue llegando a la conclusión de que aquello se asemejaba a “una tomadura de pelo” histórica, digna de ser puesta en los textos de historia, que van a trascender el paso de los años, de las épocas. Y terminó de percatarse de que aquello fue más que una burda burla de parte de Trump, cuando le afirmó a María Corina Machado y Edmundo González, el candidato ganador de las elecciones que Maduro secuestró y robó, que no gobernarían a Venezuela de ningún modo. Había hablado “el Nerón” moderno afincado en la Casa Blanca, el esquizofrénico que en verdad es Donald Trump, poseedor de una enfermedad mental mezclada con su innata maldad, su perversidad de siempre, de esa que han hablado sus amigos más antiguos, quienes le conocen desde que comenzó con sus fraudes como corredor de bienes raíces.
De tal manera, poco o nada ha cambiado internamente en Venezuela desde que Maduro fue extraído en aquella impecable misión militar que lo secuestró a mitad de la noche de su lecho, junto con su mujer. Delcy Rodríguez y su hermano parece que son los nuevos dictadores y decimos “parece”, porque no hay que dejar de lado la presencia de un individuo reclamado por la justicia internacional, llamado Diosdado Cabello, cuyo trabajo a lo largo de esta tiranía chavista ha sido apalear a los opositores, asesinarlos, perseguir a los demás y encarcelarlos, sin procesos judiciales previos y justos. Un criminal en el amplio significado del concepto. Eso es Cabello; pero a Donald Trump ello le ha importado absolutamente nada y le ha dejado en su puesto, persiguiendo siempre a los venezolanos inocentes, cuyo único pecado ha sido oponerse al régimen de hambre, falta de libertades y pleno de corrupción y por esa causa se les ha encarcelado y torturado.
La Casa Blanca ha dicho reiteradamente que está trabajando coordinadamente con Delcy Rodríguez, pero son pocos o nulos los avances que se han visto, porque las cárceles siguen llenas de presos de consciencia y los que han dejado en libertad, han sido en ínfimas cantidades, mientras su familiares acampan en las afueras de los presidios, exigiendo su puesta en libertad. A Trump, la liberación de los inocentes venezolanos, le importa tanto como leer un simple y nada voluminoso libro; es decir… ¡Nada!
En síntesis, el régimen fundado por el dictador fallecido Hugo Chávez Frías, sigue sin modificación significativa; sigue igual y ningún venezolano, de esos mismos que bailaron entusiasmados en las calles de Madrid, Miami, Londres y Roma, quiere regresar a una patria que sólo penas, dolor, iniquidades, faltantes de todo tipo e injusticias les puede dar. Aquí, Donald Trump falló estrepitosamente, porque no se podía esperar de este vulgar mandatario estadounidense una acción inteligente, medianamente sensata siquiera, en el caso venezolano.
¿Era Maduro el único Objetivo de USA?
La acción bélica que propició la extracción y captura de Nicolás Maduro, cuando dormía en uno de sus tantos refugios caraqueños, ocurrió precisamente cuando la prensa estadounidense y el Congreso en Washington D.C., presionaban a Donald Trump para que confesara y ratificara todas las porquerías que hizo en compañía de su amigo (supuestamente suicidado), el judío Jeffrey Epstein; para que se refiriera francamente a los casos de pedofilia que practicó Trump con las jovencitas que el hebreo le facilitaba. Pero Trump, como buen cobarde, abusador y pederasta, prefirió escaparse de los señalamientos públicos, de la prensa y de los congresistas, creando un acontecimiento de gran calado, como lo fue el secuestro de Maduro. Antes de esa acción, había posicionado al portaaviones Gerald Ford en el Mar Caribe y a otras dos fragatas de guerra y atacaban a las supuestas narco-lanchas que aparecían en esas mismas aguas del Atlántico; pero los señalamientos por el caso Epstein no cesaron nunca (ni han cesado en estos momentos, por ello la guerra contra Irán, para desviar la atención interna de los estadounidenses).
Pocas fechas después de la intervención militar contra Nicolás Maduro, la dictadura actual de Venezuela, encabezada por los hermanos Rodríguez, capturó a los millonarios, amigos del ex dictador, llamados Alex Saab y Raúl Gorrín, testaferros de Maduro y su familia. Se dice que estas dos detenciones fueron solicitadas por la Casa Blanca y para ello el FBI colaboró ampliamente con Delcy Rodríguez y la policía del régimen venezolano. Los dos serán prontamente extraditados a los Estados Unidos, según se ha informado.
Saab es de nacionalidad colombiana y ex ministro de la tiranía que estaba en manos de Nicolás Maduro. Cuando éste fue extraído por la acción militar en su contra, Saab era ministro de Industria, pero fue destituido por Delcy Rodríguez en enero pasado.
Raúl Gorrín, por su parte, es dueño de varios medios de comunicación que están al servicio de la revolución bolivariana, fundada por el occiso Hugo Chávez. También posee múltiples negocios en los que participan familiares de Maduro, en especial los hijos de este ex dictador. Ambos serán utilizados en los juzgados estadounidenses a manera de testigos, en contra de Nicolás Maduro, cuando se abra el proceso judicial que intentará condenarlo.
Se dice que la operación en la que ambos fueron detenidos, fue coordinada entre el Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), y el FBI; y se llevó a cabo siempre en la madrugada, cuando los dos testaferros dormían apacible y confiadamente. Es importante traer al presente que Alex Saab fue detenido en el 2020, en África, propiamente en la nación llamada Cabo Verde, cuando se disponía a viajar hasta Moscú, Rusia. Fue extraditado a los Estados Unidos en el 2021 y, pese al proceso judicial abierto contra él, regresó a Venezuela en el 2023, debido a un canje por rehenes estadounidenses en poder de la dictadura venezolana. Joe Biden fue el negociador con Nicolás Maduro para efectuar el intercambio de Saab por los rehenes. Una vez en Caracas, liberado por su leal amigo Maduro, Saab se convirtió en un dirigente dentro de la dictadura chavista, todavía más poderoso de lo que ya lo era y se enfrentó varias ocasiones con los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, mismos que ahora le han capturado nuevamente y pronto lo entregarán a los Estados Unidos.
Los jueces estadounidenses consideran que Alex Saab es un personaje clave, ya que sin él no se puede entender lo que ha sucedido en el interior de la llamada revolución bolivariana en los últimos 15 años. Su ascenso fue tan meteórico, tan veloz e impresionante, que pasó de ser un modesto empresario de Barranquilla, el puerto colombiano en el Caribe, a magnate multimillonario; en principio, gracias a su cercanía con la senadora marxista Piedad Córdoba, quien le introdujo en los círculos de poder del régimen venezolano. Fue cuando Saab se fue enriqueciendo a costa de los venezolanos y se convirtió en el testaferro de Nicolás Maduro. Es por ello que su presencia en el proceso contra el ex dictador es de suma importancia para los jueces que verán este caso.
En lo que respecta a Raúl Gorrín, era, antes de llenarse los bolsillos de petro-dólares, un oscuro funcionario judicial, quien viajaba en buseta a su centro de trabajo y con una impresentable carpeta bajo su brazo. Todo ello fue cambiado por los frutos que suele dar el dinero en demasía, cuando pasó de burócrata anónimo e insignificante, a multimillonario, gracias a la corrupción que gravitaba en torno y gracias a él. Se convirtió en el dueño del canal de televisión, Globovisión, al que le dio un giro en su programación diaria, hasta convertirlo en un medio de propaganda chavista eficaz y controlador.
Así mismo, Gorrín formó parte de la banda narcotraficante denominada “Los Enanos”, y por esa razón está sancionado por los Estados Unidos desde el 2019 y acusado formalmente por la fiscalía estadounidense de sobornos millonarios y lavado de activos. También tendrá mucho que decir y confesar ante los jueces cuando le llegue su momento.
Según vemos en estas dos detenciones, a Donald Trump sólo parece interesarle lo que gravita alrededor del caso de Nicolás Maduro y no se refiere en modo alguno a los miles de presos inocentes que permanecen en las cárceles venezolanas en estos instantes y tampoco a la represión sangrienta que lleva a cabo y a diario Diosdado Cabello. Tampoco se refiere a nuevas elecciones libres en esta nación, como tampoco a la persecución, captura y encarcelamiento de los secuaces de Maduro y Hugo Chávez, que han llenado de sangre a las calles de este país a lo largo de las décadas de esa tiranía. En el fondo, Donald Trump sólo trató de escapar de la sombra de Jeffrey Epstein, quien lo persigue a pesar de su presunto suicidio. La práctica de la pedofilia pasada, atormenta de manera atroz a Trump. Eso es evidente sobradamente en sus actitudes recientes.
Otra
interrogante:
¿Existe
una “hoja de ruta” para Venezuela o dejarán a este país en “el limbo” o
improvisan sobre la marcha?
Si se tratara de Donald Trump, el presente y el futuro de Venezuela le importaría un bledo, un absoluto comino, y la dejaría tirada en el camino después de haber capturado a su supuesto objetivo: el dictador Maduro; aunque ya vimos que este supuesto enemigo de Trump no es más que “la tapadera”, el despiste, para que los estadounidenses dejen de referirse al caso del pedófilo Epstein y su relación vulgar y pervertida con Donald Trump. De tal manera, lo que suceda en Venezuela no está, en modo alguno, relacionado con el sentimiento –si lo tuviera-, en las entrañas de Trump (siempre vacías y huecas).
No obstante, sobre este tema el único sensato dentro del Gabinete republicano, hoy en la Casa Blanca, es… Marco Rubio, el flamante secretario de Estado, quien, al consultársele lo que está pasando y sucederá con Venezuela, ha respondido con su característica y habitual inteligencia, de que realmente existe una “hoja de ruta”, misma que está dividida en tres fases de transición y cuyo propósito final será restablecer la democracia en esa nación suramericana. “El primer paso –ha dicho Rubio-, es la estabilización del país. No queremos que caiga en el caos.” Añadió que la hoja de ruta fue presentada al Congreso de los Estados Unidos, ha sido confeccionada por el gobierno de Washington; aunque ha contrastado con algunas decisiones y declaraciones que Delcy Rodríguez, considerada por la Casa Blanca “la presidenta encargada”, ha dejado ver y escuchar. Por ejemplo, en cuanto a quién gobierna en Venezuela, la sucesora de Nicolás Maduro respondió sin que le temblara la voz: “El gobierno de Venezuela rige en nuestro país. Más nadie. No hay agente externo que gobierne a Venezuela.” Esas palabras suyas parecieron un reto a Washington, cuando sabemos que el poder de los Rodríguez está supeditado a las incoherencias e incongruencias de Donald Trump y con él toda la nación está a sus pies. Es la única verdad que prevalece.
Marco Rubio es quien encabeza, según se ha afirmado, el proceso de transición en Venezuela y, en su opinión, mantener a los hermanos Rodríguez en la presidencia, forma parte de la primera etapa de la transición.
Recordemos que esta primera fase comenzó con el bloqueo marítimo ejercido por los Estados Unidos contra Venezuela, en aguas del Caribe; un bloqueo que acabaría apoderándose de los barcos petroleros que llegaban o partían de Maracaibo, principal puerto venezolano en el Atlántico. Luego asestarían el golpe que extrajo a Nicolás Maduro.
Hace pocos días, Marco Rubio manifestó: “Estamos a punto de cerrar un acuerdo para tomar todo el petróleo que tienen, el petróleo que está estancado en Venezuela. (…) Es un buen negocio para ambas partes, si no fuera porque Washington pretende administrar ese dinero para que no caiga, como hasta ahora, en las garras revolucionarias (chavistas). Tenemos mucha influencia para avanzar en la estabilización. Si la venta del petróleo se concreta y el dinero comienza a fluir, comenzará la segunda fase: la recuperación, consistente en que empresas estadounidenses, occidentales y de otros países, tendrán acceso al mercado venezolano de forma justa. El petróleo nutriría a la maquinaria del Estado que, en paralelo, generaría un proceso de reconciliación nacional, para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles o repatriadas al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil. Y la tercera fase, por supuesto, será la transición. Parte de esto se solapará. Se lo he descrito con gran detalle.” Explicó el secretario de Estado de USA. Sin embargo, declinó a distribuir esas acciones o fases en el tiempo; aunque calculó que, para recuperar la industria petrolera, serán necesarios al menos 18 meses.
Y mientras Washington delibera sobre lo anterior, los opositores venezolanos han perdido la paciencia y presionan dentro de su patria por la liberación de los presos políticos, algo para lo que no admiten plazos ni explicación alguna que los intente convencer. Esta situación ha comenzado a salírsele de las manos al gobierno “encargado” de Venezuela y no sería extraño que aparezcan en esas calles de Caracas, las turbas armadas con garrotes y pistolas, enviadas por Diosdado cabello, especialista en apalear a la población insurgente. Además, un siempre incoherente Donald Trump dijo, para echar “más leña al fuego”, que la cárcel del Helicoide, en el centro de la Capital, “ha comenzado su cierre”. Algo que en modo alguno, es cierto. Ni lo será en los próximos meses tampoco. De tal manera, los familiares de los presos de consciencia, se sienten burlados y estafados por Trump, Delcy Rodríguez y todo lo que se ha hecho en contra de esta dictadura.
Otro factor que ha aparecido y es el más peligroso de todos, se fundamenta en el deseo de los chavistas que Trump dejó en el poder y que rechazan de plano, “la hoja de ruta” explicada anteriormente en este mismo reportaje. En otras palabras, esos seguidores de Hugo Chávez están analizando cómo se quedarán con el país, cuentan los años que le quedan a Trump en el poder en los Estados Unidos, porque saben que una vez que ese “rinoceronte enloquecido” se ausente de la Casa Blanca, el siguiente mandatario de USA no se meterá con Venezuela como lo hizo él por medio del Pentágono. De hecho, “el chavismo se lame las heridas” actualmente y junto a sus aliados cubanos, planea cómo “atornillar” el control de la nación.
Hay quienes afirman que “la presidenta encargada”, Delcy Rodríguez, “camina en sentido contrario” a lo expuesto por Marco Rubio, porque, para citar otro ejemplo muy significativo por su simbolismo y “lenguaje callado”, esta mujer visitó recientemente la tumba de Hugo Chávez, el causante de toda la desgracia que ha sufrido y sufre actualmente Venezuela. Y a su regreso a la Capital, decretó siete días de luto nacional. Así mismo, se puso una camiseta alegórica, exigiendo el regreso de Nicolás Maduro a la silla dictatorial, en claro desafío a Washington. Mientras tanto, la televisión sigue bajo censura, la represión de su gobierno (no democrático), continúa en todas partes donde se considere que hay opositores y los flagrantes y por todos conocidos, violadores de los derechos humanos, siguen en sus puestos. En un momento dado, destituyó a Vladímir Padrino de su cargo como comandante en jefe del ejército, pero lo reubicó en otra oficina, en otro departamento, seguramente para atenuar un poco su imagen, también requerida por la justicia de los Estados Unidos. Es decir, dándole un cargo de menor relevancia, “podrían olvidarse de él.” Pudo haber pensado Delcy Rodríguez.
Un último ejemplo de su rebeldía contra lo dispuesto por Trump, mientras sus policías desplegados y sus paramilitares seguían metiendo miedo a la población, cuando se supone que todo debería ir cambiando en Venezuela, esta mujer nombró al general Gustavo González López, antes director del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), la policía política de la dictadura, y un protagonista tóxico, según informes de la ONU, como su jefe de seguridad y estará muy cerca de ella para defenderla ante cualquier eventualidad interna o externa que se pudiere dar en su país. Este nombramiento contradice, evidentemente, lo que la Casa Blanca no quiere aparentemente, aunque parece que Trump se ha desligado de todo lo que concierne a Venezuela, para concentrarse en su problema con el judío Epstein, por pedofilia comprobada, y en su guerra fratricida contra Irán. Lo cierto es que Gustavo González dirigirá también la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), misma que estaba en las garras de Diosdado Cabello, sobre quien pesa una recompensa de US$25 millones, que pagaría el gobierno de USA por su captura. Sin embargo, Cabello ahí se mantiene, inamovible, intocable e “invencible”, según podemos inferir.
Con base en lo observado que se está dando en Venezuela en estos momentos y después del secuestro de Maduro, si las cosas se ponen “cuesta arriba” para Washington, si la misma camarilla en la cúspide de la dictadura, encabezada por los hermanos Rodríguez, decide que debe continuar en su papel de dictatorial, y se aleja de las posibles elecciones nacionales, la amnistía para todos los presos de consciencia y la entrada a una economía moderna de mercado, “para que estas etapas se cumplan, EE.UU. tiene que asegurarse de castigar cualquier salida de guión con nuevas extracciones (de tiranos), o ataques a Venezuela.” Manifiesta uno de los analistas de la situación actual venezolana. Por lo pronto, el tiempo corre, se le acaba el mandato al violento y prepotente Trump y la camarilla venezolana le está tomando “el gusto” al Palacio de Miraflores, sede de la tiranía. Sin duda, en el fondo, lo que desean éstos, es quedarse allí, en medio del sistema fundado por Hugo Chávez y sin Trump en la Casa Blanca, esa alternativa será fácil concretarla y sostenerla.
Últimas expresiones de Donald Trump sobre este caso
A los pocos días de haber secuestrado a Nicolás Maduro y con el incidente todavía “en caliente”, Trump se veía exultante, con su orgullo al tope, y con su habitual arrogancia y amenazas, dijo en aquellos momentos: “Habrá que gastar una enorme cantidad de dinero y las compañías petroleras lo gastarán y luego recibirán un reembolso de nosotros o de nuestros ingresos. Creo que estamos enfocando más en arreglarlo, en prepararlo primero, porque es un desastre… el país es un desastre. Primero tenemos que arreglar el país, no se pueden celebrar elecciones. Es imposible que la gente pueda votar.” Aseguró Trump a la cadena NBC News, en referencia a Venezuela, por supuesto.
Según se supo durante esa entrevista televisada, se tratará de una transición “teledirigida” por el mismo Trump desde el despacho Oval de la Casa Blanca, su oficina, junto a otros dos miembros de su gobierno (imaginamos que se trata de Rubio y de Hegseth); y al final de la ruta, habrá elecciones presidenciales, después de haber transcurrido 18 meses. Veremos si eso es cierto así como lo dijo, aunque con él no hay nada seguro, no hay nada que se cumpla al pie de la letra, según acostumbra decir “al vuelo”, impulsado por la emoción de los acontecimientos.
En paralelo, mientras Donald Trump argumentaba lo anterior, la dictadura chavista en el interior venezolano, detenía a más periodistas y amenazaba a la población en general, con el decreto de conmoción nacional. Esto a pesar de que Washington exigió a Delcy Rodríguez la neutralización del narcotráfico, otrora encabezado por Maduro, y el desmantelamiento de las redes criminales que operan en Venezuela. En segunda instancia, la Casa Blanca exigió la expulsión de agentes y asesores extranjeros (cubanos, chinos, iraníes, norcoreanos y rusos); y que dejen de vender petróleo a los enemigos geopolíticos de los Estados Unidos, especialmente al gobierno de China comunista.
Y como cierre de la conversación con los periodistas de NBC News, un Trump ingenuo, obviando los movimientos de Rodríguez que le llevan la contraria, apuntaló: “Tengo la sensación de que están cooperando (“sensación”, no certeza). Necesitan ayuda. Y tengo la sensación de que (Delcy Rodríguez), ama a su país y quiere que su país sobreviva.” Sin embargo, ya hemos repasado en este reportaje los pasos que ha dado esa mujer y que no son exactamente los que causan esa “sensación” en Trump, que no es nada más que una alucinación propia de un personaje que delira y que está alejado casi por completo de la realidad que le rodea.
En reforzamiento de lo anterior, de las evidencias irrefutables que se están dando en Venezuela, el líder opositor y el ex preso político más emblemático de esta nación, Leopoldo López, aseguró que “el chavismo no quiere perder el control de la represión”, a pesar de lo que quiera dar a entender Trump. Para López, lo que sucede hoy en Venezuela “lo que comienza a forjarse, genera más incertidumbre que certeza.” Aduce este personaje que estuvo preso durante cuatro años en la penitenciaría de Ramo Verde, por oponerse a las políticas tiránicas del chavismo y en específico, de su líder ya fallecido, Hugo Chávez Frías.
En la actualidad, López es el director y líder del World Liberty Congress, un proyecto que reúne a gran parte de la disidencia en el exterior de Venezuela y que lucha por un cambio radical y para bien, en esa nación suramericana. Sin embargo, sobre los movimientos turbios que está realizando Delcy Rodríguez y su camarilla, opina: “Ellos no quieren perder el control de la represión, porque lo que había sostenido Maduro era el terror a través de la represión y cuesta entenderlo para alguien que vive en democracia. Un país de millones que pueda ser controlado por un puñado de miles, sólo se logra a través del terror y la amenaza de la represión. Por eso, la represión era una herramienta estratégica para la dictadura y la implementaron estratégicamente. (…) Había presos que eran representativos de todos los sectores: un empresario, un estudiante, un político, un tuitero… Es decir, que permitían que cualquier ciudadano tuviese un grado de distancia a un referente que había ido preso. Así es como se construyen estos estados de terror y eso se está desmontando. Evidentemente, la dictadura interina de Delcy Rodríguez no quiere soltar la herramienta de la represión y toca presionar. Yo me siento muy contento de ver la valentía de los familiares de los presos políticos. En un momento dado, se escribirá sobre cómo el espacio cívico en Venezuela, se comenzó a abrir a través de los familiares de los presos políticos; (esas madres) que están allí haciendo vigilias (en las afueras de las prisiones) y que ha sido tan poderoso que se les han unido los estudiantes, los gremios… pero es la punta de la flecha hacia la apertura del espacio cívico.”
Y en torno a los Estados Unidos, Leopoldo López opina: “Hay que confiar en el proceso que hoy está conduciendo (?) Estados Unidos. La realidad es que todo esto que está ocurriendo, ha sucedido por la decisión que tomó Estados Unidos de remover a Nicolás Maduro y presentarlo ante la justicia. La ley en sí (…), va a tener muchas lagunas, como lo tiene todo lo que ellos están haciendo, va a tener muchos espacios de arbitrariedad y tendremos que seguir presionando para que haya liberación de todos los presos, retorno de todos los que están en el exilio y también un cese de la represión.” Puntualiza.
¿Adónde han quedado María Corina Machado y Edmundo González?
La primera es la indiscutible líder de la oposición y Premio Nobel de la Paz 2025; y el segundo, es el candidato elegido presidente de la República y a quien Nicolás Maduro arrebató ese triunfo y continuó él en su condición de dictador. Ambos en el exilio actualmente y con el sinsabor que les ha hecho probar Donald Trump al desplazarlos a un último sitio y no permitirles, incluso, participar abiertamente en el cambio que supuestamente el estadounidense está promoviendo en Venezuela, cambio que no se ve por ningún lado, con la misma camarilla chavista enquistada en el poder.
La verdad evidentísima en estos días, señala que la relación entre Machado y Donald Trump está gravemente deteriorada, así según informes de la CIA; y que explica, de paso, por qué eligió a Delcy Rodríguez en vez de Machado, para liderar la presunta “transición.” Recordemos que, en su momento, el presidente de USA dijo a los medios de prensa: “No tiene el apoyo interno ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto.” Así se expresó de una esperanzada María Corina Machado, quien cifraba sus esperanzas, tras el secuestro de Maduro, en regresar a Venezuela y liderar y guiar los cambios que, supuestamente, se iban a generar. Pero, como han afirmado distintos cronistas: “las palabras de Donald Trump sobre la líder democrática, María Corina Machado, cayeron como un jarro de agua fría sobre la mayoría de los venezolanos que sí la respaldan, que la eligieron masivamente en las primarias opositoras del 2023 y que, ante la imposibilidad impuesta por el régimen de que ella fuera candidata presidencial, votaron por Edmundo González en las elecciones del 2024. La desazón aumentó cuando el presidente estadounidense aseguró que Delcy Rodríguez, leal al chavismo hasta la médula, está cooperando con EE.UU. para un proceso de transición.”
En otras palabras, de acuerdo con los analistas que trabajan para la prensa estadounidense, “Delcy Rodríguez emergió ante los ojos de Trump, como la opción más confiable” y un informe del Departamento de Estado de USA, reveló que “Edmundo González Urrutia, considerado ampliamente como el ganador de las elecciones del 2024 contra Maduro, y Machado, tendrían dificultades para ganar legitimidad como líderes para enfrentarse a la resistencia de los servicios pro-régimen, las redes de narcotráfico y la oposición política.” De hecho, Trump y los suyos habían barajado la posibilidad de que si no asumía el gobierno de la dictadura Delcy, lo podría haber hecho Diosdado Cabello; es decir, para “embarrar” peor este acabose, pues ese sujeto jamás se hubiera bajado del poder, a menos que se le diera un balazo, producto de otra intervención armada como la que sustrajo a Maduro. Ese es el razonamiento torcido de Donald Trump.
Por su parte, The New York Times, publicó que “para Trump, el foco en Venezuela es el petróleo (de acuerdo a su mentalidad plutocrática, de corredor de bienes raíces, mediante lo cual busca siempre ganar dinero a toda costa), no la promoción de la democracia.” Lo cual significa que los presos políticos, el hambre del pueblo venezolano, el destierro de miles de miles de personas, sus vicisitudes, y la dictadura en sí, corrupta, narcotraficante y demás, no tiene sentido, significado ni le interesa en lo mínimo a este presidente igualmente corrupto, que hoy habita en la Casa Blanca. De ahí la inmensa decepción sembrada en el exilio venezolano, cuando dejó en el poder a la misma camarilla de criminales, encabezada por Rodríguez.
El mismo Trump dijo y ratificó lo anterior con sus propias palabras: “Necesitamos acceso al petróleo y a otras cosas en su país que nos permitan reconstruirlo. (…) (Y) Machado tendría dificultades para encabezar el gobierno.” El mismo diario neoyorquino asegura que por causa “de los vínculos deteriorados entre Machado y autoridades de peso estadounidenses, también influyeron en el descarte de la líder democrática. El presidente había sido persuadido por los argumentos de altos funcionarios, incluido el secretario de Estado, Marco Rubio, quien sostuvo que, si EE.UU. intentaba respaldar a la oposición, podría desestabilizar aún más al país y requerir una presencia militar más robusta dentro de Venezuela.” Esta afirmación también puede leerse en el informe citado de la CIA.
Para concluir el presente reportaje, la Deutsche Welle (La Voz de Alemania), ha publicado una crónica sobre Edmundo González Urrutia, aliado de María Corina Machado, en la cual se reproduce su petición de nuevas elecciones y lo más pronto posible en Venezuela. Añadió que respalda la celebración de nuevos comicios, “para alcanzar una democracia real.” Así las palabras textuales de este ex diplomático de 76 años de edad, ganador de las últimas elecciones presidenciales y que Maduro le arrebató al declararse ganador él y su narco-dictadura.
González Urrutia vive actualmente en España, donde está refugiado y apoya irrestrictamente a María Corina Machado, asegurando nuevamente que “es momento de construir las condiciones para realizar unas elecciones presidenciales que sirvan de instrumento ciudadano para el cambio, que contribuyan a la reinstitucionalización democrática del país y se sienten las bases para un gobierno estable y verdadero que nos incluya a todos.
Sin embargo, esos argumentos, válidos desde todo punto de vista, “se los llevará el viento” cuando Trump los sopese, si es que los toma en consideración aunque sea levemente. “El Nerón” estadounidense que se siente dueño del mundo actual entero, no está siquiera en condiciones de fijarse en Venezuela, porque su obtusa mentalidad está en otras cosas, principalmente en el tema de la pedofilia que tanto le molesta y que no ha podido sacárselo de encima. La derrota militar frente a Irán, es otro tema que ha erosionado gravemente lo poco que le quedaba ante la credibilidad de los votantes estadounidenses. De tal forma, tanto los millones de venezolanos repartidos en el destierro obligado que están viviendo, como los que permanecen dentro de esa nación, sus políticos, los presos de consciencia y las generaciones actuales y futuras, no deben ni pueden esperar nada positivo de Donald Trump, porque simplemente ¡No se pueden cifrar esperanzas de parte de un alienado mental de este calibre y tamaño! Un alienado que no permite ningún avance (ni retroceso) a Venezuela y que, con la fuerza del ejército norteamericano, tiene a ese país sumido en un pantanal que le perjudica gravemente y lo que es peor… que podría consolidar nuevamente la dictadura ahora en manos de Delcy Rodríguez y de la misma camarilla que formó Hugo Chávez y que apoyó a Nicolás Maduro.
Trump ha sido una desgracia para los venezolanos, como lo está siendo de igual manera para los europeos occidentales, los iraníes y de todos aquellos donde él fije sus ojos donde se asoma su esquizofrenia galopante y ponga sus sucias manos de pedófilo, violador y estafador de la Hacienda de los Estados Unidos. Una enorme y gigantesca desgracia para nuestro mundo moderno. Punto.
INFORME
ESPECIAL
La
Detención del Tirano Nicolás Maduro Sólo es el Primer Capítulo de una Historia
que Exige ser Continuada y Finalizada
WASHINGTON D.C., USA y CARACAS, Venezuela-(Especial para The City Newspaper) Hay una expresión popular que se dice en toda Iberoamérica y que grafica nítidamente una circunstancia como la que estamos viviendo actualmente con Venezuela: “Esto ha sido solamente un alegrón de burro.” Todos saben el significado de dichas palabras. Ciertamente el ataque al cuartel donde se hallaba Maduro, se ha convertido en la noticia del nuevo año 2026 y quizás por mucho tiempo más en el futuro. Una acción militar que puede equipararse con el asesinato de Osama bin-Laden en Pakistán; o de al-Zawahiri, quien fuera su mano derecha, también en suelo pakistaní, por las fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos; pero, cuando las aguas parece que han vuelto a su nivel, surgen más preguntas que respuestas y la algarabía generalizada donde hay venezolanos exiliados, se atenúa hasta convertirse en silenciosa meditación, en introspección con una tonalidad alta y profundamente preocupante para todos ellos. En principio, porque todavía les está vedado regresar a su país, mientras la dictadura “chavista” sigue su curso, esta vez en las garras de Delcy Rodríguez, una mujer que ha comenzado a insultar y “matonear” de igual modo como lo hacía Nicolás Maduro antes de ser apresado por los estadounidenses.
En primer lugar, nunca creímos que Donald Trump, aquel que entregó Afganistán a los talibanes al finalizar su primera administración, iba a dar la orden de extraer a Maduro de su madriguera, porque suponíamos que todo ese desplante de buques militares anclados en el Caribe y el bloqueo aéreo, era para despistar a la opinión pública de los Estados Unidos y del mundo entero, imbuida en el caso Epstein, el judío pedófilo, gran amigo de Trump y con quien éste estuvo involucrado en el abuso a muchachas menores de edad. Pero lo hizo. Trump giró la orden y los helicópteros sigilosos penetraron en el espacio aéreo más profundo de Venezuela y sacaron, con una facilidad que arroja mayor incertidumbre, al dictador de su lecho, donde dormía junto a su corrupta esposa, subido a uno de esos aparatos voladores y conducido a un barco, el Iwo Jima, para ser llevado a la base naval de Guantánamo en Cuba; y de allí en avión hasta Nueva York, donde bajó las escalinatas charlando con los celadores que lo llevaban de ambos brazos y una vez adentro del centro de detención, saludando con un ahora proverbial “Good Night” y deseando “Happy New Year.” Todo un espectáculo brindado por el preso más famoso del planeta, para demostrar que no tenía miedo y que estaba completamente relajado. Y es que, en verdad, Maduro ahora está más seguro que en su Palacio de Miraflores, donde estaba vigilado por su escolta compuesta totalmente por cubanos enviados desde La Habana, desde donde se dictan las reglas, leyes y órdenes para los venezolanos y nicaragüenses también. Pero ese es un subtema al que volveremos luego con mayor detalle.
Por qué ha sido el primer capítulo
Ciertamente los venezolanos en el exterior, la más numerosa diáspora del nuevo milenio, de todas cuantas se hayan realizado hasta estas fechas, tenían un motivo muy grande para estar exultantes: el peor enemigo del pueblo había sido extraído de su madriguera en Caracas, esposado, puesto en sus orejas unos aparatos que no le permitían escuchan absolutamente nada y unos anteojos grandes, negros, que le desvirtuaban toda la realidad que estaba aconteciendo en derredor. Pero esa pasión desbordada en las calles, fuentes y plazas de Madrid, Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotá, México y Washington, prontamente se aplacó de manera espontánea, tal y como había surgido ante los ojos de los ciudadanos anfitriones de esos países donde los desterrados venezolanos ahora viven. Porque surgió esta pregunta: ¿Qué pasará con Venezuela si continúan “los peces grandes”, los verdaderos sujetos dominantes, quienes tienen en su poder no solamente el asunto político, sino el de seguridad, con la policía, el ejército y las brigadas populares de su lado? Es decir, se extrajo, en la acción militar, a la imagen permanente, de cara al exterior, que era la de Nicolás Maduro, la voz, la fachada, la cara más evidente del régimen; pero él no estaba allí porque fuera el más poderoso en grado alguno. Y en “las sombras” quedaban Vladímir Padrino, el jefe del ejército; Delcy Rodríguez, quien asumió al día siguiente del secuestro del dictador, el mando de la dictadura y ha seguido con su retahíla de insultos, amenazas, matonismo y demás “guapería” en contra de los Estados Unidos; y el peor de todos, Diosdado Cabello, la mente satánica, el criminal por antonomasia, el verdadero comandante de toda esta horda llamada cartel de los soles y el tren de Aragua, allí está justamente y fue él quien ordenó al pueblo mantenerse quieto en el día “después” y fue obedecido de tal manera que las calles y avenidas de Caracas estaban desiertas ante su amenaza velada y su orden que fue cumplida irrestrictamente.
En síntesis, todo parece haber sido “un alegrón de burro.” Es decir el burro o asno se ha alegrado y no sabe por qué e inmediatamente esa felicidad se le diluyó tan pronto como comenzó; en principio porque la realidad le dijo en una de sus largas orejas, en forma de murmullo: “no te alegres porque en Venezuela el 99,9 por ciento de las cosas, no han cambiado. Todo sigue igual mientras la camarilla de los soles siga allí, al frente del gobierno dictatorial.”
Colateralmente ha habido insinuaciones de parte de Marco Rubio, secretario de Estado de USA, del propio Donald Trump y de otros dignatarios de su administración, en el sentido de que han dialogado con la nueva dictadora, Delcy Rodríguez, y ésta estuvo anuente a seguir las pautas dictadas por la Casa Blanca; pero, contradictoriamente, esta mujer de piel muy morena y grandes gafas, se ha dedicado a vociferar insultos y diatribas en contra de lo hecho por el ejército norteamericano. Lo cual deja deducir y pensar que nada ha cambiado en esta nación suramericana y que la dictadura sigue su curso en forma invariable.
Pocos días después, Donald Trump se dejó de su “jueguito” de indirectas e insinuaciones que en nada le benefician a él, un sujeto con un vocabulario tan parco como el de un analfabeto, y lanzó la amenaza que todos estábamos esperando: “Delcy Rodríguez pagará un precio muy alto sino coopera con Estados Unidos, probablemente mayor que el de Maduro.” Y sabemos que esta mujer, impresentable por demás, con una fisonomía bastante vulgar para ostentar tan alto cargo en un gobierno, no acatará ninguna reglamentación, ninguna instrucción y ninguna orden que provengan desde Washington. Entonces… habrá que actuar en consecuencia; es decir, derrocar de una vez por todas a esta dictadura a la que se le ha dado demasiado tiempo para que haga sus trastadas, sus actos corruptos, sus asesinatos de cientos de personas inocentes y su exportación masiva de cocaína hasta territorio estadounidense. Eso es lo que ha detenido la algarabía de los venezolanos en el exilio, precisamente. El asunto de la tiranía no ha sido finiquitado. Maduro era sólo una pieza, quizás la más débil de toda la nomenclatura; y lo peor yace allí, en el cuerpo de la nación, semejante a un cáncer que sigue devorando a unos y otros y a todos juntos.
Esa amenaza de Trump apareció publicada en la famosa revista estadounidense, seria por demás, The Atlantic, que le entrevistó vía telefónica. Añadió el mandatario que él está dispuesto a trabajar con el actual gobierno venezolano, siempre que se cumplan los objetivos de la Casa Blanca, incluido abrir el acceso a la inversión de estadounidenses en las enormes reservas de crudo de Venezuela. Pero la mujer ha respondido con mayor altanería, sin tomar en cuenta que su vida está en manos del ejército de los Estados Unidos y los de sus secuaces también.
Trump repitió que su país va a dirigir a Venezuela y va a “reconstruir y cambiar al régimen –o como se le quiera llamar- (y será) mejor de lo que tienen ahora mismo. El país se ha ido al infierno. Es un país fallido, totalmente fallido. Es un país que es un desastre en todos los sentidos.” Concluyó ante el periodista que estaba al otro lado del auricular. En este aspecto, la diáspora venezolana podrá estar tranquila y esperanzada en que su nación va a dar un giro de 190 grados. Ocurrirá algo así como en Irak después de Hussein y a esa posibilidad se atienten; pero esta vez sin tanta sonrisa, felicidad y desborde de pasión por la caída de Nicolás Maduro.
Este ha sido el primer capítulo: atrapar y sacar de territorio venezolano al tirano Nicolás Maduro; pero faltan varios capítulos más, indudablemente. Esta historia no puede quedar así. La contemporaneidad exige que el trabajo sea terminado por su propia dinámica, su propia urgencia y su naturaleza inevitable e ineludible. Si Donald Trump no lo ha entendido así, que alguien se lo explique, sus asesores tan capaces y lúcidos que tiene alrededor; y porque está en la misma posición en la que estaba antes de secuestrar a Maduro; es decir, en medio de la incredulidad general, mediante la cual creíamos que se trataba de “una cortina de humo” para ocultar el caso Epstein, el pedófilo judío, su nefasto y vulgar amigo, de quien se dice que el propio Trump ordenó su asesinato cuando estaba en prisión y así evitar que divulgara esos secretos que, muy posiblemente, se llevó el hebreo al infierno. Un tema que invita a ser investigado hasta “las vísceras” y fundamentos.
Marco Rubio confirma lo dicho por su jefe
El rostro visible en el ámbito internacional del gobierno Trump, el cubano-americano Marco Rubio, el flamante secretario de Estado de esta administración, también ha dicho que “si los actuales dictadores de Venezuela no toman las decisiones correctas, Estados Unidos mantendrá múltiples palancas de influencia para garantizar la protección de nuestros intereses, y eso incluye el embargo petrolero que está en vigor, entre otras cosas. Bueno, pues vamos a juzgar en el futuro. Vamos a juzgar todo por lo que hagan y vamos a ver qué hacen. Estados Unidos -continuó-, está dispuesto a trabajar con las actuales autoridades de Venezuela si toman las decisiones correctas.” Así, en una entrevista para la cadena CBS News.
Evitó referirse a la personalidad de la nueva dictadora que ha sustituido a Maduro en Miraflores y se concentró solamente en las actitudes, determinaciones y decisiones que tomará esta mujer, quien tiene en sus manos la reacción consecuente de Washington, si ataca nuevamente a Venezuela, si la extrae a ella, a Padrino y a Cabello, de Caracas, de igual manera como hizo con Maduro o estalla una guerra que sería nefasta para esta nación suramericana y su pueblo, por supuesto. En este punto último, se le preguntó en CBS si la acción militar será nuevamente contemplada por el Pentágono y Rubio contestó: “Donald Trump siempre se reserva la opción de decidir sobre cualquier asunto y tiene la capacidad y el derecho constitucional de actuar ante amenazas inminentes y urgentes para Estados Unidos. En la práctica, lo que se ve ahora es uno de los mayores despliegues navales de la historia moderna, en el hemisferio occidental, capaz de detener tanto lanchas de droga, como barcos sancionados y paralizar una parte clave de los ingresos de Venezuela. Trump no cree que vaya a descartar públicamente las opciones que tiene Estados Unidos, aunque eso no sea lo que se ve en este momento. Lo que se ve ahora mismo es un embargo petrolero que nos permite ejercer una enorme influencia sobre lo que suceda a continuación.” Afirmó.
De su relato podemos inferir que el bloqueo naval a Venezuela, en el Caribe, se mantendrá invariablemente; que los buques petroleros que partan y vayan hacia Venezuela, serán detenidos y confiscados y posibles ataques inteligentes y “quirúrgicos” serán efectuados contra figuras de la dictadura “chavista”, cuando Trump así lo ordene. En esto, nada ha cambiado. También para tranquilidad de quienes queremos un cambio de régimen en Venezuela y el encarcelamiento de los criminales que lo detentan y allí se mantienen hasta el momento.
¿Pero qué se debe entender por “colaboración” de parte de Delcy Rodríguez, la nueva dictadora venezolana, con el gobierno de Washington? Mientras Nicolás Maduro pasa sus primeras noches en el sombrío y temido Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nueva York, junto a su esposa, Cilia Flores, de quien se dice que es una mujer temible, aún más que su propio esposo, a la espera de un juicio por los cargos de “conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos contra Estados Unidos”, Donald Trump y su equipo esperan enlazar prontamente la comunicación con Caracas para dictar las próximas e inevitables pautas. Aquí, precisamente, veremos cuál será la reacción de los dictadores venezolanos: si las acatan, las desechan y se declaran en abierta (y suicida) rebeldía.
De hecho, Rodríguez ha manifestado de manera textual lo siguiente: “Nicolás Maduro es el único presidente de Venezuela (en indirecta tácita a Donald Trump, restándole todo poder sobre este país) (…). Defenderemos la dignidad de un pueblo que no se entrega, que no se rinde, que no va a ser colonia de nadie. Lo que se le está haciendo a Venezuela, es una barbarie.” De paso, negó que una transición (hacia la democracia) esté en marcha; lo que sólo indica que está dispuesta para que la dictadura continúe, en contravención a lo que desea Trump y su equipo. En este aspecto, el analista Luis Peche Artega, considera que: “la prioridad del ‘chavismo’ es no colapsar. Puede implosionar desde la cúpula del poder y puede dejar a sus bases desmovilizadas, por lo que su margen de acción es corto tras el nivel de derrota de las últimas horas. Por no colapsar, puede terminar chocando de frente contra el tren de Trump, esa ‘segunda ola’ de la que el mandatario habló en rueda de prensa.”
En concreto, Trump quiere (y exige) un cambio de régimen en Venezuela, que los dictadores se marchen al exilio; más o menos parecido a lo que le ofreció a Nicolás Maduro: un “exilio dorado”, que aquel rechazó tajantemente, muy posiblemente obligado por los cubanos que le vigilaban y que murieron en su mayoría, cuando el escuadrón de élite estadounidense atacó la madriguera donde estaba Maduro. Porque, repetimos, quienes dictan las órdenes para Caracas y Managua (y muy posiblemente también para Bogotá y Brasilia), son los sátrapas castristas, enraizados en La Habana, Cuba. Muchos opinan que “nada se mueve en estas naciones, consideradas ‘paraísos socialistas’, si los cubanos así no lo quieren.” Es decir, quienes mandan y pueden asesinar a quienes no les obedecen, son los cubanos y punto. Es muy posible también que Maduro hubiera querido marcharse a un bello y deseado exilio, para disfrutar de su dinero mal habido; pero los cubanos lo amenazaron con asesinarlo si renunciaba a su cargo. Incluso, la actitud de Maduro durante su viaje en condición de prisionero, fue relajada, hasta festiva, quizás a sabiendas de que está más seguro en una celda en los Estados Unidos, que rodeado de los cubanos que “le protegían” y a la vez eran sus carceleros. Maduro, en ningún lapso, se ha mostrado entristecido, tenso, nostálgico, humillado o vituperado; todo lo contrario, se ha visto relajado y amable. Algo que no fue propio de Saddam Hussein o Muammar Gaddafy, ex dictador de Libia, quienes lucharon hasta el final de sus vidas, asidos al poder, a su fatuidad y a su engañosa idea de que regresarían al mismo.
Otra exigencia de Trump es la celebración de elecciones generales, democráticas, transparentes, limpias y seguras, a más tardar en los dos meses siguientes. Y, por último, a la luz de las dos anteriores exigencias, el regreso de todos los inversionistas que así lo deseen, para que exploten la actividad petrolera que una vez Hugo Chávez, el culpable de toda esta situación, les quitó de sus manos, expropiando a sus empresas radicadas en Venezuela de manera legal y conforme a tratados suscritos con gobiernos anteriores a la dictadura.
Trump ha dicho que esa transición hacia la democracia tiene que producirse “segura, adecuada y sensata.” Es innegociable, irreversible y totalmente esperable.
Trascendió también que Marco Rubio estaba en conversaciones reiteradas con la nueva dictadora, Delcy Rodríguez; y con el radicalísimo y criminal Diosdado Cabello, con quienes ha comenzado las negociaciones. Así mismo, Jorge Rodríguez, quien fuera negociador “estrella” de maduro en el pasado, también participa en las deliberaciones; lo mismo que el general Vladímir Padrino López, ministro de Defensa. Los cuatro serían, en principio, los interlocutores principales del actual oficialismo venezolano, de cara a la creación de una especie de junta de gobierno que estaría presidida por Marco Rubio y Pete Hegseth, el jefe del Pentágono, tal y como lo ha ordenado Donald Trump. Sería una especie de gobierno y administración por “control remoto”, dirigida a la reconstrucción del país, recuperar la industria petrolera y proporcionar bienestar a los venezolanos. El tiempo que será empleado en este tema podría extenderse más allá de los seis meses, hasta alcanzar los dos años y desembocaría en unas elecciones generales. Y aquí es donde surgen Edmundo González Urrutia, el ex candidato presidencial a quien Maduro le arrebató el triunfo en los pasados comicios; y María Corina Machado, en quienes el presidente de USA no tiene confianza y por ello no les entregaría el poder ni ahora ni nunca, según desprendemos de sus propias afirmaciones recientes. Mala suerte para ellos dos, los dirigentes más renombrados de la oposición.
En lo que respecta a Machado, al enterarse de la acción militar realizada por los estadounidenses y la captura del dictador, escribió en sus redes sociales: “Hoy estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder. Permanezcamos vigilantes, activos y organizados hasta que se concrete la transición democrática. Una transición que nos necesita a todos. Llegó la hora de la libertad. A los venezolanos que están dentro de nuestro país, estén listos para poner en marcha lo que muy pronto les vamos a comunicar a través de nuestros canales oficiales.” A juzgar por esta argumentación, se desprende que todavía Donald Trump no había anunciado la no entrega del poder a Edmundo González ni a Machado, sino que su intención es la de gobernar “a control remoto” a Venezuela por medio de una junta de gobierno, tal y como lo anunció pocas horas después de que la líder opositora y Premio Nobel de la Paz 2025, escribiera el texto que hemos transcrito arriba. De tal manera, “el baño de agua fría” debió haber sido enorme para esta mujer que creyó que había llegado “SU” hora y la iban a sentar en la silla del poder en Miraflores, en forma inmediata.
En lo que atañe a Edmundo González Urrutia, el ganador de las últimas elecciones venezolanas y a quien Maduro le arrebató ese triunfo mediante el fraude electoral, se dirigió a la opinión pública utilizando un tono presidencial, a pesar de que ya sabía anticipadamente que Trump no les iba a entregar el poder a ellos. Recordó que “mi legitimidad emana de la voluntad mayoritaria, expresada por el pueblo venezolano (en las urnas de votación), el 28 de julio. Insto a las Fuerzas Armadas a cumplir y hacer cumplir el mandato soberano expresado en las urnas. Exijo la liberación inmediata de los presos políticos en Venezuela, que en el nuevo escenario político es ineludible dicha liberación inmediata e incondicional de esos presos políticos civiles y militares secuestrados por pensar distinto, por exigir derechos o por cumplir con su deber constitucional. Únicamente bajo esa condición podrá iniciarse un proceso serio y responsable de transición democrática. Esas detenciones constituyen una forma de persecución incompatible con el Estado de Derecho. El país atraviesa un nuevo escenario político que representa un punto de inflexión; pero dicho contexto no es suficiente para hablar de una normalización democrática plena. El país que viene debe ser un país de derechos de Instituciones y de esperanza. Y ese país lo construiremos todos.” Así, fue la publicación que hizo en sus perfiles de Instagram y X.
Fue muy evidente la postura adoptada por Edmundo González Urrutia, quien no titubeó ni un instante en auto-denominarse “comandante en jefe” (del ejército venezolano) y “presidente de la nación”; e insistió vehementemente en que su cargo emana de los 7,443,584 votos que obtuvo el 28 de julio del 2024, de acuerdo a las actas recopiladas y resguardadas por el equipo que dirige María Corina Machado, su aliada en esta lucha cívica por Venezuela. Insistió en que su legitimidad emana del mandato popular, conforme el Artículo 5 de la Constitución y del respaldo mayoritario y sostenido de millones de venezolanos: “Ese mandato no será traicionado y mi actuación responde exclusivamente a la voluntad soberana del pueblo.”
En cuanto a la captura del déspota Maduro, el político en el exilio subrayó que “la salida del país de quien usurpó el poder y su sometimiento a la justicia configura un nuevo escenario, pero no sustituye las tareas fundamentales pendientes, entre ellas la liberación inmediata de todos los ciudadanos detenidos por razones políticas, civiles y militares.” Finalizó diciendo que “la transición debe construirse con responsabilidad, firmeza y unidad nacional. Venezuela necesita verdad, justicia y reconciliación, sin impunidad, para garantizar que el poder no vuelva a ejercerse contra la ciudadanía.” No obstante, los sátrapas, Cabello, Padrino y Rodríguez, siguen mandando en el país y cuando sean separados del poder, Machado y González Urrutia deberán lidiar otra batalla, talvez tan fuerte y dura como la anterior, esta vez contra las determinaciones de Donald Trump de no entregar en breve el poder.
Así aconteció la “Operación Resolución Absoluta”
Dos días antes de que ocurriera, el mal tiempo imperante en gran parte del territorio venezolano, hizo a Donald Trump posponer el ataque y extracción del tirano Nicolás Maduro, hasta que se diera la mejor oportunidad climática. En todo caso, antes de describir con detalle cómo sucedieron los hechos táctico-militares, debemos subrayar que había “un topo” infiltrado entre la “guardia pretoriana” (compuesta mayoritariamente por cubanos), y era quien enviaba información confidencial al Alto Mando estadounidense y a la CIA. De tal forma, los militares norteamericanos conocían, con pormenores, todo lo que el dictador hacía o dejaba de hacer. Ese “topo” facilitó las cosas. Quizás movido por la enorme recompensa que pagaría el gobierno de los Estados Unidos por la captura de este narcotraficante, mal llamado “presidente” de Venezuela.
El sábado 3 de enero, cuando todavía despuntaba el nuevo año 2026, el ejército estadounidense lanzó un ataque masivo en territorio enemigo, que afectó a la ciudad de Caracas y a los Estados Miranda, Aragua y La Guaria, específicamente a las bases militares, incluyendo a la más emblemática y grande del país, ubicada en la Capital. La intención era sólo una: sacar a rastras al dictador Nicolás Maduro Moro y a su esposa, Cilia Adela Flores y conducirlos ante la justicia de los Estados Unidos, propiamente en Nueva York, donde permanecen ahora mismo.
La inteligencia de EE.UU conocía todos los movimientos de estos dos tiranos, por lo que el asalto final no tuvo grandes complicaciones; aunque lo primero que se debía hacer era acabar con la “guardia pretoriana” compuesta por cubanos enviados por Raúl Castro y que tenía dos misiones: una evidente y la otra secreta; es decir, la primera consistía en proteger a Nicolás Maduro ante cualquier eventualidad adversa como la llevada a efecto por los norteamericanos; y la otra, asesinar al mismo Maduro en el caso de que decidiera marcharse de Venezuela y abandonar el poder. Un acto que sería considerado por La Habana de altísima traición a los “ideales” o postulados de la revolución comunista. Es así como quedaron inertes, tendidos en el suelo, 40 cubanos muertos a raíz del tiroteo intercambiado con las fuerzas invasoras. Esos isleños antillanos enviados por la no menos cruel dictadura cubana, se hacían llamar comando de “las avispas negras”, entrenados para eso precisamente: morir o vencer en acciones de este tipo.
Nicolás Maduro, lo mismo que Saddam Hussein y otros dictadores del pasado y otras latitudes, cambiaba su lugar o su estancia para dormir cada noche; era una rotación constante en ocho lugares diferentes, para confundir a sus enemigos; pero el “topo” pasaba la información precisa a la CIA sobre esos movimientos. Y para que la intervención militar tuviera éxito, había que ejecutarla cuando Maduro estuviera de paso por el bunker donde precisamente fue atrapado. En este punto hay que resaltar que el 23 de diciembre pasado, un alto funcionario de la Casa Blanca conversó con el tirano de Venezuela para convencerlo de que tomara un avión hacia Turquía, donde el presidente de esa nación europea, Recep Tayip Erdogan, le ofreció un “exilio de ensueño”, con todas las garantías de seguridad de su parte. Pero Maduro se negó a partir, presuntamente vigilado en esa conversación por los cubanos que se mantenían a su lado siempre. En ese momento crucial fue cuando Donald Trump ya no le dio más tiempo ni prerrogativas para salvarse y dio la orden de poner la “Operación Resolución Absoluta” en curso.
La noche del 2 al 3 de enero, fueron desplegados varios drones de USA en los cielos de Venezuela, que no fueron interceptados por las defensas antiaéreas de este país, y localizaron a Nicolás Maduro, quien se introducía en el bunker. Donald Trump y sus colaboradores cenaban en su residencia de Mar-a-Lago, en La Florida, mientras observaban en directo y en vivo lo que estaba ocurriendo en esos instantes en el país suramericano. Se trataba de la fuerza especial Delta, la misma que dio de baja al líder del Estado Islámico o Daesh, Abu Bakr al-Bagdadi; a Osama bin Laden y a su mano derecha, el egipcio al-Zawahiri. Este grupo se forma o se disgrega en función de la misión que tenga que acometer; se compone de soldados especialmente escogidos y entrenados para tales misiones y poseen características físicas, mentales y militares, superiores a las de cualquier otro soldado del ejército estadounidense. En el caso que nos ocupa, estaban liderados por un comandante de habla hispana y se habían entrenado con sumo detalle y minuciosidad en su base en Kentucky, donde construyeron un bunker exactamente igual al de Maduro en Caracas y practicaban constantemente la entrada, la extracción del sátrapa y su mujer y la salida de allí, en un tiempo record. El cronometraje era imprescindible, de vital necesidad, para que la misión fuera exitosa, tal y como aconteció finalmente: tardaron dos minutos en colocar el explosivo para hacer volar las hojas de acero de las compuertas que llevaban al recinto donde estaba Maduro. Lógicamente, la explosión despertó a la pareja, quienes, al abrir los ojos, se encontraron con hombres uniformados y provistos de pasamontañas y apuntándolos con sus rifles de asalto e iluminándolos con potentes linternas de mano. Maduro intentó correr hacia otra habitación mayormente fortificada, blindada y que hubiera retrasado la operación, ya que esa otra compuerta hubiese sido inutilizada al usar sopletes de acetileno, que los Deltas llevaban dentro de su equipo, según tenían previsto. Incluso, Maduro forcejeó en un inútil cuerpo a cuerpo con uno de los soldados captores; pero fue reducido a los pocos segundos, aunque tuvieron que sacarlo a rastras de aquella habitación. Así se dislocó su pierna izquierda. Ese episodio, allí adentro, duró apenas cinco minutos.
Luego fueron llevados a los helicópteros que esperaban en una explanada adyacente, con todas las luces apagadas. Unos agentes de la DEA y del FBI les leyeron sus cargos por narcotráfico y otros delitos, mientras les ponían las esposas en las muñecas y tobillos. En La Florida, el presidente de los Estados Unidos y sus colaboradores, no se perdieron detalle alguno de lo que estaba sucediendo en Caracas, debido al hecho de que uno de los helicópteros tenía una cámara frontal colocada. Fue cuando Trump manifestó en la rueda de prensa posterior: “Disfruté de las cosas como si fuera un show.”
Una vez adentro del helicóptero, la flotilla despegó y voló a sólo 100 pies de altura, hasta llegar al buque Iwo Jima, que estaba esperándolos anclado muy cerca de la costa venezolana en el Caribe. Los helicópteros usados eran de los que se utilizan en el transporte de tropas, llamados Chinook, dotados de dos grandes hélices, y apoyados por otros Apache, que están hechos para atacar objetivos en tierra. Estos últimos sobrevolaban Caracas sin luces, mientras cazas F35 y F18 de las Fuerzas Aéreas de USA, allanaban su camino destruyendo a distancia todas las posiciones conocidas de defensa antiaérea S300 y Buk, ambas baterías proporcionadas por Rusia, así como los principales radares allí emplazados.
Aquí y en esto, es importante resaltar que la aviación venezolana, compuesta por viejos cazas F16, vendidos por los Estados Unidos antes la irrupción del “chavismo”, y aparatos Su27, de manufactura rusa, no despegaron siquiera, debido, en parte, al despliegue de una potente guerra electrónica que los norteamericanos realizaron, con la finalidad de cortar todas las frecuencias sobre la ciudad. Así, quedaron inutilizadas baterías de misiles defensivos, computadoras con programas militares, los radares, teléfonos celulares y todos los objetos que se pudieron usar para contrarrestar tal ofensiva. Ese ciberataque tiró por los suelos a la red eléctrica de toda la ciudad y apagó las pocas luces que permanecían encendidas a esas horas y permitió crear “el terreno de juego ideal” para los Night Stalkers, la unidad militar de las Fuerzas Aéreas (regimiento 160), que es la encargada de hacer estas incursiones nocturnas y que tuvo su mayor y anterior prueba cuando dieron muerte a Osama bin Laden, en la Capital de Pakistán.
Los comandos “chavistas” salieron apresuradamente a las calles, pero no hicieron un solo disparo contra los atacantes extranjeros, sino para controlar a la población, si se daba el caso de que se hicieran a esas vías. Solamente unos disparos intrascendentes alcanzaron a uno de los helicópteros e hirieron a dos soldados ocupantes.
El saldo final de esta incursión del comando Delta estadounidense, fueron 40 cubanos muertos, del comando de las “avispas negras”, que se encargaban de la vigilancia de Nicolás Maduro; ningún muerto en el lado estadounidense; no se perdió ningún minuto previsto; los buques que acorralan al régimen venezolano continuarán anclados en el Caribe, con la orden expresa de destruir toda narco-lancha y apresar a todos los barcos petroleros que lleguen o salgan de este país; y ha quedado en la agenda del presidente Trump la posibilidad de nuevos ataques militares a la camarilla que ha asumido el puesto vacante de Maduro, si fuese necesario.
El “día después…”
Una vez realizada la operación impresionante y exitosa, tanto analistas internacionales, estadounidenses, como venezolanos en el exilio, lo mismo que periodistas de periódicos y telediarios alrededor del mundo, han llegado a estas valiosas y no menos sorprendentes conclusiones: hubo traición interna, dentro del círculo que rodeaba a Nicolás Maduro. Talvez el “tintineo” de las monedas de la millonaria recompensa establecida y ofrecida por Washington (US$50,000,000), alucinó a esos “traidores,” especialmente al valioso “topo”, cuya identidad quizás la conozcamos con el paso de los años; pero por ahora no. Y la inteligencia china, los aparatos instalados por técnicos enviados expresamente desde Beijing para crear una red computadorizada de defensa, tampoco sirvió para nada a la hora de la verdad. Tampoco los misiles defensivos rusos. Lo cual deja pensar que el régimen de facto de Venezuela gastó millones de millones de dólares al pagarle a esos dos supuestos aliados, chinos y rusos para la colocación de esa defensa, que, en última instancia, no funcionó ni un ápice para contrarrestar al enemigo para y contra el cual habían sido instalados. Un desparpajo y un ridículo total. Tampoco la resistencia organizada, compuesta por las fuerzas populares de choque sirvieron para algo: no se atrevieron siquiera mirar al cielo para divisar a los helicópteros que se llevaban al tiranuelo. Y para colmo de males, hubo un testigo de excepción que podrá contar todo lo que vio con lujo de detalles, pues se había reunido con Maduro el día anterior y dormía en algún lugar de Caracas cuando se produjo el ataque: era el enviado especial del gobierno chino para América Latina. Todo lo vio, lo sintió y se atemorizó como un cobarde más. Atrás, en el pasado inmediato, quedaron US$400 millones pagados en sistemas antiaéreos de defensa rusos que permanecieron silenciados toda aquella noche. Tampoco los aliados de siempre del “chavismo”: Cuba, Irán, China y Rusia, no dijeron gran cosa… Estaban estupefactos y se dedicaron a repetir: “liberen a Maduro en el acto. Es ilegal lo que ustedes acaban de hacer.” Pero en el plano militar han tenido el cuidado de no amenazar a Estados Unidos, pues saben que están en clara desventaja con el Pentágono en cuestiones de técnicas de beligerancia; y tampoco dar la vida por Venezuela y su sistema inservible, obsoleto y corrupto, vale siquiera “una lágrima.”
El periódico El Mundo, de España, resume lo que ha sido esta operación militar, con este extracto de una de sus más importantes y recientes crónicas: “La relevancia (de este ataque), va mucho más allá de Venezuela. La operación reveló cómo concibe ahora el poder el presidente Trump y qué instrumentos está dispuesto a emplear. Todo apunta a una penetración de la CIA en el círculo más íntimo de Maduro. Con información operativa en tiempo real. El aparato de seguridad cubano, durante años columna vertebral de la supervivencia del régimen, colapsó en el momento decisivo. Cuando despegó el primer avión, las defensas venezolanas ya estaban ciegas y los decisores, aislados.”
Ciertamente, el régimen venezolano sólo ha reaccionado algunas horas después con la aparición de la entonces vicepresidenta Delcy González, una mujer con un legajo extraordinariamente voluminoso, que contiene sus delitos de lesa humanidad y tráfico de drogas, para decir que “Maduro es nuestro único líder legítimo.” Y exigió a los estadounidenses “pruebas de vida” del mismo sátrapa que fue sacado de su cama, junto a su corrupta esposa y llevado a Nueva York para ser procesado.
También es cierto que la camarilla continúa en la cúspide del poder en Venezuela, el aparato institucional permanece intacto, pues Trump no previó, en ese momento, deshacerse de todos esos delincuentes; lo cual indica que Estados Unidos ha eliminado el liderazgo (supuestamente), sin desmantelar al régimen. La estructura Estatal operativa venezolana se resiste al colapso; mientras los tres delincuentes que han quedado, Rodríguez, Padrino y Cabello, siguen con su retórica incendiaria, insultando a los atacantes “gringos”.
Al día siguiente de la intervención armada de los Estados Unidos en Venezuela, apareció quien nunca lo hizo cuando las aeronaves enemigas surcaban los cielos de su país: el ministro de Defensa, Vladímir Padrino López, uno de los tres capos que siguen en el gobierno venezolano. Sin ningún pudor, ni vergüenza ni escrúpulos por lo fallido de su inacción, de su nula defensa de su patria y por su ineptitud, comenzó a lanzar diatribas en contra de Trump y los estadounidenses. Rechazó la captura de su amigo Nicolás Maduro y la tachó de “cobarde secuestro”, cuando el único cobarde en esta coyuntura fue él mismo, quien no apareció para nada, defendiendo a su país, que era atacado por un grupo de helicópteros y un reducido comando de élite. Su intervención hablada ante los medios de prensa fue algo así como las gallinas asustadas que suelen cacarear con estridencia cuando el zorro ha incursionado en el gallinero. Es decir, entre más hablaba Padrino, más demostraba su ineptitud, la indefensión en la que se encuentra Venezuela, la ineficacia de los inservibles sistemas rusos y chinos por los cuales han pagado millones de millones de dólares, reiteramos, para que al final no pudieran disparar ni una tenue luz siquiera, mucho menos los misiles que Putin y Jinping aseguraron que sucedería en caso de verse atacados.
Lo cierto es que Padrino leyó un comunicado de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), un auténtico “tigre de papel”, inservible desde todo ángulo en el que se le mire, y cuyo nombre rimbombante es sólo eso… un nombre que no representa nada, mucho menos la seguridad de la nación. El “cobarde secuestro” como lo llamó Padrino López, sucedió después de “asesinar a sangre fría a gran parte de su equipo de seguridad”; es decir, a los cubanos entrenados para matar a quienes se le acercaran a Maduro en cualquier momento y lugar; pero, por el contrario, esas “avispas negras” resultaron aplastadas con una facilidad pasmosa e impresionante por la fuerza Delta de los EE.UU.
Y haciendo uso de la verborrea que caracteriza a este régimen narco-terrorista, Padrino manifestó en conferencia de prensa: “La Fuerza Armada NacionalBolivariana (?), ha garantizado en perfecta unidad con el pueblo, la continuidad democrática de Venezuela y lo seguirá haciendo. Porque el orden, la paz, es nuestro puerto, es nuestro puerto decía Bolívar. Así la patria continúa.” Aunque en el fondo quiso decir que la dictadura continúa y en ningún momento, en honor a la verdad de lo sucedido, el mal llamado ejército venezolano garantizó nunca “la perfecta unidad del pueblo”; más bien, lo que hicieron los gamberros que componen a las milicias populares, fue amedrentar a los ciudadanos para que no salieran de sus casas, ejercieron la represión de siempre para evitar un levantamiento general de la población contra los déspotas que se mantienen en el poder.
Para concluir con sus sandeces y falsedades, Padrino emplazó a los venezolanos comunes a “no caer en las tentaciones de la guerra psicológica, de la amenaza, del miedo por parte de los Estados Unidos y retomar las actividades económicas (?), laborales, de todo tipo, educativas, en los próximos días. La patria debe encaminarse sobre su riel constitucional (?).” Dijo refiriéndose a la Constitución en la que se fundamenta la dictadura heredada por el narco-criminal Hugo Chávez Frías, el creador de este sistema de traficantes de cocaína y asesinos que se han apoderado del gobierno de esta nación desde hace más de una década.
En respuesta, varias horas después, Donald Trump afirmó que podría atacar nuevamente a Venezuela si su nueva dictadora, Delcy González no coopera con los Estados Unidos. Podría emprender una segunda incursión militar y contempla ese escenario en el caso de que “la presidenta encargada” (obsérvese el eufemismo empleado por la camarilla de narcos), deje de cooperar con Washington. Y añadió a la cadena CBS News: “No creo que ese paso llegue a ser necesario. Ya he contemplado la idea de volver a enviar mis fuerzas a suelo venezolano. Estamos preparados para hacerlo. De hecho, ya lo teníamos previsto. No estamos en guerra con Venezuela, estamos en guerra con las personas que venden drogas. Estamos en guerra con las personas que vacían sus prisiones en nuestro país y vacían a sus drogadictos y vacían sus Instituciones mentales en nuestro país.” Aseveró.
Y el tercero en dar su cara a la opinión pública, fue el peor de los tres: Diosdado Cabello, el mayor criminal de esta nación y que carga, lo mismo que sus secuaces, con muchos delitos que deberán ser conocidos en un tribunal y juzgado por esos desplantes. Cabello apareció escoltado por tropas en Caracas, después del ataque de USA, y trató de proyectar una imagen de control. Este criminal funge como el ministro del Interior y los expertos conocedores de la realidad venezolana, afirman que es el verdadero poder del régimen. Solicitó a la ciudadanía que “mantenga la calma” y mostró su respaldo incondicional a la cúpula de poder, de la cual él mismo forma parte. Su discurso improvisado fue, en realidad, una carga de retórica belicista, ya que instó a los leales al gobierno a no sucumbir al pánico y así se los hizo saber: “Confíen en nuestro liderazgo, confíen en el alto mando político y militar para manejar la situación que estamos enfrentando. Mantengan la calma, no se dejen llevar por la desesperación, no faciliten las cosas al enemigo invasor, al enemigo terrorista que nos atacó cobardemente.” Aunque ese argumento contrastaba evidentemente con lo que es Venezuela en la actualidad: es un país sumido en la volatilidad y en un estado de vulnerabilidad total, cuando sus sistemas de defensa, aquellos que rusos y chinos juraron que eran altamente eficaces, fueron inutilizados por los estadounidenses y las tropas bolivarianas prefirieron guarecerse en sus casas y cuarteles, antes que hacer frente al comando reducido que el Pentágono hizo descender sobre Caracas y capturar al dictador Nicolás Maduro. Venezuela, hoy, está más indefenso que nunca, como nunca lo imaginaron sus matones narcotraficantes y que tienen “dos opciones” únicamente de cara al futuro: o colaboran con Washington… o colaboran con Washington. Porque la tercera opción sería peor que la de Maduro. Si no lo han entendido, no hay fuerza humana ni Divina que se los pueda explicar mejor todavía.
Maduro en prisión y Petro y otros en la “mirilla” de EE.UU
Nicolás Maduro ya ha pasado sus primeras noches en la celda que le han asignado. Lo mismo su mujer, Cilia Flores. Yacen ambos en el Centro de Detención Metropolitano de Nueva York (MDC, por sus siglas en inglés), donde han estado presos sujetos tan deleznables como tristemente famosos, en los casos de Joaquín “el chapo” Guzmán, el rapero tratante de “blancas”, Sean “diddy” Combs y el ex presidente de Honduras, recién indultado por Trump, Juan Orlando Hernández.
Está situada en el distrito de Brooklyn y se le conoce como “el infierno en la Tierra”, debido a que es una de las cárceles de peor reputación de la ciudad y, en un pasado reciente, fue objeto de denuncias por la falta de personal, la delincuencia que se ha desbordado en distintas épocas dentro de sus instalaciones y las duras condiciones de vida en las celdas. Aquí conviven más de 1,200 reclusos que esperan actualmente ser juzgados por los tribunales federales, desde que cerró sus puertas el Centro Correccional Metropolitano, en el sur de Manhattan.
Otra prisionera “célebre” que aquí estuvo, fue Ghislaine Maxwell, la esposa, socia y cómplice del depredador sexual judío, supuestamente suicidado, Jeffrey Epstein, una reclusa que denunció “condiciones inhumanas, crueles y degradantes en el MDC” y comparó su celda con la del psicópata Hannibal Lecter, en El Silencio de los Corderos. Otro recluso que aquí permaneció, fue el ex secretario mexicano de Seguridad Pública, Genaro García Luna, quien denunció en su momento que había presenciado homicidios y apuñalamientos en sus pasillos y patios. Y la lista de reclusos afamados continúa y se haría muy extenso nombrar a cada uno de esos prisioneros que por aquí pasaron alguna vez. Pero siempre es bueno reproducir las palabras de Michael Cohen, quien fue el abogado de Donald Trump y estuvo recluido en este horrendo lugar: “(Uno) se despierta en una cama de acero con un colchón de una pulgada y media, sin almohada, en una celda de ocho por diez pues, que puedo asegurarles que es repugnante.” Y en la actualidad yace aquí el presunto líder del cartel de Sinaloa, Ismael “el mayo” Zambada García, quien espera juicio por cargos de homicidio y tráfico de drogas.
Muchas ocasiones falta la calefacción en días en que particularmente las temperaturas descienden en Nueva York hasta 15 grados bajo cero; tampoco hay servicios médicos para los reclusos. Este es el centro de internamiento en el que están ahora mismo Nicolás Maduro y su mujer; pero él declinó (o los cubanos le obligaron a declinar), marcharse al “exilio dorado” en Turquía.
Después de su primera noche en este lúgubre y violento lugar, Maduro y su esposa fueron conducidos, en medio de un impresionante operativo policial, a su primera audiencia con el juez que llevará su proceso. Arribaron a un tribunal del sur de Manhattan en horas de la mañana. Sin dejar de hablar, según es su horrorosa costumbre, Maduro dijo que “sigo a cargo del gobierno de mi país. Sigo siendo su presidente.” Un helicóptero que los trasladó, aterrizó en las inmediaciones del edificio de los tribunales. Luego, un convoy compuesto por cinco vehículos en color negro, blindados y con una nutrida escolta policial, lo llevaron hasta la puerta de esos tribunales. Iba custodiado por agentes de la DEA, la Agencia Antidroga de los Estados Unidos.
A Nicolás Maduro se le leyeron los cargos por los cuales fue llevado a EE.UU, en los cuales se menciona narcotráfico, conspiración por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, conspiración para la posesión de ametralladoras y artefactos destructivos y conspiración para usar esas armas.
A Cilia Flores se le ha acusado por su presunta implicación en la coordinación de reuniones y la logística de la red (de narcotraficantes). Y en el acta de inculpación también aparecen mencionados “Nicolasito” Maduro Guerra (el hijo de Maduro), Diosdado cabello y Héctor Rusthenford Guerrero, alias “Niño guerrero”, identificado como el líder de la organización transnacional “tren de Aragua.” Otra vista ante el juez ocurrirá hasta dentro de tres meses posteriores. Los expertos en leyes estadounidenses creen que le espera la cadena perpetua a Nicolás Maduro; y a su mujer le irá un poco mejor, debido a la magnitud de los cargos que ya les han dado a conocer.
Por otra parte, se habla clara y abiertamente del actual mandatario de Colombia, Gustavo Petro, quien, voluntariamente, se puso al frente de la “mira” de Donald Trump y éste, en diciembre pasado, afirmó que “en cuanto caiga Maduro, Petro será el siguiente.” Según el presidente de los Estados Unidos, el colombiano podría ser descubierto por Maduro si llegase a declarar en su contra en el proceso que le seguirá en Nueva York y podría reforzar lo que se sabe del colombiano, quien “tiene laboratorios de cocaína, tiene fábricas donde produce cocaína que la está enviando a Estados Unidos; así que sí tiene que cuidarse el trasero. Petro sería el siguiente (en ser atacado y capturado por el comando Delta).” Según palabras textuales del mismo Donald Trump.
La respuesta de éste la publicó en su cuenta de X, cuando dijo: “No estoy preocupado por nada” y reprodujo la espeluznante fotografía del cadáver de un militar venezolano cuya cabeza estaba destrozada por disparos, supuestamente hechos por el comando que capturó a Maduro. “(…) La sangre derramada en la patria de Bolívar”, acusó en otro texto Gustavo Petro. Pero pocos segundos después, sus lectores le desmintieron al afirmar que el personaje que aparecía en la foto era el sargento mayor José Ramón Morffe, quien murió el 13 de mayo del 2025, por causa de disparos accidentales. Así le quitaron de su rostro la careta de la mentira al mandatario colombiano, ex terrorista urbano del M-19 y que sobre su consciencia yacen los nombres de decenas de gentes inocentes que él asesinó, personalmente, con sus atentados en distintas ciudades de Colombia en las décadas de los 80s y 90s.
Además, su ex mujer, Verónica Alcocer; y su hijo, Nicolás Petro, aparecen en la Lista Clinton, de los Estados Unidos, por tener relación con el narcotráfico.
En otra variable sobre el mismo tema, el secretario de Estado de USA, Marco Rubio, amenazó a la cúpula de la dictadura de Cuba, al manifestar: “Uno de los problemas más grandes que tienen los venezolanos, es que deberían declarar su independencia de Cuba. (Los cubanos) han intentado colonizarla desde el punto de vista de la seguridad, así que sí se viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado al menos un poco. Los dirigentes (cubanos) son hombres incompetentes y seniles y la seguridad alrededor de Maduro y la agencia de espionaje está llena de cubanos.” Aseveró.
Sin embargo, la situación actual de Cuba es más que delicada, debido, en parte, a la confiscación de barcos petroleros que están haciendo los marines en el Caribe; es petróleo que no ha llegado a la isla enajenada por el comunismo desde 1959 y ello le tiene inmersa en su peor crisis energética y económica de toda su historia. Esto podría resultar en la caída del régimen o en el levantamiento del pueblo que ya no soporta los profundos niveles de miseria en los que se haya sometido.
Para el régimen castrista que impera en Cuba, las recientes elecciones en Bolivia y Chile, donde la derecha moderada o la centro-derecha han ganado, representan una profundización de su crisis. Más la caída de Maduro, su derrocamiento y la posible desaparición del sistema bolivariano en Venezuela, aislaría todavía más a la camarilla que subsiste y persiste en La Habana. Sólo les quedaría en Suramérica, Gustavo Petro, en Colombia; y Lula da Silva, en Brasil; y cerca de ellos, Claudia Sheinbaum, en México. Es cuando Francisco Santos, ex embajador de Colombia en Washington, describe la situación de los dirigentes herederos de Fidel Castro: “Van detrás de Petro (los norteamericanos), están recopilando información de cómo Chávez y Maduro financiaron a la izquierda colombiana que está en el poder. Pero tengamos presente que el objetivo fundamental de Marco Rubio es Cuba. Si supervive el ‘chavismo’, La Habana consigue que le manden el petróleo que necesita para mantener su economía a flote. De lo contrario, sufrirán apagones de días enteros. El régimen castrista vive la peor crisis de su historia; por eso Sheibaum empezó a enviarle petróleo de manera brutal (!). Sin ese balón de oxígeno, estallaría una revolución. Recuerden que Cuba es importante para la izquierda, porque hace parte de su narrativa romántica, la que afirma que el comunismo da resultado. Y hay gente que lo cree, como Petro, aunque sea un absoluto fracaso.”
Y para el ex diplomático colombiano, Julio Londoño Paredes: “Cuba va a caer por su propio peso y en un breve tiempo. Si yo estuviese en el gobierno de La Habana, estaría muy preocupado. También Gustavo Petro debería dejar de lanzar adjetivos ofensivos y amenazas contra Trump, porque puede correr la misma suerte que Maduro.”
México, el exportador número uno de fentanilo a los Estados Unidos y cuya presidenta, Claudia Sheinbaum, aliada del régimen de Cuba, ha deplorado abiertamente la captura de Nicolás Maduro, está en la “mirilla” del Pentágono estadounidense y Trump ha insinuado que podría atacar esos focos en territorio mexicano, para acabar con los narcotraficantes, una tarea que el gobierno mexicano no realiza ni en mínima instancia y tolera la presencia y actividades de los cárteles de la droga, poderosísimos por demás, herederos naturales de los colombianos, tras la muerte de Pablo Escobar Gaviria.
En un intento de síntesis, retornamos a Venezuela, a lo que ha quedado después de este ataque del comando especial norteamericano y en específico a su ejército que ya demostró su total inoperancia en un caso como el mostrado por los marines tras su incursión en Caracas. Los analistas internacionales consideran que los militares venezolanos se van a mostrar reacios a un cambio de régimen y que éste se produzca rápido, porque, en principio, tienen temor de que queden al descubierto 20 años de corrupción que esta Institución castrense “tiene bajo la alfombra” en la que están parados.
Para el politólogo venezolano, Víctor M. Mijares: “Creo que los militares van a seguir jugando un rol muy importante en toda esta transición. Mi tendencia es a creer que se van a alinear con el poder, como siempre lo han hecho, van a olfatear cuál es el bando que tiene mayor probabilidad de sobrevivir y bajo esa sombra se abrigarán. Estamos ante una situación de estado de sospecha mutua dentro de los círculos ‘chavistas.’ No sé si vaya a aceptar un gobierno tutelado (por USA), pero tampoco sé qué alternativas tendría. Porque clarísimamente no están en posición de establecer o de siquiera, digamos, plantearse tomar ellos el control sin que haya alguna forma de tutela o, al menos, de amenaza por parte de los Estados Unidos, que ahora sí es absolutamente creíble. Ha habido una nueva notificación de alerta por parte de la Agencia Aeronáutica de los Estados Unidos, aunque eso hace parte también de la guerra psicológica y de la amenaza de un segundo golpe (militar). Es una forma de presionar al sector que controla Diosdado Cabello, involucrado también en importantes negocios ilegales.” Explica y concluye el analista.
Y para Supervielle, ex abogado militar que estuvo acreditado en Panamá, un segundo ataque de Estados Unidos a Venezuela, “no me explico cuál sería el objetivo. ¿A quién van a atacar? (…) Eso sí, el ejército de Venezuela estaría indefenso ante él. (Porque) lo que tienen es un equipo viejísimo de la Era soviética y que no lo están manteniendo. En un hipotético futuro ataque, las fuerzas armadas venezolanas no estarían en condición de defenderse (…).”
Para finalizar, lo hecho en estos días en Venezuela ha dejado un amargo sabor en los labios por parte de los Estados Unidos, debido a la permanencia de la dictadura “chavista” en el poder, a la marginación que hizo Trump de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia y a la larga espera de lo que vayan a hacer los narco-dictadores que han asumido el gobierno venezolano tras el rapto de Nicolás Maduro y su mujer. Eso no lo esperaba nadie de parte del siempre díscolo, descentrado e irracional Donald Trump. Lo que ha realizado ha sido solamente un primer capítulo que exige que se “escriba” el segundo, tercero y cuarto capítulo, en los que sabremos que se trata del final de esta dictadura vergonzante, cínica, criminal y narcotraficante. La peor del continente, junto a la cubana.
Delcy Rodríguez y sus dos socios, Diosdado y Padrino, han demostrado que siguen con su odio virulento contra lo estadounidense y es una clara señal de que no desean plegarse a las directrices emitidas por la Casa Blanca. Por ello, tendrá que atacar nuevamente a Caracas y aniquilar o capturar a los tres mafiosos que allí se mantienen. Si no lo hace, Trump quedará en medio de la nada, como el pelele que siempre ha sido, porque con Maduro no basta. Hay que derrocar a todo el régimen, apresar a sus delincuentes y procesarlos de igual modo que Nicolás Maduro será procesado en Nueva York. La historia está inconclusa y nadie desea que continúe así. Porque la inmensa mayoría de habitantes de este planeta queremos a una Venezuela nueva, con nuevos hombres y mujeres, en medio de la mejor democracia posible, su progreso, su dignidad y su libertad, lejos de doctrinas radicales y narcotraficantes vestidos de militares.
Veremos qué pasará en el transcurso de los meses siguientes… Por ahora, nuestra felicidad y esperanza parecen haberse esfumado.
