DEL EDITOR

Mis opiniones a lo largo de más de 35 años en la prensa escrita de Alemania y los Estados Unidos

José Angel Lagos-Jiménez -Editor/Fundador-



WASHINGTON, USA-(Especial para The City Newspaper) Toda la “judería” amiga de Donald Trump, de sus años cuando se desempeñaba como vendedor de propiedades, se la ha llevado a sus dos administraciones al frente del gobierno de los Estados Unidos. El primero de ellos fue Jared Kushner, quien además es su yerno, esposo de Ivanka, quien de política sabía tanto como de viajes interplanetarios; es decir… nada. Por eso no aportó absolutamente nada a los EE.UU durante su estadía en la Casa Blanca, siempre en las espaldas de su suegro Trump.
El problema radica en que esos amiguetes del presidente menos político de cuantos ha habido en USA, quizás son muy efectivos en la venta y compra de propiedades inmuebles, aunque no lo son en el arte de gobernar y mucho menos en los ambientes diplomáticos; y la presencia, en particular, de Steve Witkoff, otro de los tantos judíos omnipresentes en las esferas de influencia de la mayoría de los países, en nada ha ayudado a los Estados Unidos, en concreto en lo que atañe a la pacificación de la guerra en Ucrania. Su desempeño, además de ineficaz, ha sido un entero ridículo y seguidamente analizaremos el por qué.
Se podría decir que la diplomacia es librar otras guerras, pero con elegancia y en los salones de negociaciones de los distintos gobiernos extranjeros. Requiere de buen diálogo, de altura, provenido de personas versadas, cultas, intelectuales, instruidas y comprometidas con las naciones que representan. Además, tienen que ser profundas conocedoras del tema y de la realidad a la cual van a defender y convencer a sus interlocutores. Y justamente este otro judío, Steve Witkoff, el enviado de Trump a Moscú, Bruselas (Capital de la Unión Europea) y Kiev, “es un empresario del ladrillo, amigo personal de Trump desde los años 80 e inexperto en política exterior, seducido por el poder de Putin.” Así según descripción que hace un periodista del afamado e influyente periódico alemán, Die Zeit.
Y es tan admirador del déspota ruso, que apenas entra en los rancios salones del Kremlin, a Witkoff se le cae la mandíbula al ver la magnificencia que data desde las épocas de los Zares, muy trasanteriores; y aún más cuando Vladímir Putin, el causante de esta guerra ruso-ucraniana, se posa delante de él. El judío se siente maravillado e instantáneamente seducido. Es “un amateur con exceso de confianza,” vuelve a describirlo el diario alemán.
Su nombre completo es Steven Charles Witkoff. Nació en Nueva York (lo mismo que Donald Trump), el 15 de marzo de 1957; es un inversor y propietario inmobiliario, quien tiene su sede para sus negocios en esta misma ciudad. Su entorno familiar es enteramente judío, perteneciente al Bronx. Witkoff se crió en Baldwin Harbor y en Old Westbury, Nueva York. Sus padres fueron Martin y Lois Witkoff. Su padre era fabricante de abrigos de señora. El hijo, Steve, acudió a la Universidad de Hofstra, donde se graduó de abogado y pasó a trabajar en el bufete especializado en derecho inmobiliario, llamado Dreyer & Traub, donde uno de sus clientes era nada menos que Donald Trump. Y es aquí donde comienza la historia que queremos desentrañar y narrar en este reportaje.
Hoy, Steve Witkoff tiene 68 años de edad y una fortuna estimada en más de US$2,000 millones, más los conflictos de intereses que posee por todas partes. Y reiteramos: en el ambiente de la diplomacia “da palos de ciego”, pues el individuo es un completo ignorante de la negociación a niveles gubernamentales y lo es más cuando se trata del delicadísimo asunto de pacificar a dos países en guerra (y uno de ellos es Rusia precisamente, gobernado por el inescrupuloso tirano, Vladímir Putin). En todo caso, es el “enviado especial” de su amigo Donald Trump (el mayor improvisado en el poder de los Estados Unidos, como hemos asegurado hasta el cansancio en otros reportajes de esta índole), para Oriente Próximo y para todo lo que surja alrededor del planeta y donde la Casa Blanca se crea con el derecho de meter allí sus manos.
Este sujeto no tiene ninguna formación o experiencia en política exterior; pero que, a pesar de esa increíble falencia, ya se ha reunido con el voraz, falso, mentiroso, engañista y manipulador Putin y como era esperable, el ruso lo ha seducido en el primer instante con su retórica y sus falsedades. Y con esa misma falencia en lo que atañe a los avatares de la diplomacia, ha viajado varias ocasiones hasta Oriente Próximo para reunirse con el impresionante criminal del pueblo palestino, su congénere Benjamín Netanyahu, a quien le ofreció construir un resort ideado por el también hebreo, Jared Kushner, después de desplazar a la población de Gaza (a más de dos millones de personas) hacia las naciones vecinas y arrebatarles sus tierras, su país. Ese es Steve Witkoff. Quien también se ha reunido con “los pesos pesados” del mundo árabe y grupos terroristas, para tratar de “convencerlos (?)”…
No podemos negar, empero, que Donald Trump es “un buen amigo” cuando lo es… ya que nunca se olvidó de su colega Witkoff en esto de los bienes raíces y le ha dado un poder parecido al del descendiente de cubanos y actual secretario de Estado (equivalente a ministro de Exteriores), Marco Rubio. Es fácil imaginarse el razonamiento torcido de Trump quien, con toda seguridad, pensó: “si es bueno para vender casas, lo será para participar en todo problema que aparezca alrededor del mundo.” Pero el problema yace en que el “vende-casas” es un fiasco, un verdadero fraude negociando con los “tiburones” de la especie de Putin y Serguei Lavrov, ambos en la cúspide de la dictadura de Rusia. En el pasado y durante su primera “administración” (nótense las comillas), Trump nombró a otros dos amiguetes suyos, conocidos años atrás, llamados Rex Tillerson, Mark Esper y Mike Pompeo. Este último, el obeso ex secretario de Estado, fue el que devolvió el poder en Afganistán a los talibanes, acabando de plano y radicalmente con la democracia insipiente que estaba asentándose y floreciendo en aquel país centro-asiático. Una traición de las más funestas y de colosales dimensiones de nuestro tiempo y que prácticamente ha sido olvidada, a pesar de que el tiempo transcurrido ha sido poco, en efecto.
¿Pero en qué lugar ha quedado Marco Rubio con el nombramiento e injerencia de Steve Witkoff? Según “el guión” que tiene asignado este hijo de cubanos, es el responsable de la diplomacia de los Estados Unidos a nivel global; aunque en la realidad evidente y tangible, a Rubio sólo es posible verle en las Capitales de Europa y Asia y alejado de Moscú, El Cairo, Tel Aviv, Estambul y Riad, donde sátrapas como Netanyahu y Putin, prefieren dialogar con Witkoff, que con Marco Rubio, ya que el judío es enteramente manipulable y lo utilizan para que transmita los mensajes que los déspotas quieren que Trump escuche y conozca. De hecho, consideran al amiguete del presidente de los Estados Unidos, “secretario de Estado en la sombra”, pues el titular sigue siendo Rubio, pero… ¿Por cuánto tiempo, antes de ser destituido y nombrado Witkoff allí mismo? Además, pesa el hecho de que el hijo de cubanos fue un rival proselitista de Donald Trump en las primarias del Partido Republicano, a quien, en aquellos momentos de lucha electoral, Rubio insultó y despreció de manera bastante humillante. ¿Lo habrá olvidado u obviado Trump? No estamos seguros, puesto que el obeso mandatario de los Estados Unidos rara vez olvida a sus detractores y suele actuar en consecuencia en contra de ellos, tarde o temprano. Por el contrario, Witkoff ha sido amigo de Trump por más de 40 años, compañeros en torneos de golf, incluso jugaban juntos el día cuando fue detenido un hombre que estaba agazapado en la maleza que rodeaba al campo de golf, armado con un fusil, quizás dispuesto a dar “de baja” al hoy presidente. De hecho, Trump aprecia al judío, lo respeta y comparte con él varios intereses como la venta y compra de propiedades inmuebles y posiblemente otros asuntos que no son tan transparentes y dignos de ser sacados a la luz pública y que desconocemos, pero sospechamos… Y a manera de “plus”, ambos son neoyorquinos y comparten una amistad que se hizo más estrecha y firme en 1986, durante las negociaciones maratonianas de una operación inmobiliaria.
Incluso, hay una anécdota que vivieron y fue cuando Witkoff, quien era socio del bufete de abogados Dreyer & Traub, fue por comida a un local abierto los 24 horas, en la calle 39 Este y “rescató” a Donald Trump, quien se hallaba allí hambriento y sin efectivo. “Le pedí un bocadillo de jamón y queso suizo”, dijo Trump de su amigo hace dos años en un Tribunal de Nueva York, en uno de los juicios que tuvo que enfrentar el hoy mandatario, por fraude contra la Hacienda pública. Aquel gesto de parte del hebreo, fue el principio y el fundamento de la amistad que ahora sostienen y que se ha extendido hasta Moscú y otras Capitales mundiales, debido al nombramiento que Trump hizo de su amigo en la diplomacia de los Estados Unidos.
Además de lo que ya hemos descrito, las semejanzas en las personalidades, las actividades laborales pasadas y presentes, los intereses diversos, su pasión por el golf y los negocios, actúan como acicate en esta amistad entre los dos. Y para partir de un aspecto, Donald Trump cree fervientemente que, tanto él como sus familiares y amigos, son los únicos cualificados para resolver los problemas que aquejan al mundo a diario y ni los diplomáticos de carrera, ni los políticos tradicionales, están capacitados para tales menesteres: “Sólo los empresarios son los que entienden el arte del acuerdo”, piensa y ha dicho Trump en repetidas oportunidades.
Un dato que es importante resaltar, fue el momento cuando Trump convenció a Witkoff para que se especializara en derecho inmobiliario y se pasara a la promoción. También le impulsó para que creara su propia empresa, el Grupo Witkoff, que ha llegado, desde entonces, a ser propietario de inmuebles en Nueva York, entre los que destacan el Hotel Park Lane y el edificio Woolworth. Así mismo, familiares de ambos comparten negocios; por ejemplo, la ex esposa de Witkoff, Lauren Rappoport y sus hijos Zach y Alex, tienen controvertidos negocios en criptomonedas en común, con los hijos del mandatario de USA.
Es evidente que los lazos entre los dos son muy fuertes y datan desde décadas atrás; por ello, quienes se oponen a la presencia del judío en los asuntos internacionales de los Estados Unidos, prefieren hacerse a un lado o callar, pues “desatar” lo que Trump y su amigo tienen “amarrado” es casi imposible de lograr. “El lazo personal con el presidente, es muy fuerte en ambas direcciones”, dijo una persona que los conoce sobradamente. Una prueba de lo que afirmamos se dio en la Convención Nacional Republicana, de julio del 2024, cuando Steve Witkoff manifestó de Trump que es “un verdadero y querido amigo durante muchos años, en los buenos y malos momentos.” Recordó la muerte de uno de sus hijos a causa de una sobredosis de sustancias prohibidas, en el 2011, y Trump estuvo allí para consolar al padre devastado por la trágica situación.
En respuesta, Witkoff ha sido incondicional, completamente leal al mandatario y ha estado a su lado durante los divorcios de éste; las bancarrotas, los distintos juicios en los que ha sido imputado y se mantuvo leal antes, durante y después del asalto a El Capitolio, orquestado por Trump al final de su primera administración y que parecía iba a ser su caída en desgracia. Es por todo ello que Susie Wiles, jefa de Gabinete de la Casa Blanca, ha dicho: “el presidente trata a Witkoff como alguien casi de la familia. Una persona como Donald Trump tiene muchísimos conocidos, demasiados para siquiera nombrarlos o contarlos. Tiene muy pocos amigos de verdad, fuera de su familia y Steve es el primus inter pares de ellos.”
Quienes le conocen, lo describen como un individuo lleno de confianza en sí mismo; de ahí que después de las elecciones de noviembre del 2024, durante una comida, él mismo le dijo a su amigo Trump que podría ser el enviado presidencial a Oriente Próximo y resaltó los nexos suyos con la región, en específico y en el fondo, se refería a las inversiones que tiene en los países del golfo y cuyos gobiernos en alguna ocasión lo rescataron en el pasado de fallidas operaciones comerciales. Fue así como el presidente de USA lo nombró en el puesto que le había dado a su yerno, también judío, Yared Kushner, durante su primer mandato y que fue un total anodino, “un bueno para nada” en un cargo que le quedó enorme, grandísimo, al esposo de Ivanka Trump, el cargo, a la postre, más importante que Yared haya tenido en toda su vida, además de ser el compañero gris, desteñido, insípido e inmóvil como una momia egipcia (sin vida), al lado de la bella mujer. Witkoff narró tiempo después: “Y Donald me miró y dijo: ‘bueno, un millón de personas lo han intentado. Elijamos a un buen tipo que sea inteligente.’” Lo cierto es que tampoco éste ha logrado nada a favor de la paz en aquella zona candente del mundo.
Otros puntos en común que tiene con el mandatario actual de los estadounidenses, se basa en los objetivos que tiene trazados, en las promesas grandilocuentes y el mismo exceso de confianza que transpira Trump; aunque el estilo del enviado especial para Rusia y Oriente Próximo es claramente más discreto; tampoco levanta la voz, aunque en el fondo el mensaje es el mismo de su jefe. Tampoco habla otros idiomas aparte del inglés, no tiene ninguna experiencia en política exterior (daba pena verlo en la última reunión en el Kremlin, sentado al lado de Kushner, dos judíos hambrientos de baratijas de oro, “arrollados” literalmente por la destreza plena de engaños que practica Putin con los representantes de la Casa Blanca); no maneja los códigos, los matices y sensibilidades del arte de la diplomacia; no entiende la cultura, la historia y las tradiciones de los gobiernos o las organizaciones con las que tiene que tratar y da la impresión de que esas carencias no tienen importancia para él. En parte porque ha asegurado en entrevistas que, para las negociaciones de paz, él sigue su instinto, se fía de su intuición y su historial de éxito en operaciones inmobiliarias (!). ¡Habrase visto tal desparpajo! Porque la paz mundial depende de un tipo con ese pensamiento, esas afirmaciones y ese proceder cada vez que se enfrenta con los asesinos (Putin y Netanyahu, los ejemplos más diáfanos y actuales) que están incendiando a regiones importantes de la Tierra. Es decir, con la misma óptica y procedimiento con las cuales ha vendido y comprado casas y edificios en los Estados Unidos, así, del mismo modo, trata de detener guerras causadas por dos de los criminales más significativos de la actualidad y de la historia reciente.
Y para colmo de su estupidez, ha rematado las anteriores declaraciones al decir que “he leído muchos libros (?) y visto documentales en Netflix, sobre conflictos mundiales” y ha llegado a la conclusión que ser un outsider, alguien ajeno al pasado, es la mayor ventaja en las relaciones político/internacionales y “puedo aprovechar la falta de experiencia y triunfar donde los profesionales han fracasado.” Algo similar ha pensado y dicho su amigo Donald Trump en relación con la política interna de los Estados Unidos; es decir, él podía ser presidente de la nación sin importar que viniera de dos mundos distintos: de los concursos de belleza (el Miss Universo) y de la venta de propiedades. Pero su impericia se notó en el primer gobierno, uno de los más desastrosos en el devenir de los Estados Unidos.
Esa falta de conocimiento en Steve Witkoff, la falta de roce diplomático y el desconocimiento de todo aquello que se tiene que saber para desenvolverse con agilidad y propiedad ante los dignatarios extranjeros, hace que, en cada encuentro con Vladímir Putin, éste se burle de él, finja que le escucha, que le comprende; pero al final y en medio de una sonrisa socarrona, le dice que “la paz se puede lograr en Ucrania, pero hay que trabajar todavía muy duro para alcanzarla.” Y Witkoff se emociona, le cree, se ilusiona como un quinceañero y regresa a Washington con el rostro que denota una felicidad propia de un jovencito inmaduro, que cree en las palabras vacías que a ningún resultado positivo llevan. Este emisario de Trump no ha comprendido que la paz está en las manos del bando ruso, que tan sólo con detener los ataques a Ucrania y decir que desea el final de las hostilidades, la paz podría echar a andar. Putin lo sabe, pero no quiere pacificar a la región, porque están en juego su prestigio (?), por lo menos de cara al pueblo ruso, su permanencia en el poder y el poco respeto que algunos, de quienes le rodean en el Kremlin, fingen o le tienen todavía con cierto grado de honestidad.
Es cuando el redactor del periódico alemán Die Zeit ha escrito en torno a este caso: “La realidad es muy distinta. Es un aficionado que no entiende a menudo la gravedad de lo que ocurre, que simplifica y relativiza de forma dramática, que se apoya en falsedades (especialmente en el caso del Este de Ucrania, con las regiones invadidas por el ejército ruso), y que se centra en el resultado del que poder presumir, sean cuales sean las consecuencias o víctimas.” Incluso Witkoff es tan estúpido que utiliza con absoluta irresponsabilidad teléfonos móviles privados y no encriptados para hacer llamadas o enviar mensajes en grupos de mensajería que están expuestos. Es por ello que el espionaje ruso ya debe tener todas esas comunicaciones en sus archivos y se ha reído de tal estupidez, inexperiencia y falta de sentido común.
Además, trabaja con un equipo muy pequeño, media docena de personas, no cobra por su trabajo y, a menudo, paga él los viajes en su propio avión privado, lo cual le resta seriedad a la importancia de su misión, cual es pacificar dos regiones que se desangran en el cotidiano y cuyas guerras no ven el final, ni remotamente siquiera. Es cuando el mismo rotativo alemán cita: “(es) un ‘jinete solitario’, desorganizado, que improvisa constantemente, con oficinas a medio camino entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado; y se hace acompañar en sus viajes por su novia, Lauren Olaya, una ex golfista profesional,” a quien, seguramente, le cuenta hasta lo más privado de sus conversaciones con Putin (acordémonos de Marilyn Monroe, en quien los hermanos Kennedy, John y Robert, descargaban secretos de Estado y a quien tuvieron que mandar a asesinar para evitar que los divulgara).
Como consecuencia de ese proceder, Witkoff sólo rinde cuentas ante su amigo Donald Trump, con una autonomía casi absoluta. Para nada piensa ni intercambia sus experiencias recientes recogidas en sus reuniones con Putin, con el secretario de Estado Marco Rubio, quien, en el papel, es el que debería conocer los pormenores de esas citas y actuar consecuentemente, pues es el jefe aparentemente indiscutido de la diplomacia estadounidense. Resulta, en tal caso, que Rubio es el último en enterarse y muy posiblemente lo haga por medio de la prensa, de los periódicos que le dejan en su oficina o en la puerta de su casa cada mañana.
Además, los conflictos de intereses dentro de los que se mueve este “enviado especial” de Trump, son abrumadores. Por ejemplo, hace algunos años atrás, Witkoff quedó atrapado por un escándalo con un estafador de origen malayo, con un hotel que no lograba vender y los Bancos estaban presionándolo para que devolviera el préstamo que había usado para compralo. Fue cuando se movió con fondos árabes, específicamente el dinero que le cedió Qatar, cuyo gobierno “le sacó las castañas del fuego”, interesado en sus vínculos con Donald Trump; lo cual significó que el nombre del presidente de los Estados Unidos pesó demasiado para que actuara como garantía y le cedieran el dinero para cancelar al Banco. Paralelamente, su hijo Alex, quien viaja casi siempre con él en el mismo avión privado, hace negocios con los árabes, mientras su padre “intenta” conseguir una paz que siempre le es evasiva, precisamente porque no sabe absolutamente nada del arte de la negociación diplomática.
¿Y cuáles son las actitudes de Vladímir Putin cuando este sujeto llega a Moscú para, supuestamente, negociar el final de la guerra en Ucrania? Quienes conocen al tirano ruso coinciden al decir que la principal actitud que manifiesta ante la llegada de Witkoff es de burla, de cinismo, sarcasmo, velada grosería. Incluso, las fotografías de estos encuentros muestran a un Putin relajado, con una sonrisa socarrona mundialmente reconocida y que esboza ante Donald Trump y ahora ante su “enviado especial”. Y se siente todavía más divertido cuando está en compañía de Serguei Lavrov, un verdadero “halcón” de la política internacional, como lo es este, su ministro de Exteriores, alguien que se maneja en el panorama planetario de la diplomacia como un verdadero “depredador” en su elemento.
El periódico alemán Die Zeit describe como nadie estas situaciones cuando Witkoff arriba al Kremlin: “Putin se ha burlado una y otra vez de él. Lo hace esperar durante horas cuando va a Moscú, le dice lo que quiere oír y sus asesores han creado un vínculo fuerte. Y efectivo. Tras cada viaje, Witkoff vuelve a Washington haciendo suyas las propuestas del Kremlin, diciendo sin reparo ante las cámaras cómo respeta y confía en Putin. Y asesora en privado (según se escuchó la semana pasada en la filtración de una llamada) a los rusos, sobre la mejor manera de seducir al presidente de Estados Unidos.” Esto último es un punto que a Putin le llama particular y fuertemente la atención, pues, al conocer a Donald Trump de labios de su amigo Steve Witkoff, puede “jugar” mejor con su voluntad y burlarse también de él; y esto último gracias a las infidencias que comete el “enviado especial.”
También, al regresar a la Casa Blanca, cargado de emociones positivas (engañado por Putin para ser más precisos), Witkoff ha dicho a los periodistas, especialmente al sagaz y perspicaz Tucker Carlson: “Me gusta Putin, no es un mal tipo.”
Por su lado, Volodimir Zelenski, presidente de Ucrania, ha opinado así de Witkoff: “Creo que el señor Witkoff ha adoptado la estrategia del lado ruso. Creo que es muy peligroso porque, consciente o inconscientemente, no lo sé, está difundiendo narrativas rusas.” De tal manera, no es por casualidad por la que el “enviado especial de Washington no va a Kiev, Capital ucraniana; ni permite que Marco Rubio vaya a Moscú. Sólo acude él al Kremlin o en la última oportunidad, que se hizo acompañar de otro zoquete en el caso del yerno de Trump, Yared Kushner, quien sabe tanto de diplomacia y política como un marrano del mundo científico o de la física cuántica. En este punto, es muy posible que Witkoff esté trabajando en su propio beneficio, al observar la oportunidad de hacer negocios inmobiliarios en Rusia, como ya lo intentó en la Franja de Gaza, donde ha querido hacer una nueva Riviera.
Sin embargo, es posible que él mismo sepa que lo que está haciendo es una verdadera “chapuza” que no lleva a ninguna parte, mucho menos a la pacificación de una guerra hartamente complicada y que está en un lapso de entrabamiento, precisamente porque Witkoff es un incauto, un analfabeto en cuestiones de diplomacia y porque, principalmente, Vladímir Putin, sabe lo que se está jugando si pide la paz y si llegase a perder el Donbáss y regiones adyacentes, que son las que exige a diario para detener el conflicto.
Indudablemente Trump se equivocó al nombrar primero a su yerno Kushner, encargado de pacificar a las regiones candentes del mundo; y ahora a Steve Kitkoff, dos corredores de bienes raíces que sólo piensan en dinero y las vidas humanas, así como la destrucción de ciudades, cultivos y la libertad de los pueblos atacados, les importa un comino, más todavía si eso no les genera ganancias económicas, que es lo realmente relevante para estos dos miembros del “pueblo elegido” y que pululan alrededor del presidente de los Estados Unidos, alguien que piensa igual a estos dos: distorsionadamente.
WASHINGTON D.C., USA-(Especial para The City Newspaper) El doble rasero, ni siquiera “doble moral”, pues incluir la palabra “moral” sería, además de impreciso… una degradación del término. Y decimos doble rasero porque observamos las políticas de los Estados Unidos con respecto al resto del mundo y notamos la forma como señalan a los delincuentes, en especial a los narcotraficantes, piden las extradiciones con vehemencia y filman a los aviones cuando los reciben para ser llevados a las cárceles estadounidenses en un alarde de “justicia” implacable (supuestamente), que existe para que las sociedades sean limpiadas y reivindicadas; pero tienen en el poder actualmente –y aquí radica la “paradoja de paradojas”-, al peor delincuente posible y que los jueces y fiscales simple y descaradamente no quisieron meter en prisión y el pueblo se unió a esa lamentable decisión y llevaron a ese gamberro nuevamente a la presidencia del país. Por supuesto, nos referimos a Donald Trump, quien hizo, a lo largo de su vida, los méritos necesarios para ganarse una larga estadía, quizás cadena perpetua, en una penitenciaría de esta nación.
Lo anterior quiere decir que a la “justicia” (nótense las comillas), de los Estados Unidos le gusta mirar hacia los gobiernos y pueblos exógenos, pero al propio le permite toda clase de excesos delincuenciales y le permite a su mandatario, Donald Trump, una serie de delitos de “gran calado”, de la manera más infame, inmoral y grotesca que se puede ver en un sistema judicial que se jacta de su supuesto e inquebrantable accionar en la aplicación de la justicia.
Además, a Trump se le permite decir y hacer cualquier acto deshonesto y hasta criminal que a él se le ocurre durante el paso de los días y los estadounidenses sencillos, esos que le dieron sus votos para sentarlo nuevamente en la Casa Blanca, todo ese desbarajuste les tiene sin cuidado, portándose de la manera más indiferente posible. Ciertamente en esto se cumple aquello de que “cada pueblo tiene realmente a los gobernantes que se merecen” y que se apegan fielmente al libreto que esos mismos ciudadanos piden y necesitan en su psiquis general.
Donald Trump, además de todas sus falencias, es un delincuente. Un violador de mujeres comprobado, un evasor de impuestos a la Hacienda de los Estados Unidos, un ladrón de documentos de Estado (la enorme cantidad de cajas que se llevó a su mansión de Mar-a-Lago, cuando finalizó su primer mandato); y en el caso que nos ocupa, ha sido un pederasta consumado, amigo de un suicida, quien se quitó la vida a sabiendas de que lo iban a meter a prisión por el resto de su sucia vida, como fue el judío Jeffrey Epstein, quien invitaba a sus amigos, entre quienes estaba en primera fila Donald Trump y el Príncipe Andrew de Inglaterra, para desflorar muchachas muy jóvenes en casos clarísimos de pedofilia, mientras él y sus “socios” disfrutaban de esa inmoralidad flagrante, de la cual hay películas incluso (véase el video de la NBC, en YouTube, en esta dirección: https://www.youtube.com/watch?v=KLcfpU2cubo), donde aparece clarísimamente Trump, pavoneándose con las niñas y conversando con el pederasta hebreo, en una de las mansiones de éste. Hoy, a pesar del suicidio de Epstein, la sombra, el fantasma de este individuo, sigue a Trump; las gentes se lo recuerdan a cada instante y le recuerdan que él está implicado en los folios, en los papeles acusatorios que maneja el FBI. Una vergüenza con todas sus letras, más aun cuando él es el presidente de los Estados Unidos, pero él sabe que la mal llamada “justicia” de su país a él nunca lo tocará, nunca lo encarcelará y hasta le tienen un puesto elevadísimo en la historia de esta nación, porque, entre otras sinrazones, él representa a la idiosincrasia del estadounidense común y corriente, al que le gusta revolcarse también en la inmoralidad.
Si hay alguien que le recuerda constantemente a Trump sus deslices delincuenciales, ese es su ex amigo, el multimillonario surafricano Elon Musk, quien, en medio de sus fuertes discusiones con el obtuso presidente de USA, le recuerda su paso “sostenido” y casi permanente al lado del judío Epstein, especialista en crear redes para la explotación sexual de jovencitas.
Musk aseveró que iba a soltar una “bomba” informativa acerca de su ahora enemigo Trump, al vincularlo con el fallecido financiero (millonario también), Jeffrey Epstein, acusado y encarcelado en Nueva York por tráfico sexual de menores, a quienes prostituía con sus amigos poderosos y acaudalados. “Donald Trump está en los archivos de Epstein (y también en videos de la NBC, como hemos consignado en las líneas anteriores de este mismo reportaje). Esa es la verdadera razón por la que no se han hecho públicos”, por parte del sistema judicial estadounidense, muy ágil y eficiente en otros delitos, pero en el caso de su presidente, omite referirse a los hechos incluso. Musk fue más allá al publicar en su cuenta en la red social X -que le pertenece dicho sea de paso-, el famoso video en el que Trump aparece en una fiesta con el pedófilo, en 1992. Aun así, con estas evidencias innegables, el mandatario niega a pies juntillas que tuviera alguna relación con el pederasta y así lo escribió recientemente: “Nunca estuve en el avión de Epstein, ni en su estúpida isla (el judío había comprado un islote donde construyó una mansión y donde llevaba a las niñas para desflorarlas sexualmente).”
Aquí, en este trazo preciso, es oportuno recordar que Jeffrey Edward Epstein nació en Brooklyn, el 20 de enero de 1953 y se quitó la vida en su celda del Centro Correccional Metropolitano de Manhattan, en Nueva York, el 10 de agosto del 2019, donde esperaba para ser juzgado por cargos federales de tráfico sexual de menores. De su fortuna, diremos que amasó su capital mediante inversiones, después de haber trabajado en el Banco de inversión Bear Steams, del que fue despedido y decidió fundar su propia firma de gestión financiera, con la que atrajo a clientes multimillonarios de ese país. Sus cuentas bancarias fueron creciendo considerablemente y construyó una red de relaciones con enorme influencia política y social, donde conoció a figuras prominentes de la política, la economía, la Realeza británica y del espectáculo estadounidense, entre quienes, innegablemente, estaba Donald Trump.
En el 2005 se le comenzó a investigar por parte del FBI por sus delitos sexuales comprobados contra menores de edad; y en el 2008, logró un controvertido acuerdo judicial que le permitió evitar los cargos federales, a cambio de una condena leve por prostitución. Por supuesto su dinero, el pago que posiblemente hizo en grandes cantidades y sus influencias dentro de las Cortes de USA, le ayudaron para no ingresar a prisión en esa oportunidad. Pero en el 2019 fue arrestado nuevamente por tráfico sexual de menores, cuando varias jovencitas que él había engañado e introducido en el sórdido mundo de la pornografía, declararon sus nefastas experiencias en las mansiones del pederasta de raza judía. Gracias al movimiento Mee To, esas mujeres tomaron valor y comenzaron a narrar sus funestas incidencias personales. Señalaron con toda claridad a la pareja de Epstein, llamada Ghislain Maxwell, una inglesa proveniente de una familia acaudalada, quien le buscaba las jovencitas (casi niñas) a Epstein, las convencía al decirles que les iban a dar trabajo bien remunerado y el ingreso a buenas Universidades y se aparecía en las mansiones del inversionista con ellas, para ser abusadas sexualmente. “Muchas veces Ghislain participaba, en tríos, junto a Jeffrey y la niña,” ventiló una de ellas en la Corte. Hoy, Maxwell se encuentra en una prisión de los Estados Unidos.
Acerca de los orígenes de Jeffrey Epstein, es oportuno decir que es hijo de padres judíos. Su madre, Pauline Stolofsky (1918-2004); y su padre Seymour G. Epstein (1916-1991), se casaron en 1952. Ella trabajó de ayudante escolar y fue ama de casa el resto de su vida; y su padre laboró para el New York City Department of Parks and Recreation, como jardinero. A juzgar por las actividades de sus ancestros, observamos que “la cuna” de Jeffrey Epstein fue humilde, pero él decidió y pudo amasar la inmensa fortuna que se le conoció, muy probablemente para no pasar privaciones económicas. Él es el mayor de dos hijos. Su hermano se llama Mark y crecieron en el vecindario de clase media de Sea Gate, en Coney Island, Brooklyn.
Su paso por colegios y Universidades no fue el mejor y no llegó a graduarse absolutamente en ninguna carrera profesional; aun así, en 1974, trabajó como profesor de física y matemáticas para adolescentes, en la exclusiva escuela privada Dalton School, del Upper East Side de Manhattan, a pesar de su falta de credenciales académicas. Ya en aquella época demostró un comportamiento inapropiado hacia los estudiantes menores de edad y por ese motivo fue despedido. Alan Greenberg, director ejecutivo de Bear Stearns, cuyos hijos fueron alumnos de Epstein, le dio trabajo en su compañía. Por aquellos años, conoció también a la pareja Clinton e, incluso, Epstein llegó a ser cofundador de la Fundación Clinton. Bill, el ex presidente de USA, aparece también en los papeles de Epstein y es señalado como uno más de los participantes en las orgías del judío.
En 1981 fundó la firma consultora Intercontinental Assets Group, con la que atrajo a varios clientes millonarios; y más tarde fundó una empresa de gestión financiera, que incluía al CEO de la empresa de lencería Victoria’s Secret, a manera de cliente. Durante la década del 2000, Epstein continuó invirtiendo millones de dólares en distintos fondos. El resto de su actividad financiera y el derrotero de su vida, es historia hartamente conocida.
El suicidio en su celda en Manhattan se dio un día después de que se revelaron documentos judiciales que implicaban, a manera de cómplices suyos, a numerosas personas influyentes, donde aparecen el Príncipe Andrew, el inversionista multimillonario Glenn Dubin, el exgobernador de Nuevo México, Bill Richardson, Bill Clinton y por supuesto, nuestro obtuso personaje de esta ocasión, Donald Trump, entre muchos otros más. Todos ellos disfrutaron de la “hospitalidad” de este sujeto que entendió, equivocadamente, que el disfrute de la vida se tenía que basar en el engaño y el abuso a jóvenes muchachas, muy jóvenes por supuesto.
El Departamento de Justicia de los Estados Unidos, un día antes de su suicidio, decíamos, hizo público un conjunto de materiales relacionados con el caso, que incluye una serie de pruebas importantes, como imágenes de mujeres muy jóvenes desnudas, camillas de masaje y juguetes sexuales. Y es aquí, en este preciso punto, donde aparece la fiscal general de la nación, Pamela Bondi, quien se abstiene actualmente de publicar el resto de los archivos de Epstein. Es cuando Elon Musk asevera que no lo hace por una presunta y posible amenaza de Donald Trump, para que no lo haga, pues él aparece justamente en esos folios acusatorios. Varios congresistas presionan a esta mujer para que proceda como lo demanda la ley y, también, le exigen que confiese si Trump ha intervenido directa o indirectamente, para que no se proceda a la susodicha desclasificación.
Musk, en medio de su enojo contra Trump, repite una y otra vez que el presidente está en los archivos de Epstein, lo cual indica que participó en las orgías que el magnate judío realizaba continuamente en sus mansiones e isla privada. Así mismo, el surafricano afirmó en los últimos días que Steve Bannon, ex asesor de Donald Trump en su primer gobierno, está también vinculado con Jeffrey Epstein. “Bannon (archienemigo de Musk y a quien amenazó con sacar a patadas al dueño de Tesla de la Casa Blanca), aparece en los archivos de Epstein.” Denunció en su cuenta de X. Bannon sólo ha optado por el silencio como única arma de defensa. Y es que Bannon “se lo buscó”, porque en fechas recién idas, atacó a Musk y le acusó de injerencia en la política interna de los Estados Unidos por su condición de extranjero y exigió su inmediata deportación. El ex asesor se enfadó profundamente porque el surafricano anunció la creación de un nuevo movimiento político, al que ha llamado Partido América, para competir contra el bipartidismo que existe en los Estados Unidos.
Ha llamado la atención “de los focos” de la prensa estadounidense, esta mujer que ostenta el cargo de fiscal general de la nación. Se llama Pamela “Pam” Bondi. Y ha dado una respuesta nada clara acerca del caso Epstein, concretamente sobre el material incriminatorio que ella tiene que desclasificar por órdenes de la ley vigente. Dijo que la supuesta lista de clientes y amigos de Jeffrey Epstein, de la que ella misma había hablado en febrero de este mismo año (2025), que estaba en su escritorio esperando para ser revisada, “no existe”. Dijo hace pocas fechas, dejando boquiabierto al público en general que ha seguido el caso, periodistas, jueces, víctimas del judío y abogados defensores de esas víctimas. “No existe” la lista. Repitió junto al presidente Trump, en una rueda de prensa hace pocos días, en Washington. Añadió ante la pregunta insistente de un periodista que “en aquel momento me referí al expediente del caso Epstein en general, junto a otros más y no a una lista específica de clientes.” Es evidente entonces, que esta mujer quiere “sacarle las castañas del fuego” a Donald Trump, no implicarlo en modo alguno, mentir al aseverar que el mandatario nunca conoció al judío pederasta, pero los videos y fotografías que circulan por las redes sociales y por la cadena NBC, señalan otras situaciones muy distintas, donde se ve al presidente muy contento, disfrutando de la compañía de las mujeres jóvenes que Epstein compartía con sus amigos poderosos.
“En febrero di una entrevista en Fox. Recibió mucha atención, porque me preguntaron sobre la lista de clientes. Y mi respuesta fue: ‘la tengo en mi escritorio, esperando revisarla.’ Me refería al documento, junto con los documentos sobre John F, Kennedy y Martin Luther King, también. A eso me refería.” Afirmó la fiscal y añadió seguidamente: “los archivos sobre el caso terminaron por ser miles de videos de pornografía infantil, que jamás verán la luz del día (?).” En otras palabras más claras y directas, ella no quiere que la opinión pública conozca que “alguien” en particular aparece en esos films…
En otro aparte de la comparecencia suya ante la prensa, al lado de Trump, se le preguntó por qué faltaba un minuto entero en la grabación de casi 11 horas que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos difundió para sustentar que Epstein se había suicidado. Y la fiscal Bondi, haciendo gala de un impresionante autocontrol, una indiferencia glacial inusitada y un despiste desconsiderado hacia la prensa y el pueblo estadounidense al que se debe como funcionaria, contestó que “se debió a un defecto de la grabadora, porque es muy vieja. Como de 1999.” Y con esa explicación pueril y banal, dio por terminada la conferencia de prensa, con un Donald Trump satisfecho y respirando tranquilo después de escucharla.
Un día después, John Kiriakou, ex oficial de la CIA, manifestó en otra entrevista para la cadena de televisión Fox News, que la inteligencia de los Estados Unidos podría haber destruido todos los documentos sobre el caso Epstein y afirmó que “la CIA y el FBI ya anteriormente han destruido información sobre casos importantes.”
Todo lo anterior son sólo “cabos sueltos”, eslabones de una cadena que alguien se opone, se niega vehemente y apuradamente porque no se unan unos detrás de otros, pues la historia que podría darse a conocer le podrían afectar profundamente. Pero todos sabemos quién es Donald Trump, lo que ha hecho en contra de las mujeres, principalmente, y ha sido tan deshonesto y sucio en su proceder, que su aparición en las listas de Epstein no ha sorprendido a nadie; pero es necesario que quede constancia nítida, apabullante y no contradictoria sobre su participación en las fiestas plenas de sadismo y vulgaridad en las que él, Bill Clinton y el Príncipe Andrew, a quien su madre, la fallecida Reina Isabel II, pagó millones de dólares a una de las víctimas para que no lo llevara a los tribunales (específicamente a Virginia Giuffre, de quien escribiremos más adelante), y otros personajes más, aparecen gozando de la vida a costa del abuso contra jovencitas menores de edad. Uno de los delitos más graves que contempla la ley estadounidense.
Retornando a Jeffrey Epstein, el pedófilo que se suicidó en su celda antes de ser llevado ante el juez que vería su caso, hemos de decir que en marzo del 2005, una niña de 14 años se convirtió en la primera víctima menor de edad que acusó formalmente a este sujeto, por abusarla sexualmente. Indicó que el incidente se dio en su mansión de Palm Beach y, de acuerdo a las investigaciones que se efectuaron, fue llevada por otra adolescente “para darle un masaje al financiero a cambio de dinero”; pero nunca se le explicó que dicho masaje incluía la entrega sexual por parte de ella. Fue así como el engaño se produjo de parte del judío cuando procedió a desflorarla o arrebatarle su virginidad.
En el 2019, la Fiscalía de USA, del Distrito Sur de Nueva York, divulgó el siguiente comunicado: “Desde al menos 2002 hasta al menos 2005, Jeffrey Epstein atrajo, reclutó e hizo que decenas de menores de edad fueran atraídas a su mansión en Nueva York y a su finca en Palm Beach, Florida, para que participaran en actos sexuales con él, tras lo cual les entregaba cientos de dólares en efectivo. Para mantener y aumentar su número de víctimas, Epstein también pagaba a ciertas víctimas para que reclutaran a otras menores de edad de las que pudiera abusar de forma similar. De esta manera, Epstein creó una vasta red de víctimas menores de edad para explotarlas sexualmente, a menudo a diario, en lugares como Nueva York y Palm Beach.”
Fue una de las víctimas más conocidas de los abusos sexuales del financiero Jeffrey Epstein; una mujer quien decidió acabar también con su vida, cometiendo suicidio en abril pasado, a sus 41 años de edad, en una localidad rural de Australia Occidental, de acuerdo a un reportaje aparecido en el periódico británico, The Times.
“Su muerte fue un final terrible para esta historia, pero hay una gran parte que nunca pudo contar. Pudo haber librado batallas con algunos de los hombres más poderosos del mundo como Epstein y el Príncipe Andrew, pero lo que la gente no entendía era que en sus últimos días, la batalla más dura de su vida la libró en casa.” Explicó Amanda Roberts, la esposa del hermano menor de Virginia. Seguidamente, la familia de esta mujer que optó por quitarse la vida, compartió un diario que la víctima escribió a principios de este año, en el que comparte recuerdos ingratos de su matrimonio con Robert Giuffre. Ella se desmoronaba por dentro a medida que su compañero se violentaba cada vez más, debido a que ella se convirtió en el rostro visible de la campaña por llevar a Epstein y sus amigos ante la justicia. Junto al diario, Virginia dejó fotos, mensajes de texto y documentos legales en los que expone que su marido era “abusivo y controlador emocional y físicamente. Cuando más fuerte me volvía yo, más aterrador se convertía él. Incluso trató de impedir que yo defendiera a las víctimas de la trata y en los últimos meses, impedía que yo viera a nuestros tres hijos.” Le acusó también de bebedor de licor y extremadamente celoso con ella.
Virginia Giuffre recibió millones de dólares a lo largo de los años, provenientes de fondos de acuerdos y demandas civiles contra Ghislaine Maxwell, del patrimonio de Epstein, el Príncipe Andrew (pagados por la Reina de Inglaterra, como esbozamos arriba) y el Banco JP Morgan, por su gestión de las finanzas de Epstein, dinero que Robert, esposo de la víctima, derrochaba a manos llenas, indicó.
Debido a la extremada violencia de su esposo, Virginia fue contemplando la idea de quitarse la vida y así lo explicó Dini von Mueffling, representante pública de Virginia, quien citó que “semanas antes de su muerte, ella me había contado sus planes de suicidio, incluyendo el método. Yo le aconsejé que no lo hiciera (…). Tenía muy claro que el dolor era demasiado profundo, que simplemente no podía soportarlo más. No fue una conversación dramática. Fue algo muy realista.” Concluyó.
El suicidio de esta víctima de Jeffrey Epstein sin duda alguna fue provocado por sus amargas y traumáticas experiencias siendo apenas una jovencita, a quien el financista judío le quitó, además de su inocencia, sus ilusiones, su deseo por vivir, sus planes y le hizo vivir una desgracia profunda que le generó el resentimiento y el temor por todo lo que le rodeaba. Virginia Giuffre se casó con el ideal de alcanzar finalmente y de otra manera, la felicidad; pero ya vimos cómo era el comportamiento de su esposo… un agresor “con todas sus letras.” De tal modo, su suicidio fue por razones directas; es decir, por la violencia de su marido; y por la consecuencia del horrendo dolor que le causó Epstein en su adolescencia. Su muerte conmovió a muchas personas tanto en Estados Unidos, Inglaterra, como en Australia, donde pasó sus últimos años.
Donald Trump, obstinadamente, sigue negando que él tuviera alguna relación amistosa o económica con el pederasta judío. Y se ha aferrado tanto a esa mentira que, si se le mostrase el video que le pone en evidencia o las fotos que hay por doquier, él lo seguiría negando, de igual manera como lo ha hecho con la mujer que él violentó y abusó sexualmente en una tienda de Nueva York, una columnista de un importante periódico estadounidense; o con la actriz porno a la que él envió a su ex abogado para pagarle por su silencio y no se refiriera nunca a los encuentros íntimos que ambos sostuvieron. Él todo lo niega. Pero lo que no sabe es que su esposa Melania no le cree absolutamente nada y aun así, se lo pasa por alto, con el fin de sostener un matrimonio, que, según los entendidos y quienes le conocen, “está irremediablemente roto y pegado apenas con alfileres.”
La verdad es que el presidente de los Estados Unidos fue fotografiado en numerosas ocasiones con el financiero hebreo y le repiten que su momento dijo de Epstein que era “un tipo fantástico” y alardeó de sus 15 años de amistad con aquel. Fue una amistad muy cercana, estrecha, en la que el judío compartió con el actual mandatario aquellas jovencitas que a ambos les gustaba tanto. Incluso Trump añadió a su descripción de Epstein: “Es muy divertido. Se dice que le gustan las mujeres guapas tanto como a mí y muchas de ellas son jovencitas. No hay duda de que Jeffrey disfrutaba su vida social.” Estas palabras las expresó quien iba a ser presidente de los Estados Unidos, en el 2002.
El pederasta visitó a Donald Trump en repetidas oportunidades en su residencia de Mar-a-Lago, donde fue filmado el video que el magnate surafricano, Elon Musk, subió a su red social X. Esa filmación fue hecha en 1992, cuando Trump celebró el concurso llamado “Chica Calendario”; y un dato relevante es el que describió George Houraney, empresario que ayudó a la organización del evento, cuando dijo que las únicas personas que estaban presentes allí, junto a las 28 chicas, eran Donald Trump y Epstein. ¡Nadie más!
El pederasta también le visitó en Mar-a-Lago en el año 2000. Iba acompañado con Ghislaine Maxwell, su entonces pareja y socia que ahora cumple una pena de 20 años de prisión por organizarle a Epstein los encuentros con jovencitas en clara prostitución infantil y tráfico humano.
El biógrafo del presidente, Michael Wolff, confirmó la amistad entre Trump y el judío, quien aseguró en un episodio del podcast The Daily Beast, que ambos fueron mejores amigos durante 15 años: “Compartían novias, aviones y estrategia comercial.” Reafirmó. Y añadió que había visto evidencia condenatoria de esos años, que el presidente republicano no querría que se hiciera pública y que incluyen supuestas imágenes lascivas de Trump y el financista, en claro abuso de las muchachas. “He visto esas fotos. Sé que existen y puedo describirlas. Hay como una docena. Las que recuerdo específicamente son los dos con chicas en ‘topless’ (sin brassiere), de edad indeterminada, sentadas en el regazo de Trump. Y luego Trump parado allí con una mancha en la parte delantera de sus pantalones y tres o cuatro chicas medio encorvadas de la risa, también en ‘topless’, señalando los pantalones de Trump.” Narró Wolff.
Empero, el diario inglés The Telegraph ha señalado que la relación entre los dos individuos dio un giro en el 2004, cuando se convirtieron en rivales por la compra de propiedades en Palm Beach, aunque se desconoce con profundidad la razón del rompimiento de lo que parecía una amistad indestructible en la que se compartían todo; y cuando Epstein fue arrestado, Trump manifestó a la prensa en julio del 2019: “Tuve una pelea con él hace mucho tiempo”; y cuando arrestaron a Maxwell, la “celestina” o alcahueta que surtía a Epstein de mujeres menores de edad, Trump dijo de ella: “Realmente no lo he seguido mucho. Francamente, sólo le deseo lo mejor.” Evidentemente el mandatario deseaba desmarcarse de aquellas amistades que le pudieron ocasionar serios contratiempos políticos y hasta judiciales.
Pero el colmo del cinismo y de querer engañar a todo el mundo, lo ha hecho patente el mismo Donald Trump cuando dijo, en referencia al video y fotografías que impostó Elon Musk en su red social, que “deberían desarrollarse leyes fuertes contra la Inteligencia Artificial (IA). ¡Será un problema grande y muy peligroso en el futuro!” Dando a entender que todo lo que circula en las redes sociales acerca de su relación con el pedófilo Epstein, es falso y ha sido hecho con IA, porque él nunca compartió ni un minuto siquiera con aquel y su mujer. Evidentemente, este argumento del mandatario es un insulto a la inteligencia de las personas, pues nadie, o casi nadie, puede creerle tal falacia.
Sin embargo, en los últimos meses, esa amistad ha cobrado importancia y relevancia y adonde quiera que va Trump, se le toca el tema. Aspecto que a él le molesta e incomoda visiblemente. Lo cual sólo quiere decir una sola cosa: que la sombra de Epstein lo persigue a él desde el más allá, desde los confines mismos del infierno, donde indubitablemente se encuentra ahora mismo.
Este es el negro pasaje que comparte Donald Trump con Jeffrey Epstein, catalogado por la policía de Nueva York como delincuente sexual de nivel 3, proclive a reincidir en su momento contra jovencitas, con “un alto riesgo de reincidencia y una amenaza para la seguridad pública”, reza el expediente que se le abrió a este sujeto.
Atrás han quedado circunstancias como el momento cuando la denunciante –ya fallecida-, Virginia Giuffre, presentó los documentos en los que acusaba al pedófilo de obligarle a tener relaciones sexuales con miembros de su círculo social, cuando apenas tenía 16 años. Aquello aconteció en enero del 2015. También, el 6 de julio del 2018, cuando Epstein fue arrestado en el aeropuerto Teterboro de Nueva Jersey, por el Grupo de Trabajo de Delitos contra Niños del FBI y el Departamento de Policía de Nueva York, acusado de abuso sexual y tráfico sexual. Fue cuando el fiscal federal, Geoffrey Berman, declaró que, durante el registro de la casa de Epstein, valorada en US$77 millones, se encontraron fotos de niñas menores de edad desnudas.
Ciertamente todo aquello ha quedado en el pasado, pero la negra sombra del pederasta sigue proyectándose sobre Trump, quien, mientras se tocaba el tema ante los periodistas de las inundaciones en el Estado de Texas, interrumpió a quienes hablaban para decir: “¿Siguen hablando sobre Epstein? Se ha hablado de ese tipo durante años. ¿La gente sigue hablando de ese asqueroso? (Que no era asqueroso cuando era su amigo y compartían las mismas asquerosidades). No puedo creer –le dijo al reportero-, que estés haciendo una pregunta sobre Epstein.” Estaba visiblemente molesto, incómodo, preocupado y moviendo, entre bastidores, todo lo que está a su alcance para evitar que aparezca su nombre en la lista del judío. “Un secreto a voces,” que todos conocen en los Estados Unidos y en el mundo entero y que, por más que quiera el mandatario, no puede, ni podrá, hacerlo olvidar y mucho menos esconder. Él compartió jovencitas, menores de edad, en actos impúdicos, con su impúdico amigo. El mismo que se ahorcó en su celda de Nueva York.
WASHINGTON D.C., USA-(Especial para The City Newspaper) Que no le quepa a nadie la menor duda de que este ha sido el presidente de los Estados Unidos más patológico desde el punto de vista mental y moral, de todos cuantos ha habido en la Casa Blanca. Aparte de ello, no es nada político, mucho menos diplomático, y si esperamos de él un simple rasgo de educación, por más elemental que fuese, nos quedaríamos esperando una eternidad, pues se trata del individuo más vulgar, grosero, descentrado e inmaduro de quienes han sido mandatarios de este país.
Aparte de su comportamiento que acusa fuertes rasgos de esquizofrenia, tiene al mundo al borde del cataclismo nuclear y si no ha sucedido ningún ataque de un país a otro con bombas de altísimo poder destructivo, ha sido porque en esas naciones gobiernan hombres con un mínimo de sentido común, algo de lo que carece por completo Trump.
Más concretos aún, ha abierto frentes en el Caribe, frente a Venezuela; frente a Cuba y la impresionante y devastadora guerra en Oriente Próximo, obedeciendo a su amo, el judío Benjamín Netanyahu, el dictador de Israel, quien, con toda la desfachatez que le es característica, dijo recientemente que “soy yo quien gobierna a Donald Trump y él hace todo lo que yo le indico (entiéndase ordena).” La pregunta que se desprende de toda esa aberración, de toda esa locura, es: ¿Podrán los Estados Unidos con ese desorden causado alrededor del mundo? Lo dudamos firmemente.
Alguien en el Pentágono o en la Casa Blanca le dijo al oído a Trump que Rusia es “un tigre de papel”, que no ha podido vencer a una nación como Ucrania, llena de falencias militares, tanto en hombres como en armamento; y que fue incapaz de sostener al dictador de Siria, Bashar al-Assad, quien fue derrocado fácilmente por una débil milicia que le presentó oposición armada. Basado en ese vacío dejado por los rusos, Trump estuvo de acuerdo en capturar al dictador venezolano, Nicolás Maduro, en una acción militar en la que él no concibió una sola idea, pues Trump carece por completo de ideas de ese tipo y de otras más con relación a otros asuntos. De tal modo, estamos hablando de un individuo cuya inteligencia está por debajo del promedio normal, con fuertes arrebatos de histerismo y violencia, evidentes mediante la grosería contra todos quienes le rodean en distintas circunstancias.
También, aceptó asfixiar al régimen de Cuba, cercenándole toda clase de ayuda, en específico el petróleo, hasta sumir a toda la isla en el caos en el que ahora se debate. Luego de eso… nada. Trump se ha quedado “en blanco”, se le acabó el supuesto “plan” para el presente y futuro de Cuba. Aunque, por presión de los periodistas, se ha acordado de la situación cubana y ha dejado observar y escuchar su profunda inmadurez, a pesar de ser un anciano. Una inmadurez que parte de su casi inexistente experiencia política a lo largo de su vida, pues ha sido un pésimo corredor de bienes raíces (un defraudador fiscal, de paso); un pedófilo persecutor de jovencitas en las mansiones del judío (también defraudador financiero), Jeffrey Epstein; y un empresario dueño del Concurso Miss Universo, donde él mismo, en persona, iba a los camerinos para observar a las mujeres participantes, principalmente en vestido de baño, para “cerciorarme de que todo estuviera bien.” Tal su descaro.
En el caso cubano, Trump dejó escuchar hace pocos días en conferencia de prensa, donde insulta y humilla a los periodistas que no le simpatizan: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Eso sería bueno. Es un gran honor. Ya sea que la libere o la tome, creo que puedo hacer cualquier cosa que quiera con ella (!) (nótese su infantilismo y su prepotencia derivada de sus niñerías). Es una nación muy debilitada en este momento. Es un país fallido (como los Estados Unidos en este preciso instante). No tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada.”
Aparte del comportamiento patológico, profundamente enfermo de Trump, de hospital psiquiátrico, para aquellos cubanos en el exilio, lo mismo que para la “diáspora” venezolana, la intervención de los Estados Unidos en Cuba y Venezuela ha sido lo que se llama popularmente “un alegrón de burro”, pues el cambio de sistema en ambas naciones, no es lo que busca Trump. ¿Entonces, qué busca este esquizofrénico? Ni él mismo lo sabe. Y nos fundamentamos en el hecho de que ha dejado en el país suramericano a la misma camarilla corrupta y narcotraficante que Hugo Chávez Frías introdujo en ese gobierno, con los únicos dos cambios de la captura de Nicolás Maduro y el Estado ahora en manos de Delcy Rodríguez. Por lo demás, la opresión, la cárcel para los disidentes, las persecuciones a los inconformes políticos, la miseria del pueblo y otras lacras propias de esa dictadura, allí las ha dejado Trump. ¿Y por qué toda esa tirantez con Nicolás Maduro hasta secuestrarlo de su lecho nocturno en Caracas? Y la única respuesta, que es la misma que explica la guerra contra Irán, es tratar de escaparse de la sombra nefasta y pedófila del judío Jeffrey Epstein, que tanto desasosiego causa a Donald Trump, que no le permite tener paz interior, que no le permite concentrarse en sus asuntos y que lastra su cotidianidad hasta dejarla en la fetidez de cara a la humanidad entera.
Con Cuba, ciertamente hay indicios de que se está exigiendo la salida, la dimisión irrevocable de su dictador Miguel Díaz-Canel, pero el resto continuará igual; es decir, los verdaderos dueños de la isla, la familia Castro, los sobrinos de Fidel Castro e hijos de Raúl, allí continuarán. ¿Haciendo qué…? Pues la misma desgracia que han causado desde 1959: las hambrunas, los encarcelamientos, la intervención militar en otros países, la falta de libertades generales y la ignominia en todas sus manifestaciones continuarán, porque, la verdad sea dicha, Trump sólo busca escaparse de la influencia, el recuerdo maldito de Jeffrey Epstein, de quien, cada vez que se desclasifican más documentos, más enloda, más embarra a Donald Trump, a pesar de que su fiscal general, Pat Bondi, tacha con rotulador el nombre del psicopático presidente de los Estados Unidos.
En resumen, quienes rodean a Trump en la Casa Blanca, los que le hablan al oído –aunque no entienda gran cosa lo que le dicen-, quieren la salida de Díaz-Canel en la isla; aunque no necesariamente modificar la estructura del actual sistema político. Una actitud de parte de Washington que abre una inmensa interrogante: ¿Quitar al dictador cubano actual, para dejar a la camarilla de los Castro, en la cúspide y las sombras del poder, para qué, con cuál finalidad, qué busca la Casa Blanca con ello? Evidentemente son los rasgos de una política norteamericana incoherente, ilógica, reñida con la racionalidad y el buen juicio. ¿Es sólo para atenuar la influencia del judío Epstein en los días de Trump? Tampoco lo van a lograr si es ese el objetivo.
Una filtración desde el centro del poder en Washington, ha ratificado lo que era, hasta ese momento, “un secreto a voces”: La Habana, por medio del “cangrejo”, el apodo que tiene el nieto de Raúl Castro, el hermano de Fidel, negocia casi a diario con representantes de la Casa Blanca, sobre el futuro inmediato de Cuba.
“El cangrejo” es hijo de Déborah Castro, hija de Raúl, y de Luis Alberto Rodríguez-Callejas, quien fue presidente durante muchos años de la todopoderosa Gaesa, el conglomerado militar que administra gran parte de las operaciones financieras que ejecuta el gobierno dictatorial. De hecho, Marco Rubio, secretario de Estado de USA, el equivalente a los ministros de Exteriores en otros países, no dialoga con Díaz-Canel, dando a entender que ese sujeto no es quien ostenta el poder en la isla, sino que es un “empleado,” por decirlo con suavidad y no emplear el adjetivo preciso que sería “marioneta” de los verdaderos dictadores, sino que negocia con “los dueños de la isla” desde que llegaron al poder en 1959, fundando una de las más feroces represiones que se hayan conocido en el mundo.
“El cangrejo”, para mejores señas, es también escolta de su abuelo, el genocida Raúl Castro, quien durante mucho tiempo fue el jefe del aparato represor en Cuba, de su policía, grupos paramilitares al servicio del régimen y del ejército propiamente. Esta información se filtró desde Washington y fue publicada por el sitio de noticias estadounidense, Axios. El rumor partió desde la Secretaría de Estado, aunque se asegura que fue una “filtración premeditada”; es decir, con el aval de Marco Rubio, interesado en que se separa todo aquello que concierne a él y su relación con Cuba.
“El cangrejo”, cuyo nombre es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conversa constantemente con Rubio; y es cuando un funcionario de los Estados Unidos, quien declinó que se divulgara su nombre, describió ese diálogo de esta manera: “Yo no lo llamaría negociaciones, sino discusiones de futuro.” Sin embargo, en lo que atañe a “el cangrejo”, no es la persona idónea para tales pláticas, pues su preparación en cuestiones de Estado, es ínfima, casi nula. Ciertamente ha estado al frente de la Dirección General de la Seguridad del General en Jefe; es decir, es el líder de quienes escoltan y resguardan a Raúl Castro, su anciano y decrépito abuelo. Eso significa que en cada aparición pública que realiza Raúl Castro, quien tiene 94 años de edad en estos momentos, “el cangrejo”, su nieto, está allí presente, dando codazos, empujando a la gente y abriendo campo para que camine su genocida antepasado. Se le apodó “cangrejo”, porque nació con seis dedos en sus manos y con unas enormes orejas, notorias a pesar de que ha recurrido al bisturí para “normalizarlas.”
Desde que nació, “el cangrejo” ha disfrutado igual a los más representativos de la dictadura: de las ventajas que le ha dado estar dentro de la élite gobernante; es decir, mientras muchísimos cubanos buscan dentro de la basura en las calles de sus ciudades para encontrar algo qué comer, Guillermo ha vivido la dolce vita, navegando en yates lujosos y viviendo en mansiones en determinados sitios de la isla. Igual a los demás gobernantes, quienes expanden la miseria diariamente, pero no para ellos y sus familias, sino para los casi 10 millones de cubanos que se despiertan cada mañana con el infinitivo famoso en sus labios y cabezas: “resolver.” Cada día hay que “resolver”: qué comer, qué encontrar, qué les puede servir para paliar el hambre y demás necesidades perentorias.
Una descripción del “cangrejo”, nos informa que tiene 41 años de edad; no se parece en nada a su fallecido padre, quien estaba llamado a convertirse en dictador de Cuba, si no hubiera sido por aquel infarto que le cercenó la vida en el 2022. Es decir, el “cangrejo” no tiene las virtudes de su progenitor, no es diestro, no está preparado ni tiene la inteligencia para manejar el gobierno de un país y donde se mueve mejor es en los clubes nocturnos, rodeado de bailarinas, prostitutas, delincuentes con corbata, que en las oficinas gubernamentales. Y la pregunta que surge aquí es: ¿Fue elegido por Marco Rubio para conversar con él, debido a su ínfima capacidad política, porque, debido a su torpeza es más manipulable que otras figuras del régimen cubano? Posiblemente eso haya sido. Es mejor un estúpido que no entienda muy bien de qué se le habla o de qué trata el tema, que un sujeto versado en cuestiones ideológicas, dictatoriales y de libertades. Esa parece ser la consigna.
En todo caso, la fuente anónima ha asegurado: “Nuestra postura es que el régimen tiene que irse (ceder la libertad total para la isla y su gente); pero eso exactamente depende del presidente Trump (?) y aún no lo ha decidido (!).” Según publicación reciente hecha por el portal Axios.
Pero no todo se circunscribe a un nieto, neófito en política, como lo es el “cangrejo” y un abuelo anciano, en cuya consciencia –si todavía no padece demencia senil-, se apilan miles de cadáveres que él mismo fusiló desde que estaba con su hermano Fidel Castro y el otro supra-asesino, el argentino Ernesto “che” Guevara, en la Sierra Maestra, antes de hacerse con el poder en la isla; y después, cuando giraba órdenes para que acribillaran en el paredón, a otros tantos enemigos del régimen narco-comunista, donde su hermano gobernaba con puño de hierro y nula humanidad. Ese otro oscuro personaje de nuestros días, se trata del tío del “cangrejo”, quien se llama, Alejandro Castro, a la postre el más poderoso de los Castro actualmente en Cuba.
Alejandro es quien está al mando de la inteligencia y contrainteligencia del Estado cubano; mientras que el nuevo viceprimer ministro, Oscar Pérez-Oliva, sobrino nieto de Raúl, es un dirigente emergente en estos momentos cruciales por los que transita Cuba. También es ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera y considerado el más ilustrado de toda la familia de sátrapas que encabeza el vetusto e inservible Raúl, “la china” Castro, pues se dice de él, en el grosor del pueblo cubano, que Raúl es homosexual o, cuando menos, bisexual.
Evidentemente, Alejandro Castro es un inútil, como el resto de su familia, desde Fidel hasta el más joven de todos ellos; pues, aparte de enriquecerse de múltiples maneras, pero siempre sobre el hambre y las necesidades básicas de la población, lo que ha hecho esta familia de bastardos ha sido empujar a Cuba hacia el abismo; primero, llevando el marxismo-leninismo en su versión tropicalizada; y, segundo, crear un valladar alrededor de la isla, con la finalidad de que nadie, sin permiso, pueda entrar ni salir; es decir, aislar al país del resto del planeta, como si fuese una nación de principios del Siglo XVIII o quizás más primitiva aun.
Y mientras ningún barco petrolero llega a la isla, debido al bloqueo marítimo y sostenido al que la somete el Pentágono, Marco Rubio habla en persona y vía telefónica con “el cangrejo” y, principalmente con Alejandro Castro, el verdadero poder en la sombra en Cuba. Y en torno a este asunto, Donald Trump ha dejado escuchar su voz mientras viajaba en el avión presidencial, el famoso Air Force One: “Mientras hay un embargo –dijo a los periodistas-, no hay petróleo, no hay dinero, no hay nada. Estoy muy interesado en la gente que está aquí, que fue tratada muy mal por Castro (Fidel) y las autoridades cubanas. Los han tratado horriblemente. Veremos cómo sale todo.”
En respuesta, el periódico digital Granma, órgano del partido narco-comunista de la isla, publicó en su portal: “Cuba resiste y resistirá esta agresión inhumana (?).” Cuando, en verdad, los únicos inhumanos en este horrendo episodio por el que ha transcurrido la historia contemporánea de Cuba desde 1959, año de la llegada de los Castro al poder dictatorial, han sido precisamente ellos… sus dictadores, hoy representados por el monigote Miguel Díaz-Canel y entre bastidores, Alejandro Castro, en representación de su genocida padre, Raúl Castro Ruz.
La realidad actual muestra al pueblo cubano, al que le han puesto nuevamente sobre sus espaldas un paquete socioeconómico inaguantable, para que se sacrifique en esta crisis energética, quizás la más importante desde el desmembramiento de la Unión Soviética y que dejó a Cuba y sus ciudadanos asomándose al despeñadero existencial. Y la otra pregunta que surge aquí es: ¿De dónde van a sacar los cubanos el dinero para solventar esta crisis? Racionalmente no hay asidero para obtener dinero. Las jóvenes cubanas no podrán hacerlo con los pocos dólares que les pagan los turistas que se acuestan con ellas. El “jineteo” no les alcanza para dar de comer a sus familias y mucho menos para sostener a la economía general del gobierno.
Marco Rubio, hijo de cubanos en el exilio de Miami, lo describe mejor con estas palabras: “El régimen ha sobrevivido casi enteramente con ayudas, primero de la URSS y después de Chávez. Por primera vez no tiene ayudas de nadie (pese al empeño de la judía-mexicana Claudia Sheinbaum). Y el modelo ha quedado al descubierto.” Y es que Cuba necesita algo menos de 150,000 barriles de petróleo por día, para mantener funcionando su caduco sistema eléctrico, que proviene de la época cuando Fulgencio Batista era el dictador, antes de la llegada de los hermanos Castro al poder; el chavismo venezolano aportó durante 20 años, 100,000 barriles diarios, de los cuales, el gobierno corrupto de la isla vendía la mayoría de esos barriles para conseguir divisas y dinero para los sátrapas que aquí hemos mencionado a lo largo de este reportaje. Mientras esto sucedía en el interior de la isla, cientos de médicos cubanos eran enviados al extranjero en “misiones internacionales”, para pagar los convenios que Díaz-Canel y su satrapía firmaban con gobiernos amigos; es decir, “tantos médicos cubanos a Honduras o México, a trabajar hasta el desmayo, a cambio del dinero que hondureños y mexicanos nos otorgaron a nosotros” los dictadores en La Habana. Tal el despropósito y lo ilógico de la existencia de este régimen que hoy se balancea en “la cuerda floja”, a punto de precipitarse al vacío.
Un analista estadounidense resume muy gráficamente lo que está sufriendo ese país en la actualidad: “las medidas adelantadas golpearán sin anestesia a un país en crisis multisistémica, que sufre apagones de hasta 48 horas en el interior y de 12 horas en La Habana, con escasez, inflación desatada y con índices altísimos de empobrecimiento.”
La postura de la presidenta mexicana, la adormecedora (por su forma soporífera de hablar), no nos extraña: al fin y al cabo, tres judíos fueron los que crearon y propulsaron el comunismo en el mundo: Lénin, Trotsky y Karl Marx. Que una judía, en el caso de Claudia Sheinbaum quiera “salvar” al narco-comunismo cubano, no nos sorprende para nada. Extraño sería si no lo hiciera. Y por otro lado, la política mexicana siempre ha sido opositora a todo presidente que haya llegado a la Casa Blanca; es decir, México y sus gobernantes siempre han sido enemigos no declarados de los Estados Unidos. Por lo tanto, tampoco nos sorprende que la actual mandataria judeo-mexicana haya decidido ayudar a Cuba, así… de cualquier manera.
Es por esas razones que envió dos buques con ayuda por más de 814 toneladas de alimentos, supuestamente para la población cubana, misma que debe observarse como “un punto y aparte del régimen.” Pero la gran pregunta que surge aquí es: ¿Permitirá el gobierno de Díaz-Canel que esos comestibles lleguen a los ciudadanos en penurias o se los dejarán los sátrapas enquistados en la dictadura, para beneficio de ellos solamente?
El desembarco de los dos navíos constó de leche en polvo, carne, arroz, frijoles y artículos de higiene personal. Ambos buques zarparon desde el puerto mexicano de Veracruz, que queda casi enfrente de la isla cubana. Además, ha trascendido que la Sheinbaum sigue tratando de convencer a Trump para que le permita seguir enviando petróleo a Cuba, sin que el “gringo” la sancione o sancione a los mexicanos, tercos como ellos solos. En este punto específico, Trump había amenazado a los gobiernos que le envíen hidrocarburos al régimen comunista de Cuba, con duros aranceles si lo seguían haciendo. El Ministerio de Exteriores mexicano comunicó lo siguiente en torno a este asunto: “Se envía ayuda humanitaria a la República de Cuba, a través de los buques de apoyo logístico, Papaloapan e Isla Holbox. Se espera que lleguen a su destino en cuatro días. Informamos que aún quedan más de 1,500 toneladas de leche en polvo y frijol, pendientes de ser enviadas.”
Acorde a su natural terquedad o tozudez, Claudia Sheinbaum sigue metiendo su nariz en este problema que no le compete y lo que podría hacer es alargar, en el tiempo, la dictadura de los Castro en la isla, en el tanto no dimitan a sus puestos. De hecho, la irresolutiva manera de ser de Donald Trump, no garantiza en modo alguno que quiera erradicar al sistema narco-comunista de Cuba. Es así como ha dicho con toda claridad que un secuestro de Díaz-Canel, semejante al que ejecutó contra Nicolás Maduro, no está previsto de parte del Pentágono.
En todo caso, mientras esta incertidumbre –que es la misma que envuelve a Venezuela-, persiste y subsiste, la mandataria de México quiere jugar un papel protagónico en este “capítulo cubano”; es por ello que ha dicho que quiere mediar en las conversaciones entre La Habana y Washington, pero lo absurdo para esta mujer radica en que no sabe siquiera de qué se va a dialogar.
Aparte de México, el gobierno recién expirado en Chile, de Gabriel Boric, un comunista a ultranza y “sin medias tintas”, también envió ayuda humanitaria a Cuba. “Estamos decididos a prestar ayuda humanitaria para el pueblo de Cuba. Queremos hacerlo por la vía en que siempre ha trabajado la Cancillería (Exteriores de Chile): a través de un fondo especial.” Dijo en su momento el ahora ex ministro de esa Cartera, Alberto van Klaveren, quien calificó la situación en la isla caribeña de “drama humanitario.” En este sentido, el nuevo presidente chileno, José Antonio Kast, manifestó: “No estoy de acuerdo en darle una ayuda económica directa a un gobierno que ha generado una dictadura por más de 60 años y que ha puesto al pueblo cubano en una situación muy desmedrada, inhumana.”
En concreto, el gobierno recién finalizado del marxista Gabriel Boric, dijo que aportaría un millón de dólares, a través del Fondo contra el Hambre y la Pobreza de la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo de Unicef, con destino a Cuba. ¿Ese dinero llegó realmente al pueblo cubano, cubrió parte de sus necesidades? Lo dudamos. Lo más seguro es que la camarilla en el seno de la dictadura cubana, se quedó con él, como ha hecho siempre desde que tenemos memoria, con la mayoría de la ayuda internacional que se le ha dado a estos ciudadanos atribulados. En relación con esta tesitura, Kast remachó: “Cualquier ayuda humanitaria tiene que pasar, necesariamente, porque se exija democracia y eso no lo he visto.”
España y Rusia también anunciaron que enviarán apoyo material a Cuba.
En lo que atañe a los rusos, el embajador de la Federación rusa en La Habana, Viktor Koronelli, manifestó en una entrevista reciente concedida a RIA, la agencia de noticias de su país, que “Moscú seguirá suministrando petróleo a Cuba. El petróleo ruso se ha suministrado a Cuba en numerosas ocasiones en los últimos años. Esperamos que esta práctica continúe.”
Y desde la Capital rusa, el ministerio de Exteriores condenó con energía “los intentos de grosera injerencia en los asuntos internos de Cuba, así como las acciones de intimidación y aplicación de medidas ilegales unilaterales restrictivas contra la isla. Manifestamos nuestra seria preocupación por la escalada de tensiones en torno a Cuba y reiteramos nuestro apoyo a su gobierno y al pueblo hermano de la isla frente al bloqueo y las presiones de Washington. Reiteramos nuestra solidaridad inquebrantable con Cuba, que enfrenta desafíos sin precedentes, derivados directamente del prolongado embargo comercial, económico y financiero y, más recientemente, energético de Estados Unidos. Estamos convencidos de que el pueblo heroico de Cuba, que ha demostrado repetidas ocasiones su fidelidad a los ideales de libertad, independencia y justicia social (¡?), sabrá defender su derecho soberano a elegir su propio camino de desarrollo. Rusia sigue prestando y seguirá prestando a la isla el apoyo necesario, incluida asistencia material.” Reza el comunicado difundido por Exteriores, desde Moscú.
Evidentemente fue un llamado al humanismo hacia el pueblo y gobierno cubanos; empero, paradójicamente, el ejército ruso sigue bombardeando ciudades ucranianas, dando de baja a decenas de ciudadanos ajenos a la guerra, específicamente a la invasión llevada a esa nación por Vladímir Putin, el dictador ruso. Es decir: “Muy mal por Cuba, pero muy bien por los asesinatos de la población civil, causados por los misiles y bombas lanzadas por las baterías rusas.”
Hay que partir, en el momento de esbozar siquiera un intento de análisis a la situación cubana, del hecho de que Donald Trump es un individuo impredecible, inseguro, nada claro en su turbado razonamiento, ignorante de la historia reciente de estas naciones, desconocedor absoluto de lo que han sufrido sus pueblos y que está sujeto siempre a los caprichos que le asaltan cada vez que abre sus ojos cada nuevo día; es decir, es tan cambiante, tan voluble, como su atrofiada personalidad se lo exige. De hecho, hasta el momento, parece que sólo su secretario de Estado, por su consanguinidad cubano-estadounidense, sabe con certeza lo que quiere para la patria de sus padres: Rubio –y así lo ha dicho repetidas veces-, desea el cambio radical en el sistema cubano, que haya democracia, libertades absolutas en todas las direcciones y justicia para quienes han causado tanto daño, actual y retrospectivo, a sus ciudadanos. Rubio es de la idea que los sátrapas hoy en el poder, Díaz-Canel y toda la familia Castro, tienen que rendir cuentas ante la justicia internacional por sus crímenes reiterativos de lesa humanidad. Es el que está más claro y cierto en el Gabinete de Trump.
Incluso, hace pocos días, el secretario de Estado de USA manifestó, visiblemente contrariado, que los cambios anunciados por la dictadura cubana, “no son suficientes”; y es que el dictador Díaz-Canel, el monigote manejado por los hilos invisibles de los Castro, dijo que permitirá la inversión en la isla por parte del exilio establecido mayoritariamente en La Florida. Y la respuesta de Rubio fue: “(los cambios) no son suficientemente drásticos y no lograrán reparar una economía fallida. Cuba tiene una economía que no funciona, así como un sistema político y gubernamental que no logran reparar (ni quieren hacerlo obviamente); por lo tanto, deben realizar cambios drásticos. Lo que anunciaron ayer no resulta lo suficientemente drástico. No va a solucionar el problema. Así pues, tienen por delante algunas decisiones importantes que tomar.” Afirmó en conferencia de prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca.
La dictadura cubana confirmó que permitirá a los ciudadanos en el exterior, invertir en empresas privadas en la isla, medidas que incluyen también la participación de grandes inversores, “especialmente en infraestructuras” de sectores considerados prioritarios, como el turístico, minería y el energético.
En retorno a Marco Rubio, un periodista le preguntó si estaría de acuerdo en que los Estados Unidos flexibilicen el embargo a la isla, mismo que deviene desde hace más de 60 años, y el secretario de Estado norteamericano fue sumamente explícito al decir que “esa medida está vinculada al cambio político en la isla. La realidad es que su economía no funciona. Es una economía disfuncional. Es una economía que ha logrado sobrevivir (…) gracias a los subsidios de la Unión Soviética y, posteriormente, de Venezuela. El hecho de que no reciban dichos subsidios, ha provocado que Cuba se encuentre hoy en una situación muy complicada. Además, quienes están al mando no saben cómo solucionar el problema, por lo que es necesario que asuman el liderazgo personas nuevas.” En otras palabras más directas y claras, Rubio lo que desea, lo mismo que millones de personas alrededor del mundo, es que la camarilla narco-comunista que conforma la dictadura cubana, desaparezca; que el sistema cambie hacia otro democrático y de libre mercado y que el aparato represivo, junto a los presos de consciencia que pueblan las cárceles cubanas, sin haber cometido delito alguno, más allá de disentir en contra del gobierno, también cambien en aras de la libertad y el final de la represión sangrienta.
En lo que respecta a Donald Trump, se puede esperar cualquier cosa, desde que deje en el poder a ambas camarillas de narcotraficantes, en Venezuela y Cuba; es decir, las dictaduras tal y como han venido funcionando, hasta que deje en un caos peor –si existiese ese concepto- a ambos pueblos. Ya lo hizo con el Afganistán de las libertades, por el que ofrendaron sus vidas tantos soldados occidentales de la OTAN y de USA, al entregarle el gobierno a los salvajes y retrasados talibanes. Cualquier cosa negativa se puede esperar de este esquizofrénico que el pueblo estadounidense, irresponsablemente, llevó de nuevo al poder.
En ese sentido, tanto los venezolanos como los cubanos repartidos alrededor del globo terráqueo, en un exilio penoso y prolongado en el tiempo, no deberían albergar falsas expectativas, como lo hicieron aquellos que se entusiasmaron y se hicieron a las calles y avenidas en distintas ciudades, cuando Nicolás Maduro fue llevado encadenado a Nueva York, una vez que lo sacaron de Caracas. Luego… la gran e insalvable nada. Nada ocurrió. La camarilla, bajo el mando de Delcy Rodríguez, con Diosdado Cabello comandando a las hordas callejeras, vapuleando a inocentes ciudadanos y matándolos, allí continuó sin cambio alguno. Fue “alegrón de asno”, como reza el dicho popular latinoamericano. Es decir, no vale la pena alegrarse por algo que no ha ocurrido y quizás, de acuerdo a la mentalidad enferma de Donald Trump, no ocurrirá jamás.
En la actualidad, a medida que el bloqueo frente a las costas de Cuba se fortalece y no permite la llegada de ningún barco petrolero a sus puertos, la situación en la isla es extraordinariamente caótica. Sus gobernantes siguen con lo único “poderoso” que tienen: la retórica de corte marxista-leninista, trasnochada y que proviene de las décadas del siglo pasado: “La medida (de los Estados Unidos) –dijo Díaz-Canel-, es fascista, criminal y genocida. Mi gobierno está dispuesto a dialogar (para perpetuar la dictadura), con Estados Unidos, pero sin presiones ni condiciones previas. Cuba está al borde del colapso.” Sentenció el dictador, títere de la familia Castro Ruz.
Ahora mismo, Cuba sólo es capaz de producir alrededor del 40 por ciento de la energía que necesita, mientras los apagones son ya una amarga y negra costumbre sobre su realidad cotidiana. La gente, habituada a crisis tras crisis, ha asumido una actitud característica en el cubano desde que la dictadura llegó a sus vidas; es decir, “esperar y ver qué pasa.” Y desde diciembre, la dictadura sólo ha podido comprar el contenido de un buque cisterna procedente de Lomé, Togo, un país africano. Luego de ello… absolutamente nada. Ningún petrolero desde ninguna parte. Incluso, ese mismo barco no puedo arribar a puertos cubanos, porque fue desviado por los norteamericanos hacia República Dominicana. Eso significa que, aunque Cuba pudiera comprar petróleo, éste no le llegaría de ninguna manera por causa del bloqueo. Se ha pensado en barcos desde Argelia, Angola, China o Vietnam, pero igualmente no podrían superar la barrera marítima montada por los estadounidenses en torno a la isla.
El periódico londinense, Financial Times, predijo, afínales de enero pasado, en uno de sus reportajes, que los recursos podrían durar entre 15 y 20 días solamente. “Las consecuencias serán fatales”, escribió el articulista británico en esa edición.
“Básicamente es cuestión de semanas hasta que se agote el combustible. Entonces, no sólo los turistas no podrán desplazarse de las playas a los aeropuertos, sino que los alimentos no podrán llegar de las granjas a las ciudades. Y sin alimentos, la gente pasará hambre. Si los camiones no tienen combustible, los hospitales no podrán tener oxígeno y los pacientes morirán.” Explica otro reportaje aparecido en el portal de la Deutsche Welle (La Voz de Alemania). Y justamente eso es lo que está aconteciendo ahora mismo en Cuba, cuando el combustible para las aerolíneas internacionales no existe ya. Ni una gota. Es así como un dignatario del gobierno cubano, quien pidió su anonimato, expresó: “La aviación civil cubana ha notificado a todas las compañías que ya no habrá suministro de JetFuel, el combustible de aviación, a partir del martes 10 de febrero a las 00H00, hora local.” Las aerolíneas afectadas fueron estadounidenses, españolas, panameñas y mexicanas, que realizaban vuelos regulares a la isla caribeña.
Tal la situación. Mientras los cambios que el exilio ha esperado, están todavía lejanos de producirse, si es que en la mente torcida de Donald Trump pre-existen esos cambios. En la opinión colegiada de María José Espinosa, directora ejecutiva del Centro para el Compromiso y la Defensa de los Derechos en las Américas (CEDA, por sus siglas en inglés), “aún no hay señales claras de un colapso inminente en Cuba. El aparato del Estado –el partido comunista, las fuerzas de seguridad y el sistema militar-económico-, sigue siendo relativamente cohesivo. A pesar de la reciente liberación de presos, grupos independientes reportan que aún hay al menos 1,000 presos políticos en la isla. La censura y la represión continúan siendo métodos de coerción social utilizados por el Estado cubano. En el corto plazo, es más probable ver una combinación de deterioro económico, protestas localizadas y migración creciente.” Indica esta experta en política internacional.
Para intentar un final en este tema (por lo menos por ahora), Ted Henken, profesor de Estudios Latinoamericanos en el Baruch College de la Universidad de Nueva York, y experto en cultura y sociedad cubana, no descarta que Díaz-Canel sea obligado por las negociaciones con los Estados Unidos a dimitir, lo cual sería apenas un cambio político simbólico en la isla. “El cambio real, vendrá en el plano económico.” Cita el conocedor. Y añade que “los últimos cambios que aprobará la familia Castro, serán los de tipo estructural a nivel político y civil: no vamos a ver un cambio de régimen hasta dentro de dos, tres o cuatro años. El rumbo de las negociaciones bilaterales podría cambiar tras las elecciones intermedias en Estados Unidos, en las que se prevé una derrota del Partido Republicano del presidente Donald Trump. Ahora Trump está empoderado, pero ya después de noviembre puede que pierda mucho poder, mucha proyección y gran parte de su habilidad de actuar como lo ha estado haciendo desde hace un año.” Asegura.
Para Paolo Spadoni, economista político, especializado en América Latina y profesor asociado de la Universidad de Augusta, en Georgia, USA, “la reforma económica en Cuba se prioriza sobre la reforma política. (Y) las primeras inversiones extranjeras en Cuba, se concretarán en el sector del turismo, que juega un papel crucial para las empresas estadounidenses. Para ello, el gobierno de Trump podría suavizar las restricciones a los viajes a la isla. Después, seguirían inversiones en los sectores complementarios del turismo, como la energía, el transporte y el comercio.” Cita este autor del libro llamado: “La industria turística cubana: evolución, retos y perspectivas.”
En cuanto a los militares, “van a desempeñar un papel fundamental en cualquier transición en Cuba, sea económica o política. El conglomerado militar Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas (GAESA), ya controla los sectores más importantes y lucrativos del país. (…) Serán las que decidirán el rumbo del país tras bastidores.” Indica Spadoni.
Pero, a pesar de las certezas y conjeturas, Miguel Díaz-Canel, dictador cubano, escribió en su cuenta en X, que el gobierno de Donald Trump ejerce máxima presión sobre la isla y desde hace semanas, el mandatario estadounidense multiplica las declaraciones ofensivas contra La Habana, incluyendo aquello de que “espera tener el honor de tomar Cuba, de alguna manera. Liberarla y hacer lo que yo quiera en la isla.” Y con base en esos argumentos infantiles y prepotentes de Trump, Díaz-Canel prometió una “resistencia inexpugnable ante las amenazas del presidente de los Estados Unidos. Ante el peor escenario, a Cuba la acompaña una certeza: cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable. Estados Unidos amenaza públicamente a Cuba, casi a diario, con derrocar por la fuerza el orden constitucional. Y usa un indignante pretexto: las duras limitaciones de la debilitada economía que ellos han agredido y pretendido aislar hace más de seis décadas. Pretenden y anuncian planes para adueñarse del país, de sus recursos (?), de las propiedades y hasta de la misma economía que buscan asfixiar para rendirnos.” Asevera el tirano.
En este punto específico, se parece mucho a los ex dictadores de Panamá, Irak, Libia, recientemente Venezuela y otras naciones que han sido atacadas por fuerzas militares de Occidente: todos ellos han alardeado de una falsa valentía, con palabras amenazantes, blandiendo espadas o machetes, disparando rifles al aire y retando al poderío estadounidense y todos ellos acabaron alejados del poder fáctico, ya fuera asesinados ipso facto o atrapados por las fuerzas interventoras. Díaz-Canel está cayendo en el mismo ridículo que le podría costar caro; y a todas luces evidencia que no quiere bajarse de un gobierno que lo ha hecho millonario, a costas del hambre y la miseria del pueblo cubano.
En tal caso, veremos lo que sucederá en los próximos meses. Unos hablan de 3 ó 4 años adelante; otros, aseguran que el cambio en Cuba será en pocos días; pero lo mejor será aplicar aquello de “ver para creer.” Hasta no concretar todo lo que se ha alardeado en Washington, no habrá razón alguna para explotar en júbilo. Esa es la única verdad… La realidad debe superar, una vez más, a la imaginación y a la ficción.
