La Posición Actual de Donald Trump, Posterior a la Guerra Desatada contra Irán. Las Opiniones de Dignatarios Calificados y Conocedores

EUROPA-(Especial para The City Newspaper) Se dicen tantas cosas del actual presidente de los Estados Unidos, pero la mayoría de esos argumentos confluyen o llegan a un mismo punto: Donald Trump nunca ha sido un sujeto capacitado para ostentar uno de los cargos más importantes en el planeta, cual es la presidencia de la primera potencia mundial, donde, evidentemente, se ha convertido en un verdadero peligro.

En síntesis, es un enfermo mental que tiene acceso directo y sin restricciones a los códigos nucleares y que, durante una mañana cualquiera, después de despertar con esos arrebatos propios de los esquizofrénicos, ordene atacar con ojivas nucleares a países que, previamente, le ha indicado y manipulado su amigo, el criminal judío Benjamín Netanyahu.

Una muestra de esto la dio el propio Trump, cuando amenazó a la población iraní con desaparecerla, aniquilarla o extirparla por completo de la faz de la Tierra. “Una generación completa está por desaparecer”, amenazó con toda claridad, en un alarde de matonismo y criminalidad de este loco que se sabe dueño de un poderío militar incomparable y a su total decisión o determinación.

“Un niño de 10 años de edad”

            Josep Borrell, ex alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad entre el 2019 y el 2024, una de las personalidades más connotadas y respetables de nuestra época, ha vertido sus opiniones sabias, inteligentes y provenidas de un hombre que ha vivido de verdad y en los más prestigiosos foros políticos mundiales: “Da la sensación de tener la edad mental de un niño de 10 años”, dijo recientemente en dirección a la personalidad de Donald Trump.

               Fue en una entrevista concedida a la televisión española, propiamente al canal Antena 3, cuando este ex funcionario del gobierno de España, cuando fue titular de la Cartera de Relaciones Exteriores, donde cargó con dureza contra la escalada bélica propiciada e impulsada por el judío Benjamín Netanyahu y el mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump.

            Dijo que la coherencia tiene un precio y España, su país (Borrell es catalán), la ha ejercido utilizando los instrumentos que tiene, ante el inquilino de la Casa Blanca. Lo mencionó de esta manera textual: “Otros tenían los mismos instrumentos y no los han usado. No quieren usar ningún instrumento, la Europa que conocemos, la Europa de (la presidenta de la Comisión Europea), Ursula von der Leyen, no quiere utilizar ningún instrumento. Es la Europa de la sumisión a los Estados Unidos y de la impunidad a Israel. El mundo no ve a Europa –prosiguió Borrell-, como un faro moral. Si alguna vez lo fuimos, ese faro está enterrado bajo las ruinas de Gaza (donde Israel ha llevado a cabo una de las peores matanzas de seres humanos de estos tiempos). La postura de la comunidad ante ese conflicto, ha erosionado la autoridad moral europea para defender los derechos humanos. (Es evidente) la falta de estrategia y previsión del mandatario estadounidense, a quien lo único que puede detenerlo son los mercados financieros, que el tipo de interés del dólar suba, que la inflación suba y que tenga problemas internos, que es lo que busca Irán con su respuesta a los ataques (de USA e Israel). Trump no tenía más plan que bombardear y luego veremos… arrastrado por el primer ministro (entiéndase dictador) israelí, Benjamín Netanyahu, a un conflicto que puede desestabilizar aún más a la región.”

            Y en cuanto a la personalidad psicopática del presidente de los Estados Unidos, Josep Borrell manifestó: “Da la sensación de tener la edad mental de un niño de 10 años. Es un narcisista patológico, quien defiende una postura un día y la contraria al siguiente. (Trump) consigue crear el ambiente donde la verdad y la mentira dejan de tener fronteras; (y al ser) un narcisista patológico, la situación geopolítica se ha vuelto tremendamente peligrosa. Este hombre, que es el jefe del ejército estadounidense, tiene apostada en Oriente Medio, en este momento, más fuerza aérea americana de la que nunca ha habido desde la guerra de Irak. ¿Para qué tiene más de 300 aviones de combate allí, más de 30,000 soldados?”

            En lo que atañe a la relación interna que sostiene Trump con otros funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, Borrell señaló que las críticas vertidas por el presidente contra jueces del Tribunal Supremo, han sido inapropiadas y demuestran la clase de psicópata que es. Si recordamos bien, Donald Trump arremetió con su habitual y característica dureza contra dichos jueces, porque éstos anularon la aplicación de los aranceles que el mandatario ha utilizado para amenazar, coaccionar y presionar a decenas de gobiernos alrededor del mundo. “Esta sentencia del Tribunal Supremo –añadió Borrell-, lo ha descolocado completamente y su reacción contra los jueces ya demuestra la clase de psicópata que es. Y mido bien mis palabras, porque es grave decir ‘psicópata’ a alguien que tiene el poder que tiene.”

            Este español no se ahorró comentarios críticos contra la Unión Europea, que, en su opinión, “ha bailado la música que a Trump le ha beneficiado”, porque el bloque comunitario –además de las décadas que tiene en esta posición-, está dividido en la cuestión relativa a Oriente Medio, una división que salió a la superficie tras la agresión de Israel a la Franja de Gaza, el mayor genocidio de nuestro tiempo. “Países como España, Irlanda, Bélgica o Eslovenia, han sido críticos con Israel, a diferencia del resto de gobiernos europeos; mientras que en el caso de Irán, tan solo España ha tenido el valor de decir que ha sido un ataque al derecho internacional. La escalada militar, ahora centrada en Irán, amenaza con desencadenar una ampliación del conflicto y consecuencias de alcance global: lo que están haciendo Estados Unidos e Israel, es crear una crisis energética mundial. El país más poderoso del mundo no puede iniciar una guerra abierta como esta, sin prever sus efectos.” Finiquitó Josep Borrell.

En lo interno de los Estados Unidos

            Cuando se piensa en el gobierno actual de esta nación, no se puede evitar la pregunta: ¿Los estadounidenses tienen un Gabinete Estatal que los gobierna actualmente; se sienten representados dignamente por el mandatario que llevaron a la Casa Blanca mediante los votos? Y hacemos esta pregunta porque Donald Trump, convincentemente, está enfrascado en problemas internacionales, tiene su mirada puesta en Venezuela, en el Caribe, en el Golfo Pérsico, en Irán, Israel y de cuando en cuando en la isla de Taiwán; pero no dice absolutamente nada acerca del ciudadano norteamericano que necesita de un presidente volcado hacia sus intereses más acuciantes y que trate de resolver esos inconvenientes con seguridad y sabiduría. Para eso eligieron a un mandatario… para que conduzca al pueblo que le benefició con sus votos.

            Fundamentado en lo anterior, el pueblo observa, callado en la mayoría de las ocasiones, los recortes de funcionarios Estatales, las controversias y la poca influencia en el Congreso de esta administración en Washington. Es por ello que las encuestas recientes, hechas a nivel nacional, muestran que Donald Trump y su supuesta acción gubernamental, se acercan a mínimos históricos en sus índices de aprobación. En otros términos, esas consultas hechas a los ciudadanos estadounidenses revelan que, actualmente, sólo hay un presidente más impopular que Trump y es él mismo durante su primera etapa en la Casa Blanca.

            Para citar sólo un ejemplo, la encuesta de Pew Research, indica que únicamente el 37 por ciento de las personas aprueba la gestión de este individuo; esto a pesar de que gobierna prácticamente sin oposición, gracias al control que ejerce el Partido Republicano en el Congreso y a un fallo de la Corte Suprema del año 2024, que le otorgó amplia inmunidad al mandatario. Sin embargo, ello podría cambiar después de las elecciones intermedias de noviembre próximo, debido a sus erráticas decisiones con respecto a Irán e Israel, cuyo gobierno, según saben los estadounidenses, controla, manipula y arrastra al de los Estados Unidos; es decir, los norteamericanos saben certeramente que el judío criminal Benjamín Netanyahu es quien dicta las pautas a Trump y le dice qué debe hacer, decir y en qué comprometerse. Además, a raíz de su guerra con Irán, principalmente con el bloqueo del estrecho de Ormuz, la inflación, el costo de la vida y la economía en general en el interior de los Estados Unidos, “le pasarán la factura” con el cobro que el pueblo hará a Donald Trump próximamente.

            Es cuando Kathryn Dunn Tenpas, investigadora presidencial y del Congreso del Centro Miller de la Universidad de Virginia, explica lo siguiente en torno a la figura del mandatario de USA: “Con el tiempo, los índices de aprobación de un presidente tienden a caer, en parte por las promesas descabelladas que ha hecho y que después no puede cumplir. Al mismo tiempo, con el presidente Trump, creo que lo que hemos visto es que los estadounidenses se preocupan mucho por el estado de la economía y el estado de su propio bolsillo.” Y el apoyo de los votantes moderados, esos que no pertenecen ni a los demócratas ni a los republicanos y que ayudaron a Trump a llegar a la Casa Blanca, también han disminuido en sus simpatías al errático sujeto que hoy les gobierna (o des-gobierna para ser más exactos).

            “Por supuesto, a muchos demócratas les preocupa especialmente lo que está sucediendo en Minneapolis y en otras ciudades del país, donde se ha desplegado el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Creo que los independientes y quizás los republicanos no leales a Trump, están cada vez más descontentos con lo que está ocurriendo.” Cita la misma investigadora Tenpas.

            Lo que ha causado Trump en el plano internacional, por supuesto que ha desencantado al grosor de los estadounidenses que se decantaron por él en las pasadas elecciones. Esas sacudidas que ha dado al comercio mundial con la imposición de aranceles, sus recortes a la ayuda exterior, que han hecho retroceder décadas de progreso en el desarrollo internacional, sus ataques contra Irán y su postura con respecto a Venezuela, han sorprendido y causado negativismo en quienes lo veían como la figura principal de un Estados Unidos aislacionista; además, su propuesta esquizoide de integrar a Groenlandia y Canadá al territorio de los Estados Unidos, en claro irrespeto a los dueños de ese país y territorio insular, han enfurecido a sus aliados más firmes. A esto hay que sumarle las redadas de inmigrantes hechas en el interior de esta nación, en las que el uso de la fuerza y la violencia ha sido “la moneda de cambio” contra esas personas que han llegado a los Estados Unidos para rehacer sus vidas.

            Pero para Todd Belt, politólogo de la Universidad George Washington, “esos problemas palidecen en comparación con preocupaciones internas clave, que probablemente ocuparán un lugar destacado antes de las elecciones intermedias: casi siempre la economía es el tema principal, (y) a la administración actual podría pasarle factura centrarse en otras áreas en lugar de en el propio país.” Ha mencionado.

            El aparente estancamiento del conflicto militar contra Irán, “ese no poder salirse de esa guerra”, no sabemos si Trump sabe que le atraerá problemas en las elecciones de medio período y que tendrá que salirse (“airoso” que es lo más difícil en este caso), para que los votantes recuperen algo de la credibilidad perdida. Y en medio de este enfrentamiento bélico, la argumentación criminal, psicopática, dejada escapar y escuchar por Trump, preocupa no sólo a los psiquiatras que lo han analizado, sino también a aquellos estadounidenses cultos, quienes se han percatado que tienen en la Casa Blanca a un fulano perdido mental y emocionalmente. Todo ello le restará, en lugar de sumarle o multiplicarle, apoyo y simpatías de cara a noviembre próximo.

Enfrentamiento con The New York Times

            Donald Trump no es de aquellos que “hacen oídos sordos” a ciertos temas que, si se les presta atención, podrían agigantarse y convertirse en un problema descomunal. Por ejemplo, amenazó al poderoso periódico The New York Times, de capital judío, y sumamente influyente en el electorado de este país, con una demanda millonaria, acusándolo de animosidad contra él, precisamente por haber publicado en sus páginas un sondeo que le fue desfavorable al presidente, en el cual se indica que sólo el 40 por ciento de los estadounidenses aprueban lo que hace Trump desde la Oficina Oval de la Casa Blanca. Este ha considerado dichas consultas “falsas y fraudulentas y deberían ser tenidas como, virtualmente, una ofensa criminal. La encuesta Siena Times, que siempre es tremendamente negativa conmigo, especialmente justo antes de la elección del 2024, en la que gané por un margen aplastante, será añadida a mi demanda contra el fracasado New York Times.” Escribió en su plataforma Truth Social. Y añadió seguidamente: “Nuestros abogados han exigido que conserven todos los registros y cómo ‘computaron’ estos resultados falsos. No sólo el hecho de que estaba fuertemente sesgada hacia los demócratas. ¡Serán plenamente responsables de todas sus mentiras y fechorías!” Escribió.

                        El mandatario demandó al NYT en septiembre del 2025, por US$15,000 millones; una demanda que fue desechada por un juez de La Florida; pero un mes después, volvió a presentarla con la redacción corregida, porque, según sus abogados litigantes en este caso, “las declaraciones en cuestión difaman y menosprecian erróneamente la reputación ganada del presidente Trump, que él construyó meticulosamente durante décadas antes de entrar a la Casa Blanca.” Redactaron en el documento de la demanda.

                       En específico, el periódico neoyorquino publicó el sondeo realizado por Siena y que forma parte de un paquete de encuestas que juzgan con severidad lo hecho por Trump desde que retornó al gobierno del país. Ese negativismo, esos números en “rojo”, son por causa de la economía que se ha deteriorado ostensiblemente y ha dado por resultado la opinión de los estadounidenses, quienes consideran, en un 49 por ciento, que los Estados Unidos están peor que cuando asumió el cargo. A un narcisista del tamaño de Donald Trump, esta realidad vista y medida en porcentajes, no le sienta nada bien y se siente, además de profundamente herido, decepcionado con el medio de prensa de Nueva York.

                   En lo que radica al interior del movimiento MAGA (Make America Great Again o Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande, por su traducción al castellano), fundado por el propio Trump, ha ocurrido una fisura, una amplia división, principalmente por el ataque realizado contra Irán, la nación persa, a instancias del judío Netanyahu, que involucró a USA en esa absurda y criminal guerra. La inflación en lo interno de los Estados Unidos, también ha sido causante de esa fisura; y específicamente el mandatario ha experimentado un cambio radical en su imagen, ya que, hasta hace unos pocos meses, aparecía ante el gran electorado como un presidente pacifista e, incluso, alardeaba de una lista de conflictos que supuestamente él había resuelto en el extranjero y fundó una Junta de Paz en competencia con las Naciones Unidas y se postuló en varias oportunidades al Premio Nobel de la Paz. Pero, tras el ataque a Irán, el 28 de febrero del 2026, no ha podido mantener esa imagen de pacifista que parecía cultivar día con día. Los ataques militares a supuestas narco-lanchas en el Mar Caribe, cerca de las costas venezolanas, tampoco le han favorecido, más todavía cuando los ocupantes de esas embarcaciones han sido asesinados sin constatar si realmente eran narcotraficantes o no. Todo ello ha lastrado la imagen, débil de todos modos desde su inicio, del mandatario estadounidense.

                  Su famoso lema “no más guerras interminables”, que repitió varias veces en las tres campañas electorales en las que participó y que fue una de las bases del movimiento MAGA, ahora ha quedado totalmente desvirtuado con este conflicto contra los iraníes, donde lo moral ha sido derrotado en los norteamericanos; y en lo estratégico y militar, parece que la derrota iraní, tan difundida por la propia retórica sedente de Trump, tampoco se ha hecho realidad y los persas parecen más fuertes que nunca y con la moral al tope.

                Concretamente, la mayoría de los votantes de los Estados Unidos rechaza los ataques contra Irán; así, por ejemplo, según una encuesta realizada por la cadena CNN, el 59 por ciento se muestra insatisfecho con la errática decisión de Netanyahu, arrastrando a Trump, de atacar al país persa. La agencia británica Reuters lo ratifica con otra encuesta, en la que dice que el 43 por ciento de los ciudadanos no quiere esta guerra, contra el 29 por ciento que se mostró indeciso; y en las entrañas del Partido Republicano, se ha producido una gran fisura que ha tomado en consideración la opinión del ex comentarista de Fox News, Tucker Carlson, personaje influyente por demás en los Estados Unidos, quien calificó los ataques del ejército de EE.UU. como “absolutamente abominables y malvados.” Detrás de esta errática determinación, aparece la figura de Donald Trump, diciendo sandeces, improperios, groserías de todo calibre y amenazas contra las vidas de una generación completa de iraníes, a la cual dijo que quedaría totalmente exterminada si no aceptaban sus demandas, como entregarle todo el petróleo, el uranio enriquecido y el control absoluto del paso por el estrecho de Ormuz, en exigencias propias más de un pirata enloquecido, que de un líder moderno de una superpotencia mundial. Por supuesto, además de que esto haya calado negativamente en el electorado estadounidense, lo ha hecho mayormente profundo en los iraníes que han rechazado tajantemente tales argumentos esgrimidos por un esquizofrénico y un salvaje fuera de todos sus cabales.

              Para Johannes Thimm, director del grupo de investigación sobre América de la Fundación Ciencia y Política (SWP), teme que este tipo de opiniones se multipliquen en poco tiempo y tendrán resultados nefastos en los votantes. “En cuanto a las consecuencias económicas –ha dicho-, se reflejen en los Estados Unidos, las críticas (contra el mandatario) se harán más fuertes. El precio de la gasolina está subiendo debido al bloqueo de los suministros de petróleo. La guerra está impulsando la inflación y una de las promesas centrales de Donald Trump era mantenerla baja. Además, el conflicto supondrá una gran carga para el presupuesto estadounidense.” 

            Y para el asesor político Jonathan Katz, de la Brookings Institution: “La situación actual en Oriente Medio probablemente aumentará las preocupaciones internas y reforzará aún más la atención sobre una economía estadounidense inestable, con precios de la energía e inflación en aumento. El hecho de que el Congreso, controlado por los republicanos, siga centrándose en temas como Epstein (el judío pedófilo, amigo de Trump), ICE y la Resolución sobre los Poderes Bélicos (War Powers Resolution), demuestra que los temas de política interior no desaparecen fácilmente.”

            En cuando al ejército de los Estados Unidos enfrentado con el iraní, la opinión de los ciudadanos no es buena, pues se enteran a diario sobre cómo marchan los acontecimientos y ello podría permear sus decisiones de cara a las elecciones de mitad de mandato, en noviembre de este 2026. A esto se deben sumar las constantes contradicciones que se emiten desde la Casa Blanca y desde el Pentágono, con respecto a este conflicto: por ejemplo, Pete Hegseth, el supremacista con su torso tatuado con símbolos racistas e inquisidores, y dueño de un lenguaje tan violento y psicopático como el de su amo Trump, ha dicho desde su puesto como secretario de Guerra, que “EE.UU. puede librar esta batalla (contra Irán), con facilidad, durante todo el tiempo que queramos. Y, como ya he dicho, nosotros ponemos las condiciones.” Algo que, según las evidencias, no ha sido así y los iraníes han replanteado las debilidades del ejército norteamericano a lo largo de esta guerra; incluso, muchos tienen una visión “borrosa” o menos clara del éxito de USA en el campo de batalla y en lo interno de la Unión Americana, se debate en estos momentos si el ejército dispone de armas defensivas suficientes para repeler misiles balísticos y drones, que, al fin y al cabo, también son relevantes como elemento disuasorio frente a sus adversarios. El hecho de que los escudos defensivos de Israel, cedidos por los Estados Unidos, hayan sido prácticamente burlados y despedazados por los misiles iraníes, obliga a tomar con mayor seriedad este asunto. Todo esto permea el criterio generalizado en la población estadounidense, para no apoyar más a Trump y sea visto como un error al haber sido elegido presidente del país.

            Y para echar más sal sobre la herida, el comentarista y opositor a la guerra, Tucker Carlson, ha asegurado con total propiedad que “la decisión de ir a la guerra no la tomó el gobierno de Trump: fue Benjamín Netanyahu.” Y esto ha sido indecoroso, vulgar y preocupante para quienes se comienzan a plantear si es Netanyahu quien, realmente, controla y gobierna en los Estados Unidos, muy por encima de Donald Trump. Ya son millones de personas en USA, las que piensan que su ejército ha sido arrastrado a la guerra por el criminal genocida Netanyahu. Una guerra que nada importaba a esta nación.

            Para Jonathan Katz, arriba citado, ha habido una gran ausencia de aclaraciones sobre la estrategia, los objetivos y la duración de la guerra y cuestiona, evidentemente preocupado, sobre los efectos de este conflicto en el grosor del pueblo norteamericano: “¿Ha pensado la administración Trump también en las consecuencias de la guerra; por ejemplo, la protección de miles de estadounidenses en Oriente Medio? (Porque) las repercusiones de los combates, incluyendo la naturaleza y la duración de la acción estadounidense en Irán, se dejarán sentir en Estados Unidos y en todo el mundo.” Asevera.

Alejar o destituir a Donald Trump del poder

            Evidentemente, el presidente de EE.UU. no está bien. Nunca lo ha estado. Y debemos partir de la premisa de que la política no era lo suyo, como tampoco ahora lo es, porque no ha aprendido absolutamente nada de ella y mucho menos de la destreza de gobernar. Su salud no es buena. Ya presentaba en su primera administración una evidentísima inestabilidad emocional, sus razonamientos eran preocupantes por el alto grado de irrealidad que manifestaban y con el paso de los meses, esa evidencia se ha agigantado, se ha hecho más convincente. Donald Trump no está bien cognitivamente. Es un enfermo emocional o mental, no con la agudeza que mostró Joe Biden, su antecesor, quien estaba perdido en el tiempo y en el espacio, debido a los aneurismas que sufrió a lo largo de su vida, pero Donald Trump muestra cada día que necesita con urgencia el apoyo, la ayuda de un facultativo en el campo de la medicina psiquiátrica.

            Es por todo ello que en múltiples sectores de la vida estadounidense, se plantean la posibilidad de prescindir de Trump, más todavía cuando ha lanzado al aire amenazas extremas, choques reiterados con el Papa (quien es también estadounidense) y de quien ha dicho al insensatez (por no decir locura), de que le debe el puesto en el Vaticano a él, a Donald Trump; así como polémicas publicaciones en su plataforma social Truth y que plantea serias dudas acerca de su capacidad mental. Incluso, varios senadores y congresistas republicanos, al lado de los demócratas, consideran que se debe apartar a este sujeto de su cargo como presidente del país.

            Los demócratas, más seguros que nunca, presionan para alejarlo del poder, con base en la 25 Enmienda, una presión que se intensificó cuando le escucharon decir a los iraníes que “moriría toda una civilización” si Irán no acataba uno de sus tantos y ridículos ultimátum. Amenazas que lanza Trump, amparado en el potencial que innegablemente tiene los Estados Unidos, lo cual replantea este otro tema: el poderío nuclear no debería estar en manos de un desajustado de estos vuelos. Pero, fuere como fuere, tal expresión de que quería aniquilar a toda la población iraní, hasta hacerla desaparecer de la faz de la Tierra, además de que fue la amenaza proferida por un esquizofrénico en potencia, representó un posible crimen de guerra, con tintes de genocidio. Peor que el perpetrado por Netanyahu en la Franja de Gaza.

            Es así como la pésima gestión de este mandatario de EE.UU., los archivos del judío pedófilo Jeffrey Epstein, sus publicaciones en su red social y sus arremetidas contra el Papa León XIV, porque éste ha pedido paz en el mundo y el final de la agresión estadounidense contra Irán, no han hecho otra cosa distinta que avivar el debate.

            La 25 Enmienda fue añadida a la Constitución de los Estados Unidos en el año 1967 y tuvo como propósito aclarar cuándo y de qué manera, se puede apartar un presidente o un vicepresidente de su cargo. Cuál procedimiento es el que se debe implementar, ya sea por motivos de salud, fallecimiento o dimisión de éste. La creación de esta enmienda tomó celeridad luego del asesinato de John F. Kennedy, en noviembre de 1963, en Dallas, Texas.

            Tiene cuatro secciones: la primera permite que el vicepresidente asuma el máximo cargo si el presidente dimite o fallece; la segunda, trata sobre la sustitución del vicepresidente; la tercera faculta la transferencia temporal y voluntaria de poderes, si el presidente se encuentra transitoriamente incapacitado (fue invocada por George W. Bush, en el 2002 y 2007; y Joe Biden, porque iba a someterse a unas colonoscopias con anestesia); y la cuarta, contempla la destitución del presidente si es incapaz de desempeñar los poderes y deberes de su cargo. Las peticiones para destituir a Donald Trump, se enmarcan en esta última sección.

            En este caso particular, el vicepresidente y la mayoría de los principales responsables de los departamentos ejecutivos o de otro órgano creado por el Congreso, pueden declarar incapacitado para el cargo al líder de la nación. Entonces, el vicepresidente pasaría a ser el presidente en funciones. Esta sección, empero, nunca se ha invocado; aunque los deseos de hacerlo, han sido muy fuertes e intensos con ciertos individuos, como ahora con Trump, el psicópata por antonomasia.

            Hoy en día, quien pide la destitución del mandatario, es la congresista demócrata Jamie Raskin, de Maryland, quien ha propuesto crear una comisión para tal objetivo; más otros cincuenta legisladores demócratas de la Cámara de Representantes, quienes apoyan este proyecto de ley. Raskin así lo hizo saber en un comunicado difundido el pasado 14 de abril: “Estamos al borde de un precipicio peligroso y ahora es una cuestión de seguridad nacional que el Congreso cumpla con sus responsabilidades, en virtud de la 25 Enmienda para proteger al pueblo estadounidense.”

            Así mismo, la ex congresista republicana, Marjorie Taylor Greene, perteneciente a la derecha política de su partido, escribió en apoyo a la 25 Enmienda en su cuenta en X, el 7 de abril de este mismo año, cuando Trump lanzó su amenaza de acabar con toda la civilización iraní: “No podemos acabar con toda una civilización. Eso es malvado y una locura.” Y la verdad sea dicha: la opinión pública estadounidense está cada vez más preocupada por la capacidad mental de Donald Trump para gobernar y ha quedado revelado en una encuesta reciente hecha por Reuters/Ipsos, en la que quedó consignado que sólo el 45 por ciento de los ciudadanos cree que el actual mandatario está “en plenas facultades mentales y es capaz de afrontar los retos.” Una inmensa mayoría lo considera un demente que se debe alejar del poder ipso facto.

            Si, finalmente, se invocara la 25 Enmienda, Donald Trump podría “contraatacar” al presentar una declaración en sentido contrario, en la que afirme que no tiene o no sufre ninguna incapacidad; y, si el vicepresidente y el Gabinete mantienen su postura, el Congreso votaría sobre este asunto y se necesitarían dos tercios de los votos de los congresistas para destituir al presidente. En este punto, John Bolton, uno de los “halcones” republicanos y ex funcionario, concretamente fue asesor de Seguridad durante la primera des-administración de Trump (de la cual salió bastante lastimado en su honor y sensibilidad humana), dijo que “no creo que se vaya a invocar (la Enmienda), independientemente de si se debe hacer o no. Soy abogado, no psiquiatra, así que no puedo opinar sobre eso. Pero su problema no es necesariamente mental: es que no entiende ni le importa mucho el mundo que le rodea. Se centra en lo que beneficia a Donald Trump y eso lo condiciona todo, desde Irán hasta como trata a la OTAN y a los aliados de los Estados Unidos.” Explicó.

            Impredecible, altamente voluble (persona inconstante, cambiante de opinión, gustos o de carácter, con rapidez y facilidad; influenciable, sin firmeza en sus decisiones o compromisos, versátil, veleidoso y tornadizo); inseguro, frívolo, grosero, humillante, materialista, insensible, inhumano, desconectado con todo lo que le rodea (más todavía si se trata de personas); fantasioso, detractor de sus aliados, familiares y amigos, indiferente, explosivo, cobarde, traidor, sin principios ni escrúpulos, metalizado (sólo ama el dinero en grandes cantidades), narcisista a la “N” potencia, engreído, hiper-arrogante, endiosado, hiper-ególatra, hiper-egocéntrico y un extenso etcétera de características personales o subjetivas que definen a este energúmeno que ostenta la presidencia de los Estados Unidos y que, al estar en la cabeza del país más poderoso de la Tierra, influye directa e indirectamente sobre las demás naciones y gobiernos, y hace cambiar las vidas de millones de millones de personas, como en el caso de Irán, cuando ha asesinado a las niñas que estudiaban en un colegio en Teherán, la mañana cuando bombardeó el recinto donde recibían lecciones y no expresó ni una mínima muestra de tristeza o pesar y mucho menos culpa por esas vidas que segó con la orden que impartió a los aviadores estadounidenses de asesinar a todo lo que se moviera en la Capital persa.

            Donald Trump es un maldito que flotaba entre la peor mierda de Nueva York, que jugaba al multimillonario después de haber defraudado al fisco de su país, de inflar o desinflar, según fuera el caso, el precio de las propiedades que vendía o compraba, con tal de ganar más millones de dólares de lo normal; una bestia que sólo un pueblo como el estadounidense podía subir al poder, tal y como lo hizo en dos oportunidades y si se hubiera postulado a una tercera o cuarta elección, también lo hubieran elegido sin meditarlo siquiera. Y así como es este maldito personaje sacado del estiércol más fétido y nauseabundo y de la hez más hedionda de la humanidad, hay millones iguales o peores que él, deambulando por las calles de las grandes ciudades y a quienes el destino o Dios mismo no les dio nunca ni la mínima oportunidad para llegar al poder, porque, si lo hubiesen hecho, ya habrían destruido al planeta entero.

             Por esa clase de basuras que tienen vida y van de un lado hacia el otro sin meta alguna, es por lo que sentimos auténtico y profundo terror, porque, con un poco de poder en sus manos, podrían aterrorizar y causar muchísimo daño a millones de seres humanos bondadosos existentes actualmente. Pero Trump, que es uno de ellos, fue elegido a la Casa Blanca justamente por un pueblo sin moral, ni principios, totalmente materialista, como lo es el norteamericano, el mayor consumidor de fortísimas drogas del planeta, el mercado por excelencia de los narcotraficantes, para vender sus anfetaminas, éxtasis, cocaína, heroína y fentanilo, porque otro pueblo decente, que se precia y demuestra sus valores, jamás compraría esa basura que les siega las vidas. Es por esa razón que Donald Trump, en un pueblo con moral, tradiciones arraigadas y que ama a su tierra, jamás hubiera subido al poder.

           Hoy dice o escribe en su Truth Social: “lucho por la paz”; pero media hora después, ordena lanzar una bomba sobre Teherán, Bagdad, la Franja de Gaza o allí donde su cerebro plagado de maldad se lo ordene. A este sanguinario demente, gringo mal nacido, hay que sumarle la presencia de otra escoria, otra basura putrefacta, llamada Benjamín Netanyahu, que es más asesino, más criminal, más impúdico y cerdo que Trump y a quien hay que darle muerte lo más pronto posible y mil veces más rematarlo en el suelo, aunque ya la vida le haya sido arrebatada. Que no quede duda de que fue eliminado de este mundo.

           A Trump le faltan dos años para que finalice su mandato. Y tiene a la espera el electorado estadounidense a J.D. Vance, el actual vicepresidente, otro republicano que comulga, defiende y tolera la inestabilidad mental y criminal de su jefe Donald Trump; también permanece en la nómina, nada menos que el hijo mayor de Trump, el Jr., quien es algo así como “un clon” de su padre, igual de basura que éste; y sabemos que el electorado gringo nos pondrá sobre las espaldas a cualquiera de esas dos sabandijas, en detrimento del equilibrio, el sano juicio y la bondad de la humanidad.

            De ese país sin alma, con altos edificios y modernas autopistas, pero sin sentimientos ni respeto por el resto de quienes habitamos este planeta, podemos esperar cualquier cosa: desde un individuo igual o peor que Donald Trump, hasta una lluvia de misiles capaces de acabar con toda una civilización.

           Son malos tiempos por los que transitamos y lo peor se fundamenta en que no está en nuestras manos cambiar eso que marcha mal…


La Familia de Donald Trump
La Presidencia de los Estados Unidos como Negocio Extraordinariamente Lucrativo

WASHINGTON D.C. USA-(Especial para The City Newspaper) Con la falta total de escrúpulos que caracteriza al actual mandatario de los Estados Unidos, asumió la presidencia y ha hecho, junto a sus familiares, un lugar para obtener ganancias fuera de registro y lo que resulta peor… fuera de toda moral, acorde con su naturaleza delincuencial.

            Antes de entrar “en materia” en el fondo de este reportaje, hay que enfatizar que la imagen de Donald Trump y su gestión presidencial, están en niveles muy bajos en la opinión general de los estadounidenses, incluyendo a aquellos que, gustosos, lo llevaron nuevamente a la Casa Blanca, pocos meses atrás. Los despidos de personal, su retórica violenta agresiva y vulgar, los ataques a naciones latinoamericanas, en los casos de Venezuela y Cuba, sus amenazas a casi todos los socios comerciales de USA, la inflación económica que no deja de aumentar, la poca influencia en los congresistas republicanos, la guerra desatada contra Irán en la que ha quedado desnudada la posición de Trump con respecto a Israel, cuyo dictador, Netanyahu, ha dado muestras inequívocas de que manipula al mandatario estadounidense abierta y desvergonzadamente; el rechazo y la salida de varios organismos humanistas internacionales, el cierre abrupto y violento de Instituciones muy queridas por los ciudadanos como La Voz de los Estados Unidos, la estación de radio emblemática que cubría a todo el planeta con sus interesantes y profundas emisiones; y de Radio Martí, fundada durante el gobierno de Ronald Reagan, más otras medidas aberradas, muestra que “la gestión” de Donald Trump y su equipo de gobierno, están en mínimos históricos en los índices de aprobación. Esto significa que, si Trump dependiera de los votos de los electores ahora mismo, caería derrotado de manera inmisericorde y alarmante, como ningún otro político en el devenir de este país.

            Incluso, se dice que las encuestas indican que “sólo hay un presidente más impopular que Trump en la historia de los Estados Unidos de América y es él mismo durante su primera etapa, su primer des-gobierno,” cuando resultó elegido por el pueblo, después de haber vencido a la entonces candidata demócrata, Hillary Clinton. La casa encuestadora Pew Research, ha revelado que sólo el 37 por ciento de los estadounidenses aprueba lo que Trump está haciendo desde la Oficina Oval de la Casa Blanca. Muy posiblemente sean los vándalos como los motociclistas en grandes motos negras, quienes recorren el país de costa a costa, armados; los supremacistas a la luz de una gran cruz de madera en medio de las llamas y con capuchas blancas y los judíos de Wall Street y de los periódicos, quienes ven en Trump al individuo totalmente volcado a los intereses de Israel y de su dictador supra-asesino, Benjamín Netanyahu. Pero, a pesar de todo lo expuesto en las líneas de arriba, Trump mantiene el control casi total sobre el Partido Republicano y sigue siendo la figura principal del movimiento MAGA.

            Observadores indican que Trump ha podido gobernar hasta ahora, prácticamente sin oposición, gracias al control republicano en el Congreso de la nación y a un fallo protector de la Corte Suprema del 2024, que le otorga amplia inmunidad. Sin embargo, ello podría cambiar después de las elecciones intermedias, a celebrarse en noviembre de este 2026, y sus peores “detonantes” podrían ser la evolución de la inflación, los costos de la vida y la economía. Según Kathryn Dunn Tenpas, investigadora presidencial y del Congreso del Centro Miller de la Universidad de Virginia, “con el tiempo, los índices de aprobación de un presidente, tienden a caer, en parte por las promesas descabelladas que ha hecho y que después no puede cumplir. Y al mismo tiempo, con el presidente Trump, creo que lo que hemos visto es que los estadounidenses se preocupan mucho por el estado de la economía y el estado de su propio bolsillo.”

Situación de los votantes imparciales

            Son aquellos norteamericanos que no pertenecen ni a uno ni a otro partido, pero que ayudaron o fueron determinantes para que Trump llegara por segunda ocasión a la Casa Blanca; pero ahora se muestran desencantados con todo lo que ha dicho y hecho el gobernante. Es cuando la misma investigadora Dunn Tenpas, manifiesta: “Por supuesto, a muchos demócratas les preocupa especialmente lo que está sucediendo en Minneapolis y en otras ciudades del país, donde se ha desplegado el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Creo que los independientes y quizás los republicanos no leales a Trump, están cada vez más descontentos con lo que está ocurriendo.”

            Otros actos del actual mandatario también han enfurecido, incluso, a sus seguidores más leales. Por ejemplo, sus amenazas de integrar al territorio de USA a Groenlandia, arrebatarlo con la fuerza de las armas a Dinamarca; y hacer lo mismo con Canadá, irrespetando a los hermanos canadienses, quienes han tenido décadas de verdadera hermandad con los vecinos estadounidenses, han sacado de las casillas a más de un votante republicano, en desacuerdo con esas actitudes groseras, violentas y prepotentes. A esto debemos sumarle otros hechos causados por la imprudencia y la abrupta arremetida de Trump en el orden internacional, como los recortes a la ayuda exterior, los aranceles que ha impuesto a muchas naciones aliadas de USA y su reciente ataque, a mansalva (sin avisar), a Irán, causando asesinatos de lesa humanidad de gobernantes de ese país y de ciudadanos ajenos a la guerra y a la política.

             Para Todd Belt, politólogo de la Universidad George Washington, la economía general de la nación, así como la per cápita, podrían definir muchas circunstancias a muy corto plazo: “Casi siempre –afirma Belt-, la economía es el tema principal (en los estadounidenses), (y) a la administración actual podría pasarle factura centrarse en otras áreas, en lugar de en el propio país.”

            Descrito lo anterior, nos sirva de plataforma para describir el rol de cada miembro de la familia Trump, ahora que tienen casi todo el poder en los Estados Unidos; es decir, qué hace cada uno de ellos, sabiéndose en la cúspide del gobierno y de la misma sociedad norteamericana.

            Es del todo cierto que el llamado peyorativamente “clan Trump”, es un emporio insaciable que acusa ínfulas muy evidentes y remarcadas de querer ser una familia real, de esas tan comunes en los países árabes y en el lejano oriente. Cada miembro desempeña un papel específico, un cargo, y, ante todo, forma parte de un engranaje empresarial que ha desdibujado la línea entre el servicio público y el interés particular. Es decir, los Trump están ahí, en el gobierno, para favorecerse ellos primeramente, antes que cualquier otra razón que necesite ser resuelta en la realidad cotidiana de los estadounidenses. Y, además, parece que a ellos, los Trump, no les conmueve ni mueve gran cosa aquello de “fui electo para servir a mi pueblo.” Un concepto que no aparece ni levemente dentro de sus funciones en el Estado.

            Un periodista, quien formó parte de un equipo de investigación del diario The New Yorker, lo detalla de esta manera tan gráfica: “Nadie ha sabido explotar una presidencia con la astucia y la constancia de Donald Trump. Ahí están los números: US$3,400 millones, son los que ha logrado sumar el republicano a las arcas familiares entre el primer mandato (2017 y 2021) y lo que va del segundo. Detrás de su obsesión casi enfermiza por ponerle su nombre a casi todo, hay una estrategia para amasar aún más capital. El apellido Trump se ha consolidado como algo más que un legado presidencial: es una marca que pasa por su mejor momento, un imperio y, sobre todo, una estructura familiar que opera con precisión y con el halo de querer ser la nueva monarquía americana.”

            Una vez que Donald Trump tomó posesión de la Casa Blanca, distribuyó los puestos y funciones a cada miembro de su familia, quienes comenzaron a interactuar desde la Torre Trump en Nueva York, hasta la sede del poder en Washington, en forma de un engranaje “bien aceitado” y funcionando con total eficacia. Así, Donald Trump Jr., el primogénito, comenzó a dirigir las relaciones con la base conservadora y supervisa los negocios inmobiliarios; Jared Kushner, el judío esposo de Ivanka, mantiene su influencia en círculos empresariales globales y últimamente se ha destacado al ser enviado por su suegro, el presidente, a negociaciones con Vladímir Putin, con el objetivo de detener la guerra en Ucrania; a Israel, a reunirse con el criminal Netanyahu; y recientemente, antes de los ataques a Irán, conversó con algunos miembros de la cúpula gubernamental iraní y fue Kushner y su compatriota judío, Steve Witkoff, los que dieron el empujón final a Donald Trump para que atacara a Teherán e iniciara la guerra que ahora mismo está sufriendo Oriente Próximo.

            Eric Trump, dirige las operaciones de golf y hospedaje en los hoteles que pertenecen a la familia; mientras su padre, con sus ínfulas de “emperador todopoderoso”, ya lo hemos visto, se mueve por el panorama mundial, quitando ayuda a naciones en desgracia y tercermundistas, sacando a los Estados Unidos de cuanto organismo a él se le ocurre y declarando victorias militares donde ha dejado campos humeantes, plenos de cadáveres de inocentes. Más que un reyezuelo sin control, Trump parece un jinete del Apocalipsis que sólo desgracia ha traído para el mundo y la humanidad.

            Peter Baker, quien es corresponsal de The New York Times en la Casa Blanca, ha sintetizado lo que significa esta familia en la actualidad y en la realidad de los Estados Unidos: “Los Trump han hecho más que monetizar la presidencia que nadie haya ocupado la Casa Blanca, imprimiéndole un carácter de normalidad a cada transacción, en contraste con su empeño de ahuyentar las acusaciones de conflicto de interés durante su primer mandato. Eso se acabó. Ahora, aceptar un avión de lujo de la familia real catarí, valorado en US$367 millones, ya no está mal visto. Ni explotar su residencia privada de Ma-a-Lago, en Florida, aprovechando los cuatro años de presidencia. Tampoco usar su propia red social, Truth, para comunicar asuntos oficiales, obligando a los usuarios a suscribirse para poder leerlos. O hacerse millonario con criptomonedas a su nombre y de su familia. Hasta Melania Trump tiene su propia moneda digital.” Precisa el comunicador.

Uno a uno, los Trump. Actividades, apariciones (y desapariciones)

            El clan funciona de esta manera. Analicemos a cada uno de sus componentes:

           La Primera Dama, Melania: Con un perfil super-bajo, da la impresión de que no quiere ser vista, ni fotografiada ni entrevistada por los reporteros, con la finalidad de evitar controversias y malos entendidos.

            Siempre elegantemente vestida y con un estilo de mujer con clase y/o de la aristocracia, sus apariciones públicas se pueden contar con los dedos de una mano “y nos sobran dedos de esa misma mano.” Sin embargo, quienes la han seguido en los últimos meses, aseguran que la influencia de esta mujer sobre su intempestivo marido, Donald Trump, ha ido en crecimiento paulatino, aunque tan sutilmente que ni él mismo se percata de que, además del criminal judío Netanyahu, su esposa mueve “los hilos tensos de la marioneta.” Es así como otro periodista que cubre las actividades y noticias de la Casa Blanca, ha descrito: “En un ecosistema político que nunca antes había estado dominado por una sola figura central (Donald Trump), la llave para resolver muchos conflictos pasa por ella (Melania).” Incluso, una encuesta de febrero de este 2026, la situaba como la décima persona de mayor influencia dentro del gobierno de su esposo, por detrás de Pam Bondi, la fiscal general del país, quien tacha o borra el nombre de Trump en las listas del judío pedófilo Jeffrey Epstein, cada vez que ahí aparece; o de Stephen Miller, el arquitecto y famoso “zar de la frontera”, que diseñó las políticas supra-violentas en contra de los inmigrantes.

            Otro analista de esta administración escribe sobre Melania: “Aunque los críticos literarios la hicieron pedazos tras la publicación de sus memorias –publicadas en octubre del 2024-, descrita como una persona extremadamente superficial y apolítica, la última clase de persona que uno imaginaría como esposa de un político, muchos le atribuyen a ella el cambio de postura de Trump en muchos asuntos de índole geopolítica, como su viraje sobre la hambruna de la población civil en Gaza, que al principio (el presidente) negaba, o el entender las aspiraciones imperialistas de Vladímir Putin en Ucrania. De mirada gélida y gesto duro en ocasiones, la Primera Dama puede estar moviendo mucho más los hilos de lo que muchos se imaginan.”

            Aunque “de cara a la galería”, Melania Trump parece ser solamente “la modelo” que se casó un día con el inmoral Donald y que se mantiene a su lado (o dentro del penthouse en la Torre Trump), por no sabemos cuál razón. De hecho, cuando los dos caminan para abordar el helicóptero o el avión presidencial, no deja de acaparar la atención y hace preguntarse a muchos periodistas: “¿Cómo será en realidad esta elegante mujer de sonrisa aparentemente vacía y que rara ocasión hace escuchar una sola palabra emitida por sus labios?”

            También hizo cuestionar cientos de preguntas, cuando su esposo era acusado en los tribunales de justicia por haber pagado a prostitutas, determinadas y cuantiosas sumas de dinero a cambio de su silencio; o cuando aquella columnista de The Washigton Post le ganó el litigio por haberla violado en una tienda céntrica de Nueva York y a quien Donald Trump tuvo que pagar una millonaria cantidad de dólares en compensación. En todos esos momentos, Melania ni siquiera hizo aparición pública y se guardó para sí cualquier comentario al respecto.

            Su personalidad e imagen está compuesta por una fuerte dosis de elegancia y buen gusto, aunada al misterio, “el duende” andaluz de “aparezco hoy y desaparezco por los próximos 40 días siguientes”, creando más dudas, intrigas e interés en quienes tienen como tema todo lo que sucede en la Casa Blanca.

            Donald Trump Jr.: es el primogénito y el que más se parece a su desalmado papá. Es quien ansía, más que ninguno, alcanzar la presidencia de los Estados Unidos, un puesto que siente le pertenece o está reservado para él por derecho propio.

            Tiene 47 años de edad y ha pasado de ser un empresario que cuida sus propios negocios y los de su padre, a una figura política con peso específico dentro de la corriente que muchos analistas llaman “trumpismo.” Incluso, su ascenso en los círculos de poder conservadores no ha sido casual ni improvisado y responde a una combinación de lealtad absoluta a su padre, afinidad ideológica con la base más dura del Partido Republicano y una habilidad creciente para moverse en el ecosistema mediático y financiero de la nueva derecha de los Estados Unidos.

            En cuanto a su postulación, el Jr. no da fechas para presentar su nombre al gran electorado estadounidense; incluso evade las preguntas que se le hacen en torno a este asunto; pero él se siente el heredero único del “universo MAGA (Make America Great Again)”, el representante de la continuidad generacional del mismo movimiento, todavía mejor que el vicepresidente JD Vance o el secretario de Estado, Marco Rubio. Y para hacer más ventajosa su posición, Trump Jr. conoce mejor que nadie los entresijos de la organización fundada por su padre y sería, según los conocedores fieles de su realidad, el hombre idóneo para mantener la máquina de generar millones de dólares, perfectamente engrasada.           

            De tal forma, no es para extrañar si, en un futuro no muy distante de la actualidad, los votantes de los Estados Unidos tendrán frente a ellos la nominación de Donald Trump Jr., quien muy posiblemente tendrá la clara oportunidad de alcanzar la presidencia, pues las  masas, recordemos, no son racionales ni tienen memoria. Es decir, le elegirán por su apellido, por su juventud, por su manipuleo y, esencialmente, porque no se acordarán de las estupideces (una tras otra), que cometió su padre cuando fue presidente en dos ocasiones.

              Jared Kushner: Hemos escrito de este sujeto riadas de tinta en este mismo periódico, justamente por su personalidad glacial, calculadora, total y excesivamente metalizada (amante del dinero ante cualquier otra premisa, incluso por encima de sus padres, esposa e hijos). Parece un maniquí que se mueve mediante baterías puestas en su espalda y que se acciona cuando se le aprieta un botón oculto. Su mirada es fija, sin vida, sin emoción alguna; y sus labios, en lugar de dar una sonrisa amplia, apenas esbozan una leve mueca que se debe interpretar como sonrisa.

               Nació y creció en el seno de una familia judía; por lo tanto, su educación no podía ser diferente a dirigir sus pasos en pos del dinero, como único objetivo en la vida. Pero al alcanzar su suegro, Donald Trump, la presidencia de los Estados Unidos, éste, sin el menor recato ni conocimiento de la personalidad humana, ni de las destrezas de las personas, y tampoco su idoneidad, le asignó papeles que sólo existen para ser ejecutados por los diplomáticos de carrera. De ahí que Kushner, el maniquí que camina impulsado no sabemos por cuál o qué mecanismo, haya fracasado una y otra vez en los intentos por pacificar aquel territorio (país) o aquel otro.

            Su personalidad deshumanizada que ve dinero incluso donde todavía no lo hay, incitó a su suegro para que le propusiera al criminal judío Benjamín Netanyahu, la creación de un resort en la Franja de Gaza, con grandes hoteles, casinos, avenidas y tiendas lujosas, sin reparar hacia dónde se debían enviar a todos los palestinos que ahí subsisten bajo los bombardeos israelíes. A él no le importa la viejecita que vive en aquella casa, si se le puede sacar ganancia económica a esa misma casa, si la anciana fuera despachada de allí. Así piensa (y no siente), Yared Kushner.

            Se mueve entre bastidores, en las sombras, detrás de Donald Trump y sabe que éste es un imbécil de “rompe y rasga”; pero que se le puede capitalizar como nadie dentro del poder que ostenta en el gobierno de esta gran nación y conoce la influencia de contar con semejante suegro.

            Está casado con Ivanka Trump, la bella Ivanka, quien se mantiene junto a él y no acertamos a saber por qué lo ama o por qué sigue a su lado, pues se trata de un individuo anti-emocional, aparentemente insensible y que se mueve solamente por el “tintineo” de las monedas al caer y allí donde hay poder verdadero. Tiene tres hijos con ella.

            Kushner ha pasado de un papel con mayor visibilidad en el primer gobierno de Trump, a explotar un fondo de inversión que comenzó con US$3,000 millones, compuesto, casi en su totalidad, por inversores con los que trabajó en su etapa en la Casa Blanca, todos ellos extranjeros. Además, este judío ha recibido dinero de los gobiernos de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudita; y tiene intereses financieros en Israel, Alemania y California, en la costa Este estadounidense.

            Hubo una época en la que tenía dentro de sus planes la construcción de un complejo de apartamentos y hoteles de lujo en Serbia, más otros desarrollos inmobiliarios similares en la costa mediterránea de Albania. Las operaciones en Los Balcanes las pudo cerrar con el presidente serbio y el primer ministro albanés, a quienes conoció, contactó y convenció, durante el primer gobierno de Donald Trump. Es decir, utilizó su posición en la Casa Blanca para beneficiarse él mismo y sus proyectos para amasar mayor fortuna.

                Este sujeto sin alma, ni sentimientos, ni emociones, se mueve al ritmo que le marca el dinero, según vaya, se quede o se invierta; y otro motivo, como la política, el matrimonio, la paternidad o la amistad… no lo mueven a él, pues se trata de un fantasma, un espectro, que sólo piensa y actúa en función del gran capital. Los pobres, los miserables de la Tierra, en consecuencia, no le mueven ni un ápice y tampoco le llaman a la conmiseración, mucho menos a “la absurda” caridad. Eso no es lo suyo. No es su estilo. No le “pilla desprevenido” tampoco.

                Ivanka Trump: es la bella hija de Donald Trump. Por alguna razón que se desconoce, no utiliza el apellido de su esposo, el judío Jared Kushner. Es una mujer con una increíble fuerza de voluntad para el trabajo y para crear empresas que nacen, se desarrollan y progresan bajo su nombre y supervisión.

            Su papel en este segundo gobierno de su padre, ha sido prácticamente nulo. O no le interesa la política, o no sonsaca nada positivo de ella para sus negocios o sus hijos (Theodore James, Joseph y Anabella) y empresas personales, le mantienen alejada esta vez del despacho Oval de la Casa Blanca. No obstante, durante el primer mandato de Donald Trump, Ivanka fue su asesora presidencial y encarnó, mejor que nadie, el concepto y la aspiración de convertir a la familia en una especie de realeza estadounidense.

            En aquella época, representó a los Estados Unidos en cumbres internacionales y tuvo la oportunidad de oro de codearse con líderes mundiales como la alemana Angela Merkel, Emmanuel Macrón o el desaparecido (asesinado), ex primer ministro japonés, Shinzo Abe.

            Se la acusó en su momento de ser representante del más sórdido nepotismo en el gobierno; y también de amasar hasta US$640 millones durante aquellos primeros cuatro años que estuvo en la Casa Blanca. Esos supuestos movimientos financieros millonarios, fueron hechos junto a su esposo, el siempre y visceralmente metalizado Jared Kushner. Posiblemente por ello se alejó, en esta segunda administración, del ruido de las críticas y de los círculos de poder; pero hay quienes “atizan” el fuego al afirmar que Ivanka ya no se aparece por la Casa Blanca, debido a su pésima relación con su madrastra, Melania Trump. Aunque esto último no ha sido confirmado ni desmentido por ninguna de las partes involucradas.

            La verdad es que Ivanka, gracias a su ímpetu ejecutivo y empresarial, ha generado su propia e importante fortuna monetaria, de la cual no tiene que agradecerle nada a su marido, ni a su padre ni al paso, efímero por demás, por el poder en los Estados Unidos. A todas luces, es una empresaria inteligente y exitosa.

             Eric Trump: la posición que ostenta es de “segunda magnitud”; es decir, “los focos apenas iluminan su silueta” y se mueve silenciosamente dentro de la familia. Está muy lejano de parecerse a su hermano mayor, Donald Jr., en cuanto a la política y aspiraciones y tampoco precisa de exponerse dentro de la esfera política estadounidense actual.

            En todo caso, Eric controla las operaciones del imperio empresarial de la familia y apoya con toda lealtad lo que dice, hace y deja de hacer su padre, el mandatario de los Estados Unidos. Durante el primer período presidencial de su progenitor (2017-2021), se mantuvo al margen del gobierno, pero asumió, junto a su hermano mayor, la gestión diaria de la organización Trump, convirtiéndose en una figura clave para preservar el negocio de la familia en tiempos cuando la presión legal, el escrutinio mediático y los boicots políticos, eran la constante contra la firma Trump.

            Eric se ha especializado a través de los años en los campos de golf, el desarrollo de nuevos proyectos urbanísticos y los eventos sociales, donde puede surgir el siguiente proyecto empresarial que beneficiará, sin duda e inevitablemente, a la familia. Evidentemente, lo suyo no es la política, que no entiende en profundidad, pero cuando ha tenido que defender las actitudes de su padre, lo ha hecho con vehemencia y sin titubear un palmo siquiera.

            Empero, su esposa, Lara Trump, ha estado demostrando que le gusta el quehacer político e, incluso, llegó a ser la número dos del Comité Nacional Republicano (RNC); y su nombre ha sonado constantemente como posible candidata al Senado o a la Cámara de Representantes, en especial en Carolina del Norte. Tiene la facilidad de ser reconocida a nivel nacional, acceso a los donantes, dominio del mensaje conservador y una imagen más Institucional que las de otros miembros del clan. Es por esas razones que sería factible verla luchando, con el máximo proselitismo, en el futuro, por alcanzar un puesto de importancia política. Es por ello que siempre será bueno recordar su nombre para darle seguimiento de aquí hasta que alcance su objetivo.

            Barron y Kai Trump: el primero, es el hijo menor del presidente con su esposa actual, Melania. Tiene 19 jóvenes años y no ha expresado absolutamente nada que denote que estaría gustoso de ser político como su hermano mayor, el Jr. o su mismo progenitor. Tampoco Melania ha insinuado nada al respecto siquiera. Por ahora, Barron solamente es un joven de elevada estatura, muy parecido físicamente a su padre y a quien gusta el futbolsoccer, deporte que suele practicar a nivel estudiantil. Pero de poder, gobiernos y política… nada de nada. El muchacho se mantiene sano y su madre, sabemos bien, lo prefiere así también y no dentro del cenagoso mundo de la política. Tampoco suele exponerse a los medios de prensa y se halla rodeado de una imagen de misterio y, por lo tanto, muy llamativa para “la prensa del corazón” y por los vaticinadores que quieren conocer sus inquietudes acerca de la política misma. Su madre ha tendido un valladar que resulta infranqueable para los periodistas.

            En cuanto a Kai, es la hija de Donald Trump Jr. y de Vanessa Trump. Es una muchacha de 18 años apenas, pero su temperamento e inteligencia son despiertos; de hecho, ha acompañado a su abuelo en la reciente campaña electoral en la que resultó vencedor frente a la demócrata Kamala Harris. En julio del 2024, Kai pronunció un discurso en la Convención Nacional Republicana, en apoyo a la reelección de su mismo abuelo, Donald Trump. Es golfista, suele acompañar a su abuelo en algunos de los torneos en los que participa y tiene como planes, jugar en el equipo universitario de la Universidad de Miami, en este 2026.

            Evidentemente, todos los descendientes del mandatario de los Estados Unidos tienen diferentes actividades y responsabilidades, pero el común denominador que los hace ver iguales, es el amor por el poder y el dinero; y tampoco escatiman esfuerzos por alcanzar esas metas donde acrecentar fortunas y posiciones de dominio, son las razones de sus luchas y sus callados y también públicos anhelos.

           También, aunque así no lo hayan pensado ni considerado, todo lo que haga ahora su padre y abuelo, el actual presidente de los Estados Unidos, repercutirá inevitablemente en los alcances futuros de los descendientes Trump; es decir, si Donald finaliza su mandato con una aceptación más que decorosa, el destino de sus familiares estará asegurado en la política de este país; pero si continúa como va… de manera desastrosa, es posible que los votantes les pasen “las facturas” por esos errores; aunque el electorado estadounidense suele ser uno de los más “perdonadores y olvidadizos” de cuantos existen en las democracias modernas. No sabemos si esto lo habrá sopesado el Jr., quien es el que más politizado aparece y con mayores ansias de ser presidente también; pero su padre sigue teniendo el destino suyo en sus manos, un papá díscolo, capaz de hundir a la humanidad entera, como se supone lo está tratando de hacer ahora mismo.

            Esta es la familia Trump, sinónimo de poder y ambición; aunque también antítesis de moral, honorabilidad, honestidad y respeto por los semejantes. Unos sujetos dispuestos a pasar por encima de las vidas humanas, con tal de alcanzar sus más caros propósitos, sin que esto llegue a molestarle jamás en sus consciencias.


Más Revelaciones de la Relación Entre Donald Trump y el Pedófilo Judío Jeffrey Epstein

WASHINGTON D.C. USA-(Especial para The City Newspaper) Lo ha intentado todo este vicioso llamado Donald Trump, al que los estadounidenses cometieron el peor equívoco de la historia de los votantes de este país, al llevarlo por segunda vez a la presidencia. Y decimos que lo ha intentado todo, pero no le ha dado resultado alguno. Veamos: en primer término, citó al genocida ruso, Vladímir Putin, a Alaska, a una mal llamada “cumbre” para pacificar Ucrania, con un enorme despliegue mediático; después, bombardeó Irán, las presuntas centrales nucleares persas; luego, le confeccionaron un plan de paz para detener el también genocidio israelí en la Franja de Gaza, que no ha dado resultado, dicho sea de paso; posteriormente, envió buques de guerra al Caribe para sitiar a Venezuela, insinuó que iba a derrocar a la camarilla narco-dictatorial de ese país suramericano (pero no lo ha hecho y el dictador Maduro continúa en el poder), y ha estado bombardeando lanchas que no se sabe si eran portadoras de cocaína o de pescadores artesanales que salían a bregar para ganarse el sustento diario por medio de la pesca. Últimamente, ordenó al Pentágono que comience con nuevas pruebas nucleares, en respuesta a las que está efectuando Rusia. También, durante su reciente viaje a lejano Oriente, y tras su entrevista con Xi Jingping, el dictador chino, Trump anunció exultante que habían llegado a acuerdos comerciales satisfactorios, restableciendo los mecanismos anteriores entre ambas potencias en lo que atañe a importaciones y exportaciones en ambas direcciones.

            Todo ello lo ha hecho Donald Trump con una intención velada de fondo: que los estadounidenses medios, el pueblo que le dio la presidencia a él mediante el voto, los periodistas y, principalmente sus enemigos acantonados en el Partido Demócrata, se olviden de ese feo, engorroso e incómodo tema de su amistad –clarísima amistad-, con el pedófilo judío, Jeffrey Epstein, quien se suicidó en una celda en Manhattan. Pero los recuerdos cada día aparecen más frescos, más molestos, como la peor de las pesadillas en una noche cualquiera; aunque no se trata de un mal sueño, sino de una realidad por la que Trump está pagando su inmoralidad de sus años anteriores, cuando compartía con Epstein y otros amiguetes del mismo talante, a jovencitas, casi niñas, en actos de pedofilia aberrantes, vulgares y fuera de toda regla humanista. El judío delincuente sexual, persigue a Donald Trump y le quita la paz, el sueño y la alegría al saberse presidente de la primera potencia mundial. Los congresistas demócratas lo saben y vierten “más sal a la herida” para que no cierre, para que se mantenga abierta y para que al gobierno de Trump le sepa amargo y le sea imposible disfrutar de lo que debería ser un verdadero éxtasis de gloria, al vivir nuevamente en la Casa Blanca.

Nuevos mensajes del pederasta

Hace pocos días, los representantes del Partido Demócrata en el Congreso de los Estados Unidos, asemejándose a un ataque con decenas de drones que pueblan el cielo, lanzaron al “aire” nuevos correos electrónicos del delincuente sexual Jeffrey Epstein, en los que se puede leer que aquel sujeto que se mató en su celda de la prisión federal de Nueva York, en el 2019, mientras aguardaba juicio, sugirió que “Donald Trump conocía mi conducta (depravada), y pasó horas con una de las víctimas (muchachas explotadas sexualmente por el judío y sus amiguetes).” En realidad, se trata de nuevos correos electrónicos que pertenecen a los archivos del hebreo, acusado de pederastia por las leyes estadounidenses. Quienes han hecho públicos estos eMails, son legisladores demócratas y lo han hecho en la Cámara Baja, con el propósito de revelar más vínculos del judío con el actual mandatario Donald Trump, quien sigue negando cualquier nexo con el delincuente, quien fue, sin duda, amigo cercano y aliado en sus “correrías” e indecencias con menores de edad, quienes subsistían a duras penas (en condición de secuestradas), en las casas de lujo del pedófilo en cuestión.

            Los hallazgos a los que hacemos mención en este reportaje, fueron compartidos por miembros del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, durante la revisión de unos 23,000 documentos adicionales sobre el caso Epstein; y la reacción en Donald Trump y sus allegados en la Casa Blanca, ha sido de verdadera preocupación; y en la bases, en sus partidarios, esos mismos que le otorgaron sus votos en las pasadas elecciones, ha sido algo así como “un síndrome” que les ha aturdido fuertemente en sus espíritus y consciencias. “Trump pasó largas horas en mi casa con una de las víctimas”, revela uno de los correos enviados por Epstein. Una afirmación que cualquier persona decente que se preciara de ser simpatizante política de Trump, no podría soportar y mucho menos asimilar de ninguna manera. Y eso es justamente lo que está sucediendo: la gente se está decepcionado aceleradamente de su ídolo, Donald Trump, al conocer estas verdades.

            Los congresistas demócratas han expresado al respecto: “los correos electrónicos plantean serias preguntas sobre Donald Trump y su conocimiento de los crímenes horribles de Epstein.”

            Dentro de la opinión pública, simultáneamente a lo que estaba aconteciendo en las entrañas del Congreso, y en una conferencia de prensa justamente en el Capitolio, víctimas de los abusos del judío Jeffrey Epstein, exigieron la publicación íntegra de los archivos del caso y argumentaron que “sólo la transparencia garantiza la (aplicación de la) justicia.” Y en otras circunstancias, cuando una de las oradoras hacía su intervención hablada en el mismo escenario, Trump ordenó que aviones de combate sobrevolaran el edificio y lo hicieran a vuelo casi rasante para interrumpir con sus motores las palabras de las víctimas de Epstein y sus “colegas” delincuentes sexuales. ¡Hasta ese extremo, al usar a la Fuerza Aérea, ha llegado Trump para acallar las voces que le descubren y acusan!

            No obstante, no pudo evitar que esas mujeres abusadas por el judío y su mujer, Ghislaine Maxwell, quien gustaba actuar en los tríos sexuales y orgías que su marido Epstein organizaba, continuaran pidiendo justicia a los congresistas que las escuchaban en los salones del Capitolio. “Esta mujer abusó de niñas”, intentaba decir Anouska De Georgiou sobre Maxwell, quien permanece en prisión en estos instantes, pero los aviones enviados por Trump ahogaron su alocución con el estruendo. Sin embargo, pudo continuar con su intervención en las escalinatas del edificio, lo mismo que otras compañeras suyas que dieron sus testimonios abrasadores y acongojantes. “Fui abusada por Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell durante más de 10 años. Ghislaine Maxwell estuvo presente en parte de mi abuso a manos de Jeffrey Epstein. Estuvo presente, fue cómplice y lo facilitaba.” Aseveró Anouska. 

            Las denunciantes sostienen que la publicación íntegra de los archivos del caso Epstein, les permitiría ser escuchadas: “El Congreso debe decidir: ¿Seguirá protegiendo a depredadores o, finalmente, protegerá a las sobrevivientes? La transparencia es justicia. Publiquen los archivos, acaben con el secretismo y acompáñennos a la hora de proclamar que nadie –ni multimillonarios, ni políticos, ni líderes mundiales- está por encima de la ley.” Manifestó Lisa Philipps, otra de las víctimas del hebreo y su mujer.

Esta comparecencia de las víctimas fue organizada por los congresistas Ro Khanna (demócrata por California); y Thomas Massie (republicano por Kentucky, muy consciente del daño que Trump y los otros secuaces de Epstein, causaron a estas mujeres, a pesar de pertenecer al mismo partido del presidente del país). Ambos, impulsan una votación en la Cámara de Representantes sobre la llamada Ley de Transparencia de los Archivos Epstein. Dicho proyecto exige la publicación íntegra de los documentos del Departamento de Justicia, que están vinculados a este delincuente sexual. Anteriormente, el Comité de Supervisión de la Cámara, que es el principal órgano de investigación legislativa, difundió un primer compendio de más de 33,000 páginas sobre Epstein y su mujer, Maxwell. Fue cuando Teresa Helm, otra de las víctimas del judío y su compañeros, aseveró que “espero que la apertura de los archivos permita un ajuste de cuentas y revele responsabilidades. Si hay más investigaciones y cargos contra quienes deben responder por crímenes, eso sería enormemente significativo para todas las sobrevivientes.” Helm fue engañada por Maxwell y abusada por Epstein en el 2002, cuando tenía 22 años de edad. Hoy trabaja de coordinadora de servicios para sobrevivientes en el Centro Nacional de Explotación Sexual y al referirse a sus negras experiencias, declara: “Las secuelas del trauma acompañan toda la vida. Han pasado más de dos décadas de mi caso y trabajo con otras sobrevivientes. Eso forma parte de mi proceso de sanación. Nada borrará lo ocurrido, seguiré lidiando con ello siempre; y, sobre todo, quiero evitar que tantas otras personas pasen por lo que yo pasé.

Existe la famosa “lista Epstein.” Trump está en ella

Cuando los congresistas demócratas dieron a conocer los eMails de Epstein, de inmediato la prensa de los Estados Unidos se volcó ante Donald Trump y en el Despacho Oval no pudo evitar ser consultado sobre este tema particular. Lógicamente se sintió y se le vio molesto, pues el tema no lo abandona y haga lo que haga, como expresamos al inicio de este reportaje, ya sea detener la guerra en Ucrania o bajar de la dictadura a Nicolás Maduro en Venezuela, siempre el tema Epstein estará por encima de todos esos aspectos que Trump utiliza para acallar las voces, para desviar la atención de los periodistas y para que, de una vez y por todas, le dejen en paz con este asunto que ha trascendido la pesadilla para convertirse en un horrendo trauma, del cual él es el culpable y nadie más por haber disfrutado (así como se lee) de las niñas que el judío le ponía a su disposición. Nadie más que Donald Trump es el causante de este feo pasaje en su vida y en las vidas de las víctimas, que hoy se le aparecen, en plena madurez de estas mujeres, exigiendo justicia contra los pedófilos; aunque el principal de ellos ya se suicidó y su socio es nada menos que el presidente de la primera potencia mundial.

            Molesto, siempre molesto, al borde de la explosión violenta, Trump contestó a la prensa y reiteró al decir que “las demandas de más archivos son un engaño (que) desvían la atención de mis logros. Creo que deberíamos hablar de la grandeza de nuestro país y del éxito que estamos teniendo (¡?). Probablemente estamos viviendo los ocho meses más exitosos de cualquier presidente en la historia (!) y de eso quiero hablar. Deberíamos hablar de eso, no del engaño de Epstein (?).” “Engaño de Epstein” ha dicho Trump, queriendo desmarcarse de quien fue su gran e inseparable amigo de fiestas sin límite, quien le facilitaba no mujeres, sino niñas que tenía enclaustradas en sus mansiones, en su isla personal en las Antillas y de las que Donald Trump abusó sin ningún miramiento y mucho menos escrúpulos.

            Y es aquí, en este lapso preciso cuando Teresa Helm aparece nuevamente para recordar y subrayar que “la politización del debate es un obstáculo y la rendición de cuentas debería ser una responsabilidad nacional. Esto no es una guerra política. Es lamentable llevarlo a ese terreno, porque hemos visto pasar administraciones de todo signo que no han hecho nada al respecto. No es de izquierdas contra derechas, azul o rojo. Es un asunto de Estados Unidos. Todos debemos unirnos. (Nuestra) demanda de transparencia debería ser una prueba sobre quién puede abusar de quién en Estados Unidos y quedar impune. Y, para nosotras, la respuesta debería ser clara: nadie.” Demandó con esta argumentación esta víctima del judío, su mujer y sus socios en esto de abusar sexualmente de personas normales, cuyo único error fue creer a Ghislaine Maxwell cuando ésta les ofrecía mucho dinero a cambio de trabajo honrado y posibilidades de surgir académicamente en las mejores Universidades que Epstein mentía también al ofrecerles.

            Mientras tanto, la famosa lista de Epstein sigue “sobrevolando” la opinión pública del país y todos quieren conocerla con detalle. Es un documento que consta de casi 1,000 páginas y que un tribunal ordenó su publicación al completo. Allí, aparecen nombres como los de Bill Clinton y Donald Trump, dos reconocidos pederastas desde siempre y cuya aparición en la lista no sorprendió a nadie en los Estados Unidos, pero si causaron asco y repulsión.

            Este legajo de páginas fueron dadas a la opinión ciudadana dentro del marco del juicio que enfrentó la mujer del judío, la inglesa Ghislaine Maxwell, quien luego sería condenada a 20 años de cárcel por el cargo de haber reclutado a niñas y mujeres menores de edad, para que fueran abusadas sexualmente por Epstein, ella misma y otras personas que eran invitadas y accedían gustosas a las orgías que este delincuente sexual, quien se ahorcó en su celda de prisión, organizaba constantemente en sus casas particulares. Maxwell, quien a la postre estaba casada con Epstein, alcanzaba a las muchachas cuando caminaban hacia sus sitios de trabajo, se bajaba de su lujoso auto, les hablaba, convenciéndolas para dejaran lo que estaban haciendo y se fueran a “trabajar” bajo las órdenes de su marido, el pedófilo hebreo, como masajistas, y les prometía excelentes salarios y posibilidades de seguir estudiando en las mejores escuelas y Universidades del país. Una vez dentro de las paredes de las casas de Epstein, ambos las obligaban a prostituirse con él y sus invitados.

            El grueso folio que ha sido desclasificado por los jueces, contiene protocolos de la audición de testigos, correos electrónicos y otros textos, como declaraciones de Maxwell, así también de la entonces niña abusada, Virginia Giuffre (quien se trajo para el suelo la reputación y la posición aristocrática del ex Príncipe Andrés de Inglaterra); y de Johanna Sjoberg, otra de las víctimas.

            Algunos de los personajes que aparecen en la lista, además de Trump y Clinton, son el ex Príncipe Andrés, el artista Michael Jackson y el magnate de la informática, Bill Gates, entre muchos otros quienes fueron más precavidos y usaron seudónimos como aquel que fue muy utilizado, de John Doe. En lo que respecta de Andrés, caído en lo más bajo de su desgracia al serle eliminados sus títulos de nobleza y sus cargos dentro del gobierno británico, Sjorberg declaró que tuvo un encuentro con él en el departamento de Epstein en Nueva York y que éste había posado con ella en una foto, mientras le manoseaba los senos. En lo que estriba a Bill Clinton, la misma víctima dijo mediante juramento ante el tribunal, que este ex presidente de los Estados Unidos (1993-2001), “las prefiere jóvenes, casi niñas.” Añadió que el ex mandatario en cuestión, voló algunas veces en el avión privado del judío, hacia los sitios donde se llevaban a efecto los abusos sexuales. Casi de inmediato, un vocero de Clinton publicó una declaración en los medios más importantes de USA, en la que aseguró que “el ex presidente no sabía nada de los terribles crímenes y en sus vuelos siempre estuvo acompañado de su comitiva y guardaespaldas.” Y aquí las preguntas que surgen son: ¿Si desconocía lo que hacían el judío y su mujer con las menores de edad, para que fue repetidas ocasiones a visitarle? ¿Y… era Clinton tan inocente que, al ver a las jóvenes, no supusiera siquiera que eran para ser abusadas por los individuos que el judío invitaba? ¿Para qué iba Clinton a aquellos lugares; cuáles eran sus “verdaderas” intenciones entonces: negocios, inversiones, política… o fue allí para saciar su voraz y consabido apetito sexual que lo llevó casi a la destitución de la Casa Blanca cuando aquella becaria, Mónica Lewinski, se involucró sexualmente con él?

            Retornando al caso de Donald Trump y su amistad con el judío pedófilo y suicida, el mandatario fue informado desde mayo del 2025, el presente año, por funcionarios del Departamento de Justicia, que su nombre aparece en “múltiples ocasiones” (no una vez, sino en “múltiples”) en los archivos del polémico caso contra el pederasta Jeffrey Epstein. Una noticia que fue difundida por el prestigioso diario estadounidense, The Wall Street Journal. En un principio fue la fiscal general, Pam Bondi, y su número dos, Todd Blanche, los que comunicaron a Trump que su nombre figuraba en los documentos, junto a otras figuras conocidas. La reacción de Donald Trump fue la de siempre: negó todo, en especial que Bondi lo hubiera contactado e informado sobre su permanencia en aquellos archivos. Pocos meses después, la misma Bondi se desdijo al manifestar que Trump no aparecía en aquellos legajos. Posiblemente, así lo creen muchos, se contradijo en su argumentación por el temor a una represalia de Trump o que éste le quitara su puesto al frente de la fiscalía general de los Estados Unidos. Fuere lo que fuere, todo esto sólo muestra un aspecto: la rampante corrupción e indecencia que priva en las altas esferas de la política y la justicia de los Estados Unidos.   

The Wall Street Journal insiste en sus crónicas que, en la lista del pedófilo, hay cientos y cientos de nombres, en una lista de clientes del delincuente sexual, a quienes, además, aquel extorsionaba exigiéndoles abultados pagos de dinero, porque, de lo contrario, publicaría sus aventuras sexuales a la prensa (con fotos incluidas). Un tema al que volveremos luego en este mismo reportaje. Tal el extremo del “negocio” que este vándalo tenía entre manos, junto a su esposa. Su muerte, por causa del suicidio, fue lo mejor que les pudo suceder a estos “amiguetes”, quienes temían que sus reputaciones quedaran enlodadas en un abrir y cerrar de ojos. En referencia a Donald Trump, miembros del movimiento que lo respalda, Make America Great Again (MAGA), se han mostrado muy disgustados e inconformes con su líder, más todavía cuando el mismo Trump había prometido publicar la lista cuando llegara a la presidencia de la nación por segunda vez. Sin embargo, no lo hizo. Lo cual hubiese sido algo así como “un disparo en su propio pie”, porque en esa lista aparece su nombre “N” cantidad de veces. Y la renovación del interés en este caso a nivel nacional, ha puesto al presidente contra la pared, quien ha tratado de contentar a las bases de MAGA, pero sin éxito alguno en este aspecto. Más bien el enojo se ha enconado y ha tenido fuertes repercusiones cuando The Wall Street Journal publicó una carta de Trump, con contenido obsceno, que envió a Epstein durante aquel tiempo cuando la amistad era más cercana que nunca y que incluía un dibujo hecho por el actual mandatario y que publicamos en foto adjunta, un tema al que volveremos más adelante. Trump ha negado todo y ha aseverado que la misma “es falsa.” Además, demandó ante los tribunales al periódico.

La incomodidad, angustia y depresión del presidente

Es lógico que el mandatario de USA esté mal, que se sienta impotente al no poder detener tanto ataque en su contra y con un tema que se le ha salido de sus manos y que cada día crece y crece hasta perderse en el horizonte, el horizonte personal del actual presidente estadounidense. Es por ello que, dando muestras de una mal disimulada angustia, Trump ha pedido a sus seguidores que cesen los ataques en contra de él por los archivos de Epstein. También que detengan su enojo contra la fiscal Pam Bondi, quien se ha plegado por completo a favor de Donald Trump con sus contradicciones obvias y descaradas. Incluso, para colmo de males, se ha afirmado que Jeffrey Epstein no se suicidó en su celda en el 2019, sino que fue mandado a matar, muy posiblemente por el propio Trump, para acallar lo que él iba a declarar en el juicio que estaba por celebrarse en pocos días.

            Fue cuando el presidente manifestó a la prensa: “¿Qué pasa con mis ‘muchachos’ y, en algunos casos ‘muchachas’ (refiriéndose a los miembros de MAGA)? Todos van detrás de la fiscal general Pam Bondi… ¡Qué hace un trabajo fantástico! Somos un solo equipo MAGA y no me gusta lo que está pasando. Tenemos una administración perfecta, la habladuría del mundo y ‘gente egoísta’, tratan de hacerle daño, todo sobre un tipo que nunca muere, Jeffrey Epstein (!).” Publicó en Truth Social, la red que le pertenece a Trump. Sin embargo, el enfado ha continuado en los seguidores del mandatario, quienes se sienten insatisfechos con los hallazgos, más aún cuando Bondi y el subdirector del FBI, Dan Bongino, prometieron antes del comienzo de esta administración presidencial, que iban a revelar la verdad sobre el caso y no lo ha hecho, perdiéndose en excusas y mentiras y sacando el nombre del presidente de la lista del judío delincuente sexual y extorsionador. Muchos fieles de MAGA sostienen que el llamado “Estado profundo” oculta información sobre los asociados de élite de Epstein. Fue cuando Alex Jones, fiel seguidor del actual presidente, escribió en su página social: “Lo próximo que dirá el Departamento de Justicia es: ‘en realidad, Jeffrey Epstein ni siquiera existió. Esto es exageradamente enfermizo.”

            Y la “influencer” de extrema derecha, Laura Loomer, una de las mayores figuras públicas de MAGA y más cercanas a Donald Trump, escribió en X que, “Trump debería despedir a Bondi”, a quien llama “Scam Blondo” (“rubia estafadora”). Una exigencia que comparte su colega Megyn Kelly, quien escribió también en X en torno a este caso: “Como alguien que está bastante conectada con todas las facciones de la base MAGA, no puedo suavizar qué tanta buena voluntad le ha costado Pam ‘Blondi’ a la Administración Trump con su base esta semana. Es una lastra enorme para el presidente Trump.”

            Y en esta otra oportunidad, la respuesta del mandatario fue: “los llamados archivos Epstein son un engaño. No desperdiciemos tiempo y energía en Jeffrey Epstein, alguien que no le importa a nadie.” En este punto, es evidente que Trump quiere “bajarle el tono” a las acusaciones y críticas en su contra, pero él aparece en un video filmado hace algunos años, en una fiesta junto a Epstein, pero ha seguido negando su vinculación y amistad con el delincuente sexual. Ciertamente, las evidencias son demasiado claras y no dejan duda de su culpabilidad, por más que intente negarlas, taparlas con retórica barata o desviarlas en su atención con actos políticos dirigidos al extranjero o ataques con misiles a otras naciones.

            Y cuando Trump creía que se había relajado un poco, sólo un poco, el Congreso publicó el dibujo erótico que le ha dado la vuelta al mundo entero, hecho por Donald Trump y que éste… negó nuevamente, como ha sido su infantil costumbre. Lo cierto es que ese boceto de una mujer desnuda con un mensaje al pie, lo envió el hoy mandatario a Jeffrey Epstein con motivo del 50 cumpleaños de aquel. En específico, se trata de un pequeño y críptico guion audiovisual, escrito dentro de la silueta de un cuerpo desnudo femenino (no podía ser de otra manera entre esos dos pedófilos consumados y comprobados), con explícita alusión al pecho y el vello púbico. Sobre este tema en particular, nuevamente The Wall Street Journal, el periódico que develó este entuerto, publicó lo siguiente: “(…) la noticia es atípica. Si se tiene en cuenta que el autor es el presidente de Estados Unidos, se llega a niveles inimaginables. Pero si la noticia se completa con el hecho de que el destinatario, en 2003, era el financiero pederasta Jeffrey Epstein, y que Donald Trump negó y niega vehementemente que ese dibujo exista –e incluso denunció por US$10,000 millones a este periódico TWSJ (…)-. Se roza el paroxismo.” Pero para desgracia de Trump, los abogados encargados del patrimonio de Epstein han entregado al Congreso una copia del libro que Ghislaine Maxwell compiló para el 50 cumpleaños del judío. El regalo incluye mensajes cariñosos de importantes personalidades, como Bill Clinton; y también una carta firmada (su firma hace las veces de pubis), por Trump, con un dibujo de su puño y letra. Aunque el presidente lo niega todo a pies juntillas, a pesar de la claridad de las evidencias. Concretamente, la carta enviada por el presidente de USA al pederasta, decía (y dice): “Feliz cumpleaños y que cada día sea otro maravilloso secreto. Tenemos algo en común, los enigmas nunca envejecen; tengo presente la última vez que nos vimos.”

            Por esta publicación, hasta los tribunales de justicia ha llevado al Wall Street Journal, a su directora y su propietario, Rupert Murdoch, repitiendo incansablemente que las afirmaciones (evidencias irrefutables), “son falsas, un montaje y algo ridículo.” Y que “yo no tengo por costumbre hacer caricaturas ni dibujitos”; pero que en aquella oportunidad hizo uno de ellos y que existen documentados numerosos ejemplos de lo contrario: a Donald Trump le seduce, le encanta, hacer dibujos pornográficos, obscenos, y enviarlos a sus amistades de la misma calaña. Y ante la demanda al diario, Taylor Budowich, uno de sus jefes de Gabinete adjuntos, manifestó en X: “Es hora de que News Corporation prepare la chequera. No es su firma. ¡DIFAMACIÓN!” Y añadió que la firma en el dibujo no es la habitual del presidente, sino sólo su nombre, “Donald”. Así vemos como sus sabuesos lo defienden, esos amigos aparentemente incondicionales, de parecido corte al de Jeffrey Epstein, quien terminó traicionándolo, pero que le han defendido alguna vez, no exentos de un calculado oportunismo.

            Siempre en relación con este tema, el congresista demócrata, de origen hispano, Robert García, confirmó haber recibido en el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, una copia del libro de cumpleaños de Epstein, que le hizo su esposa Ghislaine. En él se puede ver el dibujo picante y la letra de Trump. “El presidente Trump calificó la investigación de Epstein de engaño y afirmó que su nota de cumpleaños no existía. Ahora sabemos que Donald Trump mentía y está haciendo todo lo posible por ocultar la verdad. Basta de juegos y mentiras, publiquen los archivos completos ya.” Clamó el mismo congresista, opositor al gobierno actual de los Estados Unidos.

Pero Trump se siente furioso y lo que es importante… está acorralado por las informaciones sobre el caso que salen a flote día a día. Él no soporta la atención que se le está dando y recibiendo el caso por parte de la prensa y la opinión pública; y ruega, en forma literal, que “se olviden del caso y de alguien (Epstein), que lleva seis años muerto.” Indudablemente, el también pederasta mandatario de los estadounidenses, está sufriendo profunda e inmisericordemente por este tema.

“Yo soy el único capaz de acabar con él (con Trump)”

En otro capítulo de esta negra historia de pedofilia, y a la luz de más de 20,000 páginas de documentos que han sido publicados por los legisladores que componen la Cámara de Representantes, han salido más aspectos que eran imposibles de imaginar. En otras palabras, los demócratas del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, publicaron tres cadenas de correos electrónicos que incluían correspondencia entre el judío pedófilo y su antigua socia y esposa, Ghislaine Maxwell. Correos realmente espeluznantes, si el término no es exagerado. Así mismo, publicaron eMail entre Epstein y el periodista, biógrafo de Trump, Michael Wolf, quien es una “espina clavada en el alma del presidente”, debido a los numerosos libros que ha publicado sobre Trump.

            Una vez que estos documentos salieron a la luz, los congresistas republicanos respondieron que ello es “sólo un intento de los demócratas de seleccionar archivos en forma sesgada. Un intento de crear una falsa narrativa para difamar al presidente.” Pero la verdad es que Donald Trump no necesita que nadie más lo difame, pues él mismo, su propia vida, es una difamación constante, permanente, en su propia contra. Él es su peor enemigo, a ojos vistos.

            Aterrizando en los correos hace poco desclasificados, el primero de ellos entre Epstein y su esposa Maxwell, dice: “Quiero que te des cuenta de que ese perro que no ha ladrado es Trump… (la víctima) pasó horas en mi casa con él. Trump nunca ha sido mencionado ni siquiera por un jefe de policía.” Y la mujer contesta: “He estado pensando en eso…” Esa víctima no fue otra que Virginia Giuffre, quien publicó hace pocos meses un libro autobiográfico, en el que denuncia a sus abusadores; y, según el eMail de Epstein, fue quien compartió varias horas con Trump. Desgraciadamente, Virginia se suicidó en abril de este 2025, en su casa en Australia, debido a que sufría violencia doméstica de parte de su esposo. Cuando se le preguntó al legislador Robert García por qué no se ventilaba en los documentos el nombre de esta víctima, contestó que “el Partido Demócrata nunca divulgará los nombres de esas mujeres, en cumplimiento con los deseos de las familias.”

            Así también aparecen los textos de correspondencia entre Epstein y el periodista Michael Wolf, y, en el 2015, el comunicador le cuenta al judío que la CNN le preguntará a Trump sobre la relación amistosa entre ambos pedófilos. Epstein le responde en otro correo: “Si pudiéramos elaborar una respuesta para él, ¿Cuál crees que debería ser?” Y Wolff le contesta: “Creo que deberías dejar que se delate solo. Si dice que no ha estado en el avión ni en tu casa, eso te da una valiosa ventaja en relaciones públicas y política. Puedes perjudicarlo de una manera que potencialmente te beneficie, o, si realmente parece que pudiera ganar, podrías salvarlo, generando una deuda. Por supuesto, es posible que, cuando se le pregunte, diga que Jeffrey es un buen tipo, que ha sido tratado injustamente y que es víctima de la corrección política, la cual será ilegal en un régimen de Trump.” Es decir, lo anterior significa que el periodista aconsejó al pedófilo para que intentara convencer a Trump sobre lo que debía decir a la CNN, que ensalzara su imagen y fuera alejada su imagen de pervertido.

            Pero el peor de los correos vendría luego, en octubre del 2016, antes de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, en el que Wolff ofrece a Epstein la oportunidad de conceder una entrevista “que podría acabar con Trump”. Según le aseguró el comunicador de la prensa. “Esta semana tienes la oportunidad de hablar de Trump de una manera que podría aportarte mucha simpatía y ayudarte a acabar con él. ¿Te interesa?” Y en otro correo electrónico de enero del 2019, Epstein le escribe a Wolff: “Trump me pidió que renunciara (a la membresía del club Mar-a-Lago que pertenece al presidente, en La Florida-, (pero) nunca fui miembro. Por supuesto que sabía de las chicas, ya que pidió a Ghislaine que parara.”

            En otro correo entre Epstein y Kathryn Ruemmler, abogada que fue consejera en la Casa Blanca durante la administración de Barack Obama, ella le envió al delincuente sexual un enlace hacia un artículo de opinión en The New York Times, que mencionaba los pagos para silenciar a la ex actriz porno, Stormy Daniels, antes de las elecciones presidenciales del 2016. Pago que envió Trump a esta mujer con un ex abogado suyo. Un caso también negado por el actual mandatario. “Pensé que te interesaría”, le escribió Ruemmler a Epstein. Ella ahora es directora legal y consejera general del Banco Goldman Sachs. Y el pedófilo le respondió: “Da igual que fuera su dinero. El problema es la falta de transparencia. Ya ves, sé lo sucio que es Donald.”

            En otra cadena de mensajes de diciembre del 2018, una persona no identificada escribió al judío pederasta: “¡Todo esto pasará! ¡Sólo intentan acabar con Trump y están haciendo todo lo posible por lograrlo!” A lo que Epstein respondió: “Sí, gracias. Es increíble. Porque yo soy el único capaz de acabar con él.” Lo cual significa en palabras claras y directas, que el pedófilo sabía tanto acerca del actual presidente del país, que, si lo llegase a publicar, sería el final de Donald Trump en todo sentido, tanto en lo personal y lo político; y posiblemente, su entrega a la policía por sus reiterados delitos sexuales con menores de edad.

Otra faceta igualmente oscura del pedófilo

¿Quién es Jeffrey Epstein? Claramente es la persona con la que no hubiésemos querido encontrarnos en nuestra vida. El ser abominable, detestable, que arrastra todas las cadenas de inmoralidad existentes y es capaz de dañar cuantas vidas a él se le antojen. Además de pedófilo, amante de las niñas aún sin florecer en sus tempranas vidas, era un extorsionador de “rompe y rasga”, de los más peligrosos habidos. Sino veamos este ejemplo: Epstein envió una serie de correos electrónicos, en tono agresivo, al multimillonario Leon Black, para quien trabajó como asesor financiero, en los que le exigía millones de dólares al año, según información aparecida en The New York Times, tras tener acceso a dichos correos.

            Epstein trabajó para Black durante varios años y obtuvo sus principales ingresos de él; sin embargo, en el 2016 el cofundador de Apollo Global Management, quiso terminar la relación laboral con el judío, pero éste se sintió humillado y se enfureció de tal manera, que decidió enviarle los correos electrónicos para extorsionarlo. En esos mensajes, Epstein también insultaba a los demás asesores financieros de Black, de los que afirmó que uno había creado “un lío verdaderamente peligroso (con las finanzas de la compañía); y otro era “un desperdicio de dinero y espacio.” Además, calificó a los hijos del magnate de “retardados mentales que estaban destruyendo su propiedad.” En el 2015, Epstein escribió a Black que no quería “volver a tener momentos incómodos por el dinero con él” y enumeró sus condiciones para continuar trabajando para aquel: “Para que quede claro, mis condiciones son las siguientes: sólo trabajaré por 40 millones habituales al año. Al firmar el acuerdo, deben pagarse 25 millones. A partir de entonces, 5 millones cada dos meses durante seis meses (marzo, mayo, junio). Si puedo, puedo empezar en enero. Dejaré de trabajar inmediatamente si no recibo el pago.” Amenazó.

            Así mismo, en sus correos electrónicos siguientes, Epstein presionó a Black para que le diera dinero y le aseguró que sólo podía confiar en él; le propuso también la posibilidad de que le pagara con bienes raíces, obras de arte y financiándole su avión privado, si no podía pagarle con dinero. “Si reflexionas –le escribió el judío extorsionador-, sobre tu vida financiera, verás que ha sido segura, has logrado resultados extraordinarios y no has enfrentado ningún desastre.” Dándole a entender que sólo gracias a él, Jeffrey Epstein, había sido la garantía segura de éxito para Black.

            Y lo peor fue que Leon Black “dobló sus rodillas” ante Epstein y el multimillonario continúo pagándole millones de dólares durante varios años, hasta el arresto del judío en el 2019, por cargos de tráfico sexual. A raíz de ese arresto, Black fue expulsado de Apollo en el 2021 y fue acusado de presuntamente violar a una mujer en casa de Epstein, en Manhattan. Aunque este caso fue desestimado finalmente. Pero trascendió que Leon Black, fuera de los tribunales, llegó a acuerdos privados con diferentes mujeres en varios casos de acusaciones similares. Por lo visto, se trataba de la misma ralea, unos y otros y todos ellos juntos con el mismo objetivo: el abuso sexual.

            Esa era otra faceta de la personalidad depravada de Jeffrey Epstein. Además, se sabe que el judío pedófilo amenazó a varios de sus “socios” en esto del sexo con menores de edad, con publicar mensajes y fotos comprometedoras, si no le llenaban sus cuentas bancarias, a cambio de su silencio.

            Finalmente, y en una variable sobre el mismo tema, el Congreso de los Estados Unidos ha citado al ex Príncipe inglés, Andrés Windsor, para que hable sobre el caso del pedófilo en cuestión, porque se cree que el hermano del Rey Carlos III “podría poseer información valiosa sobre los crímenes sexuales” perpetrados por Epstein. Fue el congresista demócrata, el de mayor rango en la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, Robert García, quien escribió una carta que le fue enviada a Andrés Mountbatten Windsor, que es su nombre actual después de que se le quitaran todos sus títulos Reales, para que se someta a una entrevista ante el mencionado comité. “Se ha informado públicamente que su amistad con el señor Epstein comenzó en 1999 y que permaneció cercano a él durante y después de su condena en 2008 por proxenetismo que involucraba a menores”, dice en uno de sus trazos la misiva que le fue enviada a Londres. Esta comisión, además, considera que Andrés “podría poseer información valiosa sobre los crímenes cometidos por el señor Epstein y sus cómplices (entre ellos Donald Trump) y se le solicita ponerse a disposición para una entrevista que será transcrita. Andrés tiene hasta el 20 de noviembre para contestar la carta.

            Sin embargo, a pesar de que se trata de una comisión del Congreso de los Estados Unidos, Andrés, ex Duque de York, no está en la obligación de presentarse para declarar y puede hacer caso omiso del texto que le fue enviado desde Washington, que, en uno de sus párrafos más significativos aluce: “Los hombres ricos y poderosos han evadido la justicia durante demasiado tiempo. Ahora, el ex Príncipe Andrés tiene la oportunidad de confesar y brindar justicia a las víctimas.” La petición fue firmada solamente por congresistas demócratas que laboran en dicho comité, entre otras razones porque en el material que se refiere al caso del pedófilo, el nombre de Andrés, lo mismo que el de Trump, aparece varias veces incluyendo registros de vuelo hacia y desde la isla que era propiedad del judío, en el Caribe.

            Lo más gracioso del caso, es que, lo mismo que Donald Trump y Bill Clinton, Andrés sigue negando que alguna vez se enredara entre los edredones y las piernas de las chicas, jovencísimas, que el pedófilo le presentaba y dijo que se apartaba de la Casa Real británica para no entorpecer el trabajo que su hermano Carlos, el Rey de Inglaterra, lleva adelante en la actualidad. Pero ni en medio de torturas, Andrés y los demás sociosdel judío delincuente sexual, “dan sus brazos a torcer.” La vergüenza personal y profunda, sigue ganándole a la verdad, evidentemente.   

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