¿Se Dirigen los Estados Unidos Hacia la Dictadura?

WASHINGTON, D.C., USA-(Especial para The City Newspaper) Parece, se lee y suena como si fuese un título sensacionalista. ¡Y lo es! Pero no es porque lo hayamos querido aparecer así en la redacción de este periódico, sino que, por su naturaleza intrínseca, inherente, “por su ADN”, como se dice ahora en el argot popular y de la prensa latinoamericana, eso precisamente podría suceder en el coloso de Norteamérica: con Trump en la Casa Blanca todo puede pasar, especialmente lo violento, la aberración, el arma homicida que se puede volver en contra de esta misma nación.

            Para aseverar lo anterior, basta con que hagamos un repaso de todas las acciones políticas, económicas y militares que ha ordenado este energúmeno que los estadounidenses, ciega e irresponsablemente, eligieron para que llegara a la presidencia. Y todas esas acciones han estado envueltas en lo coercitivo; es decir, “si tú no lo haces, si no me obedeces… yo haré esto con tu país…” Así amenaza Donald Trump a los más débiles. Sino recordemos el caso de México, cuando este energúmeno ha amenazado incontables veces a su presidenta, Claudia Sheinbaum, si no enfrenta al ejército mexicano –permeado con la corrupción por supuesto-, con los poderosísimos cárteles de la droga. Pero este no es el tema.

            El tema de este reportaje tiene que responder a la pregunta: ¿Se dirigen los Estados Unidos hacia la dictadura?

            Una muestra, para iniciar nuestra respuesta, la dio el mismo Trump al final de las elecciones del 3 de noviembre del 2020, cuando, al verse derrotado, instigó a la gran turba de ex militares, drogadictos, motociclistas vestidos de cuero negro, lesbianas con aspecto de hombre, y demás vándalos, a “recobrar el triunfo que le había sido arrebatado por el longevo Joe Biden.” Según les incitó el individuo color “naranja” de esta historia. El comportamiento de esa turba, en la democracia más segura y representativa del mundo, demostró a la misma humanidad, que lo veía con la sorpresa en sus rostros, que USA no era ni tan segura, ni tan firme, ni tan respetuosa con el principal valor democrático que es el resultado en las votaciones. Trump, simplemente, con aquella basura que inundaba el edificio del Congreso, en Washington, demostraba que lo que cubría a la democracia de los Estados Unidos era simplemente un halo de historia, quebradizo, que se podía romper o difuminar como la niebla, fácilmente, en cualquier momento, al ritmo de una orden seca y tajante como la que él dio: “Ataquen a los congresistas y asesinen al vicepresidente Mike Pence (porque declaró a Biden presidente y no a Trump).”

            Lo que sobrevino después, fueron entrevistas en el mismo Congreso a la familia Trump (incluso nunca llamaron a declarar a Donald, el instigador, el incendiario), a legisladores, miembros de la vigilancia interna, periodistas, etcétera, etcétera, y todo quedó en nada. Se archivaron miles de declaraciones y así demostraba la democracia estadounidense que era tan ineficaz como la peor de todas las existentes.

Otra oportunidad para Trump

            Ahora, el 3 de noviembre próximo, el país se prepara para los comicios de mitad de mandato. Son coincidentes con el segundo año de mandato de Trump; y tienen una naturaleza importantísima, vital, para esta nación, ya que van a determinar cuál de los dos partidos que dominan el panorama político estadounidense, el Republicano y el demócrata, será el que pase a dominar el Poder Legislativo federal y, con ello, la agenda de los próximos años. En todo caso, el objetivo primordial de estas elecciones será la conformación del 120 Congreso del país; se someterán a votación los 435 escaños de la Cámara de Representantes, que están distribuidos proporcionalmente entre los 50 Estados que conforman la Unión Americana y que tienen derecho al voto. Así también, serán elegibles los delegados que no tienen voto, de los territorios que representan y el Distrito de Columbia. Todos ellos cumplen mandatos a lo largo de dos años. Es por ello que la Cámara Baja se va a renovar por completo.

            También entrará en juego el Senado, donde se disputarán 35 de los 100 escaños que lo componen. Ello corresponde a los 33 puestos programados de la Clase 2, mismos que fueron elegidos por última vez en el 2020. Y se realizaran dos elecciones especiales en Ohio y Forida, para cubrir los puestos vacantes que dejaron J.D.Vance y Marco Rubio, quienes renunciaron a ellos para asumir los cargos en el Poder Ejecutivo, el primero como vicepresidente y el segundo, como secretario de Estado.

            Así las cosas, es mucho lo que está en juego y Trump, aún dentro de su congénito analfabetismo e ignorancia, lo sabe, porque alguien se lo debe haber explicado con lujo de detalles y gráficos para que lo entendiera. Es por esa razón que se ha estado esforzando en varios Estados, de mayoría republicana, por convencer a los votantes y elijan a los senadores y congresistas republicanos, por encima de sus archienemigos los demócratas. Pero la realidad parece ser otra en estos momentos…

            Las encuestas, a pesar de que no son nada fiables en los Estados Unidos y en varias partes del orbe (recordemos que decían que Kámala Harris estaba empatada en la intención de voto con Trump y el resultado fue todo lo contrario… una paliza para la señora de tez negra), hoy indican que el presidente atraviesa por un camino tortuoso, de baja calificación de parte del electorado y sería un eventual perdedor en estos comicios legislativos. Es por eso también que ha estado ofreciendo US$5,000 a aquellos votantes que le favorezcan a él y al Partido Republicano.

            Y aquí vendría precisamente el quid de este asunto: si Trump pierde estas elecciones, como aparenta que va a suceder, podría erigirse este tipo detestable y violento, como el dictador del país que no querrá soltar el poder, una vez termine su segundo mandato no consecutivo. Y surgen estas preguntas: ¿Lo tendrá fijado en su mente retorcida? ¿Habrá planeado minuciosamente (se lo habrá encomendado a alguno de sus asesores para que lo delinee), para enfrentarse a aquellos que se opongan a su continuidad permanente en el poder? ¿Habrá medido ya las consecuencias de quedarse indefinidamente en la Casa Blanca? ¿Conoce y sabe la manera para enfrentarse violentamente en las calles contra grupos que lo adversan y con él a su nuevo régimen dictatorial?

            ¿Es un delirio de nuestra parte argumentar lo anterior? No lo creemos. Además, muchísimas personas, analistas, politólogos y periodistas versados en el tema, piensan y se plantean lo mismo. Porque el alma y la mente esquizoide de Trump es precisamente eso: la de un sátrapa, un tirano, “un Nerón de nuestro tiempo”, un asesino irreflexivo y espontáneo, y, principalmente, un ególatra que se cree (realmente) dios, que lo merece todo, que le pertenece todo en la superficie de la Tierra y que está por encima de todas las gentes, países, reglamentos, tradiciones, historia, leyes, principios y normas elementales que se han creado para fundamentar al régimen democrático estadounidense. Es por eso que cualquier reacción de su parte, de manera violenta y coercitiva, es posible, muy posible, en los días, meses y años venideros. Trump es una bestia y como tal, suele comportarse.

            En él, muy evidentemente, los rasgos de un psicópata se asoman de manera convincente; pero no es el insulto por el insulto mismo, sino que, desde el ángulo psiquiátrico, Trump muestra esos aspectos con toda claridad. Lo han certificado psiquiatras alrededor del mundo, a quienes este sujeto se les presenta día a día con toda su enfermedad “a flor de piel.” Y como tal… es capaz de cualquier cosa, contra su país, los votantes, sus adversarios políticos (que él los encasilla como enemigos personales), las naciones y gobiernos vecinos y contra todo aquello y aquellos a quienes él dirija su enconado odio. Porque Trump se mueve en la vida impulsado por dos sentimientos o dos emociones disímiles: el odio contra lo extrínseco y el amor exagerado hacia sí mismo, hacia lo intrínseco.

            Estas elecciones de medio período, como se le conocen en los Estados Unidos, será otra oportunidad para que Trump muestre lo que siente y piensa acerca de su derrota; y, de hecho, esa actitud suya es lo que la inmensa mayoría quiere observar, conocer y medir, tanto en la actualidad como en el futuro, cuando se den los comicios nacionales para elegir presidente del país. Y aquí surge la pregunta más importante de todas las existentes: ¿Entregará el poder Donald Trump cuando sea derrotado su partido, querrá bajarse de la silla presidencial, convirtiéndola seguidamente en la dictadura que él, conscientemente, quiere?

Independientemente de quien sea el candidato republicano, Trump actuará violentamente como el psicópata que es, si llegase a perder ante los votos demócratas, tal y como se prevé vaya a suceder.

Contra los medios de prensa

            Su naturaleza tiránica, sus aires de dictador, al mejor estilo de Nerón en la antigua Roma, se notan en todas sus actitudes, según hemos dicho anteriormente y en otros muchos reportajes de parecida naturaleza. El ejemplo más reciente, sucedido apenas pocas horas, se ha presentado cuando trascendió la noticia de que el gobierno ha comenzado una investigación de las cadenas de televisión que detuvieron la cobertura a los eventos en los que participa Trump. Es decir, el mensaje que está enviando al Casa Blanca es: “ningún medio de prensa puede decidir por sí solo, si deja de cubrir e informar lo que hace y dice el presidente. Eso está vetado. Prohibido per se, porque a Trump eso le molesta, le humilla e hiere su ego.”

            Según ha trascendido, las autoridades gubernamentales de este país, “los canales de televisión estarían vulnerando la Ley Sherman, al haber coordinado un boicot entre competidores.” Es así como el Departamento de Justicia de los Estados Unidos investiga, por órdenes de Trump, a cinco cadenas de televisión, después de que suspendieran brevemente su cobertura en “pool” del presidente.

            Cuando se habla del concepto y término “pool”, se hace referencia en los Estados Unidos a la designación rotativa de un medio, para que ejerza la cobertura de las actividades del presidente y luego ese mismo medio distribuye o comparte la información adquirida, con el resto de la prensa que, en este caso, es la televisiva. De tal manera, si ningún medio cubre los acontecimientos que se suscitan en la Casa Blanca, no hay, por lo tanto, material para compartir y no circulan en la TV las noticias sobre el gobierno. Algo así como “ningunear” a Donald Trump, al Pentágono y a los demás Departamentos que conforman al Estado. Y ese “ninguneo”, esa invisibilidad, es lo que saca de las casillas al tirano.

            Es así como funcionarios de Justicia se pusieron en contacto con las cadenas de TV y les exigieron comunicaciones y materiales relacionados con el “pool” de televisión de la Casa Blanca, de acuerdo a una información al respecto que difundió The New York Times (NYT), (otro medio que Trump odia, a pesar de ser una empresa judía). El NYT nombró, para sustentar su crónica, a seis personas que conocen la medida ordenada por el mandatario.

            Emily Covington, portavoz del Departamento de Justicia, denunció ante el periódico neoyorquino a las cinco cadenas que (supuestamente) habían “boicoteado la cobertura de los eventos de la Casa Blanca.” Y añadió a su acusación expresa, dada a conocer en un comunicado, que, “los boicots en grupo entre competidores comerciales, pueden violar la Ley Sherman”, que es una medida antimonopolio. La vocera señaló directamente con su dedo acusatorio a ABC, CBS, CNN, NBC y Fox News y volvió a manifestar: “La División Antimonopolio simplemente está investigando para determinar si estos medios de comunicación han violado las leyes.”

            Lo arriba expresado sólo significa una cosa: Donald Trump puede violar todas las leyes existentes dentro de su país y fuera de él, puede excederse en sus crímenes, como el bombardeo al colegio en Teherán, Irán, donde murieron decenas de jovencitas; pero cuando los medios de prensa de los Estados Unidos deciden no cubrir las estupideces que dice, su escases de vocabulario, sus insultos repetitivos contra este, ese y aquel, sus amenazas de exterminio al pueblo iraní y a todos a quienes él odia irrestrictamente, no se demora ni un minuto para mover todos los hilos del poder, para investigar y sancionar a esas cadenas de televisión cansadas de sus exabruptos, frases demenciales, matizadas con criminalidad explícita, que en nada edifican ni ayudan a los telespectadores y tampoco a la armonía y la paz que deberían prevalecer en toda la nación.

            Incluso, pocos días antes, Trump había atacado una vez más a los periodistas, cuando prohibió el acceso a la Casa Blanca a CNN, MS NOW y Político, bajo la acusación de difundir “noticias falsas, ficción y mentiras.” Tuvo que intervenir un juez federal para revocar esa prohibición; y fue, precisamente, por esa orden draconiana emitida por Trump, que las cinco principales cadenas estadounidenses detuvieron la cobertura en “pool.” Es decir, Trump fue el propiciador de esta crisis con la prensa y nadie más. De lo contrario, estamos seguros, todo hubiera transcurrido con normalidad, a pesar de las bestialidades, las incoherencias y el vocabulario tan precario y miserable que redunda en el cerebro retorcido de este psicópata y psicótico.

            También, Trump ha calificado reiteradamente a la prensa de “enemiga del pueblo”, porque se siente incómodo cuando critican su gestión plagada de errores, fallos y lo que resulta más evidente, es su ausencia de cara al pueblo estadounidense, porque Trump no gobierna, no soluciona los problemas de los norteamericanos, no da prerrogativas, no crea Instituciones nuevas en lo humano, lo social y lo financiero, que faciliten las vidas de las personas de los Estados Unidos; no se le escucha hablar en referencia al sistema médico nacional, acerca de las pensiones, los jóvenes que se suicidan en cantidades alarmantes con el uso de drogas cada vez más poderosas y mortales. Nó… él no sabe nada de eso y si lo supiera, se haría el desentendido, a quien no le interesan esas “bagatelas” o estupideces como le gusta él definir a casi todo lo que no se mueve en su órbita, en su reducido mundo. De hecho, sus temas preferidos, de los que no se sale nunca, son: la bomba atómica de Irán (una falacia que tomó del pensamiento y vocabulario de su socio criminal, Benjamín Netanyahu); el exterminio de toda la cultura persa o iraní; la subida de aranceles a países a los cuales él odia (a casi todos alrededor del planeta); y sus enemigos internos (jueces, periodistas, medios periodísticos, en especial The New York Times, entre otros).

            En retorno a esta injerencia del Departamento de Justicia, Brice D. Brown, presidente de Reporters Committee for Freedom of the Press, indicó que la investigación “parece un pretexto para solicitar registros a las cadenas, sobre cómo están cubriendo los eventos diarios de la Casa Blanca, durante la prohibición mediática que el propio presidente impuso. Las decisiones que toman los medios de comunicación sobre la cobertura, están protegidas por la Primera Enmienda, y recurrir a la autoridad antimonopolio (…), es otro intento, aún más descarado, de tratar de intimidad a los periodistas.” Mencionó.

            Por otra parte, hace pocos días, CNN, MS NOW y Político, comparecieron en un tribunal del centro de Washington, para solicitar a un juez federal que prolongara su acceso a la Casa Blanca, lo cual desmiente a Donald Trump cuando acusó a estos medios de “boicot” a sus pésimos discursos y de no tomarlo en cuenta en sus coberturas, porque ha sido él y sólo él, quien ha vetado a los medios de prensa. Y esa es la verdad. Nótese la contradicción de sus palabras con respecto a los hechos: un día hace una fanfarria y al otro, se opone a la fanfarria que él mismo creó. Un rasgo nítido, clarísimo, de su esquizofrenia.

Otro ejemplo de autocracia: la guerra contra Irán

            Esta imagen ya la sabemos de memoria: una mañana cualquiera, en la Oficina Oval de la Casa Blanca, ante el escritorio donde Trump se sienta a imaginar las estupideces que imagina, donde se siente rey y amo de lo existente e inexistente, de la Tierra entera y del Universo, donde se siente más poderoso y más grande que Dios, suena la línea directa que tiene con Tel Aviv, con la oficina del criminal Benjamín Netanyahu, dictador judío y masacrador del pueblo palestino y éste le cuenta que en Teherán, Capital de Irán, están reunidos en ese preciso momento el líder religioso de ese país, el ayatolá Jomeini, altos cargos del gobierno y del ejército persa; que sería bueno masacrarlos con un bombardeo con los aviones israelíes y estadounidenses que están en las bases repartidas por distintos países árabes. Se lo dice de tal manera, que Trump se siente complacido, feliz de poder hacerlo y, por supuesto, el judío le habló al ego de este energúmeno y con toda probabilidad le aseguró que su imagen mundial crecerá como la espuma, si asesina a esos iraníes.

            Con las muertes de los persas allí reunidos, comenzó la guerra contra Irán. Una guerra desatada por Israel y su criminal dictador Netanyahu y continuada por Donald Trump, gastando miles de millones de dólares al mes, del erario público estadounidense y de los bolsillos de los contribuyentes. Una guerra que no sabe cómo detener y que su ejército ha tenido que pagar con la destrucción de casi todas sus bases en Oriente Próximo, merced a los ataques iraníes y de varios aviones e, incluso, con la muerte de soldados norteamericanos.

            Justamente, esa guerra la inició Trump sin consultar al Congreso, porque son los congresistas quienes dan el aval a dichas eventualidades o las detienen; lo cual significa no otra cosa que la violación a la Carta Magna, a la Constitución de los Estados Unidos, que es lo primero que Trump viola, desobedece y le encanta dejarla a un costado, en la indiferencia, cuando a él le da la gana y cuando pone en riesgo de muerte las vidas de soldados que, lógicamente, no pertenecen a su familia. Porque Barron, su hijo menor, y los otros dos hijos de su primer matrimonio, se mantienen ajenos a todo conflicto armado, con la finalidad de no arriesgar sus estúpidas e insignificantes existencias.

            Ese es un ejemplo más que nos ilustra la forma cómo Trump se salta todas las leyes que a él le parece y en el momento cuando a él le place hacerlo.

            En retorno al tema de la dictadura posible que se puede esperar de este sujeto, hay que tomar en consideración algunos pasajes que han estado aconteciendo y que los hemos desglosado y explicado en reportajes anteriores. Comencemos por el Pentágono, que sería el soporte militar en el momento cuando se declare “inamovible” en la silla presidencial o dictatorial para ser más exactos. Allí ha colocado a un individuo que es más estúpido que él, llamado Pete Hegseth, un fanático supremacista (racista del Ku-Klux-Klan), con su cuerpo tatuado con símbolos raciales y de sectas sangrientas que se mueven en la oscuridad en los Estados Unidos y que presume de haber sido soldado en Irak, donde, presumiblemente, asesinó a gran cantidad de musulmanes.

            Hegseth obedece ciegamente las órdenes que Trump le da, no las cuestiona en lo más mínimo y estaría dispuesto a jugarse la vida en un eventual golpe de Estado, dirigido por su amo Trump. Comenzó una depuración de viejos Generales en el epicentro del Pentágono, misma que todavía no ha terminado, y ha colocado en esos cargos a gente tan estúpida como él, que sean capaces de sumarse a un golpe, sin contradecir ningún argumento ni objetar absolutamente nada. Son tan idiotas y serviles como el mismo Hegseth. De tal forma, esta Institución militar, la más moderna y poderosa del planeta, ha sido convertida en una madriguera de ratas, de fanáticos de poca monta, con cerebros minúsculos y lo más deprimente… irrespetuosos con la Constitución del país, las leyes, el Congreso y la tradición democrática estadounidense.

            En otro estado de cosas, Donald Trump ha licenciado o, mejor dicho, despedido, a gran cantidad de jueces y magistrados de las Cortes, especialmente a aquellos que lo condenaron por pagar una gran cantidad de dólares a una actriz pornográfica, a cambio de su silencio; y a aquellos otros que lo condenaron por violar a una ex columnista en un almacén de Nueva York. A todos ellos los ha suplantado por jueces leales a él, anti-democráticos, anti-sistema, quienes, a la postre, podrían legitimar un golpe de Estado de parte de este imbécil que hoy está en la Casa Blanca.

            Es así como –y no sabemos quién se lo aconsejó a este inepto-, Donald Trump ha ido colocando a su gente en puestos clave, tal y como Niccólo Machiavelli (Nicolás Maquiavelo), aconsejó a los gobernantes en su obra cumbre, El Príncipe. Es muy posible, incluso, que esa tarea la haya efectuado alguno de sus asesores, conocedor de las artes que mueven a la política, porque no creemos que haya sido inspiración ni obra de este descerebrado, pues su inteligencia es tan escasa que no le da para tanto.

            De ese modo, “el tablero” para llevar a cabo un acto de esa magnitud, en contra de la democracia, ya está preparado, asentado justamente en dos Instituciones de capital importancia en los Estados Unidos, y que moderan la seguridad y los límites jurídicos de esta nación: el Pentágono, que representa la fuerza del país; y la Corte Suprema de Justicia, que contiene las leyes, el ordenamiento jurídico y la que podría dar el espaldarazo a Trump, cuando cometa el ilícito de atentar contra la alternabilidad en el poder, que es el eje del sistema presidencialista norteamericano.

La reacción de un psicópata o de un inmaduro

            Cuando le otorgaron el Premio Nobel de la Paz a la venezolana María Corina Machado, el año anterior, y después de que Trump desatara, junto a Netanyahu, la guerra contra Irán, creímos que el furor, sus ansias desbordadas porque se lo dieran también a él, dicho premio, se habían aquietado y desaparecido de su fuero interno, de su mente psicopática. Pero no sucedió de esa manera.

            Porque, al conocer la noticia, hace pocos días atrás, de que el Comité Noruego del Nobel había entregado el galardón de la paz a una ex magistrada surafricana, Trump, dando muestras de su demencia, su inmadurez (su comportamiento de adolescente revoltoso y caprichoso), se quejó amargamente de la designación de la señora Navanethem “Navi” Pillay como nueva Premio Nobel de la Paz.

            Esto fue lo que dijo Trump en medio de una cólera que a duras penas podía controlar: “Los Estados Unidos de América, representados por mí como su presidente, deberían haber recibido el Premio Nobel de la Paz, pero no lo recibieron. El Comité Noruego del Nobel es una Institución corrupta. Hoy entregaron el Premio Nobel de la Paz a una persona de la que yo nunca había oído hablar (recordemos que Trump no sabe nada de nada, pues es un ignorante consumado). Nadie había oído hablar de ella (?). Es una persona misteriosa.” Pero resulta que la trayectoria y el trabajo en pro de los derechos humanos, efectuado por esa ex funcionaria de las Naciones Unidas, a lo largo de su vida profesional, ha sido extendidamente reconocido en el mundo entero. Que Donald Trump la considere una desconocida, es lo mismo que desconozca el nombre del Premio Nobel de Literatura de este mismo 2026, pues el máximo representante de los estadounidenses es un energúmeno analfabeto, bueno para nada y desconocedor de la mayoría de cosas que suceden a su alrededor y con mucha más razón, lo que acontece fuera de su reducida órbita de influencia.

            Quiso minimizar la importancia de la Sra. Pillay, empujado, no solo por su resentimiento infantil contra el Comité Noruego, sino porque realmente sabe que ella ha señalado las masacres, el genocidio llevado a cabo por su amiguete, el judío Netanyahu, en la Franja de Gaza y el Líbano. Tiene doble despropósito Trump para atacar a la galardonada. Esas palabras suyas las dejó escuchar en un acto de campaña en Siracusa, en el Estado de Nueva York, y de frente a las elecciones de medio término, del próximo 3 de noviembre.

            Es una realidad absoluta, sin apelaciones y desde el punto de vista científico que, cuando una persona determinada comienza a expresar argumentos ilógicos, incoherentes y sin hilo racional, da por sentado de que se trata de una persona enferma mentalmente. De tal modo, ¡Cómo se le ocurre decir tal barrabasada acerca del Nobel de la Paz, porque no se lo dieron a los Estados Unidos, cuando está enfrascado él y todo su país, en una guerra contra Irán, donde ha vaciado las finanzas estadounidenses y el arsenal del Pentágono y ha propiciado las muertes de decenas de soldados norteamericanos y civiles iraníes! Una persona medianamente centrada y cuerda, no podría decir tal barbaridad. Hoy, más que nunca, los Estados Unidos no merecen, como nación, un premio de tal envergadura y magnitud. Quizás algunos de sus activistas o congresistas que se oponen a las locuras de Trump y su séquito de supremacistas, podrían ganarlo alguna vez, pero nunca un estrafalario, con aires de dictador y actitudes de tirano, como Trump.

            Y continuó en su ataque a la Sra. Pillay: “Se trata de una persona liberal (¿sabrá Trump lo qué es liberal?), que trabaja en las Naciones Unidas y de la que nadie había oído jamás. De todos modos, felicidades (nótese la incoherencia de sus palabras). (…) Yo he resuelto ocho guerras (¡?) en todo el mundo, como he dicho en repetidas ocasiones. Esta decisión revela lo corrupto que es todo el asunto del Premio Nobel. Esto es una mancha imborrable sobre el país de Noruega y sobre esas personas que tomaron una decisión tan bochornosa y vergonzosa. El Premio Nobel de la Paz ha quedado descreditado para siempre por un puñado de ideólogos radicales (¿sabrá Trump lo que significa ese concepto? Lo dudamos), que son antidemocráticos (!) y en realidad enemigos de la civilización (¡?) (aquí los únicos enemigos de la civilización son él mismo, su socio Netanyahu y la horda que les acompaña en los Gabinetes de Estado en USA e Israel. Nadie más).” Además, es evidente que alguien, en el momento de escribir sus textos en su red Truth Social, está al lado de él dictándole lo que tiene que redactar o se lo escribe esa persona. Su capacidad intelectual no le da para tanto. Eso lo sabemos y lo sabe el mundo entero.

            Y prosiguió escribiendo sandeces: “Nadie en el mundo sabe nada sobre la ganadora del Nobel de la Paz –reiteró Trump-, excepto que es evidente que odia a Israel. En realidad, (yo) debería haber ganado ocho Premios Nobel de la Paz y no solo uno. Yo resolví ocho guerras y voy a poner fin a los conflictos ucraniano e iraní (esto ya es lo que colmó el líquido que había en la copa o derramó su contenido: sólo bestialidades dice este animal con corbata roja). Solucioné estas ocho guerras entre Camboya y Tailandia; en la autoproclamada República de Kosovo y Serbia; en la República Democrática del Congo y Ruanda; en Pakistán y la India; en Israel e Irán (la peor mentira y bestialidad dicha); entre Egipto y Etiopía; Armenia y Azerbaiyán; e Israel y Hamás (los israelíes continúan en Gaza con su genocidio, asesinando a habitantes de ese lugar, así que ese conflicto está lejano de acabar). Además, impedí que Irán tuviera un arma nuclear, salvando más vidas que nadie en la historia (¡?); conseguí recuperar a todos los rehenes para Israel, tanto vivos como muertos, en colaboración con Hamás. Estoy trabajando para convertir a Venezuela en una democracia próspera (…).” Y aquí viene la enorme contradicción en sus argumentos, pues riñe con la paz. Fue cuando escribió (o le escribieron): “(…) impulsé el gasto militar de la OTAN hasta el 5 por ciento del PIB, reforzando la Alianza (que es un incentivo con vistas a una guerra futura con Rusia y China); negocié el regreso de más de 900 presos políticos de varios países de Europa del Este y devolví a casa a 196 rehenes de todo el mundo; y he creado un Ártico que pronto será muy próspero. (También) evito constantemente que se produzca una guerra entre Corea del Sur y la República Popular de Corea; entre China y Taiwán y en muchos otros focos de tensión, que no se han visto envueltos en guerras, únicamente gracias a mí, el presidente de los Estados Unidos de América. Capturé al violento dictador que gobernó a Venezuela con tanta brutalidad (Nicolás Maduro). Detuve al principal Estado patrocinador del terrorismo, la república Islámica de Irán (…) y mucho más. Y, aún con todo eso, yo o los Estados Unidos no recibimos el Premio Nobel de la Paz. Guau.” Ladró como el perro sarnoso que es, en su largo texto en su red social.

            La respuesta de la galardonada, la surafricana Navanethem “Navi” Pillay, fue con sorna y un poco de sarcasmo contenido, cuando se puso de pie para recibir el premio y bajo el estruendo de una gran ovación: “Muchas gracias. Si aplauden un poco más, quizá comparta este premio con Trump.” Dijo. Por supuesto, el gringo esquizoide se sintió seguramente más agredido, frustrado y resentido, porque se estaban burlando de él a nivel mundial.

            Faltan dos años de des-gobierno de Trump y pueden pasar muchas, muchísimas cosas más. Todas ellas malas, de acuerdo al gestor de esas cosas, de esos acontecimientos. Y habrá que desarrollar mecanismos de defensa, interiormente en nuestros espíritus, para soportar todas esas aberraciones. Pero lo peor está cercano, el día posterior al 3 de noviembre, cuando se conozcan los resultados de las elecciones por el Congreso y el Senado. Porque la reacción de Trump, el Nerón de nuestra Era, podría ser violenta y de consecuencias realmente lamentables.

Luego, habrá que ponerle atención a las nuevas “palizas” bélicas que los iraníes darán a los estadounidenses en Oriente Próximo, “el Vietnam persa” que están haciendo sufrir a las tropas yanquis; y, finalmente, cuando hayan pasado estos dos años que faltan, la reacción final de Trump cuando tenga que marcharse de la Casa Blanca. Por eso, las preguntas que circundan por nuestras cabezas son: ¿Se irá sin gran aspaviento o desatará algo parecido a la toma del Congreso cuando fue derrotado por Joe Biden? ¿Habrá un cambio de mandato civilizado y acorde con los principios democráticos o será abrupta la situación general? Y el cuestionamiento más importante: ¿Dejará el poder con toda normalidad, entendiendo que ya su tiempo se acabó, o se convertirá en el primer dictador de su país, apoyado por el Pentágono y los jueces adictos a su personalidad aberrada y aberrante?

Todo ello lo observaremos al final de estos dos años…


¿Después de Venezuela, Cuba, Irán y Groenlandia, Seguirá en la Cabeza Retorcida de Donald Trump… Canadá, “el Estado # 51”?

WASHINGTON D.C., USA-(Especial para The City Newspaper) El presidente de los Estados Unidos ha atacado militarmente a Venezuela e Irán; ha bloqueado y le ha robado los barcos petroleros a Cuba, causado más hambre y desajustes en las vidas cotidianas de los cubanos sencillos del pueblo; y ha amenazado a Dinamarca con invadirle la isla de Groenlandia; y junto a los daneses, ha amenazado también a la OTAN con desprotegerla y abandonarla si no convencen a Dinamarca para que le favorezcan en sus intenciones de conquista de la enorme isla en el Ártico.

¿Qué continúa en la cabeza retorcida de este sujeto que ya tiene harta a la humanidad: Canadá, el país que él llama burlona y peyorativamente “el Estado número 51 de la Unión Americana,” ninguneando a toda una gran nación, con el afán intrínseco de humillar a sus ciudadanos?

            Todo lo malo es posible con este esquizofrénico avejentado, lento como hipopótamo y agresivo, también como los caballos de río, que son los mismos “hipos…”

Acuerdo con Dinamarca y Groenlandia

            En la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, representantes de Groenlandia, Dinamarca y los Estados Unidos, estamparon sus firmas para sellar un acuerdo sobre esta isla, que es la más grande del mundo como todos sabemos.

            Lo anterior quiere decir que los daneses, inteligentemente, antes de ser empujados a una guerra contra USA, decidieron perder “el pulso”, pero perderlo por lo mínimo; es decir, aceptar las condiciones de este estúpido presidente estadounidense, antes que verse invadidos por las tropas fieles y ciegas a Pete Hegseth, el secretario de Defensa de USA, quien es leal como un perro faldero a su amo Trump. Es así como las firmas han involucrado un acuerdo que permitirá la construcción de dos grandes bases militares de los Estados Unidos.

            Según el razonamiento –el poco razonamiento que tiene-, del mandatario de USA, había que cubrir ese flanco ante el temor paranoide de que los chinos y los rusos pudieran atacar por allí en una eventual guerra.

            El acuerdo también prevé que Groenlandia, en el caso de independizarse de Dinamarca, continúe formando parte de la OTAN. Algo que será positivo sin duda, cuando aquello suceda. Si es que sucede.

            El documento fue firmado por el amenazante y prepotente Donald Trump, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen; y el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen. Las palabras de Trump, lejos de ser un discurso convencional de una persona normal, se explayó en las mismas exclamaciones de siempre: “fue fantástico, increíble, extraordinario” y demás onomatopeyas lejos de ser razonamientos apropiados y centrados, producto de una persona medianamente inteligente: “Esto es algo extraordinario para Europa y para Estados Unidos, para todo el mundo y para Groenlandia. Va a ser increíble, y la gente de Groenlandia ha sido muy amable. El pueblo de Dinamarca ha sido increíble, así que sé que va a ser una relación fantástica a largo plazo.” Exclamó Trump con su parquedad de vocabulario, que en todo momento cuando lo suelta, demuestra lo limitado que es intelectualmente o retrata fielmente lo que tiene en su cerebro... la profunda y preocupante NADA.

            En lo que estriba a las bases militares que se construirán en la isla, Trump dijo que el Pentágono comenzará de inmediato a construirlas, en virtud del acuerdo, un acuerdo que vetaría el acceso a Rusia y China y el derecho de autodeterminación de Groenlandia, que deberá cumplir con lo estipulado en el documento que fue suscrito por las tres partes.

            Las instalaciones que albergarán a los soldados de los Estados Unidos estarían en el sur y en el Este de la isla y así lo hace ver el artículo 4 del texto suscrito: “Estados Unidos está autorizado a establecer una zona de defensa adicional en Narsarsuaq (sur) y en Mestersvig (Este).” Del mismo modo, el Pentágono también podrá modernizar y ampliar su única base activa en Pituffik, situada al norte de Groenlandia. Esta última es una base espacial, llamada antiguamente Thule y que ha experimentado con el paso del tiempo una reducción del personal y sus actividades científicas. Este lugar se creó en la isla debido a un acuerdo de defensa firmado en 1951 entre los Estados Unidos y Dinamarca y modificado en el 2004. Por medio de ese documento, se concedió amplias prerrogativas a los estadounidenses, para establecer nuevas zonas de defensa en territorio de Groenlandia.

“Harán lo que sea necesario…”

            Trump, fundamentado en el acuerdo con Dinamarca y los representantes de la isla, dejó escuchar: “Me complace anunciar que los Estados Unidos de América han llegado a un acuerdo con el Reino de Dinamarca y Groenlandia, que otorga a Estados Unidos control permanente sobre la seguridad y todas las demás necesidades de Groenlandia, atendiendo por completo todas nuestras preocupaciones estadounidenses. ¡No habrá costos para Estados Unidos! Washington ha colaborado con los representantes de Dinamarca y Groenlandia, con el objetivo de garantizarse tener siempre la capacidad completa de hacer lo que sea necesario en Groenlandia, con el fin de asegurar y defender su seguridad y la de los Estados Unidos de América. Ningún adversario estadounidense podrá tener una base, una presencia militar o realizar inversiones sensibles en el territorio de la isla, sin la aprobación de la Casa Blanca. Durante más de 100 años, los líderes de este país (USA), habían admitido la importancia estratégica de Groenlandia, pero ninguno de ellos pudo hacer algo al respecto. Me siento orgulloso de ser el presidente que abordó de manera permanente y concluyente esta muy importante situación. Este es un acuerdo de ‘Vida Infinita’: ¡No tiene fin!”

            Añadió que el ejército de EE.UU. “tendrá siempre la capacidad completa para hacer lo necesario en la isla, con el fin de defender su seguridad.” Llama la atención particularmente que, mientras Trump se vanagloria de haber firmado dicho acuerdo para construir las dos bases militares, en Oriente Próximo varias de sus bases han sido hechas polvo literalmente, por los misiles y drones iraníes y no existe sitio seguro en la región donde se puedan reconstruir o para que los destacamentos de soldados norteamericanos permanezcan seguros allí. Trump no se ha manifestado al respecto. Ciertamente ha logrado dos nuevas bases en Groenlandia, pero ha perdido unas cinco o seis en Jordania, Irak, Arabia Saudita, Qatar y en otras naciones cercanas al Golfo Pérsico, hechas añicos por los ataques del enemigo que Israel “le endosó” al ejército estadounidense, al embaucarlo en una guerra que no tiene la posibilidad pronta de finalizar y mucho menos, resultar victorioso, dadas las respuestas fulminantes de los iraníes.

            En regreso al tema de Groenlandia, Trump señaló que todo lo acordado será apreciado por el pueblo de los Estados Unidos y agregó que prontamente se iniciarán las construcciones de los dos enclaves militares y, de paso, trabajará con el pueblo de la isla en todo lo que atañe a su progreso. “Esperamos trabajar con la maravillosa gente de Dinamarca y Groenlandia hacia un futuro magnífico con respecto a esta gran y altamente estratégica porción de tierra. ¡Seremos muy protectores con ella! Este es un sueño hecho realidad para los Estados Unidos de América, algo muy importante, histórico y especial. ¡Gracias por su atención a este asunto!” Dijo el mandatario de USA.

El arduo y agreste camino que llevó al Tratado

            Después de meses de tensión, en los cuales las amenazas de Trump al Reino de Dinamarca y a sus aliados de la OTAN, fueron “el pan de cada día”, se llegó a este acuerdo que hemos reseñado anteriormente. Y fue tal la situación de peligrosa, que Donald Trump había barajado, junto al Pentágono, la posibilidad de invadir a la enorme isla, tomar el control de la misma, en la creencia de una supuesta amenaza para la seguridad, de parte de China y Rusia.

            Esa intención de apropiarse indebidamente y por la fuerza de Groenlandia, desató una abierta oposición, en medio de un ambiente hostil y agresivo de los habitantes de este lugar ubicado frente a la costa Este de Canadá. La hostilidad alcanzó incluso a los aliados europeos de los Estados Unidos, que lo son, por supuesto, también de Dinamarca en el marco del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

            En un momento dado, las autoridades de Groenlandia y Dinamarca exigieron respeto por la integridad territorial del Reino danés y subrayaron que un país no puede anexionar a otro, ni siquiera bajo el argumento de implementar la seguridad nacional: “Groenlandia pertenece a los groenlandeses –manifestó un comunicado emitido por el palacio de gobierno en Copenhague-, y Estados Unidos no tomará el control de Groenlandia (nunca).” Poco tiempo después de este señalamiento tajante y contundente a las amenazas de Donald Trump, militares de la propia Dinamarca, Suecia, Noruega, Francia, Alemania, Inglaterra, Países Bajos y Finlandia, fueron desplegados en la inmensa isla para realizar maniobras, bajo el temor de que se produjera la acción militar por parte de EE.UU. La verdad que subyacía era la defensa armada de la isla, aunque fuera contra un invasor provenido de una nación “amiga.” Es decir, si hubiesen tenido que enfrentarse a Washington, militarmente, los soldados europeos allí enviados tenían órdenes de hacerlo y así defender la soberanía de Dinamarca y la isla. No sabemos si Trump lo comprendió; pero su silencio posterior, su alejamiento del tema en los días siguientes, fue, quizás, elocuente y permitió interpretarlo de cualquier manera por los analistas y periodistas internacionales.

            Sin embargo, y de acuerdo a la mente de Trump, estaba fraguando, dentro de esa supuesta inactividad y silencio, una respuesta a los daneses: a escasos 30 días de la respuesta de Dinamarca, el mandatario de USA anunció la imposición de aranceles del 10 por ciento sobre los productos, tanto a aquellos importados desde territorio danés, como de Groenlandia; pero fue más allá, porque extendió “el castigo” arancelario a todos los miembros de la OTAN, presuntamente por haber cerrado filas a favor de Copenhague.

            Ello hizo que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se reuniera con Trump y, durante “una reunión muy productiva”, según palabras de Rutte, Trump anuló la medida económica; y allí también se estableció un marco para un futuro acuerdo sobre la isla y toda la región del Ártico. La crisis parecía haber encontrado una puerta de salida…

            Expertos, analistas, periodistas y demás personajes versados en el tema, indicaron que la tensión creada por Washington, socavó profundamente la cohesión de la OTAN y se habló, incluso, del peligro de disolución de la Alianza estratégica, algo que era seguido por Moscú y Beijing con verdadera esperanza y entusiasmo, pues sin la OTAN, hubiesen tenido las manos libres para hacerse y controlar a Europa cuando ellos quisieran.

            La declaración posterior a las firmas del tratado, por parte del representante de Groenlandia, el primer ministro Jens-Frederik Nielsen, fue en estos términos, que de manera textual reproducimos: “Es motivo de alegría que hayamos concluido un acuerdo que asegure y fortalezca la seguridad de Groenlandia, el Reino de Dinamarca, Estados Unidos y la Alianza Occidental (OTAN). El acuerdo reconoce los intereses de Groenlandia y nuestro lugar en la cooperación internacional. Esto nos beneficiará a todos.”

            Pocas horas después, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, hizo circular este mensaje: “Me alegra que haya un buen acuerdo para Groenlandia, el Reino de Dinamarca y Estados Unidos. Un acuerdo que fortalece nuestra seguridad común con el Ártico y la región del Atlántico Norte y que, por lo tanto, también es bueno para la OTAN y Europa. Y un acuerdo que al mismo tiempo reconoce la soberanía y la integridad territorial del Reino de Dinamarca, así como el derecho del pueblo groenlandés a la autodeterminación.”

            Por otra parte, el periódico más importante de Europa, el alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), publicó que “el acuerdo ha permitido a Estados Unidos dar marcha atrás, tanto en sus amenazas de hacerse con Groenlandia ‘por las buenas o por las malas’, como en su anuncio de poner aranceles punitivos a varios países europeos, pasa por ser una solución de alto calado: la cesión de soberanía sobre determinadas bases militares en la isla, al estilo de las áreas británicas en Chipre. (…) Washington y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte –continúa la crónica del FAZ-, habrían alcanzado un entendimiento para que Estados Unidos asuma el control de instalaciones militares en Groenlandia, siguiendo el denominado ‘modelo Chipre’; es decir, no como simples bases en territorio ajeno, sino como enclaves bajo soberanía propia.”

            El rotativo alemán aseguró que el plan se inspira explícitamente en el estatus de Akrotiri y Dhekelia, en Chipre, territorios que permanecieron bajo soberanía británica, tras la independencia chipriota en 1960, y que se administraban como “Sovereign Base Areas.”

            Durante la Guerra Fría con la extinta Unión Soviética, los estadounidenses llegaron a operar hasta 17 emplazamientos militares en Groenlandia; y, fundamentados en ello, tanto Copenhague como Nuuk, Capital de Groenlandia, se han mostrado, desde un principio, abiertos a un aumento de la presencia militar estadounidense, algo que ya permitiría el acuerdo bilateral suscrito entre ambos países en el 2004.

            Ante tales indicios y evidencias, antes de la firma, el ministro de Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, celebró el hecho de que Donald Trump descartara una ocupación violenta de Groenlandia y pausara la guerra comercial, los aranceles que pensaba imponer a varias naciones europeas; y celebró también que el ejército de USA finalmente no cruzara “las líneas rojas” del Reino de Dinamarca. Todo ello gracias a la intervención e intermediación de Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, quien convenció a Trump de elegir el mejor camino: el del entendimiento bilateral, las buenas negociaciones y la paz.

“Cúpula Dorada” y ruptura con Canadá 

            En el encuentro entre mandatarios, en el Foro Económico Mundial de Davos, Donald Trump, durante una intervención hablada que tuvo allí, adelantó que, en el caso de hacer realidad su propósito con Groenlandia, mediante un acuerdo con Dinamarca, iba a construir la mayor “Cúpula Dorada” jamás construida. Esa supuesta infraestructura defensiva no sólo protegería a los Estados Unidos, sino también a Canadá, país al que acusó de “no ser agradecido”, pese a beneficiarse de la protección estadounidense. Incluso llegó al exabrupto de afirmar que “Canadá existe gracias a Estados Unidos”, mientras miraba directamente al primer ministro canadiense, Mark Carney.

            En todo caso, el diferendo con los daneses por el tema Groenlandia, se resolvió, aplacó y alcanzó un resultado positivo; pero el problema con Canadá, un país que, durante toda su existencia ha sido algo así como un hermano mellizo de los Estados Unidos y cuyos pueblos siempre se han visto precisamente como eso… hermanos gemelos en esta parte norte del continente americano, con un entendimiento generoso, de hermandad y espiritual en altísimo grado; pero que Donald Trump ha quebrantado, ha roto violentamente con base en su vocabulario mordaz, irrespetuoso y vulgar. Ahora mismo, en el segundo semestre del 2026, podría decirse que los dos gobiernos son enemigos, hasta que no suceda otra cosa diferente que los acerque.

            El irrespeto de Trump ha llegado a tal extremo que ha dicho que Canadá es “el Estado 51 de la Unión Americana”, ninguneando a esa nación, reduciendo todo su bagaje, su historia y su existencia a una simple dependencia territorial y nacional de los Estados Unidos, a “un apéndice” del cuerpo de la patria de Donald Trump, restándole a los canadienses, además de su identidad, la esencia de su espíritu, sus capacidades más profundas, sus logros pasados y actuales y su razón de ser. La afirmación de este personaje grotesco con respecto a Canadá y que se ha apoderado de los Estados Unidos casi por completo, gracias a una inexplicable decisión de los votantes, ha traspasado y violentado todas las líneas existentes, morales, divinas y humanas. Es por ello que los canadienses están profunda y decididamente indignados.

            Inherente a lo anterior, la ruptura comercial y gubernamental ha sido también sumamente violenta. Por menos, las naciones en el pasado se han ido a las armas, en feroces guerras. La retórica enardecida ha corrido de un extremo hacia el otro y ha vuelto a su lugar de origen, en reciprocidad, siempre incendiaria y preocupante en estas dos gigantescas naciones de América del Norte; y, en medio de esos insultos, Trump atisba hacia el sur, hacia México, y le acusa de no hacer nada por combatir y detener a los cárteles de la droga, los más peligrosos del planeta. Aunque, en esto último, tiene razón.

            La judía, presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha respondido diciendo que si no hubiera tantos millones de compradores y consumidores de drogas en los Estados Unidos, el problema de los narcotraficantes no existiría. Y también le asiste la razón.

            Lo cierto es que Trump subió los aranceles a Canadá y éste país le ha respondido también con sus propios precios en alza de los aranceles a USA; una guerra que ha hecho colapsar negociaciones por apaciguar las cosas, los hechos…

            La administración caótica, desenfrenada, espontánea, irrespetuosa, criminal, desordenada y de “puntilla” con el resto de la humanidad, presidida por Donald Trump, el presidente que ve más hacia el exterior que hacia los problemas interiores de los estadounidenses, impuso un arancel del 50 por ciento, a unos US$20,000 millones en productos canadienses. La represalia canadiense, por medio de una decisión tomada drásticamente por su primer ministro, Mark Carney, fue la de activar aranceles de “dólar por dólar” sobre productos estadounidenses, que han tocado de lleno al acero, los lácteos, electrodomésticos y electrónicos. El 8 de septiembre anterior, entraron en vigencia.

            Mientras tanto, los insultos continúan en ambas direcciones. Aunque con mayor fuerza y dureza de parte de Trump.

            En un acto que revela la irracionalidad característica de Donald Trump, su demencia incuestionable y evidente, manifestó que justificaba la medida del aumento de los aranceles a los canadienses, “por causa de las prácticas comerciales injustas” de parte de aquellos, sus vecinos del norte. Mientras que el gobierno con sede en Ottawa, calificó las exigencias de Trump de “inaceptables y de ataque directo a nuestra economía.”

            Actualmente, las negociaciones permanecen estancadas, no se ve siquiera un leve movimiento en el sentido de destrabarlas y ponerlas en movimiento nuevamente; no hay nuevas conversaciones formales que hayan sido programadas, a pesar de la paradójica situación que se puede observar en la frontera común, cuando el flujo de recursos esenciales como el petróleo, el gas y la potasa, continúa de manera ininterrumpida. Es decir, se odian, pero el intercambio de productos sigue adelante sin pausa ni demora.

            Los analistas no dejan de mostrar su honda preocupación y señalan que la confrontación pone bajo extrema tensión el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y representa “un divorcio comercial histórico entre las dos naciones.” Otros más aventurados, indican que se trata de un combate “entre dos titanes”; y así parece ser… son dos países gigantescos enfrentados entre sí.

            Lo cierto es que Trump, cada vez que puede y se acuerda, lanza dardos venenosos al alma canadiense, insultándola gravemente, algo que tendrá que corregir el presidente que lo sustituya cuando acabe su pésimo mandato actual. Por ejemplo, ha dicho que “Canadá quiere tener los beneficios de un Estado de los Estados Unidos, sin serlo.” A esto le agrega que no estaría nada mal que Canadá conformara al Estado número 51 de la Unión Americana. Es decir, anexionarse a todo un país, sólo porque sí, porque él es un psicópata que una mañana despertó con esa estúpida idea.

            También ha acusado a Ottawa de “estafar a los Estados Unidos y de imponer aranceles excesivos a los agricultores estadounidenses, durante años.” Pero lo que sacó a Donald Trump de quicio, fue el acercamiento de Canadá a la Unión Europea (UE), que no dudó un ápice en abrirle la puerta de entrada a los canadienses, en situación de primer “miembro asociado.” Sin demora, el presidente de USA respondió que esa asociación “será considerada un acto hostil” y amenazó con su consabida y desgastada arma de imponer aranceles a Europa.

            Así las cosas, un estúpido con su bajísima capacidad intelectiva, con sus neuronas cerebrales al mínimo, tiene al mundo de cabeza, porque lo peor que le ha ocurrido a la humanidad ha sido depender de la fuerza, la supuesta sabiduría, el potencial, la seguridad y la justicia de los Estados Unidos para vivir en paz y desarrollo. Es decir, el ser humano, desde el final de la Segunda Guerra Mundial fijó su progreso, esperanzas y garantías varias, en la existencia de una potencia como los Estados Unidos. Otros, lo hicieron bajo “la sombra” de la fracasada y ya desaparecida Unión Soviética. Y fracasaron también como lo hicieron los rusos.

            Pero el problema se ha acrecentado cuando los estadounidenses eligieron a la Casa Blanca a una bestia estrafalaria, esquizoide, deshumanizada, insensible y criminal como Donald Trump. Todo ello producto de su esquizofrenia. Nadie lo previó, nadie lo vio venir, nadie pudo pensar que podría suscitarse un caso así y ahora nadie lo soporta, nadie lo tolera, ni lo respeta ni desea que siga viviendo. Porque la verdad es esa, es única: el 98 por ciento de los habitantes de este planeta, que saben de la existencia de Trump, de lo que ha hecho, hace y hará, lo que desea es la desaparición física y para siempre de ese energúmeno color naranja y pase al basurero de la historia, donde seres como él, los Emperadores romanos Nerón, Calígula, y el judío Netanyahu, entre otros, permanecen por los siglos de los siglos.

            Otra gran verdad: todos contamos los días, semanas, meses y años que le queda a este imbécil en la Casa Blanca y respiramos aliviados cuando tiramos al cesto los calendarios superados. Es una verdadera pesadilla esta escoria llena de incapacidad, de inmoralidad y bajeza, conocida con el nombre de Donald Trump.


La Familia de Donald Trump
La Presidencia de los Estados Unidos como Negocio Extraordinariamente Lucrativo

WASHINGTON D.C. USA-(Especial para The City Newspaper) Con la falta total de escrúpulos que caracteriza al actual mandatario de los Estados Unidos, asumió la presidencia y ha hecho, junto a sus familiares, un lugar para obtener ganancias fuera de registro y lo que resulta peor… fuera de toda moral, acorde con su naturaleza delincuencial.

            Antes de entrar “en materia” en el fondo de este reportaje, hay que enfatizar que la imagen de Donald Trump y su gestión presidencial, están en niveles muy bajos en la opinión general de los estadounidenses, incluyendo a aquellos que, gustosos, lo llevaron nuevamente a la Casa Blanca, pocos meses atrás. Los despidos de personal, su retórica violenta agresiva y vulgar, los ataques a naciones latinoamericanas, en los casos de Venezuela y Cuba, sus amenazas a casi todos los socios comerciales de USA, la inflación económica que no deja de aumentar, la poca influencia en los congresistas republicanos, la guerra desatada contra Irán en la que ha quedado desnudada la posición de Trump con respecto a Israel, cuyo dictador, Netanyahu, ha dado muestras inequívocas de que manipula al mandatario estadounidense abierta y desvergonzadamente; el rechazo y la salida de varios organismos humanistas internacionales, el cierre abrupto y violento de Instituciones muy queridas por los ciudadanos como La Voz de los Estados Unidos, la estación de radio emblemática que cubría a todo el planeta con sus interesantes y profundas emisiones; y de Radio Martí, fundada durante el gobierno de Ronald Reagan, más otras medidas aberradas, muestra que “la gestión” de Donald Trump y su equipo de gobierno, están en mínimos históricos en los índices de aprobación. Esto significa que, si Trump dependiera de los votos de los electores ahora mismo, caería derrotado de manera inmisericorde y alarmante, como ningún otro político en el devenir de este país.

            Incluso, se dice que las encuestas indican que “sólo hay un presidente más impopular que Trump en la historia de los Estados Unidos de América y es él mismo durante su primera etapa, su primer des-gobierno,” cuando resultó elegido por el pueblo, después de haber vencido a la entonces candidata demócrata, Hillary Clinton. La casa encuestadora Pew Research, ha revelado que sólo el 37 por ciento de los estadounidenses aprueba lo que Trump está haciendo desde la Oficina Oval de la Casa Blanca. Muy posiblemente sean los vándalos como los motociclistas en grandes motos negras, quienes recorren el país de costa a costa, armados; los supremacistas a la luz de una gran cruz de madera en medio de las llamas y con capuchas blancas y los judíos de Wall Street y de los periódicos, quienes ven en Trump al individuo totalmente volcado a los intereses de Israel y de su dictador supra-asesino, Benjamín Netanyahu. Pero, a pesar de todo lo expuesto en las líneas de arriba, Trump mantiene el control casi total sobre el Partido Republicano y sigue siendo la figura principal del movimiento MAGA.

            Observadores indican que Trump ha podido gobernar hasta ahora, prácticamente sin oposición, gracias al control republicano en el Congreso de la nación y a un fallo protector de la Corte Suprema del 2024, que le otorga amplia inmunidad. Sin embargo, ello podría cambiar después de las elecciones intermedias, a celebrarse en noviembre de este 2026, y sus peores “detonantes” podrían ser la evolución de la inflación, los costos de la vida y la economía. Según Kathryn Dunn Tenpas, investigadora presidencial y del Congreso del Centro Miller de la Universidad de Virginia, “con el tiempo, los índices de aprobación de un presidente, tienden a caer, en parte por las promesas descabelladas que ha hecho y que después no puede cumplir. Y al mismo tiempo, con el presidente Trump, creo que lo que hemos visto es que los estadounidenses se preocupan mucho por el estado de la economía y el estado de su propio bolsillo.”

Situación de los votantes imparciales

            Son aquellos norteamericanos que no pertenecen ni a uno ni a otro partido, pero que ayudaron o fueron determinantes para que Trump llegara por segunda ocasión a la Casa Blanca; pero ahora se muestran desencantados con todo lo que ha dicho y hecho el gobernante. Es cuando la misma investigadora Dunn Tenpas, manifiesta: “Por supuesto, a muchos demócratas les preocupa especialmente lo que está sucediendo en Minneapolis y en otras ciudades del país, donde se ha desplegado el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Creo que los independientes y quizás los republicanos no leales a Trump, están cada vez más descontentos con lo que está ocurriendo.”

            Otros actos del actual mandatario también han enfurecido, incluso, a sus seguidores más leales. Por ejemplo, sus amenazas de integrar al territorio de USA a Groenlandia, arrebatarlo con la fuerza de las armas a Dinamarca; y hacer lo mismo con Canadá, irrespetando a los hermanos canadienses, quienes han tenido décadas de verdadera hermandad con los vecinos estadounidenses, han sacado de las casillas a más de un votante republicano, en desacuerdo con esas actitudes groseras, violentas y prepotentes. A esto debemos sumarle otros hechos causados por la imprudencia y la abrupta arremetida de Trump en el orden internacional, como los recortes a la ayuda exterior, los aranceles que ha impuesto a muchas naciones aliadas de USA y su reciente ataque, a mansalva (sin avisar), a Irán, causando asesinatos de lesa humanidad de gobernantes de ese país y de ciudadanos ajenos a la guerra y a la política.

             Para Todd Belt, politólogo de la Universidad George Washington, la economía general de la nación, así como la per cápita, podrían definir muchas circunstancias a muy corto plazo: “Casi siempre –afirma Belt-, la economía es el tema principal (en los estadounidenses), (y) a la administración actual podría pasarle factura centrarse en otras áreas, en lugar de en el propio país.”

            Descrito lo anterior, nos sirva de plataforma para describir el rol de cada miembro de la familia Trump, ahora que tienen casi todo el poder en los Estados Unidos; es decir, qué hace cada uno de ellos, sabiéndose en la cúspide del gobierno y de la misma sociedad norteamericana.

            Es del todo cierto que el llamado peyorativamente “clan Trump”, es un emporio insaciable que acusa ínfulas muy evidentes y remarcadas de querer ser una familia real, de esas tan comunes en los países árabes y en el lejano oriente. Cada miembro desempeña un papel específico, un cargo, y, ante todo, forma parte de un engranaje empresarial que ha desdibujado la línea entre el servicio público y el interés particular. Es decir, los Trump están ahí, en el gobierno, para favorecerse ellos primeramente, antes que cualquier otra razón que necesite ser resuelta en la realidad cotidiana de los estadounidenses. Y, además, parece que a ellos, los Trump, no les conmueve ni mueve gran cosa aquello de “fui electo para servir a mi pueblo.” Un concepto que no aparece ni levemente dentro de sus funciones en el Estado.

            Un periodista, quien formó parte de un equipo de investigación del diario The New Yorker, lo detalla de esta manera tan gráfica: “Nadie ha sabido explotar una presidencia con la astucia y la constancia de Donald Trump. Ahí están los números: US$3,400 millones, son los que ha logrado sumar el republicano a las arcas familiares entre el primer mandato (2017 y 2021) y lo que va del segundo. Detrás de su obsesión casi enfermiza por ponerle su nombre a casi todo, hay una estrategia para amasar aún más capital. El apellido Trump se ha consolidado como algo más que un legado presidencial: es una marca que pasa por su mejor momento, un imperio y, sobre todo, una estructura familiar que opera con precisión y con el halo de querer ser la nueva monarquía americana.”

            Una vez que Donald Trump tomó posesión de la Casa Blanca, distribuyó los puestos y funciones a cada miembro de su familia, quienes comenzaron a interactuar desde la Torre Trump en Nueva York, hasta la sede del poder en Washington, en forma de un engranaje “bien aceitado” y funcionando con total eficacia. Así, Donald Trump Jr., el primogénito, comenzó a dirigir las relaciones con la base conservadora y supervisa los negocios inmobiliarios; Jared Kushner, el judío esposo de Ivanka, mantiene su influencia en círculos empresariales globales y últimamente se ha destacado al ser enviado por su suegro, el presidente, a negociaciones con Vladímir Putin, con el objetivo de detener la guerra en Ucrania; a Israel, a reunirse con el criminal Netanyahu; y recientemente, antes de los ataques a Irán, conversó con algunos miembros de la cúpula gubernamental iraní y fue Kushner y su compatriota judío, Steve Witkoff, los que dieron el empujón final a Donald Trump para que atacara a Teherán e iniciara la guerra que ahora mismo está sufriendo Oriente Próximo.

            Eric Trump, dirige las operaciones de golf y hospedaje en los hoteles que pertenecen a la familia; mientras su padre, con sus ínfulas de “emperador todopoderoso”, ya lo hemos visto, se mueve por el panorama mundial, quitando ayuda a naciones en desgracia y tercermundistas, sacando a los Estados Unidos de cuanto organismo a él se le ocurre y declarando victorias militares donde ha dejado campos humeantes, plenos de cadáveres de inocentes. Más que un reyezuelo sin control, Trump parece un jinete del Apocalipsis que sólo desgracia ha traído para el mundo y la humanidad.

            Peter Baker, quien es corresponsal de The New York Times en la Casa Blanca, ha sintetizado lo que significa esta familia en la actualidad y en la realidad de los Estados Unidos: “Los Trump han hecho más que monetizar la presidencia que nadie haya ocupado la Casa Blanca, imprimiéndole un carácter de normalidad a cada transacción, en contraste con su empeño de ahuyentar las acusaciones de conflicto de interés durante su primer mandato. Eso se acabó. Ahora, aceptar un avión de lujo de la familia real catarí, valorado en US$367 millones, ya no está mal visto. Ni explotar su residencia privada de Ma-a-Lago, en Florida, aprovechando los cuatro años de presidencia. Tampoco usar su propia red social, Truth, para comunicar asuntos oficiales, obligando a los usuarios a suscribirse para poder leerlos. O hacerse millonario con criptomonedas a su nombre y de su familia. Hasta Melania Trump tiene su propia moneda digital.” Precisa el comunicador.

Uno a uno, los Trump. Actividades, apariciones (y desapariciones)

            El clan funciona de esta manera. Analicemos a cada uno de sus componentes:

           La Primera Dama, Melania: Con un perfil super-bajo, da la impresión de que no quiere ser vista, ni fotografiada ni entrevistada por los reporteros, con la finalidad de evitar controversias y malos entendidos.

            Siempre elegantemente vestida y con un estilo de mujer con clase y/o de la aristocracia, sus apariciones públicas se pueden contar con los dedos de una mano “y nos sobran dedos de esa misma mano.” Sin embargo, quienes la han seguido en los últimos meses, aseguran que la influencia de esta mujer sobre su intempestivo marido, Donald Trump, ha ido en crecimiento paulatino, aunque tan sutilmente que ni él mismo se percata de que, además del criminal judío Netanyahu, su esposa mueve “los hilos tensos de la marioneta.” Es así como otro periodista que cubre las actividades y noticias de la Casa Blanca, ha descrito: “En un ecosistema político que nunca antes había estado dominado por una sola figura central (Donald Trump), la llave para resolver muchos conflictos pasa por ella (Melania).” Incluso, una encuesta de febrero de este 2026, la situaba como la décima persona de mayor influencia dentro del gobierno de su esposo, por detrás de Pam Bondi, la fiscal general del país, quien tacha o borra el nombre de Trump en las listas del judío pedófilo Jeffrey Epstein, cada vez que ahí aparece; o de Stephen Miller, el arquitecto y famoso “zar de la frontera”, que diseñó las políticas supra-violentas en contra de los inmigrantes.

            Otro analista de esta administración escribe sobre Melania: “Aunque los críticos literarios la hicieron pedazos tras la publicación de sus memorias –publicadas en octubre del 2024-, descrita como una persona extremadamente superficial y apolítica, la última clase de persona que uno imaginaría como esposa de un político, muchos le atribuyen a ella el cambio de postura de Trump en muchos asuntos de índole geopolítica, como su viraje sobre la hambruna de la población civil en Gaza, que al principio (el presidente) negaba, o el entender las aspiraciones imperialistas de Vladímir Putin en Ucrania. De mirada gélida y gesto duro en ocasiones, la Primera Dama puede estar moviendo mucho más los hilos de lo que muchos se imaginan.”

            Aunque “de cara a la galería”, Melania Trump parece ser solamente “la modelo” que se casó un día con el inmoral Donald y que se mantiene a su lado (o dentro del penthouse en la Torre Trump), por no sabemos cuál razón. De hecho, cuando los dos caminan para abordar el helicóptero o el avión presidencial, no deja de acaparar la atención y hace preguntarse a muchos periodistas: “¿Cómo será en realidad esta elegante mujer de sonrisa aparentemente vacía y que rara ocasión hace escuchar una sola palabra emitida por sus labios?”

            También hizo cuestionar cientos de preguntas, cuando su esposo era acusado en los tribunales de justicia por haber pagado a prostitutas, determinadas y cuantiosas sumas de dinero a cambio de su silencio; o cuando aquella columnista de The Washigton Post le ganó el litigio por haberla violado en una tienda céntrica de Nueva York y a quien Donald Trump tuvo que pagar una millonaria cantidad de dólares en compensación. En todos esos momentos, Melania ni siquiera hizo aparición pública y se guardó para sí cualquier comentario al respecto.

            Su personalidad e imagen está compuesta por una fuerte dosis de elegancia y buen gusto, aunada al misterio, “el duende” andaluz de “aparezco hoy y desaparezco por los próximos 40 días siguientes”, creando más dudas, intrigas e interés en quienes tienen como tema todo lo que sucede en la Casa Blanca.

            Donald Trump Jr.: es el primogénito y el que más se parece a su desalmado papá. Es quien ansía, más que ninguno, alcanzar la presidencia de los Estados Unidos, un puesto que siente le pertenece o está reservado para él por derecho propio.

            Tiene 47 años de edad y ha pasado de ser un empresario que cuida sus propios negocios y los de su padre, a una figura política con peso específico dentro de la corriente que muchos analistas llaman “trumpismo.” Incluso, su ascenso en los círculos de poder conservadores no ha sido casual ni improvisado y responde a una combinación de lealtad absoluta a su padre, afinidad ideológica con la base más dura del Partido Republicano y una habilidad creciente para moverse en el ecosistema mediático y financiero de la nueva derecha de los Estados Unidos.

            En cuanto a su postulación, el Jr. no da fechas para presentar su nombre al gran electorado estadounidense; incluso evade las preguntas que se le hacen en torno a este asunto; pero él se siente el heredero único del “universo MAGA (Make America Great Again)”, el representante de la continuidad generacional del mismo movimiento, todavía mejor que el vicepresidente JD Vance o el secretario de Estado, Marco Rubio. Y para hacer más ventajosa su posición, Trump Jr. conoce mejor que nadie los entresijos de la organización fundada por su padre y sería, según los conocedores fieles de su realidad, el hombre idóneo para mantener la máquina de generar millones de dólares, perfectamente engrasada.           

            De tal forma, no es para extrañar si, en un futuro no muy distante de la actualidad, los votantes de los Estados Unidos tendrán frente a ellos la nominación de Donald Trump Jr., quien muy posiblemente tendrá la clara oportunidad de alcanzar la presidencia, pues las  masas, recordemos, no son racionales ni tienen memoria. Es decir, le elegirán por su apellido, por su juventud, por su manipuleo y, esencialmente, porque no se acordarán de las estupideces (una tras otra), que cometió su padre cuando fue presidente en dos ocasiones.

              Jared Kushner: Hemos escrito de este sujeto riadas de tinta en este mismo periódico, justamente por su personalidad glacial, calculadora, total y excesivamente metalizada (amante del dinero ante cualquier otra premisa, incluso por encima de sus padres, esposa e hijos). Parece un maniquí que se mueve mediante baterías puestas en su espalda y que se acciona cuando se le aprieta un botón oculto. Su mirada es fija, sin vida, sin emoción alguna; y sus labios, en lugar de dar una sonrisa amplia, apenas esbozan una leve mueca que se debe interpretar como sonrisa.

               Nació y creció en el seno de una familia judía; por lo tanto, su educación no podía ser diferente a dirigir sus pasos en pos del dinero, como único objetivo en la vida. Pero al alcanzar su suegro, Donald Trump, la presidencia de los Estados Unidos, éste, sin el menor recato ni conocimiento de la personalidad humana, ni de las destrezas de las personas, y tampoco su idoneidad, le asignó papeles que sólo existen para ser ejecutados por los diplomáticos de carrera. De ahí que Kushner, el maniquí que camina impulsado no sabemos por cuál o qué mecanismo, haya fracasado una y otra vez en los intentos por pacificar aquel territorio (país) o aquel otro.

            Su personalidad deshumanizada que ve dinero incluso donde todavía no lo hay, incitó a su suegro para que le propusiera al criminal judío Benjamín Netanyahu, la creación de un resort en la Franja de Gaza, con grandes hoteles, casinos, avenidas y tiendas lujosas, sin reparar hacia dónde se debían enviar a todos los palestinos que ahí subsisten bajo los bombardeos israelíes. A él no le importa la viejecita que vive en aquella casa, si se le puede sacar ganancia económica a esa misma casa, si la anciana fuera despachada de allí. Así piensa (y no siente), Yared Kushner.

            Se mueve entre bastidores, en las sombras, detrás de Donald Trump y sabe que éste es un imbécil de “rompe y rasga”; pero que se le puede capitalizar como nadie dentro del poder que ostenta en el gobierno de esta gran nación y conoce la influencia de contar con semejante suegro.

            Está casado con Ivanka Trump, la bella Ivanka, quien se mantiene junto a él y no acertamos a saber por qué lo ama o por qué sigue a su lado, pues se trata de un individuo anti-emocional, aparentemente insensible y que se mueve solamente por el “tintineo” de las monedas al caer y allí donde hay poder verdadero. Tiene tres hijos con ella.

            Kushner ha pasado de un papel con mayor visibilidad en el primer gobierno de Trump, a explotar un fondo de inversión que comenzó con US$3,000 millones, compuesto, casi en su totalidad, por inversores con los que trabajó en su etapa en la Casa Blanca, todos ellos extranjeros. Además, este judío ha recibido dinero de los gobiernos de los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudita; y tiene intereses financieros en Israel, Alemania y California, en la costa Este estadounidense.

            Hubo una época en la que tenía dentro de sus planes la construcción de un complejo de apartamentos y hoteles de lujo en Serbia, más otros desarrollos inmobiliarios similares en la costa mediterránea de Albania. Las operaciones en Los Balcanes las pudo cerrar con el presidente serbio y el primer ministro albanés, a quienes conoció, contactó y convenció, durante el primer gobierno de Donald Trump. Es decir, utilizó su posición en la Casa Blanca para beneficiarse él mismo y sus proyectos para amasar mayor fortuna.

                Este sujeto sin alma, ni sentimientos, ni emociones, se mueve al ritmo que le marca el dinero, según vaya, se quede o se invierta; y otro motivo, como la política, el matrimonio, la paternidad o la amistad… no lo mueven a él, pues se trata de un fantasma, un espectro, que sólo piensa y actúa en función del gran capital. Los pobres, los miserables de la Tierra, en consecuencia, no le mueven ni un ápice y tampoco le llaman a la conmiseración, mucho menos a “la absurda” caridad. Eso no es lo suyo. No es su estilo. No le “pilla desprevenido” tampoco.

                Ivanka Trump: es la bella hija de Donald Trump. Por alguna razón que se desconoce, no utiliza el apellido de su esposo, el judío Jared Kushner. Es una mujer con una increíble fuerza de voluntad para el trabajo y para crear empresas que nacen, se desarrollan y progresan bajo su nombre y supervisión.

            Su papel en este segundo gobierno de su padre, ha sido prácticamente nulo. O no le interesa la política, o no sonsaca nada positivo de ella para sus negocios o sus hijos (Theodore James, Joseph y Anabella) y empresas personales, le mantienen alejada esta vez del despacho Oval de la Casa Blanca. No obstante, durante el primer mandato de Donald Trump, Ivanka fue su asesora presidencial y encarnó, mejor que nadie, el concepto y la aspiración de convertir a la familia en una especie de realeza estadounidense.

            En aquella época, representó a los Estados Unidos en cumbres internacionales y tuvo la oportunidad de oro de codearse con líderes mundiales como la alemana Angela Merkel, Emmanuel Macrón o el desaparecido (asesinado), ex primer ministro japonés, Shinzo Abe.

            Se la acusó en su momento de ser representante del más sórdido nepotismo en el gobierno; y también de amasar hasta US$640 millones durante aquellos primeros cuatro años que estuvo en la Casa Blanca. Esos supuestos movimientos financieros millonarios, fueron hechos junto a su esposo, el siempre y visceralmente metalizado Jared Kushner. Posiblemente por ello se alejó, en esta segunda administración, del ruido de las críticas y de los círculos de poder; pero hay quienes “atizan” el fuego al afirmar que Ivanka ya no se aparece por la Casa Blanca, debido a su pésima relación con su madrastra, Melania Trump. Aunque esto último no ha sido confirmado ni desmentido por ninguna de las partes involucradas.

            La verdad es que Ivanka, gracias a su ímpetu ejecutivo y empresarial, ha generado su propia e importante fortuna monetaria, de la cual no tiene que agradecerle nada a su marido, ni a su padre ni al paso, efímero por demás, por el poder en los Estados Unidos. A todas luces, es una empresaria inteligente y exitosa.

             Eric Trump: la posición que ostenta es de “segunda magnitud”; es decir, “los focos apenas iluminan su silueta” y se mueve silenciosamente dentro de la familia. Está muy lejano de parecerse a su hermano mayor, Donald Jr., en cuanto a la política y aspiraciones y tampoco precisa de exponerse dentro de la esfera política estadounidense actual.

            En todo caso, Eric controla las operaciones del imperio empresarial de la familia y apoya con toda lealtad lo que dice, hace y deja de hacer su padre, el mandatario de los Estados Unidos. Durante el primer período presidencial de su progenitor (2017-2021), se mantuvo al margen del gobierno, pero asumió, junto a su hermano mayor, la gestión diaria de la organización Trump, convirtiéndose en una figura clave para preservar el negocio de la familia en tiempos cuando la presión legal, el escrutinio mediático y los boicots políticos, eran la constante contra la firma Trump.

            Eric se ha especializado a través de los años en los campos de golf, el desarrollo de nuevos proyectos urbanísticos y los eventos sociales, donde puede surgir el siguiente proyecto empresarial que beneficiará, sin duda e inevitablemente, a la familia. Evidentemente, lo suyo no es la política, que no entiende en profundidad, pero cuando ha tenido que defender las actitudes de su padre, lo ha hecho con vehemencia y sin titubear un palmo siquiera.

            Empero, su esposa, Lara Trump, ha estado demostrando que le gusta el quehacer político e, incluso, llegó a ser la número dos del Comité Nacional Republicano (RNC); y su nombre ha sonado constantemente como posible candidata al Senado o a la Cámara de Representantes, en especial en Carolina del Norte. Tiene la facilidad de ser reconocida a nivel nacional, acceso a los donantes, dominio del mensaje conservador y una imagen más Institucional que las de otros miembros del clan. Es por esas razones que sería factible verla luchando, con el máximo proselitismo, en el futuro, por alcanzar un puesto de importancia política. Es por ello que siempre será bueno recordar su nombre para darle seguimiento de aquí hasta que alcance su objetivo.

            Barron y Kai Trump: el primero, es el hijo menor del presidente con su esposa actual, Melania. Tiene 19 jóvenes años y no ha expresado absolutamente nada que denote que estaría gustoso de ser político como su hermano mayor, el Jr. o su mismo progenitor. Tampoco Melania ha insinuado nada al respecto siquiera. Por ahora, Barron solamente es un joven de elevada estatura, muy parecido físicamente a su padre y a quien gusta el futbolsoccer, deporte que suele practicar a nivel estudiantil. Pero de poder, gobiernos y política… nada de nada. El muchacho se mantiene sano y su madre, sabemos bien, lo prefiere así también y no dentro del cenagoso mundo de la política. Tampoco suele exponerse a los medios de prensa y se halla rodeado de una imagen de misterio y, por lo tanto, muy llamativa para “la prensa del corazón” y por los vaticinadores que quieren conocer sus inquietudes acerca de la política misma. Su madre ha tendido un valladar que resulta infranqueable para los periodistas.

            En cuanto a Kai, es la hija de Donald Trump Jr. y de Vanessa Trump. Es una muchacha de 18 años apenas, pero su temperamento e inteligencia son despiertos; de hecho, ha acompañado a su abuelo en la reciente campaña electoral en la que resultó vencedor frente a la demócrata Kamala Harris. En julio del 2024, Kai pronunció un discurso en la Convención Nacional Republicana, en apoyo a la reelección de su mismo abuelo, Donald Trump. Es golfista, suele acompañar a su abuelo en algunos de los torneos en los que participa y tiene como planes, jugar en el equipo universitario de la Universidad de Miami, en este 2026.

            Evidentemente, todos los descendientes del mandatario de los Estados Unidos tienen diferentes actividades y responsabilidades, pero el común denominador que los hace ver iguales, es el amor por el poder y el dinero; y tampoco escatiman esfuerzos por alcanzar esas metas donde acrecentar fortunas y posiciones de dominio, son las razones de sus luchas y sus callados y también públicos anhelos.

           También, aunque así no lo hayan pensado ni considerado, todo lo que haga ahora su padre y abuelo, el actual presidente de los Estados Unidos, repercutirá inevitablemente en los alcances futuros de los descendientes Trump; es decir, si Donald finaliza su mandato con una aceptación más que decorosa, el destino de sus familiares estará asegurado en la política de este país; pero si continúa como va… de manera desastrosa, es posible que los votantes les pasen “las facturas” por esos errores; aunque el electorado estadounidense suele ser uno de los más “perdonadores y olvidadizos” de cuantos existen en las democracias modernas. No sabemos si esto lo habrá sopesado el Jr., quien es el que más politizado aparece y con mayores ansias de ser presidente también; pero su padre sigue teniendo el destino suyo en sus manos, un papá díscolo, capaz de hundir a la humanidad entera, como se supone lo está tratando de hacer ahora mismo.

            Esta es la familia Trump, sinónimo de poder y ambición; aunque también antítesis de moral, honorabilidad, honestidad y respeto por los semejantes. Unos sujetos dispuestos a pasar por encima de las vidas humanas, con tal de alcanzar sus más caros propósitos, sin que esto llegue a molestarle jamás en sus consciencias.

Más Revelaciones de la Relación Entre Donald Trump y el Pedófilo Judío Jeffrey Epstein

WASHINGTON D.C. USA-(Especial para The City Newspaper) Lo ha intentado todo este vicioso llamado Donald Trump, al que los estadounidenses cometieron el peor equívoco de la historia de los votantes de este país, al llevarlo por segunda vez a la presidencia. Y decimos que lo ha intentado todo, pero no le ha dado resultado alguno. Veamos: en primer término, citó al genocida ruso, Vladímir Putin, a Alaska, a una mal llamada “cumbre” para pacificar Ucrania, con un enorme despliegue mediático; después, bombardeó Irán, las presuntas centrales nucleares persas; luego, le confeccionaron un plan de paz para detener el también genocidio israelí en la Franja de Gaza, que no ha dado resultado, dicho sea de paso; posteriormente, envió buques de guerra al Caribe para sitiar a Venezuela, insinuó que iba a derrocar a la camarilla narco-dictatorial de ese país suramericano (pero no lo ha hecho y el dictador Maduro continúa en el poder), y ha estado bombardeando lanchas que no se sabe si eran portadoras de cocaína o de pescadores artesanales que salían a bregar para ganarse el sustento diario por medio de la pesca. Últimamente, ordenó al Pentágono que comience con nuevas pruebas nucleares, en respuesta a las que está efectuando Rusia. También, durante su reciente viaje a lejano Oriente, y tras su entrevista con Xi Jingping, el dictador chino, Trump anunció exultante que habían llegado a acuerdos comerciales satisfactorios, restableciendo los mecanismos anteriores entre ambas potencias en lo que atañe a importaciones y exportaciones en ambas direcciones.

            Todo ello lo ha hecho Donald Trump con una intención velada de fondo: que los estadounidenses medios, el pueblo que le dio la presidencia a él mediante el voto, los periodistas y, principalmente sus enemigos acantonados en el Partido Demócrata, se olviden de ese feo, engorroso e incómodo tema de su amistad –clarísima amistad-, con el pedófilo judío, Jeffrey Epstein, quien se suicidó en una celda en Manhattan. Pero los recuerdos cada día aparecen más frescos, más molestos, como la peor de las pesadillas en una noche cualquiera; aunque no se trata de un mal sueño, sino de una realidad por la que Trump está pagando su inmoralidad de sus años anteriores, cuando compartía con Epstein y otros amiguetes del mismo talante, a jovencitas, casi niñas, en actos de pedofilia aberrantes, vulgares y fuera de toda regla humanista. El judío delincuente sexual, persigue a Donald Trump y le quita la paz, el sueño y la alegría al saberse presidente de la primera potencia mundial. Los congresistas demócratas lo saben y vierten “más sal a la herida” para que no cierre, para que se mantenga abierta y para que al gobierno de Trump le sepa amargo y le sea imposible disfrutar de lo que debería ser un verdadero éxtasis de gloria, al vivir nuevamente en la Casa Blanca.

Nuevos mensajes del pederasta

Hace pocos días, los representantes del Partido Demócrata en el Congreso de los Estados Unidos, asemejándose a un ataque con decenas de drones que pueblan el cielo, lanzaron al “aire” nuevos correos electrónicos del delincuente sexual Jeffrey Epstein, en los que se puede leer que aquel sujeto que se mató en su celda de la prisión federal de Nueva York, en el 2019, mientras aguardaba juicio, sugirió que “Donald Trump conocía mi conducta (depravada), y pasó horas con una de las víctimas (muchachas explotadas sexualmente por el judío y sus amiguetes).” En realidad, se trata de nuevos correos electrónicos que pertenecen a los archivos del hebreo, acusado de pederastia por las leyes estadounidenses. Quienes han hecho públicos estos eMails, son legisladores demócratas y lo han hecho en la Cámara Baja, con el propósito de revelar más vínculos del judío con el actual mandatario Donald Trump, quien sigue negando cualquier nexo con el delincuente, quien fue, sin duda, amigo cercano y aliado en sus “correrías” e indecencias con menores de edad, quienes subsistían a duras penas (en condición de secuestradas), en las casas de lujo del pedófilo en cuestión.

            Los hallazgos a los que hacemos mención en este reportaje, fueron compartidos por miembros del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, durante la revisión de unos 23,000 documentos adicionales sobre el caso Epstein; y la reacción en Donald Trump y sus allegados en la Casa Blanca, ha sido de verdadera preocupación; y en la bases, en sus partidarios, esos mismos que le otorgaron sus votos en las pasadas elecciones, ha sido algo así como “un síndrome” que les ha aturdido fuertemente en sus espíritus y consciencias. “Trump pasó largas horas en mi casa con una de las víctimas”, revela uno de los correos enviados por Epstein. Una afirmación que cualquier persona decente que se preciara de ser simpatizante política de Trump, no podría soportar y mucho menos asimilar de ninguna manera. Y eso es justamente lo que está sucediendo: la gente se está decepcionado aceleradamente de su ídolo, Donald Trump, al conocer estas verdades.

            Los congresistas demócratas han expresado al respecto: “los correos electrónicos plantean serias preguntas sobre Donald Trump y su conocimiento de los crímenes horribles de Epstein.”

            Dentro de la opinión pública, simultáneamente a lo que estaba aconteciendo en las entrañas del Congreso, y en una conferencia de prensa justamente en el Capitolio, víctimas de los abusos del judío Jeffrey Epstein, exigieron la publicación íntegra de los archivos del caso y argumentaron que “sólo la transparencia garantiza la (aplicación de la) justicia.” Y en otras circunstancias, cuando una de las oradoras hacía su intervención hablada en el mismo escenario, Trump ordenó que aviones de combate sobrevolaran el edificio y lo hicieran a vuelo casi rasante para interrumpir con sus motores las palabras de las víctimas de Epstein y sus “colegas” delincuentes sexuales. ¡Hasta ese extremo, al usar a la Fuerza Aérea, ha llegado Trump para acallar las voces que le descubren y acusan!

            No obstante, no pudo evitar que esas mujeres abusadas por el judío y su mujer, Ghislaine Maxwell, quien gustaba actuar en los tríos sexuales y orgías que su marido Epstein organizaba, continuaran pidiendo justicia a los congresistas que las escuchaban en los salones del Capitolio. “Esta mujer abusó de niñas”, intentaba decir Anouska De Georgiou sobre Maxwell, quien permanece en prisión en estos instantes, pero los aviones enviados por Trump ahogaron su alocución con el estruendo. Sin embargo, pudo continuar con su intervención en las escalinatas del edificio, lo mismo que otras compañeras suyas que dieron sus testimonios abrasadores y acongojantes. “Fui abusada por Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell durante más de 10 años. Ghislaine Maxwell estuvo presente en parte de mi abuso a manos de Jeffrey Epstein. Estuvo presente, fue cómplice y lo facilitaba.” Aseveró Anouska. 

            Las denunciantes sostienen que la publicación íntegra de los archivos del caso Epstein, les permitiría ser escuchadas: “El Congreso debe decidir: ¿Seguirá protegiendo a depredadores o, finalmente, protegerá a las sobrevivientes? La transparencia es justicia. Publiquen los archivos, acaben con el secretismo y acompáñennos a la hora de proclamar que nadie –ni multimillonarios, ni políticos, ni líderes mundiales- está por encima de la ley.” Manifestó Lisa Philipps, otra de las víctimas del hebreo y su mujer.

Esta comparecencia de las víctimas fue organizada por los congresistas Ro Khanna (demócrata por California); y Thomas Massie (republicano por Kentucky, muy consciente del daño que Trump y los otros secuaces de Epstein, causaron a estas mujeres, a pesar de pertenecer al mismo partido del presidente del país). Ambos, impulsan una votación en la Cámara de Representantes sobre la llamada Ley de Transparencia de los Archivos Epstein. Dicho proyecto exige la publicación íntegra de los documentos del Departamento de Justicia, que están vinculados a este delincuente sexual. Anteriormente, el Comité de Supervisión de la Cámara, que es el principal órgano de investigación legislativa, difundió un primer compendio de más de 33,000 páginas sobre Epstein y su mujer, Maxwell. Fue cuando Teresa Helm, otra de las víctimas del judío y su compañeros, aseveró que “espero que la apertura de los archivos permita un ajuste de cuentas y revele responsabilidades. Si hay más investigaciones y cargos contra quienes deben responder por crímenes, eso sería enormemente significativo para todas las sobrevivientes.” Helm fue engañada por Maxwell y abusada por Epstein en el 2002, cuando tenía 22 años de edad. Hoy trabaja de coordinadora de servicios para sobrevivientes en el Centro Nacional de Explotación Sexual y al referirse a sus negras experiencias, declara: “Las secuelas del trauma acompañan toda la vida. Han pasado más de dos décadas de mi caso y trabajo con otras sobrevivientes. Eso forma parte de mi proceso de sanación. Nada borrará lo ocurrido, seguiré lidiando con ello siempre; y, sobre todo, quiero evitar que tantas otras personas pasen por lo que yo pasé.

Existe la famosa “lista Epstein.” Trump está en ella

Cuando los congresistas demócratas dieron a conocer los eMails de Epstein, de inmediato la prensa de los Estados Unidos se volcó ante Donald Trump y en el Despacho Oval no pudo evitar ser consultado sobre este tema particular. Lógicamente se sintió y se le vio molesto, pues el tema no lo abandona y haga lo que haga, como expresamos al inicio de este reportaje, ya sea detener la guerra en Ucrania o bajar de la dictadura a Nicolás Maduro en Venezuela, siempre el tema Epstein estará por encima de todos esos aspectos que Trump utiliza para acallar las voces, para desviar la atención de los periodistas y para que, de una vez y por todas, le dejen en paz con este asunto que ha trascendido la pesadilla para convertirse en un horrendo trauma, del cual él es el culpable y nadie más por haber disfrutado (así como se lee) de las niñas que el judío le ponía a su disposición. Nadie más que Donald Trump es el causante de este feo pasaje en su vida y en las vidas de las víctimas, que hoy se le aparecen, en plena madurez de estas mujeres, exigiendo justicia contra los pedófilos; aunque el principal de ellos ya se suicidó y su socio es nada menos que el presidente de la primera potencia mundial.

            Molesto, siempre molesto, al borde de la explosión violenta, Trump contestó a la prensa y reiteró al decir que “las demandas de más archivos son un engaño (que) desvían la atención de mis logros. Creo que deberíamos hablar de la grandeza de nuestro país y del éxito que estamos teniendo (¡?). Probablemente estamos viviendo los ocho meses más exitosos de cualquier presidente en la historia (!) y de eso quiero hablar. Deberíamos hablar de eso, no del engaño de Epstein (?).” “Engaño de Epstein” ha dicho Trump, queriendo desmarcarse de quien fue su gran e inseparable amigo de fiestas sin límite, quien le facilitaba no mujeres, sino niñas que tenía enclaustradas en sus mansiones, en su isla personal en las Antillas y de las que Donald Trump abusó sin ningún miramiento y mucho menos escrúpulos.

            Y es aquí, en este lapso preciso cuando Teresa Helm aparece nuevamente para recordar y subrayar que “la politización del debate es un obstáculo y la rendición de cuentas debería ser una responsabilidad nacional. Esto no es una guerra política. Es lamentable llevarlo a ese terreno, porque hemos visto pasar administraciones de todo signo que no han hecho nada al respecto. No es de izquierdas contra derechas, azul o rojo. Es un asunto de Estados Unidos. Todos debemos unirnos. (Nuestra) demanda de transparencia debería ser una prueba sobre quién puede abusar de quién en Estados Unidos y quedar impune. Y, para nosotras, la respuesta debería ser clara: nadie.” Demandó con esta argumentación esta víctima del judío, su mujer y sus socios en esto de abusar sexualmente de personas normales, cuyo único error fue creer a Ghislaine Maxwell cuando ésta les ofrecía mucho dinero a cambio de trabajo honrado y posibilidades de surgir académicamente en las mejores Universidades que Epstein mentía también al ofrecerles.

            Mientras tanto, la famosa lista de Epstein sigue “sobrevolando” la opinión pública del país y todos quieren conocerla con detalle. Es un documento que consta de casi 1,000 páginas y que un tribunal ordenó su publicación al completo. Allí, aparecen nombres como los de Bill Clinton y Donald Trump, dos reconocidos pederastas desde siempre y cuya aparición en la lista no sorprendió a nadie en los Estados Unidos, pero si causaron asco y repulsión.

            Este legajo de páginas fueron dadas a la opinión ciudadana dentro del marco del juicio que enfrentó la mujer del judío, la inglesa Ghislaine Maxwell, quien luego sería condenada a 20 años de cárcel por el cargo de haber reclutado a niñas y mujeres menores de edad, para que fueran abusadas sexualmente por Epstein, ella misma y otras personas que eran invitadas y accedían gustosas a las orgías que este delincuente sexual, quien se ahorcó en su celda de prisión, organizaba constantemente en sus casas particulares. Maxwell, quien a la postre estaba casada con Epstein, alcanzaba a las muchachas cuando caminaban hacia sus sitios de trabajo, se bajaba de su lujoso auto, les hablaba, convenciéndolas para dejaran lo que estaban haciendo y se fueran a “trabajar” bajo las órdenes de su marido, el pedófilo hebreo, como masajistas, y les prometía excelentes salarios y posibilidades de seguir estudiando en las mejores escuelas y Universidades del país. Una vez dentro de las paredes de las casas de Epstein, ambos las obligaban a prostituirse con él y sus invitados.

            El grueso folio que ha sido desclasificado por los jueces, contiene protocolos de la audición de testigos, correos electrónicos y otros textos, como declaraciones de Maxwell, así también de la entonces niña abusada, Virginia Giuffre (quien se trajo para el suelo la reputación y la posición aristocrática del ex Príncipe Andrés de Inglaterra); y de Johanna Sjoberg, otra de las víctimas.

            Algunos de los personajes que aparecen en la lista, además de Trump y Clinton, son el ex Príncipe Andrés, el artista Michael Jackson y el magnate de la informática, Bill Gates, entre muchos otros quienes fueron más precavidos y usaron seudónimos como aquel que fue muy utilizado, de John Doe. En lo que respecta de Andrés, caído en lo más bajo de su desgracia al serle eliminados sus títulos de nobleza y sus cargos dentro del gobierno británico, Sjorberg declaró que tuvo un encuentro con él en el departamento de Epstein en Nueva York y que éste había posado con ella en una foto, mientras le manoseaba los senos. En lo que estriba a Bill Clinton, la misma víctima dijo mediante juramento ante el tribunal, que este ex presidente de los Estados Unidos (1993-2001), “las prefiere jóvenes, casi niñas.” Añadió que el ex mandatario en cuestión, voló algunas veces en el avión privado del judío, hacia los sitios donde se llevaban a efecto los abusos sexuales. Casi de inmediato, un vocero de Clinton publicó una declaración en los medios más importantes de USA, en la que aseguró que “el ex presidente no sabía nada de los terribles crímenes y en sus vuelos siempre estuvo acompañado de su comitiva y guardaespaldas.” Y aquí las preguntas que surgen son: ¿Si desconocía lo que hacían el judío y su mujer con las menores de edad, para que fue repetidas ocasiones a visitarle? ¿Y… era Clinton tan inocente que, al ver a las jóvenes, no supusiera siquiera que eran para ser abusadas por los individuos que el judío invitaba? ¿Para qué iba Clinton a aquellos lugares; cuáles eran sus “verdaderas” intenciones entonces: negocios, inversiones, política… o fue allí para saciar su voraz y consabido apetito sexual que lo llevó casi a la destitución de la Casa Blanca cuando aquella becaria, Mónica Lewinski, se involucró sexualmente con él?

            Retornando al caso de Donald Trump y su amistad con el judío pedófilo y suicida, el mandatario fue informado desde mayo del 2025, el presente año, por funcionarios del Departamento de Justicia, que su nombre aparece en “múltiples ocasiones” (no una vez, sino en “múltiples”) en los archivos del polémico caso contra el pederasta Jeffrey Epstein. Una noticia que fue difundida por el prestigioso diario estadounidense, The Wall Street Journal. En un principio fue la fiscal general, Pam Bondi, y su número dos, Todd Blanche, los que comunicaron a Trump que su nombre figuraba en los documentos, junto a otras figuras conocidas. La reacción de Donald Trump fue la de siempre: negó todo, en especial que Bondi lo hubiera contactado e informado sobre su permanencia en aquellos archivos. Pocos meses después, la misma Bondi se desdijo al manifestar que Trump no aparecía en aquellos legajos. Posiblemente, así lo creen muchos, se contradijo en su argumentación por el temor a una represalia de Trump o que éste le quitara su puesto al frente de la fiscalía general de los Estados Unidos. Fuere lo que fuere, todo esto sólo muestra un aspecto: la rampante corrupción e indecencia que priva en las altas esferas de la política y la justicia de los Estados Unidos.   

The Wall Street Journal insiste en sus crónicas que, en la lista del pedófilo, hay cientos y cientos de nombres, en una lista de clientes del delincuente sexual, a quienes, además, aquel extorsionaba exigiéndoles abultados pagos de dinero, porque, de lo contrario, publicaría sus aventuras sexuales a la prensa (con fotos incluidas). Un tema al que volveremos luego en este mismo reportaje. Tal el extremo del “negocio” que este vándalo tenía entre manos, junto a su esposa. Su muerte, por causa del suicidio, fue lo mejor que les pudo suceder a estos “amiguetes”, quienes temían que sus reputaciones quedaran enlodadas en un abrir y cerrar de ojos. En referencia a Donald Trump, miembros del movimiento que lo respalda, Make America Great Again (MAGA), se han mostrado muy disgustados e inconformes con su líder, más todavía cuando el mismo Trump había prometido publicar la lista cuando llegara a la presidencia de la nación por segunda vez. Sin embargo, no lo hizo. Lo cual hubiese sido algo así como “un disparo en su propio pie”, porque en esa lista aparece su nombre “N” cantidad de veces. Y la renovación del interés en este caso a nivel nacional, ha puesto al presidente contra la pared, quien ha tratado de contentar a las bases de MAGA, pero sin éxito alguno en este aspecto. Más bien el enojo se ha enconado y ha tenido fuertes repercusiones cuando The Wall Street Journal publicó una carta de Trump, con contenido obsceno, que envió a Epstein durante aquel tiempo cuando la amistad era más cercana que nunca y que incluía un dibujo hecho por el actual mandatario y que publicamos en foto adjunta, un tema al que volveremos más adelante. Trump ha negado todo y ha aseverado que la misma “es falsa.” Además, demandó ante los tribunales al periódico.

La incomodidad, angustia y depresión del presidente

Es lógico que el mandatario de USA esté mal, que se sienta impotente al no poder detener tanto ataque en su contra y con un tema que se le ha salido de sus manos y que cada día crece y crece hasta perderse en el horizonte, el horizonte personal del actual presidente estadounidense. Es por ello que, dando muestras de una mal disimulada angustia, Trump ha pedido a sus seguidores que cesen los ataques en contra de él por los archivos de Epstein. También que detengan su enojo contra la fiscal Pam Bondi, quien se ha plegado por completo a favor de Donald Trump con sus contradicciones obvias y descaradas. Incluso, para colmo de males, se ha afirmado que Jeffrey Epstein no se suicidó en su celda en el 2019, sino que fue mandado a matar, muy posiblemente por el propio Trump, para acallar lo que él iba a declarar en el juicio que estaba por celebrarse en pocos días.

            Fue cuando el presidente manifestó a la prensa: “¿Qué pasa con mis ‘muchachos’ y, en algunos casos ‘muchachas’ (refiriéndose a los miembros de MAGA)? Todos van detrás de la fiscal general Pam Bondi… ¡Qué hace un trabajo fantástico! Somos un solo equipo MAGA y no me gusta lo que está pasando. Tenemos una administración perfecta, la habladuría del mundo y ‘gente egoísta’, tratan de hacerle daño, todo sobre un tipo que nunca muere, Jeffrey Epstein (!).” Publicó en Truth Social, la red que le pertenece a Trump. Sin embargo, el enfado ha continuado en los seguidores del mandatario, quienes se sienten insatisfechos con los hallazgos, más aún cuando Bondi y el subdirector del FBI, Dan Bongino, prometieron antes del comienzo de esta administración presidencial, que iban a revelar la verdad sobre el caso y no lo ha hecho, perdiéndose en excusas y mentiras y sacando el nombre del presidente de la lista del judío delincuente sexual y extorsionador. Muchos fieles de MAGA sostienen que el llamado “Estado profundo” oculta información sobre los asociados de élite de Epstein. Fue cuando Alex Jones, fiel seguidor del actual presidente, escribió en su página social: “Lo próximo que dirá el Departamento de Justicia es: ‘en realidad, Jeffrey Epstein ni siquiera existió. Esto es exageradamente enfermizo.”

            Y la “influencer” de extrema derecha, Laura Loomer, una de las mayores figuras públicas de MAGA y más cercanas a Donald Trump, escribió en X que, “Trump debería despedir a Bondi”, a quien llama “Scam Blondo” (“rubia estafadora”). Una exigencia que comparte su colega Megyn Kelly, quien escribió también en X en torno a este caso: “Como alguien que está bastante conectada con todas las facciones de la base MAGA, no puedo suavizar qué tanta buena voluntad le ha costado Pam ‘Blondi’ a la Administración Trump con su base esta semana. Es una lastra enorme para el presidente Trump.”

            Y en esta otra oportunidad, la respuesta del mandatario fue: “los llamados archivos Epstein son un engaño. No desperdiciemos tiempo y energía en Jeffrey Epstein, alguien que no le importa a nadie.” En este punto, es evidente que Trump quiere “bajarle el tono” a las acusaciones y críticas en su contra, pero él aparece en un video filmado hace algunos años, en una fiesta junto a Epstein, pero ha seguido negando su vinculación y amistad con el delincuente sexual. Ciertamente, las evidencias son demasiado claras y no dejan duda de su culpabilidad, por más que intente negarlas, taparlas con retórica barata o desviarlas en su atención con actos políticos dirigidos al extranjero o ataques con misiles a otras naciones.

            Y cuando Trump creía que se había relajado un poco, sólo un poco, el Congreso publicó el dibujo erótico que le ha dado la vuelta al mundo entero, hecho por Donald Trump y que éste… negó nuevamente, como ha sido su infantil costumbre. Lo cierto es que ese boceto de una mujer desnuda con un mensaje al pie, lo envió el hoy mandatario a Jeffrey Epstein con motivo del 50 cumpleaños de aquel. En específico, se trata de un pequeño y críptico guion audiovisual, escrito dentro de la silueta de un cuerpo desnudo femenino (no podía ser de otra manera entre esos dos pedófilos consumados y comprobados), con explícita alusión al pecho y el vello púbico. Sobre este tema en particular, nuevamente The Wall Street Journal, el periódico que develó este entuerto, publicó lo siguiente: “(…) la noticia es atípica. Si se tiene en cuenta que el autor es el presidente de Estados Unidos, se llega a niveles inimaginables. Pero si la noticia se completa con el hecho de que el destinatario, en 2003, era el financiero pederasta Jeffrey Epstein, y que Donald Trump negó y niega vehementemente que ese dibujo exista –e incluso denunció por US$10,000 millones a este periódico TWSJ (…)-. Se roza el paroxismo.” Pero para desgracia de Trump, los abogados encargados del patrimonio de Epstein han entregado al Congreso una copia del libro que Ghislaine Maxwell compiló para el 50 cumpleaños del judío. El regalo incluye mensajes cariñosos de importantes personalidades, como Bill Clinton; y también una carta firmada (su firma hace las veces de pubis), por Trump, con un dibujo de su puño y letra. Aunque el presidente lo niega todo a pies juntillas, a pesar de la claridad de las evidencias. Concretamente, la carta enviada por el presidente de USA al pederasta, decía (y dice): “Feliz cumpleaños y que cada día sea otro maravilloso secreto. Tenemos algo en común, los enigmas nunca envejecen; tengo presente la última vez que nos vimos.”

            Por esta publicación, hasta los tribunales de justicia ha llevado al Wall Street Journal, a su directora y su propietario, Rupert Murdoch, repitiendo incansablemente que las afirmaciones (evidencias irrefutables), “son falsas, un montaje y algo ridículo.” Y que “yo no tengo por costumbre hacer caricaturas ni dibujitos”; pero que en aquella oportunidad hizo uno de ellos y que existen documentados numerosos ejemplos de lo contrario: a Donald Trump le seduce, le encanta, hacer dibujos pornográficos, obscenos, y enviarlos a sus amistades de la misma calaña. Y ante la demanda al diario, Taylor Budowich, uno de sus jefes de Gabinete adjuntos, manifestó en X: “Es hora de que News Corporation prepare la chequera. No es su firma. ¡DIFAMACIÓN!” Y añadió que la firma en el dibujo no es la habitual del presidente, sino sólo su nombre, “Donald”. Así vemos como sus sabuesos lo defienden, esos amigos aparentemente incondicionales, de parecido corte al de Jeffrey Epstein, quien terminó traicionándolo, pero que le han defendido alguna vez, no exentos de un calculado oportunismo.

            Siempre en relación con este tema, el congresista demócrata, de origen hispano, Robert García, confirmó haber recibido en el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, una copia del libro de cumpleaños de Epstein, que le hizo su esposa Ghislaine. En él se puede ver el dibujo picante y la letra de Trump. “El presidente Trump calificó la investigación de Epstein de engaño y afirmó que su nota de cumpleaños no existía. Ahora sabemos que Donald Trump mentía y está haciendo todo lo posible por ocultar la verdad. Basta de juegos y mentiras, publiquen los archivos completos ya.” Clamó el mismo congresista, opositor al gobierno actual de los Estados Unidos.

Pero Trump se siente furioso y lo que es importante… está acorralado por las informaciones sobre el caso que salen a flote día a día. Él no soporta la atención que se le está dando y recibiendo el caso por parte de la prensa y la opinión pública; y ruega, en forma literal, que “se olviden del caso y de alguien (Epstein), que lleva seis años muerto.” Indudablemente, el también pederasta mandatario de los estadounidenses, está sufriendo profunda e inmisericordemente por este tema.

“Yo soy el único capaz de acabar con él (con Trump)”

En otro capítulo de esta negra historia de pedofilia, y a la luz de más de 20,000 páginas de documentos que han sido publicados por los legisladores que componen la Cámara de Representantes, han salido más aspectos que eran imposibles de imaginar. En otras palabras, los demócratas del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, publicaron tres cadenas de correos electrónicos que incluían correspondencia entre el judío pedófilo y su antigua socia y esposa, Ghislaine Maxwell. Correos realmente espeluznantes, si el término no es exagerado. Así mismo, publicaron eMail entre Epstein y el periodista, biógrafo de Trump, Michael Wolf, quien es una “espina clavada en el alma del presidente”, debido a los numerosos libros que ha publicado sobre Trump.

            Una vez que estos documentos salieron a la luz, los congresistas republicanos respondieron que ello es “sólo un intento de los demócratas de seleccionar archivos en forma sesgada. Un intento de crear una falsa narrativa para difamar al presidente.” Pero la verdad es que Donald Trump no necesita que nadie más lo difame, pues él mismo, su propia vida, es una difamación constante, permanente, en su propia contra. Él es su peor enemigo, a ojos vistos.

            Aterrizando en los correos hace poco desclasificados, el primero de ellos entre Epstein y su esposa Maxwell, dice: “Quiero que te des cuenta de que ese perro que no ha ladrado es Trump… (la víctima) pasó horas en mi casa con él. Trump nunca ha sido mencionado ni siquiera por un jefe de policía.” Y la mujer contesta: “He estado pensando en eso…” Esa víctima no fue otra que Virginia Giuffre, quien publicó hace pocos meses un libro autobiográfico, en el que denuncia a sus abusadores; y, según el eMail de Epstein, fue quien compartió varias horas con Trump. Desgraciadamente, Virginia se suicidó en abril de este 2025, en su casa en Australia, debido a que sufría violencia doméstica de parte de su esposo. Cuando se le preguntó al legislador Robert García por qué no se ventilaba en los documentos el nombre de esta víctima, contestó que “el Partido Demócrata nunca divulgará los nombres de esas mujeres, en cumplimiento con los deseos de las familias.”

            Así también aparecen los textos de correspondencia entre Epstein y el periodista Michael Wolf, y, en el 2015, el comunicador le cuenta al judío que la CNN le preguntará a Trump sobre la relación amistosa entre ambos pedófilos. Epstein le responde en otro correo: “Si pudiéramos elaborar una respuesta para él, ¿Cuál crees que debería ser?” Y Wolff le contesta: “Creo que deberías dejar que se delate solo. Si dice que no ha estado en el avión ni en tu casa, eso te da una valiosa ventaja en relaciones públicas y política. Puedes perjudicarlo de una manera que potencialmente te beneficie, o, si realmente parece que pudiera ganar, podrías salvarlo, generando una deuda. Por supuesto, es posible que, cuando se le pregunte, diga que Jeffrey es un buen tipo, que ha sido tratado injustamente y que es víctima de la corrección política, la cual será ilegal en un régimen de Trump.” Es decir, lo anterior significa que el periodista aconsejó al pedófilo para que intentara convencer a Trump sobre lo que debía decir a la CNN, que ensalzara su imagen y fuera alejada su imagen de pervertido.

            Pero el peor de los correos vendría luego, en octubre del 2016, antes de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, en el que Wolff ofrece a Epstein la oportunidad de conceder una entrevista “que podría acabar con Trump”. Según le aseguró el comunicador de la prensa. “Esta semana tienes la oportunidad de hablar de Trump de una manera que podría aportarte mucha simpatía y ayudarte a acabar con él. ¿Te interesa?” Y en otro correo electrónico de enero del 2019, Epstein le escribe a Wolff: “Trump me pidió que renunciara (a la membresía del club Mar-a-Lago que pertenece al presidente, en La Florida-, (pero) nunca fui miembro. Por supuesto que sabía de las chicas, ya que pidió a Ghislaine que parara.”

            En otro correo entre Epstein y Kathryn Ruemmler, abogada que fue consejera en la Casa Blanca durante la administración de Barack Obama, ella le envió al delincuente sexual un enlace hacia un artículo de opinión en The New York Times, que mencionaba los pagos para silenciar a la ex actriz porno, Stormy Daniels, antes de las elecciones presidenciales del 2016. Pago que envió Trump a esta mujer con un ex abogado suyo. Un caso también negado por el actual mandatario. “Pensé que te interesaría”, le escribió Ruemmler a Epstein. Ella ahora es directora legal y consejera general del Banco Goldman Sachs. Y el pedófilo le respondió: “Da igual que fuera su dinero. El problema es la falta de transparencia. Ya ves, sé lo sucio que es Donald.”

            En otra cadena de mensajes de diciembre del 2018, una persona no identificada escribió al judío pederasta: “¡Todo esto pasará! ¡Sólo intentan acabar con Trump y están haciendo todo lo posible por lograrlo!” A lo que Epstein respondió: “Sí, gracias. Es increíble. Porque yo soy el único capaz de acabar con él.” Lo cual significa en palabras claras y directas, que el pedófilo sabía tanto acerca del actual presidente del país, que, si lo llegase a publicar, sería el final de Donald Trump en todo sentido, tanto en lo personal y lo político; y posiblemente, su entrega a la policía por sus reiterados delitos sexuales con menores de edad.

Otra faceta igualmente oscura del pedófilo

¿Quién es Jeffrey Epstein? Claramente es la persona con la que no hubiésemos querido encontrarnos en nuestra vida. El ser abominable, detestable, que arrastra todas las cadenas de inmoralidad existentes y es capaz de dañar cuantas vidas a él se le antojen. Además de pedófilo, amante de las niñas aún sin florecer en sus tempranas vidas, era un extorsionador de “rompe y rasga”, de los más peligrosos habidos. Sino veamos este ejemplo: Epstein envió una serie de correos electrónicos, en tono agresivo, al multimillonario Leon Black, para quien trabajó como asesor financiero, en los que le exigía millones de dólares al año, según información aparecida en The New York Times, tras tener acceso a dichos correos.

            Epstein trabajó para Black durante varios años y obtuvo sus principales ingresos de él; sin embargo, en el 2016 el cofundador de Apollo Global Management, quiso terminar la relación laboral con el judío, pero éste se sintió humillado y se enfureció de tal manera, que decidió enviarle los correos electrónicos para extorsionarlo. En esos mensajes, Epstein también insultaba a los demás asesores financieros de Black, de los que afirmó que uno había creado “un lío verdaderamente peligroso (con las finanzas de la compañía); y otro era “un desperdicio de dinero y espacio.” Además, calificó a los hijos del magnate de “retardados mentales que estaban destruyendo su propiedad.” En el 2015, Epstein escribió a Black que no quería “volver a tener momentos incómodos por el dinero con él” y enumeró sus condiciones para continuar trabajando para aquel: “Para que quede claro, mis condiciones son las siguientes: sólo trabajaré por 40 millones habituales al año. Al firmar el acuerdo, deben pagarse 25 millones. A partir de entonces, 5 millones cada dos meses durante seis meses (marzo, mayo, junio). Si puedo, puedo empezar en enero. Dejaré de trabajar inmediatamente si no recibo el pago.” Amenazó.

            Así mismo, en sus correos electrónicos siguientes, Epstein presionó a Black para que le diera dinero y le aseguró que sólo podía confiar en él; le propuso también la posibilidad de que le pagara con bienes raíces, obras de arte y financiándole su avión privado, si no podía pagarle con dinero. “Si reflexionas –le escribió el judío extorsionador-, sobre tu vida financiera, verás que ha sido segura, has logrado resultados extraordinarios y no has enfrentado ningún desastre.” Dándole a entender que sólo gracias a él, Jeffrey Epstein, había sido la garantía segura de éxito para Black.

            Y lo peor fue que Leon Black “dobló sus rodillas” ante Epstein y el multimillonario continúo pagándole millones de dólares durante varios años, hasta el arresto del judío en el 2019, por cargos de tráfico sexual. A raíz de ese arresto, Black fue expulsado de Apollo en el 2021 y fue acusado de presuntamente violar a una mujer en casa de Epstein, en Manhattan. Aunque este caso fue desestimado finalmente. Pero trascendió que Leon Black, fuera de los tribunales, llegó a acuerdos privados con diferentes mujeres en varios casos de acusaciones similares. Por lo visto, se trataba de la misma ralea, unos y otros y todos ellos juntos con el mismo objetivo: el abuso sexual.

            Esa era otra faceta de la personalidad depravada de Jeffrey Epstein. Además, se sabe que el judío pedófilo amenazó a varios de sus “socios” en esto del sexo con menores de edad, con publicar mensajes y fotos comprometedoras, si no le llenaban sus cuentas bancarias, a cambio de su silencio.

            Finalmente, y en una variable sobre el mismo tema, el Congreso de los Estados Unidos ha citado al ex Príncipe inglés, Andrés Windsor, para que hable sobre el caso del pedófilo en cuestión, porque se cree que el hermano del Rey Carlos III “podría poseer información valiosa sobre los crímenes sexuales” perpetrados por Epstein. Fue el congresista demócrata, el de mayor rango en la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, Robert García, quien escribió una carta que le fue enviada a Andrés Mountbatten Windsor, que es su nombre actual después de que se le quitaran todos sus títulos Reales, para que se someta a una entrevista ante el mencionado comité. “Se ha informado públicamente que su amistad con el señor Epstein comenzó en 1999 y que permaneció cercano a él durante y después de su condena en 2008 por proxenetismo que involucraba a menores”, dice en uno de sus trazos la misiva que le fue enviada a Londres. Esta comisión, además, considera que Andrés “podría poseer información valiosa sobre los crímenes cometidos por el señor Epstein y sus cómplices (entre ellos Donald Trump) y se le solicita ponerse a disposición para una entrevista que será transcrita. Andrés tiene hasta el 20 de noviembre para contestar la carta.

            Sin embargo, a pesar de que se trata de una comisión del Congreso de los Estados Unidos, Andrés, ex Duque de York, no está en la obligación de presentarse para declarar y puede hacer caso omiso del texto que le fue enviado desde Washington, que, en uno de sus párrafos más significativos aluce: “Los hombres ricos y poderosos han evadido la justicia durante demasiado tiempo. Ahora, el ex Príncipe Andrés tiene la oportunidad de confesar y brindar justicia a las víctimas.” La petición fue firmada solamente por congresistas demócratas que laboran en dicho comité, entre otras razones porque en el material que se refiere al caso del pedófilo, el nombre de Andrés, lo mismo que el de Trump, aparece varias veces incluyendo registros de vuelo hacia y desde la isla que era propiedad del judío, en el Caribe.

            Lo más gracioso del caso, es que, lo mismo que Donald Trump y Bill Clinton, Andrés sigue negando que alguna vez se enredara entre los edredones y las piernas de las chicas, jovencísimas, que el pedófilo le presentaba y dijo que se apartaba de la Casa Real británica para no entorpecer el trabajo que su hermano Carlos, el Rey de Inglaterra, lleva adelante en la actualidad. Pero ni en medio de torturas, Andrés y los demás sociosdel judío delincuente sexual, “dan sus brazos a torcer.” La vergüenza personal y profunda, sigue ganándole a la verdad, evidentemente.   

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