El Espectro del Pensamiento de Donald Trump
WASHINGTON D.C. USA-(Especial para The City Newspaper) Desde la primera hora cuando puso sus pies en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en lo que iba a ser su segundo mandato no consecutivo, Donald Trump comenzó a inquietar y preocupar al mundo entero con una serie de decisiones controversiales (y peligrosas), debido al poder directo e indirecto que tienen los Estados Unidos en todo el orbe. Repasemos algunas de esas determinaciones que todavía “flotan” en la atmósfera planetaria y que siguen causando enorme polémica en los afectados y mantiene a los periodistas y analistas del acontecer noticioso, a la expectativa.
La Franja de Gaza un posible y lucrativo negocio
Son dos las acciones precisamente, que podrían acabar con el sueño del pueblo palestino de una vez y por todas: por un lado, Benjamín Netanyahu, requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), por sus crímenes de lesa humanidad, bombardea a diario ese enclave donde viven más de dos millones de personas hacinadas, pues los judíos o israelitas les han venido arrebatando sus tierras palmo a palmo, mes a mes y en medio de la mayor impunidad, y asesina a más de 100 personas inocentes por día y destruye lo poco que ha quedado en pie. Tampoco deja entrar la ayuda humanitaria en ninguna de sus variables: ni los médicos, paramédicos ni alimentación. En segundo término, una vez que haya destruido todo en Gaza, llegarían los ingenieros estadounidenses (muchos de ellos también judíos), para delinear lo que sería un sitio de recreación con hoteles de lujo, campos de golf para millonarios, casinos y toda la diversión que Jared Kushner, el yerno judío de Trump, casado con Ivanka, le ha aconsejado al oído a su suegro y éste, con tal de hacer más dinero, estuvo de acuerdo con su infame yerno y arrebatarle definitivamente la Franja de Gaza a los gazatíes y expulsarlos hacia Egipto y Jordania, cuyos gobiernos se han negado de plano a recibir a esos “parias” que tanto estorban a Netanyahu, a Kushner y a Trump. Evidentemente, la problemática, el proyecto que quieren realizar en Gaza, está en manos de los judíos y de un simpatizante de esa raza (totalmente plegado a los israelíes), como lo es Donald Trump, un individuo glacial, a quien el sufrimiento ajeno le vale tanto como un botón de una de sus camisas que ha desechado por vieja.
Es así como sus declaraciones dichas el 4 de febrero pasado, revivieron una idea que siempre ha estado en la mente de Jared Kushner, quien considera a Gaza un potencial emprendimiento inmobiliario, en lugar de atenderlo en su actual situación política y humanitaria. Es por ello que su suegro, el violento y grosero Trump anunció que los Estados Unidos tomarían el control de la Franja de Gaza y se apoderaría de ella: “Tenemos la oportunidad de hacer algo que podría ser fenomenal (siempre con sus ridículas expresiones verbales que reflejan su casi nula instrucción o alfabetización para ser más claros). Y no quiero hacerme el listo. No quiero ser un tipo sabio. Pero ‘la Riviera del Medio Oriente’ (a semejanza de la francesa), esto podría ser algo que podría ser así, podría ser magnífico.” Manifestó un exultante mandatario estadounidense.
Pero supongamos que Egipto y Jordania acepten recibir a los palestinos (algo que no pasará en ningún momento, según han afirmado sus gobernantes y más bien se pliegan al proyecto de un Estado palestino), y los hoteles y casinos de cinco estrellas comienzan a funcionar en lo que antes fue el sueño de todo un pueblo, entonces ¿Quién garantizará la seguridad de esa “riviera”, quién podrá decir que las facciones llamadas terroristas por occidente no van a demoler a bombazos dichos resort de lujo? Porque si hay una verdad única en Oriente Próximo es la perseverancia de los islamistas por sostener y mantener esos sitios que consideran santos y el enclave de Gaza, así como los demás territorios donde viven musulmanes, son tierras sagradas para ellos, desde Afganistán hasta la península arábiga y defienden esas tierras con la sangre propia y la de sus hijos, de acuerdo a lo que hemos visto en el devenir de los tiempos. Simplemente sería un “resort lujoso sí, pero sangriento a la vez” y quizás esa alternativa sería la más viable para los palestinos, porque su pueblo, residente en Egipto y Jordania, no sufriría los bombardeos descarados de los israelitas, con un Netanyahu fuera del poder, envejecido y en prisión, pues es requerido por la justicia de Israel, lo mismo que la internacional, y, por el contrario, serían los turistas estadounidenses, europeos e israelitas los que quedarían asesinados en las costosas alfombras de esos hoteles y en los campos de golf, tan amados por Trump.
Kushner, como buen amante del dinero, como auténtico judío que es, en una entrevista en la Universidad de Harvard, en febrero del 2024, dijo que “la propiedad frente al mar de Gaza podría ser muy valiosa si la gente se centrara en crear medios de vida (…). Y desde la perspectiva de Israel, yo haría todo lo posible para sacar a la gente (los gazatíes) y luego limpiarla.” Nótese el último verbo… “limpiarla”, que no es otra cosa que eliminar, masacrar, desaparecer, deportar (en “el mejor” de los casos), exterminar o limpiar étnicamente a todo un pueblo, una misión que hace tiempo comenzó su paisano Netanyahu, al bombardear a Gaza ferozmente como lo ha venido haciendo.
¿Tiene realmente un plan de gobierno Trump tras su nuevo arribo a la Casa Blanca?
Quienes le conocen aseguran que, al no ser un político natural, auténtico o por antonomasia, Donald Trump no sigue ningún plan previo en el momento de gobernar. Así según su ex asesor de seguridad en su primera administración, John Bolton, en unas declaraciones que este mismo periódico The City, publicó en meses recién idos. De hecho, un rotativo europeo comentó lo siguiente y lanzó a sus lectores una pregunta concluyente: “Donald Trump ha mantenido al mundo en vilo con declaraciones, decretos y comentarios punzantes desde que regresó a la Casa Blanca. El presidente estadounidense produce titulares por minutos. ¿Está siguiendo un plan?” Cuestionó el cronista.
Ciertamente, lo que prevalece es aquello que dice que Trump quiere transformar lo que ha estado establecido durante décadas en los Estados Unidos; en otras palabras, quiere desmantelar a las Instituciones que han permanecido intocables a través de las décadas. Según Thomas Greven, del Instituto Kennedy de la Universidad Libre de Berlín, Alemania, Trump podría compararse con Franklin D. Roosevelt y su New Deal de 1933, cuando implementó una avalancha de leyes y decretos para que el gobierno federal liderara la recuperación económica, imprescindible después del famoso “crack” de la economía estadounidense o la llamada depresión de los años 20. Sin embargo, cita el experto analista, en aquella ocasión el presidente enfrentó una dura resistencia de parte de la Corte Suprema, que bloqueó algunas de sus reformas por radicales y peligrosas para el modo de ser del ciudadano estadounidense, entre otras razones de peso y de fondo, en aquellos momentos.
No obstante, a diferencia de Roosevelt, Donald Trump no enfrenta en la actualidad a una Corte Suprema hostil, ya que la ha llenado de jueces conservadores, afines a sus decisiones y que respaldan, por lo tanto, su “agenda”, si la tuviere. Pero en el criterio de Greven, el tiempo es el peor enemigo de Trump, porque tiene apenas dos años para implementar los cambios profundos antes de las próximas elecciones a mitad de su mandato. Además, el politólogo consultado explica que Trump “busca desmantelar los controles democráticos para establecer estructuras autoritarias. La cuestión es hasta qué punto podrá hacerlo.”
Retomando el tema de este subtema en particular o la pregunta si el presidente norteamericano sigue un plan previo o no lo sigue, su ex asesor Steve Bannon explica que, para imponer su agenda, Trump utiliza una táctica conocida como “Flooding the zone with shit”, que consiste en saturar el espacio mediático con una avalancha de anuncios, declaraciones y escándalos, que dificultan la reacción de la oposición demócrata. Y la respuesta que éstos han dado a Trump ha sido el silencio a sus provocaciones, no caer en ellas y centrar sus esfuerzos en el ámbito judicial. Es cuando Greven vuelve a señalar: “Los demócratas han decidido no responder a cada ataque, ya que eso debilitaría su estrategia. En cambio, confían en la justicia y en una posible corrección electoral en 2026.”
Lo cierto es que Trump apuesta por órdenes ejecutivas maximalistas, que incluyen cláusulas de salvaguarda para que, incluso si hay partes que son anuladas en los tribunales, el resto siga en vigor. ¿Obedece ello a la propia creatividad de Trump o sus asesores son quienes hacen este trabajo? Cuesta creer que un individuo acéfalo en cuestiones políticas y jurídicas, tenga esa capacidad para planear tales métodos y, muy al contrario, esta vez está mejor asesorado que en su primer gobierno, cuando despedía a cuantos se le ocurría a los pocos días de haberlos nombrado en la Casa Blanca.
En resumen, el axioma de Trump se ha enfocado en prioridades clásicas del Partido Republicano: reducir la burocracia, endurecer las políticas migratorias y reforzar el control fronterizo; pero lo inédito en la actualidad es la radicalidad con la que está intentando implementar esos cambios. Y esto del radicalismo es característico de Trump; es decir, “tomar decisiones con un mazo en sus manos”, sin importarle a quienes daña, a quienes deja en la estacada y en cualquier momento de sus vidas. Para otro experto alemán, en este caso Sasha Lohmann, especializado en el tema de los Estados Unidos, de la Fundación Ciencia y Política (SWP), localizada en Berlín, este enfoque busca generar una transformación estructural del país y lo explica de esta manera: “Trump no sólo quiere reformas, sino una revolución reaccionaria que debilite los mecanismos de control democrático y establezca un sistema más autoritario.” En otras palabras más claras y simples: Donald Trump tiene alma de dictador y de ahí resulta su comportamiento que busca precisamente eso… un sistema menos democrático, que le facilite poderes que nunca antes otro presidente tuvo en los Estados Unidos y le permitan actuar a sus anchas, con mayor agresividad, en el momento que quiera y donde así lo determine.
Expulsiones de migrantes versus grupos religiosos
En los primeros días de Trump en la Casa Blanca, se desató una persecución sin igual en las calles y barrios de las ciudades estadounidenses, de parte de las autoridades y en contra de los migrantes indocumentados, quienes ingresaron a este país de manera ilegal. Fueron muy evidentes las formas de actuación de los policías y demás agentes, al ingresar a todos los sitios, incluso sin permiso previo, para detener, esposar y llevarse a los migrantes, causando unas escenas dignas de otras épocas cuando las deportaciones eran la constante en otras sociedades y países.
Incluso, los persecutores ingresaron a Instituciones que merecen respeto previo y absoluto, comenzando por solicitar permiso para ingresar, cosa que no hacían en modo alguno. De tal manera, grupos religiosos de cristianos y judíos se unieron para presentar una demanda contra las detenciones en los lugares de culto (templos cristianos y sinagogas). Los demandantes alegan que la actuación de la policía migratoria ha desatado el miedo entre los feligreses y viola el derecho constitucional de la libertad religiosa y han sido más de dos docenas de grupos religiosos, que aglutinan a millones de fieles en Estados Unidos, los que presentaron la demanda en un tribunal federal del Distrito de Columbia, en contra de la campaña de deportaciones de Donald Trump, que permite a los agentes de inmigración entrar a los lugares de culto para realizar las detenciones.
Los demandantes han sido la Iglesia Menonita, la Iglesia Presbiteriana, la Iglesia Episcopal, la Red Nacional Latino Cristiana, la Conferencia Central de Rabinos Americanos (judíos), y la Convención Bautista Hispana de Texas, organizaciones que han denunciado la intromisión de las fuerzas de seguridad en sus templos, con el fin de detener a migrantes allí, lo cual viola la Primera Enmienda de la Constitución que garantiza la libertad de culto. Es cuando Kelsi Corkran, abogada principal de los demandantes, argumenta al respecto: “Las congregaciones están experimentando disminuciones en la asistencia a los cultos y la participación en los servicios sociales, debido al temor a ICE (Oficina de Inmigración y Control de Aduanas), y se encuentran en esta posición en la que tienen que elegir si continúan dando la bienvenida y alentando a las personas indocumentadas a sus lugares de culto, de acuerdo con su misión religiosa, sabiendo que las están exponiendo a la detención y deportación.” Los Menonitas interpusieron su demanda contra el Departamento de Seguridad Nacional, en Washington D.C., ante la mayor deportación de la historia de los Estados Unidos, en la cual los agentes policiales han traspasado todas “las líneas rojas” existentes, hasta llegar a lo profundo de los templos para capturar a los ilegales y expulsarlos del país pocos días después.
Ciertamente, las iglesias y otros lugares de culto, junto con los hospitales y las escuelas, han sido considerados durante décadas “lugares sensibles” que han prestado protección a los migrantes sin documentos y éstos así se han sentido… protegidos ante las redadas; pero Donald Trump levantó ese veto apenas arribó a la Casa Blanca, el 20 de enero anterior, y su “zar de la frontera”, Tom Homan, ni lerdo ni perezoso, ordenó las detenciones en las iglesias. Es por eso que el documento que contiene la demanda, sostiene que “la nueva política está generando miedo, lo que reduce la asistencia a los servicios de culto y otros programas eclesiásticos. El resultado es que se infringe la libertad religiosa de los grupos, específicamente su capacidad para atender a los migrantes, incluidos aquellos que están en Estados Unidos ilegalmente.”
Para el rabino Rick Jacobs, de la Unión del Judaísmo Reformista, “hay un riesgo directo de intrusión del gobierno en los espacios sagrados. La historia del pueblo judío es una en la que, debido a la persecución religiosa, nos vimos obligados, una y otra vez, a huir de las tierras en las que residíamos. Es por eso que valoramos el compromiso estadounidense con la libertad religiosa, permitiéndonos a nosotros y a todas las personas, la capacidad de adorar y vivir las enseñanzas de nuestra fe sin interferencia del gobierno.”
Es importante resaltar que Trump había asegurado que las deportaciones se iban a limitar solamente a los migrantes con historial delictivo; pero, con el paso de los días, ha sido notoria la persecución y captura de cualquier indocumentado, aunque sea una persona decente, sin historial delictivo alguno; es decir, cualquiera puede ser detenido y susceptible de ser deportado. Y a ello se le deben sumar las declaraciones de Homan, quien dijo recientemente: “En cualquier lugar (sin importar si son templos religiosos, escuelas y hospitales), se harán (las detenciones), sin inhibiciones de ninguna directriz de la Administración anterior (de Joe Biden).”
Y es que las mismas iglesias prestan servicios a los migrantes, tales como clases didácticas, entrega de comidas, cuidado infantil, refugio y asesoramiento para los migrantes; pero el temor de estos últimos los hace ausentarse de todos esos sitios donde era común verlos compartiendo con líderes religiosos, funcionarios de las iglesias y demás miembros de la comunidad. Uno de esos perseguidos manifestó recientemente: “Mi madre, que tiene 84 años, tiene miedo hasta de ir a Waltmart.” Un caso individual que se repite generalizadamente en todos los Estados Unidos, hoy en día.
El Canal de Panamá en la mira de Trump
El mismo día cuando asumió el poder, Trump manifestó que podía enviar al ejército estadounidense para apoderarse nuevamente del Canal de Panamá. “La opción militar está en el aire”, dijo, palabras más, palabras menos. ¿Pero por qué esa amenaza flagrante e inusual en un presidente de USA? Según el secretario de Estado, Marco Rubio, enviado a todo el mundo por Trump, al reunirse con el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, exigió a éste “cambios inmediatos para contrarrestar la influencia china en el Canal.” Así de acuerdo a un comunicado emitido por el Departamento de Estado de la Unión Americana; y añadió Rubio: “este ‘statu quo’ es inaceptable y, a falta de cambios inmediatos, Estados Unidos tendría que tomar las medidas necesarias para proteger sus derechos bajo el Tratado.” Además, resaltó al mandatario panameño que Donald Trump “ha tomado la determinación preliminar de que la actual influencia y control del Partido Comunista Chino sobre el área del Canal de Panamá, es una amenaza.” Y según Washington, la influencia china “representa una violación del Tratado Relativo a la Neutralidad Permanente y el Funcionamiento del Canal de Panamá.”
La respuesta de Mulino, mandatario panameño, fue en estos términos: “la reunión (con Rubio), fue altamente respetuosa y cordial y la soberanía de Panamá no está en cuestión (descarta una invasión por parte del ejército estadounidense). No cabe duda de que el Canal es operado por nuestro país y así seguirá siendo. No veo una amenaza real de que Estados Unidos pudiera utilizar la fuerza militar para tomar el control de la infraestructura. La reunión (…) abrió un camino para la construcción de una nueva etapa en la relación entre Panamá y los Estados Unidos.” Esas declaraciones las dijo el presidente en conferencia de prensa después de su diálogo con Marco Rubio y aclaró que propuso al estadounidense la conformación de equipos técnicos que esclarezcan las dudas sobre la supuesta presencia china en el Canal de Panamá.
En lo que respecta directamente a Donald Trump, siempre tuvo en la mira la opción militar como hemos afirmado anteriormente y así lo hizo ver en varias oportunidades, como aquella cuando dijo a la cadena NBC News, que iba a recuperar el control sobre la vía interoceánica, por ser de suma importancia estratégica para los intereses de los Estados Unidos. Otros dos representantes del gobierno estadounidense aseguraron a la misma cadena de noticias que la Casa Blanca pidió al ejército que “desarrolle opciones para aumentar la presencia de tropas estadounidenses en Panamá. Esto iría desde una mayor cooperación en materia de seguridad entre Estados Unidos y Panamá, hasta una ocupación real, aunque esta última opción es menos probable.” Informaron.
Por su parte, el ministro panameño de Relaciones Exteriores, Javier Martínez-Acha, respondió a lo anterior que “Panamá se mantiene firme en defensa de su territorio, de su Canal y su soberanía. El Canal es operado por los panameños y, en caso de amenaza, los únicos que pueden convocar a otras naciones para defender la operatividad del Canal, es nuestro país, es el presidente de la República. El gobierno de Panamá mantiene siempre buena comunicación y cooperación con distintos elementos del gobierno de Estados Unidos y, en ese contexto, no, en lo absoluto, se ha conversado sobre el envío de tropas estadounidenses para custodiar el paso navegable.” Dijo a los periodistas.
Siempre es importante recordar que el último soldado que estaba estacionado en el área del Canal, se marchó de allí hace 25 años, exactamente el 31 de diciembre de 1999, el día cuando esta vía pasó a manos de Panamá y desapareció la famosa Zona del Canal, enclave estadounidense donde estaba su Base militar, también conocida con el nombre de “Comando Sur de USA.” El retiro de los militares norteamericanos se hizo a la luz de los acuerdos firmados entre el mandatario estadounidense, Jimmy Carter, y el panameño, Omar Torrijos, a la postre dictador de ese país centroamericano. La firma del tratado sobre el Canal ocurrió en 1977. Esta vía fue construida por los Estados Unidos a principios del Siglo XX y Washington lo controló durante décadas enteras, hasta que Carter lo traspasó a manos panameñas.
No obstante lo anterior, Donald Trump ha insistido en apropiarse nuevamente del Canal, al insistir en que su construcción revolucionó la navegación global, con un costo enorme de vidas humanas, quienes murieron en el momento del levantamiento de la gigantesca obra. Aseveró que 35,000 ó 38,000 hombres estadounidenses fallecieron durante la construcción entre 1904 y 1914; pero, si bien miles de vidas realmente se perdieron allí, debido a la malaria de la zona, la fiebre amarilla, los accidentes industriales y otros factores varios, las cifras anteriores dichas por Trump, no obedecen a la verdad, las abultó y las falseó, según es su costumbre al hablar sin conocer los datos fieles en ningún caso. Lo cierto es que el número oficial de muertos ronda las 5,600 personas y quizás un poco más. Y la abrumadora mayoría de los trabajadores no eran estadounidenses como aseguró Trump, sino de Barbados, las islas del Caribe, cercanas a las costas de los Estados Unidos. Y la cantidad de estadounidenses muertos en el Canal de Panamá durante su construcción, fue alrededor de 300, según Matthew Parker, historiador y autor del libro de consulta inevitable, La Fiebre de Panamá. Nunca las cifras hiper-infladas por el estrafalario presidente de los Estados Unidos.
De vuelta al mandatario actual de la nación centroamericana, José Raúl Mulino, aseguró que “no hay soldados chinos en el Canal. ¡Por el amor de Dios!” Exclamó. La verdad es que no hay indicios de presencia militar de China en el área, pero algunos observadores estadounidenses expresaron su preocupación por dos puertos que han sido administrados durante mucho tiempo por una subsidiaria de CK Hutchison Holdings, cuya sede está en Hong Kong, China; y la cooperación de Panamá con Pekín para financiar un nuevo puente sobre el Canal, también ha llamado la atención de la Casa Blanca.
El gobierno de los Estados Unidos siempre tiene presente que entre 13,000 y 14,000 barcos cruzan por año la vía fluvial que consta de 82 kilómetros, según datos cedidos por la administración; y USA, seguido por China y Japón, es el principal cliente del Canal de Panamá y casi el 72 por ciento de la carga que pasa por él, proviene o se dirige hacia los puertos estadounidenses. De ahí la preocupación de Trump y sus amenazas a las que deberíamos irnos acostumbrando desde ahora mismo, quienes le conocemos perfectamente. Además, dentro de su retórica incendiaria, el mandatario de los Estados Unidos acusó a los panameños de cobrar, en unos casos, tarifas ridículas y, en otros, exorbitantes, lo cual es “una estafa” para los barcos estadounidenses. Fue cuando su secretario de Estado, Marco Rubio, aseveró que “según un tratado, Estados Unidos está obligado a defender el Canal si es atacado; por eso es absurdo que buques estadounidenses paguen por cruzar por el Canal de Panamá.” José Mulino respondió que no existe posibilidad de eximir a los norteamericanos del pago por cruzarlo: “Tienen que pagar como todos los demás usuarios”, dejó entrever el mandatario panameño, de manera categórica y firme.
En todo caso, Donald Trump y sus asesores del Pentágono, tienen sus miradas puestas en el gobierno de Panamá y su colaboración con los chinos, quienes, a todas luces, quieren crear un gran área de influencia en aquellos lugares del planeta que han sido abandonados por los Estados Unidos y América Latina está dentro de las prioridades de Pekín, indubitablemente.