EDITORIAL

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Con Otro Lenguaje, Vladímir Putin Dice “NO” a la Paz en Ucrania

Argumenta cualquier cosa para no allanar el camino hacia la paz. Un día dice una cosa y al siguiente, otro tema completamente diferente. Mientras tanto y paralelamente, bombardea los centros urbanos de Ucrania y ante un Donald Trump que talvez no se entera realmente de lo que su supuesto amigo está perpetrando en suelo ucraniano. Ante esta situación en la que Putin quiere evadir la responsabilidad de la paz, Trump mantiene intactas sus esperanzas de pacificar el conflicto armado y, posteriormente, ganar el ansiado Premio Nobel para igualarse a su némesis, Barack Obama, la persona que más odia y envidia Trump, en los Estados Unidos.

            Esta vez, Putin ha ido demasiado lejos, pero se nota con claridad que lo que desea son dos cosas: continuar con la guerra a toda costa, aunque cada día le maten mil soldados rusos en las trincheras en Ucrania; y que un nuevo gobernante, distinto a Volodimir Zelenski, no le exija a Rusia la devolución de Crimea y el Donbass y si pudiere usarlo como marioneta, lo mismo que Aleksandr Lukashenko en Bielorrusia, todavía mejor para el Kremlin.

            En concreto, Vladímir Putin, dictador de Rusia e invasor de Ucrania desde hace tres años, ha dicho textualmente a la prensa internacional y con dirección a la Casa Blanca en Washington y sus ocupantes, que hablaría sobre la paz en esta guerra que él llevó a un país vecino, sólo si se estableciera “una administración transitoria en Ucrania (sin Zelenski desde luego), bajo la tutela de la ONU, para organizar una elección presidencial democrática (vaya cinismo cuando es Putin quien tiene cercenada la democracia en Rusia), y negociar después un acuerdo de paz con las nuevas autoridades de Kiev.” Ese es nada menos el requisito que exige Putin para acercarse a la mesa de negociaciones. Y añadió que en ese gobierno transitorio podrían estar representantes de los Estados Unidos, algunos países europeos y los amigos y socios de Rusia; es decir, Irán, Corea del Norte, Venezuela, Cuba, China comunista y todos aquellos regímenes afectos a Moscú. Estas palabras las dejó escuchar en una reciente visita suya al puerto de Mursmansk, en el Ártico, exactamente al noroeste del país.

            Claramente, el actual presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, el hombre que le ha presentado batalla valiente e indoblegable a los invasores rusos y al cual Putin y su pésimo ejército que pierde más de 1000 soldados diarios, considera nada óptimo para los intereses y planes; porque mientras Zelenski esté en el poder en Kiev, el Donbass y la península de Crimea serán reclamados siempre para ser devueltos a Ucrania, país al que esos territorios pertenecen evidentemente. En cambio, un gobierno títere, montado por él en contubernio con el manipulable e ignorante Donald Trump, el primer fan de Putin que existe, le otorgaría a Rusia el poder sobre esas zonas sin obstáculo alguno, evitaría que Ucrania ingrese a la OTAN, no dejaría que una fuerza de Europa Occidental garantice la paz en el terreno y podría allanar el camino en el futuro para que Ucrania pueda ser anexionada totalmente a Rusia, como es el deseo harto conocido en el alma perversa del genocida Vladímir Putin. Cuando redactamos este editorial, no conocemos todavía las reacciones de Washington ni de Kiev ante estas palabras del dictador ruso; pero, con toda seguridad, en Kiev le darán con las puertas en las narices a Putin, sin duda alguna.

            Y es que ante la valentía inesperada, firme, decidida y patriótica de Volodimir Zelenski, Vladímir Putin ha encontrado como única alternativa que los aliados del mandatario ucranio lo destituyan y arguye que aquel no es un presidente legítimo, porque desde hace tiempo debieron haberse efectuado elecciones democráticas en Ucrania. En primer lugar, se trata de un feroz y criminal dictador, en el caso de Putin, exigiendo comicios democráticos, cuando él es la cabeza de una dictadura sangrienta en Rusia, que ha perseguido, envenenado y encarcelado a decenas de disidentes (uno de los últimos fue Aleksei Navaltni, a quien asesinó en prisión el año pasado); y además, ha celebrado una farsa de elecciones en las que participaron, además de él, unos dos o tres candidatos títeres, que se prestaron para seguirle el juego farsante. Y en segundo lugar, quiere ignorar que la Constitución ucraniana no convoca a elecciones nacionales mientras el país esté en estado de guerra. Putin lo sabe, pero insiste en obviar tal mandato constitucional de un país que no es el suyo y no tiene el derecho de opinar absolutamente nada acerca de su vida interior, política, idiosincrática y de cualquier otro talante, porque Putin no es el indicado, desde ningún ángulo, para exigir, moderar, avalar y mucho menos decidir en relación con una nación exógena a la suya, cuando no es nativo de allí, no tiene parientes ni lejanos siquiera allí y además, ha asesinado a miles de ucranianos, a quienes, primeramente les arrebató sus tierras, destruyó sus casas, sus hospitales, centros de trabajo y hasta raptó a sus hijos y nietos. En la actualidad y desde hace tres años, Putin es un prófugo de la justicia, requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), y su lugar está dentro de una celda mientras se le prepara el juicio que indefectiblemente le llevará a cadena perpetua. Es decir, es un delincuente, un asesino, un secuestrador de menores ucranianos que no tiene derecho de decir absolutamente nada en referencia al país que invadió.

            “Esto sería con el fin de celebrar elecciones democráticas –reiteró el genocida ruso-, y llevar al poder un gobierno capaz que goce de la confianza del pueblo y luego iniciar conversaciones con ellos sobre un tratado de paz.” Manifestó el dictador de Rusia quien tiene el descaro de hablar de democracia cuando él mismo la ha pisoteado en su país natal; y decodificando sus incoherentes comentarios, mientras Zelenski esté en el poder en Ucrania, él, Putin, no hablará de paz con nadie. Ha dicho “no” a la paz, pero con otras palabras nada directas.

            De tal modo, al proseguir la guerra, los rusos seguirán perdiendo pertrechos y soldados en cantidades ingentes e impresionantes, una realidad que a él, como amante del terror y la sangre ajena, eso le tiene sin cuidado, hasta que no quede un solo ruso con vida al dejarla en las llanuras de Ucrania, en una invasión que el pueblo ruso nunca quiso ni pidió y obedece al capricho del déspota que tienen sobre sus cabezas.

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