INFORME
ESPECIAL
La
Detención del Tirano Nicolás Maduro Sólo es el Primer Capítulo de una Historia
que Exige ser Continuada y Finalizada
WASHINGTON D.C., USA y CARACAS, Venezuela-(Especial para The City Newspaper) Hay una expresión popular que se dice en toda Iberoamérica y que grafica nítidamente una circunstancia como la que estamos viviendo actualmente con Venezuela: “Esto ha sido solamente un alegrón de burro.” Todos saben el significado de dichas palabras. Ciertamente el ataque al cuartel donde se hallaba Maduro, se ha convertido en la noticia del nuevo año 2026 y quizás por mucho tiempo más en el futuro. Una acción militar que puede equipararse con el asesinato de Osama bin-Laden en Pakistán; o de al-Zawahiri, quien fuera su mano derecha, también en suelo pakistaní, por las fuerzas especiales del ejército de los Estados Unidos; pero, cuando las aguas parece que han vuelto a su nivel, surgen más preguntas que respuestas y la algarabía generalizada donde hay venezolanos exiliados, se atenúa hasta convertirse en silenciosa meditación, en introspección con una tonalidad alta y profundamente preocupante para todos ellos. En principio, porque todavía les está vedado regresar a su país, mientras la dictadura “chavista” sigue su curso, esta vez en las garras de Delcy Rodríguez, una mujer que ha comenzado a insultar y “matonear” de igual modo como lo hacía Nicolás Maduro antes de ser apresado por los estadounidenses.
En primer lugar, nunca creímos que Donald Trump, aquel que entregó Afganistán a los talibanes al finalizar su primera administración, iba a dar la orden de extraer a Maduro de su madriguera, porque suponíamos que todo ese desplante de buques militares anclados en el Caribe y el bloqueo aéreo, era para despistar a la opinión pública de los Estados Unidos y del mundo entero, imbuida en el caso Epstein, el judío pedófilo, gran amigo de Trump y con quien éste estuvo involucrado en el abuso a muchachas menores de edad. Pero lo hizo. Trump giró la orden y los helicópteros sigilosos penetraron en el espacio aéreo más profundo de Venezuela y sacaron, con una facilidad que arroja mayor incertidumbre, al dictador de su lecho, donde dormía junto a su corrupta esposa, subido a uno de esos aparatos voladores y conducido a un barco, el Iwo Jima, para ser llevado a la base naval de Guantánamo en Cuba; y de allí en avión hasta Nueva York, donde bajó las escalinatas charlando con los celadores que lo llevaban de ambos brazos y una vez adentro del centro de detención, saludando con un ahora proverbial “Good Night” y deseando “Happy New Year.” Todo un espectáculo brindado por el preso más famoso del planeta, para demostrar que no tenía miedo y que estaba completamente relajado. Y es que, en verdad, Maduro ahora está más seguro que en su Palacio de Miraflores, donde estaba vigilado por su escolta compuesta totalmente por cubanos enviados desde La Habana, desde donde se dictan las reglas, leyes y órdenes para los venezolanos y nicaragüenses también. Pero ese es un subtema al que volveremos luego con mayor detalle.
Por qué ha sido el primer capítulo
Ciertamente los venezolanos en el exterior, la más numerosa diáspora del nuevo milenio, de todas cuantas se hayan realizado hasta estas fechas, tenían un motivo muy grande para estar exultantes: el peor enemigo del pueblo había sido extraído de su madriguera en Caracas, esposado, puesto en sus orejas unos aparatos que no le permitían escuchan absolutamente nada y unos anteojos grandes, negros, que le desvirtuaban toda la realidad que estaba aconteciendo en derredor. Pero esa pasión desbordada en las calles, fuentes y plazas de Madrid, Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotá, México y Washington, prontamente se aplacó de manera espontánea, tal y como había surgido ante los ojos de los ciudadanos anfitriones de esos países donde los desterrados venezolanos ahora viven. Porque surgió esta pregunta: ¿Qué pasará con Venezuela si continúan “los peces grandes”, los verdaderos sujetos dominantes, quienes tienen en su poder no solamente el asunto político, sino el de seguridad, con la policía, el ejército y las brigadas populares de su lado? Es decir, se extrajo, en la acción militar, a la imagen permanente, de cara al exterior, que era la de Nicolás Maduro, la voz, la fachada, la cara más evidente del régimen; pero él no estaba allí porque fuera el más poderoso en grado alguno. Y en “las sombras” quedaban Vladímir Padrino, el jefe del ejército; Delcy Rodríguez, quien asumió al día siguiente del secuestro del dictador, el mando de la dictadura y ha seguido con su retahíla de insultos, amenazas, matonismo y demás “guapería” en contra de los Estados Unidos; y el peor de todos, Diosdado Cabello, la mente satánica, el criminal por antonomasia, el verdadero comandante de toda esta horda llamada cartel de los soles y el tren de Aragua, allí está justamente y fue él quien ordenó al pueblo mantenerse quieto en el día “después” y fue obedecido de tal manera que las calles y avenidas de Caracas estaban desiertas ante su amenaza velada y su orden que fue cumplida irrestrictamente.
En síntesis, todo parece haber sido “un alegrón de burro.” Es decir el burro o asno se ha alegrado y no sabe por qué e inmediatamente esa felicidad se le diluyó tan pronto como comenzó; en principio porque la realidad le dijo en una de sus largas orejas, en forma de murmullo: “no te alegres porque en Venezuela el 99,9 por ciento de las cosas, no han cambiado. Todo sigue igual mientras la camarilla de los soles siga allí, al frente del gobierno dictatorial.”
Colateralmente ha habido insinuaciones de parte de Marco Rubio, secretario de Estado de USA, del propio Donald Trump y de otros dignatarios de su administración, en el sentido de que han dialogado con la nueva dictadora, Delcy Rodríguez, y ésta estuvo anuente a seguir las pautas dictadas por la Casa Blanca; pero, contradictoriamente, esta mujer de piel muy morena y grandes gafas, se ha dedicado a vociferar insultos y diatribas en contra de lo hecho por el ejército norteamericano. Lo cual deja deducir y pensar que nada ha cambiado en esta nación suramericana y que la dictadura sigue su curso en forma invariable.
Pocos días después, Donald Trump se dejó de su “jueguito” de indirectas e insinuaciones que en nada le benefician a él, un sujeto con un vocabulario tan parco como el de un analfabeto, y lanzó la amenaza que todos estábamos esperando: “Delcy Rodríguez pagará un precio muy alto sino coopera con Estados Unidos, probablemente mayor que el de Maduro.” Y sabemos que esta mujer, impresentable por demás, con una fisonomía bastante vulgar para ostentar tan alto cargo en un gobierno, no acatará ninguna reglamentación, ninguna instrucción y ninguna orden que provengan desde Washington. Entonces… habrá que actuar en consecuencia; es decir, derrocar de una vez por todas a esta dictadura a la que se le ha dado demasiado tiempo para que haga sus trastadas, sus actos corruptos, sus asesinatos de cientos de personas inocentes y su exportación masiva de cocaína hasta territorio estadounidense. Eso es lo que ha detenido la algarabía de los venezolanos en el exilio, precisamente. El asunto de la tiranía no ha sido finiquitado. Maduro era sólo una pieza, quizás la más débil de toda la nomenclatura; y lo peor yace allí, en el cuerpo de la nación, semejante a un cáncer que sigue devorando a unos y otros y a todos juntos.
Esa amenaza de Trump apareció publicada en la famosa revista estadounidense, seria por demás, The Atlantic, que le entrevistó vía telefónica. Añadió el mandatario que él está dispuesto a trabajar con el actual gobierno venezolano, siempre que se cumplan los objetivos de la Casa Blanca, incluido abrir el acceso a la inversión de estadounidenses en las enormes reservas de crudo de Venezuela. Pero la mujer ha respondido con mayor altanería, sin tomar en cuenta que su vida está en manos del ejército de los Estados Unidos y los de sus secuaces también.
Trump repitió que su país va a dirigir a Venezuela y va a “reconstruir y cambiar al régimen –o como se le quiera llamar- (y será) mejor de lo que tienen ahora mismo. El país se ha ido al infierno. Es un país fallido, totalmente fallido. Es un país que es un desastre en todos los sentidos.” Concluyó ante el periodista que estaba al otro lado del auricular. En este aspecto, la diáspora venezolana podrá estar tranquila y esperanzada en que su nación va a dar un giro de 190 grados. Ocurrirá algo así como en Irak después de Hussein y a esa posibilidad se atienten; pero esta vez sin tanta sonrisa, felicidad y desborde de pasión por la caída de Nicolás Maduro.
Este ha sido el primer capítulo: atrapar y sacar de territorio venezolano al tirano Nicolás Maduro; pero faltan varios capítulos más, indudablemente. Esta historia no puede quedar así. La contemporaneidad exige que el trabajo sea terminado por su propia dinámica, su propia urgencia y su naturaleza inevitable e ineludible. Si Donald Trump no lo ha entendido así, que alguien se lo explique, sus asesores tan capaces y lúcidos que tiene alrededor; y porque está en la misma posición en la que estaba antes de secuestrar a Maduro; es decir, en medio de la incredulidad general, mediante la cual creíamos que se trataba de “una cortina de humo” para ocultar el caso Epstein, el pedófilo judío, su nefasto y vulgar amigo, de quien se dice que el propio Trump ordenó su asesinato cuando estaba en prisión y así evitar que divulgara esos secretos que, muy posiblemente, se llevó el hebreo al infierno. Un tema que invita a ser investigado hasta “las vísceras” y fundamentos.
Marco Rubio confirma lo dicho por su jefe
El rostro visible en el ámbito internacional del gobierno Trump, el cubano-americano Marco Rubio, el flamante secretario de Estado de esta administración, también ha dicho que “si los actuales dictadores de Venezuela no toman las decisiones correctas, Estados Unidos mantendrá múltiples palancas de influencia para garantizar la protección de nuestros intereses, y eso incluye el embargo petrolero que está en vigor, entre otras cosas. Bueno, pues vamos a juzgar en el futuro. Vamos a juzgar todo por lo que hagan y vamos a ver qué hacen. Estados Unidos -continuó-, está dispuesto a trabajar con las actuales autoridades de Venezuela si toman las decisiones correctas.” Así, en una entrevista para la cadena CBS News.
Evitó referirse a la personalidad de la nueva dictadora que ha sustituido a Maduro en Miraflores y se concentró solamente en las actitudes, determinaciones y decisiones que tomará esta mujer, quien tiene en sus manos la reacción consecuente de Washington, si ataca nuevamente a Venezuela, si la extrae a ella, a Padrino y a Cabello, de Caracas, de igual manera como hizo con Maduro o estalla una guerra que sería nefasta para esta nación suramericana y su pueblo, por supuesto. En este punto último, se le preguntó en CBS si la acción militar será nuevamente contemplada por el Pentágono y Rubio contestó: “Donald Trump siempre se reserva la opción de decidir sobre cualquier asunto y tiene la capacidad y el derecho constitucional de actuar ante amenazas inminentes y urgentes para Estados Unidos. En la práctica, lo que se ve ahora es uno de los mayores despliegues navales de la historia moderna, en el hemisferio occidental, capaz de detener tanto lanchas de droga, como barcos sancionados y paralizar una parte clave de los ingresos de Venezuela. Trump no cree que vaya a descartar públicamente las opciones que tiene Estados Unidos, aunque eso no sea lo que se ve en este momento. Lo que se ve ahora mismo es un embargo petrolero que nos permite ejercer una enorme influencia sobre lo que suceda a continuación.” Afirmó.
De su relato podemos inferir que el bloqueo naval a Venezuela, en el Caribe, se mantendrá invariablemente; que los buques petroleros que partan y vayan hacia Venezuela, serán detenidos y confiscados y posibles ataques inteligentes y “quirúrgicos” serán efectuados contra figuras de la dictadura “chavista”, cuando Trump así lo ordene. En esto, nada ha cambiado. También para tranquilidad de quienes queremos un cambio de régimen en Venezuela y el encarcelamiento de los criminales que lo detentan y allí se mantienen hasta el momento.
¿Pero qué se debe entender por “colaboración” de parte de Delcy Rodríguez, la nueva dictadora venezolana, con el gobierno de Washington? Mientras Nicolás Maduro pasa sus primeras noches en el sombrío y temido Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Nueva York, junto a su esposa, Cilia Flores, de quien se dice que es una mujer temible, aún más que su propio esposo, a la espera de un juicio por los cargos de “conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos contra Estados Unidos”, Donald Trump y su equipo esperan enlazar prontamente la comunicación con Caracas para dictar las próximas e inevitables pautas. Aquí, precisamente, veremos cuál será la reacción de los dictadores venezolanos: si las acatan, las desechan y se declaran en abierta (y suicida) rebeldía.
De hecho, Rodríguez ha manifestado de manera textual lo siguiente: “Nicolás Maduro es el único presidente de Venezuela (en indirecta tácita a Donald Trump, restándole todo poder sobre este país) (…). Defenderemos la dignidad de un pueblo que no se entrega, que no se rinde, que no va a ser colonia de nadie. Lo que se le está haciendo a Venezuela, es una barbarie.” De paso, negó que una transición (hacia la democracia) esté en marcha; lo que sólo indica que está dispuesta para que la dictadura continúe, en contravención a lo que desea Trump y su equipo. En este aspecto, el analista Luis Peche Artega, considera que: “la prioridad del ‘chavismo’ es no colapsar. Puede implosionar desde la cúpula del poder y puede dejar a sus bases desmovilizadas, por lo que su margen de acción es corto tras el nivel de derrota de las últimas horas. Por no colapsar, puede terminar chocando de frente contra el tren de Trump, esa ‘segunda ola’ de la que el mandatario habló en rueda de prensa.”
En concreto, Trump quiere (y exige) un cambio de régimen en Venezuela, que los dictadores se marchen al exilio; más o menos parecido a lo que le ofreció a Nicolás Maduro: un “exilio dorado”, que aquel rechazó tajantemente, muy posiblemente obligado por los cubanos que le vigilaban y que murieron en su mayoría, cuando el escuadrón de élite estadounidense atacó la madriguera donde estaba Maduro. Porque, repetimos, quienes dictan las órdenes para Caracas y Managua (y muy posiblemente también para Bogotá y Brasilia), son los sátrapas castristas, enraizados en La Habana, Cuba. Muchos opinan que “nada se mueve en estas naciones, consideradas ‘paraísos socialistas’, si los cubanos así no lo quieren.” Es decir, quienes mandan y pueden asesinar a quienes no les obedecen, son los cubanos y punto. Es muy posible también que Maduro hubiera querido marcharse a un bello y deseado exilio, para disfrutar de su dinero mal habido; pero los cubanos lo amenazaron con asesinarlo si renunciaba a su cargo. Incluso, la actitud de Maduro durante su viaje en condición de prisionero, fue relajada, hasta festiva, quizás a sabiendas de que está más seguro en una celda en los Estados Unidos, que rodeado de los cubanos que “le protegían” y a la vez eran sus carceleros. Maduro, en ningún lapso, se ha mostrado entristecido, tenso, nostálgico, humillado o vituperado; todo lo contrario, se ha visto relajado y amable. Algo que no fue propio de Saddam Hussein o Muammar Gaddafy, ex dictador de Libia, quienes lucharon hasta el final de sus vidas, asidos al poder, a su fatuidad y a su engañosa idea de que regresarían al mismo.
Otra exigencia de Trump es la celebración de elecciones generales, democráticas, transparentes, limpias y seguras, a más tardar en los dos meses siguientes. Y, por último, a la luz de las dos anteriores exigencias, el regreso de todos los inversionistas que así lo deseen, para que exploten la actividad petrolera que una vez Hugo Chávez, el culpable de toda esta situación, les quitó de sus manos, expropiando a sus empresas radicadas en Venezuela de manera legal y conforme a tratados suscritos con gobiernos anteriores a la dictadura.
Trump ha dicho que esa transición hacia la democracia tiene que producirse “segura, adecuada y sensata.” Es innegociable, irreversible y totalmente esperable.
Trascendió también que Marco Rubio estaba en conversaciones reiteradas con la nueva dictadora, Delcy Rodríguez; y con el radicalísimo y criminal Diosdado Cabello, con quienes ha comenzado las negociaciones. Así mismo, Jorge Rodríguez, quien fuera negociador “estrella” de maduro en el pasado, también participa en las deliberaciones; lo mismo que el general Vladímir Padrino López, ministro de Defensa. Los cuatro serían, en principio, los interlocutores principales del actual oficialismo venezolano, de cara a la creación de una especie de junta de gobierno que estaría presidida por Marco Rubio y Pete Hegseth, el jefe del Pentágono, tal y como lo ha ordenado Donald Trump. Sería una especie de gobierno y administración por “control remoto”, dirigida a la reconstrucción del país, recuperar la industria petrolera y proporcionar bienestar a los venezolanos. El tiempo que será empleado en este tema podría extenderse más allá de los seis meses, hasta alcanzar los dos años y desembocaría en unas elecciones generales. Y aquí es donde surgen Edmundo González Urrutia, el ex candidato presidencial a quien Maduro le arrebató el triunfo en los pasados comicios; y María Corina Machado, en quienes el presidente de USA no tiene confianza y por ello no les entregaría el poder ni ahora ni nunca, según desprendemos de sus propias afirmaciones recientes. Mala suerte para ellos dos, los dirigentes más renombrados de la oposición.
En lo que respecta a Machado, al enterarse de la acción militar realizada por los estadounidenses y la captura del dictador, escribió en sus redes sociales: “Hoy estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder. Permanezcamos vigilantes, activos y organizados hasta que se concrete la transición democrática. Una transición que nos necesita a todos. Llegó la hora de la libertad. A los venezolanos que están dentro de nuestro país, estén listos para poner en marcha lo que muy pronto les vamos a comunicar a través de nuestros canales oficiales.” A juzgar por esta argumentación, se desprende que todavía Donald Trump no había anunciado la no entrega del poder a Edmundo González ni a Machado, sino que su intención es la de gobernar “a control remoto” a Venezuela por medio de una junta de gobierno, tal y como lo anunció pocas horas después de que la líder opositora y Premio Nobel de la Paz 2025, escribiera el texto que hemos transcrito arriba. De tal manera, “el baño de agua fría” debió haber sido enorme para esta mujer que creyó que había llegado “SU” hora y la iban a sentar en la silla del poder en Miraflores, en forma inmediata.
En lo que atañe a Edmundo González Urrutia, el ganador de las últimas elecciones venezolanas y a quien Maduro le arrebató ese triunfo mediante el fraude electoral, se dirigió a la opinión pública utilizando un tono presidencial, a pesar de que ya sabía anticipadamente que Trump no les iba a entregar el poder a ellos. Recordó que “mi legitimidad emana de la voluntad mayoritaria, expresada por el pueblo venezolano (en las urnas de votación), el 28 de julio. Insto a las Fuerzas Armadas a cumplir y hacer cumplir el mandato soberano expresado en las urnas. Exijo la liberación inmediata de los presos políticos en Venezuela, que en el nuevo escenario político es ineludible dicha liberación inmediata e incondicional de esos presos políticos civiles y militares secuestrados por pensar distinto, por exigir derechos o por cumplir con su deber constitucional. Únicamente bajo esa condición podrá iniciarse un proceso serio y responsable de transición democrática. Esas detenciones constituyen una forma de persecución incompatible con el Estado de Derecho. El país atraviesa un nuevo escenario político que representa un punto de inflexión; pero dicho contexto no es suficiente para hablar de una normalización democrática plena. El país que viene debe ser un país de derechos de Instituciones y de esperanza. Y ese país lo construiremos todos.” Así, fue la publicación que hizo en sus perfiles de Instagram y X.
Fue muy evidente la postura adoptada por Edmundo González Urrutia, quien no titubeó ni un instante en auto-denominarse “comandante en jefe” (del ejército venezolano) y “presidente de la nación”; e insistió vehementemente en que su cargo emana de los 7,443,584 votos que obtuvo el 28 de julio del 2024, de acuerdo a las actas recopiladas y resguardadas por el equipo que dirige María Corina Machado, su aliada en esta lucha cívica por Venezuela. Insistió en que su legitimidad emana del mandato popular, conforme el Artículo 5 de la Constitución y del respaldo mayoritario y sostenido de millones de venezolanos: “Ese mandato no será traicionado y mi actuación responde exclusivamente a la voluntad soberana del pueblo.”
En cuanto a la captura del déspota Maduro, el político en el exilio subrayó que “la salida del país de quien usurpó el poder y su sometimiento a la justicia configura un nuevo escenario, pero no sustituye las tareas fundamentales pendientes, entre ellas la liberación inmediata de todos los ciudadanos detenidos por razones políticas, civiles y militares.” Finalizó diciendo que “la transición debe construirse con responsabilidad, firmeza y unidad nacional. Venezuela necesita verdad, justicia y reconciliación, sin impunidad, para garantizar que el poder no vuelva a ejercerse contra la ciudadanía.” No obstante, los sátrapas, Cabello, Padrino y Rodríguez, siguen mandando en el país y cuando sean separados del poder, Machado y González Urrutia deberán lidiar otra batalla, talvez tan fuerte y dura como la anterior, esta vez contra las determinaciones de Donald Trump de no entregar en breve el poder.
Así aconteció la “Operación Resolución Absoluta”
Dos días antes de que ocurriera, el mal tiempo imperante en gran parte del territorio venezolano, hizo a Donald Trump posponer el ataque y extracción del tirano Nicolás Maduro, hasta que se diera la mejor oportunidad climática. En todo caso, antes de describir con detalle cómo sucedieron los hechos táctico-militares, debemos subrayar que había “un topo” infiltrado entre la “guardia pretoriana” (compuesta mayoritariamente por cubanos), y era quien enviaba información confidencial al Alto Mando estadounidense y a la CIA. De tal forma, los militares norteamericanos conocían, con pormenores, todo lo que el dictador hacía o dejaba de hacer. Ese “topo” facilitó las cosas. Quizás movido por la enorme recompensa que pagaría el gobierno de los Estados Unidos por la captura de este narcotraficante, mal llamado “presidente” de Venezuela.
El sábado 3 de enero, cuando todavía despuntaba el nuevo año 2026, el ejército estadounidense lanzó un ataque masivo en territorio enemigo, que afectó a la ciudad de Caracas y a los Estados Miranda, Aragua y La Guaria, específicamente a las bases militares, incluyendo a la más emblemática y grande del país, ubicada en la Capital. La intención era sólo una: sacar a rastras al dictador Nicolás Maduro Moro y a su esposa, Cilia Adela Flores y conducirlos ante la justicia de los Estados Unidos, propiamente en Nueva York, donde permanecen ahora mismo.
La inteligencia de EE.UU conocía todos los movimientos de estos dos tiranos, por lo que el asalto final no tuvo grandes complicaciones; aunque lo primero que se debía hacer era acabar con la “guardia pretoriana” compuesta por cubanos enviados por Raúl Castro y que tenía dos misiones: una evidente y la otra secreta; es decir, la primera consistía en proteger a Nicolás Maduro ante cualquier eventualidad adversa como la llevada a efecto por los norteamericanos; y la otra, asesinar al mismo Maduro en el caso de que decidiera marcharse de Venezuela y abandonar el poder. Un acto que sería considerado por La Habana de altísima traición a los “ideales” o postulados de la revolución comunista. Es así como quedaron inertes, tendidos en el suelo, 40 cubanos muertos a raíz del tiroteo intercambiado con las fuerzas invasoras. Esos isleños antillanos enviados por la no menos cruel dictadura cubana, se hacían llamar comando de “las avispas negras”, entrenados para eso precisamente: morir o vencer en acciones de este tipo.
Nicolás Maduro, lo mismo que Saddam Hussein y otros dictadores del pasado y otras latitudes, cambiaba su lugar o su estancia para dormir cada noche; era una rotación constante en ocho lugares diferentes, para confundir a sus enemigos; pero el “topo” pasaba la información precisa a la CIA sobre esos movimientos. Y para que la intervención militar tuviera éxito, había que ejecutarla cuando Maduro estuviera de paso por el bunker donde precisamente fue atrapado. En este punto hay que resaltar que el 23 de diciembre pasado, un alto funcionario de la Casa Blanca conversó con el tirano de Venezuela para convencerlo de que tomara un avión hacia Turquía, donde el presidente de esa nación europea, Recep Tayip Erdogan, le ofreció un “exilio de ensueño”, con todas las garantías de seguridad de su parte. Pero Maduro se negó a partir, presuntamente vigilado en esa conversación por los cubanos que se mantenían a su lado siempre. En ese momento crucial fue cuando Donald Trump ya no le dio más tiempo ni prerrogativas para salvarse y dio la orden de poner la “Operación Resolución Absoluta” en curso.
La noche del 2 al 3 de enero, fueron desplegados varios drones de USA en los cielos de Venezuela, que no fueron interceptados por las defensas antiaéreas de este país, y localizaron a Nicolás Maduro, quien se introducía en el bunker. Donald Trump y sus colaboradores cenaban en su residencia de Mar-a-Lago, en La Florida, mientras observaban en directo y en vivo lo que estaba ocurriendo en esos instantes en el país suramericano. Se trataba de la fuerza especial Delta, la misma que dio de baja al líder del Estado Islámico o Daesh, Abu Bakr al-Bagdadi; a Osama bin Laden y a su mano derecha, el egipcio al-Zawahiri. Este grupo se forma o se disgrega en función de la misión que tenga que acometer; se compone de soldados especialmente escogidos y entrenados para tales misiones y poseen características físicas, mentales y militares, superiores a las de cualquier otro soldado del ejército estadounidense. En el caso que nos ocupa, estaban liderados por un comandante de habla hispana y se habían entrenado con sumo detalle y minuciosidad en su base en Kentucky, donde construyeron un bunker exactamente igual al de Maduro en Caracas y practicaban constantemente la entrada, la extracción del sátrapa y su mujer y la salida de allí, en un tiempo record. El cronometraje era imprescindible, de vital necesidad, para que la misión fuera exitosa, tal y como aconteció finalmente: tardaron dos minutos en colocar el explosivo para hacer volar las hojas de acero de las compuertas que llevaban al recinto donde estaba Maduro. Lógicamente, la explosión despertó a la pareja, quienes, al abrir los ojos, se encontraron con hombres uniformados y provistos de pasamontañas y apuntándolos con sus rifles de asalto e iluminándolos con potentes linternas de mano. Maduro intentó correr hacia otra habitación mayormente fortificada, blindada y que hubiera retrasado la operación, ya que esa otra compuerta hubiese sido inutilizada al usar sopletes de acetileno, que los Deltas llevaban dentro de su equipo, según tenían previsto. Incluso, Maduro forcejeó en un inútil cuerpo a cuerpo con uno de los soldados captores; pero fue reducido a los pocos segundos, aunque tuvieron que sacarlo a rastras de aquella habitación. Así se dislocó su pierna izquierda. Ese episodio, allí adentro, duró apenas cinco minutos.
Luego fueron llevados a los helicópteros que esperaban en una explanada adyacente, con todas las luces apagadas. Unos agentes de la DEA y del FBI les leyeron sus cargos por narcotráfico y otros delitos, mientras les ponían las esposas en las muñecas y tobillos. En La Florida, el presidente de los Estados Unidos y sus colaboradores, no se perdieron detalle alguno de lo que estaba sucediendo en Caracas, debido al hecho de que uno de los helicópteros tenía una cámara frontal colocada. Fue cuando Trump manifestó en la rueda de prensa posterior: “Disfruté de las cosas como si fuera un show.”
Una vez adentro del helicóptero, la flotilla despegó y voló a sólo 100 pies de altura, hasta llegar al buque Iwo Jima, que estaba esperándolos anclado muy cerca de la costa venezolana en el Caribe. Los helicópteros usados eran de los que se utilizan en el transporte de tropas, llamados Chinook, dotados de dos grandes hélices, y apoyados por otros Apache, que están hechos para atacar objetivos en tierra. Estos últimos sobrevolaban Caracas sin luces, mientras cazas F35 y F18 de las Fuerzas Aéreas de USA, allanaban su camino destruyendo a distancia todas las posiciones conocidas de defensa antiaérea S300 y Buk, ambas baterías proporcionadas por Rusia, así como los principales radares allí emplazados.
Aquí y en esto, es importante resaltar que la aviación venezolana, compuesta por viejos cazas F16, vendidos por los Estados Unidos antes la irrupción del “chavismo”, y aparatos Su27, de manufactura rusa, no despegaron siquiera, debido, en parte, al despliegue de una potente guerra electrónica que los norteamericanos realizaron, con la finalidad de cortar todas las frecuencias sobre la ciudad. Así, quedaron inutilizadas baterías de misiles defensivos, computadoras con programas militares, los radares, teléfonos celulares y todos los objetos que se pudieron usar para contrarrestar tal ofensiva. Ese ciberataque tiró por los suelos a la red eléctrica de toda la ciudad y apagó las pocas luces que permanecían encendidas a esas horas y permitió crear “el terreno de juego ideal” para los Night Stalkers, la unidad militar de las Fuerzas Aéreas (regimiento 160), que es la encargada de hacer estas incursiones nocturnas y que tuvo su mayor y anterior prueba cuando dieron muerte a Osama bin Laden, en la Capital de Pakistán.
Los comandos “chavistas” salieron apresuradamente a las calles, pero no hicieron un solo disparo contra los atacantes extranjeros, sino para controlar a la población, si se daba el caso de que se hicieran a esas vías. Solamente unos disparos intrascendentes alcanzaron a uno de los helicópteros e hirieron a dos soldados ocupantes.
El saldo final de esta incursión del comando Delta estadounidense, fueron 40 cubanos muertos, del comando de las “avispas negras”, que se encargaban de la vigilancia de Nicolás Maduro; ningún muerto en el lado estadounidense; no se perdió ningún minuto previsto; los buques que acorralan al régimen venezolano continuarán anclados en el Caribe, con la orden expresa de destruir toda narco-lancha y apresar a todos los barcos petroleros que lleguen o salgan de este país; y ha quedado en la agenda del presidente Trump la posibilidad de nuevos ataques militares a la camarilla que ha asumido el puesto vacante de Maduro, si fuese necesario.
El “día después…”
Una vez realizada la operación impresionante y exitosa, tanto analistas internacionales, estadounidenses, como venezolanos en el exilio, lo mismo que periodistas de periódicos y telediarios alrededor del mundo, han llegado a estas valiosas y no menos sorprendentes conclusiones: hubo traición interna, dentro del círculo que rodeaba a Nicolás Maduro. Talvez el “tintineo” de las monedas de la millonaria recompensa establecida y ofrecida por Washington (US$50,000,000), alucinó a esos “traidores,” especialmente al valioso “topo”, cuya identidad quizás la conozcamos con el paso de los años; pero por ahora no. Y la inteligencia china, los aparatos instalados por técnicos enviados expresamente desde Beijing para crear una red computadorizada de defensa, tampoco sirvió para nada a la hora de la verdad. Tampoco los misiles defensivos rusos. Lo cual deja pensar que el régimen de facto de Venezuela gastó millones de millones de dólares al pagarle a esos dos supuestos aliados, chinos y rusos para la colocación de esa defensa, que, en última instancia, no funcionó ni un ápice para contrarrestar al enemigo para y contra el cual habían sido instalados. Un desparpajo y un ridículo total. Tampoco la resistencia organizada, compuesta por las fuerzas populares de choque sirvieron para algo: no se atrevieron siquiera mirar al cielo para divisar a los helicópteros que se llevaban al tiranuelo. Y para colmo de males, hubo un testigo de excepción que podrá contar todo lo que vio con lujo de detalles, pues se había reunido con Maduro el día anterior y dormía en algún lugar de Caracas cuando se produjo el ataque: era el enviado especial del gobierno chino para América Latina. Todo lo vio, lo sintió y se atemorizó como un cobarde más. Atrás, en el pasado inmediato, quedaron US$400 millones pagados en sistemas antiaéreos de defensa rusos que permanecieron silenciados toda aquella noche. Tampoco los aliados de siempre del “chavismo”: Cuba, Irán, China y Rusia, no dijeron gran cosa… Estaban estupefactos y se dedicaron a repetir: “liberen a Maduro en el acto. Es ilegal lo que ustedes acaban de hacer.” Pero en el plano militar han tenido el cuidado de no amenazar a Estados Unidos, pues saben que están en clara desventaja con el Pentágono en cuestiones de técnicas de beligerancia; y tampoco dar la vida por Venezuela y su sistema inservible, obsoleto y corrupto, vale siquiera “una lágrima.”
El periódico El Mundo, de España, resume lo que ha sido esta operación militar, con este extracto de una de sus más importantes y recientes crónicas: “La relevancia (de este ataque), va mucho más allá de Venezuela. La operación reveló cómo concibe ahora el poder el presidente Trump y qué instrumentos está dispuesto a emplear. Todo apunta a una penetración de la CIA en el círculo más íntimo de Maduro. Con información operativa en tiempo real. El aparato de seguridad cubano, durante años columna vertebral de la supervivencia del régimen, colapsó en el momento decisivo. Cuando despegó el primer avión, las defensas venezolanas ya estaban ciegas y los decisores, aislados.”
Ciertamente, el régimen venezolano sólo ha reaccionado algunas horas después con la aparición de la entonces vicepresidenta Delcy González, una mujer con un legajo extraordinariamente voluminoso, que contiene sus delitos de lesa humanidad y tráfico de drogas, para decir que “Maduro es nuestro único líder legítimo.” Y exigió a los estadounidenses “pruebas de vida” del mismo sátrapa que fue sacado de su cama, junto a su corrupta esposa y llevado a Nueva York para ser procesado.
También es cierto que la camarilla continúa en la cúspide del poder en Venezuela, el aparato institucional permanece intacto, pues Trump no previó, en ese momento, deshacerse de todos esos delincuentes; lo cual indica que Estados Unidos ha eliminado el liderazgo (supuestamente), sin desmantelar al régimen. La estructura Estatal operativa venezolana se resiste al colapso; mientras los tres delincuentes que han quedado, Rodríguez, Padrino y Cabello, siguen con su retórica incendiaria, insultando a los atacantes “gringos”.
Al día siguiente de la intervención armada de los Estados Unidos en Venezuela, apareció quien nunca lo hizo cuando las aeronaves enemigas surcaban los cielos de su país: el ministro de Defensa, Vladímir Padrino López, uno de los tres capos que siguen en el gobierno venezolano. Sin ningún pudor, ni vergüenza ni escrúpulos por lo fallido de su inacción, de su nula defensa de su patria y por su ineptitud, comenzó a lanzar diatribas en contra de Trump y los estadounidenses. Rechazó la captura de su amigo Nicolás Maduro y la tachó de “cobarde secuestro”, cuando el único cobarde en esta coyuntura fue él mismo, quien no apareció para nada, defendiendo a su país, que era atacado por un grupo de helicópteros y un reducido comando de élite. Su intervención hablada ante los medios de prensa fue algo así como las gallinas asustadas que suelen cacarear con estridencia cuando el zorro ha incursionado en el gallinero. Es decir, entre más hablaba Padrino, más demostraba su ineptitud, la indefensión en la que se encuentra Venezuela, la ineficacia de los inservibles sistemas rusos y chinos por los cuales han pagado millones de millones de dólares, reiteramos, para que al final no pudieran disparar ni una tenue luz siquiera, mucho menos los misiles que Putin y Jinping aseguraron que sucedería en caso de verse atacados.
Lo cierto es que Padrino leyó un comunicado de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), un auténtico “tigre de papel”, inservible desde todo ángulo en el que se le mire, y cuyo nombre rimbombante es sólo eso… un nombre que no representa nada, mucho menos la seguridad de la nación. El “cobarde secuestro” como lo llamó Padrino López, sucedió después de “asesinar a sangre fría a gran parte de su equipo de seguridad”; es decir, a los cubanos entrenados para matar a quienes se le acercaran a Maduro en cualquier momento y lugar; pero, por el contrario, esas “avispas negras” resultaron aplastadas con una facilidad pasmosa e impresionante por la fuerza Delta de los EE.UU.
Y haciendo uso de la verborrea que caracteriza a este régimen narco-terrorista, Padrino manifestó en conferencia de prensa: “La Fuerza Armada NacionalBolivariana (?), ha garantizado en perfecta unidad con el pueblo, la continuidad democrática de Venezuela y lo seguirá haciendo. Porque el orden, la paz, es nuestro puerto, es nuestro puerto decía Bolívar. Así la patria continúa.” Aunque en el fondo quiso decir que la dictadura continúa y en ningún momento, en honor a la verdad de lo sucedido, el mal llamado ejército venezolano garantizó nunca “la perfecta unidad del pueblo”; más bien, lo que hicieron los gamberros que componen a las milicias populares, fue amedrentar a los ciudadanos para que no salieran de sus casas, ejercieron la represión de siempre para evitar un levantamiento general de la población contra los déspotas que se mantienen en el poder.
Para concluir con sus sandeces y falsedades, Padrino emplazó a los venezolanos comunes a “no caer en las tentaciones de la guerra psicológica, de la amenaza, del miedo por parte de los Estados Unidos y retomar las actividades económicas (?), laborales, de todo tipo, educativas, en los próximos días. La patria debe encaminarse sobre su riel constitucional (?).” Dijo refiriéndose a la Constitución en la que se fundamenta la dictadura heredada por el narco-criminal Hugo Chávez Frías, el creador de este sistema de traficantes de cocaína y asesinos que se han apoderado del gobierno de esta nación desde hace más de una década.
En respuesta, varias horas después, Donald Trump afirmó que podría atacar nuevamente a Venezuela si su nueva dictadora, Delcy González no coopera con los Estados Unidos. Podría emprender una segunda incursión militar y contempla ese escenario en el caso de que “la presidenta encargada” (obsérvese el eufemismo empleado por la camarilla de narcos), deje de cooperar con Washington. Y añadió a la cadena CBS News: “No creo que ese paso llegue a ser necesario. Ya he contemplado la idea de volver a enviar mis fuerzas a suelo venezolano. Estamos preparados para hacerlo. De hecho, ya lo teníamos previsto. No estamos en guerra con Venezuela, estamos en guerra con las personas que venden drogas. Estamos en guerra con las personas que vacían sus prisiones en nuestro país y vacían a sus drogadictos y vacían sus Instituciones mentales en nuestro país.” Aseveró.
Y el tercero en dar su cara a la opinión pública, fue el peor de los tres: Diosdado Cabello, el mayor criminal de esta nación y que carga, lo mismo que sus secuaces, con muchos delitos que deberán ser conocidos en un tribunal y juzgado por esos desplantes. Cabello apareció escoltado por tropas en Caracas, después del ataque de USA, y trató de proyectar una imagen de control. Este criminal funge como el ministro del Interior y los expertos conocedores de la realidad venezolana, afirman que es el verdadero poder del régimen. Solicitó a la ciudadanía que “mantenga la calma” y mostró su respaldo incondicional a la cúpula de poder, de la cual él mismo forma parte. Su discurso improvisado fue, en realidad, una carga de retórica belicista, ya que instó a los leales al gobierno a no sucumbir al pánico y así se los hizo saber: “Confíen en nuestro liderazgo, confíen en el alto mando político y militar para manejar la situación que estamos enfrentando. Mantengan la calma, no se dejen llevar por la desesperación, no faciliten las cosas al enemigo invasor, al enemigo terrorista que nos atacó cobardemente.” Aunque ese argumento contrastaba evidentemente con lo que es Venezuela en la actualidad: es un país sumido en la volatilidad y en un estado de vulnerabilidad total, cuando sus sistemas de defensa, aquellos que rusos y chinos juraron que eran altamente eficaces, fueron inutilizados por los estadounidenses y las tropas bolivarianas prefirieron guarecerse en sus casas y cuarteles, antes que hacer frente al comando reducido que el Pentágono hizo descender sobre Caracas y capturar al dictador Nicolás Maduro. Venezuela, hoy, está más indefenso que nunca, como nunca lo imaginaron sus matones narcotraficantes y que tienen “dos opciones” únicamente de cara al futuro: o colaboran con Washington… o colaboran con Washington. Porque la tercera opción sería peor que la de Maduro. Si no lo han entendido, no hay fuerza humana ni Divina que se los pueda explicar mejor todavía.
Maduro en prisión y Petro y otros en la “mirilla” de EE.UU
Nicolás Maduro ya ha pasado sus primeras noches en la celda que le han asignado. Lo mismo su mujer, Cilia Flores. Yacen ambos en el Centro de Detención Metropolitano de Nueva York (MDC, por sus siglas en inglés), donde han estado presos sujetos tan deleznables como tristemente famosos, en los casos de Joaquín “el chapo” Guzmán, el rapero tratante de “blancas”, Sean “diddy” Combs y el ex presidente de Honduras, recién indultado por Trump, Juan Orlando Hernández.
Está situada en el distrito de Brooklyn y se le conoce como “el infierno en la Tierra”, debido a que es una de las cárceles de peor reputación de la ciudad y, en un pasado reciente, fue objeto de denuncias por la falta de personal, la delincuencia que se ha desbordado en distintas épocas dentro de sus instalaciones y las duras condiciones de vida en las celdas. Aquí conviven más de 1,200 reclusos que esperan actualmente ser juzgados por los tribunales federales, desde que cerró sus puertas el Centro Correccional Metropolitano, en el sur de Manhattan.
Otra prisionera “célebre” que aquí estuvo, fue Ghislaine Maxwell, la esposa, socia y cómplice del depredador sexual judío, supuestamente suicidado, Jeffrey Epstein, una reclusa que denunció “condiciones inhumanas, crueles y degradantes en el MDC” y comparó su celda con la del psicópata Hannibal Lecter, en El Silencio de los Corderos. Otro recluso que aquí permaneció, fue el ex secretario mexicano de Seguridad Pública, Genaro García Luna, quien denunció en su momento que había presenciado homicidios y apuñalamientos en sus pasillos y patios. Y la lista de reclusos afamados continúa y se haría muy extenso nombrar a cada uno de esos prisioneros que por aquí pasaron alguna vez. Pero siempre es bueno reproducir las palabras de Michael Cohen, quien fue el abogado de Donald Trump y estuvo recluido en este horrendo lugar: “(Uno) se despierta en una cama de acero con un colchón de una pulgada y media, sin almohada, en una celda de ocho por diez pues, que puedo asegurarles que es repugnante.” Y en la actualidad yace aquí el presunto líder del cartel de Sinaloa, Ismael “el mayo” Zambada García, quien espera juicio por cargos de homicidio y tráfico de drogas.
Muchas ocasiones falta la calefacción en días en que particularmente las temperaturas descienden en Nueva York hasta 15 grados bajo cero; tampoco hay servicios médicos para los reclusos. Este es el centro de internamiento en el que están ahora mismo Nicolás Maduro y su mujer; pero él declinó (o los cubanos le obligaron a declinar), marcharse al “exilio dorado” en Turquía.
Después de su primera noche en este lúgubre y violento lugar, Maduro y su esposa fueron conducidos, en medio de un impresionante operativo policial, a su primera audiencia con el juez que llevará su proceso. Arribaron a un tribunal del sur de Manhattan en horas de la mañana. Sin dejar de hablar, según es su horrorosa costumbre, Maduro dijo que “sigo a cargo del gobierno de mi país. Sigo siendo su presidente.” Un helicóptero que los trasladó, aterrizó en las inmediaciones del edificio de los tribunales. Luego, un convoy compuesto por cinco vehículos en color negro, blindados y con una nutrida escolta policial, lo llevaron hasta la puerta de esos tribunales. Iba custodiado por agentes de la DEA, la Agencia Antidroga de los Estados Unidos.
A Nicolás Maduro se le leyeron los cargos por los cuales fue llevado a EE.UU, en los cuales se menciona narcotráfico, conspiración por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, conspiración para la posesión de ametralladoras y artefactos destructivos y conspiración para usar esas armas.
A Cilia Flores se le ha acusado por su presunta implicación en la coordinación de reuniones y la logística de la red (de narcotraficantes). Y en el acta de inculpación también aparecen mencionados “Nicolasito” Maduro Guerra (el hijo de Maduro), Diosdado cabello y Héctor Rusthenford Guerrero, alias “Niño guerrero”, identificado como el líder de la organización transnacional “tren de Aragua.” Otra vista ante el juez ocurrirá hasta dentro de tres meses posteriores. Los expertos en leyes estadounidenses creen que le espera la cadena perpetua a Nicolás Maduro; y a su mujer le irá un poco mejor, debido a la magnitud de los cargos que ya les han dado a conocer.
Por otra parte, se habla clara y abiertamente del actual mandatario de Colombia, Gustavo Petro, quien, voluntariamente, se puso al frente de la “mira” de Donald Trump y éste, en diciembre pasado, afirmó que “en cuanto caiga Maduro, Petro será el siguiente.” Según el presidente de los Estados Unidos, el colombiano podría ser descubierto por Maduro si llegase a declarar en su contra en el proceso que le seguirá en Nueva York y podría reforzar lo que se sabe del colombiano, quien “tiene laboratorios de cocaína, tiene fábricas donde produce cocaína que la está enviando a Estados Unidos; así que sí tiene que cuidarse el trasero. Petro sería el siguiente (en ser atacado y capturado por el comando Delta).” Según palabras textuales del mismo Donald Trump.
La respuesta de éste la publicó en su cuenta de X, cuando dijo: “No estoy preocupado por nada” y reprodujo la espeluznante fotografía del cadáver de un militar venezolano cuya cabeza estaba destrozada por disparos, supuestamente hechos por el comando que capturó a Maduro. “(…) La sangre derramada en la patria de Bolívar”, acusó en otro texto Gustavo Petro. Pero pocos segundos después, sus lectores le desmintieron al afirmar que el personaje que aparecía en la foto era el sargento mayor José Ramón Morffe, quien murió el 13 de mayo del 2025, por causa de disparos accidentales. Así le quitaron de su rostro la careta de la mentira al mandatario colombiano, ex terrorista urbano del M-19 y que sobre su consciencia yacen los nombres de decenas de gentes inocentes que él asesinó, personalmente, con sus atentados en distintas ciudades de Colombia en las décadas de los 80s y 90s.
Además, su ex mujer, Verónica Alcocer; y su hijo, Nicolás Petro, aparecen en la Lista Clinton, de los Estados Unidos, por tener relación con el narcotráfico.
En otra variable sobre el mismo tema, el secretario de Estado de USA, Marco Rubio, amenazó a la cúpula de la dictadura de Cuba, al manifestar: “Uno de los problemas más grandes que tienen los venezolanos, es que deberían declarar su independencia de Cuba. (Los cubanos) han intentado colonizarla desde el punto de vista de la seguridad, así que sí se viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado al menos un poco. Los dirigentes (cubanos) son hombres incompetentes y seniles y la seguridad alrededor de Maduro y la agencia de espionaje está llena de cubanos.” Aseveró.
Sin embargo, la situación actual de Cuba es más que delicada, debido, en parte, a la confiscación de barcos petroleros que están haciendo los marines en el Caribe; es petróleo que no ha llegado a la isla enajenada por el comunismo desde 1959 y ello le tiene inmersa en su peor crisis energética y económica de toda su historia. Esto podría resultar en la caída del régimen o en el levantamiento del pueblo que ya no soporta los profundos niveles de miseria en los que se haya sometido.
Para el régimen castrista que impera en Cuba, las recientes elecciones en Bolivia y Chile, donde la derecha moderada o la centro-derecha han ganado, representan una profundización de su crisis. Más la caída de Maduro, su derrocamiento y la posible desaparición del sistema bolivariano en Venezuela, aislaría todavía más a la camarilla que subsiste y persiste en La Habana. Sólo les quedaría en Suramérica, Gustavo Petro, en Colombia; y Lula da Silva, en Brasil; y cerca de ellos, Claudia Sheinbaum, en México. Es cuando Francisco Santos, ex embajador de Colombia en Washington, describe la situación de los dirigentes herederos de Fidel Castro: “Van detrás de Petro (los norteamericanos), están recopilando información de cómo Chávez y Maduro financiaron a la izquierda colombiana que está en el poder. Pero tengamos presente que el objetivo fundamental de Marco Rubio es Cuba. Si supervive el ‘chavismo’, La Habana consigue que le manden el petróleo que necesita para mantener su economía a flote. De lo contrario, sufrirán apagones de días enteros. El régimen castrista vive la peor crisis de su historia; por eso Sheibaum empezó a enviarle petróleo de manera brutal (!). Sin ese balón de oxígeno, estallaría una revolución. Recuerden que Cuba es importante para la izquierda, porque hace parte de su narrativa romántica, la que afirma que el comunismo da resultado. Y hay gente que lo cree, como Petro, aunque sea un absoluto fracaso.”
Y para el ex diplomático colombiano, Julio Londoño Paredes: “Cuba va a caer por su propio peso y en un breve tiempo. Si yo estuviese en el gobierno de La Habana, estaría muy preocupado. También Gustavo Petro debería dejar de lanzar adjetivos ofensivos y amenazas contra Trump, porque puede correr la misma suerte que Maduro.”
México, el exportador número uno de fentanilo a los Estados Unidos y cuya presidenta, Claudia Sheinbaum, aliada del régimen de Cuba, ha deplorado abiertamente la captura de Nicolás Maduro, está en la “mirilla” del Pentágono estadounidense y Trump ha insinuado que podría atacar esos focos en territorio mexicano, para acabar con los narcotraficantes, una tarea que el gobierno mexicano no realiza ni en mínima instancia y tolera la presencia y actividades de los cárteles de la droga, poderosísimos por demás, herederos naturales de los colombianos, tras la muerte de Pablo Escobar Gaviria.
En un intento de síntesis, retornamos a Venezuela, a lo que ha quedado después de este ataque del comando especial norteamericano y en específico a su ejército que ya demostró su total inoperancia en un caso como el mostrado por los marines tras su incursión en Caracas. Los analistas internacionales consideran que los militares venezolanos se van a mostrar reacios a un cambio de régimen y que éste se produzca rápido, porque, en principio, tienen temor de que queden al descubierto 20 años de corrupción que esta Institución castrense “tiene bajo la alfombra” en la que están parados.
Para el politólogo venezolano, Víctor M. Mijares: “Creo que los militares van a seguir jugando un rol muy importante en toda esta transición. Mi tendencia es a creer que se van a alinear con el poder, como siempre lo han hecho, van a olfatear cuál es el bando que tiene mayor probabilidad de sobrevivir y bajo esa sombra se abrigarán. Estamos ante una situación de estado de sospecha mutua dentro de los círculos ‘chavistas.’ No sé si vaya a aceptar un gobierno tutelado (por USA), pero tampoco sé qué alternativas tendría. Porque clarísimamente no están en posición de establecer o de siquiera, digamos, plantearse tomar ellos el control sin que haya alguna forma de tutela o, al menos, de amenaza por parte de los Estados Unidos, que ahora sí es absolutamente creíble. Ha habido una nueva notificación de alerta por parte de la Agencia Aeronáutica de los Estados Unidos, aunque eso hace parte también de la guerra psicológica y de la amenaza de un segundo golpe (militar). Es una forma de presionar al sector que controla Diosdado Cabello, involucrado también en importantes negocios ilegales.” Explica y concluye el analista.
Y para Supervielle, ex abogado militar que estuvo acreditado en Panamá, un segundo ataque de Estados Unidos a Venezuela, “no me explico cuál sería el objetivo. ¿A quién van a atacar? (…) Eso sí, el ejército de Venezuela estaría indefenso ante él. (Porque) lo que tienen es un equipo viejísimo de la Era soviética y que no lo están manteniendo. En un hipotético futuro ataque, las fuerzas armadas venezolanas no estarían en condición de defenderse (…).”
Para finalizar, lo hecho en estos días en Venezuela ha dejado un amargo sabor en los labios por parte de los Estados Unidos, debido a la permanencia de la dictadura “chavista” en el poder, a la marginación que hizo Trump de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia y a la larga espera de lo que vayan a hacer los narco-dictadores que han asumido el gobierno venezolano tras el rapto de Nicolás Maduro y su mujer. Eso no lo esperaba nadie de parte del siempre díscolo, descentrado e irracional Donald Trump. Lo que ha realizado ha sido solamente un primer capítulo que exige que se “escriba” el segundo, tercero y cuarto capítulo, en los que sabremos que se trata del final de esta dictadura vergonzante, cínica, criminal y narcotraficante. La peor del continente, junto a la cubana.
Delcy Rodríguez y sus dos socios, Diosdado y Padrino, han demostrado que siguen con su odio virulento contra lo estadounidense y es una clara señal de que no desean plegarse a las directrices emitidas por la Casa Blanca. Por ello, tendrá que atacar nuevamente a Caracas y aniquilar o capturar a los tres mafiosos que allí se mantienen. Si no lo hace, Trump quedará en medio de la nada, como el pelele que siempre ha sido, porque con Maduro no basta. Hay que derrocar a todo el régimen, apresar a sus delincuentes y procesarlos de igual modo que Nicolás Maduro será procesado en Nueva York. La historia está inconclusa y nadie desea que continúe así. Porque la inmensa mayoría de habitantes de este planeta queremos a una Venezuela nueva, con nuevos hombres y mujeres, en medio de la mejor democracia posible, su progreso, su dignidad y su libertad, lejos de doctrinas radicales y narcotraficantes vestidos de militares.
Veremos qué pasará en el transcurso de los meses siguientes… Por ahora, nuestra felicidad y esperanza parecen haberse esfumado.
La Tensión en Venezuela nos Trae Más Preguntas que Respuestas
MAR CARIBE, Costas de Venezuela-(Especial para The City Newspaper) Si Donald Trump decide que los barcos estadounidenses se alejen de este territorio marítimo sin haber derrocado a Nicolás Maduro y a su camarilla de narcotraficantes, será, además del inmenso ridículo, una pérdida de la credibilidad absoluta (se le volcará en contra toda la “diáspora” venezolana alrededor del planeta y en especial la que está refugiada en USA) y el afianzamiento para siempre de la dictadura chavista en Caracas. Se sentirán más poderosos los narcotraficantes y verán, más allá de la administración Trump, la oportunidad para seguir trasegando droga hacia los Estados Unidos y Europa, todavía más que antes de este bloqueo al que se ven ahora sometidos.
Trump no tiene otra opción que sacar a la dictadura venezolana del poder. Otra determinación sería nefasta, profundamente perjudicial para su imagen y su gobierno. Sus barcos tienen que regresar a la Unión Americana con la cabeza del dictador; es decir, con Maduro vestido en pijama anaranjada, listo para ser enjuiciado por sus múltiples crímenes cometidos durante el ejercicio de su tiranía. Aquí y en esto, la pregunta que surge es: ¿Sabrá Trump lo anterior, lo habrá pensado, se lo habrán hecho saber sus asesores? Es por ello que surgen más preguntas que respuestas, derivadas de esta tensión y la principal es: ¿Irá a derrocar Donald Trump a Nicolás Maduro, tal y como se hizo con Saddam Hussein y Manuel Antonio Noriega? Esta es la interrogante más grande, más profunda y más preocupante. Porque tiene que hacerlo, no tiene otra opción, ninguna otra.
Bloqueo total
Otra pregunta que emana de esta crisis es: ¿Obedecen las órdenes de Trump a un plan preconcebido en el Pentágono o de parte de sus asesores en la Casa Blanca; es una medida conformada por varias acciones (en “capítulos”), que llevarán al final del régimen de Maduro? A primera vista, parece que realmente así es, que las fuerzas armadas estadounidenses frente a Venezuela se mueven de acuerdo a un planteamiento de la situación que busca la caída del dictador y sus secuaces. En primera instancia, envió a tres destructores y un submarino; el segundo movimiento fue sumarle al portaaviones Gerald Ford, el más poderoso de todos los existentes; el tercero, fue sumarle más hombres y aviones, estacionados en Puerto Rico y en la cercana Trinidad y Tobago; el cuarto movimiento fue acabar con toda embarcación que se mueva por el Caribe y el Pacífico, supuestamente portadoras de cocaína (en estos momentos ha causado las muertes de más de 100 tripulantes de estas embarcaciones); el quinto, cerrar el cerco frente a Venezuela, sin permitir que el espacio aéreo sea surcado y confiscar a todo barco petrolero que arribe o salga de este país suramericano. A todo esto debemos sumarle el escape (de película) de María Corina Machado, la líder de la oposición venezolana, quien viajó a Noruega para recoger el Premio Nobel de la Paz que le fue otorgado. Por ello, la cuestión que surge es: ¿Será el golpe final la caída del dictador por medios “pacíficos”, solamente por medio de la presión psicológica?
En una partida de pool (billar), Trump jugó a dos bandas; es decir, incautó el petróleo de un carguero que salió de las costas venezolanas y que formaba parte de la flota “fantasma”, los barcos que transportan el crudo de países sancionados por la comunidad internacional (Rusia, Irán y Venezuela), y con esa incautación dejó al gobierno de Maduro sin las ganancias económicas derivadas de la venta de ese petróleo y a Cuba sin la energía para mover su vida nacional cotidiana. La explicación del por qué lo hizo, la dio a conocer el propio Trump con esta argumentación: “(lo ordené) por el robo de nuestros activos y por muchas otras razones, incluyendo el terrorismo, el narcotráfico y la trata de personas. El régimen venezolano ha sido designado como organización terrorista extranjera. Por lo tanto, hoy ordeno un bloqueo total y completo de todos los buques petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela.” Se trató de un barco iraní, con tripulación rusa y que iba hacia Cuba.
Según analistas, como el chileno Gilberto Aranda, de la Universidad de Chile, “lo que pretende esta medida es estrangular la capacidad económica del régimen de Maduro para hacerlo zozobrar. Es avanzar un poco más respecto a lo que son los ataques sobre embarcaciones frágiles, descritas como narco-lanchas.” Y para Toziano Breda, analista para América Latina y el Caribe de Armed Conflict Location & Event Data (ACLED), coincide con su colega chileno cuando señala que el bloqueo petrolero impuesto por Trump, significará la asfixia para Venezuela: “Esta medida maximiza la presión sobre el régimen de Maduro, porque es un impacto sustancial en lo monetario, tanto en acciones directas que son decomisar petroleros, como en las acciones indirectas, porque seguro que otros petroleros evitarán, al menos por un tiempo, llegar a Venezuela. Con esto estamos hablando de afectar recursos mucho mayores de los que posiblemente se pueden asociar a los ataques a narco-lanchas.” Explicó.
Lo cierto es que, con esas ganancias económicas que Maduro y su régimen dejan de percibir cada vez que los estadounidenses atrapan a sus petroleros, dejará de pagar salarios a sus subalternos, a sus militares, sicarios, burócratas del Estado y todo aquel que dependa en esta nación de la venta del crudo, lo cual significa que un 98 por ciento de las gentes se verán afectadas con ello. Además, la venta de la droga, de la cocaína, al resto del planeta, es otra baja sustancial del dinero, aunque esto incidirá solamente en la camarilla que compone al cártel de los soles, cuyos líderes son quienes gobiernan a Venezuela.
En cuanto al tema si lo que hacen los Estados Unidos en la actualidad va acorde con la legalidad o lo contrario; si está reñido con el derecho internacional, algo que se debate intensamente en Europa y en América Latina, según el analista chileno Gilberto Aranda: “Estados Unidos está actuando en base a sus prioridades. Su unilateralismo responde a sus definiciones nacionales internas. Este bloqueo a cargueros no tiene respaldo en el derecho internacional, es un mecanismo que fue muy utilizado por las potencias europeas del Siglo XIX y en América Latina también se usó en la década de los 90. Pero era un momento donde el derecho internacional no tenía los progresos que tiene ahora. Y, aun así, se está haciendo a un lado lo estipulado en el derecho internacional, estamos volviendo a una situación colonial, típica de la época dorada del imperialismo del Siglo XIX.” Argumenta este experto en relaciones internacionales.
En este lapso de las incidencias, surge otra pregunta de capital importancia, una de las más relevante de todas cuantas se puedan hacer: ¿Cuál es, en la actualidad, la posibilidad real de Nicolás Maduro, el dictador de Venezuela; o, en su defecto, cuál podría ser su destino? Hasta el momento, como era de esperar, Maduro ha rechazado vehementemente todas las acusaciones que se le han hecho desde la Casa Blanca y ha buscado todas las opciones para que el bloqueo y la amenaza de guerra desaparezcan en su contra. Incluso, tragándose su estrafalario orgullo, ha hablado con el propio Trump telefónicamente, en un intento por alejar a esos barcos de guerra anclados frente a sus costas, quedarse en el poder o dejar en su lugar a un gobierno “títere” que le permitiría continuar al régimen y su retorno posteriormente. Pero en todo ello… ha fracasado. Trump le exige que dimita, él y su camarilla de delincuentes y asesinos.
Para los periodistas de la Deutsche Welle de Alemania, “lo cierto es que el presidente venezolano (dictador debería escribirse y decirse sin eufemismo), ha aguantado desde hace meses un nivel de presión inusitado. A medida que Estados Unidos sigue dilatando cualquier decisión definitiva, le entrega a Maduro la posibilidad de hacer gala de sobrevivencia.” Y el analista Tiziano Breda, de ACLED, vuelve a manifestar en torno a este caso: “La pregunta válida ahora es, ¿qué medida de presión sigue a continuación, porque la presencia de la marina estadounidense en el Caribe no logró modificar la actitud de Maduro, los ataques a las narco-lanchas tampoco crearon fisuras en sus redes de alianza? Si Nicolás Maduro logra superar esta medida adicional, es posible que Estados Unidos pueda pasar a otras formas de presión, pero esta vez en el territorio de Venezuela.”
La justificación de todo lo que están haciendo los estadounidenses, Donald Trump la resumió de esta manera en su página en Truth Social: “Venezuela está completamente rodeada por la Armada más grande jamás reunida en la historia de Suramérica. Ésta sólo crecerá y la conmoción para ellos será como nunca antes la han visto, hasta que devuelvan a EE.UU. todo el petróleo, las tierras y otros activos que nos robaron precisamente. El régimen ilegítimo de Maduro está utilizando el petróleo de estos yacimientos robados para financiarse, el narcoterrorismo, la trata de personas, el asesinato y el secuestro. (…) El chavismo fue declarado hace semanas como una organización terrorista internacional, debido al robo de nuestros activos (…).” Y en lo que se refiere a la deportación de venezolanos ilegales que estaban en los Estados Unidos, Trump escribió en esa misma red social: “Estados Unidos no permitirá que criminales, terroristas de otros países roben, amenacen o dañen a nuestra nación, ni permitirá que un régimen hostil se apodere de nuestro petróleo, tierras ni ningún otro activo. Todo lo cual debe ser devuelto a Estados Unidos inmediatamente.”
México siempre México, en la defensa de lo indefendible
Tanto el gobierno mexicano, como amplios sectores de su vida nacional, no tienen ninguna moral para ofrecerse de mediadores en un conflicto de esta especie. Es más, después de Venezuela y Colombia, los mayores exportadores de droga en Suramérica, México debería ser el siguiente intervenido desde el ángulo militar por el Pentágono. En todo caso, el ofrecimiento que ha hecho la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, después de haber criticado injusta y cruelmente a la líder opositora María Corina Machado, dando a entender que estaba a favor del régimen de Maduro (lo cual es obvio al venir de México y su política antiestadounidense de siempre), y que tiene como objetivo “resolver” la crisis con Venezuela, no es más que una clara intención de convencer a Trump de dejar en paz a los venezolanos, retirar sus buques de guerra y que Nicolás Maduro y su camarilla de delincuentes sigan en el poder dictatorial. A esta iniciativa de la Sheinbaum se ha unido otro amigo de Maduro, llamado Luiz Inácio Lula da Silva, mandatario de Brasil, un sujeto que debería estar preso por la evidentísima corrupción practicada por él durante su primer gobierno. Lo cual quiere decir que ni la judeo-mexicana, ni el brasileño, tienen moral para ser mediadores en un conflicto que no les compete. Y en el tanto Sheinbaum no detenga a los cárteles mexicanos de la droga, ya le tocará a Trump hacerlo, así tenga que bombardear las bases donde se parapetan los narcos de México.
“América del Sur es una región de paz”, así ha argumentado Lula da Silva su posible participación en la detente de la guerra contra Venezuela. “Mi propuesta tiene como objetivo impedir que haya una guerra en Sudamérica, que debe mantenerse como una zona de paz. Yo hago política buscando soluciones para los problemas. (Yo quiero saber) cómo se puede contribuir para una solución pacífica. Las cosas no se resuelven con tiros, sino con diálogo político. Le dije a Trump que esta es una región de paz, que debe seguir así. Me ofrecí conversar con Venezuela y con otros países para evitar un conflicto armado en nuestra América del Sur. No sé por qué se ha desatado esta tensión. Si es por petróleo, por los minerales críticos, las tierras raras o para derribar a Maduro, pero lo importante es impedir un aumento de las hostilidades.” En todo caso, no sabemos si Lula sabe (o finge no saberlo) que la solución a esta crisis bilateral USA-Venezuela, se resolverá con la dimisión de Nicolás Maduro y su camarilla de delincuentes narcos y criminales; algo parecido a la invasión de Rusia a Ucrania: se resolverá cuando los rusos se retiren del país invadido. La realidad, la lógica y el sentido común, no permiten otras opciones.
En lo que estriba a la presidenta de México, quien busca dilatar la permanencia de la dictadura venezolana en el poder, simplemente por oponerse a todo lo que provenga de los estadounidenses, según ha sido siempre la costumbre de los mexicanos a nivel internacional, dijo que está dispuesta a convocar a los países de América y de otros continentes (¡?), para buscar una salida pacífica a cualquier conflicto en Venezuela y la región. “La postura mexicana responde a una convicción y a la Constitución, que debería ser compartida por los países suramericanos, aun cuando existan diferencias políticas entre gobiernos. Nosotros no estamos de acuerdo con intervenciones (…) y estamos a favor de la solución pacífica de los conflictos. Si hay un conflicto, hay mecanismos establecidos por Naciones Unidas para que haya una solución pacífica a cualquier disputa. Y tienen que participar todas las partes. Esa ha sido la posición de México desde hace mucho tiempo.” La respuesta de la Casa Blanca ha sido el silencio absoluto a ambos presidentes, lo cual revela una sola cosa: el bloqueo a Venezuela continuará hasta que Donald Trump decida el ataque definitivo y definitorio para acabar con la criminal dictadura de Maduro; hacer caso a las palabras de Sheinbaum y de Lula, sería darle “carta blanca” al tirano chavista para que siga en el poder, que es lo que, en el fondo, desean ambos mandatarios de México y Brasil, dos antiestadounidenses “por genética.”
Esa política tolerante, irresponsable, extraordinariamente peligrosa, ya que perpetúa a las dictaduras latinoamericanas de corte comunista, como lo hicieron con la sandinista en Cuba, Nicaragua, la boliviana de Evo Morales y la misma chavista en Venezuela, entre otras más, es la práctica usual en los distintos gobiernos mexicanos, que lo único que buscan es llevar la contraria a Washington, sin importar si los pueblos que quedaron bajo esas tiranías van a sufrir o no. Por esa causa, el silencio de la Casa Blanca “dice más que mil discursos” acerca de este tema.
En el epicentro de la Oficina Oval
Donald Trump, al ser consultado por la prensa sobre la crisis venezolana y acerca del papel del Congreso de los Estados Unidos, si le pediría permiso para actuar en el Caribe, manifestó que “el país suramericano le ha robado a los Estados Unidos petróleo y lo ha privado de sus derechos. No me importaría decírselo al Congreso, pero, ya sabe, no es para tanto. No tengo por qué decírselo. Está comprobado. Pero no me importaría en absoluto. No estoy obligado a hacerlo. Espero que no filtren mi decisión (de bombardear a Venezuela), porque hay personas que revelan esa clase de informaciones. Sabe, hay gente que lo filtra. Son políticos y filtran como un colador. No tendría ningún problema en pedir el visto bueno del Legislativo para abrir un nuevo frente de guerra.” Reiteró.
Pero el líder de la minoría demócrata en el Senado estadounidense, Chuck Schumer, aseguró que “Trump no tiene la autoridad para llevar a cabo sus planes actuales de utilizar la fuerza militar en el Caribe, sin autorización del Congreso. Presentaré una resolución bipartidista para evitar que lo haga, porque los estadounidenses no quieren más guerras interminables.” Es decir, de manera inherente, se opone para que Maduro sea bajado de su dictadura por la fuerza y continúe el narcotráfico, el hambre del pueblo venezolano y la camarilla “chavista” produciendo más millones con la venta de la droga.
Este tirano ha respondido a todas las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, de todas las maneras posibles: desde bailando en forma ridícula, provisto de un sombrero enorme, cantando en un pésimo inglés, hasta amenazando con responder al posible ataque armado e invocando a los organismos internacionales para que convenzan a Trump para que desista en su actitud beligerante. “Es mentira y ‘fake news’ el argumento de Estados Unidos sobre la lucha contra el narcotráfico y lo utiliza para justificar sus agresiones. Eso del narcotráfico es ‘fake news’, mentira, pretexto. Como no pueden decir que nosotros tenemos un arma de destrucción masiva, como no pueden decir que tenemos armas químicas, cohetes nucleares, inventan un pretexto para crear otro Afganistán, para crear otra Libia. Mantendremos nuestras exportaciones de petróleo pese al bloqueo ilegal y haremos respetar nuestros derechos en materia de comercio y libre navegabilidad. Numerosos países del mundo (?) condenaron las acciones de Washington, que son piratería.” Expresó hace pocos días Nicolás Maduro, evidenciando su desesperación y pánico ante la eventualidad de un ataque directo y fulminante de parte de la Armada que está anclada frente a sus costas.
Siempre dentro de la Casa Blanca, Susie Wiles, jefa de Gabinete de Donald Trump, subrayó que el cambio de régimen en Venezuela es una prioridad en la agenda del gobierno de los Estados Unidos. “Pero puede que no se trate únicamente de restaurar la democracia.” Afirmó. Estas declaraciones las brindó a la famosa revista Vanity Fair, cuyo reportero le preguntó seguidamente: “¿Podría Estados Unidos estar buscando destituir al presidente de Venezuela (entiéndase en buen castellano, dictador), Nicolás Maduro?” Y la respuesta clara, tajante e indudable fue: “Sí”, de parte de Wiles. Y añadió: “Mi jefe (Trump) quiere seguir destruyendo barcos hasta que Maduro pida clemencia.”
Otras opiniones del personal que rodea al presidente de USA, en este caso de Marco Rubio, el secretario de Estado, quien es un firme opositor a las dictaduras de corte comunista, tanto en Venezuela, como en Cuba (la tierra de sus padres), y en Nicaragua, “derribar al dictador venezolano, abriría una posibilidad única para hacer lo mismo con la camarilla que gobierna a Cuba.” A su entender, Cuba es, militar y económicamente, una dictadura más débil y depende fuertemente de Venezuela para su abastecimiento energético, es el único “comodín” con el que Cuba puede contar, que está cerca de su territorio, cerca de la región. “Cuba se vería realmente ante obstáculos y sufriría económicamente (todavía más de lo que le afecta ahora mismo)”, dijo un alto funcionario acreditado en esta sede en Washington.
Para Marco Rubio, el jefe de la diplomacia estadounidense, expresó durante una conferencia reciente que el régimen que encabeza Nicolás Maduro, es ilegítimo; aunque declinó contestar directamente la pregunta de uno de los periodistas ahí presentes, sobre si Washington busca derrocar al dictador venezolano. En su lugar, dijo: “La estrategia es proteger los intereses de los Estados Unidos.” También manifestó que nada los obliga en el Poder Ejecutivo, a solicitar la aprobación del Congreso para hacer todo lo que se está haciendo en estos momentos en las costas del Caribe de Venezuela: “No ha pasado nada que nos obligue a solicitar la aprobación del Congreso. Tenemos a un régimen ilegítimo que coopera abiertamente con terroristas que amenazan la seguridad de los Estados Unidos. La actual relación de mi país con Venezuela es intolerable y debe cambiar y nada impedirá a las fuerzas desplegadas en el Caribe, aplicar el bloqueo contra petroleros sancionados. Asimismo, el apoyo ruso al país suramericano no era preocupante, porque Moscú tiene las manos ocupadas con la guerra en Ucrania.”
Indicó categóricamente que “los Estados Unidos no pueden y no van a firmar ningún acuerdo de paz con los grupos que envían drogas a nuestro país. No considero algo serio el llamado de Maduro a los militares de Colombia para que se unan a Venezuela en caso de un ataque estadounidense. No, nosotros no lo vemos como algo serio en términos de involucrar a las Fuerzas Armadas de Colombia.” Y en referencia a Cuba, la patria de los padres de Rubio, quienes emigraron a USA en clara huida del régimen de Fidel Castro, el secretario de Estado dijo: “a cualquier gobierno estadounidense le gustaría ver un cambio radical en Cuba. (Porque) el gobierno cubano es terrorista e incompetente, ha destruido a la isla en sus más de 65 años en el poder. No es sólo porque sean marxistas y terroristas. Son incompetentes. Son personas incompetentes que destruyeron a ese país.” Puntualizó.
En lo que estriba directamente al presidente Trump, en una entrevista hace pocos días con la NBC, afirmó que habrá más incautaciones de petroleros y “Nicolás Maduro sabe cuál es el objetivo final de la estrategia de Washington.” Añadió que él no descarta la posibilidad de entrar en una guerra contra Venezuela: “No lo descarto, no.” Dijo en la entrevista que se hizo por medio de llamada telefónica con el despacho Oval de la Casa Blanca. Y en referencia exclusiva del dictador Nicolás Maduro, manifestó: “Él sabe exactamente lo que quiero. Él lo sabe más que nadie.” Pero no agregó más a su respuesta, lo cual deja deducir que Trump busca la salida definitiva del dictador venezolano, junto a todo su grupo de narcos que tienen a esa nación atrapada entre la miseria y la opresión. También se debe tener en consideración que en varias oportunidades, Donald Trump ha dicho claramente que pronto comenzarán los ataques contra supuestos objetivos del narcotráfico en el territorio venezolano. No obstante, el presidente de los EE.UU. tiene previsto que el plan no consistiría tanto en reinstaurar la democracia en Venezuela, sino más bien eliminar a un rival personal. Es cuando Jim Marckwardt, teniente coronel retirado del ejército de USA y ahora codirector de la Facultad para las Américas en la Escuela de Estudios Avanzados de Johns Hopkins, ha dicho que “no se trata del petróleo (…). Tampoco se trata realmente de la democracia. Lo que quiere Trump es construir su legado. En 2019 fue cuando la crisis de algún modo estalló en Venezuela con Juan Guaidó (el famoso y tristemente célebre ‘presidente encargado’) y no fue resuelta entonces, Biden no la solucionó y hay muchas evidencias de que a Trump sí le importa su legado. Ha tratado de resolver el conflicto en la Franja de Gaza, está trabajando muy, muy duro, intentando impulsar el proceso de paz entre Ucrania y Rusia y un país que está un poco más cerca de casa en este hemisferio, es Venezuela, y yo diría que posiblemente sea más fácil de resolver.”
Es evidente, después de haber explicado lo anterior, que Trump y su grupo de asesores no quieren delatarse con claridad y de manera directa en referencia al asunto venezolano. Es posible que esté tratando de atemorizar aún más al dictador Nicolás Maduro, sin disparar un solo misil contra el Palacio de Miraflores, en Caracas, y que éste decida marcharse a Rusia, Cuba, Turquía, Bielorrusia o Irán, que son los exilios “dorados” a los que tiene opción; pero, si recordamos bien la psicología de los tiranos a lo largo de la historia, no abandonan el sillón dictatorial hasta que los sublevados o los soldados invasores que buscan su destitución o su muerte, no han irrumpido violentamente en el salón principal de la casa de gobierno. Pasó con Allende en Chile, Hussein en Irak, con Duvalier en Haití, Noriega en Panamá y recientemente con Bashar al-Assad en Siria. Maduro podría tener sus días contados en Venezuela; aunque muchos analistas militares y políticos piensan que el “fantasma” de Vietnam sigue deambulando entre los pasillos del Pentágono, haciendo recordar aquel fracaso envuelto en humillación, cuando los estadounidenses perdieron la guerra en el sureste asiático. Porque el extenso territorio venezolano podría convertirse en la tumba del ejército norteamericano, si las “tornas actuales llegasen a cambiar” inadecuadamente, precipitadamente y con falta de planificación eficaz. El tiempo nos lo dirá…
