TEMA
Keiko Fujimori o el Premio a la Perseverancia y la Paciencia
Ahora que finalmente ha ganado las elecciones presidenciales en el Perú, aunque por un margen muy ajustado en el número de votos, ¿podremos hablar de "venganza" de parte de esta mujer que se ha convertido en la nueva mandataria de su país, a raíz de las incontables vejaciones que sufrió su padre, Alberto Fujimori, y con él... el resto de la familia? Ella no ha dicho nada al respecto, pero podemos imaginarnos a muchos enemigos de su padre y de ella, haciendo sus maletas para salir apresuradamente de esta nación, antes de que Keiko se encargue de ellos.

Postuló su nombre una y otra vez, y una y otra vez fue derrotada en las urnas de votación. Mientras tanto, su padre, el ex presidente (con ínfulas y ganas de ser dictador), Alberto Fujimori, se desgastaba en su celda de prisionero, hasta que finalmente se le descubrió el cáncer que lo mataría y le daría "la libertad" definitiva. Aquí la pregunta que nace es: ¿Ese resentimiento que, innegablemente, sintió su hija Keiko, se mantiene todavía en sus entrañas, lo utilizará en forma de venganza contra sus decenas de enemigos, que son enemigos "en las sombras" de su familia y harán todo lo necesario para que ella tropiece y caiga durante el período presidencial que pronto iniciará? Sólo el tiempo nos dará esa respuesta que desde ahora queremos conocer.
En todo caso, Keiko Fujimori, la peruana con evidentes rasgos orientales (sus orígenes son japoneses), con base en la perseverancia; pero de una constancia que se sale de todo registro y normalidad, logró la ansiada victoria electoral, aunque estuvo a un "trist" de perder los comicios, debido al ajustado número de votos que la mantuvo adelante de su contendor, del partido contrario.
De tal manera, si algo hay que admirarle a esta mujer, son precisamente dos aspectos: su profundo amor y acompañamiento a su padre en prisión, al que nunca abandonó y le dio apoyo moral, espiritual y material; y su descarnada lucha por llegar a convertirse en la presidenta de este inseguro país para gobernar y donde los presidentes duran en el cargo menos de un año y son llevados a prisión, donde hay varios de ellos purgando castigo.
Más allá del carisma
Dicen los ocultistas, conocedores profundos de una dimensión que corre paralela a la nuestra, pero que desconocemos por completo, que "el fantasma del más allá tiene cuatro átomos que lo hacen visible" y eso es precisamente el carisma. En el caso de Keiko Fujimori, el carisma parece que se ha superado a sí mismo; es decir, su imagen ha cobrado una relevancia mundial que ha concentrado millones de miradas en ella y en su denodada lucha por lograr la victoria en las elecciones nacionales. De hecho, se habla de Keiko Fujimori tanto en América del Sur, como en el norte, África, Asia (en su originario Japón, por supuesto), y en la siempre atenta Europa. Tal es el impacto que ha logrado con su perseverancia, con la tragedia de su padre y familia entera y, en estos instantes, con su triunfo.

La incertidumbre que se apoderó de los peruanos fue absoluta, ya que, después de la segunda ronda electoral o balotaje, tras haber transcurrido dos semanas, no se sabía quién había ganado los comicios. La duda, "la nebulosa" que se cernió sobre este país, fue total y desconcertante y los seguidores de la peruana-japonesa tuvieron miedo de que resultara nuevamente derrotada en las urnas. Sin embargo, una gran mayoría de sus seguidores no dudaba de que ella había triunfado.
Aun con el 99 por ciento de las actas escrutadas, cuando Keiko tenía el 50,097 por ciento de los votos que la favorecían; y Roberto Sánchez, su oponente, ostentaba el 49,903 por ciento de los sufragios a su favor, el pueblo oscilaba entre la incertidumbre y un poco de miedo por la irresolución nunca antes vivida en el Perú. Y ese miedo fue creciendo cuando la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), no aclaraba nada, ni lo mínimo, y tampoco sus miembros daban sus rostros a la opinión pública.
Los admiradores de Keiko Fujimori basaban sus expectativas en el gane final -aunque los resultados oficiales definitivos no se habían proclamado-, en la posibilidad de que las actas pendientes por contabilizarse, correspondían a Lima, la Capital, donde ella superaba a su rival con amplia diferencia de votos. Era la ganadora virtual. Si hubieran sido los votos de otra ciudad, quizás el resultado hubiese sido desastroso para las aspiraciones de Fujimori. Pero se trataba de Lima, bastión permanente del "fujimorismo".
En todo caso, aquella espera resultó difícil de explicar en este país habituado a votar con una regularidad pasmosa, a raíz de la destitución de sus presidentes y el consiguiente llamado a las urnas por motivo de esas destituciones precisamente. Además, comparativamente, no era de recibo dicha tardanza cuando otras democracias de la región han dado a conocer los resultados de las elecciones el mismo día, por la noche de la jornada de votaciones; incluso, a las pocas horas de haber cerrado los recintos para los sufragios. Ejemplos de ello se han dado recientemente en los comicios de Colombia y un poco más atrás, en Chile. Empero, los peruanos tienen esta explicación que han dado al mundo que les sigue atentamente: "El sistema de conteo electoral peruano, difiere del de sus vecinos (especialmente de Chile y Colombia), (porque) carece de resultados preliminares que se entregan el mismo día de las elecciones, a pocas horas de cerradas las mesas de votación. En el sistema peruano, sólo hay resultados oficiales. Además, el sistema de cómputo ascendente no acaba en la mesa de votación, sino que tiene fases en las que es posible que los partidos presenten impugnaciones. Algunos señalan que ese modelo aparentemente garantista, se basa en una histórica desconfianza en el sistema electoral." Así según el abogado y analista político, Juan de la Puente.

Y la politóloga Ximena Niño de Guzmán explicó por su parte: "Perú no prioriza la rapidez, sino la seguridad en la transmisión de datos, y las actas deben centralizarse de forma física antes de ser validadas. El acta de escrutinio es elaborada por los miembros de mesa, al finalizar la jornada electoral y es el único documento válido para el conteo. Así, se espera su llegada física desde los locales de votación habilitados tanto a nivel nacional como en el extranjero."
Desconfianza conocida mundialmente
Fundamentados en las explicaciones de las dos personas consultadas, cuyas explicaciones aparecen arriba de estas líneas, hemos de subrayar que el mundo entero conoce de esa proverbial desconfianza de los peruanos en su sistema electoral y todavía más en sus políticos, muchos de ellos corruptos (comprobados) hasta las vísceras.
Es un país donde los candidatos tienen serias y profundas dificultades para reconocer las victorias electorales de sus adversarios; aunque en este caso reciente, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez (foto siguiente abajo) se comprometieron respetar los resultados; pero, al cabo de las votaciones, Sánchez, candidato del Partido Juntos por el Perú, organizó una colecta de dinero para financiar la impugnación de mesas electorales que resultaban favorables a Fujimori. Con ese ejemplo, observamos lo que sucede elección tras elección en este país suramericano, cuna de la civilización Inca.

No obstante, la intención de Sánchez fracasó porque no recaudó la cantidad necesaria para cubrir las tasas oficiales requeridas y así anular las aproximadamente 1,700 mesas que él estaba cuestionando tozudamente. Fue cuando su partido suspendió la campaña de recolección de dinero. Si hubiera prosperado en esta intención, el resultado de las elecciones todavía estaría "en el aire", pues todavía estarían los peruanos en la revisión y contabilización de las papeletas con los sufragios. Habría sido extraordinariamente engorroso, principalmente en una nación tan golpeada política y moralmente y donde su pueblo cree más "en brujas" que en sus políticos.
¿Pero qué le espera a Keiko Fujimori cuando asuma el poder? En opinión de la politóloga Ximena Niño de Guzmán Tapia, ya citada este mismo análisis, sobre lo que le espera (y se espera de) la nueva administración, "es necesario que ella (Keiko), su equipo técnico y su agrupación política, entiendan que reciben a un país altamente polarizado, con críticas válidas acerca del legado político de su padre. Las garantías de libertad de expresión, la protección de los derechos humanos y la defensa de la separación de poderes, deber ser asuntos prioritarios en la agenda política."
Y para Diana Miloslavich, ex ministra de la Mujer y reconocida defensora de los derechos humanos, "Fujimori y su programa, generan pocas esperanzas entre quienes la observan desde la izquierda y el feminismo. No tiene un programa claro y ha adelantado el regreso de PRONAA, una institucionalidad desaparecida que buscó clientelizar a las organizaciones de mujeres pobres, además de una militarización de la seguridad ciudadana. Su bancada (diputados) ha apoyado todo el paquete legislativo 'pro-crimen' y el paquete 'anti derechos contra las mujeres'. Han prohibido el uso del lenguaje inclusivo (anulado por la Real Academia Española de la Lengua, pues es pésimo castellano), han retirado la palabra 'género' de todo el Estado, y hoy cuestionan el femicidio, cuando hay al día una víctima entre tentativas y femicidio consumado. Es un panorama desolador. Tanto el conjunto de leyes aprobadas por el Congreso que, según expertos, debilitan la capacidad del Estado para investigar y sancionar el crimen organizado y la corrupción, como a varias iniciativas legislativas, consideradas por muchos como un retroceso en materia de igualdad de género." Asevera.
En cuanto a la estabilidad presidencial, concretamente al tema de la destitución de la extensa e impresionante lista de presidentes que han sido destituidos por el Congreso por una u otra causa (generalmente comprobadas), la interrogante que surge y motiva gran preocupación, es: ¿Podrá Keiko Fujimori mantenerse en el poder y finalizar decorosamente su período como mandataria?
El mismo analista consultado, Juan de La Puente, cree que "las nuevas reglas constitucionales hacen más difícil la destitución del presidente, por lo que es probable que su presidencia sea más fuerte que las anteriores. Este país anti-electoral ha votado, pero espera muy poco del poder." Pero en criterio de Diana Miloslavich, "su falta de legitimidad será un problema. Tendrá que gobernar desde Lima en un país dividido, con regiones que pueden pasar de la indignación a una resistencia pasiva. Con todos los contrapesos institucionales -Tribunal Constitucional, Ministerio Público, Defensoría del Pueblo-, alineados con el bloque gobernante, se profundizarán las desafecciones." Profundiza.
El 15 de julio entregarán las credenciales a la ganadora
La proclamación de los resultados finales, se hará escuchar el viernes 3 de julio. Próximamente. Para ello, los 60 jurados electorales especiales, tendrán que haber concluido su trabajo en relación con estas elecciones recién finalizadas y todo lo que compete a este proceso.
Y el 15 del mismo mes, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) del Perú, hará entrega a Keiko Fujimori las credenciales que legitimarán su triunfo en los pasados comicios, en los que ganó en el balotaje o segunda ronda. Roberto Burneo, presidente del JNE (en la foto abajo), dejó leer en comunicado en referencia a este tema: "Finalmente, estaremos proclamando a una nueva fórmula presidencial que va a liderar los destinos del país en el próximo período constitucional, esperando que exista un balance de poderes entre el Ejecutivo, Legislativo y el Poder Judicial."

Finalmente, el panorama gubernamental así ha quedado en esta nación suramericana: la derechista Keiko Fujimori resultó vencedora electoral cuando el 99,887 por ciento de los votos fueron contabilizados. Obtuvo el 50,122 por ciento de sufragios a su favor; ante el 49,878 por ciento de su rival, el izquierdista Roberto Sánchez. El margen fue estrecho, apenas de 44,824 votos que ya no podrá ser revertido, pues se trata del resultado final y definitorio. Cuando redactamos este artículo, sólo quedaban menos de 22,000 votos pendientes para repartir entre los dos candidatos; es decir, aritméticamente, es imposible que alcance o sobrepase a Fujimori.
Las credenciales serán entregadas a los ganadores, acompañantes de Keiko, en una ceremonia a realizarse en el Gran Teatro Nacional, ubicado en el distrito de Lima de San Borja. Junto a la candidata vencedora, serán acreditados Luis Galarreta, primer vicepresidente; y Miguel Torres, segundo vicepresidente de la República. Los 130 parlamentarios escogidos en la misma elección nacional, ya recibieron las credenciales de parte del JNE.
Y el Parlamento ha quedado de esta manera: 41 diputados del derechista Partido Fuerza Popular; 32 del izquierdista Juntos por el Perú; 18 del centroderechista Partido del Buen Gobierno; 15 del ultraderechista Renovación Popular; 14 del centroizquierdista y populista Partido Cívico Obras; y 10 parlamentarios del centroizquierdista Ahora Nación.
Pero, a pesar del panorama arriba expuesto y de la algarabía de millones de peruanos que acudieron a votar a las urnas, las dos preguntas que sobrevuelan la realidad de esta nación reiteran: ¿Podrá gobernar Keiko Fujimori, no será destituida, podrá llegar al final de su mandato, la dejarán en paz los congresistas, siempre ávidos de traerse abajo a los presidentes de la República? ¿Irá a la cárcel esta mujer, igual a su padre Alberto Fujimori o resultará avante ante una realidad tan "quebradiza", tan insegura, que priva en este país? Sólo el paso del tiempo nos dará las respuestas. Por el momento, admiramos la perseverancia de esta mujer y su firme determinación por convertirse en mandataria.